Los sepulcros – Ugo Foscolo

Reseña literaria de Los sepulcros, poema de Ugo Foscolo, obra crucial sobre la muerte, el recuerdo y el exilio

Ugo Foscolo (Niccolò Hugo Foscolo) fue un famoso poeta italiano, nacido en República veneciana en el mes de febrero de 1778 y fallecido en Londres en 1827. De entre sus obras más renombradas podemos encontrar Los sepulcros (Dei Sepolcri en italiano), un profundo texto que hace referencia a las tumbas en el exilio, y a que, el visitar estos sitios de descanso eterno promueven el recuerdo, y el seguir viviendo en el corazón.

«¿Del ciprés a la sombra, en rica urna
bañada por el llanto, es menos duro
el sueño de la muerte? Cuando yazga
Yo de la tumba en el helado seno,
y no contemple más del sol la lumbre..»

Con estas hermosas palabras inicia Los sepulcros de Ugo Foscolo, obra de gran reconocimiento, creada en 1806 y pu­blicado en 1807 en Brescia, estructurada como ende­casílabos libres. Un poema muy recordado no sólo por su forma de tratar la vida y la muerte, sino por el momento en el que fue escrito y la importancia que recibió por su visión política y cívica.

Según se sabe, fue escrito a principios de 1800, muy poco después que Napoleón promulgara un decreto (1804) por el que los cementerios debían ser ubicados fuera de los muros, y todas las tumbas debían de ser uniformes. Si bien se sabe que Foscolo compartía una ideología con Napoleón, su obra contrapone a «Los cementerios» de Ippolito Pindemonte, ambas publicadas en 1807 y pilares de la palabra en cuanto a la simbología de la muerte.

Según cuenta la historia, Los sepulcros surgió luego de que Foscolo mantuviera una discusión con Pindemonte sobre la disposición napoleónica de Saint-Cloud (el edicto de los cementerios).

En este poema el autor intenta describir la charla con su amigo Pindemonte en la que este defendía el culto por los muertos y la memoria de estos, y, si bien Foscolo considera superficial y vana la adoración a una tumba ya que no representa sino una fracción de la importancia de una vida, y está destinada a desaparecer en el polvo, pronto reconoce que no todo es malo en aquel sentimiento y en la vida que surge junto a la tumba, y en la memoria ve algo de gran importancia.

«¿bastará a consolarme yerto mármol
que mis huesos distinga entre infinitos
que en la tierra y el mar siembra la Muerte?»

Así esta obra se une a otras grandes producciones que a lo largo de la historia han sabido retratar la muerte, como puede serlo «A alguien en el paraíso» de Edgar Allan Poe, si bien este poema se centra más en la simbología de los sitios de descanso eterno.

Al leerlo no podemos evitar llenarnos de melancolía al imaginar aquellas tumbas que, deterioradas por el inclemente paso del tiempo, y olvidadas ante la desaparición de los seres queridos de aquél difunto, sólo esperan convertirse en polvo, y ser uno con la inmensidad del cosmos.

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Los heraldos negros – Poema y libro de César Vallejo

Reseña literaria del poema Los heraldos negros, y del libró homónimo que compone, escrito por el inolvidable Cesar Vallejo

Los heraldos negros

Los heraldos negros es el título de un poemario creado por el escritor de origen peruano César Vallejo, alrededor de 1918 (1915-1918) y cuyo primer poema es una obra homónima considerada como una de sus escritos más destacados. El libro fue publicado en el año 1919 y constituye la primera obra del autor.

Los heraldos negros es una obra que recibe influencias del denominado modernismo, que predominaba en los inicios del siglo pasado y en dónde podíamos encontrar grandes exponentes de la literatura como el aclamado Rubén Darío. El poema que da nombre al libro fue escrito en el año 1917 cuando el autor tenía alrededor de 25 años.

Poema Los heraldos negros – César Vallejo

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Breve análisis y valoración

Este poema corresponde a uno de los más conocidos del autor, y más aclamados por el público lector, encontrándose entre las grandes obras de latinoamérica. Es una obra que intenta representar el dolor de una persona cuando va más allá de lo tolerable, y desnuda el alma de quien se encuentra sufriendo.

Los heraldos negros es un poema de tipo lírico donde aparecen muestras del romanticismo y la influencia del modernismo. El tipo de verso utilizado es el alejandrino con catorce sílabas y se alternan rimas e interrupciones en el ritmo. El autor introduce, además, frases cotidianas en la obra, y palabras que no deslumbran por su belleza poética, como diferenciando su escrito.

