Los devoradores de hombres de Tsavo

Reseña literaria del libro Los devoradores de hombres de Tsavo de John Henry Patterson – La descripción de la realidad más cruda.

Los devoradores de hombres de TsavoLos devoradores de hombres de Tsavo es el nombre impuesto a dos temibles leones que entre los meses de marzo y diciembre de 1898, atacaron y quitaron la vida a más de treinta empleados de la compañía encargada del Ferrocarril que debía unir Kenia con Uganda.

En ese año el teniente coronel John Henry Patterson fue trasladado a dicho territorio y nombrado ingeniero en jefe para la construcción de un puente en el río Tsavo, ubicado en Kenia. En dicho periodo de trabajo las sombras de dos leones, aunque en un comienzo se pensó que eran leonas por la ausencia de melena, produjeron estragos entre los trabajadores, atacándolos por las noches y sumiéndolos en el terror más profundo.

Cuenta la historia que los devoradores de hombres de Tsavo visitaban el campamento durante la noche, rasgando las tiendas de campaña y llevándose a los indefensos trabajadores para devorarlos en la oscuridad. A pesar de haber construido murallas, hogueras, y colocar vigías, nada parecía asustar a los temibles felinos que, al llegar la noche, arremetían contra sus presas.

Devoradores de hombresEl coronel Patterson logró abatir al primero de ellos el 9 de diciembre de 1898 mientras que el segundo resultó herido. Tres semanas después (el 29 de diciembre) logró acabar con el segundo león, que, luego de resistir numerosos disparos de su rifle, fue muerto por un disparo en la cabeza de una carabina, a pesar de que, en su agonía, el león continuaba intentando asesinarlo. La historia cobró vida y fama debido a la ferocidad de los leones que, en general no suelen atacar a grandes grupos de personas, ni mucho menos lograr asesinar a tantos hombres.

No existe precisión en la cantidad de hombres muertos que acarreó este suceso ya que Patterson llegó incluso a asegurar que se trataba de más de cien personas. La ciencia actual explica que probablemente no se trató de más de treinta y cinco trabajadores.

Los devoradoresEl coronel Patterson elaboró dos alfombras con la piel de los leones con las que amobló su domicilio durante más de veinte años, tiempo en el que fueron adquiridas por el Museo de Chicago y reestructuradas a una forma similar a la original.

En el año 1907, 9 años después del suceso, John Henry Patterson publicó Los devoradores de hombres de Tsavo, un libro que retrataría el horror vivido para llevarlo a la posteridad.

EL hecho ha sido fuente de numerosas investigaciones debido al extraño comportamiento de los felinos. Es sabido que en esa época existió una peste que atacó al ganado bobino, reduciendo en gran parte su número, disminuyendo la oferta de comida para los leones que debían recurrir a otras fuentes de alimento. Existe una teoría que habla de que uno de los felinos se encontraba enfermo y su dentadura estaba afectada, lo que no le permitía hacerse con presas habituales, obligándolo a atacar a los seres humanos.

Muchos otros investigadores hablan de que es probable que al alimentarse de carroña pudieran verse habituados a consumir cadáveres de personas, y esto pudo haber modificado su comportamiento.

Lo cierto es que, en vista a la modernidad, eran las personas las que invadían el territorio de los animales, expulsándolos y obligándolos a reaccionar ante el embiste de la humanidad.

Nunca se sabrá cuántas personas perdieron la vida en la construcción de ese puente, en las mandíbulas de estos feroces leones. Recientes estudios con marcadores radio-isotópicos aseguran que cada león pudo haberse alimentado de la carne de alrededor de diez personas. Es probable que el número de treinta y cinco, o hasta cien, haya sido dado para aumentar la “grandeza” de la cacería de estas fieras.

Se han realizado numerosas adaptaciones cinematográficas de esta historia. En el año 1952 apareció Demonios de Bwana. En la década de los ´90 se emitió “El fantasma y la oscuridad”, también traducida como “Los demonios de la noche” o “Garras” en países de habla hispana, interpretada por Val Kilmer.

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Lord Byron, Londres y sus placas azules

La historia de las placas azules de Londres y su relación con el gran escritor Lord Byron

Placas azules de LondresLondres, una de las ciudades más atractivas del mundo por historia y patrimonio cultural, tiene en sus calles una característica peculiar que no pasa desapercibida para los visitantes curiosos. Ese rasgo singular no es otro que una importante cantidad de placas azules que, como emblema permanente y distintivo, están instaladas en edificios significativos e indican un vínculo entre ese lugar y algún morador o acontecimiento destacado que lo tenga como referente. Se reconoce de esa manera a personajes ilustres y universales que en algún momento de su existencia, residieron en la capital de Inglaterra aportando y engrandeciendo el acervo histórico cultural londinense.

Existen más de 850 placas conmemorativas en la ciudad, aunque la cifra debiera ser mayor, ya que más de 100, fueron quitadas o destruidas durante demoliciones de los edificios donde se encontraban.

La idea de colocar estas placas en las calles se originó durante el siglo XIX y es una costumbre se ha conservado hasta la fecha; está regulada por el organismo English Heritage (Patrimonio Inglés). Actualmente esta costumbre se está imitando en otras grandes urbes de todo el mundo como París, Francia, Roma, Italia, Oslo, Noruega, Dublín, Irlanda, Polonia, Canadá, Australia y Estados Unidos, así como otras ciudades del Reino Unido.

Según el criterio utilizado por el English Heritage, para otorgar el reconocimiento, el personaje famoso debe:
1) Haber muerto hace 20 años o haber cumplido más de 100 años.
2) No ser considerado personaje de ficción.
3) Ser considerado una eminencia por la mayoría de los personajes más importantes de su misma profesión.
4) Haber hecho alguna contribución al bienestar de la humanidad.
5) Haber vivido en el edificio por un periodo significante.

Algunas de las placas azules que se conservan, son las alusivas a:

Charles Dickens: 48 Doughty Street, WC1N 2LX
Karl Marx: 28 Dean Street, Westminster WD1 3RA
Mozart: 180 Ebury Street SW1 8UP
Sir Isaac Newton: 87 Jermin Street, SW1Y 6JD
Gandhi, Mahatma: Kingsley Hall, Powis Road, E3
Charles Darwin: Gower St WC1E 6BT (edificio de biological sciences)

La placa azul más antigua que aún permanece instalada, es la de Napoleón III en St. James, que data de finales del año 1867.

Paradójicamente, la primera personalidad prominente que recibió la placa en homenaje ya no la tiene. Esa primera placa fue emplazada en 1867 en la casa situada en 24 Holles Street, Cavedish Square, lugar de nacimiento del admirado poeta inglés George Gordon Byron (más conocido como Lord Byron). Este edificio fue demolido a los pocos años y no han quedado registros del destino de la placa conmemorativa.

Sobrados méridos literarios hicieron merecedor de la distinción a Lord Byron, un hombre imposible de definir en pocas líneas de datos biográficos y que hizo de su propia vida una novela legendaria, pero que si podremos conocer, a través de la lectura de algunas de sus obras, verdaderas joyas de su exquisito arte lírico.
El amor, el dolor y las lágrimas de una separación, los recuerdos, le lejanía, la nostalgia y el silencio, eternas obsesiones de los poetas que Lord Byron plasma en versos memorables como los que a continuación compartimos:

La lágrima. (The tear)
Cuando el amor o la amistad debieran
a la ternura despertar el alma,
y ésta debiera aparecer sincera
en la mirada,
podrán los labios engañar fingiendo
una sonrisa seductora y falsa;
pero la prueba de emoción se muestra
en una lágrima.

Una sonrisa puede ser a veces
un artificio que el temor disfraza,
con ella puede revestirse el odio
que nos engaña;
mas yo prefiero para mí un suspiro
cuando los ojos, expresión del alma,
por un momento miro obscurecerse
con una lágrima.

El hombre surca el ignorado Océano
con el soplo del viento que lo arrastra,
en medio de las olas bramadoras
que se levantan;
se inclina…y en las olas procelosas
que amenazantes a su nave avanzan,
mira el abismo y sus aguas turbias,
mezclan una lágrima.

En la carrera de la noble gloria,
el valeroso capitán se afana
por ganar con su muerte una corona
en las batallas;
pero levanta al que postró en el suelo
y sus heridas compasivo baña,
una por una, en el sangriento campo,
con una lágrima.

Y cuando vuelve, henchido de ese orgullo
que hace latir el pecho que avasalla,
cuando teñida en enemiga sangre
cuelga su espada,
la recompensan todas sus fatigas
al abrazar a su consorte amada
y al darle un beso en sus mejillas húmedas,
con una lágrima.

