Guiomar, la musa que inspiró a Machado

Conociendo a Guiomar, la musa que inspiró al eximio poeta

Guiomar

“Enero de 1979
Si estáis leyendo este libro, es que yo he muerto. No quería llevarme mi gran secreto a la tumba y he dejado por escrito mi última voluntad.
Deseo reivindicar que Guiomar existió. No fue una entelequia del poeta, no fue un recurso literario para sus poesías. No, Guiomar fui yo. La musa que llenó de luz sus últimos años de vida. La mujer que vivió hasta el final de sus días con el recuerdo del hombre que conquistó su alma…”

Así se inicia la carta, que Pilar de Valderrama escribió en sus días postreros antes de morir el 15 de octubre de 1979 y que dejó como legado junto a otra importante documentación. En la misiva, Pilar admite la relación que había mantenido con Antonio Machado y confiesa creer como un doloroso lamento, que su único pecado había sido amarlo siempre en silencio. Y sólo pretende con estas palabras reivindicar que Guiomar existió y que ella, era esa mujer, la musa inspiradora de algunos de los poemas más hermosos surgidos del del gran poeta sevillano.

La misma pretensión manifestó Alicia Viladomat, nieta de Pilar, cuando se comunicó con la periodista madrileña Nieves Herrero, autora del libro “Esos días azules”, y a quien facilitó los testimonios y la documentación inédita que tenía en su poder, para una eventual investigación a nivel histórico-literaria. En el libro mencionado, resultado de aquellos testimonios, se desvela por primera vez la conmovedora historia de amor enclaustrada en la vida verdadera de Pilar de Valderrama; una existencia abrasada en una pasión desgarradora y tan secreta como imposible para los cánones de la época.

La creencia generalizada de millones de españoles y seguidores universales de Machado, consideraba a Guiomar como una licencia literaria inventada por el poeta para dedicar sus versos de amor y desconsuelo. O un mero pretexto publicitario, como era costumbre utilizar.
La biografía de Antonio Machado es bien conocida, la historia de su matrimonio también: en 1907, Antonio se traslada a la localidad de Soria para ejercer como catedrático de francés. Allí conoce a Leonor Izquierdo, que tenía por entonces 14 años. Tan solo dos años después se casaron. En agosto de 1912, el mismo año en que se publica “Campos de Castilla” (donde encontramos por ejemplo el inigualable poema «A un olmo seco», Leonor fallece como consecuencia de haber contraído tuberculosis.
Este trágico amor interrumpido y el doloroso duelo posterior, marcaron toda la vida y la poesía de Machado, acentuando la tendencia a la soledad y la melancolía que padeció hasta su muerte. Este hecho fulminó nuestra felicidad, expresó el poeta reflejando su pesar en este verso:

Señor, ya me arrancaste
lo que yo más quería…
Señor, ya estamos solos
mi corazón y el mar.

Antonio Machado muere en Collioure, pueblo situado en los Pirineos Orientales (Francia), el 22 de febrero de 1939. En un bolsillo de su viejo gabán, según cuenta la legendaria anécdota, su hermano José encontró un papel arrugado donde había escrito un último verso, tal vez inicio de un nuevo poema que quedaría inconcluso: “Esos días azules y ese sol de la infancia”, se leía en el papel ¿Murió acaso pensando en Pilar, la mujer real de sus sueños, siempre vestida de azul y oculta tras el pseudónimo de Guiomar en los poemas?

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Pilar de Valderrama era una poetisa y dramaturga española, señora distinguida perteneciente a la alta burguesía monárquica; con una faceta de su personalidad que quería dotar a su estatus social de un barniz seudo-intelectual que no amenazase sus valores, propios de una concepción religiosa conservadora. Vivía en Madrid, soportando un desdichado matrimonio con Rafael Martínez Romarate. Tenía tres hijos y a pesar de que su marido le era infiel con una corista que terminaría suicidándose, desbordada por la situación, ella siempre intentó mantener las apariencias y nunca se separó. No obstante, arriesgó todo por un idilio epistolar y ¿casto? con el único hombre que supo comprenderla: Antonio Machado.

