El Majabhárata – historia épica y mitología

El Majabhárata – Una obra tan interesante como extensa, pilar fundamental de una cultura

El MajabhárataEl Majabhárata es una obra antigua y extensa perteneciente a la India, que data probablemente del siglo III a.C. y en donde se detallan numerosas historias concernientes a la mitología de aquel país. Podemos encontrar referencias a esta interesante obra con distintos nombres, en general con juego entre sus letras o algunas líneas separando sílabas o incluso agregando otra hache, por ejemplo, el nombre Mahabhárata.

Majabhárata proviene del sánscrito y significa “La gran India” tomando en consideración que bhárata habla de clanes que pertenecían a la India, y Maha corresponde a “gran”. En algunas traducciones, sobre todo si aparece junto a otra palabra, puede interpretarse como “La gran batalla”.

Como se extrapola del párrafo anterior, está escrita en sánscrito y es tan largo que se considera la segunda obra del mundo en extensión, luego de los “Cuentos Tibetanos”. Para tener una referencia estimativa el Majabhárata cuenta con más de 100 mil líneas, el cuádruple que la Biblia, y podría ser casi diez veces más larga que la Ilíada y la Odisea Juntas.

Existen muchas diferencias de pensamiento en cuanto a su datación exacta y en cuanto a quién pudo haber escrito la obra. Algunos eruditos la consideran relacionada con un escritor mítico de la India, llamado Viasa, el creador de los famosos Vedas (obras cruciales en la cultura hindú), y en ese caso podría miles de años de antigüedad. Sin embargo, existen algunas incongruencias entre traducciones del idioma, lo que no apoyaría esta hipótesis. Muchos estudiosos consideran que la época de publicación de la misma sucedió alrededor de tres o cuatro siglos a.C.

Son importantes también, como en otros textos similares de otras regiones, las modificaciones folklóricas que han ocurrido a lo largo del tiempo y que se corresponden con la transmisión oral obligada, previa a una escritura certera y resguardada.

Cuenta la historia que el gran Dios llamado Brahmá, que había dado inicio a todo, llegó a la tierra y le encargó a Viasa que, a través de alguien que tomara nota (Ganesha, el Dios con cabeza de elefante), dejara preservado todo su discurso. Debido a que quien realizaba las anotaciones no podía hacerlo con la velocidad del pensamiento de Viasa, mucho de lo que se pensaba resultó perdido. No es posible confirmar el origen de esta obra mitológica, pero si es muy posible que gran parte de la misma se haya perdido o alterado por la necesidad de transmisión oral.

El Majabhárata está estructurado en dieciocho libros, luego de los cuales podemos encontrar un apéndice que consta de más de dieciséis mil versos. En una vista amplia cuenta la historia de las batallas que existieron por el poder del reino del clan Kuru, en donde las distintas dinastías intentan hacerse con su dominio. El final de la guerra es la batalla de Kurukshetra en donde el dios Krisná fallece.

Existe una versión aún más fantástica de la elaboración del Majabhárata en la que Ganesha acepta transcribir la obra, pero con la condición de que Viasa logre interpretarla de corrido, sin pausa. Debido a la gran extensión de la misma, Viasa redobló la apuesta y solicitó que Ganesha entendiera lo que escribía antes de continuar, y así pudo interponer breves pausas a su relato. Fue tal la velocidad de escritura, que el gran Dios cabeza de elefante perdió uno de sus colmillos, intentando utilizarlo para redactar la obra con su propia sangre.

Más allá de estas historias, es muy probable que la dificultad, tanto al recitar la obra y las tradiciones orales como la de escritura, haya sido de gran importancia. De hecho, es una obra que por su extensión y complejidad se considera un tanto difícil de comprender del todo.

MahabhárataEl Majabhárata es una obra que contiene, quizás, la esencia de todo lo que existe en base al hinduismo. Es la lucha entre el bien y el mal, el retrato de bellezas y calamidades, de dioses y demonios, del origen de todo.
Es probable que, en el contexto de ser considerada una obra tan importante para la India, no tomemos real consideración de lo que supone para la literatura universal, y es que más allá de sus aspectos regionales, este conjunto de libros constituye una verdadera joya de la literatura, ya sea por su importancia histórica, su construcción, por su antigüedad, y por los conocimientos que la componen.

Por desgracia para nosotros, no existe una traducción completa de la obra al lenguaje español. Es sabido que se están realizando traducciones al inglés y luego sea el turno de nuestro idioma, por lo que para poder acceder a esta impresionante obra, deberemos esperar un poco más (salvo el caso de quienes hablen inglés o conozcan el sánscrito).

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La tuberculosis – Estragos en la literatura

Reseña literaria del impacto de la tuberculosis a lo largo de la historia de la literatura, afectando y acabando con la vida de numerosos escritores.

Tuberculosis y literaturaLa tuberculosis es una temible enfermedad que ha hecho estragos en las poblaciones a lo largo de la historia. Si bien existen subtipos, la mayoría es causada por una bacteria llamada Mycobacterium Tuberculosis o Bacilo de Koch y el órgano primordial atacado es el pulmón si bien puede presentarse en otros sitios. Fue descripta por primera el 24 de marzo de 1882 por Robert Koch, trabajo por el cual recibió el Premio Nobel de Medicina en el año 1905.

La tuberculosis ha afectado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, siendo llamada en la antigüedad como “tisis” y acabando con la vida de millones de personas. No es de extrañar, entonces, que, habiendo ocasionado tanto daño, haya afectado también a importantes referentes de la literatura, siendo conocida incluso como “La enfermedad de los poetas”.

Se podría llegar a pensar que al referirnos a la tuberculosis hablamos de un estigma del pasado, ya superado, pero lo cierto es que la Organización Mundial de la Salud aún atribuye a esta terrible enfermedad un gran numero de fallecimientos por su causa, sin contar la morbilidad de millones de personas que conviven con la misma.

Haciendo un breve recorrido por la historia de la literatura podemos encontrar que los siguientes escritores padecieron o fallecieron a causa de la tuberculosis:

Friedrich Schiller: Johann Christoph Friedrich Schiller fue un poeta y dramaturgo alemán, nacido el 10 de noviembre de 1759 y fallecido el 9 de mayo de 1805. Es considerado como uno de los dramaturgos más importantes de Alemania y el mundo.

Es probable que Schiller haya contraído tuberculosis a finales del siglo XVIII. En febrero de 1805 su enfermedad comprometía seriamente su calidad de vida, encontrándose muy deteriorado. En mayo de ese mismo año, sufrió una grave infección respiratoria (ayudada por el daño producido por el bacilo) que acabaría con su vida. En la autopsia no sólo encontraron afectados sus pulmones sino también diversos órganos del cuerpo.

Antón Pávlovich Chéjov: Fue un médico, escritor y dramaturgo ruso, nacido en enero de 1860 y fallecido en julio de 1904. Se lo considera uno de los más importantes escritores de la literatura rusa y universal.

El diagnóstico de su enfermedad fue temprano, probablemente contagiada por alguno de sus pacientes, alrededor de 1880. Para mejorar su salud viajaba con frecuencia a Francia debido a que el clima de ciertas regiones lo hacía sentirse mejor, evitando la crueldad del frio en el invierno ruso. En 1904 la tuberculosis avanzó con agresividad, apagando su llama el 15 de julio.

José Gautier Benítez: Fue un reconocido poeta nacido el 26 de febrero de 1848 en Puerto Rico. Su vida lo acercó al servicio militar español pero la melancolía por su tierra natal lo hizo regresar para dedicarse a las letras. Falleció en el año 1880 a causa de la tuberculosis.

Gustavo Adolfo Bécquer: Fue uno de los más grandes poetas de la literatura. Nació el 17 de febrero de 1836 en Sevilla y falleció el 22 de diciembre de 1870. Su poesía lo ha ubicado como uno de los más importantes referentes del romanticismo español.

Se le diagnóstico la terrible enfermedad en el año 1857, pero no fue hasta 1863 que sufrió una grave recaída. Para mejorar su salud se trasladó a vivir con su hermano a un monasterio en Zaragoza, y luego de recuperarse volvió a Sevilla. En 1870, enfrentando el clima frío de diciembre, sufre un deterioro de su salud y fallece a causa de la tuberculosis (si bien su salud se veía afectada por otras enfermedades. Es sabido que su muerte coincidió con un eclipse total de sol, y que en sus últimos deseos solicitó que sus cartas fueran quemadas, más no sus versos que eran tenidos en mayor estima por el poeta.

Emily Brontë: Fue una célebre escritora británica creadora de la inolvidable “Cumbres borrascosas”, nacida el 30 de julio de 1818 y fallecida el 19 de diciembre de 1848.

Emily falleció a la temprana edad de 30 años, siendo afectada por la tuberculosis y habiéndose complicado con una infección respiratoria sobreagregada. Anne, una de sus hermanas y también escritora, fallecería unos pocos meses después devastada por la misma enfermedad.

George Orwell: Eric Arthur Blair fue un escritor británico de excelencia y uno de los más grandes de la literatura. Nació el 25 de junio de 1903 y falleció el 21 de enero de 1950. Su pseudónimo George Orwell se asocia con facilidad a dos obras increíbles, llamadas “1984” y “Rebelión en la granja”.

George Orwell falleció en Londres debido a la tuberculosis, posiblemente contraída alrededor de 1930 en una época donde lo alcanzó la miseria y debió vivir en la extrema pobreza, relatado en una de sus novelas llamadas “Sin blanca en París y Londres”. Un año antes de su muerte contrajo matrimonio, pero su salud se deterioró rápidamente, obligándolo a concurrir asiduamente a hospitales.

