Fermín Estrella Gutiérrez y sus sonetos

Sonetos que cantan a la vida en la poesía de Fermín Estrella Gutiérrez

Fermín Estrella Gutiérrez

Con frecuencia hemos comentado en nuestras notas acerca de las preferencias de los poetas a la hora de escribir sus versos y en ellas observamos que la soledad, los amores dichosos o contrariados, la melancolía, el olvido, el pasado, las vivencias trágicas y la muerte misma, son indudablemente, sus temas predilectos; pero también abundan poesías que describen la vida con esperanza y exaltación.

Para ilustrar con ejemplos esta última aseveración, elegimos al azar algunos poemas del interesante legado lírico de Fermín Estrella Gutiérrez, uno de los tantos inspirados autores de composiciones que hacen o hicieron de la ilusión de vivir y el optimismo, la razón trascendente y esencial de su existencia.

Porque sabido es que el mejor homenaje que siempre podremos tributar a un poeta será leerlo,leamos entonces:

Soneto a la vida – Fermín Estrella Gutiérrez

Vida, aquí vengo al final de la partida
a darte gracias por lo que me has dado
por la flecha clavada en mi costado,
por la esperanza y la ilusión perdida.
 
Gracias por estos hijos, luz nacida,
regalo de un destino atormentado,
óptimo fruto, el bien más esperado
de esta vida de amor a ti debida.
 
Gracias por este afán, ardiente y puro,
gracias por cada amanecer radiante
y gracias por andar fuerte y seguro.
 
Gracias por éste corazón amante,
gracias por esperar con fe el futuro,
solo y sin rumbo y siempre hacia adelante.


La alegría de vivir – Fermín Estrella Gutiérrez

No se razona, no se piensa en nada,
su surtidor tan sólo, la Alegría,
Abrir los ojos, saludar al día,
el alma ebria de cielo, enajenada.
 
Sentir la tierra vegetal, mojada,
los pájaros, el mar, la lluvia fría.
Sentir que toda la belleza es mía,
que es mío el mundo y mía esta jornada.
 
Sentir la vida como un don del cielo
sin dolores, sin ansias, pura y fuerte.
Vivir, sólo vivir, qué hermoso anhelo.
 
Confiar en el destino y en la suerte
y libre de quebrantos y recelo,
no temerle a la vida ni a la muerte.

Credo – Fermín Estrella Gutiérrez

Creo en la vida: el hoy y el mañana,
creo en la muerte: la última aventura, 
creo en el bien, que alienta y que perdura 
creo en el sol que alumbra mi ventana. 

Creo en la paz que con amor se gana, 
y creo en el amor y su dulzura, 
creo en la rosa y en el alba pura, 
creo en la fuente que sin tregua mana. 

Creo en el hombre, artífice constante, 
con su luz y su sombra y su pujanza, 
y su eterno marchar hacia adelante. 

Y creo en la justicia y la esperanza, 
en la belleza, oh gozo delirante, 
y en el placer que con el bien se alcanza.

Soneto de la dulce filosofía – Fermín Estrella Gutiérrez

La vida hay que vivirla lentamente
sin prisa, sin angustia, sin recelo,
como quien mira simplemente el cielo, 
como quien bebe de una pura fuente.

Vivir entre el pasado y el presente,
vivir sólo lo hermoso, el noble anhelo,
sin descorrer el misterioso velo
de lo que ha de venir forzosamente.

Mira la rosa y goza con su encanto,
abre el pecho y el alma a la mañana
y pon tu vida en el amor y el canto.

Goza el frescor que de la noche mana,
trueca en sonrisa la acritud del llanto
y abre el sol y a los vientos tu ventana.

La palabra es un don que ennoblece la condición humana de mujeres y hombres y es una herramienta maravillosa, imprescindible, para que los poetas conviertan el fruto de su imaginación en arte sublime.

Fermín Estrella Gutiérrez fue un escritor, poeta, profesor y académico de origen español, nacido en la ciudad andaluza de Almería, el 28 de octubre de 1900. Autor de una amena y variada producción literaria, en la que resalta la creación poética cultivada con pasión y tenue melancolía. Recurrió con frecuencia al verso rimado, dado que sentía marcada predilección por la forma estrófica del soneto clásico, esta circunstancia le permitió desarrollar un singular estilo logrando con él una admirable perfección estilística y formal. 
Residente en Argentina desde muy joven adoptó la ciudadanía del país rioplatense al cumplir los 18 años. En 1924 ya había publicado con éxito de crítica su primer poemario, El cántaro de plata; esta temprana vocación literaria perduró en el tiempo e hizo que se consagrara exclusiva y fervorosamente a la literatura y a la enseñanza.

Escribió también manuales de literatura, con los que estudiaron varias generaciones de alumnos argentinos. Integró la Academia Mexicana de la Lengua y en 1955 la Academia Argentina de Letras lo designó Miembro de número de la Institución; por muchos años fue asiduo colaborador de la sección cultural del diario La Nación de Buenos Aires.Fue además un hombre de firmes convicciones democráticas y reconocida integridad moral, cualidades que le granjearon un merecido respeto en los distintos ámbitos en que desenvolvió sus actividades.

Fermín Estrella Gutiérrez conoció a Alfonsina Storni y llegó a forjar con ella una entrañable amistad. El poeta de la serena nostalgia que nunca abandonó el lirismo asumido como un sentimiento vital, murió en Buenos Aires el 18 de febrero de 1990 a los 89 años de edad.

En su legado literario destacan obras en verso: “El cántaro de plata”, “Canciones de la tarde”, “La ofrenda”,  “La niña de la rosa”,Sonetos de la vida interior”, “Destierro”, “Sonetos a la soledad del hombre”, “Sonetos del cielo y de la tierra”, “El libro de las horas” y “Antología poética”.Y obras en prosa:”Desamparados”, “Trópico”, “Memorias de un estanciero y otros cuentos”, “Recuerdos de la vida literaria”, “Panorama sintético de la literatura argentina”, “San Martín: Páginas escogidas sobre el Héroe” y  “Geografía espiritual de Buenos Aires”.

Para conocer más:
El soneto es una composición poética compuesta por catorce versos de arte mayor, endecasílabos en su forma clásica. Los versos se organizan en cuatro estrofas: dos cuartetos y dos tercetos.
El verso endecasílabo es el verso de arte mayor que está formado por once sílabas; este verso tiene en su forma simple un acento obligado en la décima sílaba, que debe estar acompañado con otro acento intermedio, que también es obligado pero que puede cambiar de lugar.
El origen de estos versos se produjo en Italia, siendo posteriormente adoptados por España, donde recién florecieron una vez iniciado el Renacimiento. Sus principales cultores fueron Garcilaso de la Vega y Juan Boscán, quienes los llevaron a su más elevada expresión.

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Alfredo Veiravé – Poeta olvidado

Alfredo Veiravé, un poeta argentino que el tiempo escondió sin clemencia

El domingo es ese día de la semana en que nada importa demasiado, reflexionaba en otras épocas el singular músico estadounidense Louis Armstrong, definiendo al día más especial del calendario semanal.

