Gabriel Celaya – La poesía social

Reseña literaria sobre la vida y obra de Gabriel Celaya – La poesía es un arma cargada de futuro como muestra de su trabajo

Gabriel Celaya la poesíaGabriel Celaya, fue un reconocido poeta español, nacido el 18 de marzo de 1911, y fallecido el 18 de abril de 1991. Su obra se encuentra muy relacionada con la poesía social, de compromiso.

“Ser poeta es encontrar en otros la propia vida. No encerrarse. Ser poeta es darse a todos, ser sin ser melancolía y ser también mar y viento, memoria de las desdichas…”

Poesía de compromiso o poesía social. Otra forma de sentir y escribir en versos

Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta Cendoya, era el largo nombre registrado de un autor que trascendió y fue reconocido en el universo de la poesía con el seudónimo de Gabriel Celaya, y que había nacido en Hernani, municipio español de la provincia de Guipúzcoa, el 18 de marzo de 1911.

Junto con Blas de Otero, Gabriel Celaya fue uno de los exponentes máximos de la corriente denominada “poesía social” o “poesía comprometida”. Esta tendencia procuraba alcanzar una escritura que se nutriera de sueños, ilusiones, inquietudes y de las preocupaciones y avatares cotidianos del hombre ubicado en su tiempo histórico; en contraposición a la poesía considerada como una creación desvinculada del peregrinaje existencial y social del ser humano y de la realidad de su entorno.

Tenía la intención, también la voluntad y la convicción de llegar a las mayorías y despertar conciencias; y para lograr esos fines era preciso escribir con claridad utilizando palabras exactas, insustituibles y que interpretaran con absoluta fidelidad la idea que quería expresarse.

La estética quedó postergada porque la palabra ya no buscaba deslumbrar al lector.
Se consideraba a la poesía como un trabajo necesario que no podía constituir un lujo. Estos criterios hicieron que se terminara atacando a los poetas estilizantes y elitistas, cuyos poemas estaban dirigidos a una minoría de la sociedad.

Gabriel Celaya, cursó el bachillerato en San Sebastián y, por imposición paterna, logró graduarse de ingeniero industrial en Madrid. Años más tarde, en la década de los treinta, relegó su destino empresarial e industrial por las influencias de grandes literatos y artistas de su época, como Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Luis Buñuel y Salvador Dalí, a quienes conoció en la Residencia de Estudiantes donde él se alojaba en la capital española. Compartió con ellos vivencias en un riquísimo ambiente cultural y de creación artística que determinaron su vocación literaria y le dejaron recuerdos imborrables que lo llevarían con el tiempo, a dedicarse por entero a la poesía.

Como otros poetas de su generación, estuvo en contacto desde diversas perspectivas con todos los movimientos literarios que se popularizaron en la primera mitad del siglo XX, el surrealismo y el neorromanticismo entre otros; pero terminó adscrito a un estilo de poesía de intencionalidad no totalmente lírica sino con una estética de compromiso social, como una consecuencia derivada de los difíciles tiempos políticos ocasionados por la trágica y sangrienta Guerra Civil, y por la durísima crisis de posguerra que enfrentó España.
La situación originada en la miseria, el hambre, las enfermedades era grave, peró lo era aún más, porque las instituciones del país estaban destruídas. La sociedad parecía deshumanizada con hermanos divididos en vencedores y vencidos, sufriendo la represión y la opresión, viviendo y padeciendo diariamente la violencia y la crueldad.

Celaya, adhirió y militó en favor de la ideología comunista hasta el final de sus días y cuando estalló en 1936 la Guerra Civil, se alistó para combatir del lado republicano, llegando a obtener el grado de capitán de ejército. Este hecho le acarrearía muchos enemigos al término de la contienda.

Ya en tiempos de paz, se hizo cargo de los negocios familiares, compatibilizando su actividad profesional con el tiempo que dedicaba a la escritura.
La llegada a su vida en 1946 de quien fuera su inseparable compañera, Amparo Gastón, dio un impulso vital a su obra. Emprendieron entre ambos múltiples proyectos literarios, fundando ese mismo año una colección de poesía llamada “Norte” y publicando traducciones de Arthur Rimbaud y William Blake.

