El mundo liberado de H.G. Wells ¿imaginación o presagio?

El mundo liberado de H.G. Wells, una novela de un futuro no tan lejano como parece

El mundo liberado de H.G. WellsEl emblemático escritor británico H.G. Wells, forma parte de una exclusiva élite de escritores visionarios que anticiparon eventos trascendentales en la historia de la humanidad y es considerado, sin objeciones, un precursor y referente indiscutido del género literario de la ciencia ficción. Reconocimiento compartido con otro genio de las letras, Julio Verne.

De su prolífica y casi inagotable imaginación surgieron fantásticas creaciones: La máquina del tiempo en el año 1895, un relato de aventuras matizadas inteligentemente con conceptos de doctrina política y social; La isla del doctor Moreau (1896) y El hombre invisible (1897), marcando los límites éticos de la ciencia y la obligación del científico de actuar respetando esas limitaciones más allá del poder que le otorgan sus descubrimientos; La guerra de los mundos (1898) que quedará para siempre en el recuerdo colectivo por la mítica dramatización que hicieron magistralmente años más tarde, el 30 de octubre de 1938 (Ver la transmisión de Orson Welles), Orson Welles y el Teatro Mercury, bajo el sello de la CBS, adaptándola a un guión radial. La historia es conocida, los marcianos hacían pie en la Tierra y la radio transmitía en directo la invasión: “Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado…” afirmaba el periodista Carl Philips con incredulidad y la voz entrecortada por la incertidumbre de lo desconocido.

Los hechos se relataron en forma de noticiario, narrando la caída de meteoritos que disimulaban los contenedores de naves marcianas provistas de armas mortales y desconocidas, que empleaban una especie de rayo de calor y gases venenosos.

En la introducción del programa se había explicado que se trataba de una dramatización de la obra de H. G. Wells; en el minuto 40:30 aproximadamente aparecía el segundo mensaje aclaratorio de la simulación, seguido de la narración en tercera persona de Orson Welles, quince minutos después de la alarma general del país.

Los oyentes creyeron verdadera la noticia y asumieron que realmente la nación estaba siendo invadida por seres extraterrestres; como consecuencia se produjeron escenas de pánico, suicidios, abortos e infartos en la ciudad de Nueva York y su área de influencia.

Pero hay otra novela que si bien al momento de su edición no causó el mismo impacto, el transcurrir del tiempo la ubicaría en una aterradora dimensión. El título de publicación en 1914 fue “The World Set Free” – El Mundo Liberado. Por esos días Europa comenzaba a vivir la pesadilla infernal de la Primera Guerra Mundial y Wells en las páginas de ese libro, se anticipaba tres décadas al trágico y apocalíptico ataque nuclear a Hiroshima acaecido en la Segunda Conflagración.

En la trama, la creativa mente del autor imagina un arma que genera una “explosión continua” contrastante con la explosión “instantánea” de la dinamita; describía precisamente la fabricación de una granada de mano de uranio que una vez activada, seguiría explotando indefinidamente con un poder destructivo aterrador, algo muy similar a lo que, en la actualidad, llamaríamos una reacción nuclear en cadena. Incluso pensó y acertó que sería arrojada desde aviones.

También predijo los efectos generalizados y devastadores de la lluvia radiactiva y la idea de fabricar una arma nuclear portátil.

Hacia el final de la historia, Wells escribió que habría entre las superpotencias del mundo una proliferación masiva de este tipo de arma, concibiendo además las dos palabras para definirla “Bomba atómica”.

La coincidencia o casualidad de esos aciertos resultan hoy hechos anecdóticos, no obstante, es válido destacar que Wells no escribía apoyándose solamente en su imaginación, sino que leía toda la información científica que encontraba y se actualizaba permanentemente. Estudiaba e investigaba, discutía probabilidades y analizaba en profundidad cada uno de los detalles, que le servirían después como textos y argumentos para sus novelas.