Dulce mansión de mi niñez perdida,
donde la franqueza y la amistad gozaba,
donde en medio de amor vi deslizarse
las horas rápidas;
yo te dejé con un hondo sentimiento,
volví hacia ti mis últimas miradas,
y apenas puede percibir tus torres
tras una lágrima.

Aunque no puedo repetir, como antes,
mi juramento a mi María cara,
a la que fuera para mí otro tiempo
fuego del alma;
tengo presentes los felices días
en que, niños aún, tanto me amaba,
cuando ella contestaba a mis promesas,
con una lágrima.

¿En otros brazos puede ser dichosa?
¿Tiene el recuerdo de su edad pasada?
Mi corazón respetará ese nombre
que tanto amaba.
Y dije adiós a mi esperanza loca,
con una lágrima.

Cuando al imperio de la eterna noche
tome su vuelo para siempre mi alma,
cuando mi cuerpo exánime repose
bajo una lápida;
si por ventura os acercáis un día
donde mi triste sepultura se halla,
humedeced siquiera mis cenizas
con una lágrima.

Yo no apetezco mármol…monumento
que la ambición la vanidad levanta,
manto suntuoso con que el necio orgullo
cubre su nada;
no darán sus emblemas a mi nombre
el falso orgullo ni la gloria vana;
lo que yo quiero, lo que pido sólo,
es una lágrima.

Te vi llorar (I saw thee weep)
¡Te vi llorar! Tu lágrima, bien mío,
en tu pupila azul brillaba inquieta,
como la blanca gota de rocío
sobre el tallo gentil de la violeta.

¡Te vi reír! Y un fecundo mayo,
las rosas deshojadas por la brisa
no pudieron copiar en su desmayo
la inefable expresión de tu sonrisa.

Así como las nubes en el cielo
del sol reciben una luz tan bella,
que la noche no borra con su velo,
ni eclipsa con su luz la clara estrella.

Tu sonrisa transmite la ventura
al alma triste, y tu mirada incierta,
deja una dulce claridad tan pura
que llega al corazón después de muerta.

Cuando nos separamos (When we two parted)
Cuando nos separamos,
en silencio y entre lágrimas,
con el corazón partido
apartándonos por años,
Tu mejilla se volvió pálida y fría,
más fríos tus besos
y es verdad que aquella hora predijo,
el dolor de esta.

El rocío de la mañana
se hundió gélido en mi frente,
lo sentí como el preludio
de lo que hoy siento.
Tus votos fueron quebrados
y ligera es tu fama,
escucho decir tu nombre
y comparto su vergüenza.

Te nombran en mi presencia
lúgubres voces en mis oídos;
un estremecimiento viene a mí:
¿por qué te quise tanto?
No saben que te conocí
los que hoy te conocen demasiado bien,
por largo tiempo he de arrepentirme de ti,
en hondos pensamientos que jamás diré.

En secreto nos conocimos
en silencio me lamento,
de tu corazón proclive al olvido,
y de tu espíritu engañador.
Si llegara a encontrarte
tras largos años,
¡Cómo habría de saludarte!
Con lágrimas y silencio.

Acuérdate de mí (Remember me)
Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,
brillando en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!… Cerca de mi tumba
no pases, no, sin regalarme tu plegaria;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que sobre mi tumba derrames una lágrima.

Lord ByronGeorge Gordon Byron, sexto Barón de Byron, excelso poeta inglés fue además uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo. Nacido en Londres el 22 de enero de 1788 en el seno de una familia aristócrata, heredó el título de barón al morir su tío abuelo William.

Talentoso, excéntrico, ostentoso, polémico y controvertido. También fue un crítico de sutil ironía y hasta un poco cruel, tal era la reputación del notable poeta y muchos le acusaban de sufrir un trastorno bipolar. Concitó la atención de sus contemporáneos al tomar partido en defensa de los más débiles: desheredados, marginados o miserables.

Fue un hombre que a pesar de su discapacidad motriz (sufría una deformación en un pie que le impedía caminar normalmente), se convirtió en un ícono del galán romántico. Un conquistador que avasallaba con su personalidad y por los escándalos que protagonizaba.

Como escritor, exageró algunos elementos para crear al típico héroe byroniano, un rebelde libertino y transgresor frente a la moral y las costumbres y convenciones establecidas. Y, sin dudas, un autor genial utilizando la pluma.

Murió en Missonlonghi (Grecia) donde se había trasladado para participar en una aventura bélica. En tierra griega, sufrió un ataque epiléptico fatal el 19 de abril de 1824, que no pudo ser controlado adecuadamente por carencia de medicamentos y médicos especializados.

Johann Wolfgang von Goethe, el poeta y científico alemán escribió ante la noticia de su fallecimiento: «Descansa en paz, amigo mío; tu corazón y tu vida han sido grandes y hermosos».

Los restos de Lord Byron fueron trasladados a Londres donde arribaron a principios de julio, más de dos meses después de la muerte. Se generó entonces una acalorada polémica para decidir dónde enterrarlo.
El Deán de la Abadía de Westminster consideró que un personaje con una existencia tan escandalosa y alejada de los preceptos de moralidad imperantes, como había sido la vida llevada por Byron, no merecía el honor de ser enterrado en el Rincón de los Poetas, junto a autores como Geoffrey Chaucer o Edmund Spencer, así que finalmente fue sepultado en la Iglesia de Santa María Magdalena en el panteón familiar de Hucknall Torckard, en el condado de Nottinghamshire, junto a su madre.

En la abadía de Westminster, en el llamado Rincón de los Poetas, sólo se encuentra un monumento conmemorativo inaugurado recién en 1969. Seguramente, Lord Byron hubiera deseado que le colocaran como epitafio los versos de uno de sus poemas:

«Cuando pases por la tumba donde mis cenizas se consumen,
¡oh!, humedece su polvo con una lágrima”

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La soledad de los poetas – Alma y sentimiento

La soledad en la literatura, retratada en poemas inolvidables de grandes autores 

La soledadLa soledad, esa inefable talladora del espíritu. Parafraseando una de las citas más logradas de Federico García Lorca en la búsqueda de un párrafo para iniciar este escrito, comenzamos a transitar por un camino que conduce directamente a una temática muy cara a nuestros sentimientos y estados de ánimo y que la pluma excelsa de inspirados poetas recorrió asiduamente: la soledad.

Leyendo a autores inmortales que embellecieron el arte lírico universal de todos los tiempos, podríamos extraer excelentes definiciones de la soledad:

Juan Ramón Jiménez:

«En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva.»

Luis Cernuda:

«Cómo llenarte soledad sino contigo misma.»

Pablo Neruda:

«Soledad y multitud, seguirán siendo deberes elementales del poeta de nuestro tiempo.»

D. H. Lawrence:

«¡Es inútil intentar liberarse de la propia soledad! ¡Hay que aguantarla toda la vida. Aunque a veces, sólo a veces, el vacío se llene!».

La soledad de los poetasSin entrar en complejas interpretaciones científicas, describimos la soledad como “un estado consciente y singular, personal e independiente caracterizado por la carencia de compañía y falta de contacto con otras personas». Se la considera una experiencia subjetiva con distintos grados o matices, que puede ser voluntaria (cuando la persona decide estar sola) o involuntaria (causada por distintas circunstancias de la vida).

Casi todos los poetas se atrevieron a representar con palabras y a su manera, esta situación tan especial, diferente y única, que se da al estar o sentirse solo; ese sentimiento tan amargo y doloroso que, para muchos autores, influyó significativamente en el desarrollo de su vida y en el contenido de su obra literaria.

El genial Edgar Allan Poe compuso cuando tenía 20 años recién cumplidos, un poema estremecedor y emotivo (Alone), que pinta crudamente la soledad que marcó su vida y su estilo. El manuscrito original está fechado el 17 de marzo de 1829, apenas un mes antes, el 28 de febrero, había fallecido su querida madre adoptiva, Frances Valentine Allan.

Solo (Alone) – Edgar Allan Poe

Desde el tiempo de mi niñez, no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude sacar
mis pasiones desde una común primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pena; no se despertaría
mi corazón a la alegría con el mismo tono;
y todo lo que quise, lo quise solo.
Entonces -en mi niñez- en el amanecer
de una muy tempestuosa vida, se sacó
desde cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
desde el torrente o la fuente,
desde el rojo peñasco de la montaña,
desde el sol que alrededor de mí giraba
en su otoño teñido de oro,
desde el rayo en el cielo
que pasaba junto a mí volando,
desde el trueno y la tormenta,
y la nube que tomó la forma
(cuando el resto del cielo era azul)
de un demonio ante mi vista.

