La redondilla en los versos

RedondillaLa Redondilla

En el estudio de la poesía, la clasificación de los versos, se establece según el número de sílabas que los componen.
Se denominan “de arte menor”, aquellos poemas que cuentan con una estructura particular, cuyos versos son de ocho sílabas sonoras o menos y los de 9 en adelante se llaman “de arte mayor”.

A su vez, dentro de esta clasificación existen muchos tipos de estructuras posibles; la más popular es la de versos octosílabos y entre ellos la redondilla; que posee estrofas compuestas por cuatro versos de ocho sílabas cada uno, con rima consonante de tipo ABBA.

En general, la rima de la redondilla es abrazada y consonante (aunque en tiempos modernos también se ha empleado rima asonante) y la forma ABBA, rimando el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero, es el atributo que la diferencia de la cuarteta, también de arte menor, cuya rima es ABAB.

Tampoco se debe confundir la redondilla con el cuarteto, que es una composición poética de arte mayor (más de 8 sílabas  y generalmente endecasílabos).
El cuarteto, también posee rima consonante de formato ABBA.

Con respecto al octosílabo, es un verso de ocho sílabas, el más antiguo y uno de los más representativos de la poesía española.
Aparece en los cantares de gesta y el mester de clerecía, en los romances, en el teatro del Siglo de Oro, en el Romanticismo y en la obra de autores de la Generación del 36, entre otros.

Es válido aclarar, que un verso de ocho sílabas, no necesariamente se encuentra compuesto por la misma cantidad de sílabas gramaticales (la cantidad que tiene literalmente).
Esto se debe, a que la métrica de un verso se mide por la cantidad de sonidos definidos que hay en una frase y no por la cantidad de sílabas ortográficas.

En el contexto de la tipografía, la redondilla es una letra de imprenta o realizada a mano, de forma redonda, que se destaca por los trazos circulares y verticales.
El aspecto más redondeado y de tamaño más ancho que las letras ordinarias es su característica más sobresaliente.

La Historia
La redondilla, reconoce sus orígenes en las letras españolas de los siglos XI y XII, en un tipo de construcción poética conocido como “jarchas”.
La creencia generalizada, sugiere que las primeras redondillas fueron escritas por los clérigos de la poesía religiosa de la Edad Media y se caracterizaron por ser obras escritas generalmente en latín, que se recitaban en los actos eclesiásticos.
También se considera que se volvieron muy populares, debido a que eran fáciles de relatar en espacios públicos.

La flexibilidad del idioma español para adaptarse a este tipo de rima, favoreció su consolidación e incluso se creó un nuevo subgénero que recibió el nombre de redondillas profanas.
También los juglares, encontraron la estructura de la redondilla, idónea para sus necesidades expresivas.

No obstante, su verdadero esplendor llegó  en el denominado Siglo de Oro Español, con el advenimiento de sus máximos cultores. Además, en esa época, fue utilizada para la creación de coplas, villancicos y obras de teatro.

Posteriormente, durante el periodo neoclásico, la vigencia de la redondilla, comenzó a perder vitalidad, debido a la influencia e inserción del verso endecasílabo, tomado de la poesía italiana, que cobró una importancia inusitada.

Finalmente, los poetas románticos retornaron a las bases del verso octosílabo, valiéndose de la redondilla para explorar todas las posibilidades de esta estructura y a su tiempo, exponentes del modernismo adhirieron a este estilo, cultivándolo en su obra.

Vocabulario:
El mester de clerecía, es la literatura medieval compuesta por clérigos, es decir, hombres instruidos y no necesariamente sacerdotes.


Una de las autoras que volvió más popular el término, fue Sor Juana Inés de la Cruz, cuyo poema más famoso tiene esta estructura y se titula precisamente “Redondillas”.
Sor Juana Ines de la cruz

“Redondillas”

Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Sor Juana Inés de la Cruz

Rincón Literario – Redondillas

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