Franz Kafka: Fue un escritor de origen judío, nacido en República Checa, el 3 de julio de 1883. Se encuentra reconocido en los círculos culturales como uno de los más importantes e influyentes de la literatura universal. Falleció el 3 de junio de 1924 debido a complicaciones de su padecimiento, la tuberculosis.

El diagnóstico de la enfermedad se produjo en el año 1917 lo que limitó su posibilidad de trasladarse debiendo concurrir con frecuencia al médico, siendo ayudado por su familia (sobre todo su hermana). En 1923 sufrió una infección respiratoria que agravó su estado, y un año más tarde la tuberculosis afectó su laringe por lo que debió dejar de alimentarse con sólidos. La última etapa de la vida del escritor fue muy dolorosa, falleciendo el 3 de junio de 1924.

Walt Whitman: Fue un poeta, ensayista y periodista estadounidense, nacido el 31 de mayo de 1819 y fallecido el 26 de marzo de 1892. Es considerado un precursor casi obligado de la poesía moderna estadounidense y un referente en la literatura mundial, llamado por algunos el padre del verso libre.

Si bien su estado de salud se afecto luego del accidente cerebro vascular ocurrido en el año 1873, continuó con su vida y carrera literaria. En marzo del año 1892 vio escapar su vida. Una autopsia posterior revelo el profundo daño que sus pulmones habían recibido por parte de la tuberculosis, a un extremo que incluso hubiera sido difícil respirar.

Robert Louis Stevenson: Fue un novelista, ensayista y poeta escocés, famoso por algunos clásicos de la literatura como “La isla del tesoro”, o El extraño caso de doctor Jekyll y Mr. Hyde”. Ha resultado ser un hombre de enorme influencia en la literatura posterior. Nació el 13 de noviembre de 1850 y falleció el 3 de diciembre de 1894.

Si bien no pereció de tuberculosis, se sabe que fue afectado por la misma desde muy temprana edad, entre los veinte y los treinta años. Llegó a considerar que su vida no valía, torturado por los síntomas de la enfermedad. Un accidente cerebro vascular puso fin a su sufrimiento en el año 1894.

Edgar Allan Poe: Fue un poeta, escritor y estadounidense considerado uno de los más grandes de la literatura. Nació el 19 de enero de 1809 y falleció el 7 de octubre de 1849.

Si bien existe cierto misticismo sobre los padecimientos de Poe, y sobre su muerte, se cree que padecía la enfermedad si bien no falleció por su causa. La familia de Poe, por otro lado, sufrió el embiste de la tuberculosis llegando a afectar al gran escritor.
Como pueden ver no son pocos los casos en que esta temible enfermedad ha golpeado contra los escritores, en muchos casos, torturándolos, en otros finalizando su vida. Se dice que muchos otros escritores pudieron llegar a padecer tuberculosis, si bien los registros no son claros y aparecen vestigios de algunas otras afecciones como por ejemplo la Sífilis.

En la actualidad y con el avance de la medicina, existen algunas alternativas como la vacuna para prevenir las formas graves de la misma, o algunos tratamientos Para combatirla. Sin embargo, con el advenimiento del HIV y debido a las condiciones de pobreza y hacinamiento cada vez más graves en algunas poblaciones, el problema está lejos de haberse solucionado.

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Pablo Neruda – Veinte poemas de un amor frustrado

Pablo Neruda, Albertina Rosa y los veinte poemas de un amor frustrado – La historia de una de las obras de poesía más reconocidas de la literatura

Pablo Neruda - Veinte poemas de un amor frustradoUna de las obras líricas de mayor renombre y difusión universal en lengua española es, sin duda, el libro de versos Veinte poemas de amor y una canción desesperada que un jovencísimo Pablo Neruda publicara en aquel lejano 1924, cuando tenía apenas 20 años. El poemario se convirtió desde entonces, en referente obligado de una interminable pléyade de amantes eternos, que admiraron incondicionalmente las melancólicas definiciones del amor narradas en estrofas maravillosas y que aún brillan con una luz genuina que el paso del tiempo no pudo opacar.

Desde su aparición, el libro fue recibido entusiastamente por ávidos lectores y ha sido traducido a innumerables idiomas. Con su estilo, que distaba mucho de ser meramente retórica de amantes, Neruda transformó en verso casi todo lo que vió y vivió: su tierra, montañas, piedras, el mar, manantiales, ríos y animales, su vida de navegante y de político, su adoración por las caracolas y los mascarones de proa, los cuerpos estilizados de las mujeres; también la libertad para elegir con quién estar y cuándo estar.
Este legado lírico, se puede separar por épocas y en tres facetas: el poeta del amor, la poesía de lo cotidiano y una poesía política, dirigida a la toma de conciencia por las reivindicaciones y luchas estudiantiles y sociales.

Durante su primera etapa de escritor, siendo muy joven, su poesía estuvo marcada por sus experiencias amorosas y prima en ella la nostalgia y el romanticismo apasionado, pero también tierno, inocente, a veces candoroso. Conoció a muchas mujeres y probablemente haya tomado algo de cada una como motivación. Pero ¿quién fue la musa literaria de esos veinte bellísimos poemas que toda mujer hubiera deseado inspirar?.

El propio Pablo Neruda, para evadir esa obligada y repetida pregunta que le hicieron durante toda su vida, siempre respondió escudándose en el misterio: “Fueron básicamente dos mujeres, Marisol, la del campo y Marisombra, la citadina”. Además comentando sus libros “Para nacer he nacido” y “Confieso que he vivido”, aclaró que nunca había dedicado sus versos a ninguna mujer en especial y que lo que la gente ha creído y opinado de sus ‘musas inspiradoras’, son apreciaciones totalmente inexactas. El eximio poeta chileno se llevó a la tumba su secreto.

Pero muchos años más tarde y no obstante esa negativa rotunda, se demostró que la musa había existido realmente y el misterio que había permanecido inescrutable por décadas, fue develado cuando en 1975 el historiador chileno Sergio Fernández Larraín dio a conocer el nombre y apellido de una una mujer, que no era precisamente imaginada, se llamaba Albertina Rosa Azócar Soto y mantuvo con Neruda un romance juvenil que duró desde 1922 hasta 1932, período en el que el poeta le escribió 111 cartas de amor, que Albertina guardó celosamente en secreto durante más de medio siglo.

Pero la cautivante historia resulta más auténtica leída de las propias palabras de Albertina, que se transcribieron de la conversación que sirve de prólogo a la edición oficial de las Cartas, hecha en Madrid, en 1983, por el Banco Exterior de España, con ensayos de los prestigiosos poetas Vicente Alexandre (Premio Nobel de Literatura 1977) y Jorge Guillén; y escritos de Rafael Alberti y Paco Umbral:

“Es una antigua historia…Yo tendría entonces diecinueve años y Pablo era un año más joven. Nos conocimos en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile que quedaba en Alameda con Cumming. Los dos estábamos matriculados en francés y éramos compañeros, aunque Pablo pertenecía a otro grupo. El Instituto era un viejo edificio de dos plantas, con una sala de actos en la que celebrábamos reuniones los sábados. Había estudiantes que componían poesías. Pablo estaba entre ellos y recitaba con aquel tono suyo lento y grave: desde el fondo de ti, arrodillado, un niño triste como yo nos mira…”(…)

“Yo solía remedarle, junto a unas compañeras de curso, cómo recitaba Pablo sus poemas. No sé cómo, de repente, comenzamos a sentarnos en una de aquellas largas bancas de la clase, con otros poetas que también estudiaban allí. Así comenzamos a conversar y a pasear juntos, después de las clases en el Pedagógico. Al volver a casa, a la pensión en que vivía con mi hermano Rubén, Pablo me acompañaba” (…)

“A mi hermana no le agradaba, porque mi familia era muy conservadora y los poetas tenían mala fama. Además, Pablo era muy delgado, taciturno, de cara macilenta. Iba muy abrigado con capa, porque su padre era ferroviario y entonces les daban unas capas enormes, largas… Le recuerdo con aquella capa y sombrero, como a veces se dibujaba, de negro.
Era algo más alto que yo y era tan joven, tan enamoradizo… No sé, a muchas chiquillas les gustaban los poetas. Cuando me escribía, por ejemplo, tenía acá dos, tres, cuatro amores”.

“De los versos que a mí me dedicó, el que más me ha gustado y quizás el más popular, es el poema quince, el Poema del silencio: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”(…) Es verdad que en sus cartas se quejaba de que no le escribía, pero es que mi carácter es así. Yo le quería mucho, pero no soy de esas personas que se muestran apasionadas ni ninguna de esas cosas.” (…)

“En realidad, le escribía poco, porque toda esta historia de nuestra correspondencia para mí estuvo llena de dificultades. Yo tenía que sacar las cartas del correo a escondidas, porque en mi casa eran terribles para esto y me escondía también para escribirle y poner las cartas. Me controlaban todas las salidas; ni con amigas me dejaban salir.” (…) Nuestras relaciones en Santiago duraron un año y medio más o menos. Me habría casado con él, pero volví a Concepción para terminar los estudios, hacer mi Memoria y trabajar en una escuela experimental al lado de la Universidad. Pablo terminó los cuatro años en el Pedagógico.” (…)

Después siguieron tiempos de encuentros y desencuentros, las separaciones y dificultades cada vez mayores para verse y estar juntos, consecuencia de los frecuentes viajes de Neruda, un retrato de Albertina enviado por ella a la India, las cartas que llegaban tarde, mal o nunca. Y el desgaste comenzó a deteriorar la relación de la pareja.
Mientras ocupaba el consulado chileno de Ceilán en diciembre de 1929, él le escribió desesperado: “me estoy cansando de la soledad y si tu no vienes trataré de casarme con alguna otra”. Al poco tiempo, Pablo conoció en Java a “Maruca” María Antonieta Hagenaar Vogelzang y después de sólo cuatro meses de cortejo, se casó con ella a fines de 1930. Era una mujer altísima, lenta, de modales solemnes y sin ningún interés o relación con la literatura. Es un hecho que Neruda se casó con ella, porque la soledad que sentía en esos rincones del mundo lo tenían devastado y cansado de esperar en vano a Albertina.

