María Teresa León – Memoría de la melancolía

Reseña literaria de María Teresa León – Vida y obra de una gran escritora

María Teresa LeónMaría Teresa León fue una célebre escritora española, nacida el 31 de octubre de 1903, y fallecida el 13 de diciembre de 1988. Integrante de la Generación del 27, debió enfrentar los estigmas sociales de una época que no le otorgó su apoyo.

“Una patria, Señor, una patria pequeña, como un patio o como una grieta en un muro muy sólido. Una patria, para reemplazar a la que me arrancaron del alma de un sólo tirón”.

Existieron en el transcurso de la historia y en todas todas las disciplinas científicas y artísticas, mujeres poseedoras de enorme talento injustamente postergadas y a las cuales se les negó el reconocimiento que merecían. Entre ellas, María Teresa León luce acreedora a un párrafo especial.

Dueña de un expresiva y delicada belleza, tenía una mirada muy intensa. Todavía al observar sus viejas fotografías de juventud, podremos sentir una fascinación irresistible.

Ella fue la primera esposa de Rafael Alberti y su nombre permanecerá indisolublemente unido al del poeta gaditano. También fue, su compañera, amante, amada, camarada, y ante todo, su amiga inseparable durante más de cuatro décadas. Y no obstante, haber sido una mujer esencial para la cultura y la historia política española y un símbolo universal, perenne del flagelo del exilio; esa mujer actualmente, es casi una desconocida para la opinión pública media.

Pero los fríos datos de su biografía refieren que María Teresa León Goyri fue una excelente y prolífica escritora; novelista, traductora, ensayista, dramaturga y guionista. Autora de una extensa obra que abarca la publicación de más de veinte libros, algunos de ellos ciertamente conmovedores. Su prosa impecable la hizo diferente.
Formó parte de la Generación del 27, aquel magistral grupo de escritores talentosos, que pobló el panorama literario de la España de comienzos del siglo pasado.

Nació en la ciudad española de Logroño el 31 de octubre de 1903. Hija del coronel de ejército Ángel León y de Olivia Goyri de la Llera. Su madre era prima de María Goyri (la esposa del eminente filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal).

En 1905, muy niña todavía, se traslada con sus padres a Madrid. María Teresa fue educada con especial esmero en el seno de esa familia de la alta burguesía, creció en un ambiente culto, ilustrado y se acostumbró desde pequeña a cuestionarlo todo y a usar la escritura como herramienta de diálogo y crítica. Tuvo además, la posibilidad de acceder a los mejores libros en las bibliotecas familiares y así convertirse en una lectora voraz, que admiraba a Víctor Hugo, a Alejandro Dumas, a Benito Pérez Galdós y a otras grandes figuras de la literatura exquisita.

En su formación influyeron mucho sus tíos y sobre todo su tía María, que había sido una de las primeras mujeres españolas en obtener un doctorado en Filosofía y Letras. Y en el hogar de sus tíos, punto de encuentro de importantes personalidades del arte, la cultura e intelectuales de la época, tuvo la fortuna de conocer a muchas de ellas.

Casi adolescente, se radicó con su familia en Burgos, una ciudad a la que se sintió fuertemente ligada. Vivía como una niña rica, disfrutando de todas las comodidades, pero en una vida a la que no se adaptaba ni sentía como propia y cuyo sistema de valores terminó rechazando.

Contrastarían enormemente esos años despreocupados, con el cambio radical en su manera de pensar e ideología, que se produciría en su edad adulta.

Un nuevo traslado de su padre militar, la lleva a Barcelona, ciudad donde María Teresa se casó siendo muy joven el 1 de noviembre de 1920 con Gonzalo de Sebastián Alfaro, padre de sus dos primeros hijos, Gonzalo (1920) y Enrique (1925). La novia tenía 17 años y parecía encaminarse a una existencia cómoda y tranquila, en un hogar igual a aquel en el que ella había nacido y crecido. Pero su destino no era ese o ella decidió cambiarlo.

A los 25 rompió con una vida monótona y rutinaria y no dudó en rebelarse contra las convenciones puritanas vigentes en esos tiempos y divorciarse cuando advirtió que su matrimonio había fracasado, transcurrían los meses finales de 1928. Una decisión poco frecuente entre las mujeres de su época y de su clase, en una sociedad donde imperaban rígidamente, una moral y una doctrina cristiana contrarias al divorcio.

Fue una mujer valiente que supo enfrentar todas estas formalidades para buscar su propia identidad. Escapó a Madrid, abandonó al marido y a los hijos. Perdió la custodia de los niños. Y soportó dignamente la herida recibida y el alto costo que debió pagar como peaje para lograr su independencia.