Conmovedor resulta también este inolvidable poema de Mario Benedetti, en versos que resuenan como ecos de lejanas y adormecidas vivencias.

Soledades – Mario Benedetti

Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

Rosalía de Castro, una de las grandes poetisas de la literatura española del siglo XIX aportó también su poema:

Soledad
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitable el polo.

Y para Jorge Luis Borges, la soledad tenía un sinónimo:

Ausencia
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Justo es reconocer que para otros pensadores y escritores célebres, la soledad no siempre iba acompañada por esa pesada percepción que abruma el espíritu y en ese sentido, se expresaron con una visión más generosa y optimista:

«La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes».
Arthur Schopenhauer (Filósofo alemán)

«Soledad: Un instante de plenitud».
Michel de Montaigne (Escritor y filósofo francés).

«La soledad es muy hermosa, cuando se tiene alguien a quien decírselo».
Gustavo Adolfo Bécquer

«La soledad es a veces la mejor compañía, y un corto retiro trae un dulce retorno».
John Milton (Poeta inglés).

«La soledad es y siempre ha sido la experiencia central e inevitable de todo hombre».
Tom Wolfe (Periodista y escritor estadounidense).

Tal vez, escribir poesía no alcance a mitigar la sensación de desamparo que lleva a la soledad, pero no deja de ser un consuelo para el alma. Y escribiendo…¿Quién comprende mejor que un poeta ese abismo insondable de tristeza y melancolía, esa angustia de sentirse desterrado de uno mismo?. Sentimiento, que el novelista polaco Joseph Conrad explicó con muy pocas palabras: «Vivimos como soñamos, solos».

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Penélope, la canción y La Odisea

Reseña literaria de la canción Penélope de Joan Manuel Serrat y su relación con el personaje literario Penélope, de La Odisea

Penélope de Joan Manuel SerratPenélope es una canción romántica e inolvidable que supo ganarse el corazón del siglo XX, creada por el compositor español Augusto Algueró (1934-2011) e interpretada por Joan Manuel Serrat (1943) en el año 1969, obteniendo importantes galardones en el ámbito musical.

La misma canción fue editada en el álbum llamado “En directo”, perteneciente al año 1984 si bien, con el correr de los años, ha sido interpretada por otros cantautores como por ejemplo Diego Torres (músico argentino).

Cuenta la historia de una mujer que espera a su amor que se ha marchado, y este, a pesar de que el tiempo inclemente se escapa, no regresa. La mujer, lejos de perder su voluntad, continúa aguardando paciente. Al final este regresa, pero no es como ella lo recuerda. Si es que existe desconocimiento sobre la mítica obra de Homero, La Odisea (Ver nota), podría no verse la relación que existe entre esta hermosa canción y la esposa del legendario héroe Odiseo.

Letra de la canción Penélope de Joan Manuel Serrat – Augusto Algueró

Penélope,
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo.
Penélope
se sienta en un banco en el andén
y espera que llegue el primer tren
meneando el abanico.

Dicen en el pueblo
que un caminante paró
su reloj
una tarde de primavera.
«Adiós amor mío
no me llores, volveré
antes que
de los sauces caigan las hojas.
Piensa en mí
volveré a por ti…»

Pobre infeliz
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la última flor.
No hay un sauce en la calle Mayor
para Penélope.

Penélope,
tristes a fuerza de esperar,
sus ojos, parecen brillar
si un tren silba a lo lejos.
Penélope
uno tras otro los ve pasar,
mira sus caras, les oye hablar,
para ella son muñecos.

Dicen en el pueblo
que el caminante volvió.
La encontró
en su banco de pino verde.
La llamó: «Penélope
mi amante fiel, mi paz,
deja ya
de tejer sueños en tu mente,
mírame,
soy tu amor, regresé».

Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer,
no era así su cara ni su piel.
«Tú no eres quien yo espero».
Y se quedó
con el bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación.

La relación entre Penélope de Joan Manuel Serrat y la Odisea

Está claro que la primera instancia en la que podemos notar un nexo es el nombre de la mujer, Penélope, coincidente en ambas obras. En la Odisea, Penélope es la esposa de Odiseo que, al haberse marchado, lo espera sin dar lugar a que alguno de los que la pretenden tenga oportunidad con ella.

Serrat canta: “Uno tras otro los ve pasar, mira sus caras, para ella son muñecos”, en una clara alusión a lo que sucedía con la esposa del héroe y sus pretendientes.

En ambas obras la mujer utiliza el tejido para distraer su mente. En la Odisea Penélope teje y desarma una manta una y otra vez para otorgar tiempo a su amado para que regrese, mientras que en la canción la mujer sueña y piensa en el regreso del hombre.

En la canción: “Deja ya de tejer sueños en tu mente”.

El final de la historia es, quizás lo más triste, porque cuando él por fin logra regresar, el tiempo ha pasado y se ha vuelto eterno, y ella no lo reconoce, “Tú no eres quien yo espero”.

Más allá de la alegoría a la obra clásica, es una canción hermosa y merece ser disfrutada, aunque espero les haya parecido interesante la referencia.

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Desafío literario II – Las palabras

Desafío literario II – El significado de las palabras

Nuestro riquísimo idioma español contiene millares de palabras. Muchísimas de ellas nos parecen raras, pintorescas, sorprendentes, atractivas y hasta feas. Veamos algunas que, aunque indican o definen hechos cotidianos y cosas que nos son familiares; en su gran mayoría nos resultan prácticamente desconocidas. El desafío literario II asocia palabras y su significado.

Desafío literario IIEn este listado de 20 palabras, hay 17 que realmente existen.
¿Sabrían identificarlas diferenciándolas de las inventadas?

Significados  – Desafío literario II

1) Impepinable:
a – Que no admite duda ni discusión.
b – Que se produce obligatoria o lógicamente. Inevitable.
«Es impepinable: si vas a beber, no debes conducir tu auto durante el regreso»

2) Vate:
Poeta. Está aceptado también el significado de adivino.
«El vate hizo predicciones que no fueron acertadas»

3) Haiga:
a – Automóvil ostentoso de gran tamaño.

b – “Haiga” es una forma verbal del castellano antiguo que ha pervivido en muchas zonas del mundo hispánico sobre todo en el ámbito rural, pero la norma culta la rechaza al preferir la forma “haya”.

4) Sicofante:
Persona que calumnia o delata.

5) Mirranal:
Es una palabra inventada que no existe.

6) Facundia:
Facilidad y abundancia de palabras. Locuacidad profusa.

«pese a lo que pudiera pensarse, la facundia versificadora no le proporcionó dinero a este humilde poeta de provincia»

7) Periclitar:
Perder una cosa fuerza o intensidad. Declinar, decaer.

«…recuerdo los carnavales de mi infancia y juventud como una celebración que ya se veía periclitar»

8) Confalón:

Banderín. Pieza de tela rectangular generalmente con franjas de color, escudos o figuras simbólicas que se emplea como insignia de un país, un equipo, una dinastía, etc.; suele estar sujeta por uno de sus lados cortos a un mástil o a una cuerda.

9) Clámide:
a – Capa corta y liviana usada antiguamente por los griegos y romanos.

b – Pez marino de la familia del tiburón, de cuerpo alargado de hasta 2 m de longitud, color gris pardusco, con aberturas branquiales muy anchas; vive en aguas profundas de mares templados.

10) Morondo:

Que está limpio de elementos superfluos, especialmente de cabellos, hojas u otra cosa similar. Pelado.
«Las ramas morondas de los árboles, pintaban de nostalgia la tarde otoñal»

11) Quincalla:
Conjunto de objetos de metal de escaso valor.
«No tiene ninguna joya, todo es quincalla»

12) Epitalamio:
Composición lírica escrita en honor de la celebración de una boda.

¿Recuerdas cuando en invierno
llegamos a la isla?
El mar hacia nosotros
levantaba una copa de frío.

Epitalamio (fragmento) Pablo Neruda

13) Ajorar:
Trasladar, llevar por la fuerza, gente o ganado de un sitio a otro.

14) Fildasino:
Es una palabra inventada que no existe.

15) Ubérrimo:
Que es muy abundante o fértil.

16) Barjuleta:

Bolsa grande de tela o de cuero, cerrada con una cubierta, que llevan a la espalda los caminantes, con su ropa, utensilios o menesteres.

17) Catatérico:
Es una palabra inventada que no existe.

18) Refocilar:
Recreación o divertimiento especialmente con algo que se considera grosero o malvado.

19) Légamo:

Barro pegajoso que se forma en el suelo con el agua de la lluvia, o donde ha habido circunstancialmente agua estancada.

20) Baladro:
Grito, alarido o voz espantosa.