El célebre poeta sevillano, en su poemario “Canciones a Guiomar”, como también en su “Cancionero apócrifo”, agrupó varias poesías de amor y de olvido dedicadas a una desconocida musa y oscuro objeto del deseo, que lo hacía sentir rejuvenecido. Inmortalizó aquel espejismo poético con un nombre enigmático: Guiomar. Muchas de esas composiciones escritas por él, las fingía como salidas de la autoría de otros poetas.

En 1950, once años después de morir Machado, la escritora española Concha Espina, coetánea de la llamada generación del 98, publica “De Antonio Machado a su grande y secreto amor”, un compendio de cartas, ilustraciones y facsímiles poniendo en descubierto a Guiomar, sin revelar su identidad. El mundo comenzaba a enterarse que, aunque lo ocultó a todos, el solitario viudo volvió a encontrar en 1928, a sus 53 años, un nuevo amor, platónico esta vez, que iluminó su vida desde entonces. Y fue el gran amor secreto de su madurez.

Nadie supo de su enamoramiento y mucho menos de su amada, pues su condición de casada, forzó hasta el final la necesidad de guardar tanto el secreto como la castidad de este segundo amor.

En 1981, aparece a la venta editado de manera póstuma, el libro “Sí, soy Guiomar: memorias de mi vida”, conteniendo parte del epistolario de Antonio Machado con Pilar de Valderrama, narrado por ella. (Plaza & Janés, Barcelona).

En 1994 sale a la luz “Antonio Machado, Cartas a Pilar”, (edición de Giancarlo Depretis, Anaya, Madrid). Una colección de inéditas cartas clandestinas que Pilar y Antonio mutuamente se enviaban a través de amigas comunes, o las depositaban en un buzón especial del café Continental que ambos frecuentaban. No puede ponerse en duda que Antonio Machado se haya enamorado intensamente, porque las cartas existen y dicen lo que dicen trasluciendo su entusiasmo.

¿Por qué se enamoró de alguien con pensamientos tan opuestos a los suyos? Es difícil responder a esta pregunta.

Analizadas con espíritu crítico, las cartas de Machado a Pilar no evidencian la escritura privilegiada del poeta, ni su extraordinaria capacidad literaria, aunque en algunos párrafos resalte nítidamente el eco de su exquisita pluma.
Pero en general, las cartas carecen de la calidad epistolar que se aprecia en la correspondencia mantenida por el mismo Machado con sus coetáneos, Ortega, Unamuno, Juan Ramón Jiménez y resulta impensable tratar de establecer una comparación con la correspondencia amorosa de Pedro Salinas dirigida a Catherine Whitmore o de Martin Heidegger con Hanna Arendt.

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Una de las grandes preguntas que quedan por resolver de esta historia, es porque ocultó Machado a Pilar de Valderrama con el enigmático nombre de Guiomar. ¿Se basaba en algún otro personaje literario o histórico? Son muchas las teorías y posibilidades: La propia Pilar concluyó que sólo era cuestión de encontrar un nombre «que tuviera las mismas sílabas que el mío y que sonara igual para poder usarlo en versos».
Machado había conocido a Pilar, en una visita que ella hizo a Segovia, donde él era profesor en un instituto. Los presentó un amigo común y desde ese momento Antonio quedó profundamente enamorado de ella; en apariencias nunca pasó nada, más allá de las miradas de arrobamiento, Pilar le había advertido que no podría corresponderle como él esperaba, debido a su estado civil. No obstante, comportándose como adolescentes se escribían románticas cartas con toda la sencillez y ternura, expresando todo lo que no se atrevían a decirse cara a cara. Él llegó al extremo de expresarle “tú eres, no dudes, el gran amor de mi vida”.

Machado viajaba de Segovia a Madrid para pasar cada fin de semana. Sólo se veían los viernes por la tarde a escondidas, en un café de Cuatro Caminos y a veces él paseaba al atardecer por el Parque del Oeste, sólo por verla un instante asomada al balcón de su casa.
A comienzos del noviembre de 1930, en un ambiente de efervescencia social que anticipaba el estallido de la guerra civil española (acontecimiento que terminaría separándolos definitivamente), Pilar, que acostumbraba escribir cartas cotidianamente a Antonio, le dedica un sugestivo y elocuente poema.

