Gustavo Adolfo Bécquer – El poeta

Gustavo Adolfo Bécquer: Poeta del amor por antonomasia

Gustavo Adolfo BécquerGustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, mejor conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, fue un escritor y poeta español, reconocido dentro del llamado Romanticismo, nacido el 17 de febrero de 1836, y fallecido el 22 de diciembre de 1870. Es, quizás, uno de los poetas más aclamados de la literatura.

Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa…¡habrá poesía!

Romanticismo, encantamiento, ilusión, ensueño, rubor tierno, son todas palabras que envuelven y engalanan la fantasía y la magia de nuestra pasión sublime: el amor.

El amor se siente en el alma, se percibe y se vive en la piel, pero se manifiesta y se escribe con el corazón, en una poesía.

“Y se escribe y se lee poesía, no porque sea bonita, sino porque es parte de la humanidad. Se escribe y se lee poesía porque los seres humanos son seres con pasiones. La medicina, el derecho, el comercio, son nobles actividades necesarias para mantenernos con vida. Pero la poesía, el amor, la belleza, ésa es nuestra razón de ser.” (especificación precisa de la periodista y escritora estadounidense Nancy H. Kleinbaum – autora de la obra, “El club de los poetas muertos”)

En el universo lírico de la literatura existió un símbolo inequívoco. Un paradigma indiscutido y ese fue Gustavo Adolfo Bécquer. El Poeta del amor por antonomasia, que perpetuó en sus célebres Rimas, definiciones casi perfectas del más delicado de los sentimientos.

Luego de su desaparición física en 1870, varias generaciones continuaron recitando con candidez adolescente o con ardorosa pasión juvenil sus rimas. ¿Quién no pronunció alguna vez al oído de su amada?: ¡Poesía eres tú!; y ¿Quién podría olvidar los versos encerrados en aquel melancólico título de la Rima LIII declamando: “Volverán las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar” – Ver poema.

Las Rimas inmortales de Gustavo Adolfo Bécquer

El Amor, la Poesía y esa felicidad tan esquiva.

Paradójicamente, la vida del adalid que alimentó las ilusiones románticas de tantos enamorados estuvo signada por dos constantes negativas y dramáticas: la pobreza con frecuencia denigrante en la que debió vivir en algunos tramos de su vida y el sufrimiento físico y psicológico, consecuencia de sus tantos infortunios.

Además de perder a su padre primero y después a su madre, quedando huérfano a los diez años, soportó a lo largo de su vida grandes penurias económicas, lo echaron del trabajo porque a juicio de su empleador perdía el tiempo escribiendo versos, amó intensamente a varias mujeres sin ser correspondido y su esposa le fue infiel, originando con esa actitud una dolorosa separación.
Así reflejó en palabras el ilustre poeta esta circunstancia:

Rima XLII
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma;
¡y entonces comprendí por qué se llora
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… con pena
logré balbucear breves palabras…
¿quién me dio la noticia?… Un fiel amigo.
Me hacía un gran favor. Le di las gracias.

Bécquer, padeció también en su existencia graves enfermedades y falleció de tuberculosis a la temprana edad de 34 años, tan sólo tres meses después de la muerte de su inseparable hermano Valeriano.

Murió sin haber podido publicar sus poemas.

En los días de su agonía, pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán que quemase sus cartas, “serían mi deshonra”, le dijo y agregó “Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”.

Con esta recomendación Gustavo Adolfo sería sepultado y Bécquer, habría de nacer para la poesía eterna.

Desde 1859, fue publicando sus poemas en distintos periódicos y revistas de la época. Según algunos indicios, alrededor del año 1867 habría reunido en un manuscrito la versión original de todas las rimas escritas durante esos años para publicarlas en un único libro.

A comienzos de 1868 entregó la recopilación a su amigo y mecenas, el ministro de gobierno Luis González Bravo, pero durante el estallido de la Revolución de Septiembre de 1868, que determinó el fín del régimen monárquico en España y el exilio de la reina Isabel II; el manuscrito desapareció, quemado durante los disturbios y saqueos que se produjeron.

Bécquer no había guardado copia e intentó al año siguiente reconstruirlos de memoria,
volviéndolos a redactar tal cual los recordaba. Alcanzó a rememorar 79 Rimas (seguramente menos de las que había en el manuscrito original).

Las reescribía en un cuaderno regalado por un amigo, porque él no podía gastar en comprarlo. Al terminar la redacción, la tituló “El libro de los gorriones”.