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Decálogo de los Derechos del Lector

Sobre el mundo de la literatura – La libertad y los derechos del lector

Derechos del lectorEl diccionario define taxativamente el significado de la palabra libertad: «facultad natural del ser humano para actuar a voluntad sin restricciones, respetando su propia conciencia y el deber ser, para alcanzar su plena realización». Pero en contrapartida, una libertad supone la existencia de derechos, y en esta oportunidad queremos detenernos en los derechos del lector.

La libertad como posibilidad que tenemos para decidir por nosotros mismos y a nuestro criterio, la resolución de cualquier situación que enfrentemos, es un derecho consagrado universalmente aunque su aplicación práctica sea tan cuestionada.

Sería tedioso enumerar todos los tipos de libertad que se podrían considerar, basta mencionar la libertad de conciencia, que nos permite aspirar a una vida coherente y equilibrada; de expresión, para poder difundir las ideas y promover debates y discusiones sin restricciones ni límites; de reunión como garantía para asociarse con aquellos que comparten ideales y trabajar en pro de su consecución; para elegir responsable y pacíficamente a los gobernantes y habría muchas más sin duda. Pero, en lo que se refiere a a la libertad para leer, ¿qué sucede?

Como una novela de Daniel Pennac

Alejándose un poco de toda erudición solemne, el autor francés Daniel Pennac plantea en su libro «Como una novela» (publicado en París con el nombre original de «Comme un roman» en el año 1992); un interesante desafío. Con un estilo ingenioso y divertido, a través de una especie de novela-ensayo intenta la recuperación del placer olvidado que produce leer y comprobar además, cuáles son las causas de la reticencia a la lectura por parte de sus alumnos y de su propia hija de 8 años.

Comienza el libro con un párrafo que constituye una declaración de principios del autor y, al mismo tiempo, una perfecta síntesis de todo lo que se podrá encontrar al leer las páginas siguientes: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…”. Y continúa advirtiendo que, a priori, la televisión, los aparatos tecnológicos, y hoy agregaríamos celulares, videojuegos, internet, las redes sociales, distraen y quitan tiempo que podría dedicarse a la lectura y que por eso se lee poco.

Pero también es cierto, que muchas veces son sólo tentaciones que se usan como excusas para no leer. Por otra parte, los estados y las respectivas sociedades organizadas no pueden eludir las responsabilidades que les caben, derivadas de la carencia de políticas educativas adecuadas, de como se trabaja y se educa en la escuela, de la falta de bibliotecas accesibles y la casi nula importancia que se le otorga al libro en los sistemas educativos actuales.

La obra está dividida en cuatro partes, la primera titulada «Nacimiento del alquimista» que, reflexionando, refiere sobre los errores que habitualmente cometen los adultos al momento de inducir a sus hijos a la lectura e inculcarles el amor por los libros.

En la segunda parte y bajo el título «Hay que leer», Pennac compara los hábitos de la lectura con un dogma en el que se tiene todo por cierto y que no puede ponerse en duda. Describe detalladamente las razones y motivos que encontramos para justificar por qué leemos:

Para aprender
Para sacar adelante nuestros estudios
Para informarnos
Para saber de donde venimos
Para saber quienes somos
Para conocer mejor a los demás
Para saber hacia donde vamos
Para conservar la memoria del pasado
Para iluminar nuestro presente
Para aprovechar las experiencias anteriores
Para no repetir las tonterías de nuestros antepasados
Para ganar tiempo
para evadirnos
Para buscar un sentido a la vida
Para comprender los misterios de nuestra civilización
Para satisfacer nuestra curiosidad
para distraernos
Para informarnos
Para cultivarnos
Para comunicar
para ejercer nuestro espiritu crítico

En la tercera parte «Dar de leer«, explica cómo logró que sus alumnos perdieran el miedo a la lectura de textos.

Y la cuarta y última identificada bajo el nombre de «Cómo se leerá», reseña un listado con los derechos imprescindibles que todo lector debería tener, clasificados en el siguiente decálogo:

Decálogo de los Derechos del Lector

1) El derecho a no leer.

2) El derecho a saltarnos páginas.

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) (*)

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

(*) Enfermedad de transmisión textual. (Término alusivo a Madame Bovary, la protagonista de la novela homónima de Flaubert, lectora compulsiva y apasionada de novelas románticas.)

Analicemos entonces:

1) El derecho a no leer, nos permite descansar de las lecturas durante épocas en las que no sentimos la necesidad, no tenemos ganas, tiempo o ánimo. O porque tenemos otras ocupaciones y no por ello dejaremos de ser lectores. La lectura no es una obligación, es una elección.

2) El derecho a saltarse páginas, nos da la libertad de leer rápidamente textos extensos que no son para nosotros atrayentes en su totalidad (a veces, por edad, formación, gustos, ni siquiera comprensibles), sin por ello renunciar a la parte de la obra que nos resulta interesante.

3) El derecho a no terminar un libro, nos exime de la obligación de mortificarnos ante una lectura que no hemos sabido escoger bien, que no ha llegado en el momento adecuado, que se nos atraganta o que definitivamente no es para nosotros. Podemos volver a ella pasado un tiempo. O no. Pero nunca sentirnos culpables por no haber llegado hasta la última página de una obra que no nos resulte placentera. (Todos hemos padecido en el colegio el tormento de una lectura obligatoria que ni nos gustaba, ni comprendíamos, ni tal vez era oportuna para nosotros en ese momento).

“Si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas“. (Jorge Luis Borges)

4) El derecho a releer es defendido enérgicamente por los niños cuando piden una y otra vez el mismo cuento, para volver a disfrutar de la misma historia, los mismos personajes, las mismas emociones. Para los adultos, la relectura de una obra que ya conocemos nos permite no sólo reencontrarnos con aquello que nos agradó, nos intrigó, nos conmovió (sobre todo en el caso de la poesía). También nos ofrece la posibilidad de hallar nuevos matices, distintas interpretaciones.

5) El derecho a leer cualquier cosa nos libera de la carga de aceptar un prejuicio sobre un libro antes de elegirlo, de obligarnos a leer lo que otros han dictaminado como “bueno” o “adecuado” antes de haber descubierto nuestros propios gustos como lectores. Las obras tachadas de comerciales, estereotipadas o simplonas puede que no lleguen a formar parte de la historia de la literatura, pero muy seguramente introducirán en muchos lectores la idea del libro como sinónimo de un buen momento. Y antes o después esos lectores irán refinando sus gustos, pues la lectura continuada a lo largo del tiempo acabará por despertar su espíritu crítico.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) habla de la satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. Es muy frecuente en las lecturas adolescentes, donde las historias escritas suscitan emociones y sentimientos tan novelescos como los narrados. Niños magos, jóvenes vampiros, adolescentes con candados, sagas y sagas de elfos, tronos, reyes y guardianes. Nuestras primeras emociones como febriles lectores, nuestros recuerdos de lecturas adolescentes y esa siempre válida postura de lector ingenuo, nos harán disfrutar siempre de la lectura.

7) El derecho a leer en cualquier parte ofrece tanto al lector asiduo, como al esporádico una compañía o un refugio en cualquier circunstancia: esperas en consultas médicas, aeropuertos, trayectos de autobús o largos viajes. Es muy artístico mostrar espacios dedicados cuidadosamente a la lectura: un sillón ante una chimenea, una camilla delante de una ventana, una biblioteca perfectamente surtida y acondicionada. Pero ¿quién no ha leído en la piscina, en la peluquería, en una terraza de un bar, en la cama, e incluso en el cuarto de baño?

8) El derecho a hojear está relacionado con la falta de tiempo (a veces de ganas) para leer en forma completa un libro, pero nos permite abrirlo por cualquier página, hojearlo, leer un poco y después dejarlo para otro momento habiendo disfrutado de ese pequeño aperitivo.

No es infrecuente estar leyendo varios libros a la vez, abrir uno de ellos, reconocer que no es el apetecido en ese momento y optar por otro. O leer un fragmento de una obra nueva para decidir si la elegiremos o no. O volver a un libro ya leído en busca de una cita concreta. O releer al azar una parte de un libro que es especialmente querido por nosotros, sin salir nunca decepcionados. Cada uno debe poder aproximarse al libro cuando y como quiera.

9) El derecho a leer en voz alta nos anima a declamar para que otros nos oigan, a escuchar a un buen rapsoda, a dar vida al texto. Todo ello permite que otros compartan con nosotros nuestro gusto por la lectura y crea a la vez mundos imaginarios colectivos. Los sonidos de las palabras son la música que acompaña a la historia que estamos leyendo.

