Jorge Luis Borges – involuntariamente apócrifo

Jorge Luis Borges –  Uno de tantos autores, involuntariamente apócrifos

JL Borges - ApócrifoAlguna vez el azar, la curiosidad o un raro interés nos llevaron a buscar y encontrar en numerosos sitios de Internet, escritos de claro tinte «edificante y reflexivo» que en su momento fueron (y lo siguen siendo) atribuidos erróneamente a eximios autores de la literatura universal (Shakespeare, Borges, García Márquez, Víctor Hugo, Wilde por citar algunos nombres). Hace poco hicimos referencia al tema con una nota sobre falsas atribuciones a escritores (Ver: Citas falsas – Entre dichos, escritores y obras), dedicándonos puntualmente a Jorge Luis Borges en este caso.

La palabra «apócrifo», literalmente significa que no es auténtico, que no es de la época o que no es obra de la persona a la cual se atribuye autoría.

Estos escritos circulan masivamente por internet y redes sociales, en frases engalanando láminas o imágenes vistosas, en notas periodísticas, compilaciones y cadenas de correo electrónico, ya sea completos o fragmentados y hasta traducidos a varios idiomas.

Personas ociosas, desinformadas, malintencionadas o persiguiendo intereses no confesados, malgastan su tiempo adjudicando a excelentes escritores, la autoría de textos que, con benevolencia y eufemismo, apenas podrían calificarse como «de escaso brillo» en la mayoría de los casos.

El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986),  más de una vez ha sido víctima indefensa de tales desvaríos literarios, al atribuírsele con absoluta desconsideración, la autoría de versos o prosa, escritos en un nostálgico estilo reflexivo.

De los escritos en cuestión, el primero a comentar se titula «Instantes» (o «Momentos» en alguna versión), y cabe aclarar que el mismo se atribuyó además de Borges, a William Shakespeare, a Nadine Stair o indicado como anónimo.

«Instantes»

Si pudiera vivir nuevamente mi vida…
En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico, correría más riesgos,
haría más viajes, contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares donde nunca he ido,
comería más helados, y menos habas,
tendría más problemas reales
y menos imaginarios.

Yo fui de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida,
claro que tuve momentos de alegría…

Pero si pudiera volver atrás trataría de
tener solamente buenos momentos.

Pero sí lo saben.
De eso está hecha la vida
solo de momentos,
no te pierdas el ahora.

Yo era de esos que no iba a ninguna parte
sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,
un paragüas y un paracaídas,
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios de
primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría
más amaneceres y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven…,
tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Maria Kodama opinó al respecto, que este poema «Instantes» no tiene ningún valor literario y nunca podría haber sido escrito por su esposo Jorge Luis Borges, puesto que desvirtúa el mensaje de su obra.

Posiblemente la autora verdadera de este texto haya sido una escritora inédita y desconocida (¿o imaginaria?) llamada Nadine Stair o Nadine Strain, de Louisville, Kentucky, Estados Unidos de América, que lo editó, según referencias, en 1978, ocho años antes de que Borges muriera en Ginebra (Suiza), a los 86 años.
No obstante, la primera versión conocida fue publicada, con forma de artículo y en prosa, en la edición de octubre de 1953 del Reader’s Digest, bajo el título “If I had My Life to Live over”, firmada por el caricaturista y comediante estadounidense Don Herold. Esta redacción original, incluía párrafos que le daban un marco menos melancólico y más escéptico.

Hay una teoría más, sugiriendo que Borges tradujo en algún momento el texto de Don Herold, tal vez, en el curso de sus estudios acerca de la literatura americana. Después alguien encontró ese poema junto a otras cosas de Borges, se lo atribuyó y lo publicó, con las consecuencias conocidas.

La polémica generada,  con argumentos similares a los esgrimidos hasta hoy y otros que irán surgiendo, seguramente continuará. Por otra parte, también se adjudicó equivocadamente a Borges esta otra composición, de la cual existen distintas variantes:

«Después de un tiempo, uno aprende…»

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende…
que el amor no significa acostarse
y una compañía tampoco significa seguridad.
Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.

Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende…
a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende…
que si es demasiado,
hasta el calor del sol quema.
Y aprende…
a plantar su propio jardín y decorar su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende…
que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale.
Y uno aprende y aprende…
y con cada adiós uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien,
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes
que solo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta,
de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos,
tarde o temprano, se verá rodeado solo de amistades falsas.

Con el tiempo también aprendes
que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta
de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas
o forzarlas a que pasen
ocasionará que al final no sea como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese único instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
extrañarás inmensamente a los que ayer estaban contigo
y ahora se han marchado.

Y aprendes también
que hay tres momentos en la Vida que uno no puede remediar:
La oportunidad que dejaste pasar,
la cita a la que no asististe,
la ofensa que ya pronunciaste.

Con el tiempo también aprendes sobre el dinero
y entonces comprendes que:
Puedes comprarte una casa, pero no un hogar,
Puedes comprarte una cama, pero no hacerte dormir,
Puedes comprarte un reloj, pero no te dará el tiempo,
Puedes comprarte un libro,
pero no conocimiento o lo que necesitas aprender,
Puedes comprarte una posición, pero no sirve para tener respeto,
Puedes comprarte medicinas y pagar la consulta al médico,
pero no te da salud,
Puedes comprarte sangre, pero no vida,
Puedes comprarte sexo, pero no amor.

Con el tiempo también aprendes que la vida es aquí y ahora,
y que no importa cuantos planes tengas,
el mañana no existe y el ayer tampoco.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.
Pero desafortunadamente, todo esto lo aprendes
…¡sólo con el tiempo!

En este caso, las fuentes más fidedignas atribuyen esta poesía a Veronica Shoffstall que a sus 19 años, escribió el original en inglés «After a while», del que hay numerosas traducciones a varios idiomas, atribuyéndose también una supuesta autoría a distintos escritores distinguidos y notables.

En definitiva, después de leer, releer y analizar cada párrafo de los textos referidos, escritos en un tono que pretende ser lírico, pero que se manifiesta amanerado y prosaico, es difícil reconocer en ellos el estilo del gran autor argentino. No hay coincidencias en la temática, ni en estructura, lenguaje, métrica, tampoco en cuanto a elaboración y uso de técnicas literarias.

Aceptar que el auténtico Borges de «Los Conjurados», «Fervor de Buenos Aires», «Luna de enfrente» y poemas de la dimensión de «Los espejos», «Ajedrez», «Elogio de la sombra» «El reloj de arena», «Poema de los dones»; haya sido el creador de «Instantes» y «Después de un tiempo, uno aprende», es tan difícil como imaginar al gran autor de   «El Aleph» redactando un manual de autoayuda.

Se observa asimismo que no existen en estos textos, las clásicas referencias culturales que emplea con maestría Borges, ni tampoco la simbología de su pluma diferente. Probablemente él hubiera redactado:

«Si pudiese volver a vivir otra vez mi vida, en la próxima…
jamás hubiera escrito “Instantes”.

Aunque esto sea solamente otra opinión.

Para concluir, asombra que haya tanta gente que confunde y llega a creer en la autenticidad de estos mensajes, frases y poemas apócrifos.

Debería admitirse este hecho, como resultado del pésimo ejemplo que significa la falta de rigor con que se citan obras ajenas y el vicio tan difundido de copiar contenidos de páginas no propias, sin preocuparse por comprobar sus fuentes.

Esto ocasiona, muchas veces, malentendidos y distorsiones absurdas que ponen en duda la credibilidad de personas e instituciones dedicadas honestamente a la docencia y la divulgación.

Y a nadie parece preocupar el menosprecio absoluto, que se tiene por la propiedad intelectual. Simplemente no interesa.

Sería aconsejable entonces, con un criterio de racionalidad y sentido común, buscar un camino que permita aprovechar responsablemente las inagotables posibilidades que brinda la tecnología actual, para el mejoramiento de la educación y la difusión cultural. Para descubrir más información sobre estos temas los invito a visitar: Citas falsas – Entre dichos, escritores y obras.

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