Testamento de un amor imposible (Fragmento)
Si yo me muero antes que tú, irás algún día
a esperarme en secreto allí, en nuestro rincón.
Me verás a tu lado como me ves ahora
y me leerás tus versos con temblorosa voz.
Si yo me muero antes, volverás una tarde
a buscarme en la fronda de aquel viejo jardín.
Te sentarás de nuevo sobre el banco de piedra,
junto a la fuente aquella que te hablará de mí.

Antonio Machado recibe esa correspondencia el lunes 10 de noviembre de 1930 y se emociona al leer los versos que contiene. Luego comenta:

“Lunes. Noche. Segovia. Llego a Segovia, vida mía, con la esperanza, la seguridad de una carta tuya. Me dicen que está aquí desde ayer. En ella encuentro tus versos maravillosos, que me han hecho llorar y que guardo sobre mi corazón. La última estrofa, sobre todo, sólo se escribe con el alma cuando se es grande poeta, como tú, diosa mía lo eres. Si no está anticuado… Es verdad, Leopardi, Heine, y nuestros florentinos son anticuallas; pero con ellos vas en buena compañía-
¡Gracias, diosa de mi alma! Pero ¡cuidado! Que eso a que la poesía alude, no puede ser. No. Por ese camino iré yo antes que tú. Así debe ser, diosa mía. ¿No eres tú la gloria y la luz de este mundo? ¿Qué sería de él sin ti?
Las diosas son inmortales, en todos sentidos. ¿Sabes?…”

Buscar en la obra literaria de Pilar versos en los que se haya referido a Machado, es un esfuerzo en vano, pues su amor secreto era tan evidente en las palabras, que hubiera convertido cualquier texto en algo impublicable.
Antonio le escribió, de acuerdo a estimaciones, más de 200 cartas, muchas acabaron perdidas o destruidas.

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En las memorias póstumas de Pilar se lee: “Escogí al azar las que estaban encima, sin releerlas siquiera por la premura del tiempo. Sólo retuve un puñado, unas cuarenta, que le llevé a mi amiga María para que las guardara en su casa, y las demás, casi doscientas, las quemé en la chimenea que tenía en mi salón.”

Las cartas escogidas por Pilar de Valderrama para su publicación en las memorias, respondían a sus propios intereses, en algunos casos fueron alteradas o manipuladas, también según su conveniencia, por pudor, para ocultar escenarios, palabras o para disimular determinadas situaciones o ideas del escritor. Algo comprensible, dada su situación personal de mujer católica y casada, cuyos amores con el poeta resultarían, en la España inflexible y de rígida moral de entonces, todo un aciago motivo de deshonra.
Pilar ofreció al respecto una serie de razones justificativas, algunas poco creíbles. Pero sin dudas, la pérdida sería irrecuperable y afectaría la verdad histórica de la literatura.
Las cartas que Pilar enviaba a Antonio Machado llegaban a su destinatario a través de sus amigas intermediarias: Hortensia Peinador, María Estremera y Marta Valdés. No hay indicios certeros de que se haya conservado alguna. Cuando en el mes de noviembre de 1936 el poeta tuvo que marchar con su madre y su hermano hacia Valencia, no llevaba las cartas consigo, si es que existían todavía para esa fecha.
La estrecha conexión de toda esta historia epistolar del poeta y su musa, es para todos los críticos y estudiosos de su obra, obvia, para cualquier lector avezado también.

Para conocer más:
Guiomar es un nombre predominantemente femenino que significa “famosa en el combate”. Aunque también existe quien defiende el significado de “mujer ilustre”, en función de cómo se interprete el nombre etimológicamente.
Nieves Herrero, es una periodista madrileña graduada en la Universidad Complutense, abogada por la Universidad Europea y máster en Criminología por la Universidad Camilo José Cela. Autora del libro “Esos días azules”.
Pilar de Valderrama falleció en Madrid el 15 de octubre de 1979.

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1 comentario en “Guiomar, la musa que inspiró a Machado

  1. Excelente. Para los romanticos como yo, leer esta historia de Machado y su musa oculta, es descubrir lo grande que fue el POETA.

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