El poema esta escrito en primera persona, expresado en la frase «¡Yo no sé!» y deja percibir con cierta subjetividad lo insignificantes que somos, ante el dolor, ante el paso del tiempo, con nuestra fragilidad ante la vejez y la muerte.

Para saber más del poemario

Los heraldos negros es una obra que se imprimió en la Penitenciaría de Lima. Si bien estaba planificada para el año 1918, por problemas de edición y cuestiones relacionadas con su prólogo (que debía escribir Valdelomar), demoró un año hasta ver la luz. Fue percibido por el ambiente literario como un gran libro, y una señal de un gran poeta que asomaba en el horizonte.

El poemario está compuesto por 69 poemas, de los que resaltan el primero (de título homónimo) que da apertura a la obra y hace referencia a la nota, y un poema llamado Ausente (que fue publicado en 1917 en una revista llamada Mundo Limeño).

Presenta una estructura dividida en Plafones ágiles que cuenta con once poemas, Buzos, de cuatro poemas, De la tierra compuesta por diez poemas, Nostalgias imperiales, de trece poemas, Truenos, de veinticinco poemas, y Canciones de hogar, compuesta por cinco poemas.

Si estás interesado en sumar esta espléndida obra a tu biblioteca personal, profundizando en la obra del autor, o quizás conocer otros de sus trabajos, dejo a continuación un link de interés.

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Diario de un poeta recién Casado – Juan Ramón Jiménez

Reseña literaria de Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez,

Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez

Diario de un poeta recién casado es un libro de poemas que fue escrito por el inolvidable Juan Ramón Jiménez en el año 1916, coincidente con un viaje que el autor realizó hacia los Estados Unidos, en un momento en el que transitaba un estado de frustración.

El poemario del ganador del Premio Nobel de Literatura hace referencia a sus nupcias con una mujer llamada Zenobia Camprubí, y no sólo comprende esa sección de su vida sino el inicio de una nueva, donde sus dotes de poeta cambiarían radicalmente para evolucionar hacia el ritmo y lo esencial.

En el mundo literario, los viajes de los autores (sobre todo los poetas) han sido relacionados muchas veces con diarios y escritos, posiblemente por la posibilidad de reflexión que aportan. Un ejemplo de esto podría ser Impresiones y paisajes, de Federico García Lorca, publicado en 1918. Juan Ramón Jiménez no escapa a esta regla y lo demuestra en Diario de un poeta recién casado, donde no sólo desnuda su alma ante la situación que vivía, sino aprovecha la ocasión para mutar su estilo de escritura.

Juan Ramón Jiménez partió el 29 de enero de 1916 desde Cádiz (España) hacia Nueva York, donde debía desarrollarse la boda a principios de marzo, en una hermosa iglesia llamada St. Stephen. El libro relata toda la travesía, desde su partida hasta su regreso.

Con esta hermosa obra se abrieron las puertas, en una época en la que predominaba lo estructurado, al verso libre, y Jiménez supo valorarlo considerando al libro como uno de sus preferidos. Él solía llamar la atención de que Diario de un poeta recién casado versaba sobre lugares fascinantes y personas increíbles que eran muy distintas a las que había retratado en poemas anteriores.

«El día de ayer no es sino sueño y el de mañana es sólo una visión».

Diario de un poeta recién casado se encuentra dividido en segmentos en donde los pilares esenciales son el amor, el cielo y el mar, y de ellos surge la magia de Jiménez.

«Hacia el mar» compone su travesía desde Sevilla hacia Moguer con una serie de poemas que escribió al pasar por cada ciudad, cada pueblo, cada paisaje. El segundo segmento se titula «Amor en el mar» y relata sus sensaciones mientras atravesaba el océano hacia su destino. El tercer segmento se titula «América del este» y resulta de un complejo relato de sus experiencias en la nueva tierra, con poemas que versan con infinidad de temas relacionados. El cuarto segmento se titula «Mar de retorno» y sus palabras versan de su regreso a España. Ya en su tierra creará un último segmento titulado «Recuerdos de América del este escritos en España», y es considerado por muchos el más profundo de todos.

Esta increíble obra retrató el inicio de su vida de casado con Zenobia, un amor que duró para siempre, así como las hermosas palabras que retrataron cada tramo del viaje de su encuentro.

Si están interesados en sumar esta obra a sus bibliotecas y profundizar en su contenido, deslumbrándose por las palabras de Juan Ramón Jiménez, dejo a continuación un link donde pueden adquirirlo.