Al comenzar la década de 1930, científicos especializados habían logrado dividir el átomo por primera vez utilizando medios artificiales, y aunque algunos dudaban que se pudiera producir con ello enormes cantidades de energía, otros lo consideraban posible. Uno de estos últimos, el físico de origen húngaro Leo Szilard, que había leído el libro de Wells, dijo que de esa lectura aprendió muchísimo acerca de lo que significaría la liberación de la energía atómica a gran escala y las consecuencias que podrían derivar de una explosión nuclear. Un día de 1933, con esa idea en mente, mientras Szilard observaba el cambio de luces de un semáforo londinense, se le ocurrió la respuesta que buscaba para encontrar la forma en que podría lograrse una reacción en cadena:

“De repente pensé que si encontraba un elemento que se dividiera por neutrones y que emitiera dos neutrones cuando absorbiera uno, tal elemento, si se ensamblase en una masa suficientemente grande, podría sostener una reacción nuclear en cadena”. Comentó en su memorias el científico, agregando luego: “también sentí un gran temor al pensar que una ciudad como Londres o cualquier otra, pudiera ser destruida y sus habitantes aniquilados en un instante, como se presagiaba en “El mundo liberado” y traté de evitar que esta patente de invención se hiciera pública”.

Siguiendo la misma temática, H.G. Wells redactó y publicó después de finalizada la Primera Guerra Mundial, la historia de la humanidad en tres partes, con el título de “Outline of History” (El esquema de la historia – 1920), y en 1933 la novela “La forma de las cosas que vendrán” que luego fuera adaptada al cine. En este libro pronosticó con precisión los bombardeos aéreos y la atroz devastación que originaría poco tiempo después la Segunda Guerra Mundial.

El estilo literario de Wells fue criticado por no estar a la altura de los temas que abordaba, cuando precisamente el tratamiento de estos temas fue lo que le dio una inmensa fama universal como escritor. El autor simplemente respondía: “Yo hago honradamente lo que puedo por evitar repeticiones en mi prosa y cosas así pero, quitando un pasaje de altura, no veo el interés de escribir por la belleza del lenguaje sin más”

Toda su obra estuvo influida por profundas convicciones políticas, defendiendo en sus escritos y en las conferencias que dictaba la posibilidad de alcanzar una sociedad utópica y criticando ácidamente la hipocresía de las costumbres de la época victoriana, las prácticas imperialistas británicas y también a políticos y mandatarios, sobre todo en relación a los conflictos y confrontaciones bélicas.

En su novela Ana Verónica (1909) se adelantó a lo que serían los movimientos de liberación de la mujer, en la lucha por la conquista de sus derechos.

Ideológicamente era un izquierdista que siempre se interesó por la realidad sociológica del momento, estaba convencido que la ciencia y la educación serían los baluartes de la sociedad del futuro, en la que la especie humana daría un salto cualitativo.

Sin embargo, no cayó en la ingenuidad de muchos de sus contemporáneos y fue uno de los primeros pensadores que advirtió del peligro de confiar ciegamente en los artefactos mecánicos. Siempre sostuvo que era el hombre nunca debería dejarse dominar por las máquinas.

Fue también, sin que ello signifique contradicción alguna con sus fuertes convicciones pacifistas, pionero en el desarrollo de reglamentos para juegos de guerra, con sus obras Floor Games (1911) y Little Wars (1913) y sería incluido a título póstumo en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción de Seattle (EE.UU.) en 1997 por sus aportes a este campo.

Anteriormente, en 1970 y por sus escritos relacionados con avances científicos, se había decidido denominar en su honor “H. G. Wells” a un astroblema ubicado en el lado oscuro de la Luna.

El 13 de agosto de 1946 Herbert George Wells murió en la ciudad de Londres; una semana antes se había cumplido el primer aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki que habían convertido en realidad la premonición narrada en su historia ficticia escrita en 1914. Después de 31 años la bomba atómica descripta en el papel había sido fabricada y su efectividad era demostrable. Y desde esa realidad también se transformó en auténtica y verosímil la posibilidad de destruir el mundo; posibilidad que, a partir de esos aciagos días de agosto de 1945, comenzó a estar peligrosamente al alcance de la mano del hombre.

Para conocer más

Astroblema: accidente geográfico (cráter o depresión) producido por el impacto de un meteorito de antigua data, en la superficie de un cuerpo planetario.

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