Desde hace unos años, el 9 de marzo se celebra el Día Mundial de la Lectura en voz alta, para celebrar el poder de la palabra compartida.

10) Por último el derecho a callarnos, a guardar silencio sobre lo leído, a no pronunciarnos; nos coloca de nuevo ante la lectura como un acto íntimo, como una elección que no estamos obligados a justificar. Nuestros motivos para elegir un texto, nuestras opiniones sobre el mismo nos pertenecen y no hay por qué, si no queremos, rendir cuentas sobre nuestros gustos o valoraciones.

Obviamente, los derechos del lector enumerados podrían ampliarse y ser muchos más, pero Pennac se limitó al número diez por alguna interpretación subjetiva.
No se trata de enaltecer obras mediocres o vulgares; mucho menos de enorgullecerse de la ignorancia. Por el contrario, se pretende que aprendamos a leer responsablemente y aspirar a formar nuestro gusto y nuestro espíritu crítico con cierta solidez. En definitiva terminaremos siendo lo que hayamos leído.

«Como una novela», fue un éxito editorial desde su aparición, dirigido en principio a adolescentes y jóvenes que se acercan por vez primera a la lectura, a aquellos lectores reacios y a los educadores involucrados por su profesión en la ardua tarea de despertar en los más jóvenes el amor por la lectura. Pero en realidad es un libro recomendable y casi obligado para todo lector de 6 a 100 años.

No es una novela pero se lee muy fácil como si lo fuera y es de esas obras raras que parecen entablar un diálogo con el lector. No es un ensayo de reflexión sobre la lectura, sino una tentativa de reconciliación con el libro.

Tambíén en lengua española, se pueden encontrar excelentes autores que se refirieron al tema del lector. Una verdadera joya extraída de «Antología Poética», editada en 1963 por Fermín Estrella Gutiérrez, es suficientemente válida para certificar esta aseveración.

Soneto para un lector futuro

Tú, lector o lectora, que has fijado
tus ojos en la página amarilla;
del tiempo me aventuro hacia la orilla,
fiel a mi canto, dócil al llamado.

Tú que ríes aún, tú que has andado
tras la ilusión que se te escapa y brilla,
tú que hueles la noche y la gramilla,
tú que puedes besar el rostro amado.

Piensa que ahora soy ceniza y nada,
sólo una leve sombra proyectada
sobre tu alma que me busca ansiosa.

Yo fui joven, feliz, amé la vida.
Hoy te tiende mi mano conmovida
sobre el viejo papel la tierna rosa.

Para conocer más:

En la República Argentina, en el año 2012 se instituyó por Ley Nº 26.754, que el 24 de Agosto de cada año, se celebre el día Día del Lector, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del eximio escritor Jorge Luis Borges.

En el año 2009, en Francia y dentro del marco de una campaña de animación a la lectura, Los derechos del Lector quedaron plasmados en un cartel ilustrado con elegancia y arte distinguido, por el ilustrador, escritor y dibujante británico Quentin Blake.

Daniel Pennac, seudónimo de Daniel Pennacchioni. es un profesor de literatura, escritor y guionista, francés nacido en Casablanca Marruecos el 1 de diciembre de 1944. Proveniente de una familia militar, pasó su infancia en tierras africanas y del sudeste asiático y su juventud en Niza, donde se graduó en letras.

Fermín Estrella Gutiérrez (Almería, 28 de octubre de 1900 – Buenos Aires, 18 de febrero de 1990) fue un escritor, poeta, profesor y académico español de nacimiento, que adoptó a la Argentina como su patria.

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Tres rosas amarillas para Antón Chéjov

Tres rosas amarillas – Un cuento de Chéjov y un libro de Carver en su homenaje

«El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras”

Tres rosas amarillasLa inmensa Rusia zarista de finales del siglo XIX, internamente convulsionada por una agitación político-social incipiente que, con el tiempo, derivaría en la Revolución de 1917, fue tomando conciencia de los cambios profundos que se avecinaban de la mano de un grupo de intelectuales liderados entre otros por León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Aleksandr Pushkin y un destacado Antón Chéjov. La historia comenzaba a cambiar amenazando romper las viejas estructuras de un sistema monárquico obsoleto, sostenedor de grandes desigualdades que terminaron generando una atmósfera asfixiante de consecuencias nefastas para toda la población, sin diferencias de clase o condición.

La literatura en general, incluyendo la de Chéjov, no podía quedar al margen de esa influencia negativa ni de toda esa oscuridad de ideas imperante en la época. El célebre autor de «El jardín de los cerezos» fue testigo involuntario y obligado de esos acontecimientos, pero también un observador muy crítico que encontró con lucidez e ironía la forma de transmitir en sus libros y obras teatrales un panorama certero de esos hechos; y lo hizo a través de textos llenos de sensibilidad y realismo, sin obviar un cáustico sentido del humor. Él escribía para hacerse preguntas, no para responderlas.
Por otra parte, Chéjov experto indiscutido en la descripción de matices emocionales y en el retrato psicológico de personajes, rechazaba en cierto modo la finalidad moral de las obras literarias tradicionales.

Hay un cuento referido a él muy interesante que se llama Tres rosas amarillas y da título al libro editado por el escritor y poeta estadounidense Raymond Carver (1938-1988), que lo concibió como tributo al genio ruso de las letras, narrando en una excelente reconstrucción imaginaria sus últimos días de vida. Verdadero broche de oro para esta obra de Carver, escrita a la altura del protagonista.

Tres rosas amarillas, lleva implícita una delicada invitación a leer el relato que se convierte, sin pretenderlo, en una cita ineludible para su lectura.

Tres rosas amarillas (fragmentos del cuento)

«Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un hombre hecho a sí mismo cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.
Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad, un antiguo palacete llamado L’Ermitage (establecimiento en el que los comensales podían tardar horas -la mitad de la noche incluso- en dar cuenta de una cena de diez platos en la que, como es de rigor, no faltaban los vinos, los licores y el café). Chejov iba, como de costumbre, impecablemente vestido: traje oscuro con chaleco. Llevaba, cómo no, sus eternos quevedos. Aquella noche tenía un aspecto muy similar al de sus fotografías de ese tiempo. Estaba relajado, jovial. Estrechó la mano del maitre, y echó una ojeada al vasto comedor. Las recargadas arañas anegaban la sala de un vivo fulgor. Elegantes hombres y mujeres ocupaban las mesas. Los camareros iban y venían sin cesar. Acababa de sentarse a la mesa, frente a Suvorin, cuando repentinamente, sin el menor aviso previo, empezó a brotarle sangre de la boca.(…)»

«Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones respiratorias afines. Cuando Suvorin fue a visitarlo días después, Chejov se disculpó por el «escándalo» del restaurante tres noches atrás, pero siguió insistiendo en que su estado no era grave.(…)»

«También Leon Tolstoi fue una vez a visitarlo. El personal del hospital mostró un temor reverente al verse en presencia del más eximio escritor del país (¿el hombre más famoso de Rusia?) Pese a estar prohibidas las visitas de toda persona ajena al «núcleo de los allegados», ¿cómo no permitir que viera a Chejov? Las enfermeras y médicos internos, en extremo obsequiosos, hicieron pasar al barbudo anciano de aire fiero al cuarto de Chejov. Tolstoi, pese al bajo concepto que tenía del Chejov autor de teatro («¿Adónde le llevan sus personajes? -le preguntó a Chejov en cierta ocasión-. Del diván al trastero, y del trastero al diván»), apreciaba sus narraciones cortas. Además -y tan sencillo como eso-, lo amaba como persona. Había dicho a Gorki: «Qué bello, qué espléndido ser humano. Humilde y apacible como una jovencita. Incluso anda como una jovencita. Es sencillamente maravilloso.(…)»

«Sostenía entre las manos un jarrón de porcelana con tres rosas amarillas de largo tallo. Le ofreció las flores a Olga con un airoso y marcial taconazo…(…)»

Tres rosas amarillas de Raymond CarverCarver fue un autor que no se ajustó a una estructura convencional para narrar en cuentos las historias de vida. Acostumbraba iniciar y concluir sus relatos de una manera imprevisible y escribiendo a impulsos. Imprimió a sus obras un estilo de prosa transparente y un lenguaje sobrio y preciso, por lo que ha sido llamado «el Chéjov americano».

Chéjov, iniciador del cuento moderno y maestro insuperable en la narración breve

El aporte literario de Chéjov fue trascendente, sin objeciones. Aunque algunos de sus relatos de contundente elocuencia puedan parecer impregnados de clasicismo, fue él quien introdujo un tiempo diferente y novedoso en la manera de narrar (algo comparable a lo que hicieron Marcel Proust o Thomas Mann dentro del género novelístico). Al escribir sabía cómo utilizar magistralmente la técnica del monólogo, que también emplearían más tarde otros autores de la estatura intelectual de James Joyce.