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La Infancia – José Asunción Silva

Reseña literaria del poema La infancia, de José Asunción Silva, y breve semblanza a su nombre

La infancia - José Asunción Silva

Con tierna melancolía y palabras simples, el poeta colombiano José Asunción Silva describió en un bello poema llamado La infancia, la etapa más significativa y añorada de la vida.

«Esos recuerdos con olor de helecho son el idilio de la edad primera».

Esa niñez que, aún lejana en el tiempo, nunca abandona el último rincón del corazón que sirve de morada a los sueños. Esa niñez de los juegos inventados cada día, de las emociones desbordadas, del entusiasmo sin límites, de los descubrimientos y la aventura de conocer las primeras nuevas amistades, de escuchar fascinados los cuentos que narraban los abuelos. Esa niñez, cuando todavía era fácil convertirse en héroe de fantasía gracias a los personajes mágicos de tantos libros deslumbrantes y también vivir a pleno las navidades blancas y puras, a la espera del más bello juguete jamás imaginado.

La Infancia – josé Asunción Silva

Con el recuerdo vago de las cosas
que embellecen el tiempo y la distancia,
retornan a las almas cariñosas,
cual bandadas de blancas mariposas,
los plácidos recuerdos de la infancia.

¡Caperucita, Barba Azul, pequeños
liliputienses, Gulliver gigante
que flotáis en las brumas de los sueños,
aquí tended las alas,
que yo con alegría
llamaré para haceros compañía
al ratoncito Pérez y a Urdimalas!

¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos
donde la idea brilla,
de la maestra la cansada mano,
sobre los grandes caracteres rojos
de la rota cartilla,
donde el esbozo de un bosquejo vago,
fruto de instantes de infantil despecho,
las separadas letras juntas puso
bajo la sombra de impasible techo.

En alas de la brisa
del luminoso Agosto, blanca, inquieta
a la región de las errantes nubes
hacer que se levante la cometa
en húmeda mañana;
con el vestido nuevo hecho jirones,
en las ramas gomosas del cerezo
el nido sorprender de copetones;
escuchar de la abuela
las sencillas historias peregrinas;
perseguir las errantes golondrinas,
abandonar la escuela
y organizar horrísona batalla
en donde hacen las piedras de metralla
y el ajado pañuelo de bandera;
componer el pesebre
de los silos del monte levantados;
tras el largo paseo bullicioso
traer la grama leve,
los corales, el musgo codiciado,
y en extraños paisajes peregrinos
y perspectivas nunca imaginadas,
hacer de áureas arenas los caminos
y del talco brillante las cascadas.

Los Reyes colocar en la colina
y colgada del techo
la estrella que sus pasos encamina,
y en el portal el Niño-Dios riente
sobre el mullido lecho
de musgo gris y verdecino helecho.

¡Alma blanca, mejillas sonrosadas,
cutis de níveo armiño,
cabellera de oro,
ojos vivos de plácidas miradas,
cuán bello hacéis al inocente niño!…

Infancia, valle ameno,
de calma y de frescura bendecida
donde es suave el rayo
del sol que abrasa el resto de la vida.
¡Cómo es de santa tu inocencia pura,
cómo tus breves dichas transitorias,
cómo es de dulce en horas de amargura
dirigir al pasado la mirada
y evocar tus memorias!

Nota: Breve referencia en el poema a la novela clásica Los viajes de Gulliver.

Ya hemos dedicado algunas palabras a la niñez en el blog, rememorando bellos poemas por ejemplo en el artículo Recuerdos de infancia, pero la forma de expresarse de este autor lo ha hecho merecedor de una mención particular debido a sus hermosas palabras. Para conocer más sobre el autor, y sobre su vida y obra los invito a continuar leyendo.

Breve Biografía de José Asunción Silva

En la vieja Bogotá de finales del siglo XIX, el 27 de noviembre de 1865 nacía el inspirado poeta colombiano José Asunción Silva, hijo del matrimonio formado por Ricardo Silva Frade y Vicenta Gómez Diago. Desde temprana edad mostró sensibilidad artística y aptitud para las letras, siendo en su adolescencia un asiduo asistente a las tertulias literarias que organizaba su padre. En su hermana Elvira encontró una gran amiga y confidente que siempre lo acompañó.

Silva cursó estudios en el Colegio de San José y en Liceo de la Infancia, pero en 1878 los abandonó obligado por la necesidad de ayudar en la administración del almacén familiar. Al mismo tiempo continuó escribiendo poesía.