Podemos coincidir sin cuestionamientos con tal apreciación y pocos objetarían nuestra opinión, pero también podemos considerar factible utilizar esas horas de supuesto desinterés, para dedicarlas a desarrollar actividades que  nos resulten amenas e interesantes. La lectura pendiente de aquel libro, nuevo o antiguo, que siempre postergamos con la excusa de no tener suficiente tiempo es un claro ejemplo, o quizás como entretenido juego intelectual, buscar entre los carpetas y recortes que atesoran nuestros recuerdos, alguna vieja poesía olvidada, para conocer, redescubrir o rescatar a esos escritores que con sus versos y palabras, fueron cómplices involuntarios de tímidos secretos de adolescencia y que después continuaron acompañando, con contenidos más profundos, los pasos que dimos hasta llegar a ser adultos.

Y si el domingo es un día lluvioso, mejor. Como aporte, compartimos con ustedes dos poemas de uno de los grandes renovadores de la poesía argentina de mediados del siglo pasado, el escritor Alfredo Veiravé injustamente relegado y olvidado en algún sendero inhóspito del tiempo que pasó.

Radar en la tormenta

Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar el poema aterriza en la pista, a ciegas (entre relámpagos) carretea bajo la lluvia, y al detener las turbinas, descienden de él, pasajeros aliviados de la muerte: las palabras.

El regreso

He vuelto a caminar por las viejas calles de mi pueblo,subiendo y bajando hacia el río.He atravesado la plaza con sus árboles perfumados y florecidos;he mirado las mismas caras indiferentes de antaño y he pensado que a nosotros los hombres, nos dan a veces,el privilegio de volver sobre nuestros pasos antes de eliminarnos de las tarjetas, de los álbumes,de las fotografías. Quizás para que creamos que algo podemos rotular en esta inmensa fiebre, o simplemente, para que la destrucción no sea tan melancólica.
(Ahora estoy y estaré siempre tirado sobre los húmedos pastos de la costa,apoyado en los viejos sauces,escuchando estas campanas que ahora escucho aunque esté, en este instante, muy lejos.)

Alfredo Veiravé, fue un poeta, ensayista y crítico literario, nacido el 29 de Marzo de 1928 en la ciudad de Gualeguay -Entre Ríos- cercana a la costa argentina del río Uruguay.

Docente universitario egresado como Profesor en Letras por la Universidad Nacional del Nordeste y miembro de la Academia Argentina de Letras. En 1957 se radicó en Resistencia, capital de la provincia del Chaco, donde transcurrió la mayor parte de su vida, falleciendo allí el 22 de noviembre de 1991.
Escritor espontáneo, de vasta erudición, eternamente enamorado de las palabras, circunstancia esta que le permitió dotar de una rara y exquisita perfección a sus poemas, 
Entre sus obras publicadas destacan: “El alba, el río y tu presencia”; “Después del alba, el ángel”; “Destrucciones y un jardín de la memoria”; “Puntos luminosos”; “El imperio milenario”; “La máquina del tiempo” y “Radar en la tormenta”.

Y para las horas finales de este domingo, terminamos con una conclusión: “La divagación es el domingo del pensamiento” en palabras del filósofo y escritor suizo Henri-Frédéric Amiel, autor de un célebre Diario íntimo.

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Retornos del amor – Rafael Alberti

Retornos del amor en la obra del inolvidable Rafael Alberti

El escritor español nacido en Cádiz, Rafael Alberti, último poeta de la inolvidable Generación del 27, es el autor una serie de bellísimos poemas que comienzan invariablemente con la frase Retornos del amor; y cuyos versos teñidos de sentimiento y pasión parecen pintados con todos los colores del arco iris. 
La escritora María Teresa León, su cónyuge desde el año 1932 en que la pareja contrajo enlace, fue también su musa inspiradora y la mujer que lo acompañó como esposa, amante y, ante todo, como amiga inseparable durante casi medio siglo de vivencias compartidas.
A continuación, siguen dos de los poemas a que hacemos referencia:

Retornos del amor en la noche triste

Ven, amor mío, ven, en esta noche sola y triste de Italia. Son tus hombros fuertes y bellos los que necesito.Son tus preciosos brazos, la largura maciza de tus muslos y ese arranque de pierna, esa compacta línea que te rodea y te suspende,dichoso mar, abierta playa mía.¿Cómo decirte, amor, en esta noche solitaria de Génova, escuchando el corazón azul del oleaje,que eres tú la que vienes por la espuma?Bésame, amor, en esta noche triste.Te diré las palabras que mis labios,de tanto amor, mi amor, no se atrevieron.Amor mío, amor mío, es tu cabeza de oro tendido junto a mí, su ardientebos que largo de otoño quien me escucha.Óyeme, que te llamo. Vida mía,sí, vida mía, vida mía sola.
¿De quién más, de quién más si sola mente puedo ser yo quien cante a tus oídos:vida, vida, mi vida, vida mía?¿Qué soy sin ti, mi amor? Dime qué fuera sin ese fuerte y dulce muro blando que me da luz cuando me da la sombra,sueño, cuando se escapa de mis ojos.Yo no puedo dormir. ¡Cuántas auroras,oscuras, braceando en las tinieblas,sin encontrarte, amor! ¡Cuántos amargos golpes de sal, sin ti, contra mi boca!¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Dime, amor mío.¿Me escuchas? ¿No me sientes llegar como una lágrima llamándote,por encima del mar, en esta noche?

Retornos del amor en las arenas

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.Van voluntariamente lentas, entrelazándose nuestras sombras descalzas camino de los huertos que enfrentan los azules de mar con sus verdores.Tú todavía eres casi la aparecida,la llegada una tarde sin luz entre dos luces,cuando el joven sin rumbo de la ciudad prolonga,pensativo, a sabiendas el regreso a su casa.Tú todavía eres aquella que a mi lado vas buscando el declive secreto de las dunas,la ladera recóndita de la arena, el oculto cañaveral que pone cortinas a los ojos marineros del viento.
Allí estás, allí estoy contra ti, comprobándola alta temperatura de las odas felices,el corazón del mar ciegamente ascendido,muriéndose en pedazos de dulce sal y espumas.Todo nos mira alegre, después , por las orillas.Los castillos caídos sus almenas levantan,las algas nos ofrecen coronas y las velas,tendido el vuelo, quieren cantar sobre las torres.
Esta mañana, amor, tenemos veinte años.

Parafraseándose a si mismo, Alberti utilizó este último verso para dedicar un epitafio a su amada de toda la vida, el día de su muerte y en la lápida de la tumba desafiando el paso del tiempo, se lee todavía: “Hoy, amor, tenemos veinte años”.

Otro de los poemas, “Retornos del amor tal como era” termina con estas intensas palabras: “Todo era fuego, exhalación, latido de onda caliente en ti. Si era una mano la atrevida o los labios, ciegas ascuas, voladoras, silbaban por el aire. Tiempo abrasado, sueño consumido.Yo me volqué en tu espuma en aquel tiempo.” 