Su influencia marcó no sólo el desarrollo del género, apartándolo de ese preconcepto erróneo de literatura infantil o menor que arrastraba, sino que estableció aspectos narrativos distintos e hizo que la trama de los relatos dejara de ser lo importante centrándose en el aspecto humano y librado al azar de sus protagonistas.

Componía la arquitectura de sus narraciones integrando elementos que en principio parecían prescindibles, sin demasiada relevancia, pero de alguna manera la conjunción de esos elementos, generaba un escenario ambiental que era la base para el desarrollo del argumento. Hasta Chéjov, el cuento se centraba en la mera anécdota, su tiempo literario alcanzaba para tener en sus páginas una trama, un principio, un nudo y una conclusión, frecuentemente con una enseñanza subjetiva y moralizadora.

Los personajes de sus cuentos pueden ser humorísticos, tristes o patéticos. Y si las circunstancias lo requieren, pueden variar y pasar a ser imperfectos, anhelantes, indifentes aburridos o melancólicos. Chéjov logra que el lector pueda reconocerse en cada uno de ellos, con esa distancia suya que no era indiferencia, sino más bien curiosidad.

Tuvo a dos cuentistas extraordinarios como precedentes ilustres a los que leyó con devoción: Iván Turgueniev y Guy De Maupassant (quien fue casi contemporáneo suyo).
En sus relatos de belleza sorprendente, Turgeniev fue el que comenzó a priorizar el ambiente del entorno por encima de los hechos, algo que posteriormente Chéjov llevaría a su máxima expresión.
En cuanto a Maupassant, sin duda uno de los maestros del género, era un ídolo decadente, famoso en su época, cuya muerte trágica acrecentó su celebridad. Hizo de la anécdota misteriosa o curiosa su foco de atención y muchos escritores de literatura de terror posteriores lo utilizaron como referencia.

Julio Cortázar consideraba, coincidiendo con el escritor ruso, que el cuento breve moderno se caracterizaba por la economía de medios y también opinaba habiendo leído intensamente sus cuentos que: «Hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado. De eso hablan los relatos de Chejov».

Por su parte el escritor germano Thomas Mann opinaba con su agudeza característica, demostrando las semejanzas de la obra del singular autor ruso con las de los mejores escritores de otros países. Y manifestaba que «aún hoy Chejov tiene hermanos de espíritu atormentado, debido a que no se han extirpado todavía de la sociedad las condiciones por las cuales existe un abismo infranqueable entre la verdad y la realidad. Esos escritores, se encuentran torturados por la conciencia de su incapacidad para responder a la pregunta: -¿Qué debemos hacer? Son incapaces de revelar el sentido que tiene su obra; pero, a despecho de ello, siguen escribiendo hasta el fin.»

Antón Pavlovich Chéjov (1880-1904) en definitiva, fue un eximio dramaturgo y cuentista notable. Su prolífica producción tuvo especial intensidad en el campo de la narrativa breve, en la que desplegó con singular destreza las virtudes que le convirtieron en uno de los grandes clásicos de la literatura universal de todos los tiempos.

Dejó para la posteridad significativas frases muy difundidas, en una de ellas expresaba en relación al relato breve: «la brevedad es la hermana del talento”. También, y a pesar de no haber escrito nunca un ensayo sobre teoría poética y narrativa; de su voluminosa correspondencia han podido extraerse valiosísimos consejos y recomendaciones muy útiles, para comprender y dominar el arte de escribir desde su perspectiva brillante y admirable.

En la actualidad, su legado literario continúa vigente, integrando una terna insuperable junto a Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, en la opinión y valoración de críticos y lectores adeptos al cuento moderno.

En su biografía consta que falleció el el 15 de julio de 1904 en Badenweiler, balneario de la Selva Negra alemana, donde se había instalado por instrucciones médicas buscando alivio a su mal. La enfermedad que lo llevó a la muerte comenzó a afectarlo desde muy joven; sus veinticuatro años empezó a escupir sangre y la alarma se encendió. Siendo médico intuía la gravedad que implicaban esos síntomas; aún así se negó a ser examinado por otro profesional, tal vez por un temor subconsciente de ver confirmadas sus más íntimas sospechas. Así, la dolencia continuó progresando lenta e inexorablemente y fue minando de forma casi imperceptible sus energías. Pero Chejov siguió engañándose y prefirió pensar que la causa de sus esputos de sangre, cada vez más frecuentes.

En marzo de 1897, se le produjo una severa hemoptisis (expectoración de sangre proveniente de los pulmones o bronquios) que una vez controlada, llevó a sus médicos a advertirle que la tuberculosis ya estaba en un estado muy avanzado y le aconsejaban recluirse en un lugar de clima más benigno. Esto lo obligó a renunciar a una vida normal y a comenzar un peregrinaje por distintos centros de asistencia médica de Europa.

En el año 1901 se casó con la famosa actriz de teatro rusa Olga Leonárdovna Knipper, pero debido a su enfermedad no pudo disfrutar mucho de su compañía, pues ella tenía que permanecer en Moscú por su trabajo y él en Yalta por su dolencia. Fueron pocos años de dificultosa convivencia y de gran soledad para el escritor, ya que Olga sólo iba a visitarlo cuando podía. Chéjov nunca le pidió más tiempo, era consciente de la juventud de su esposa y de su arduo trabajo; él en cambio, ya estaba al final de su carrera y de su vida.

Después de la muerte de Chéjov, Máximo Gorki, otro gran escritor ruso y entrañable amigo, le escribió a su esposa Olga una carta conmovedora inspirada en el triste final de uno de los hombres más representativos de Rusia. Se lamentaba en su misiva porque «una indiferencia abrumadora y una vulgaridad llevada a risas fue lo que acompañó a Chéjov hasta su tumba». No comprendiendo por qué el pueblo ruso le había pagado de esa manera, a un hombre que había trabajado y enseñado toda su vida para ellos. Un hombre íntegro que defendió con dignidad y sin renunciamientos los ideales por los que había luchado siempre, dejando ligado a ellos su recuerdo inmortal.

Para conocer más sobre la escritura:

Se escriben tres puntos dentro de paréntesis (…) o corchetes […] cuando al transcribir literalmente un texto se omite una parte de él.

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Los poetas y el recuerdo en la literatura

El recuerdo inmerso en la obra de incontables poetas a través del tiempo

«El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados»
Johann Paul Friedrich Richter (Jean Paul)

¿Qué es un recuerdo?

El recuerdo y los poetasRecordar es revivir en la memoria, aquellos momentos que nos causaron algún impacto determinante o significativo en nuestra vida.

El verbo recordar lleva incorporada implícitamente la palabra «corazón» puesto que deriva por etimología del bajo latín “recordare” (cf. it. “ricordare”), conformado por el prefijo re- (‘de nuevo’) y el elemento «cordare» que proviene del nombre «cordis» equivalente a ‘corazón’.

Literalmente entonces, recordar es «volver a pasar por el corazón». Creencias antiquísimas asumían que el corazón era el alojamiento natural de la memoria y encontramos vestigios de esta apreciación no sólo en nuestro verbo recordar y sus equivalentes en otras lenguas románicas, sino también en expresiones como estas:
En francés: apprendre par coeur (lit. «aprender de corazón»)
En inglés: know by heart (lit. «saber de corazón»)

De esta manera, las vivencias al ser recordadas adquieren una impronta personal, con la templanza que les otorga la propia experiencia.

Ahora bien, en el lenguaje del siempre sensible y mágico universo lírico la palabra «recuerdo» como tal, quizá sea, uno de los vocablos que agitan con más vehemencia esa pasión por escribir versos que invade a los poetas, en sus momentos de febril inspiración. Y en la mirada de esos poetas los recuerdos parecen invadir otra dimensión y alcanzar otras implicancias.

Prueba de ello, nos ofrecen innumerables poemas nacidos de la pluma de eximios poetas-escritores.

De Juan Ramón Jiménez:

Recuerdos¿Cuáles son mis primeros, o mis últimos, recuerdos? Ahondo en mi memoria y me pongo, como el andarín aquél, rojo y verde, con cascabeles que se perdían al fin de la calle Nueva, para reaparecer luego, sonoros, en la Plaza del Marqués, al comenzar su carrera, en el comienzo de mi vida, y pienso:… ¿Qué veo? Unas puertas de azotea, amarillas, con sol de las tres; una verja de madera vieja con campanillas azules donde se meten, en raudo tropel, los gorriones, porque llueve y truena; unas disciplinas en un granero; una viejecita dulce, de marrón, que saca de una alacena una cajita de cristales de colores y me la enseña; una luz misteriosa con que nos cruzamos en la noche de viento por el arroyo del Trasmuro…»

El recuerdo
Como médanos de oro,
que vienen y que van
en el mar de la luz,
son los recuerdos.

