Tal vez – Amado Nervo

Tal vez – Amado Nervo. Arte literario y publicidad en una poesía

Tal Vez - Amado NervoLa lluvia serena en conjunción con ciertas horas de la noche, tiene para mí una cuota de vaga nostalgia y me regala un tiempo que aprovecho para deleitarme escuchando música o para recorrer la biblioteca familiar con el propósito nunca terminado de clasificar, ordenar libros, revistas y material relacionado y por que no, con la esperanza permanentemente renovada de encontrar alguna anécdota pintoresca de las que siempre nutren la vida de escritores y poetas.

Así fue que encontré este viejísimo poema de Amado Nervo, fechado en septiembre de 1912, llamado Tal vez.

VIII.

Tal vez…

Tal vez ya no le importa mi gemido
en el indiferente edén callado
en que el espíritu desencarnado
vive como dormido…
Tal vez ni sabe ya cómo he llorado
ni cómo he padecido.

En profundo quietismo,
su alma, que antes me amara de tal modo,
se desliza glacial por ese abismo
del eterno mutismo,
olvidada de sí, de mí, de todo…

Lo curioso y anecdótico de esta poesía, es que en los años dorados de la romántica década de 1960, una antigua publicidad de la fábrica industrial “Virgilio Fossati” S.A., fabricante en Argentina de las “Medias Reina Cristina”; comprometía la entrega en el interior de cada paquete del producto, de una copia de este verso.

La imagen que ilustra esta nota fue tomada de una subasta que se realiza por internet, describiendo el muy buen estado general de conservación del documento, obviamente con muestras normales de deterioro por el paso del tiempo. No tengo elementos para corroborar la autenticidad. Pero el aviso existe.

El poema Tal vez es bellísimo, acorde a la distinción y jerarquía de su encumbrado autor. El diseño gráfico parece acertado. En cuanto a la publicidad en sí, no se me ocurre ningún argumento válido para relacionar la venta de un paquete de medias con un poema de Amado Nervo. No le encuentro explicación si es que tiene alguna explicación. Detalles quizás de una época de romanticismo puro y melancólico.

Amado Nervo fue un célebre poeta mexicano nacido en 1870 y fallecido en Montevideo, Uruguay en 1919. Autor de una monumental poesía lírica titulada “La amada inmóvil”, que describe en dolida recordación la historia compartida quien fuera el gran amor de su vida: Ana Cecilia Luisa Dailliez.

Vivió también con tormento un episodio inapropiado, cuando intentó sin llegar a concretarlo, un romance con Margarita Elisa Dailliez, la hija adolescente de su adorada Ana; quien respondió a su confesión de amor: “¿Cómo decir te quiero sin añadir: papá?”.

Inolvidables poemas como: “Autobiografía”; “Ofertorio”;”Si una espina me hiere”(Ver poemas y nota); “Lo más natural”(ver poema); “Cobardía”(ver poema); “El primer beso”(ver poema); “En paz”(ver poema); inmortalizaron la obra de este precursor de la corriente literaria denominada “Modernismo”, inspiración fundacional de otro eximio poeta de la literatura universal: el nicaragüense Rubén Darío.

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Semblanza de Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós – Creador de un estilo narrativo singular y genial

Benito Pérez GaldósLa privilegiada historia literaria española tuvo en Benito Pérez Galdós, a uno de los más renombrados cultores de la novela realista de fines del siglo XIX y principios del siglo XX en la península ibérica y también uno de los más importantes escritores en esta lengua a nivel universal.

Benito María de los Dolores Pérez Galdós, prestigioso novelista, dramaturgo y cronista nació el 10 de mayo de 1843 en el seno de una familia de clase media de Las Palmas de Gran Canaria (España). Era el décimo hijo del coronel de ejército Sebastián Pérez y de Dolores Galdós, una dama de carácter fuerte, hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre le inculcó la pasión por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado, circunstancia que desarrolló en el niño tímido y reservado, que amaba la música y la pintura, una imaginación desbordante y el interés por los libros.