En 1955 dió a conocer su poemario “Cantos Íberos”, verdadera biblia de la poesía social, con versos cuyas letras aún continúan vigentes en muchos estratos sociales de diversos países. Es una obra en la que confluyen diferentes matices retóricos, que van desde la descripción de una realidad de opresión y desesperanza hasta semejanzas con un mitin político.

Extraído de “Cantos Íberos”, con un título que expresa mucho y versos intensos y llenos de matices luminosos, este es uno de sus más célebres poemas:

La poesía es un arma cargada de futuro – Gabriel Celaya

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

Después de leer sus versos, se tiene la sensación de estar ante una arenga, casi un “manifiesto” del poeta intentando que sus palabras sean parte activa de nuestras vidas. Y se advierte que para él, la poesía era realmente un arma poderosa que ayudaba directamente a transformar todo aquello que se anhelaba cambiar.

La poesía es un arma cargada de futuro se convirtió en un himno en aquellos años de 1950 y puso de pie a una generación de poetas, que utilizaban su leitmotiv de porvenir y esperanza como herramienta para intentar cambiar el mundo.

En el deseo de acercarse a las mayorías sociales, algunos autores, en ocasiones vulgarizaron demagógicamente el lenguaje. Este es el argumento principal utilizado por sus detractores. Pero objetivamente no se pueden obviar innumerables aciertos expresivos, espléndidas formas y la innegable calidad poética de obras como las de Otero o Celaya.Tampoco las posibilidades y valores poéticos que sus trabajos ejercieron sobre el lenguaje cotidiano.

A fines de la década de 1980, dos cantautores españoles de destacadisima trayectoria internacional musicalizaron este poema; fueron Paco Ibáñez y el catalán Joan Manuel Serrat.

Gabriel Celaya concretó una prolífica producción literaria que abarca casi un centenar de obras, escritas con lenguaje claro, con un decir sencillo y cargadas siempre de un propósito de denuncia, para lo cual recurrió a un deliberado prosaísmo en sus letras.

En 1935 editó su primer libro de poemas, “Marea de silencio”, con claras influencias vanguardistas de la Generación del 27. Seguirían “La soledad cerrada” (1947), “Movimientos elementales” (1947), “Tranquilamente hablando” (1947), “Las cosas como son” (1949), “Las cartas boca arriba” (1951), “Lo demás es silencio” (1952), “Cantos Iberos” (1955), “Poesías completas” (1969), “Campos semánticos” (1971), “Itinerario poético” (1973), por citar algunos.

En sus comienzos, acostumbraba publicar además con los seudónimos de Rafael Múgica y Juan de Leceta.

Llegando al final de su vida, la orientación literaria predominante empezó a girar en torno al interés que sentía por la historia ancestral.
En 1984, por problemas económicos, se vio obligado a vender su biblioteca personal de 1.200 volúmenes a la

Diputación de Guipúzcoa y a pesar de que en 1986 fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas, no pudo superar esa situación crítica. Sus últimos años transcurrieron entre penurias y necesidades insatisfechas, a tal punto que el Ministerio de Cultura peninsular, debió hacerse cargo de los gastos por una internacion hospitalaria que tuvo en 1990.

Gabriel Celaya falleció en Madrid y prácticamente en la miseria, el 18 de abril de 1991. Sus cenizas fueron esparcidas en su Hernani natal. Posteriormente, a título póstumo fue designado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada, nombramiento que se concedió en vida del escritor y había sido aceptado por él.

Fue un “Poeta” fundamental de las letras españolas del siglo XX, que dejó un legado pleno de mensajes esperanzadores. La suya fue sin duda, una ardua lucha sin concesiones contra el pesimismo y siempre a favor del hombre como tal y de la poesía imbuida de contenido sociopolítico y moral.

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