Edith Södergran en el país que no existe

Semblanza de Edith Södergran – Vida y obra de la escritora y poetisa, creadora de la obra El país que no es. 

Edith Södergran - El país que no esEl último libro de Edith Södergran fue publicado de manera póstuma en el año 1925 con el título El país que no es, gracias al gran trabajo de recopilación del poeta y compositor finlandés Elmer Rafael Diktoniusy. Sugieren sus versos al leerlos, la existencia de un sitio idealizado, de un espacio indefinible o un lugar de encuentro nuevo e incomprobable creado por la febril imaginación de una autora consciente que, como toda utopía, su logro era casi irrealizable.

Buscabas una flor y hallaste un fruto.
Buscabas una fuente y hallaste un mar.
Buscabas una mujer y hallaste un alma:
estás decepcionado.
(Al atardecer refresca el día…- fragmento-)

Sus poemas denotan la agobiante tristeza causada por una realidad insuficiente o incompleta, también un profundo malestar existencial en constante búsqueda de la identidad inalcanzable. Son poesías de palabras resignadas que intentan encontrar en el país que no existe, esas puertas que una vez abiertas permitirían retratar y plasmar su verdadero horizonte, quizás ofrecido como una salida parcial o compensatoria o un reflejo del camino de preparación hacia su propio destino, que había elegido la escritora.

Edith Irene Södergran, poetisa de ascendencia finlandesa pionera de la poesía en idioma sueco en Finlandia, nació en la ciudad rusa de San Petersburgo (en esos años perteneciente al imperio zarista) el 4 de abril de 1892, en el seno de una acomodada familia burguesa. Su padre, Matts Södergran, trabajador en una compañía de Alfred Nobel, se casó en 1890 con Helena Lovisa Holmroos, heredera de exitosos negocios en la fundición de metales.

Estudió en la prestigiosa Petri-Schule alemana de su ciudad natal, institución donde aprendió inglés, francés, ruso y alemán. Sus primeras incursiones en el mundo de las letras tuvieron lugar en 1902 con escritos en idioma alemán de corte crítico y analista; le siguieron poemas en alemán y sueco con marcada influencia de los poetas germanos Heinrich Heine y Johann Wolfgang von Goethe; con el transcurso del tiempo, la escritora adoptaría definitivamente para su producción literaria la lengua materna, el sueco. No obstante, los germanismos se convirtieron en una constante en su lenguaje.

Contrajo la misma enfermedad que tenía su padre, tuberculosis, dolencia que la afectó desde sus 17 años; aprovechó su estancia en varios hospitales, suecos, de Suiza y otros países de Europa, para estudiar las corrientes expresionistas y futuristas, también para interiorizarse acerca de las letras e historia de Italia y comenzar a leer a Dante. En ese contexto, se enamoró de su médico (un hombre casado y mucho mayor que ella), y descubrió el legado de Charles Dickens, William Shakespeare y Walt Whitman.

Los temas relacionados con la muerte, muy populares entre los decadentes, empezaron a aparecer en su poesía.

En 1914 regresó a Finlandia, llena de esperanzas con respecto a su futuro. Al año siguiente, conoció en Helsinki al escritor Arvid Mörne (1876-1946), que la animó a seguir escribiendo. Se cree que un encuentro casual con el filólogo Hugo Bergroth (1866-1937) fue el motivo por el que dejó de escribir en alemán, optando por la lengua sueca.

Poco antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial se instaló con su madre en la casa de verano en Raivola. Tiempo después, en 1916, publicó su primer libro que tituló “Poemas”. Este poemario no tuvo la aceptación de la crítica ni de los lectores que ella esperaba y Edith hasta fue ridiculizada por ser la autora de sus versos.