Con estos versos diseñados en delicada eufonía, con palabras sugestivas y ardientes, a veces repetidas con insistencia, utilizando metáforas significativas que ponían en evidencia la intensidad amorosa, Rafael Alberti describió su amor a esa mujer que consideraba tan especial: María Teresa León.

El reconocimiento universal que merece por su calidad la obra literaria de Rafael Alberti, está fuera de toda discusión, no obstante, actitudes del excelso poeta hacia la compañera incondicional, arrojan alguna sombra sobre su personalidad. ¿pecó Alberti por exceso de ego o ingratitud?, la historia, a su tiempo, dará su veredicto.Lo cierto es que cuando la lucidez mental de María Teresa sucumbió ante la voracidad implacable del mal de Alzheimer, el amor que parecía eterno comenzó a diluirse; el poeta se olvidó de la fiel compañera y en los últimos años de padecimiento de la enfermedad, sólo la visitó esporádicamente aduciendo que no soportaba el dolor de verla convertida en un espectro vacío.

El calendario marcaba un martes 13 de diciembre de 1988, en las postrimerías de un otoño destemplado, cuando la inspirada autora de “Memoria de la melancolía”, María Teresa León, falleció; en ese instante la vida para ella dejó de ser un calvario. Sus restos fueron sepultados en el cementerio de Majadahonda de la ciudad de Madrid. 

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El silencio que perturba a los poetas

El silencio, una palabra que perturba a los poetas, y aparece en su obra a lo largo del tiempo

El poeta británico Strider Marcus Jones escribió alguna vez una cita que se hizo muy conocida, “Cuando las palabras no salgan fáciles, me volveré al silencio y encontraré algo en la nada”. Estaba haciendo referencia a una de las palabras que más perturban a los creadores literarios: el silencio.


Un vocablo que etimológicamente deriva del latín “silentĭum” y que el diccionario define simplemente como la abstención de hablar o a la ausencia de ruido.La interpretación profunda de su significado es, no obstante, mucho más compleja, porque el silencio es reflexión, pausa, contención sin renunciamiento y es en su esencia paradójicamente elocuente, porque hay silencios que gritan, que censuran, que lastiman, que duelen, que consienten.


Y es ese mismo silencio un espacio de perpetua contemplación, un refugio universal que se busca o se evita, un lugar habitado por misterios inexpugnables, desde donde aquel que parte nunca puede dejar de regresar a su primer asombro.
También, con frecuencia, se transforma en fuente de inspiración donde los poetas, despojados de sus límites, suelen encontrar o inventar las palabras necesarias para darle existencia a sus versos.  

La escritora estadounidense Diana Palmer (seudónimo de Susan S. Kyle) dijo: “Hay momentos tan bellos en la vida, que incluso las palabras son una profanación” y la frase resulta un excelente prólogo para estos poemas con que egregios poetas describieron el silencio:


Silencio (Octavio Paz) 

Así como del fondo de la música brota una nota,que mientras vibra crece y se adelgaza hasta que en otra música enmudece, brota del fondo del silencio otro silencio, aguda torre, espada, y sube y crece y nos suspende y mientras sube caen recuerdos, esperanzas, las pequeñas mentiras y las grandes, y queremos gritar y en la garganta se desvanece el grito: desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.


Así como del fondo de la música brota una nota,que mientras vibra crece y se adelgaza hasta que en otra música enmudece, brota del fondo del silencio otro silencio, aguda torre, espada, y sube y crece y nos suspende y mientras sube caen recuerdos, esperanzas, las pequeñas mentiras y las grandes, y queremos gritar y en la garganta se desvanece el grito: desembocamos al silencio en donde los silencios enmudecen.

Solo de silencio (Leopoldo Marechal)


¡Rama frutal llena de pájaros enmudecidos, estanque negro,raíz en curva de leones tu silencio! Arranca de tus ojos en dos ríos unánimes;se escurre como el agua pluvial, de tus cabellos;cuelga de tus pestañas en invisibles gotas y es un chal en tus hombros morenos…
¡Yo he visto cómo nace de ti misma el silencio;yo sé cómo se anudan sus culebras azules en el gajo temblante de mi cuerpo!Entra como la noche a los palacios,invasor y terrible; me acarician sus dedos;abre el estuche de mis lágrimas;tiene un frescor de musgo: es el hondero que se esconde en mi selva de retorcidos árboles para cazar alondras de recuerdo.Y entonces, todo yo soy una copade tu silencio…Violines afinados de locura,tambores secos,lenguas en una plenitud de ritmos callan en tu silencio!Vas a romper en una música sin frenos;vas a decir palabras temblorosas como nidos colgantes en la mano del viento;a desnudar tu daga de caricias ya soltarme las fieles panteras de tus besos…Pero callas en hondos reflujos¡y otra vez el silencio, el gran silencio!
¡Ah, no me digas nada que rompa el sortilegio de tu mutismo: ni la frase antigua ni las canciones que ha mordido el tiempo! 
Ser buzo y descender hasta la gruta de tu silencio,donde se tuercen los corales rojos de las mordientes ansias y el deseo es una forma negra, tentacular, sin ruido, con cien ojos de acecho…¡Ah, no me digas nada, ni la palabra antigua ni las canciones que ha mordido el tiempo!
¡Silencio en las albercas de tus ojos,en tus caricias largas, en tus besos!                                                                                                                                                                    Que se duerma en tus labios una gran mariposa de silencio…

El silencio (Alfonsina Storni)


¿Nunca habéis inquirido por qué, mundo tras mundo,por el cielo profundo van pasando sin ruido?
Ellos, los que traspiranlas cosas absolutas,por sus azules rutassiempre callados giran.
Sólo el hombre, pequeño,cuyo humano latidoen la tierra, es un sueño.¡Sólo el hombre hace ruido!

Órbita (José Ángel Buesa)


Allí estaba el Silencio, de rodillas en un rincón de la luz. ¿Oraba? Un gesto le floreció las manos transparentes.
En sus ojos dos círculos de ausencia;se irisaba un perfume. Y en sus labios inmóviles dos pétalos de sombra,se ensortijaba un eco de rocío.
Allí estaba el Silencio. Sus cabellos luz crespa, sol de fibras, fronda de oro,le iluminaba el perfil exangüe.
Allí estaba el Silencio. Allí, sin sombra en la luz. Fue un instante.Y ascendía su mirada una ráfaga de aroma.
Allí estaba el Silencio. Fue un instante…

Pedro Calderón de la Barca, expresó con maestría su concepción del silencio en su obra La vida es sueño: “Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla”. Y no es simplemente quien calla, sino quien mejor calla, se podría concluir.También la escritora brasileña de origen ucraniano Clarice Lispector, aportó una interesante y enriquecedora explicación: “La respiración continua del mundo es aquello que oímos y llamamos silencio.”