En 1871, ya fallecido el poeta, varios amigos suyos prepararon de manera póstuma la primera edición de sus Rimas. Los encargados de la revisión recuperaron como base el “Libro de los gorriones”, eliminaron tres poemas prescindiendo del orden cronológico en que habían sido escritas las rimas y las organizaron identificándolas con un número romano, siguiendo un criterio temático, de modo que el libro desarrollara una historia amorosa relacionada con la biografía sentimental de su autor. Algo que tal vez Bécquer no hubiera consentido.

Así, las 76 rimas quedaron distribuidas de la siguiente manera:

Rimas I a IX: Una especie de presentación, generalidades del arte, la literatura y la música y tímidas refrencias al amor abstracto.

Rimas X a XXIX: el amor como sentimiento maravilloso, de ilusión y felicidad

Rimas XXX al LIV: descubrimiento del engaño, la frustraciòn amorosa, el sufrimiento, un final desdichado y el amor sustituido por el rencor y el desprecio.

Rimas LV a LXXVI: el pesimismo, la soledad y desesperanza, la tristeza, reflexiones sobre el sentido de la vida, invocación a la muerte.

Del “Libro de los gorriones” originario, no se tuvo noticia hasta que fue redescubierto en la Biblioteca Nacional de Madrid en 1914.

Seleccíón de algunas de sus Rimas mejor conocidas:

Rima X
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada.
Oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?
¿Dime?… ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

Rima XIII
Tu pupila es azul y cuando ríes
su claridad suave me recuerda,
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul y cuando lloras
las trasparentes lágrimas en ella,
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es azul y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.

Rima XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol.
Hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
¡hoy creo en Dios!

Rima XX
Sabe si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.

Rima XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase- de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella, por otro,
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?

Rima XXXI
Nuestra pasión fue un trágico sainete,
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia,
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas.

Rima XLIV
Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.

Rima LI
De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y esta vida mortal, y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

Rima LIV
Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.
Y al fin resbala y cae como gota
de rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana,
volveremos los dos a suspirar.

Rima XXIII (Ver)

Analizando la obra, se advierte una profunda reflexión sobre el fenómeno espiritual de la creación poética que hace Gustavo Adolfo Bécquer y tras un prólogo explicando el significado que atribuye a la poesía, se inicia el poemario que mantiene una línea argumental desde un canto alborozado al amor hasta terminar en la angustia, el desengaño y la decepción absoluta producida por la ruptura con la amada.

Son poemas sencillos, breves, de tono intimista y reflexivo, dotados de gran musicalidad y con un sobrio ornamento lejos de toda pompa. Fiel al estilo de poesía “breve y seca”, que cultivaba Bécquer alcanzando la difícil sencillez de lo auténtico.

Rechazó todo artificio retórico, porque según su propio criterio no buscaban sus versos seducir ni deslumbrar con su armonía y hermosura, sino llegar al alma del lector sugiriéndole distintas emociones.

Para Gustavo Adolfo Bécquer, cada poema representaba “la memoria viva” del sentido: “escribo como quien copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.” declaraba el magistral poeta, que también desarrolló en su primera juventud una exquisita técnica pictórica, de la que se valió para enriquecer con ilustraciones propias, varias de sus creaciones literarias – Ver nota: Bécquer el pintor, sólo un sueño.

Se señalan habitualmente dos influencias principales en la obra de Bécquer: la poesía popular andaluza y la poesía romántica alemana, particularmente la de Heinrich Heine, distinguido ensayista y poeta romántico alemán del siglo XIX.

Uno de los críticos contemporáneos del poeta sevillano, el español Gaspar Núñez de Arce, llamó despectivamente a las Rimas “suspirillos germánicos.”

Por otra parte, el novelista Juan Valera calificó las Rimas de “ayuntamiento monstruoso de los lieder alemanes con las seguidillas y coplas de fandango andaluzas.”

Pero aunque los poetas contemporáneos no apreciaran la poesía simbolista y decididamente subjetiva de Bécquer, ésta tuvo influencia decisiva en muchos de los autores líricos del siglo XX, como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Rafael Alberti, Pedro Salinas y Luis Cernuda. El literato y filólogo español Dámaso Alonso lo llamó el “primer poeta contemporáneo” de la Generación del 27.

Gustavo Adolfo Bécquer falleció el 23 de diciembre de 1870 y sus últimas palabras fueron “Todo mortal…”. Después el silencio; sus restos actualmente descansan en el Panteón de Sevillanos Ilustres de su ciudad natal.

¿Que es Poesía…?

Que mejor opinión que la del propio autor en el prólogo de sus Rimas:

“Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua, que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura.

Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía”.

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4 pensamientos en “Gustavo Adolfo Bécquer – El poeta

  1. Gracias al autor de esta excelente nota por seguir manteniendo viva la memoria y la obra de nuestro más entrañable poeta, el excelso Gustavo Adolfo. Mis saludos y mi gratitud les mando.

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