En la última carta que Neruda le escribe, fechada el 11 de julio de 1932, expresa: “Tengo tanto que hablarte, reprocharte, decirte. Me acuerdo de ti todos los días (…)

Albertina por su parte, conoció un día en casa de su hermano Rubén, al escritor Ángel Cruchaga Santa María, diez años mayor que ella, solterón, de modales finos, muy tranquilo y que no tenía nada de la bohemia de Pablo. Terminó casándose con él; y entonces, el amor con Neruda se tornó imposible.

En esa correspondencia publicada sin un consentimiento total de Albertina, había esquelas, poemas, postales, anotaciones escritas en billetes de ferrocarril, en servilletas, en trocitos de papel, incluso con dibujos del poeta y Neruda aludía a su enamorada con atrevidos y sugerentes encabezados: Mocosa de mi alma, Mala pécora, Pequeña canalla, Ratoncilla, Caracola, Abeja, Fea mía, Querida mocosa, Netocha, Arabella, Muñeca adorada, Niña de los secretos y algunos más.

En una de sus notas expresaba a modo de poesía:

“Albertina Rosa, mariposa.
Collar de lumbres sobre las cosas.
Es la hora de las rosas, la hora que no cesa.
Acosa, besa la poderosa cabeza
del que te apresa, te roza y te besa.
En todas las cosas, dulce y divina
Albertina Rosa”

Y en otra de sus cartas, Neruda escribió:

“Querida mocosa. El domingo me voy a Temuco. ¿Qué te han dicho de mí, mi chiquilla bonita?. No sé. Aquí, ayer, remolcamos una gibia rosada. Te mandaré unas vistas. ¿Rezaste por mi alma? ¡Ah!, estoy condenado. ¿A qué hora te levantas?

Esta tarde escribiré en la arena tu nombre: ALBERTINA.”

“Me contarás largamente lo que has hecho y lo que haces, y qué piensas. Ya llegarás hoy a tu casa mientras te escribo, es martes en la mañana.

He pasado estos tres días leyendo y fumando; mientras tenga libros que leer y tabaco no me aburriré. Pienso estar todo el mes aquí.
Ahora te copio unos versos.” (…)

Al lado de mí mismo, señorita enamorada,
¿quién sino tú, como el alambre ebrio,
es una canción sin título?
Ah, triste mía, la sonrisa se extiende
como una mariposa en tu rostro.
Y soy el que deshoja nombres y altas
constelaciones de rocío
en la noche de paredes azules, alta sobre tu frente,
para alabarte a ti, palabra de alas puras,
el que rompió su suerte, siempre, donde no estuvo.
Por ejemplo, es la noche rondando
entre cruces de plata
qué fue tu primer beso, para qué recordarlo,
yo te puse extendida delante del silencio,
tierra mía, los pájaros de mi sed te protegen
y te beso la boca mojada de crepúsculo.
Es más allá, más alto.
Para significarte amaina una espiga.
Corazón distraído, torcido hacia una llaga.

“Me he tomado el insoportable trabajo de copiarte esto de mi próximo libro para saber si te interesa algo de lo que escribo para ti. Tú me das una sensación de indiferencia que me abre la curiosidad. Espero que esta carta no se pierda, ¿tienes otra dirección más segura? ¿Enfermita saldrás a buscar al correo estas palabras sin importancia?
Escríbeme con generosidad y recibe besos para mucho tiempo.
Tu Pablo

Amores efímeros como el de Teresa Vásquez y María Parodi, inolvidables como el de Albertina, de compromiso como Maruca y el amor completo por su compañera de tantos años, Matilde Urrutia, seguramente hicieron vibrar la fibra íntima de Pablo Neruda poeta. Al margen de eso, justo es reconocer que no alcanza sólo la ayuda de las musas para escribir como él lo hacía. La clave, fue el singular talento que lo llevó a ser un escritor genial.

Compartimos algunos fragmentos de Veinte poemas de amor y una canción desesperada: 

Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia
mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso.
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.
(poema 1)

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.
(poema 6)

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, ¿dónde estabas?
¿Entre qué genes?
¿Diciendo qué palabras?
¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
(poema 10)

Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena, dulce y definitiva,
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
(poema 19)

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
(poema 20)

Es la hora de partir, la dura y fría hora
que la noche sujeta a todo horario.
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa,
surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.
Abandonado como los muelles en el alba,
sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.
Es la hora de partir. Oh abandonado.
(una canción desesperada)

Pablo Neruda no olvidaría nunca a Albertina, su primer amor adolescente y muy mayor volvería a evocarla en ”Memorial de Isla Negra” como Rosaura, esa ”pasajera color de agua”, recordando los tiempos en que se paseaban tomados de la cintura por las orillas del Mapocho, soñando con el Sur: Rosaura otoño, lejos/ luna de miel delgada/ campanita taciturna…!
Tal vez tenía razón el escritor español Noel Clarasó (1899-1985) que alguna vez con sutil pesimismo escribió “El hombre y la mujer han nacido para amarse, pero no para vivir juntos. Los amantes célebres de la historia vivieron siempre separados”.

Para conocer más:

  • Aibertina Azócar, falleció en Santiago de Chile el 11 de octubre de 1989, a los 87 años.
  • Con respecto a las famosas cartas, relataba también Albertina en el prólogo: “La historia, después, de las cartas es otra. Vivíamos mi marido y yo en La Reina, en una parcela donde construimos una casita. Entonces tenía ahí todas mis cosas y Ángel tenía su biblioteca. Cuando él murió, no tenía objeto dejar la parcela abandonada; la vendí y me mudé a Santiago. En el nuevo departamento no cabían las cosas y estaba todo amontonado. Un día, buscando algo entre los libros, de repente apareció una caja donde yo tenía guardadas las cartas, desde toda la vida. Nunca nadie las había visto. Ni en mi casa, porque yo tenía un velador donde las metía bajo llave cuando me llegaban. ¡Si entonces me hubieran visto una carta…!
    Y ahí estaban, casi rompiéndose por el tiempo. Sí, ¿cuánto tiempo? Sesenta años; sesenta años…”
  • ¿Por qué aparecieron estas cartas privadísimas en poder de Fernando de la Lastra? Debido a que era sobrino del esposo de Albertina, Ángel Cruchaga Santa María. Al morir éste, ella decide deshacerse de la biblioteca y le pide a Fernando que le compre los libros. Éste se interesa y adquiere una parte de la colección pagando el valor que Albertina establece. Además, la ayuda a deshacerse del resto. Ella, agradecida, le entrega una caja de cartas. “Son para usted. Es un regalo”, le explica.
    Fernando de la Lastra revisa posteriormente ese material y advierte la importancia que tiene para los estudiosos de Neruda. Conservó las cartas en su poder durante cuatro años y luego decidió darlas a conocer al público. En ese tiempo, Albertina jamás intentó siquiera recuperarlas.
  • Después de la publicación, comenzó una serie de demandas y querellas, entablados por varias personas que se sintieron perjudicadas. (entre ellas Albertina y Matilde Urrutia)
  • Entre corchetes […] o entre paréntesis (…), los puntos suspensivos indican la supresión de una palabra o un fragmento en una cita textual.

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Los devoradores de hombres de Tsavo

Reseña literaria del libro Los devoradores de hombres de Tsavo de John Henry Patterson – La descripción de la realidad más cruda.

Los devoradores de hombres de TsavoLos devoradores de hombres de Tsavo es el nombre impuesto a dos temibles leones que entre los meses de marzo y diciembre de 1898, atacaron y quitaron la vida a más de treinta empleados de la compañía encargada del Ferrocarril que debía unir Kenia con Uganda.

En ese año el teniente coronel John Henry Patterson fue trasladado a dicho territorio y nombrado ingeniero en jefe para la construcción de un puente en el río Tsavo, ubicado en Kenia. En dicho periodo de trabajo las sombras de dos leones, aunque en un comienzo se pensó que eran leonas por la ausencia de melena, produjeron estragos entre los trabajadores, atacándolos por las noches y sumiéndolos en el terror más profundo.

Cuenta la historia que los devoradores de hombres de Tsavo visitaban el campamento durante la noche, rasgando las tiendas de campaña y llevándose a los indefensos trabajadores para devorarlos en la oscuridad. A pesar de haber construido murallas, hogueras, y colocar vigías, nada parecía asustar a los temibles felinos que, al llegar la noche, arremetían contra sus presas.

Devoradores de hombresEl coronel Patterson logró abatir al primero de ellos el 9 de diciembre de 1898 mientras que el segundo resultó herido. Tres semanas después (el 29 de diciembre) logró acabar con el segundo león, que, luego de resistir numerosos disparos de su rifle, fue muerto por un disparo en la cabeza de una carabina, a pesar de que, en su agonía, el león continuaba intentando asesinarlo. La historia cobró vida y fama debido a la ferocidad de los leones que, en general no suelen atacar a grandes grupos de personas, ni mucho menos lograr asesinar a tantos hombres.