Se convirtió en una mujer recientemente separada, con dos hijos a los que no podía ver (otra arbitrariedad del pensamiento machista y pacato de la época); cuando en una tarde impensada conoció a Rafael Alberti. Se enamoró perdidamente.  El poeta de “Marinero en tierra”.evocaría alguna vez esa situación: “Surgió ante mí, hermosa, sólida y levantada, como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho”. María Teresa y Rafael ya no habrían de separarse por muchos años; compartieron vida, sueños, inquietudes y un largo y doloroso exilio que dejó secuelas en sus corazones y en la escritura de ambos.

De aquel apasionado romance surgió el nombre de un Alberti majestuoso, homenajeado en calles, escuelas, monumentos, pero una María Teresa cada vez más olvidada y llevando a un segundo plano su trascendencia literaria.
Tal vez, para que la relación pudiera funcionar alguno de los dos debía dar un paso al costado y lo dio ella. Su figura terminó eclipsada por el ego y el genio de eutor nacido en El Puerto de Santa María en Cádiz. Pero nunca se opacó el brillo de sus letras y la calidad de su pluma se conservó inalterable en el tiempo.

María Teresa León, fue una activista y ferviente defensora de la Segunda República Española, miembro del Partido Comunista, y sobre todo, una incansable luchadora a favor de la cultura y de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Durante los años 1932-1935, ella y Rafael Alberti visitaron Rusía y otros países europeos y americanos, experiencia que les proporcionó una nueva perspectiva del arte y de la realidad, influyendo en la orientación social y política de su literatura.

Iniciaba una trayectoria que la llevaría a un destacado protagonismo en los momentos más cruciales de la Segunda República y en las jornadas más dramáticas de la heroica defensa de Madrid durante la Guerra Civil. Escribía febrilmente y actuaba sobre los escenarios de un teatro de urgencia. Y trabajaba simultáneamente y con idéntica pasión al servicio de la causa republicana.

En la capital española, participó en la preparación y celebración del Congreso de Escritores Antifascistas, organizó la Alianza de Intelectuales, las Guerrillas del Teatro y, sobre todo, de la mano de Timoteo Pérez Rubio, trabajó arduamente en la evacuación de los principales cuadros del Museo del Prado y del Monasterio de El Escorial.

Cuando ya era inminente la caída del gobierno republicano y consecuentemente el ascenso de Francisco Franco al poder, la escritora y Rafael Alberti abandonaron España el 6 de Marzo de 1939 y tras breves estadías en Orán, Marsella y París, embarcaron hacia el exilio argentino.

Durante 23 años de vida en Buenos Aires, María Teresa se dedicó a trabajar en radios locales, a dictar conferencias y ejercer otras actividades intelectuales, pero sobre todo a escribir: novelas, biografías, guiones para el cine y colecciones de cuentos ven la luz.
Alcanzó en esos años el cenit de su producción literaria.

Con el pasar de los días y los meses se fue diluyendo la esperanza de un pronto regreso a la madre patria y la espera se convirtió en condición; el exilio sería largo y era imperioso asumir el compromiso de exiliada para no entregarse al derrotismo del olvido.

Necesitaba convertirse ella misma en testimonio vivo de la historia, y describiendo las vivencias de su destierro, reflexionar sobre su propia existencia.

En Buenos Aires nacería en 1941, Aitana, la única hija del matrimonio Alberti – León, y fue una brisa suave, un alivio que compensaría, aunque sin hacer olvidar, tantas tristezas vividas. Aitana escribiría muchos años después: “Si mi madre hubiera sido un hombre, hubiera sido un coloso, uno de los más grandes escritores de nuestra literatura”.

Dotada de un brillante bagaje cultural, la literatura de María Teresa León está basada en sus recuerdos. Escribía para resistir y no olvidarse de los compañeros caídos en la guerra civil española, supo magistralmente entrelazar en una dinámica real lo individual y lo colectivo de modo que la voz de su memoria hiciese coro con las voces de los que no podían expresarse. Durante los 38 años años de su doloroso exilio María Teresa León peregrinó por todo el mundo lamentándose: “Estoy cansada de no saber dónde morirme”.

Podríamos destacar entre sus novelas: “Contra viento y marea”, “El gran amor de Gustavo Adolfo Bécquer”, “Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador”, “Juego limpio” y “Cervantes. El soldado que nos enseñó a hablar” y entre sus cuentos: “Cuentos para soñar”, “La bella del mal de amor”, “Una estrella roja”, “Morirás lejos”, “Botella al mar”, “Las peregrinaciones de Teresa” y “Fábulas del tiempo amargo”.

Pero ninguna obra la define mejor que la inolvidable “Memoria de la melancolía”, título contundente, donde todo el dolor de la vida estaba asimilado y comprendido antes de pasar a la literatura. La acción se desarrollaba en el recuerdo y los personajes principales eran la tierra natal y las historias de un tiempo doloroso, trágico, ensuciado con lágrimas de sangre, que arrastraban a soledades interminables y muerte.