En enero de 1895 el vapor Amerique en el que viajaba regresando desde Caracas (donde se desempeñaba como secretario de la legación colombiana) a Bogotá, naufraga en el mar Caribe y allí pierde gran parte de los manuscritos que eran el trabajo literario de toda su vida. Posteriormente, la  ruina económica del negocio de familia que era su sostén, lo llevó a la pobreza y afectó severamente su salud emocional.

En la mañana del 24 de mayo de 1896, José Asunción Silva fue encontrado muerto en la cama de su habitación; la noche anterior se había dado un tiro en el corazón con un revólver Smith & Wesson, tenía sólo 30 años. Un halo de misterio envolvió las razones y circunstancias del suicidio y se comentaba que el libro «El Triunfo de la muerte» de Gabriele D’Annunzio, fue encontrado en la cabecera de su lecho.

También cuenta la leyenda que antes de su muerte, pidió a su médico personal que le indicara la ubicación exacta de su corazón. El drama que lo llevó a la muerte, había sido anticipado en una de sus citas cuando expresó: «El problema de la muerte no tiene solución. Tampoco la tiene el problema de la vida».

Sus restos fueron sepultados en el Cementerio Central de Bogotá.

Para saber más

José Asunción Salustiano Facundo Silva Gómez, (nombre completo que consta en su biografía), fue uno de los conspicuos precursores del modernismo en la literatura latinoamericana, su labor aportó a la renovación del idioma castellano, con nuevas formas de lenguaje, expresión y contenido filosófico.

En 1875, a los 10 años, José Silva escribió ésta, su primera poesía:

Primera Comunión – José Asunción Silva

Todo en esos momentos respiraba
una pureza mística;
las luces matinales que alumbraban
la ignorada capilla,
los cantos religiosos que, pausados,
hasta el cielo subían
el aroma suave del incienso
al perderse en espiras
las voces interiores de otro mundo
sonoras y tranquilas,
los dulces niños colocados de rodillas
junto al altar.
y hasta los viejos santos en los lienzos
de oscura vaga tinta
bajo el polvo de siglos que los cubre
mudos sonreían.

Obras destacadas de José Asunción Silva

«El libro de versos», «De sobremesa» (novela), «Gotas amargas» (en ediciones póstumas), «Nocturno» fue su poema más famoso.

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Sobre los ángeles – Rafael Alberti

Reseña literaria del libro Sobre los ángeles, escrito por Rafael Alberti hace 90 años

Sobre los ángeles de Rafael Alberti

Sobre los ángeles de Rafael Alberti es un poemario escrito por el autor a finales de 1920 (1928 aprox.) y que fue publicado en el año 1929. Es un libro que refleja la situación de crisis espiritual que atravesaba Alberti en esa época, dando un giro a la estructura que mantenía el autor en sus trabajos anteriores.

En Sobre los ángeles, Rafael Alberti realiza un acercamiento al surrealismo y al verso libre, dejando de lado la métrica estructurada que lo había acompañado en el pasado.

La profunda crisis existencial vivenciada por él logra salir a través de su pluma, encontrando la expresión en las palabras del poeta, reflejando una profunda conmoción que lo perturbaba. A pesar de este sentimiento un tanto pesimista, y de falta de confianza en sí mismo, es considerada por muchos como la obra maestra de Rafael Alberti.

«Y el mar fue y le dio un nombre
y un apellido el viento
y las nubes un cuerpo
y un alma el fuego.»
Fragmento de El ángel, ángel – Rafael Alberti

Un análisis objetivo en torno a la poesía europea del siglo pasado, deja claro el centro del poemario en una crisis existencial y una preocupación en la profundidad de su alma. No existe en el libro lo bueno o lo malo, el placer y el disgusto sino la simple existencia.

Supo decir Azorín sobre esta obra: «Con este libro Alberti ha llegado a las más altas cumbres de la poesía lírica».

Sobre los ángeles de Rafael Alberti es considerada una de las obras más importantes del surrealismo español , y reconocida como una de las más importantes del trabajo del autor. Existe en la obra una cierta dificultad para encontrar algún significado de tipo poético en palabras cuya fuerza radica en su esencia, simple y escueta.

El autor tomó por sorpresa, de alguna manera, al público lector al romper con esta obra todos sus esquemas previos, dando paso a la angustia, a la preocupación, en donde ángeles danzaban entre sus palabras. El éxito de esta obra quizás pueda explicar por qué, su otro trabajo titulado Cal y canto (publicado muy poco tiempo atrás), fuera superado y olvidado rápidamente.