No existe precisión en la cantidad de hombres muertos que acarreó este suceso ya que Patterson llegó incluso a asegurar que se trataba de más de cien personas. La ciencia actual explica que probablemente no se trató de más de treinta y cinco trabajadores.

Los devoradoresEl coronel Patterson elaboró dos alfombras con la piel de los leones con las que amobló su domicilio durante más de veinte años, tiempo en el que fueron adquiridas por el Museo de Chicago y reestructuradas a una forma similar a la original.

En el año 1907, 9 años después del suceso, John Henry Patterson publicó Los devoradores de hombres de Tsavo, un libro que retrataría el horror vivido para llevarlo a la posteridad.

EL hecho ha sido fuente de numerosas investigaciones debido al extraño comportamiento de los felinos. Es sabido que en esa época existió una peste que atacó al ganado bobino, reduciendo en gran parte su número, disminuyendo la oferta de comida para los leones que debían recurrir a otras fuentes de alimento. Existe una teoría que habla de que uno de los felinos se encontraba enfermo y su dentadura estaba afectada, lo que no le permitía hacerse con presas habituales, obligándolo a atacar a los seres humanos.

Muchos otros investigadores hablan de que es probable que al alimentarse de carroña pudieran verse habituados a consumir cadáveres de personas, y esto pudo haber modificado su comportamiento.

Lo cierto es que, en vista a la modernidad, eran las personas las que invadían el territorio de los animales, expulsándolos y obligándolos a reaccionar ante el embiste de la humanidad.

Nunca se sabrá cuántas personas perdieron la vida en la construcción de ese puente, en las mandíbulas de estos feroces leones. Recientes estudios con marcadores radio-isotópicos aseguran que cada león pudo haberse alimentado de la carne de alrededor de diez personas. Es probable que el número de treinta y cinco, o hasta cien, haya sido dado para aumentar la “grandeza” de la cacería de estas fieras.

Se han realizado numerosas adaptaciones cinematográficas de esta historia. En el año 1952 apareció Demonios de Bwana. En la década de los ´90 se emitió “El fantasma y la oscuridad”, también traducida como “Los demonios de la noche” o “Garras” en países de habla hispana, interpretada por Val Kilmer.

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Lord Byron, Londres y sus placas azules

La historia de las placas azules de Londres y su relación con el gran escritor Lord Byron

Placas azules de LondresLondres, una de las ciudades más atractivas del mundo por historia y patrimonio cultural, tiene en sus calles una característica peculiar que no pasa desapercibida para los visitantes curiosos. Ese rasgo singular no es otro que una importante cantidad de placas azules que, como emblema permanente y distintivo, están instaladas en edificios significativos e indican un vínculo entre ese lugar y algún morador o acontecimiento destacado que lo tenga como referente. Se reconoce de esa manera a personajes ilustres y universales que en algún momento de su existencia, residieron en la capital de Inglaterra aportando y engrandeciendo el acervo histórico cultural londinense.

Existen más de 850 placas conmemorativas en la ciudad, aunque la cifra debiera ser mayor, ya que más de 100, fueron quitadas o destruidas durante demoliciones de los edificios donde se encontraban.

La idea de colocar estas placas en las calles se originó durante el siglo XIX y es una costumbre se ha conservado hasta la fecha; está regulada por el organismo English Heritage (Patrimonio Inglés). Actualmente esta costumbre se está imitando en otras grandes urbes de todo el mundo como París, Francia, Roma, Italia, Oslo, Noruega, Dublín, Irlanda, Polonia, Canadá, Australia y Estados Unidos, así como otras ciudades del Reino Unido.

Según el criterio utilizado por el English Heritage, para otorgar el reconocimiento, el personaje famoso debe:
1) Haber muerto hace 20 años o haber cumplido más de 100 años.
2) No ser considerado personaje de ficción.
3) Ser considerado una eminencia por la mayoría de los personajes más importantes de su misma profesión.
4) Haber hecho alguna contribución al bienestar de la humanidad.
5) Haber vivido en el edificio por un periodo significante.

Algunas de las placas azules que se conservan, son las alusivas a:

Charles Dickens: 48 Doughty Street, WC1N 2LX
Karl Marx: 28 Dean Street, Westminster WD1 3RA
Mozart: 180 Ebury Street SW1 8UP
Sir Isaac Newton: 87 Jermin Street, SW1Y 6JD
Gandhi, Mahatma: Kingsley Hall, Powis Road, E3
Charles Darwin: Gower St WC1E 6BT (edificio de biological sciences)

La placa azul más antigua que aún permanece instalada, es la de Napoleón III en St. James, que data de finales del año 1867.

Paradójicamente, la primera personalidad prominente que recibió la placa en homenaje ya no la tiene. Esa primera placa fue emplazada en 1867 en la casa situada en 24 Holles Street, Cavedish Square, lugar de nacimiento del admirado poeta inglés George Gordon Byron (más conocido como Lord Byron). Este edificio fue demolido a los pocos años y no han quedado registros del destino de la placa conmemorativa.

Sobrados méridos literarios hicieron merecedor de la distinción a Lord Byron, un hombre imposible de definir en pocas líneas de datos biográficos y que hizo de su propia vida una novela legendaria, pero que si podremos conocer, a través de la lectura de algunas de sus obras, verdaderas joyas de su exquisito arte lírico.
El amor, el dolor y las lágrimas de una separación, los recuerdos, le lejanía, la nostalgia y el silencio, eternas obsesiones de los poetas que Lord Byron plasma en versos memorables como los que a continuación compartimos:

La lágrima. (The tear)
Cuando el amor o la amistad debieran
a la ternura despertar el alma,
y ésta debiera aparecer sincera
en la mirada,
podrán los labios engañar fingiendo
una sonrisa seductora y falsa;
pero la prueba de emoción se muestra
en una lágrima.

Una sonrisa puede ser a veces
un artificio que el temor disfraza,
con ella puede revestirse el odio
que nos engaña;
mas yo prefiero para mí un suspiro
cuando los ojos, expresión del alma,
por un momento miro obscurecerse
con una lágrima.

El hombre surca el ignorado Océano
con el soplo del viento que lo arrastra,
en medio de las olas bramadoras
que se levantan;
se inclina…y en las olas procelosas
que amenazantes a su nave avanzan,
mira el abismo y sus aguas turbias,
mezclan una lágrima.

En la carrera de la noble gloria,
el valeroso capitán se afana
por ganar con su muerte una corona
en las batallas;
pero levanta al que postró en el suelo
y sus heridas compasivo baña,
una por una, en el sangriento campo,
con una lágrima.

Y cuando vuelve, henchido de ese orgullo
que hace latir el pecho que avasalla,
cuando teñida en enemiga sangre
cuelga su espada,
la recompensan todas sus fatigas
al abrazar a su consorte amada
y al darle un beso en sus mejillas húmedas,
con una lágrima.

Dulce mansión de mi niñez perdida,
donde la franqueza y la amistad gozaba,
donde en medio de amor vi deslizarse
las horas rápidas;
yo te dejé con un hondo sentimiento,
volví hacia ti mis últimas miradas,
y apenas puede percibir tus torres
tras una lágrima.

Aunque no puedo repetir, como antes,
mi juramento a mi María cara,
a la que fuera para mí otro tiempo
fuego del alma;
tengo presentes los felices días
en que, niños aún, tanto me amaba,
cuando ella contestaba a mis promesas,
con una lágrima.

¿En otros brazos puede ser dichosa?
¿Tiene el recuerdo de su edad pasada?
Mi corazón respetará ese nombre
que tanto amaba.
Y dije adiós a mi esperanza loca,
con una lágrima.

Cuando al imperio de la eterna noche
tome su vuelo para siempre mi alma,
cuando mi cuerpo exánime repose
bajo una lápida;
si por ventura os acercáis un día
donde mi triste sepultura se halla,
humedeced siquiera mis cenizas
con una lágrima.

Yo no apetezco mármol…monumento
que la ambición la vanidad levanta,
manto suntuoso con que el necio orgullo
cubre su nada;
no darán sus emblemas a mi nombre
el falso orgullo ni la gloria vana;
lo que yo quiero, lo que pido sólo,
es una lágrima.

Te vi llorar (I saw thee weep)
¡Te vi llorar! Tu lágrima, bien mío,
en tu pupila azul brillaba inquieta,
como la blanca gota de rocío
sobre el tallo gentil de la violeta.

¡Te vi reír! Y un fecundo mayo,
las rosas deshojadas por la brisa
no pudieron copiar en su desmayo
la inefable expresión de tu sonrisa.

Así como las nubes en el cielo
del sol reciben una luz tan bella,
que la noche no borra con su velo,
ni eclipsa con su luz la clara estrella.

Tu sonrisa transmite la ventura
al alma triste, y tu mirada incierta,
deja una dulce claridad tan pura
que llega al corazón después de muerta.

Cuando nos separamos (When we two parted)
Cuando nos separamos,
en silencio y entre lágrimas,
con el corazón partido
apartándonos por años,
Tu mejilla se volvió pálida y fría,
más fríos tus besos
y es verdad que aquella hora predijo,
el dolor de esta.

El rocío de la mañana
se hundió gélido en mi frente,
lo sentí como el preludio
de lo que hoy siento.
Tus votos fueron quebrados
y ligera es tu fama,
escucho decir tu nombre
y comparto su vergüenza.

Te nombran en mi presencia
lúgubres voces en mis oídos;
un estremecimiento viene a mí:
¿por qué te quise tanto?
No saben que te conocí
los que hoy te conocen demasiado bien,
por largo tiempo he de arrepentirme de ti,
en hondos pensamientos que jamás diré.