Sin embargo no se rindió y en 1918 editó “Lira de septiembre”, libro que, generó dispares interpretaciones dando lugar a frecuentes debates acerca del estado de su salud mental; pero que, en realidad, la autora utilizaba reflejando fuertes visiones inspiradas en el pensamiento de Friedrich Nietzsche y en una euforia sensual dionisíaca, para demostrar al mundo que ni la Guerra Civil finlandesa, ni la sangrienta Revolución rusa, ni la tuberculosis, mucho menos las críticas negativas, la harían dejar de escribir poesía.

Conoció además en el devenir de su vida a numerosos escritores: Hans Ruin, Jarl Hemmer, Runar Schildt y Eino Leino. Pero la personalidad más importante para ella fue la crítica y escritora Hagar Olsson, quien fue a Raivola a visitarla; manteniendo ambas con posterioridad, una cálida amistad a través de la correspondencia.

De su excelente producción lírica sobresalen algunos poemas memorables:

La noche estrellada
Inútil dolor,
inútil espera,
el mundo está vacío como tu risa.
Caen las estrellas,
noche fría y espléndida.
El amor sonríe en el sueño,
el amor sueña la eternidad…
Inútil temor, inútil pena,
el amor es menos que la nada,
de la mano del amor al abismo se desliza
el anillo de la eternidad.

La última flor del otoño
Yo soy la última flor del otoño.
Fui mecida en la cuna del verano,
fui puesta en guardia contra el viento del norte,
rojas llamas florecieron
en mis albas mejillas.
Yo soy la última flor del otoño.
Soy la simiente más joven de la primavera difunta,
es tan fácil ser la última en morir:
he visto el lago tan mágico y azul,
he oído latir el corazón del verano difunto,
mi cáliz sólo contiene la semilla de la muerte.
Yo soy la última flor del otoño.
He visto sus profundidades estelares,
he contemplado la luz de cálidos hogares lejanos,
es tan fácil seguir la misma senda,
cerraré las puertas de la muerte.
Yo soy la última flor del otoño.

El ansia de los colores
Porque soy pálida amo el rojo, el amarillo y el azul,
la gran blancura es melancólica como el crepúsculo en la nieve,
como cuando la madre de Blancanieves a la ventana se sentaba
anhelando también para sí el rojo y el negro.
El ansia de los colores es el de la sangre. Si tienes sed de belleza
cerrar debes los ojos y mirar en tu propio corazón.
Pero la belleza teme al día y a las miradas excesivas.
Pero la belleza no soporta el ruido ni los movimientos excesivos –
no debes llevar tu corazón hasta los labios,
perturbar no debemos los nobles anillos de la soledad y del silencio, –
¿se puede hallar algo más grande que un enigma sin resolver
y con extraños rasgos?
Taciturna seré toda mi vida,
una habladora es como el gárrulo arroyo que a sí mismo se traiciona,
un árbol solitario seré yo en la llanura,
los árboles del bosque perecen de ansia después de la tormenta,
debo estar sana de pies a cabeza y tener dorados rayos en la sangre,
debo ser inocente y pura como una llama de húmedos labios.

Virgen moderna
No soy mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una osada decisión,
soy un rayo risueño de un sol escarlata…
Soy una red para todos los peces golosos,
soy un brindis en honor a todas las mujeres.
soy un paso hacia el azar y la ruina,
soy un salto en la libertad y en el yo…
Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
soy un escalofrío del alma, el ansia y la negación de la carne,
soy el anuncio de nuevos paraísos.
Soy una llama inquisitiva e intrépida,
soy agua, honda mas audaz hasta las rodillas,
soy fuego y agua sinceramente unidos por libre decisión.

La suya es un poesía profunda, sentida, lírica e intimista, devela angustia, dolor oculto y cierto abatimiento, sin dejar de lado una veta romántica y una sutil dosis de erotismo. Edith Södergran fue la iniciadora de la poesía modernista en su país y en esa ámbito solamente se le puede comparar Katri Vala, otra notable poetisa que resaltó en las letras finesas de la primera mitad del siglo XX

Su obra literaria más destacada incluye: “Dikter” (Poemas – 1916), “Septemberlyran” (Lira de septiembre – 1918), “Rosenaltaret” (El altar de las rosas – 1919), “Framtidens skugga” (La sombra del futuro – 1920) y “Landet som icke är” (La tierra que no es – edición póstuma 1925).