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El último verso de Antonio Machado

Palabras, pensamientos, sentimientos y el último verso de Antonio Machado

“Estos días azules y este sol de la infancia”

El último verso de Antonio MachadoLos días fríos y ventosos de aquel enero, transcurrían llevando mucho dolor y pena a la España convulsionada del año 1939. No era un invierno más. El gobierno de la Segunda República acababa de ser derrotado y el horror infame de la guerra civil, habiendo cobrado ya innumerables víctimas, comenzaba a arrastrar a miles de republicanos vencidos en la contienda, hacia un abismo infernal en la búsqueda desesperada de alguna vía de escape, que les evitara mayor sufrimiento o incluso la muerte.

Atrás quedaban las anónimas fosas comunes, los antiguos compañeros que compartieron lucha e ideales y millones de compatriotas desesperanzados y sumidos en la miseria. Hacia adelante se avizoraban, inexorablemente, un camino difícil y un viaje lastimoso que llevaba al destierro. El exilio y el desarraigo eran entonces, el destino obligado de quienes habían perdido todo en la vida.

Antonio Machado, aquel hombre, aquel genial poeta que abordó tantas veces en sus letras el concepto y la definición de una España muy distinta a la que la realidad mostraba; integraba en compañía de su madre anciana y de su hermano José, esa inmensa caravana fugitiva que, habiendo partido de Barcelona ante la inminente ocupación de la ciudad, buscaba pasar a tierra francesa bajo el hostigamiento permanente de la aviación alemana al servicio de Francisco Franco.

Por fortuna para él y los familiares que lo acompañaban, a fines de enero de ese caótico 1939, superando incontables adversidades, perdiendo los equipajes en el trayecto, durmiendo en un vagón de tren estacionado en una vía muerta; lograron finalmente llegar al pequeño pueblo costero de Collioure, al sur de Francia. El grupo encontró albergue el día 28 de enero en el Hotel Bougnol-Quintana, propiedad de gente amiga, quedando allí a la espera de una ayuda que nunca llegaría.

Hospedado en la habitación del hotel que sería su última morada, el eximio poeta a sus 63 años, se sentía cansado, debilitada su salud por afecciones pulmonares derivadas de su excesiva adicción al tabaco y acosado por los recuerdos y las noticias que recibía acerca de la crítica situación en su terruño. Tenía ante sí un panorama desolador que ensombrecía sus ojos y deterioraba día a día su espíritu, sentía que su alma fatigada no podría sobrevivir a la pérdida de la España de sus afectos invalorables, ni sobreponerse a la angustia del destierro. Presentía claramente que se aproximaba el final de su vida, y pensaba “Cuando ya no hay porvenir, por estar cerrado el horizonte a toda esperanza, es ya la muerte lo que llega”.

Todavía no había transcurrido un mes de estadía en tierra francesa, cuando un día Antonio Machado abstraído, inmerso en una profunda tristeza, salió a caminar y se detuvo un largo rato observando el mar con resignada melancolía. Regresó al hotel pensativo y al día siguiente, a las tres y media de la tarde de un 22 de febrero de 1939, miércoles de ceniza; su corazón cansado exhaló un último suspiro y le sobrevino la muerte tan inevitable como piadosa. Todos los habitantes del pueblo se sintieron conmovidos y la mayoría participó respetuosamente del entierro. Seis milicianos, envolviendo el féretro con la bandera de la República española, lo llevaron en hombros hasta el cementerio.

Revisando sus pertenencias, su hermano José encontró en un bolsillo del viejo y desgastado abrigo del poeta, un papel arrugado y maltrecho con tres anotaciones escritas a lápiz: La primera reproducía en inglés las palabras con las que comienza la primera frase del soliloquio del personaje principal de Hamlet, “To be, or not to be, that is the question” (“Ser o no ser, ésa es la cuestión”), la segunda anotación modificaba una de las cuartetas a Guiomar, su gran y secreto amor.

Y por último, resumiendo una vívida nostalgia en medio de tanta desazón e incertidumbre, el último verso que escribiera en su vida, expresando en un solo renglón pocas y conmovedoras palabras: “Estos días azules y este sol de la infancia…” quizá, como malogrado comienzo de un poema que quedaría definitiva e irremediablemente inconcluso.

En esa anotación, no pudo ser casual su referencia a la niñez tan frecuentemente rememorada en su obra literaria, en la que abundan bellísimos y enigmáticos poemas dedicados a la infancia.

¿Cómo no evocar el lirismo vigente eternamente en los versos de “Retrato”? …“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero…”

Cómo no recordarlo además, a través de estos otros poemas inolvidables:

Sol de invierno

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
«¡El sol, esta hermosura
de sol!…» Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo el coro infantil
va cantando la lección:
“mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón.”

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales

Su nombre completo era Antonio Cipriano José María Machado Ruiz, admirador de Bécquer, al que llamó “poeta lírico, sin retórica”. Fue un hombre íntegro, muchas veces imbuido por el escepticismo y el desengaño pero siempre persiguiendo una actitud de paz.

Sus fuentes de inspiración fueron el romanticismo, el amor, el dolor, la guerra, la paz, la miseria, la fugacidad de la existencia y su eterna preocupación por la querida España.

También se hermano José relataría tiempo después, que su madre, Ana Ruiz Hernández, saliendo por unos instantes del estado de inconsciencia producido por su enfermedad y las penurias del viaje, y al ver vacía la cama de su hijo junto a la suya, preguntó por Antonio con ansiedad. No creyó las compasivas mentiras que le dijeron como respuesta y comenzó a llorar sin consuelo. Tres días después, el 25 de febrero, fallecía cumpliendo involuntariamente la promesa que formulara en voz alta en Rocafort, en la casa que les sirviera de refugio durante la guerra fraticida, “Estoy dispuesta a vivir tanto como mi hijo Antonio”.

Alguna vez, Antonio Machado escribió en una cita que desnudaba sus sentimientos más íntimos: “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde. Ahora.”

Tal vez por eso, su entrañable amigo Miguel de Unamuno lo describió así: “Antonio Machado fue el hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos yo haya conocido”.

Para conocer más:

La historia del matrimonio de Antonio Machado está descripta en todas sus biografías. En 1907, trabajando en Soria como catedrático de Francés conoció a Leonor Izquierdo adolescente y se casó con ella cuando la jovencita aún no cumplía sus 16 años; poco tiempo después, en 1912, ella enferma y muere de tuberculosis, tragedia esta, que acentuó la melancolía y la tendencia a la soledad del poeta. En ese mismo año publica “Campos de Castilla”, donde manifiesta su inmenso dolor a través de versos conmovedores: «Señor ya me arrancaste lo que yo más quería… / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar».

En su edad madura Machado conoció a Pilar de Valderrama Alday, una poetisa y dramaturga madrileña, 16 años menor, que arrastraba un matrimonio conflictivo. Pilar se convertiría en la “Guiomar” de sus versos y en el gran amor de su vida.

Cuando se publicaron de manera póstuma las memorias de la poetisa en el libro “Si, soy Guiomar”, aparecieron incluidas muchas de las cartas, que dan por cierta la íntima y apasionada relación que había tenido con el extraordinario poeta sevillano.