En secreto nos conocimos
en silencio me lamento,
de tu corazón proclive al olvido,
y de tu espíritu engañador.
Si llegara a encontrarte
tras largos años,
¡Cómo habría de saludarte!
Con lágrimas y silencio.

Acuérdate de mí (Remember me)
Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,
brillando en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!… Cerca de mi tumba
no pases, no, sin regalarme tu plegaria;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que sobre mi tumba derrames una lágrima.

Lord ByronGeorge Gordon Byron, sexto Barón de Byron, excelso poeta inglés fue además uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo. Nacido en Londres el 22 de enero de 1788 en el seno de una familia aristócrata, heredó el título de barón al morir su tío abuelo William.

Talentoso, excéntrico, ostentoso, polémico y controvertido. También fue un crítico de sutil ironía y hasta un poco cruel, tal era la reputación del notable poeta y muchos le acusaban de sufrir un trastorno bipolar. Concitó la atención de sus contemporáneos al tomar partido en defensa de los más débiles: desheredados, marginados o miserables.

Fue un hombre que a pesar de su discapacidad motriz (sufría una deformación en un pie que le impedía caminar normalmente), se convirtió en un ícono del galán romántico. Un conquistador que avasallaba con su personalidad y por los escándalos que protagonizaba.

Como escritor, exageró algunos elementos para crear al típico héroe byroniano, un rebelde libertino y transgresor frente a la moral y las costumbres y convenciones establecidas. Y, sin dudas, un autor genial utilizando la pluma.

Murió en Missonlonghi (Grecia) donde se había trasladado para participar en una aventura bélica. En tierra griega, sufrió un ataque epiléptico fatal el 19 de abril de 1824, que no pudo ser controlado adecuadamente por carencia de medicamentos y médicos especializados.

Johann Wolfgang von Goethe, el poeta y científico alemán escribió ante la noticia de su fallecimiento: “Descansa en paz, amigo mío; tu corazón y tu vida han sido grandes y hermosos”.

Los restos de Lord Byron fueron trasladados a Londres donde arribaron a principios de julio, más de dos meses después de la muerte. Se generó entonces una acalorada polémica para decidir dónde enterrarlo.
El Deán de la Abadía de Westminster consideró que un personaje con una existencia tan escandalosa y alejada de los preceptos de moralidad imperantes, como había sido la vida llevada por Byron, no merecía el honor de ser enterrado en el Rincón de los Poetas, junto a autores como Geoffrey Chaucer o Edmund Spencer, así que finalmente fue sepultado en la Iglesia de Santa María Magdalena en el panteón familiar de Hucknall Torckard, en el condado de Nottinghamshire, junto a su madre.

En la abadía de Westminster, en el llamado Rincón de los Poetas, sólo se encuentra un monumento conmemorativo inaugurado recién en 1969. Seguramente, Lord Byron hubiera deseado que le colocaran como epitafio los versos de uno de sus poemas:

“Cuando pases por la tumba donde mis cenizas se consumen,
¡oh!, humedece su polvo con una lágrima”

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La soledad de los poetas – Alma y sentimiento

La soledad en la literatura, retratada en poemas inolvidables de grandes autores 

La soledadLa soledad, esa inefable talladora del espíritu. Parafraseando una de las citas más logradas de Federico García Lorca en la búsqueda de un párrafo para iniciar este escrito, comenzamos a transitar por un camino que conduce directamente a una temática muy cara a nuestros sentimientos y estados de ánimo y que la pluma excelsa de inspirados poetas recorrió asiduamente: la soledad.

Leyendo a autores inmortales que embellecieron el arte lírico universal de todos los tiempos, podríamos extraer excelentes definiciones de la soledad:

Juan Ramón Jiménez:

“En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva.”

Luis Cernuda:

“Cómo llenarte soledad sino contigo misma.”

Pablo Neruda:

“Soledad y multitud, seguirán siendo deberes elementales del poeta de nuestro tiempo.”

D. H. Lawrence:

“¡Es inútil intentar liberarse de la propia soledad! ¡Hay que aguantarla toda la vida. Aunque a veces, sólo a veces, el vacío se llene!”.

La soledad de los poetasSin entrar en complejas interpretaciones científicas, describimos la soledad como “un estado consciente y singular, personal e independiente caracterizado por la carencia de compañía y falta de contacto con otras personas”. Se la considera una experiencia subjetiva con distintos grados o matices, que puede ser voluntaria (cuando la persona decide estar sola) o involuntaria (causada por distintas circunstancias de la vida).

Casi todos los poetas se atrevieron a representar con palabras y a su manera, esta situación tan especial, diferente y única, que se da al estar o sentirse solo; ese sentimiento tan amargo y doloroso que, para muchos autores, influyó significativamente en el desarrollo de su vida y en el contenido de su obra literaria.

El genial Edgar Allan Poe compuso cuando tenía 20 años recién cumplidos, un poema estremecedor y emotivo (Alone), que pinta crudamente la soledad que marcó su vida y su estilo. El manuscrito original está fechado el 17 de marzo de 1829, apenas un mes antes, el 28 de febrero, había fallecido su querida madre adoptiva, Frances Valentine Allan.

Solo (Alone) – Edgar Allan Poe

Desde el tiempo de mi niñez, no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude sacar
mis pasiones desde una común primavera.
De la misma fuente no he tomado
mi pena; no se despertaría
mi corazón a la alegría con el mismo tono;
y todo lo que quise, lo quise solo.
Entonces -en mi niñez- en el amanecer
de una muy tempestuosa vida, se sacó
desde cada profundidad de lo bueno y lo malo
el misterio que todavía me ata:
desde el torrente o la fuente,
desde el rojo peñasco de la montaña,
desde el sol que alrededor de mí giraba
en su otoño teñido de oro,
desde el rayo en el cielo
que pasaba junto a mí volando,
desde el trueno y la tormenta,
y la nube que tomó la forma
(cuando el resto del cielo era azul)
de un demonio ante mi vista.

Conmovedor resulta también este inolvidable poema de Mario Benedetti, en versos que resuenan como ecos de lejanas y adormecidas vivencias.

Soledades – Mario Benedetti

Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

Rosalía de Castro, una de las grandes poetisas de la literatura española del siglo XIX aportó también su poema:

Soledad
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitable el polo.

Y para Jorge Luis Borges, la soledad tenía un sinónimo:

Ausencia
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Justo es reconocer que para otros pensadores y escritores célebres, la soledad no siempre iba acompañada por esa pesada percepción que abruma el espíritu y en ese sentido, se expresaron con una visión más generosa y optimista:

“La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”.
Arthur Schopenhauer (Filósofo alemán)

“Soledad: Un instante de plenitud”.
Michel de Montaigne (Escritor y filósofo francés).

“La soledad es muy hermosa, cuando se tiene alguien a quien decírselo”.
Gustavo Adolfo Bécquer

“La soledad es a veces la mejor compañía, y un corto retiro trae un dulce retorno”.
John Milton (Poeta inglés).

“La soledad es y siempre ha sido la experiencia central e inevitable de todo hombre”.
Tom Wolfe (Periodista y escritor estadounidense).

Tal vez, escribir poesía no alcance a mitigar la sensación de desamparo que lleva a la soledad, pero no deja de ser un consuelo para el alma. Y escribiendo…¿Quién comprende mejor que un poeta ese abismo insondable de tristeza y melancolía, esa angustia de sentirse desterrado de uno mismo?. Sentimiento, que el novelista polaco Joseph Conrad explicó con muy pocas palabras: “Vivimos como soñamos, solos”.

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Penélope, la canción y La Odisea

Reseña literaria de la canción Penélope de Joan Manuel Serrat y su relación con el personaje literario Penélope, de La Odisea

Penélope de Joan Manuel SerratPenélope es una canción romántica e inolvidable que supo ganarse el corazón del siglo XX, creada por el compositor español Augusto Algueró (1934-2011) e interpretada por Joan Manuel Serrat (1943) en el año 1969, obteniendo importantes galardones en el ámbito musical.

La misma canción fue editada en el álbum llamado “En directo”, perteneciente al año 1984 si bien, con el correr de los años, ha sido interpretada por otros cantautores como por ejemplo Diego Torres (músico argentino).

Cuenta la historia de una mujer que espera a su amor que se ha marchado, y este, a pesar de que el tiempo inclemente se escapa, no regresa. La mujer, lejos de perder su voluntad, continúa aguardando paciente. Al final este regresa, pero no es como ella lo recuerda. Si es que existe desconocimiento sobre la mítica obra de Homero, La Odisea (Ver nota), podría no verse la relación que existe entre esta hermosa canción y la esposa del legendario héroe Odiseo.

Letra de la canción Penélope de Joan Manuel Serrat – Augusto Algueró

Penélope,
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo.
Penélope
se sienta en un banco en el andén
y espera que llegue el primer tren
meneando el abanico.

Dicen en el pueblo
que un caminante paró
su reloj
una tarde de primavera.
“Adiós amor mío
no me llores, volveré
antes que
de los sauces caigan las hojas.
Piensa en mí
volveré a por ti…”

Pobre infeliz
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la última flor.
No hay un sauce en la calle Mayor
para Penélope.

Penélope,
tristes a fuerza de esperar,
sus ojos, parecen brillar
si un tren silba a lo lejos.
Penélope
uno tras otro los ve pasar,
mira sus caras, les oye hablar,
para ella son muñecos.

