Literatura, escritores célebres y filatelia

Reseña sobre Literatura, escritores célebres y filatelia – El universo de la escritura llevado a la colección

Literatura, escritores célebres y filateliaEn el mes de mayo de 1840, por primera vez en la historia, comenzaron a utilizarse en Inglaterra estampillas o sellos postales para pagar el servicio de distribución de correspondencia. A partir de ese momento, toda persona que pretendiera enviar una carta debía adherir previamente en el sobre que la contenía, una estampilla con un valor determinado y no como se hacía antes de su implementación, cuando el servicio se pagaba en destino originando innumerables inconvenientes, tales como que el destinatario se negara a abonar el servicio o no dispusiera de dinero para hacerlo y también que, de manera fraudulenta, alguno de los involucrados en el servicio se quedase con el dinero recaudado.

Sir Rowland Hill fue el creador de este sistema postal prepago.

Previamente, en septiembre de 1839, el Ministerio del Tesoro de Gran Bretaña había convocado a un concurso de propuestas con el objetivo de seleccionar un sello postal adhesivo. Se presentaron 2.700 proyectos resultando vencedor el de Rowland Hill. Los sellos se emitieron el 6 de mayo de 1840, y el “Penique Negro” se convirtió en el primer sello postal adhesivo que circuló en el mundo. El total de la emisión fue de 68.158.080 ejemplares.

Los primeros sellos, que venían en pliegos, se cortaban con tijeras y por esa razón tenían los bordes rectos. Más adelante (1854) se añadió una serie de líneas con perforaciones, que permitían separarlos con facilidad, limpiamente y sin emplear herramientas auxiliares; apareció así el dentado característico.

La nueva modalidad de cobro fue aceptada por los usuarios sin mayores objeciones, y su uso, se extendió rápidamente a todos los países que fueron sucesivamente adoptando el sistema.

Paulatinamente, se fue imponiendo también la costumbre de ilustrar las viñetas de los sellos postales con figuras de monumentos, de personajes ilustres, escritores célebres, libros y obras teatrales de predicamento universal, de pinturas, banderas y escudos, de flora, fauna, historia postal, etc.; como una forma de dejar representada para la posteridad una parte muy importante de la historia, la cultura y la idiosincrasia nacional o regional, del país responsable de emitir el sello postal.

Con el tiempo, el uso generalizado de la estampilla en todo el mundo trajo como consecuencia la difusión de una moda: coleccionar los sellos postales que estaban circulando, fue el inicio de la costumbre de acumular esos pequeños papelitos dentados que, a criterio de sus adeptos, servían para estimular el ansia de conocimiento y propiciaban en cierto modo la difusión cultural. Nació así la filatelia.

La etimología de la palabra indica que su constitución proviene de unir dos vocablos griegos: “philos”, que significa amante, amigo, afición, y “atelia”, derivado a su vez de ateles, que significa tributo, pagado previamente o pagado de antemano. El término filatelia se debe al coleccionista francés Georges Herpin, quien lo propuso en un artículo escrito para el periódico Le collectionneur de Timbres Poste, de París, que salió publicado el 15 de noviembre de 1864.

El arte de la filatelia no implica solamente el estudio, conocimiento y clasificación de los sellos reunidos en una colección, sino también incorporar a esa recopilación, sobres dedicados y artísticos, sobres de primer día de emisión, timbrados especiales por el primer día de emisión y circulación, documentación y todo objeto concerniente a las estampillas, que posibilite estudiar en profundidad la evolución de la historia postal.

La literatura como temática en la filatelia

Se conocen varias maneras de coleccionar estampillas pero las principales y más sencillas son dos: por países y por temas. Y dentro de la rama de la filatelia temática, una de las que despierta mayor interés y preferencia, es el coleccionismo de material referido al ámbito literario: escritores y poetas célebres, autores galardonados con el Premio Nobel de Literatura, Día del Idioma, Día de la Poesía, Ferias Internacionales del Libro y todo tipo de acontecimiento universal, relacionado al fascinante universo de las letras.

Para corroborar lo manifestado, sirven algunos ejemplos demostrativos:

España ha emitido decenas de sellos postales alusivos el escritor más universal de su lengua, Miguel de Cervantes Saavedra. Los primeros datan de 1905, cuando, con motivo del III centenario de la publicación del Quijote, se emitió una serie, que incluía escenas inolvidables como el ataque a los molinos, la escena de los aldeanos, el ataque al rebaño de ovejas, o cuando Don Quijote es armado caballero. Estas series filatélicas referidas al hidalgo manchego, se convirtieron con el tiempo en una de las más embleFilateliamáticas de la historia hispánica.