Si quieres obtener esta obra para tu biblioteca personal, y poder disfrutar los poemas de Alberti, dejo a continuación un link donde podrías adquirir el libro en diferentes formatos.

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Romance del perfecto amor – Leopoldo Lugones

Reseña literaria del poema Romance del perfecto amor, escrita por Leopoldo Lugones

Romance del perfecto amor

Romance del perfecto amor es poema creado por el escritor argentino Leopoldo Lugones, nacido el 13 de junio de 1874 en Córdoba y fallecido el 18 de febrero de 1938 en Buenos Aires.

Lugones fue, junto al emblemático escritor Rubén Darío, un referente de lo que podría considerarse el modernismo hispanoamericano. Su ideología conflictiva se mantuvo muy alejada de capacidad literaria, siendo considerado un poeta extraordinario.

Romance del perfecto amor es un poema que se encuentra dentro de un «Romancero» que fue publicado en el año 1924, en donde Leopoldo Lugones expresa en sus versos un amor apacible, calmado, en armonía con la naturaleza. La lírica de la obra destaca sobre las demás, mientras la armonía deja en claro la evolución de un poeta que ha madurado, y cuya obra alcanza la cima de su desarrollo.

Lugones fue además precursor del verso libre en la lengua hispánica, y, si abrimos el abanico de posibilidades, sus cuentos fueron los primeros que utilizaron la fantasía en la literatura argentina. Es considerado uno de los primeros escritores en embarcarse en los microrrelatos de la literatura latinoamericana.

Romance del perfecto amor – Leopoldo Lugones

Oye, Amada, la noche. Qué serena
la luna se levanta
sobre la mar y sobre tu hermosura.
La noche canta.

Oye, Amada, la fuente. En lo profundo
de la calma sonora,
con música más dulce que ese canto,
la fuente llora.

Oye, amada, el silencio. Qué reposo
de pasión, de congoja y de batalla.
Reina la perfección sobre los lirios.
La dicha calla.

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El rayo que no cesa – Miguel Hernández

Reseña literaria de la obra El rayo que no cesa de Miguel Hernández, uno de sus mejores trabajos en poesía

El rayo que no cesa

El rayo que no cesa de Miguel Hernández es un poemario que fue escrito por el autor, y publicado en el año 1936. Corresponde a una obra romántica dedicada, sobre todo, a una mujer llamada Maruja Mallo, si bien algunos estudiosos del autor sugieren que puede haber poemas para dos amores más (Josefina Manresa y María Cegarra). Es considerada, dentro del ámbito literario, una de las mejores obras de Hernández.

Dentro de su obra poética, este libro constituye su segundo trabajo, habiendo publicado en el año 1933 el libro Perito en lunas. Si bien es un libro de amor, la temática central es la no correspondencia de este, por lo que cuenta con un dramatismo especial. Contiene algunos poemas cuya temática se separa del resto, como podría serlo el poema Elegía a Ramón Sijé. Muchos consideran que este último poema fue agregado a la obra tras la temprana muerte de su amigo.

Cabe resaltar que en muchos poemas la mujer aparece de alguna manera idealizada y como motivo de la pasión o sufrimiento de Hernández, un modelo que solía utilizarse en los cancioneros de la edad media.

En El rayo que no cesa, Miguel Hernández logra deslumbrar con sus palabras, destacando en cada una de sus partes. El título ha sido interpretado como una referencia a la muerte que se mantiene pendiente del autor, y espera por este. Las influencias para este libro han sido atribuídas sobre todo a dos grandes autores. Por un lado a Garcilaso de la Vega, y por el otro a Francisco de Quevedo, sin olvidad a Góngora reflejado a través de las metáforas.

Composición de la obra El rayo que no cesa y valoración

La estructura contiene 30 poemas distribuidos en: Una parte de serventesios (Una estrofa conformada por cuatro versos de arte mayor, cuya rima se establece en el primero con el tercero y el segundo con el cuarto, mayormente en consonante). Además contiene 13 sonetos, una silva (es una estrofa o una métrica compuesta por versos de 11 y 7 sílabas de rima libre), otros 13 sonetos, una elegía y un soneto final, organizada de manera 1-13-1-13-1-1.

Es un libro cuya complejidad de lectura (ya sea por la incontable cantidad de metáforas y comparaciones) sólo se asemeja con su belleza. Cualquier lector podría sentirse deslumbrado ante la pluma y la perfección que Hernández ha alcanzado en este libro.