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Bertolt Brecht – Idealista, comprometido y genial

Semblanza de Bertolt Brecht – El arte poético de un escritor idealista, comprometido y genial

Bertolt BrechtEugen Berthold (Bertolt) Friedrich Brecht, mejor conocido como Bertolt Brecht, considerado en el universo literario, uno de los poetas y dramaturgos más destacados, innovadores e influyentes del siglo XX, logró reflejar en sus textos, empapados del inconformismo que caracterizó toda su obra, un compromiso político inquebrantable y una crítica sin concesiones a las formas de vida, la ideología, las estructuras jerárquicas y la concepción artística, de la burguesía dominante en la sociedad del tiempo histórico en el que vivió.

Este destacado escritor alemán nació el 10 de febrero de 1898, en el seno de una familia acomodada residente en Augsburgo (Baviera). Desde muy pequeño se sintió atraído por las letras, vocación que lo llevaría a publicar su primera obra teatral titulada “Baal” antes de cumplir sus veinte años. Cursó estudios de Literatura y Filosofía en Munich, intentando posteriormente añadir Medicina, carrera que finalmente dejaría inconclusa.

Rebelde, de fuerte carácter independiente y dispuesto a vivir intensamente sin condicionamientos, buscó en el arte la forma de entender, descifrar y explicar la realidad y encontró en la literatura una herramienta adecuada para intentar cambiar esa realidad social que tanto le atormentaba.

Reconocido en forma unánime como el creador del llamado teatro épico (o teatro dialéctico), donde el objetivo era lograr la reflexión y la toma de conciencia por parte del espectador, poniendo de relieve al mismo tiempo, la necesidad humana de felicidad como base imprescindible para la vida.

Autor prestigioso, poseedor de un estilo definido por una prosa breve y didáctica y de una poesía cristalina y viva, gracias a la cual ha logrado trascender y convertirse en una lectura indispensable para aquellos amantes del arte lírico y sobre todo de la poesía social.

De su inspiración y talento poético surgieron estos escritos:

La piel

La piel, de no rozarla con otra piel, se va agrietando.
Los labios, de no tocarlos con otros labios, se van secando.
Los ojos, de no mirarse con otros ojos, se van cerrando.
El cuerpo, de no sentir cerca otro cuerpo, se va olvidando.
El alma, de no entregarla con toda el alma, se va muriendo.

La cuerda cortada

La cuerda cortada puede volver a anudarse,
Puede aguantar, pero está cortada.
Quizá volvamos a tropezar,
pero allí, donde me abandonaste,
no volverás a encontrarme.

Hay hombres que luchan un día

Hay hombres que luchan un día, y son buenos.
Hay otros que luchan un año, y son mejores.
Están aquellos que luchan muchos años
y son muy buenos.
Por último, los hay que luchan toda la vida;
estos son los imprescindibles.

Fue un prototipo del intelectual revolucionario que en una temprana juventud había adherido al marxismo y que en 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se vio obligado a abandonar su patria. Muchos de sus libros fueron quemados por fanáticos partidarios del nacionalsocialismo, que comenzaba a incendiar el continente europeo convirtiéndolo en un infierno aterrador.

En su poema “Alemania” escribió el célebre autor:

“¡Oh Alemania, pálida madre! Entre los pueblos te sientas cubierta de lodo.
Entre los pueblos marcados por la infamia tú sobresales.
(…) ¡Oh Alemania, pálida madre! ¿Qué han hecho tus hijos de ti
para que, entre todos los pueblos, provoques la risa o el espanto?”

“…Hablen otros de su vergüenza. Yo hablo de la mía.”

Después, como desesperanzada disculpa, Bertolt Brecht expresaba en otro poema:

“A los que vendrán después”

Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe,
es porque todavía no ha oído la terrible noticia.

¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿será encontrado cuando los amigos
necesiten su ayuda?

Es verdad que todavía me gano el sustento,
pero creedme: es por casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta hartarme.
Las cosas todavía me van bien

(si la suerte me abandonase, estaría perdido).

Me dicen: “Come, bebe, alégrate por lo que tienes!
Pero… ¿cómo puedo comer y beber
si estoy arrebatando al hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al sediento?
Y sin embargo continúo comiendo y bebiendo.

Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan de la sabiduría:
consiste en apartarse de los problemas del mundo
y, sin temores, dejar que transcurra tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida en la tierra,
pagar el mal con el bien,
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que llaman sabiduría.
Pero yo no consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos.

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba el hambre,
me mezclé entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé con ellos.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Comí mi pan en medio de batallas,
dormía entre asesinos,
traté despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui impaciente con la naturaleza.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mi época todos los caminos conducían al fango,
mis palabras me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más seguros sin mí.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Nuestras fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba distante
y aunque podía distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez no la alcanzaría.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en que nosotros nos hemos hundido,
acordaos también, cuando habléis de nuestras flaquezas,
de los tiempos sombríos de los que os habéis librado.
Cambiábamos más frecuentemente
de país que de zapatos, a través de las guerras de clases,
desesperados, porque reinaba la injusticia
y nadie se indignaba.

Bien sabemos que el odio contra la ruindad
deforma el rostro y la rabia contra la injusticia
enronquece la voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser bondadosos!

Pero vosotros, cuando llegue el momento
en que el hombre sea bueno para el hombre,
¡acordaos de nosotros con comprensión!

El 28 de febrero de 1933, un día después de la quema del Parlamento (Reichstag) alemán, hecho cuya responsabilidad sigue siendo un tema de permanente debate e investigación, pero que es considerado fundamental para el establecimiento del Tercer Reich de la Alemania nazi; Bertolt Brecht emprendió un largo y difícil camino hacia el exilio en Svendborg (Dinamarca). Con el transcurrir de los meses su situación se vio agravada por el inicio y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y debió peregrinar durante años a través de varios países, hasta establecerse en los Estados Unidos en 1941. Finalizada la contienda, sus opiniones políticas y sociales lo transformaron en sospechoso para las autoridades estadounidenses, por lo que debió trasladarse a la República Democrática Alemana, estableciéndose en Berlín. Allí fundó la compañía de teatro “Berliner Ensemble”, en un intento concreto de materializar sus teorías teatrales.

Bertolt Brecht falleció de una trombosis coronaria en agosto de 1956, en la misma ciudad de Berlín (Berlín Este por entonces) donde la férrea hegemonía del comunismo soviético, había sembrado una semilla de escepticismo y decepción en la ideología del escritor. Dejó a la posteridad un estilo literario en el que siempre se encuentran entrelazados el fondo, las formas, la estética y los ideales enfocados hacia un contexto político e histórico. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro, podía contribuir a modificar para bien el mundo.

Su particular lenguaje, continúa ejerciendo marcada influencia hasta hoy en los cultores de la poesía social y del teatro moderno.

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Nanas de la cebolla – Miguel Hernández

Nanas de la cebolla – Versos que le cantan a la vida desde la tragedia – Miguel Hernández

Nanas de la cebolla Miguel HernándezLas luces del alba anunciaban el comienzo de otra jornada monótona y triste en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante donde el condenado Miguel Hernández era asistido. No obstante, un hecho inesperado alteraría la rutina del centro asistencial esa madrugada del 28 de marzo de 1942 haciéndola distinta; en plena juventud se apagaba la existencia de uno de los poetas y dramaturgos de mayor relevancia, que la literatura española haya aportado a la cultura del mundo.

