Semblanza de Imre Kertész

Semblanza de Imre Kertész – Nobel de literatura en 2002

Semblanza de Imre Kertesz

Una humilde semblanza de Imre Kertész que fue ganador del premio Nobel de Literatura en 2002, falleció en la fecha, a los 86 años de edad en Budapest. Informaron de manera escueta las crónicas periodísticas.

Pero más allá de la inexpresividad de ese título leído en un diario, existió una historia singular, intensa, que este escritor húngaro hizo trascender narrando en miles de páginas escritas, las experiencias personales de haber sobrevivido a los horrores del Holocausto.
Sus novelas y ensayos describieron con criterio riguroso, la terrible y atroz realidad histórica de los campos de concentración de la Alemania nazi.

Utilizó para concretar ese propósito un lenguaje desapegado del mundo y de sí mismo. Pero también, un lenguaje no subjetivo en el sentido liberación, es decir, de hombre libre.

«Con lágrimas en los ojos siempre se ve peor», respondía Kertész a las críticas que se le hacían en referencia a ese estilo frío, carente de patetismo que había utilizado para escribir la novela «Sin destino».
Ese trabajo, lo hizo merecedor al Premio Nobel con que fuera laureado en 2002.
Fue el primer escritor húngaro que lo obtuvo, en mérito a «una obra que conserva la frágil experiencia del individuo, frente a la bárbara arbitrariedad de la historia», como reconoció la Academia Sueca.
Después de la ceremonia de premiación comentó: «En Auschwitz, yo era un niño. Solamente bajo la dictadura comunista comprendí lo que había padecido allí».

Por otra parte el autor admitió en algún momento, que haber leído «El extranjero», la primera novela del escritor francés Albert, cuyo protagonista demostraba ser absolutamente indiferente a la realidad, porque le resultaba absurda e inabordable; influyó en su prosa y en esa forma de aparente indiferencia y distancia sarcástica, que fue la característica de todos sus libros.

Defensor acérrimo de valores y principios que dignifiquen la vida humana.

Abordó también en sus trabajos, la temática del socialismo totalitario, que vivió como adulto en su Hungría natal.

«La dictadura comunista nunca apreció mis libros, porque percibía que había algo de explosivo en ellos: un llamado contra todas las dictaduras, y no solamente contra la dictadura nazi».

La novela «Sin destino» se publicó en 1975. Y en ese entonces pasó prácticamente desapercibida.

Escrita con una novedosa perspectiva, desde la cual el autor desecha la idea de un enfoque autobiográfico (como en realidad lo era), elaborando en cambio, un personaje imaginario, vital para recrear sus conmovedoras desventuras.

Y es Gyürgy Küves ese personaje adolescente, quien desbordado por las circunstancias comienza su viaje hacia el martirio: se enamora por primera vez, es separado de su familia y sufre la deportación a un campo de exterminio.

Toma conciencia en ese instante, de lo que implicaba en esa época ser judío.
No era, no se trataba de una desigualdad innata, sino de una diferenciación impuesta por otros, pretendiendo borrar toda identidad individual y transformar en nada el tiempo de los «señalados» como objetivo de una obsesión irracional.

Su intención fue preservar fielmente la memoria de los hechos, los miedos y el espanto de lo que realmente aconteció, sin magnificar, sin incurrir en sentimentalismos que pudieran desvirtuar, falsificar o generar descreimiento minimizando la cruda realidad padecida.

Quería demostrar que los campos de la muerte nazis fueron «la verdad definitiva», sobre la bajeza a la que los seres humanos pueden caer. El fondo del abismo.
Los hechos no debían tergiversarse con eufemismos que disfrazaran el infierno.
Lo consiguió con absoluta solvencia.

Sus amargas palabras pronunciadas con resignación en 1986 («siempre seré un escritor húngaro de segunda fila, ignorado y malinterpretado»), afortunadamente quedaron como anécdota.
No hubo olvido y con justicia inobjetable, el galardón por fín le llegó a Imre Kertész en aquel año 2002, significando el reconocimiento unánime del universo literario, a sus valores humanos, e intelectuales.

En sus últimas cartas escritas a una amiga, desnudaba su intimidad refiriéndose a su estado de salud y decía: “La enfermedad, de hecho, no tiene nada que ver con nosotros, con nuestras concepciones, a lo sumo nos mata.

No tiene nada que ver con la moral, nada que ver con nuestros actos, no guarda ninguna relación con nuestras virtudes o nuestros pecados.
Las células son ciegas y nos gobiernan de una manera absurda”.

El jueves 31 de marzo de 2016, esas células ciegas, pusieron un punto final definitivo, a una larga historia de dolor, de recuerdos y de tragedia.

Esperamos que esta semblanza de Imre Kertész les haya gustado y haya contribuido a su cultura literaria, hasta una próxima entrega.

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2 comentarios en “Semblanza de Imre Kertész

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