Decálogo de los Derechos del Lector

Sobre el mundo de la literatura – La libertad y los derechos del lector

Derechos del lectorEl diccionario define taxativamente el significado de la palabra libertad: «facultad natural del ser humano para actuar a voluntad sin restricciones, respetando su propia conciencia y el deber ser, para alcanzar su plena realización». Pero en contrapartida, una libertad supone la existencia de derechos, y en esta oportunidad queremos detenernos en los derechos del lector.

La libertad como posibilidad que tenemos para decidir por nosotros mismos y a nuestro criterio, la resolución de cualquier situación que enfrentemos, es un derecho consagrado universalmente aunque su aplicación práctica sea tan cuestionada.

Sería tedioso enumerar todos los tipos de libertad que se podrían considerar, basta mencionar la libertad de conciencia, que nos permite aspirar a una vida coherente y equilibrada; de expresión, para poder difundir las ideas y promover debates y discusiones sin restricciones ni límites; de reunión como garantía para asociarse con aquellos que comparten ideales y trabajar en pro de su consecución; para elegir responsable y pacíficamente a los gobernantes y habría muchas más sin duda. Pero, en lo que se refiere a a la libertad para leer, ¿qué sucede?

Como una novela de Daniel Pennac

Alejándose un poco de toda erudición solemne, el autor francés Daniel Pennac plantea en su libro «Como una novela» (publicado en París con el nombre original de «Comme un roman» en el año 1992); un interesante desafío. Con un estilo ingenioso y divertido, a través de una especie de novela-ensayo intenta la recuperación del placer olvidado que produce leer y comprobar además, cuáles son las causas de la reticencia a la lectura por parte de sus alumnos y de su propia hija de 8 años.

Comienza el libro con un párrafo que constituye una declaración de principios del autor y, al mismo tiempo, una perfecta síntesis de todo lo que se podrá encontrar al leer las páginas siguientes: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…”. Y continúa advirtiendo que, a priori, la televisión, los aparatos tecnológicos, y hoy agregaríamos celulares, videojuegos, internet, las redes sociales, distraen y quitan tiempo que podría dedicarse a la lectura y que por eso se lee poco.

Pero también es cierto, que muchas veces son sólo tentaciones que se usan como excusas para no leer. Por otra parte, los estados y las respectivas sociedades organizadas no pueden eludir las responsabilidades que les caben, derivadas de la carencia de políticas educativas adecuadas, de como se trabaja y se educa en la escuela, de la falta de bibliotecas accesibles y la casi nula importancia que se le otorga al libro en los sistemas educativos actuales.

La obra está dividida en cuatro partes, la primera titulada «Nacimiento del alquimista» que, reflexionando, refiere sobre los errores que habitualmente cometen los adultos al momento de inducir a sus hijos a la lectura e inculcarles el amor por los libros.

En la segunda parte y bajo el título «Hay que leer», Pennac compara los hábitos de la lectura con un dogma en el que se tiene todo por cierto y que no puede ponerse en duda. Describe detalladamente las razones y motivos que encontramos para justificar por qué leemos:

Para aprender
Para sacar adelante nuestros estudios
Para informarnos
Para saber de donde venimos
Para saber quienes somos
Para conocer mejor a los demás
Para saber hacia donde vamos
Para conservar la memoria del pasado
Para iluminar nuestro presente
Para aprovechar las experiencias anteriores
Para no repetir las tonterías de nuestros antepasados
Para ganar tiempo
para evadirnos
Para buscar un sentido a la vida
Para comprender los misterios de nuestra civilización
Para satisfacer nuestra curiosidad
para distraernos
Para informarnos
Para cultivarnos
Para comunicar
para ejercer nuestro espiritu crítico

En la tercera parte «Dar de leer«, explica cómo logró que sus alumnos perdieran el miedo a la lectura de textos.

Y la cuarta y última identificada bajo el nombre de «Cómo se leerá», reseña un listado con los derechos imprescindibles que todo lector debería tener, clasificados en el siguiente decálogo:

Decálogo de los Derechos del Lector

1) El derecho a no leer.