Para saber más: Maruja Mallo fue una pintora surrealista española, nacida en 1902 y fallecida en. Su nombre real era Ana María Gómez González y es considerada una artista dentro de la denominada generación del ´27. Una curiosidad es que sirvió de influencia para dos grandes obras poéticas del siglo XX, una fue El rayo que no cesa de Miguel Hernández, la otra se llamó Sobre los ángeles, y fue escrita por Rafael Alberti.

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A un olmo seco – Antonio Machado

Reseña literaria del hermoso poema A un olmo seco, una de las obras más aclamadas de Antonio Machado

A un olmo viejo - Antonio Machado

Dentro del sublime trabajo de Antonio Machado, A un olmo seco es considerado uno de sus poemas más aclamados. Fue publicado en el año 1912 dentro de la obra «Campos de Castilla«, un poemario que es considerado por muchos como la obra cumbre de Machado y en donde expone no sólo su amor por Castilla, sino la melancolía y la tristeza por el fallecimiento de su amada, Leonor Izquierdo, cuya influencia es notoria incluso en este poema.

Son muchas las poesías que podrían robarnos un suspiro dentro de Campos de Castilla, donde, por mencionar alguna, podríamos hablar también del poema Retrato.

A un olmo seco – Antonio Machado

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Breve análisis y valoración

El poema A un olmo viejo funciona como una metáfora de la vida y la muerte, del paso del tiempo. En su primera estrofa realiza una vana descripción del árbol al que el paso del tiempo ha deteriorado. Se suma luego el contenido emocional para contextualizar su existencia, y procede en las posteriores a describir los seres que viven en el, siempre hacia una connotación más melancólica y triste. La esperanza surge en la rama verde que ha brotado de este, esperando que al poeta, como al árbol, pueda concedersele una nueva oportunidad de ver la luz.

Es en esta segunda parte de la obra, donde el alma del poeta logra expresarse, y se deja ver la necesidad de Machado de poder volver a ser feliz. Cabe aclarar que aparece en la obra una referencia a la soledad, al detallar la vida del olmo cuyo camino parece llevarlo al olvido, sólo ese tallo verde quizás pueda perdurar.

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Romance Sonámbulo de Federico García Lorca

Reseña literaria del poema Romance Sonámbulo de Federico García lorca, uno de sus trabajos más profundos

Romance Sonámbulo de Federico García Lorca

El poema Romance Sonámbulo es una de las obras más pasionales y celebradas de Federico García Lorca. Fue publicado en el año 1928, algunos años antes de la temprana muerte del autor, como parte de un conjunto de trabajos que representaban la energía, la vitalidad, y la emoción de la vida gitana, en un momento donde las tensiones políticas del país no dejaban lugar ni al arte ni a la imaginación.

La pluma de Lorca logra transmitir la el amor y la pasión, el miedo y la desesperación, la desilusión y la esperanza de salvación, en palabras que sólo un genio podría llegar a concebir. Este gran poema forma parte (junto a otros de gran calidad como es el caso de Romance de la pena negra) de una obra que, a mi entender, es parte magistral del mundo de la literatura, el Romancero Gitano.

Romance del sonámbulo – Federico García Lorca
A Gloria Giner
y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los montes de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
dejadme subir, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos,
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Breve Análisis de Romance Sonámbulo

Este poema nos traslada a la añoranza del retorno, a dos personas separadas que desean volver a estar juntas, una viajando, otra esperando. Pero cada día que pasa llena de angustia a los amantes que, cercados por el tiempo, consideran la posibilidad de no volverse a ver. La esperanza se mantiene, como fiel reflejo en una metáfora.

El hombre vuelve al fin, se encuentra herido y su hogar ha perdido. Quiere recuperarlo, volver a tener un lugar, dejar los viajes a un lado, y su mente descansar. Su amada ya no existe, probablemente murió, sólo el corazón del poeta sabe que sucedió.

Sus tristes palabras dan lugar a la desesperanza y abren paso a la tragedia. Los guardias lo han encontrado y, ante todo este problema que quizás sea su final, sabe que en el fondo, ella lo espera en otro lugar.

Encuentro en este hermoso poema dos referencias muy trabajadas en la literatura. Una es el hecho de un amante que espera a otro, distanciados por tiempo y marea, como pudiera ser Penélope en La odisea (por recordar una obra famosa) o incluso Romeo y Julieta si es que consideramos el final trágico. El otro es la posibilidad, en sus últimas palabras, de una trascendencia del alma más allá del cuerpo, dos pilares firmes que contrastan, de alguna manera, la separación que ha sucedido.