El viento se los lleva,
y donde están están,
y están donde estuvieron
y donde habrán de estar…
(Médanos de oro).

Lo llenan todo, mar
total de oro insondable,
con todo el viento en él…
(Son los recuerdos).

De Jorge Luis Borges:

Elegía del recuerdo imposible

Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas
y de un alto jinete llenando el alba
(largo y raído el poncho)
en uno de los días de la llanura,
en un día sin fecha.
Qué no daría yo por la memoria
de mi madre mirando la mañana
en la estancia de Santa Irene,
sin saber que su nombre iba a ser Borges.
Qué no daría yo por la memoria
de haber combatido en Cepeda
y de haber visto a Estanislao del Campo
saludando la primer bala
con la alegría del coraje.
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche
antes de perderse en el sueño
y que empujó por última vez
el 14 de febrero del 38.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca
para debelar una isla
que aún no era Inglaterra.
Qué no daría yo por la memoria
(la tuve y la he perdido)
de una tela de oro de Turner,
vasta como la música.
Qué no daría yo por la memoria
de haber oído a Sócrates
que, en la tarde la cicuta,
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad,
alternando los mitos y las razones
mientras la muerte azul iba subiendo
desde los pies ya fríos.
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.

De Antonio Machado:

Recuerdos

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

De Emily Brontë:

Recuerdo (Remembrance)
Frío en la tierra, y la nieve apilada sobre ti,
Lejos, muy lejos, el frío en la tumba triste.
¿Me he olvidado de amarte, mi único amor,
Cortada al fin por la implacable ruptura del Tiempo?

Ahora, en soledad, ¿mis pensamientos ya no flotan
Sobre los montes, en esa orilla del norte,
Descansando sus alas en las hojas de helecho
Que cubren tu noble corazón eternamente?

Frío en la tierra, y quince diciembres salvajes
Desde los cerros marrones se han derretido en primavera;
¡Fiel, de hecho, es el espíritu que recuerda
Después de esos años de cambio y sufrimiento!

Dulce amor de la juventud, perdonad, si me olvido de ti,
Mientras la marea del mundo me arrastra hacia adelante;
Otros deseos y esperanzas me atormentan,
¡Las esperanzas que oscurecen, pero no pueden borrarte!

Ninguna luz tardía ha iluminado mi cielo,
Ninguna mañana ha vuelto a resplandecer para mí;
Toda mi felicidad vino de tu vida,
Toda mi felicidad yace en la tumba contigo.

Pero cuando los días de sueños dorados perecieron,
E incluso la desesperación fue impotente para destruir,
Aprendí como la existencia podía ser apreciada,
Fortalecida, alimentada sin la ayuda del placer.

Entonces probé las lágrimas de una pasión inútil;
Destetada mi joven alma de tu anhelo póstumo;
Severamente negó su ardiente deseo de acelerar
El descenso hacia esa tumba que será mía.

Y, aún así, no me atrevo a dejarlo languidecer,
No me atrevo a caer en el dolor entusiasta de la memoria;
Una vez bebida profundamente la divina angustia,
¿Cómo podría anhelar el mundo vacío otra vez?

Queda claro que «hacer memoria» no es lo mismo que recordar. Hacer memoria, es una acción mental que trae al presente la imagen exenta de valor emocional de un pasado muerto, definitivamente concluido.

El recuerdoLos sentimientos inherentes al recuerdo son diferentes. Llevan consigo una vana esperanza de resurrección y renacimiento. Recordar se transforma en un anhelo no confesado de dejar que el presente sea fecundado por las vivencias del tiempo ido, evitando la repetición perpetua de sí mismo; y busca dejar que renazca el pasado volviendo a pasar lo que fue ese recuerdo por el corazón. Como decía el poeta latino Marco Valerio Marcial: «Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces.”

El eminente filósofo español José Ortega y Gasset, nos proporciona una clara explicación de esta interpretación etimológica: «El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos, esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón. (Dante diría per il lago del cor.)»

Por esa razón, los sentimientos que acompañan en cada caso al recuerdo son distintos dependiendo de una percepción subjetiva que puede abarcar un amplio espectro; desde el ayer luminoso de días felices que quedaron estampados en el libro de la vida, hasta la inefable nostalgia que despierta el hecho de hojear imaginariamente las desteñidas hojas de ese libro. Y muchas veces la melancolía, la añoranza y la tristeza se despiertan cuando vislumbran sutilmente lo transitorio, fugaz y efímero que fue la realidad vivida.

Y los poetas también saben que el recuerdo siempre tendrá el camino más fácil hacia la tristeza, cuando está acompañado por una fría soledad que les hace percibir esos vacíos que alguna vez estuvieron llenos de regocijo y poblados de momentos, donde las emociones desbordaban y la alegría de vivir estallaba con insistencia creando una ilusión de eternidad.

Tal vez eso explique la desesperanza que anida en el alma del poeta cuando describe un recuerdo en soledad, como lo definió el escritor francés Gustave Flaubert: «Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda.

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La teogonía de Hesíodo – Mitología y creación

Reseña literaria de La teogonía de Hesíodo – El mítico origen de los dioses

La teogonía de HesíodoPara comenzar a hablar del tema y descubrir qué es teogonía debemos remontarnos al origen “griego” de la palabra (Theogonía), el origen de los dioses. La teogonía es una obra que fue escrita por un poeta de la Antigua Grecia llamado Hesíodo, si bien existen distintas variantes en cuanto a la datación de su fecha de publicación, encontrándose entre el 700 y el 800 a.C.

En la teogonía, Hesíodo utiliza distintas formas de construcción basándose en tradiciones folklóricas existentes en Grecia y en otros lugares, a partir de las cuales genera una historia mítica que da sentido a la existencia de todo lo que nos rodea, partiendo de los dioses. Cabe destacar que, muchos de esos dioses relatados en la teogonía griega se corresponden a fenómenos físicos o naturales que han sido personificados adquiriendo sentimientos y comportamientos similares a los humanos.

Dentro de esta obra podemos reconocer dos importantes aspectos más del génesis de todo. Por un lado, la llamada cosmogonía como detalle del origen del cosmos; por el otro la antropogonía como explicación al surgimiento de los seres humanos.

Resumen de la Teogonía de Hesíodo

La Teogonía tiene su inicio con una referencia a las Musas del Helicón, las que Hesíodo identifica como influencia directa en su poesía. Las Musas del Olimpo, hijas del poderoso Zeus, llegaron a él y le contaron el origen de todos los dioses. El autor finaliza esta primera parte invocando el favor de los dioses. (Alrededor de cien versos)

Luego de este preámbulo se da inicio al relato de cómo el cosmos ha sido creado, al origen de los dioses y a las líneas de sucesión entre ellos. (Este segmento es el más extenso, llegando al verso mil aproximadamente). Una a una se van nombrando las cuatro generaciones de dioses para que, en una última etapa, dejen de relacionarse entre ellos para pasar a hacerlo con los humanos, y ver nacer los héroes.

Inmerso dentro de estas historias podemos encontrar distintos mitos como por ejemplo la castración de Urano, o la Titanomaquia (La lucha de Zeus con sus hermanos por el poder).

Según la Teogonía en primer lugar, surgió el Caos, como una especie de ser sin forma, que puede ser la nada y el todo a la vez, la falta de orden. De él nacieron Gea (La Tierra), Eros (El amor) y luego Nicté (La noche). De Gea nacieron Urano (El cielo) y Ponto (El mar), también Tártaro (Las famosas puertas del Tártaro que hablan del infierno). Al existir Érebo y Nicté pudieron surgir Éter y el día.

Esto, que parece ser un conjunto de especulaciones fantásticas y delirantes, constituye una de las primeras explicaciones de la existencia de todo. A partir de estos textos podemos ver como existe La Tierra, el cielo, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, y a fin de cuentas, de ello trata, de la lucha de estos dos últimos por el dominio de todo, y como fueron creados.

De Gea y Urano nacieron los Titanes, que por su horrorosa apariencia fueron encerrados por su padre en las profundidades de la Tierra. Cronos, el mayor de ellos, iracundo por la conducta de su padre, decidió quitarle el poder y destronarlo. Así contrajo matrimonio con su hermana llamada Rea, siendo advertido que, algún día, uno de sus hijos le quitaría el trono.

