Bertolt Brecht – Idealista, comprometido y genial

Semblanza de Bertolt Brecht – El arte poético de un escritor idealista, comprometido y genial

Bertolt BrechtEugen Berthold (Bertolt) Friedrich Brecht, mejor conocido como Bertolt Brecht, considerado en el universo literario, uno de los poetas y dramaturgos más destacados, innovadores e influyentes del siglo XX, logró reflejar en sus textos, empapados del inconformismo que caracterizó toda su obra, un compromiso político inquebrantable y una crítica sin concesiones a las formas de vida, la ideología, las estructuras jerárquicas y la concepción artística, de la burguesía dominante en la sociedad del tiempo histórico en el que vivió.

Este destacado escritor alemán nació el 10 de febrero de 1898, en el seno de una familia acomodada residente en Augsburgo (Baviera). Desde muy pequeño se sintió atraído por las letras, vocación que lo llevaría a publicar su primera obra teatral titulada “Baal” antes de cumplir sus veinte años. Cursó estudios de Literatura y Filosofía en Munich, intentando posteriormente añadir Medicina, carrera que finalmente dejaría inconclusa.

Rebelde, de fuerte carácter independiente y dispuesto a vivir intensamente sin condicionamientos, buscó en el arte la forma de entender, descifrar y explicar la realidad y encontró en la literatura una herramienta adecuada para intentar cambiar esa realidad social que tanto le atormentaba.

Reconocido en forma unánime como el creador del llamado teatro épico (o teatro dialéctico), donde el objetivo era lograr la reflexión y la toma de conciencia por parte del espectador, poniendo de relieve al mismo tiempo, la necesidad humana de felicidad como base imprescindible para la vida.

Autor prestigioso, poseedor de un estilo definido por una prosa breve y didáctica y de una poesía cristalina y viva, gracias a la cual ha logrado trascender y convertirse en una lectura indispensable para aquellos amantes del arte lírico y sobre todo de la poesía social.

De su inspiración y talento poético surgieron estos escritos:

La piel

La piel, de no rozarla con otra piel, se va agrietando.
Los labios, de no tocarlos con otros labios, se van secando.
Los ojos, de no mirarse con otros ojos, se van cerrando.
El cuerpo, de no sentir cerca otro cuerpo, se va olvidando.
El alma, de no entregarla con toda el alma, se va muriendo.

La cuerda cortada

La cuerda cortada puede volver a anudarse,
Puede aguantar, pero está cortada.
Quizá volvamos a tropezar,
pero allí, donde me abandonaste,
no volverás a encontrarme.

Hay hombres que luchan un día

Hay hombres que luchan un día, y son buenos.
Hay otros que luchan un año, y son mejores.
Están aquellos que luchan muchos años
y son muy buenos.
Por último, los hay que luchan toda la vida;
estos son los imprescindibles.

Fue un prototipo del intelectual revolucionario que en una temprana juventud había adherido al marxismo y que en 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se vio obligado a abandonar su patria. Muchos de sus libros fueron quemados por fanáticos partidarios del nacionalsocialismo, que comenzaba a incendiar el continente europeo convirtiéndolo en un infierno aterrador.

En su poema “Alemania” escribió el célebre autor:

“¡Oh Alemania, pálida madre! Entre los pueblos te sientas cubierta de lodo.
Entre los pueblos marcados por la infamia tú sobresales.
(…) ¡Oh Alemania, pálida madre! ¿Qué han hecho tus hijos de ti
para que, entre todos los pueblos, provoques la risa o el espanto?”

“…Hablen otros de su vergüenza. Yo hablo de la mía.”

Después, como desesperanzada disculpa, Bertolt Brecht expresaba en otro poema:

“A los que vendrán después”

Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe,
es porque todavía no ha oído la terrible noticia.

¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿será encontrado cuando los amigos
necesiten su ayuda?

Es verdad que todavía me gano el sustento,
pero creedme: es por casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta hartarme.
Las cosas todavía me van bien

(si la suerte me abandonase, estaría perdido).

Me dicen: “Come, bebe, alégrate por lo que tienes!
Pero… ¿cómo puedo comer y beber
si estoy arrebatando al hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al sediento?
Y sin embargo continúo comiendo y bebiendo.

Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan de la sabiduría:
consiste en apartarse de los problemas del mundo
y, sin temores, dejar que transcurra tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida en la tierra,
pagar el mal con el bien,
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que llaman sabiduría.
Pero yo no consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos.

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba el hambre,
me mezclé entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé con ellos.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Comí mi pan en medio de batallas,
dormía entre asesinos,
traté despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui impaciente con la naturaleza.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mi época todos los caminos conducían al fango,
mis palabras me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más seguros sin mí.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Nuestras fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba distante
y aunque podía distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez no la alcanzaría.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en que nosotros nos hemos hundido,
acordaos también, cuando habléis de nuestras flaquezas,
de los tiempos sombríos de los que os habéis librado.
Cambiábamos más frecuentemente
de país que de zapatos, a través de las guerras de clases,
desesperados, porque reinaba la injusticia
y nadie se indignaba.

Bien sabemos que el odio contra la ruindad
deforma el rostro y la rabia contra la injusticia
enronquece la voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser bondadosos!

Pero vosotros, cuando llegue el momento
en que el hombre sea bueno para el hombre,
¡acordaos de nosotros con comprensión!

El 28 de febrero de 1933, un día después de la quema del Parlamento (Reichstag) alemán, hecho cuya responsabilidad sigue siendo un tema de permanente debate e investigación, pero que es considerado fundamental para el establecimiento del Tercer Reich de la Alemania nazi; Bertolt Brecht emprendió un largo y difícil camino hacia el exilio en Svendborg (Dinamarca). Con el transcurrir de los meses su situación se vio agravada por el inicio y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y debió peregrinar durante años a través de varios países, hasta establecerse en los Estados Unidos en 1941. Finalizada la contienda, sus opiniones políticas y sociales lo transformaron en sospechoso para las autoridades estadounidenses, por lo que debió trasladarse a la República Democrática Alemana, estableciéndose en Berlín. Allí fundó la compañía de teatro “Berliner Ensemble”, en un intento concreto de materializar sus teorías teatrales.

Bertolt Brecht falleció de una trombosis coronaria en agosto de 1956, en la misma ciudad de Berlín (Berlín Este por entonces) donde la férrea hegemonía del comunismo soviético, había sembrado una semilla de escepticismo y decepción en la ideología del escritor. Dejó a la posteridad un estilo literario en el que siempre se encuentran entrelazados el fondo, las formas, la estética y los ideales enfocados hacia un contexto político e histórico. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro, podía contribuir a modificar para bien el mundo.

Su particular lenguaje, continúa ejerciendo marcada influencia hasta hoy en los cultores de la poesía social y del teatro moderno.

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