Su título nos hace suponer que el desenlace ha sido en la noche o madrugada, y que a la vez el romance puede establecerse como un poema de tipo narrativo. No queda claro, cuál es la representación del color verde. Puede ser una referencia a la muerte, o quizás a la comunidad gitana. El caballo y el mar nos trasladan al viaje, el regreso prometido, mientras ella espera en la baranda.

Para saber más:

Gloria Giner de los Ríos García (1886-1970) fue una profesora de Escuela, parte importante de la reserva intelectual española, que debió vivir en exilio durante el gobierno franquista. Contrajo matrimonio con Fernando de los Ríos, y su hija, fue desposada con el hermano del poeta Federico García Lorca. Su labor educativa y cultural es muy recordada.

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Emily Dickinson – Misterios de una poetisa iluminada

Semblanza de Emily Dickinson y su profunda obra poética

Emily Dickinson

Nunca fue motivo de preocupación para Emily Dickinson publicar sus poemas, no creía que fuera ése el precepto fundamental que orientaba la labor de un escritor. Biógrafos e historiadores no coinciden todavía en determinar cuántos versos fueron editados mientras vivió, pero se estima que menos de diez, y éstos, eran alterados significativamente para adaptarlos a normas y convenciones de la época.

«Multiplicar los muelles no disminuye la inmensidad del mar«

Después de acaecida su muerte, Lavinia, la hermana menor (conocida en la familia como Vinnie), encontró ocultos entre las pertenencias de la extinta, alrededor de mil ochocientos documentos, eran papeles manuscritos, recortes, escritos sueltos y algunos fragmentos casi ilegibles, ordenados en cuarenta tomos cosidos de manera artesanal, la mayoría destacaban por una característica, su corta extensión; también apareció una abundante acumulación de cartas.

Al editarse en 1890 una selección limitada de ese material, el nombre y la obra de Emily Dickinson comenzó a trascender.

Tiempo después se publicaron otros dos volúmenes de poesías, junto con dos recolecciones de su correspondencia. En 1950, la Universidad de Harvard adquirió todos sus manuscritos y derechos de publicación, iniciándose posteriormente la ardua tarea de clasificación.

Creadora intuitiva de un estilo original e inimitable, descubrió los nuevos senderos que después comenzaría a transitar en su evolución la poesía norteamericana contemporánea. No es fácil explicar cómo una ignota escritora de mediados del siglo XIX, residiendo en un pequeño pueblo situado al norte de Estados Unidos, sin ninguna comunicación ni trato con las grandes corrientes literarias europeas, pudo fraguar una obra lírica, (ella la llamaba “Pensamientos”) que la llevó a convertirse en referente esencial de la literatura estadounidense y compartir el panteón de poetas fundacionales en un plano de igualdad con Edgar Allan Poe, Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman.

¿Porqué cautivó a la crítica y a sus lectores?, ¿qué sucedía en el universo emocional de Emily Dickinson mientras escribía?. Son misterios aún no develados.

Emily Elizabeth Dickinson nació el 10 de diciembre de 1830, en Amherst, Massachusetts (Estados Unidos); era hija de Edward Dickinson, prestigioso abogado y político y de Emily Norcross. Su abuelo paterno, Samuel Fowler Dickinson, había sido el fundador de la universidad local.

Fue criada en el seno de una familia protestante que profesaba con estricta severidad religiosa los ideales del puritanismo. Pero a diferencia de muchas otras mujeres de su época para quienes la educación estaba vedada, la posición social y solvencia económica de su padre le permitieron acceder a una formación integral. En el verano de 1847 finalizó sus estudios secundarios matriculándose después en el South Female Seminar (también llamada Mount Holyoke College), la primera universidad para mujeres del país del norte.

Las historias de sus primeros años de juventud, muestran a una Emily de trato tímido y cordial integrada a la vida religiosa y social del pueblo natal, pero a fines de la segunda mitad de la década de 1850, por razones nunca esclarecidas (las causas probables pudieron haber sido el deterioro de las finanzas familiares o una enfermedad desconocida que afectó a su madre), decidió abandonar sus estudios y retornar a la casa de sus padres. A partir de ese momento su introvertida personalidad la obligó a arrinconarse paulatinamente en si misma, hasta convertir su propio cuarto en el claustro en el cual se recluiría. Tenía por entonces alrededor de 30 años y el encierro voluntario iba durar hasta el final de sus días.