La teogoníaCada vez que Rea tenía un bebé, Cronos, intentando evitar su destino, lo devoraba. Rea, cansada de esto, decidió alejarse, luego del nacimiento de su hijo entregó al padre una piedra envuelta y logró engañarlo. Así surgió el poderoso Zeus, rey de todos los dioses.

La teogonía de Hesíodo es, sin duda, una historia entretenida que busca explicar el mundo, bajo los ojos de las personas de aquella época. Todo lo inexplicable, toda la existencia adquirió un significado en esta obra.

Dentro de la mitología, es una obra de sumo interés y que será capaz de mantenerlos asombrados (o al menos me ha parecido así) ya que de alguna forma hilvana los hilos de la existencia del universo, y del hombre, respondiendo preguntas que nos hemos realizado durante milenios.

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La vida es sueño – Calderón de la Barca

La vida es sueño: Paradigma del teatro barroco español – Pedro Calderón de la Barca

«Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son»

La vida es sueño Calderón de la BarcaLos misterios profundos de la vida abiertos a distintas lecturas, los intentos por conocer y dilucidar el insondable interior del alma humana y el destino del hombre, su predestinación o libre albedrío, fueron temas recurrentes en la literatura antigua y en la filosofía platónica; también en las tradiciones judía y cristiana y aparecen tratados con singular pericia en La vida es sueño, la magistral obra teatral nacida del genio e inspiración de Pedro Calderón de la Barca; uno de los poetas inmortales del Siglo de Oro español.

La vida es una comedia dramática que se presenta como un sueño que nos enajena y aparta de la realidad inmediata. Nos introduce en los recónditos vericuetos de la condición humana y su constante lucha entre elementos opuestos. ¿Vivimos o dormimos imaginando vivir?. ¿Nacemos libres o predestinados? Ese es el planteo, esa es la duda.

Pocas obras maestras de la literatura universal, han conservado la vigencia a lo largo del tiempo como este drama filosófico-religioso que llega hasta nuestros días proyectado desde el período seiscentista, pero hundiendo sus raices en mitos de tiempos inmemoriales.

La vida es sueño, obra cumbre del teatro barroco español, reúne todas las características que definen este estilo de manera contundente e inobjetable y fue estrenada en el año 1635. Consta de tres actos o jornadas. La primera de ellas tiene ocho escenas, contexto en el que se desarrolla toda la presentación de los personajes, sus características y la ubicación espacio-temporal de la historia. En el segundo acto, conformado por diecinueve escenas, aparece desplegado en detalle el conflicto o nudo. Y en la tercera jornada jornada, compuesta por catorce escenas, es donde se produce el desenlace o resolución del problema.

El drama está ambientado en un reino imaginario en tierras de Polonia y transcurre en una época indeterminada. Allí el rey Basilio, interpretando un viejo oráculo que predecía a su futuro hijo Segismundo rebelándose en contra suyo y destronándolo (y una vez convertido en un déspota tirano, el mismo Basilio acabaría postrado a sus pies); dispone encerrarlo desde su nacimiento en una torre y mantenerlo cautivo en secreto. Segismundo crece aislado y alejado del mundo de los mortales que imagina a su manera, viviendo miserablemente sin conocer su estirpe. Clotaldo su tutor, un leal e incondicional servidor del monarca está al tanto de la situación.

Rosaura, la protagonista que no sabe que es hija de Clotaldo, regresa al reino disfrazada de hombre, acompañada por el sirviente Clarín, un personaje pérfido y miedoso pero con fino sentido del humor. Su propósito es demostrar sus orígenes de nobleza a Astolfo, sobrino de Basilio, que la había despreciado por creer ilegítimas sus raíces familiares. En su camino Rosaura descubre por accidente la torre y consecuentemente la existencia de Segismundo, que termina enamorándose de ella.

Asistimos después al discurso del rey, ante toda la corte y sus sobrinos Astolfo y Estrella, en donde da cuenta de la verdadera historia de su hijo Segismundo.

Estrella y Astolfo serían declarados herederos tras casarse, si Segismundo supera el desafío al que será sometido. Rosaura pasa a ser en la corte dama de compañía de Estrella y, valiéndose de diversas estratagemas, descubre las verdaderas intenciones de Astolfo y que ella es hija de Clotaldo.

A pesar de cierto resquemor, el Rey decide llevar a cabo su experimento de comprobar si Segismundo está en condiciones de heredarlo y gobernar. Ordena que su hijo sea adormecido con una pócima alucinógena y trasladado desde su cautiverio al Palacio Real. Al despertar en palacio Segismundo reacciona comportándose de manera grosera, violenta y cruel, confirmando las sospechas de su padre con respecto a lo acertado de las predicciones astrológicas que anticipaban esa conducta. Esa misma noche decide encerrarlo de nuevo y bajo los efectos de un narcótico lo regresan a la prisión en la torre, pero previamente le hacen creer que todo ha sido un sueño.

De nuevo en la solitaria cárcel Segismundo cree convencido, que su estadía en el palacio fue tan sólo un sueño y recordando sobre todo al amor que le inspiró Rosaura, reflexiona sobre el bien perdido y su propia conducta altanera.

El ejército, sin embargo, una vez a conocida la existencia del príncipe se subleva negándose a aceptar a otro heredero extraño y con el apoyo del pueblo libera a Segismundo, que se convierte en un líder dispuesto a luchar contra su padre Basilio por el trono. En las luchas que se originan muere Clarín y Segismundo vencedor, es proclamado nuevo rey. Su padre, derrotado, se arroja a sus pies pidiendo clemencia, confirmando una parte de la predicción.

Pero Segismundo victorioso y habiendo aprendido la lección de la prudencia que siempre exigen las circunstancias importantes de la vida, se muestra ecuánime y piadoso. Manda encerrar en la torre al soldado rebelde que proclamó la revuelta y perdona a su padre Basilio. Posteriormente casa a Rosaura con Astolfo y él mismo contrae matrimonio con Estrella.

Segismundo, el hombre que había vivido en las sombras, encerrado como una bestia, padeciendo condiciones inhumanas, encontró la salida del laberinto que le permitió llegar a la luz y transformarse en un hombre justo, no en el tirano que había profetizado el oráculo.

El soliloquio de Segismundo que acontece al final del segundo acto, es uno de los pasajes más afamados en la historia teatral española.

Es verdad, pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Fin del Segundo Acto

Y no es menos digno de elogio el final de la obra:

¿Qué os admira? ¿Qué os espanta,
si fue mi maestro un sueño,
y estoy temiendo, en mis ansias,
que he de despertar y hallarme
otra vez en mi cerrada
prisión? Y cuando no sea,
el soñarlo sólo basta;
pues así llegué a saber
que toda la dicha humana,
en fin, pasa como sueño,
y quiero hoy aprovecharla
el tiempo que me durare,
pidiendo de nuestras faltas
perdón, pues de pechos nobles
es tan propio el perdonarlas.

Estamos ante una de esas obras distintas que deleita leer. Llena de matices y aciertos que nos inducen a reflexionar y tomar conciencia sobre los valores morales y sociales y la verdadera naturaleza de los sentimientos. Calderón de la Barca, creativo, ingenioso y desbordante de imaginación, propone con sus versos, metáforas y paradojas una visión profunda de la existencia del hombre, su libertad y la concreción de su destino. Además el desafío de conocerse a si mismo para lograr alcanzar el fin pretendido. El triunfo de la luz sobre la oscuridad.

La vida es sueño describe y define con elocuencia el significado del teatro barroco español, majestuosa culminación de una época inmersa en cambios trascendentes y desgarrada por una profunda crisis espiritual que, pese a todo, dejó a la posteridad una literatura deslumbrante.

El filólogo e historiador español Marcelino Menéndez Pelayo, ensaya una crítica al referirse a ciertos aspectos estilísticos y algunos recursos utilizados que a su criterio podrían haber sido más “naturales” y “sencillos”. En ese caso, sostiene, «no tendríamos reparo en afirmar que La vida es sueño, es una obra perfecta».

A lo que otros críticos, como el Dr. Peter Ivanov Mollov del Departamento de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Sofía, responden que «sería erróneo apreciar el arte dramático de Calderón desde nuestra perspectiva moderna. Los recursos del dramaturgo español no podían ser “naturales” ni “sencillos”, puesto que tales características contradicen la esencia de su arte y en general del arte barroco».

Pedro Calderón de la Barca fue un insigne escritor, dramaturgo y poeta español, caballero de la Orden de Santiago, nacido en la ciudad de Madrid el 17 de enero de 1600 y fallecido en la misma ciudad el 25 de mayo de 1681.

“Calderón es el genio que ha tenido más ingenio” dijo de él el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, fascinado por la calidad de la obra.

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