2) El derecho a saltarnos páginas.

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) (*)

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

(*) Enfermedad de transmisión textual. (Término alusivo a Madame Bovary, la protagonista de la novela homónima de Flaubert, lectora compulsiva y apasionada de novelas románticas.)

Analicemos entonces:

1) El derecho a no leer, nos permite descansar de las lecturas durante épocas en las que no sentimos la necesidad, no tenemos ganas, tiempo o ánimo. O porque tenemos otras ocupaciones y no por ello dejaremos de ser lectores. La lectura no es una obligación, es una elección.

2) El derecho a saltarse páginas, nos da la libertad de leer rápidamente textos extensos que no son para nosotros atrayentes en su totalidad (a veces, por edad, formación, gustos, ni siquiera comprensibles), sin por ello renunciar a la parte de la obra que nos resulta interesante.

3) El derecho a no terminar un libro, nos exime de la obligación de mortificarnos ante una lectura que no hemos sabido escoger bien, que no ha llegado en el momento adecuado, que se nos atraganta o que definitivamente no es para nosotros. Podemos volver a ella pasado un tiempo. O no. Pero nunca sentirnos culpables por no haber llegado hasta la última página de una obra que no nos resulte placentera. (Todos hemos padecido en el colegio el tormento de una lectura obligatoria que ni nos gustaba, ni comprendíamos, ni tal vez era oportuna para nosotros en ese momento).

“Si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas“. (Jorge Luis Borges)

4) El derecho a releer es defendido enérgicamente por los niños cuando piden una y otra vez el mismo cuento, para volver a disfrutar de la misma historia, los mismos personajes, las mismas emociones. Para los adultos, la relectura de una obra que ya conocemos nos permite no sólo reencontrarnos con aquello que nos agradó, nos intrigó, nos conmovió (sobre todo en el caso de la poesía). También nos ofrece la posibilidad de hallar nuevos matices, distintas interpretaciones.

5) El derecho a leer cualquier cosa nos libera de la carga de aceptar un prejuicio sobre un libro antes de elegirlo, de obligarnos a leer lo que otros han dictaminado como “bueno” o “adecuado” antes de haber descubierto nuestros propios gustos como lectores. Las obras tachadas de comerciales, estereotipadas o simplonas puede que no lleguen a formar parte de la historia de la literatura, pero muy seguramente introducirán en muchos lectores la idea del libro como sinónimo de un buen momento. Y antes o después esos lectores irán refinando sus gustos, pues la lectura continuada a lo largo del tiempo acabará por despertar su espíritu crítico.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) habla de la satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. Es muy frecuente en las lecturas adolescentes, donde las historias escritas suscitan emociones y sentimientos tan novelescos como los narrados. Niños magos, jóvenes vampiros, adolescentes con candados, sagas y sagas de elfos, tronos, reyes y guardianes. Nuestras primeras emociones como febriles lectores, nuestros recuerdos de lecturas adolescentes y esa siempre válida postura de lector ingenuo, nos harán disfrutar siempre de la lectura.

7) El derecho a leer en cualquier parte ofrece tanto al lector asiduo, como al esporádico una compañía o un refugio en cualquier circunstancia: esperas en consultas médicas, aeropuertos, trayectos de autobús o largos viajes. Es muy artístico mostrar espacios dedicados cuidadosamente a la lectura: un sillón ante una chimenea, una camilla delante de una ventana, una biblioteca perfectamente surtida y acondicionada. Pero ¿quién no ha leído en la piscina, en la peluquería, en una terraza de un bar, en la cama, e incluso en el cuarto de baño?

8) El derecho a hojear está relacionado con la falta de tiempo (a veces de ganas) para leer en forma completa un libro, pero nos permite abrirlo por cualquier página, hojearlo, leer un poco y después dejarlo para otro momento habiendo disfrutado de ese pequeño aperitivo.

No es infrecuente estar leyendo varios libros a la vez, abrir uno de ellos, reconocer que no es el apetecido en ese momento y optar por otro. O leer un fragmento de una obra nueva para decidir si la elegiremos o no. O volver a un libro ya leído en busca de una cita concreta. O releer al azar una parte de un libro que es especialmente querido por nosotros, sin salir nunca decepcionados. Cada uno debe poder aproximarse al libro cuando y como quiera.

