Réquiem de Anna Ajmatova

Reseña literaria de una de las obras más importantes de la literatura rusa, el poemario Réquiem, de la desesperación y el amor de una madre

Réquiem - Anna Ajmátova

Anna Ajmátova fue una reconocida poetisa de origen ruso, nacida el 23 de junio de 1889 y fallecida el 5 de marzo de 1966. Réquiem es, sin duda, una de sus obras más conocidas probablemente por el sentimiento que despierta en los lectores.

Sus palabras nos muestran la fortaleza de una persona que, en uno de los tantos sucesos históricos que han golpeado a la humanidad, logra subsistir.

Anna Ajmatova vivió en una época trascendental de la historia rusa, en un momento donde su pensamiento no coincidía con los estándares del régimen. Su voz fue acallada, sus ideales considerados una traición y debió partir al exilio, perdiendo en el camino a personas irrecuperables, entre ellos, su hijo. Todo este sufrimiento influyó en una de sus obras maestras llamada Réquiem, reconocida hoy en día por la literatura universal.

Réquiem de Anna Ajmátova fue escrita entre los años 1935 y 1940, si bien su publicación pudo verse mucho después, hacia el año 1963. El hijo de la escritora fue encarcelado por el régimen político ruso y ella debió acercarse durante mucho tiempo a la prisión, intentando conocer su paradero. En estas visitas conoció gente que compartía su infortunio y toda la experiencia dio como resultado el poemario llamado Réquiem, una obra cruda, devastadora, de un profundo sentir, pero de enorme repercusión en los lectores.

En una especie de prólogo que nos acerca al corazón de Ajmátova y a su obra relata cómo las mujeres, con sus almas hecha trizas, recorrían la ciudad casi sin vida para encontrarse en las puertas de la prisión de Leningrado. Una de aquellas mujeres se dirige a Anna y dice: —¿Puede usted contar esto? Ella simplemente dice: Puedo… e inicia con esto a Réquiem.

En su dedicatoria expresa: “Un dolor semejante podría mover montañas, e invertir el curso de las aguas, pero no puede hacer saltar estos potentes cerrojos que nos impiden la entrada a las celdas atestadas de condenados a muerte…”

Pocas personas podrán si quiera imaginar el sufrimiento que ocupó la mente de Ajmátova y que buscó salir en forma de palabras, pero, el leer su obra nos acerca un poco al entendimiento, a la vivencia de lo que pudo expresarse, aunque sea un mínimo destello de lo ocurrido.

Como una muestra de su fenomenal poema podemos encontrar:

V

Durante diecisiete meses he gritado
llamándote al redil.
Me arrojé a los pies del verdugo.
Eres mi hijo, convertido en espectro.
La confusión se apodera del mundo
y carezco de fuerzas para distinguir
entre una bestia y un ser humano,
o en qué día se deletrea la palabra ¡matar!
Nada queda, salvo flores polvosas,
un tintineante incensario y huellas
que conducen a ninguna parte.
Noche de piedra, cuya brillante y gigantesca estrella
me mira fijamente a los ojos,
prometiéndome la muerte. ¡Ay, pronto!

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