Dotado de un talento innato que le permitía desarrollar al máximo sus pensamientos con pocas palabras precisas y exactas; fue el autor de una importante obra literaria de excepcional contenido y calidad estilística, fruto de una vocación inclaudicable sumada a su pasión por la lectura de los clásicos españoles del Siglo de Oro y de muchos grandes autores de las letras de todos los tiempos.

En uno de sus versos publicado en el poemario “Cancionero y romancero de ausencias”, este poeta de humilde origen y pastor de cabras en su infancia, narraba: “Escribí en el arenal los tres nombres de la vida: vida, muerte, amor. Una ráfaga de mar, tantas claras veces ida, vino y los borró.”

Premonición, anticipo tal vez del durísimo y trágico destino que consumió su vida.

Legó a la posteridad poemas magistrales que hablan del amor, la muerte, la guerra y la injusticia, escritos con una fuerza expresiva deslumbrante y estremecedora.

Son versos de lectura imprescindible y entre ellos destaca uno especial para recordarlo, por la historia que lo inspiró, por el significado de cada estrofa, porque lo define como ser humano integro y por que se convirtió en un trágico y paradójico canto a la vida:

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha cerrada y pobre.
Escarcha de tus días y de mis noches.
Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre mi niño estaba.
Con sangre de cebolla se amamantaba.
Pero tu sangre, escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena resuelta en luna
se derrama hilo a hilo sobre la cuna.
Ríete, niño, que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa, ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos la luz del mundo.
Ríete tanto que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre, me pone alas.
Soledades me quita, cárcel me arranca.
Boca que vuela, corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada más victoriosa,
vencedor de las flores y las alondras
Rival del sol. Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante, súbito el párpado,
el vivir como nunca coloreado.
¡Cuánto jilguero se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño: nunca despiertes.
Triste llevo la boca: ríete siempre.
Siempre en la cuna, defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto, tan extendido,
que tu carne es el cielo recién nacido.
¡Si yo pudiera remontarme al origen
de tu carrera! que tu carne parece
cielo cernido.

Al octavo mes ríes con cinco azahares.
Con cinco diminutas ferocidades.
Con cinco dientes como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos serán mañana,
cuando en la dentadura sientas un arma.
Sientas un fuego correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble luna del pecho:
él, triste de cebolla, tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.

Miguel Hernández compuso esta bella poesía, llamada Nanas de la cebolla, en la cárcel, inspirándose en la carta que su esposa y compañera Josefina Manresa le enviara contándole amargamente las penurias que estaba atravesando, al extremo de tener solamente pan y cebolla para alimentar a Manuel Miguel “Manolillo”, el pequeño hijo de ambos, nacido a dos meses y medio de la muerte de su otro hijo, que apenas alcanzó a cumplir un año de edad.

Para responderle, devastado por la desesperación y la impotencia de no poder hacer nada para ayudar, Miguel le escribió una carta que comenzaba así: “Mi querida Josefina:…Esta semana, es martes y no ha llegado tu carta como las anteriores. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme…” (Madrid, 12 de septiembre de 1939)”

Josefina también le había enviado una foto del niño de la que su orgulloso padre comentaba: “No pasa un momento sin que lo mire y me ría, por muy serio que me encuentre, viendo esa risa tan hermosa. Esa risa suya es mi mejor compañía aquí y cuanto más la miro más encuentro que se parece a la tuya …”

La letra del poema es sublime y si leerlo conmueve, escucharlo en la interpretación que hace Joan Manuel Serrat con su privilegiada voz, desgarra y lastima cada pedacito del alma.

Y sirve para reflexionar. Cuando las diferencias entre los seres humanos se resuelven con el frío insensible y mortal de las armas y la insensatez de una guerra, descendemos hasta arrastrarnos por todas las miserias imaginables, de las que solamente se puede escapar tomando conciencia y valorando en toda su magnitud los postulados de la paz.

Aunque muchas veces nos parezca un ideal imposible de alcanzar.

Para conocer más:

Miguel Hernández Gilabert, nacido el 30 de octubre de 1910, tuvo una difícil vida de pobreza y privaciones; convertido en pastor de cabras y ovejas desde una temprana infancia por la necesidad de ayudar a su padre, no le quedaba tiempo para asistir a la escuela. Recibió en consecuencia una escasa instrucción aunque en sus momentos libres leía fervorosamente cuanto podía y además, escribía poemas. Su formación posterior fue autodidacta, aprendiendo las bases de la buena literatura guiado por las obras de maestros como Paul Verlaine, Miguel de Cervantes, Pedro Calderón de la Barca y Luis de Góngora.

En el año 1937 contrajo matrimonio con Josefina Manresa. Afiliado al Partido Comunista Español, durante la Guerra Civil se alistó en el ejército republicano y fue uno de los asistentes al Congreso internacional de intelectuales antifascistas de 1937 en Valencia. Terminada la contienda fue detenido en la frontera al intentar escapar para refugiarse en Portugal. En un juicio sumarísimo fue condenado a la pena de muerte, pero esta sentencia fue conmutada más tarde por la de treinta años de prisión.

Estuvo en la cárcel de Palencia en septiembre de 1940 y tras un largo peregrinar por varios lugares de detención, en 1941 fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante. Allí enfermó de bronquitis complicada con tifus; el transcurrir de los días y las duras condiciones de vida en el presidio fueron agravando su estado, hasta que finalmente, a los 31 años de edad, la tuberculosis acabó con su vida.

En la prisión de Conde de Toreno conoció al dramaturgo y pintor Antonio Buero Vallejo quien le hizo el famoso retrato, conservado hoy por sus familiares.

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Día Mundial de la Poesía – 21 de marzo

Reseña literaria sobre el Día mundial de la poesía y la obra de los distintos referentes mundiales en el género

Día mundial de la poesíaLa celebración ecuménica de cada 21 de marzo conmemorando El Día Mundial de la Poesía, es el merecido homenaje que, quienes creemos en la intangible belleza y fuerza incontenible de la literatura, rendimos a esos verdaderos escultores de la palabra llamados poetas.

Reconocemos y valoramos así, a hombres y mujeres que con su imaginación y talento han conseguido a través de los tiempos, sustraernos de los avatares de la vida cotidiana y transportarnos a un singular mundo encantado, para abrir nuestros ojos a la fantasía infinita, para aliviarnos muchas veces la pesada carga de vivir pintando de colores el lienzo opaco de la melancolía y también, para servir como valiosa herramienta de resiliencia y consuelo a nuestro humano espíritu.

Conscientes de que es tarea imposible pretender coincidencias en la elección de los mejores versos que hayan sido escritos, porque toda selección siempre será incompleta, injusta, arbitraria y objetiva; intentaremos una aproximación simbólica, advirtiendo de antemano que una inmensa mayoría de autores quedará marginada.