9) El derecho a leer en voz alta nos anima a declamar para que otros nos oigan, a escuchar a un buen rapsoda, a dar vida al texto. Todo ello permite que otros compartan con nosotros nuestro gusto por la lectura y crea a la vez mundos imaginarios colectivos. Los sonidos de las palabras son la música que acompaña a la historia que estamos leyendo.

Desde hace unos años, el 9 de marzo se celebra el Día Mundial de la Lectura en voz alta, para celebrar el poder de la palabra compartida.

10) Por último el derecho a callarnos, a guardar silencio sobre lo leído, a no pronunciarnos; nos coloca de nuevo ante la lectura como un acto íntimo, como una elección que no estamos obligados a justificar. Nuestros motivos para elegir un texto, nuestras opiniones sobre el mismo nos pertenecen y no hay por qué, si no queremos, rendir cuentas sobre nuestros gustos o valoraciones.

Obviamente, los derechos del lector enumerados podrían ampliarse y ser muchos más, pero Pennac se limitó al número diez por alguna interpretación subjetiva.
No se trata de enaltecer obras mediocres o vulgares; mucho menos de enorgullecerse de la ignorancia. Por el contrario, se pretende que aprendamos a leer responsablemente y aspirar a formar nuestro gusto y nuestro espíritu crítico con cierta solidez. En definitiva terminaremos siendo lo que hayamos leído.

«Como una novela», fue un éxito editorial desde su aparición, dirigido en principio a adolescentes y jóvenes que se acercan por vez primera a la lectura, a aquellos lectores reacios y a los educadores involucrados por su profesión en la ardua tarea de despertar en los más jóvenes el amor por la lectura. Pero en realidad es un libro recomendable y casi obligado para todo lector de 6 a 100 años.

No es una novela pero se lee muy fácil como si lo fuera y es de esas obras raras que parecen entablar un diálogo con el lector. No es un ensayo de reflexión sobre la lectura, sino una tentativa de reconciliación con el libro.

Tambíén en lengua española, se pueden encontrar excelentes autores que se refirieron al tema del lector. Una verdadera joya extraída de «Antología Poética», editada en 1963 por Fermín Estrella Gutiérrez, es suficientemente válida para certificar esta aseveración.

Soneto para un lector futuro

Tú, lector o lectora, que has fijado
tus ojos en la página amarilla;
del tiempo me aventuro hacia la orilla,
fiel a mi canto, dócil al llamado.

Tú que ríes aún, tú que has andado
tras la ilusión que se te escapa y brilla,
tú que hueles la noche y la gramilla,
tú que puedes besar el rostro amado.

Piensa que ahora soy ceniza y nada,
sólo una leve sombra proyectada
sobre tu alma que me busca ansiosa.

Yo fui joven, feliz, amé la vida.
Hoy te tiende mi mano conmovida
sobre el viejo papel la tierna rosa.

Para conocer más:

En la República Argentina, en el año 2012 se instituyó por Ley Nº 26.754, que el 24 de Agosto de cada año, se celebre el día Día del Lector, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del eximio escritor Jorge Luis Borges.

En el año 2009, en Francia y dentro del marco de una campaña de animación a la lectura, Los derechos del Lector quedaron plasmados en un cartel ilustrado con elegancia y arte distinguido, por el ilustrador, escritor y dibujante británico Quentin Blake.

Daniel Pennac, seudónimo de Daniel Pennacchioni. es un profesor de literatura, escritor y guionista, francés nacido en Casablanca Marruecos el 1 de diciembre de 1944. Proveniente de una familia militar, pasó su infancia en tierras africanas y del sudeste asiático y su juventud en Niza, donde se graduó en letras.

Fermín Estrella Gutiérrez (Almería, 28 de octubre de 1900 – Buenos Aires, 18 de febrero de 1990) fue un escritor, poeta, profesor y académico español de nacimiento, que adoptó a la Argentina como su patria.

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