Dicen en el pueblo
que el caminante volvió.
La encontró
en su banco de pino verde.
La llamó: “Penélope
mi amante fiel, mi paz,
deja ya
de tejer sueños en tu mente,
mírame,
soy tu amor, regresé”.

Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer,
no era así su cara ni su piel.
“Tú no eres quien yo espero”.
Y se quedó
con el bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación.

La relación entre Penélope de Joan Manuel Serrat y la Odisea

Está claro que la primera instancia en la que podemos notar un nexo es el nombre de la mujer, Penélope, coincidente en ambas obras. En la Odisea, Penélope es la esposa de Odiseo que, al haberse marchado, lo espera sin dar lugar a que alguno de los que la pretenden tenga oportunidad con ella.

Serrat canta: “Uno tras otro los ve pasar, mira sus caras, para ella son muñecos”, en una clara alusión a lo que sucedía con la esposa del héroe y sus pretendientes.

En ambas obras la mujer utiliza el tejido para distraer su mente. En la Odisea Penélope teje y desarma una manta una y otra vez para otorgar tiempo a su amado para que regrese, mientras que en la canción la mujer sueña y piensa en el regreso del hombre.

En la canción: “Deja ya de tejer sueños en tu mente”.

El final de la historia es, quizás lo más triste, porque cuando él por fin logra regresar, el tiempo ha pasado y se ha vuelto eterno, y ella no lo reconoce, “Tú no eres quien yo espero”.

Más allá de la alegoría a la obra clásica, es una canción hermosa y merece ser disfrutada, aunque espero les haya parecido interesante la referencia.

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Desafío literario II – Las palabras

Desafío literario II – El significado de las palabras

Nuestro riquísimo idioma español contiene millares de palabras. Muchísimas de ellas nos parecen raras, pintorescas, sorprendentes, atractivas y hasta feas. Veamos algunas que, aunque indican o definen hechos cotidianos y cosas que nos son familiares; en su gran mayoría nos resultan prácticamente desconocidas. El desafío literario II asocia palabras y su significado.

Desafío literario IIEn este listado de 20 palabras, hay 17 que realmente existen.
¿Sabrían identificarlas diferenciándolas de las inventadas?

Significados  – Desafío literario II

1) Impepinable:
a – Que no admite duda ni discusión.
b – Que se produce obligatoria o lógicamente. Inevitable.
“Es impepinable: si vas a beber, no debes conducir tu auto durante el regreso”

2) Vate:
Poeta. Está aceptado también el significado de adivino.
“El vate hizo predicciones que no fueron acertadas”

3) Haiga:
a – Automóvil ostentoso de gran tamaño.

b – “Haiga” es una forma verbal del castellano antiguo que ha pervivido en muchas zonas del mundo hispánico sobre todo en el ámbito rural, pero la norma culta la rechaza al preferir la forma “haya”.

4) Sicofante:
Persona que calumnia o delata.

5) Mirranal:
Es una palabra inventada que no existe.

6) Facundia:
Facilidad y abundancia de palabras. Locuacidad profusa.

“pese a lo que pudiera pensarse, la facundia versificadora no le proporcionó dinero a este humilde poeta de provincia”

7) Periclitar:
Perder una cosa fuerza o intensidad. Declinar, decaer.

“…recuerdo los carnavales de mi infancia y juventud como una celebración que ya se veía periclitar”

8) Confalón:

Banderín. Pieza de tela rectangular generalmente con franjas de color, escudos o figuras simbólicas que se emplea como insignia de un país, un equipo, una dinastía, etc.; suele estar sujeta por uno de sus lados cortos a un mástil o a una cuerda.

9) Clámide:
a – Capa corta y liviana usada antiguamente por los griegos y romanos.

b – Pez marino de la familia del tiburón, de cuerpo alargado de hasta 2 m de longitud, color gris pardusco, con aberturas branquiales muy anchas; vive en aguas profundas de mares templados.

10) Morondo:

Que está limpio de elementos superfluos, especialmente de cabellos, hojas u otra cosa similar. Pelado.
“Las ramas morondas de los árboles, pintaban de nostalgia la tarde otoñal”

11) Quincalla:
Conjunto de objetos de metal de escaso valor.
“No tiene ninguna joya, todo es quincalla”

12) Epitalamio:
Composición lírica escrita en honor de la celebración de una boda.

¿Recuerdas cuando en invierno
llegamos a la isla?
El mar hacia nosotros
levantaba una copa de frío.

Epitalamio (fragmento) Pablo Neruda

13) Ajorar:
Trasladar, llevar por la fuerza, gente o ganado de un sitio a otro.

14) Fildasino:
Es una palabra inventada que no existe.

15) Ubérrimo:
Que es muy abundante o fértil.

16) Barjuleta:

Bolsa grande de tela o de cuero, cerrada con una cubierta, que llevan a la espalda los caminantes, con su ropa, utensilios o menesteres.

17) Catatérico:
Es una palabra inventada que no existe.

18) Refocilar:
Recreación o divertimiento especialmente con algo que se considera grosero o malvado.

19) Légamo:

Barro pegajoso que se forma en el suelo con el agua de la lluvia, o donde ha habido circunstancialmente agua estancada.

20) Baladro:
Grito, alarido o voz espantosa.

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Decálogo de los Derechos del Lector

Sobre el mundo de la literatura – La libertad y los derechos del lector

Derechos del lectorEl diccionario define taxativamente el significado de la palabra libertad: “facultad natural del ser humano para actuar a voluntad sin restricciones, respetando su propia conciencia y el deber ser, para alcanzar su plena realización”. Pero en contrapartida, una libertad supone la existencia de derechos, y en esta oportunidad queremos detenernos en los derechos del lector.

La libertad como posibilidad que tenemos para decidir por nosotros mismos y a nuestro criterio, la resolución de cualquier situación que enfrentemos, es un derecho consagrado universalmente aunque su aplicación práctica sea tan cuestionada.

Sería tedioso enumerar todos los tipos de libertad que se podrían considerar, basta mencionar la libertad de conciencia, que nos permite aspirar a una vida coherente y equilibrada; de expresión, para poder difundir las ideas y promover debates y discusiones sin restricciones ni límites; de reunión como garantía para asociarse con aquellos que comparten ideales y trabajar en pro de su consecución; para elegir responsable y pacíficamente a los gobernantes y habría muchas más sin duda. Pero, en lo que se refiere a a la libertad para leer, ¿qué sucede?

Como una novela de Daniel Pennac

Alejándose un poco de toda erudición solemne, el autor francés Daniel Pennac plantea en su libro “Como una novela” (publicado en París con el nombre original de “Comme un roman” en el año 1992); un interesante desafío. Con un estilo ingenioso y divertido, a través de una especie de novela-ensayo intenta la recuperación del placer olvidado que produce leer y comprobar además, cuáles son las causas de la reticencia a la lectura por parte de sus alumnos y de su propia hija de 8 años.

Comienza el libro con un párrafo que constituye una declaración de principios del autor y, al mismo tiempo, una perfecta síntesis de todo lo que se podrá encontrar al leer las páginas siguientes: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…”. Y continúa advirtiendo que, a priori, la televisión, los aparatos tecnológicos, y hoy agregaríamos celulares, videojuegos, internet, las redes sociales, distraen y quitan tiempo que podría dedicarse a la lectura y que por eso se lee poco.

Pero también es cierto, que muchas veces son sólo tentaciones que se usan como excusas para no leer. Por otra parte, los estados y las respectivas sociedades organizadas no pueden eludir las responsabilidades que les caben, derivadas de la carencia de políticas educativas adecuadas, de como se trabaja y se educa en la escuela, de la falta de bibliotecas accesibles y la casi nula importancia que se le otorga al libro en los sistemas educativos actuales.

La obra está dividida en cuatro partes, la primera titulada “Nacimiento del alquimista” que, reflexionando, refiere sobre los errores que habitualmente cometen los adultos al momento de inducir a sus hijos a la lectura e inculcarles el amor por los libros.

En la segunda parte y bajo el título “Hay que leer”, Pennac compara los hábitos de la lectura con un dogma en el que se tiene todo por cierto y que no puede ponerse en duda. Describe detalladamente las razones y motivos que encontramos para justificar por qué leemos:

Para aprender
Para sacar adelante nuestros estudios
Para informarnos
Para saber de donde venimos
Para saber quienes somos
Para conocer mejor a los demás
Para saber hacia donde vamos
Para conservar la memoria del pasado
Para iluminar nuestro presente
Para aprovechar las experiencias anteriores
Para no repetir las tonterías de nuestros antepasados
Para ganar tiempo
para evadirnos
Para buscar un sentido a la vida
Para comprender los misterios de nuestra civilización
Para satisfacer nuestra curiosidad
para distraernos
Para informarnos
Para cultivarnos
Para comunicar
para ejercer nuestro espiritu crítico

En la tercera parte “Dar de leer“, explica cómo logró que sus alumnos perdieran el miedo a la lectura de textos.

Y la cuarta y última identificada bajo el nombre de “Cómo se leerá”, reseña un listado con los derechos imprescindibles que todo lector debería tener, clasificados en el siguiente decálogo:

Decálogo de los Derechos del Lector

1) El derecho a no leer.

2) El derecho a saltarnos páginas.

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) (*)

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

(*) Enfermedad de transmisión textual. (Término alusivo a Madame Bovary, la protagonista de la novela homónima de Flaubert, lectora compulsiva y apasionada de novelas románticas.)

Analicemos entonces:

1) El derecho a no leer, nos permite descansar de las lecturas durante épocas en las que no sentimos la necesidad, no tenemos ganas, tiempo o ánimo. O porque tenemos otras ocupaciones y no por ello dejaremos de ser lectores. La lectura no es una obligación, es una elección.