Dijeron de la poesía:

“No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía” (Gustavo Adolfo Bécquer)

“La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y sale por la mano”. (Carmen Conde)

“La poesía ocurre diariamente, a solas, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida.” (Jaime Sabines)

“En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida.” (Robert Penn Warren)

“El mundo no vuelve a ser el mismo cuando le agregamos un buen poema”. (Dylan Thomas)

“Los poetas son hombres que han conservado sus ojos de niño” (León Daudet)

“Ante la poesía, da lo mismo estremecerse que comprender” (Baldomero Fernández Moreno)

Y como verdad incontrastable, la maravillosa expresión de un inspirado Rubén Darío, “La vida sin la mujer es pura prosa”. Además podríamos decir: La vida sin poesía es un cielo sin estrellas, un bosque sin verdes, un florido jardín sin mariposas o un amanecer sin esperanzas.

Compartimos algunos fragmentos de poesías inolvidables de la literatura universal, que creemos oportunas para la ocasión:

“Canto a mí mismo”

Quédate hoy, vive conmigo un día y una noche

y te mostraré el origen de todos los poemas.

Tendrás entonces todo cuanto de grande hay en la tierra y en el sol

y nada tomarás ya de segunda o tercera mano,

ni mirarás más por los ojos de los muertos,

ni te nutrirás con el espectro de los libros.

Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos

ni tocarás las cosas con mis manos.

Aprenderás a escuchar en todas direcciones

y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.

Walt Whitman

 

“Destino” (ver poema completo)

Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

El aire no es bastante

para los dos. Y no basta la tierra

para los cuerpos juntos

y la ración de la esperanza es poca

y el dolor no se puede compartir.

Rosario Castellanos

 

“El poeta es un fingidor”

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente,

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón.

Fernando Pessoa

 

“Yo canto lo que tú amabas…”

Soy la misma que fue tuya, vida mía.

Ni lenta ni trascordada ni perdida.

Acude al anochecer, vida mía;

ven recordando un canto, vida mía,

si la canción reconoces de aprendida

y si mi nombre recuerdas todavía.

Gabriela Mistral

 

“La caricia perdida” (Ver poema completo)

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos… En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará… rodará…

Alfonsina Storni

 

“Canción otoñal”

Si el azul es un ensueño, qué será de la inocencia?

¿Qué será del corazón si el Amor no tiene flechas?

¿Si la muerte es la muerte, qué será de los poetas

y de las cosas dormidas que ya nadie las recuerda?

¡Oh sol de las esperanzas! ¡Agua clara! ¡Luna nueva!

¡Corazones de los niños! ¡Almas rudas de las piedras!

Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas

y todas las rosas son tan blancas como mi pena.

Federico García Lorca

 

“Hora tras hora, día tras día…”

Hora tras hora, día tras día,

entre el cielo y la tierra que quedan eternos vigías,

como torrente que se despeña, pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume después de marchita;

de las ondas que besan la playa

y que una tras otra besándola expiran.

Recoged los rumores, las quejas,

y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,

negros tormentos, dulces mentiras,

¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron, en dónde, alma mía?

Rosalía de Castro

 

“A una mujer”

¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,

mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,

mi corona de oro, mis piscinas de pórfido,

y mis flotas, para las que no bastaría el mar,

por una mirada tuya.

Si yo fuera Dios, la tierra y las olas,

los ángeles, los demonios sujetos a mi ley.

Y el profundo caos de profunda entraña,

la eternidad, el espacio, los cielos, los mundos

¡daría por un beso tuyo!

Víctor Hugo

 

“El dulce milagro”

….Y murmura al verme la gente que pasa:

«¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.

¡Dice que en las manos le han nacido rosas

y las va agitando como mariposas!»

Que me digan loca, que en celda me encierren,

que con siete llaves la puerta me cierren,

que junto a la puerta pongan un lebrel,

carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen.

Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen».

¡Y toda mi celda tendrá la fragancia

de un inmenso ramo de rosas de Francia!

Juana de Ibarbourou

 

“Si…” (If) (ver poema completo)

…Si puedes hablar a multitudes conservando tu virtud,

o alternar con reyes sin perder tus comunes rasgos.

Si nadie, amigo o enemigo, puede causarte daño;

Si todos los hombres pueden contar contigo,

pero ninguno en demasía;

Si eres capaz de llenar el minuto inexorable,

con el valor de los sesenta segundos finales

de la distancia recorrida.

Tuya será la Tierra y cuanto ella contenga

Y -lo que vale más- ¡tú serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling

 

“La poesía es un arma cargada de futuro”

…Tal es, arma cargada de futuro expansivo

con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

Gabriel Celaya

 

“La Poesía” (ver poema completo)

Y pude ver de pronto el cielo desgranado y abierto,

planetas, plantaciones palpitantes,

la sombra perforada, acribillada

por flechas, fuego y flores, la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser, ebrio del gran vacío constelado,

a semejanza, a imagen del misterio,

me sentí parte pura del abismo,

rodé con las estrellas, mi corazón se desató en el viento.

Pablo Neruda

 

Imposible olvidarse de él y dejarlo de lado.

“Rima LIII”

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido…; desengáñate.

¡Así… no te querrán!

Gustavo Adolfo Bécquer

 

Orígenes de la celebración del Día mundial de la Poesía ¿Por qué el 21 de marzo?

La decisión de proclamar e instituir el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía, fue adoptada durante el período de sesiones de la trigésima Conferencia General de la UNESCO llevada a cabo en París entre los meses de octubre-noviembre 1999; con el objetivo principal de preservar el género lírico, contribuyendo a sostener la pluralidad cultural y diversidad lingüística de las naciones a través de expresiones poéticas y procurando defender a los idiomas que estuvieren amenazados.

La fecha fue elegida en coincidencia con el equinoccio de primavera en el hemisferio norte y comenzó a conmemorarse oficialmente desde el año 2001, como un tributo y reconocimiento al arte poético considerado símbolo de innovación permanente de la inagotable creatividad humana.

Por estas razones, cada año la celebración es condicionada por un lema emitido por el presidente de la UNESCO, que incita y estimula al intercambio libre de ideas por medio de la palabra y el diálogo, a la meditación responsable y a la lucha contra toda manifestación de marginalidad y exclusión, como una forma de volver a interpretar la condición humana en todas sus dimensiones.

Según la página oficial de las Naciones Unidas este día también tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y encontrar y reafirmar en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.

La pregunta surge espontánea:

“¡Oh, mi yo!, la triste pregunta que vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”

Y la respuesta:

“Que estás aquí, que existen la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que quizás…¡Tú contribuyes a él con tu rima”.

Walt Whitman

Para conocer más:

Se han encontrado vestigios que ubicarían los orígenes de la poesía como expresión artística, entre los años 500 y 400 a.C, en la antigua Grecia.

El filósofo griego Platón fue el precursor, al referirse al arte de escribir versos como una actividad creativa. Por entonces era aplicada a la representación en un auditorio y se acompañaba de un instrumento musical.