Las certezas acerca de su vida terminaron. Tildada de Excéntrica por los lugareños, de manera obsesiva comenzó a vestirse siempre de blanco impecable y a sentir animadversión hacia la gente. A veces aparecía agazapada en las reuniones que se celebraban en su casa, escondida entre las sombras de las escaleras y susurraba algún comentario para luego marcharse  evitando saludar. Permanecía durante días encerrada en su alcoba y solamente su hermana Vinnie y su cuñada Susan, lograban cruzar el cerco imaginario para hablar con ella. La mayoría de las relaciones de amistad con otras personas, fueron a través de correspondencia.

En ese mundo de encierro y soledad comenzó a crear poesía y a escribir cientos de cartas.

Acostumbraba utilizar un lenguaje de líneas cortas y palabras sencillas, otorgando ritmo propio a sus versos sin importar la perfección de la rima, usaba una puntuación rebelde a las reglas que desbordaba la gramática convencional, su compleja sintaxis genera en los textos distintas connotaciones y variadas interpretaciones.

No titulaba sus poemas y tampoco corregía ni editaba. Escribía sobre cualquier papel que tuviera a mano, incluso en los espacios en blanco de algún periódico. Nunca declaraba fechas ni seguía un orden prolijo en sus trabajos.

Las oscuras tinieblas de su vida

Aunque tuvo pretendientes que rechazó, Emily Dickinson nunca contrajo matrimonio y tampoco se le conocieron arrebatos románticos en su vida sentimental; se ha hablado de un amor secreto con el “Maestro”, que ella refería en muchas de sus cartas y que algunos identifican en él al reverendo Charles Wadsworth, pero los biógrafos actuales se inclinan más por la figura de Samuel Bowles, que dirigía el diario Springfield Republican. Se tejieron también conjeturas nunca demostradas, suponiendo algún idilio de la poetisa con hombres mayores, por lo general amigos de su padre.

Pero todo cambió cuando comenzaron a analizarse y difundirse públicamente los poemas recuperados y los rumores se multiplicaron como eco. Algunos traductores mostraron una verdad atroz e indignante que comenzaba a revelarse: ¿había sufrido desde la infancia abusos sexuales por parte de su padre y de su hermano, como sugerían algunos versos?, interpretemos el sentido de las palabras con que elaboró esos versos. Otros críticos se preguntaban ¿Era verdad la supuesta relación lésbica que mantuvo en secreto con su cuñada?. Emily conoció a Susan Huntington Gilbert, en la adolescencia y construyeron una amistad íntima que duraría por siempre. Austin Dickinson y Susan se casaron el 1 de julio de 1856, y se instalaron en la casa vecina a la de Emily. Un seto de ligustrina y un caminito separaban a las dos casas. No obstante, la poetisa le escribió nada menos que trescientas cartas, cantidad que sorprende si se observa que su cuñada era vecina.

Debido a la complicada modalidad que utilizaba Emily para trabajar sus versos, resulta difícil definir cuándo termina uno y cuándo comienza otro, tampoco es fácil identificar si corresponden a un mismo poema o son de diferentes escritos y momentos. Esto ha impedido establecer con exactitud el orden cronológico de sus trabajos y rastrear otros aspectos de su vida.

Leía especialmente La Biblia, a William Shakespeare, al poeta John Keats, a Charles Dickens y a las hermanas Brönte; pero también se interesaba en temas de astronomía y química y disfrutaba cultivando su jardín con verdadera pasión. Fue contundente definiendo la tensa relación con su madre cuando escribió: “Nunca tuve una. Supongo que es la persona a quien una acude cuando está en problemas”.

En los últimos tres años casi no salió de su habitación y sólo le quedaba la poesía como estrategia para sobrevivir, al tiempo que su salud desmejoraba y su visión iba deteriorándose, aumentaban los ataques de pánico. Igualmente continuó escribiendo.

El 15 de mayo de 1886, a los cincuenta y cinco años, falleció a causa de una afección renal que padecía, (Enfermedad de Bright).  El funeral se celebró en la mítica vivienda familiar de Amherst.

Lo más destacado de su obra:

Poemas –  Poemas Segunda Serie – Poemas Tercera Serie

El sabueso solo: poemas de toda una vida – Otros poemas – Poemas inéditos

Cartas de Emily Dickinson – La vida y las cartas de Emily Dickinson

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