2) El derecho a saltarse páginas, nos da la libertad de leer rápidamente textos extensos que no son para nosotros atrayentes en su totalidad (a veces, por edad, formación, gustos, ni siquiera comprensibles), sin por ello renunciar a la parte de la obra que nos resulta interesante.

3) El derecho a no terminar un libro, nos exime de la obligación de mortificarnos ante una lectura que no hemos sabido escoger bien, que no ha llegado en el momento adecuado, que se nos atraganta o que definitivamente no es para nosotros. Podemos volver a ella pasado un tiempo. O no. Pero nunca sentirnos culpables por no haber llegado hasta la última página de una obra que no nos resulte placentera. (Todos hemos padecido en el colegio el tormento de una lectura obligatoria que ni nos gustaba, ni comprendíamos, ni tal vez era oportuna para nosotros en ese momento).

“Si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas“. (Jorge Luis Borges)

4) El derecho a releer es defendido enérgicamente por los niños cuando piden una y otra vez el mismo cuento, para volver a disfrutar de la misma historia, los mismos personajes, las mismas emociones. Para los adultos, la relectura de una obra que ya conocemos nos permite no sólo reencontrarnos con aquello que nos agradó, nos intrigó, nos conmovió (sobre todo en el caso de la poesía). También nos ofrece la posibilidad de hallar nuevos matices, distintas interpretaciones.

5) El derecho a leer cualquier cosa nos libera de la carga de aceptar un prejuicio sobre un libro antes de elegirlo, de obligarnos a leer lo que otros han dictaminado como “bueno” o “adecuado” antes de haber descubierto nuestros propios gustos como lectores. Las obras tachadas de comerciales, estereotipadas o simplonas puede que no lleguen a formar parte de la historia de la literatura, pero muy seguramente introducirán en muchos lectores la idea del libro como sinónimo de un buen momento. Y antes o después esos lectores irán refinando sus gustos, pues la lectura continuada a lo largo del tiempo acabará por despertar su espíritu crítico.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) habla de la satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. Es muy frecuente en las lecturas adolescentes, donde las historias escritas suscitan emociones y sentimientos tan novelescos como los narrados. Niños magos, jóvenes vampiros, adolescentes con candados, sagas y sagas de elfos, tronos, reyes y guardianes. Nuestras primeras emociones como febriles lectores, nuestros recuerdos de lecturas adolescentes y esa siempre válida postura de lector ingenuo, nos harán disfrutar siempre de la lectura.

7) El derecho a leer en cualquier parte ofrece tanto al lector asiduo, como al esporádico una compañía o un refugio en cualquier circunstancia: esperas en consultas médicas, aeropuertos, trayectos de autobús o largos viajes. Es muy artístico mostrar espacios dedicados cuidadosamente a la lectura: un sillón ante una chimenea, una camilla delante de una ventana, una biblioteca perfectamente surtida y acondicionada. Pero ¿quién no ha leído en la piscina, en la peluquería, en una terraza de un bar, en la cama, e incluso en el cuarto de baño?

8) El derecho a hojear está relacionado con la falta de tiempo (a veces de ganas) para leer en forma completa un libro, pero nos permite abrirlo por cualquier página, hojearlo, leer un poco y después dejarlo para otro momento habiendo disfrutado de ese pequeño aperitivo.

No es infrecuente estar leyendo varios libros a la vez, abrir uno de ellos, reconocer que no es el apetecido en ese momento y optar por otro. O leer un fragmento de una obra nueva para decidir si la elegiremos o no. O volver a un libro ya leído en busca de una cita concreta. O releer al azar una parte de un libro que es especialmente querido por nosotros, sin salir nunca decepcionados. Cada uno debe poder aproximarse al libro cuando y como quiera.

9) El derecho a leer en voz alta nos anima a declamar para que otros nos oigan, a escuchar a un buen rapsoda, a dar vida al texto. Todo ello permite que otros compartan con nosotros nuestro gusto por la lectura y crea a la vez mundos imaginarios colectivos. Los sonidos de las palabras son la música que acompaña a la historia que estamos leyendo.

Desde hace unos años, el 9 de marzo se celebra el Día Mundial de la Lectura en voz alta, para celebrar el poder de la palabra compartida.

10) Por último el derecho a callarnos, a guardar silencio sobre lo leído, a no pronunciarnos; nos coloca de nuevo ante la lectura como un acto íntimo, como una elección que no estamos obligados a justificar. Nuestros motivos para elegir un texto, nuestras opiniones sobre el mismo nos pertenecen y no hay por qué, si no queremos, rendir cuentas sobre nuestros gustos o valoraciones.

Obviamente, los derechos del lector enumerados podrían ampliarse y ser muchos más, pero Pennac se limitó al número diez por alguna interpretación subjetiva.
No se trata de enaltecer obras mediocres o vulgares; mucho menos de enorgullecerse de la ignorancia. Por el contrario, se pretende que aprendamos a leer responsablemente y aspirar a formar nuestro gusto y nuestro espíritu crítico con cierta solidez. En definitiva terminaremos siendo lo que hayamos leído.

“Como una novela”, fue un éxito editorial desde su aparición, dirigido en principio a adolescentes y jóvenes que se acercan por vez primera a la lectura, a aquellos lectores reacios y a los educadores involucrados por su profesión en la ardua tarea de despertar en los más jóvenes el amor por la lectura. Pero en realidad es un libro recomendable y casi obligado para todo lector de 6 a 100 años.

No es una novela pero se lee muy fácil como si lo fuera y es de esas obras raras que parecen entablar un diálogo con el lector. No es un ensayo de reflexión sobre la lectura, sino una tentativa de reconciliación con el libro.

Tambíén en lengua española, se pueden encontrar excelentes autores que se refirieron al tema del lector. Una verdadera joya extraída de “Antología Poética”, editada en 1963 por Fermín Estrella Gutiérrez, es suficientemente válida para certificar esta aseveración.

Soneto para un lector futuro

Tú, lector o lectora, que has fijado
tus ojos en la página amarilla;
del tiempo me aventuro hacia la orilla,
fiel a mi canto, dócil al llamado.

Tú que ríes aún, tú que has andado
tras la ilusión que se te escapa y brilla,
tú que hueles la noche y la gramilla,
tú que puedes besar el rostro amado.

Piensa que ahora soy ceniza y nada,
sólo una leve sombra proyectada
sobre tu alma que me busca ansiosa.

Yo fui joven, feliz, amé la vida.
Hoy te tiende mi mano conmovida
sobre el viejo papel la tierna rosa.

Para conocer más:

En la República Argentina, en el año 2012 se instituyó por Ley Nº 26.754, que el 24 de Agosto de cada año, se celebre el día Día del Lector, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del eximio escritor Jorge Luis Borges.

En el año 2009, en Francia y dentro del marco de una campaña de animación a la lectura, Los derechos del Lector quedaron plasmados en un cartel ilustrado con elegancia y arte distinguido, por el ilustrador, escritor y dibujante británico Quentin Blake.

Daniel Pennac, seudónimo de Daniel Pennacchioni. es un profesor de literatura, escritor y guionista, francés nacido en Casablanca Marruecos el 1 de diciembre de 1944. Proveniente de una familia militar, pasó su infancia en tierras africanas y del sudeste asiático y su juventud en Niza, donde se graduó en letras.

Fermín Estrella Gutiérrez (Almería, 28 de octubre de 1900 – Buenos Aires, 18 de febrero de 1990) fue un escritor, poeta, profesor y académico español de nacimiento, que adoptó a la Argentina como su patria.

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Tres rosas amarillas para Antón Chéjov

Tres rosas amarillas – Un cuento de Chéjov y un libro de Carver en su homenaje

“El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras”

Tres rosas amarillasLa inmensa Rusia zarista de finales del siglo XIX, internamente convulsionada por una agitación político-social incipiente que, con el tiempo, derivaría en la Revolución de 1917, fue tomando conciencia de los cambios profundos que se avecinaban de la mano de un grupo de intelectuales liderados entre otros por León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Aleksandr Pushkin y un destacado Antón Chéjov. La historia comenzaba a cambiar amenazando romper las viejas estructuras de un sistema monárquico obsoleto, sostenedor de grandes desigualdades que terminaron generando una atmósfera asfixiante de consecuencias nefastas para toda la población, sin diferencias de clase o condición.

La literatura en general, incluyendo la de Chéjov, no podía quedar al margen de esa influencia negativa ni de toda esa oscuridad de ideas imperante en la época. El célebre autor de “El jardín de los cerezos” fue testigo involuntario y obligado de esos acontecimientos, pero también un observador muy crítico que encontró con lucidez e ironía la forma de transmitir en sus libros y obras teatrales un panorama certero de esos hechos; y lo hizo a través de textos llenos de sensibilidad y realismo, sin obviar un cáustico sentido del humor. Él escribía para hacerse preguntas, no para responderlas.
Por otra parte, Chéjov experto indiscutido en la descripción de matices emocionales y en el retrato psicológico de personajes, rechazaba en cierto modo la finalidad moral de las obras literarias tradicionales.

Hay un cuento referido a él muy interesante que se llama Tres rosas amarillas y da título al libro editado por el escritor y poeta estadounidense Raymond Carver (1938-1988), que lo concibió como tributo al genio ruso de las letras, narrando en una excelente reconstrucción imaginaria sus últimos días de vida. Verdadero broche de oro para esta obra de Carver, escrita a la altura del protagonista.