Posteriormente, otro filósofo griego, Aristóteles sería el primero en clasificar a la poesía dentro de una teoría literaria independiente.

UNESCO:

Es la sigla de United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Se trata de un organismo especializado de la ONU fundado en 1945 y que actualmente tiene su sede en París (Francia).

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Tal vez – Amado Nervo

Tal vez – Amado Nervo. Arte literario y publicidad en una poesía

Tal Vez - Amado NervoLa lluvia serena en conjunción con ciertas horas de la noche, tiene para mí una cuota de vaga nostalgia y me regala un tiempo que aprovecho para deleitarme escuchando música o para recorrer la biblioteca familiar con el propósito nunca terminado de clasificar, ordenar libros, revistas y material relacionado y por que no, con la esperanza permanentemente renovada de encontrar alguna anécdota pintoresca de las que siempre nutren la vida de escritores y poetas.

Así fue que encontré este viejísimo poema de Amado Nervo, fechado en septiembre de 1912, llamado Tal vez.

VIII.

Tal vez…

Tal vez ya no le importa mi gemido
en el indiferente edén callado
en que el espíritu desencarnado
vive como dormido…
Tal vez ni sabe ya cómo he llorado
ni cómo he padecido.

En profundo quietismo,
su alma, que antes me amara de tal modo,
se desliza glacial por ese abismo
del eterno mutismo,
olvidada de sí, de mí, de todo…

Lo curioso y anecdótico de esta poesía, es que en los años dorados de la romántica década de 1960, una antigua publicidad de la fábrica industrial “Virgilio Fossati” S.A., fabricante en Argentina de las “Medias Reina Cristina”; comprometía la entrega en el interior de cada paquete del producto, de una copia de este verso.

La imagen que ilustra esta nota fue tomada de una subasta que se realiza por internet, describiendo el muy buen estado general de conservación del documento, obviamente con muestras normales de deterioro por el paso del tiempo. No tengo elementos para corroborar la autenticidad. Pero el aviso existe.

El poema Tal vez es bellísimo, acorde a la distinción y jerarquía de su encumbrado autor. El diseño gráfico parece acertado. En cuanto a la publicidad en sí, no se me ocurre ningún argumento válido para relacionar la venta de un paquete de medias con un poema de Amado Nervo. No le encuentro explicación si es que tiene alguna explicación. Detalles quizás de una época de romanticismo puro y melancólico.

Amado Nervo fue un célebre poeta mexicano nacido en 1870 y fallecido en Montevideo, Uruguay en 1919. Autor de una monumental poesía lírica titulada “La amada inmóvil”, que describe en dolida recordación la historia compartida quien fuera el gran amor de su vida: Ana Cecilia Luisa Dailliez.

Vivió también con tormento un episodio inapropiado, cuando intentó sin llegar a concretarlo, un romance con Margarita Elisa Dailliez, la hija adolescente de su adorada Ana; quien respondió a su confesión de amor: “¿Cómo decir te quiero sin añadir: papá?”.

Inolvidables poemas como: “Autobiografía”; “Ofertorio”;”Si una espina me hiere”(Ver poemas y nota); “Lo más natural”(ver poema); “Cobardía”(ver poema); “El primer beso”(ver poema); “En paz”(ver poema); inmortalizaron la obra de este precursor de la corriente literaria denominada “Modernismo”, inspiración fundacional de otro eximio poeta de la literatura universal: el nicaragüense Rubén Darío.

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La ausencia en las poesías

La poesía también vive y muere de ausencias – Reseña literaria

“Que es de cuantos tormentos he sufrido, la ausencia el más atroz. ”
Ramón de Campoamor

AusenciaHay palabras simples y hermosas, como amor, beso, novia, felicidad, amistad, madre; que fueron inspiradoras de versos geniales con que eximios poetas han embelezado el espíritu de quienes los han leido. Pero además existen otras que, sin importar el contexto en el que son utilizadas, parecen perder brillo tan sólo por su significado y cuesta más aceptarlas y despojarlas de su misterioso velo de oscuridad y tristeza.

La palabra ausencia es una de ellas. Inconscientemente la relacionamos con la distancia, la soledad, la desesperanza y sin embargo, también ha sido fuente de inspiración de bellísimos poemas, que algunos de los más notables cultores del arte de la poesía regalaron a la posteridad.

Compartimos algunos de esos poemas inolvidables:

“Ausencia” (Leopoldo Lugones)
(Leopoldo a su Aglaura)

Todo, amada, en tu ausencia siempre larga te llora:
el silencio y la estrella, la sombra y la canción,
lo que duda en la dicha, la que en la duda implora.
Y luego… este profundo sangrar del corazón.

Como no ha de llorarte todo lo que es hermoso
y todo cuanto es triste porque es capaz de amar.
Si tu ausencia ¡tan larga! se parece al reposo
de la luna suicida que se ahoga en el mar.

Con tu ausencia anochecen la alegría y la aurora.
La esperanza es angustia, sinsabor el placer.
Y hasta en la misma perla del rocío te llora
lo que tiene de lágrima toda gota al caer.

“Ausencia” (Gabriela Mistral)

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

“Poema 29” (Miguel Hernández)
(Canciones y romancero de ausencias)

Ausencia en todo veo:
tus ojos la reflejan.
Ausencia en todo escucho:
tu voz a tiempo suena.
Ausencia en todo aspiro:
tu aliento huele a hierba.
Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.
Ausencia en todo pruebo:
tu boca me destierra.
Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.

“Ausencia” (Yelda Cresta de Scetti)

Te vas. La noche idéntica a tantas otras noches
tiene un perfume dulce de rosas desveladas.
Azul es el silencio de cielo y en su fondo
tiritan las estrellas como si fueran lágrimas.

En el jardín desierto mi soledad se alarga
y entre la sombra densa de los árboles altos,
mi alma es una sombra perdida entre las sombras
donde se va apagando el eco de tus pasos.

Contemplo desde lejos la luz de mi ventana
abierta donde aguardan mi lámpara y mi mesa,
y el ángel, invisible y celeste compañero,
que irá haciendo palabras tu ausencia y mi tristeza.

La recordada novelista española Ana María Matute (1925-2014) en su libro “Paraíso inhabitado”, escribió:”Nunca hubiera podido imaginar que una ausencia ocupara tanto espacio, mucho más que cualquier presencia. Y fui consciente de mi gran soledad. Y este conocimiento aumentaba la tristeza que ya había descubierto. Sólo que ahora era mucho mayor.”
Para Mario Benedetti, la ausencia es sinónimo de extrañar cuando en su poema “Amor de tarde” concluye: “Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis. Podrías acercarte de sorpresa y decirme -¿Qué tal?; y quedaríamos, yo con la mancha roja de tus labios, tú con el tizne azul de mi carbónico.”

En definitiva, toda ausencia implica melancolía, tal vez angustia, tal vez desolación. Pero todo es parte de una realidad y de experiencias insoslayables que habremos de afrontar en nuestra vida.

Para conocer más:

Aglaura: princesa de la mitología griega nacida en Atenas, convertida en piedra por la furia de los dioses.

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