El origen del alfabeto – Nota de interés

El origen del alfabeto es harto prosaico

El origen del alfabetoEl origen del alfabeto se halla en unos cuantos símbolos utilizados hacia el final del Imperio Medio egipcio (en torno al 1850 a. C.), por los funcionarios administrativos de rango inferior, para escribir en sus lenguas inmigrantes.

Las vestigios más antiguos se encontraron en una pared rocosa llena de grafitis, cerca de una árida carretera en Wadi el-Hol (el Valle Terrible) que atraviesa el desierto entre Abidos y Tebas, en el Alto Egipto.

Los descubridores de estas sencillas inscripciones, aún sin descifrar, fueron John y Deborah Darnell, egiptólogos de Yale.
Cuando en 1993 encontraron las inscripciones de Wadi el-Hol, reconocieron de inmediato ciertas formas de la escritura protosinaítica y protocananea relacionada con la más antigua escritura alfabética de la península del Sinaí y más al norte –entrando en territorio cananeo, en Siria-Palestina–, que databa del 1600 a. C. en adelante.

Imagen que representa el origen del alfabeto

Origen del alfabeto

Continuando con el origen del alfabeto encontramos que estas inscripciones en territorio egipcio podrían fecharse, examinando materiales relacionados con ellas, unos doscientos cincuenta años antes.
Allí estaba el álef, la cabeza de buey; el signo ondulado que significa ‘agua’ en los jeroglíficos, quizá ya adaptado de la n egipcia (nt y nwy, ‘agua’) a la m semítica (de mayim, ‘agua’); el signo encrespado que significa ‘casa’ y en egipcio se lee p-r, pero en las formas semíticas occidentales acabó dando beth en hebreo, bait en árabe y beta en griego.

Lo que esto nos indica, es que se trata de una escritura que se ha alejado de los ideogramas y símbolos silábicos de los jeroglíficos y ha optado por usar solamente sus elementos consonánticos (la escritura jeroglífica tiene veinticuatro).
Una inscripción de la pirámide de Unas, en Saqqara, anterior al 2400 a. C., muestra ya símbolos egipcios utilizados para escribir palabras semíticas (en este caso, un hechizo para conseguir protección contra las serpientes).
Los testimonios de Wadi el-Hol nos hacen preguntarnos si los egipcios y los pueblos semíticos occidentales (los egipcios los llamaban «aamou» o asiáticos) que vivían en Egipto, habían desarrollado ya una manera plenamente alfabética de escribir en una lengua semítica occidental que estaría en continuidad con las posteriores escrituras protosinaítica y protocananea, aún cuando a su alrededor persistiera mientras tanto el entorno egipcio, infinitamente más sofisticado, de jeroglíficos sagrados y escritura hierática sacerdotal.

Que se pudieran usar menos de treinta signos para representar una palabra en cualquier lengua le parecería algo muy tosco a un escriba egipcio, acostumbrado a emplear centenares.
Pero este primer alfabeto era utilitario y tenía que serlo.
Este método alfabético tenía a su favor que era relativamente fácil de aprender, que se podía adaptar a la mayoría de las lenguas y que liberaba al comerciante del poder del escriba, ya fuese este del templo, real o militar.
Uno podía llevar sus propios registros, podía dirigir sus propios negocios.
Se sabe con seguridad que alrededor del 1700 a. C. los trabajadores semitas de las minas de Serabit el-Khadem (Sinaí) empleaban un sistema similar al de la inscripción de Wadi el- Hol; a partir del 1600 esta escritura protosinaítica aparece más al norte, en la zona sirio-palestina; y hacia el 1000 a. C. se usó en su forma fenicia para esculpir un verso protector alrededor de la tumba de Ahiram, rey de Biblos, una ciudad famosa por su comercio exportador de papiros, y de donde procede la palabra griega para designar el libro, biblios.

Mi objetivo principal es contar la historia de la escritura en letras latinas, y es cierto que no todos los detalles de las idas y venidas de las escrituras alfabéticas y silábicas por el Mediterráneo oriental guardan relación con el avance del alfabeto hacia Grecia y después hacia Roma.

Pero debemos tener en cuenta que es de esta escritura semicursiva de los fenicios –los cananeos que habitaban en la costa, en ciudades como Biblos, Tiro, Sidón, Beirut y Ascalón– de la que descienden todas las posteriores ramas de la escritura alfabética.
La más importante fue la aramea, de la cual a su vez vinieron las familias hebrea, árabe e india.

En contraste con la proliferación de formas a medida que el alfabeto se trasladaba hacia el sudeste, en su viaje hacia el noroeste había mayor convergencia.
Al final, una sola versión del alfabeto llegó a dominar la zonas que se extienden desde Escandinavia hasta el Mediterráneo.

Parte del origen del alfabeto fue el alfabeto que se difundió desde la ciudad de Roma.


Extractado del libro:

«The Golden Thread. The Story of Writing»
(«La Historia de la Escritura»)

autor: Ewan Clayton

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