Como se describe frecuentemente en la historia biográfica de la mayoría de los poetas de ese tiempo, mientras vivió, su obra no fue comprendida ni plenamente reconocida en su dimensión.

Edith escribió en una de sus páginas una frase contundente “Primero vemos lo más crudo de la verdad, es decir, la verdad misma. Lo más importante: la persona que la dice, sólo es vista mucho más tarde”.

La vida
Yo, mi propia prisionera, he aquí lo que digo:
la vida no es la primavera vestida de terciopelo verde claro
ni una caricia raramente recibida,
la vida no es una decisión de partir,
ni dos brazos blancos que nos retienen.
La vida es el círculo estrecho que nos tiene prisioneros,
el círculo invisible que no franquearemos jamás
la vida es la felicidad próxima que nos huye
y mil pasos que no nos decidimos a dar.
La vida es despreciarse a sí mismo
y estar inmóvil en el fondo de un pozo
y saber que el sol brilla allá arriba
y que pájaros de oro atraviesan el cielo
y que los días vuelan rápidos como flechas.
La vida es hacer un breve gesto de adiós,
volver a casa… y dormir.
La vida es un ser extraño para uno mismo
y una máscara para todos los que vienen.
La vida es maltratar su propia felicidad
y rechazar el instante único,
la vida es creerse débil y no atreverse.

(traducción de Javier Sologuren)

Como consecuencia de la expropiación de todos los bienes de la familia durante la Revolución Rusa de 1917, quedaron desprotegidos y en la ruina económica; obligada entonces a vivir bajo condiciones durísimas, humillantes y de extrema pobreza, Edith Södergran comenzó a sufrir ataques depresivos de intensidad creciente. Perdida en ensoñaciones de crepúsculos violáceos y entre las pálidas flores de jardines melancólicos, continuaba escribiendo a pesar de todo.

Pero la terrible depresión continuó afectando a Edith Södergran cada vez más agravando su otra enfermedad. Entre el anochecer del 23 de junio de 1923 y el amanecer del 24, en la noche de San Juan y día de celebración en Finlandia como en otros países nórdicos, en medio del silencio desolado del bosque blanco, Edith expiró acompañada en el momento final sólo por su madre. La escritora del tono dulcemente melancólico y espiritual para quien la poesía era mucho más que un fín en si mismo, había dejado debajo de la almohada dos poemas, resumiendo esa mezcla de naturaleza ardiente y postración obligada que la atormentaba. No olvidó en esos instantes un irónico saludo a manera de último desafío: “Muerte, ¿por qué te quedas en silencio?”.

Raivola se convertiría pocos años después, en un lugar de peregrinación para los muchos lectores admiradores de su legado literario.

Para conocer más:

La noche de San juan, también llamada víspera de San Juan, es una festividad de origen pagano (Litha) celebrada el 23 de junio, víspera del día de San Juan Bautista, en la que se suelen encender hogueras o fuegos.

El origen de esta costumbre se asocia con las celebraciones en las que se festejaba la llegada del solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte, cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era “dar más fuerza al sol”, que a partir de esos días iba haciéndose más “débil”. Los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente, el fuego también tiene una función “purificadora” en las personas que lo contemplaban.
Se celebra en muchos países de Europa, aunque está especialmente arraigada en España, Portugal, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia.

Raivola (localidad ubicada en territorio de Finlandia en esa época. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial pasó a llamarse Roshchino y forma parte de Rusia)

La versión traducida de los cuatro poemas que figuran en primer término, corresponde a la autoría de Renato Sandoval e Irma Sítanen.

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