Tres rosas amarillas, lleva implícita una delicada invitación a leer el relato que se convierte, sin pretenderlo, en una cita ineludible para su lectura.

Tres rosas amarillas (fragmentos del cuento)

“Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un hombre hecho a sí mismo cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.
Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad, un antiguo palacete llamado L’Ermitage (establecimiento en el que los comensales podían tardar horas -la mitad de la noche incluso- en dar cuenta de una cena de diez platos en la que, como es de rigor, no faltaban los vinos, los licores y el café). Chejov iba, como de costumbre, impecablemente vestido: traje oscuro con chaleco. Llevaba, cómo no, sus eternos quevedos. Aquella noche tenía un aspecto muy similar al de sus fotografías de ese tiempo. Estaba relajado, jovial. Estrechó la mano del maitre, y echó una ojeada al vasto comedor. Las recargadas arañas anegaban la sala de un vivo fulgor. Elegantes hombres y mujeres ocupaban las mesas. Los camareros iban y venían sin cesar. Acababa de sentarse a la mesa, frente a Suvorin, cuando repentinamente, sin el menor aviso previo, empezó a brotarle sangre de la boca.(…)”

“Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones respiratorias afines. Cuando Suvorin fue a visitarlo días después, Chejov se disculpó por el “escándalo” del restaurante tres noches atrás, pero siguió insistiendo en que su estado no era grave.(…)”

“También Leon Tolstoi fue una vez a visitarlo. El personal del hospital mostró un temor reverente al verse en presencia del más eximio escritor del país (¿el hombre más famoso de Rusia?) Pese a estar prohibidas las visitas de toda persona ajena al “núcleo de los allegados”, ¿cómo no permitir que viera a Chejov? Las enfermeras y médicos internos, en extremo obsequiosos, hicieron pasar al barbudo anciano de aire fiero al cuarto de Chejov. Tolstoi, pese al bajo concepto que tenía del Chejov autor de teatro (“¿Adónde le llevan sus personajes? -le preguntó a Chejov en cierta ocasión-. Del diván al trastero, y del trastero al diván”), apreciaba sus narraciones cortas. Además -y tan sencillo como eso-, lo amaba como persona. Había dicho a Gorki: “Qué bello, qué espléndido ser humano. Humilde y apacible como una jovencita. Incluso anda como una jovencita. Es sencillamente maravilloso.(…)”

“Sostenía entre las manos un jarrón de porcelana con tres rosas amarillas de largo tallo. Le ofreció las flores a Olga con un airoso y marcial taconazo…(…)”

Tres rosas amarillas de Raymond CarverCarver fue un autor que no se ajustó a una estructura convencional para narrar en cuentos las historias de vida. Acostumbraba iniciar y concluir sus relatos de una manera imprevisible y escribiendo a impulsos. Imprimió a sus obras un estilo de prosa transparente y un lenguaje sobrio y preciso, por lo que ha sido llamado “el Chéjov americano”.

Chéjov, iniciador del cuento moderno y maestro insuperable en la narración breve

El aporte literario de Chéjov fue trascendente, sin objeciones. Aunque algunos de sus relatos de contundente elocuencia puedan parecer impregnados de clasicismo, fue él quien introdujo un tiempo diferente y novedoso en la manera de narrar (algo comparable a lo que hicieron Marcel Proust o Thomas Mann dentro del género novelístico). Al escribir sabía cómo utilizar magistralmente la técnica del monólogo, que también emplearían más tarde otros autores de la estatura intelectual de James Joyce.

Su influencia marcó no sólo el desarrollo del género, apartándolo de ese preconcepto erróneo de literatura infantil o menor que arrastraba, sino que estableció aspectos narrativos distintos e hizo que la trama de los relatos dejara de ser lo importante centrándose en el aspecto humano y librado al azar de sus protagonistas.

Componía la arquitectura de sus narraciones integrando elementos que en principio parecían prescindibles, sin demasiada relevancia, pero de alguna manera la conjunción de esos elementos, generaba un escenario ambiental que era la base para el desarrollo del argumento. Hasta Chéjov, el cuento se centraba en la mera anécdota, su tiempo literario alcanzaba para tener en sus páginas una trama, un principio, un nudo y una conclusión, frecuentemente con una enseñanza subjetiva y moralizadora.

Los personajes de sus cuentos pueden ser humorísticos, tristes o patéticos. Y si las circunstancias lo requieren, pueden variar y pasar a ser imperfectos, anhelantes, indifentes aburridos o melancólicos. Chéjov logra que el lector pueda reconocerse en cada uno de ellos, con esa distancia suya que no era indiferencia, sino más bien curiosidad.

Tuvo a dos cuentistas extraordinarios como precedentes ilustres a los que leyó con devoción: Iván Turgueniev y Guy De Maupassant (quien fue casi contemporáneo suyo).
En sus relatos de belleza sorprendente, Turgeniev fue el que comenzó a priorizar el ambiente del entorno por encima de los hechos, algo que posteriormente Chéjov llevaría a su máxima expresión.
En cuanto a Maupassant, sin duda uno de los maestros del género, era un ídolo decadente, famoso en su época, cuya muerte trágica acrecentó su celebridad. Hizo de la anécdota misteriosa o curiosa su foco de atención y muchos escritores de literatura de terror posteriores lo utilizaron como referencia.

Julio Cortázar consideraba, coincidiendo con el escritor ruso, que el cuento breve moderno se caracterizaba por la economía de medios y también opinaba habiendo leído intensamente sus cuentos que: “Hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado. De eso hablan los relatos de Chejov”.

Por su parte el escritor germano Thomas Mann opinaba con su agudeza característica, demostrando las semejanzas de la obra del singular autor ruso con las de los mejores escritores de otros países. Y manifestaba que “aún hoy Chejov tiene hermanos de espíritu atormentado, debido a que no se han extirpado todavía de la sociedad las condiciones por las cuales existe un abismo infranqueable entre la verdad y la realidad. Esos escritores, se encuentran torturados por la conciencia de su incapacidad para responder a la pregunta: -¿Qué debemos hacer? Son incapaces de revelar el sentido que tiene su obra; pero, a despecho de ello, siguen escribiendo hasta el fin.”

Antón Pavlovich Chéjov (1880-1904) en definitiva, fue un eximio dramaturgo y cuentista notable. Su prolífica producción tuvo especial intensidad en el campo de la narrativa breve, en la que desplegó con singular destreza las virtudes que le convirtieron en uno de los grandes clásicos de la literatura universal de todos los tiempos.

Dejó para la posteridad significativas frases muy difundidas, en una de ellas expresaba en relación al relato breve: “la brevedad es la hermana del talento”. También, y a pesar de no haber escrito nunca un ensayo sobre teoría poética y narrativa; de su voluminosa correspondencia han podido extraerse valiosísimos consejos y recomendaciones muy útiles, para comprender y dominar el arte de escribir desde su perspectiva brillante y admirable.

En la actualidad, su legado literario continúa vigente, integrando una terna insuperable junto a Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, en la opinión y valoración de críticos y lectores adeptos al cuento moderno.

En su biografía consta que falleció el el 15 de julio de 1904 en Badenweiler, balneario de la Selva Negra alemana, donde se había instalado por instrucciones médicas buscando alivio a su mal. La enfermedad que lo llevó a la muerte comenzó a afectarlo desde muy joven; sus veinticuatro años empezó a escupir sangre y la alarma se encendió. Siendo médico intuía la gravedad que implicaban esos síntomas; aún así se negó a ser examinado por otro profesional, tal vez por un temor subconsciente de ver confirmadas sus más íntimas sospechas. Así, la dolencia continuó progresando lenta e inexorablemente y fue minando de forma casi imperceptible sus energías. Pero Chejov siguió engañándose y prefirió pensar que la causa de sus esputos de sangre, cada vez más frecuentes.

En marzo de 1897, se le produjo una severa hemoptisis (expectoración de sangre proveniente de los pulmones o bronquios) que una vez controlada, llevó a sus médicos a advertirle que la tuberculosis ya estaba en un estado muy avanzado y le aconsejaban recluirse en un lugar de clima más benigno. Esto lo obligó a renunciar a una vida normal y a comenzar un peregrinaje por distintos centros de asistencia médica de Europa.

En el año 1901 se casó con la famosa actriz de teatro rusa Olga Leonárdovna Knipper, pero debido a su enfermedad no pudo disfrutar mucho de su compañía, pues ella tenía que permanecer en Moscú por su trabajo y él en Yalta por su dolencia. Fueron pocos años de dificultosa convivencia y de gran soledad para el escritor, ya que Olga sólo iba a visitarlo cuando podía. Chéjov nunca le pidió más tiempo, era consciente de la juventud de su esposa y de su arduo trabajo; él en cambio, ya estaba al final de su carrera y de su vida.

Después de la muerte de Chéjov, Máximo Gorki, otro gran escritor ruso y entrañable amigo, le escribió a su esposa Olga una carta conmovedora inspirada en el triste final de uno de los hombres más representativos de Rusia. Se lamentaba en su misiva porque “una indiferencia abrumadora y una vulgaridad llevada a risas fue lo que acompañó a Chéjov hasta su tumba”. No comprendiendo por qué el pueblo ruso le había pagado de esa manera, a un hombre que había trabajado y enseñado toda su vida para ellos. Un hombre íntegro que defendió con dignidad y sin renunciamientos los ideales por los que había luchado siempre, dejando ligado a ellos su recuerdo inmortal.

Para conocer más sobre la escritura:

Se escriben tres puntos dentro de paréntesis (…) o corchetes […] cuando al transcribir literalmente un texto se omite una parte de él.

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