Esta obra fue escrita en 1963, cuando el matrimonio Alberti después de un breve período pasado en Uruguay, se instala en el Trastévere, el populoso barrio del centro histórico romano. “Escribir es mi enfermedad incurable” decía siempre a quienes la escuchaban. Era constante y dueña de un singular talento. Lo demostró acabadamente.

En 1972 asomaron en su horizonte los primeros síntomas del Mal de Alzheimer, una dolencia que la convirtió en un fantasma aletargado y que fue deshilachado lentamente su memoria y sus recuerdos, que comenzaron a contrastar con el perfil de mujer combativa y de recia personalidad que siempre tuvo.

Tal vez su mente gastada, no resistió la indiferencia que le prodigaba el mundo y su mundo en ese entonces era Alberti. Quizás haya necesitado recluirse en un espacio de soledad, en el cual, sin importar el entorno, pudiera soñar sin pasado, sin responsabilidad y también sin futuro.

En 1977, con la vuelta de la democracia, Maria Teresa León y Rafael regresaron a España.
Pero cuando el 28 de abril de de ese año, arribaron a su entrañable terruño, ella que había esperado tanto ese momento de recuperar su patria, ya no era consciente de esa circunstancia y en su enfermedad parecía anclada a esa admirable diáspora que formaron las gentes de “la España peregrina” y del “paraíso perdido”.

El gran amor de María Teresa fue Rafael Alberti hasta su último día de lucidez mental. Y fue eterno. Pero no fue igual para el poeta, por eso cuando aparecieron los primeros signos de Alzheimer, Alberti se olvidó de María Teresa, que fue cuidada hasta el final de sus días por una sobrina de ambos. Rafael la visitó solamente algunas veces en casi 10 años de padecer la cruel enfermedad. Cuando le preguntaban al respecto, respondía que no soportaba el dolor de verla espectral, devorada por el vacío.

Posiblemente haya sido así, una actitud difícil de explicar como lo son tantas debilidades humanas insondables. Pero su adorado Rafael tampoco hizo un gran esfuerzo por revitalizar su obra. ¿Exceso de ego o ingratitud?.

Nadie osaría cuestionar la obra de tan magnífico autor, pero ¿hubiera sido Rafael Alberti el genial poeta sin ella a su lado? Imposible saberlo.

María Teresa León falleció en Madrid el martes de 13 de diciembre de 1988 a los 85 años.
En el cementerio de Majadahonda (Madrid), hay una tumba con una lápida en la que a modo de epitafio se lee un nombre, María Teresa León, y un verso, primero y último de un poema de Rafael Alberti: “Hoy, amor, tenemos veinte años”.

Al entierro asistieron unas 15 personas. Rafael Alberti, familiares cercanos y alguna persona más que se se acercó al cementerio ese día, en que el frío de un otoño madrileño abrazó de golpe toda la nostalgia del olvido.

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12 comentarios en “María Teresa León – Memoría de la melancolía

  1. Que magnifica semblanza de Maria Teresa Leon a quien confieso no he leido ! Me parece fascinante su historia ….y ,si, a las mujeres escritoras maravillosas como ” ella ” no las han dejado ser leidas o escuchadas por las mismas mujeres ? y por supuesto por muchos escritores y ” egos ” misoginos quienes aún continuan activos para menoscabar los talentos literarios de la mujer …..por eso ,casos como el de Virginia Wool , Simone de Beauvoir ,Marguerite Yourcenar ,Marguerite Duras ,Susan Sontag ,Doris Lessing ,Sylvya Plath ,Emily Dickinson, Las hermanas Brontë ,Jane Austen ,Georges Sand son proezas de resistencia ……contra los machistas …..Gabriela Mistral ,Violeta Parra ,Isabel Allende y muchas que en este momento no acuden a mi mente ,para probar que hay GRANDES escritoras !

  2. Realmente me emocionó y me atrapó el relato, sabía algunas cosas de ella, lo excelente poeta, su enfermedad, pero muy superficialmente, no sabía ese principio de vida, donde se casa, tiene hijos, y abandona todo, pobre mujer que carga debió soportar, en una España tan de curas y de monjas y de hipocresía. La quiero más aún. Me llama la atención que en Argentina -al menos yo no conozco- no hayan escrito algo de ellos, fueron 23 años viviendo. En Punta del Este creo que aún existe una casa que se llama La Gallarda, en referencia a una de las obras de teatro de Alberti. Al que no se lo recuerda hoy tanto por su teatro, con obras bellísimas, si como poeta, sobre todo con los musicalizados. Pero volviendo a Teresa León, gracias, muchas gracias por ese perfil realizado.

  3. Asi como Teresa habia tenido un primer matrimonio, Rafael en su epoca de la Resi, tuvo un gran amor y escenografa de sus obras, la gran pintora Maruja Mallo,amor del que Alberti nunca hablaria, por deseo expreso de Teresa, lo hizo en el Pais cuando esta habia muerto, pero para entonces Maruja, su cabeza ya no recordaba.

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