Fragmentos de los textos de Hamlet, Romeo y Julieta, la Tempestad o Macbeth, se ven impresos en timbres de franqueo que la Royal Mail de Gran Bretaña ha emitido, para recordar a uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos, William Shakespeare.

El coleccionismo temático relacionado a los geniales escritores rusos Antón Chéjov, León Tolstói y Fiódor Dostoyevski, está difundido en diversos países, incluyendo además de estampillas conmemorativas, documentación y trabajos literarios de los lugares donde vivieron o trabajaron,

Los sellos que muestran en sus viñetas frases inspiradas en creaciones literarias o imágenes de Mark Twain, Edgar Allan Poe, Emily Brontë, Virginia Woolf, Agatha Christie, Federico García Lorca, Julio Verne, Víctor Hugo, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Fernando Pessoa, Amado Nervo, Marcel Proust, Ernest Hemingway, Dante Alighieri y tantos otros, son equiparables a piedras preciosas para legiones de coleccionistas dispersos por el mundo.

También autores de la envergadura intelectual de Rubén Darío en Nicaragua, Octavio Paz y Rosario Castellanos en México, José Martí en Cuba, Julio Cortázar y Leopoldo Lugones en Argentina, Juana de Ibarbourou en Uruguay, Gabriel García Márquez en Colombia, Rosalía de Castro, Miguel Hernández y Rafael Alberti en España, Anatole France y Albert Camus en Francia, Rabindranath Tagore en la India, Emily Dickinson, Walt Whitman y Robert Frost en Estados Unidos, Jane Austen, Rudyard Kipling y Charles Dickens en Gran Bretaña britanica y Selma Lagerlöf en Suecia, conforman una muy extensa e interminable lista (incompleta por comprensibles razones de espacio) de personalidades que en vida o post mortem, fueron homenajeadas con emisiones de sellos postales destinadas a conmemorar su obra.

Todo este material filatélico es muy apreciado por los coleccionistas, seguidores incondicionales, que ven de esta manera engalanadas y valorizadas sus colecciones, por el prestigio de estos excelsos representantes del quehacer literario.

El coleccionismo filatélico, que tuvo su época de esplendor en el transcurso del siglo XX, es uno de los pocos hobbies que ha perdurado en el tiempo. En la actualidad, el impacto que representó el surgimiento del correo electrónico como alternativa más efectiva y económica sobre la circulación epistolar y la invención y puesta en funcionamiento de las franqueadoras automáticas, parecieron conducir a la filatelia hacia un destino de extinción. Pero, paradójicamente, mientras las estampillas van perdiendo irremediablemente su lugar histórico pegadas a un sobre, el número de sellos que se emiten continúa siendo abrumador. Y son tantos las que circulan, que los catálogos mundiales se publican en partes.

Las mismas tecnologías de la comunicación que le han quitado espacio a la filatelia clásica y en cierta forma amenazan la actividad, están permitiendo realizarla en forma más exhaustiva, globalizada y a un costo muy reducido comparándolo con el intercambio tradicional de correspondencia. Hoy existen cientos de foros en internet, donde rápidamente se puede establecer contacto simultáneo con miles de coleccionistas y obtener la información buscada acerca de sellos raros, catálogos, novedades, exposiciones y congresos. Encontrar un sello faltante en nuestra colección, comunicarse y negociar el intercambio o la compraventa, es una tarea que solamente demanda algunas horas. Algo impensado hasta hace dos décadas atrás. Esta es la marca distintiva de la filatelia del siglo XXI.

Sin desconocer que el uso del sello postal fue, y aún continúa siéndolo, una importantísima fuente de recaudación de ingresos fiscales, y que para eso fue diseñado e implementado; no se puede negar que este tipo de coleccionismo ha derivado en una industria filatélica con un trasfondo comercial y económico que supone importantes beneficios y ganancias extras para las administraciones postales de cada país. En ese contexto, estas administraciones interpretando correctamente las circunstancias, terminaron aceptando que la filatelia es un pasatiempo elegante, pero también una forma de preservar un registro de la historia y una manifestación de cultura. Consecuentemente, focalizan con especial énfasis sus emisiones dirigiéndolas a satisfacer las ansiedades de cientos de miles de ávidos coleccionistas que, en el mundo, todavía hacen de su pasión filatélica un culto.

Que circulan muchísimas menos estampillas pegadas en sobres, es una realidad irrefutable; pero, por algo, casi ningún país ha dejado de emitirlas.

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