Benito Pérez Galdós recibió una estricta educación religiosa; en 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y bastante avanzada para la época, eran los años en que empezaban a difundirse por España las polémicas teorías darwinistas; cursó y obtuvo posteriormente el título de Bachiller en Artes siempre en su terruño para, en 1867, trasladarse a Madrid con la intención de estudiar derecho, carrera que abandonó al poco tiempo de iniciar, para dedicarse plenamente a la labor literaria. Desde muy joven, se identificó con las ideas del liberalismo, doctrina que guió sus primeros pasos en la política y se definió como un progresista anticlerical.
En Madrid entró en contacto con el krausismo de Francisco Giner de los Ríos, que fue su mentor. En esos años juveniles acudía con frecuencia a las tertulias literarias y al Ateneo madrileño.

En 1865 presencia los acontecimientos sucedidos en la llamada “Noche de San Daniel”, cuyos terrible sucesos lo impresionaron vivamente: “Presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel —10 de abril del 65—, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil, desde la casa de huéspedes, calle del Olivo, en que yo moraba con otros amigos, pude apreciar los tremendos lances de aquella luctuosa jornada. Los cañonazos atronaban el aire… Madrid era un infierno”. Solía comentar el gran escritor.

En 1868, un viaje a París, le permitió descubrir a los grandes novelistas franceses de su tiempo. De regreso en Madrid, comenzó a traducir a Charles Dickens además de escribir obras para teatro y trabajar para periódicos y revistas escribiendo artículos y colaboraciones basadas en poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. Continuó así hasta que, en 1870, se decidió a publicar con dinero prestado por un familiar, su primera novela: “La Fontana de oro”. (En esa época, la publicación de un libro se hacía gracias a la ayuda de los periódicos y de las revistas o corría a cuenta del autor).

También comenzó a redactar y publicar la que, con los años, se convertiría en su obra cumbre: “Episodios nacionales”, donde cuenta la vida de los españoles del siglo XIX, inmersa en la problemática de los diferentes sucesos históricos que fueron aconteciendo y que marcaron el destino colectivo del país. El éxito inmediato de la primera serie lo indujo a seguir, hasta que finalmente formó la enorme colección completa de novelas enlazadas.

Para conocer bien a España, Benito Pérez Galdósrecorrió su territorio en vagones de ferrocarril de tercera clase, codeándose con gente de condición miserable y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte. Acostumbraba levantarse temprano y escribir regularmente hasta las diez de la mañana, a lápiz, porque protestaba que la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la cautivante frescura y variedad de sus diálogos) y para observar detalles que luego incorporaba a sus novelas. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefiriendo los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, cuya obra conocía en detalle. En su madurez empezó a leer a León Tolstoi. Pérez Galdós adoraba la música y durante mucho tiempo también hizo crítica musical.

Fue siempre bien visto por sus coetáneos en el terreno profesional, siendo considerado un gran escritor y un novelista de éxito que participaba en interesantes tertulias frecuentadas por lo más granado de la cultura. Autor de citas y pensamientos de profundo contenido filosófico “La experiencia es una llama que no alumbra sino quemando” escribió alguna vez. Poseía una especial sensibilidad por el lenguaje popular; Pío Baroja decía de él que “sabía hacer hablar” al pueblo. Consciente de esta gran virtud, solía utilizar a menudo el diálogo en sus trabajos.

Prolífico autor de una inmensa obra narrativa: Escribió treinta y dos novelas, cuarenta y seis episodios nacionales, veinticuatro obras de teatro e infinidad de prólogos, artículos, cuentos y críticas literarias.

En ese legado destacan. Novelas: “La Fontana de Oro”; “La sombra”; “Doña Perfecta”; “Gloria”; “La familia de León Roch”; “Marianela”; “Tormento”; “Lo prohibido”; “Fortunata y Jacinta”; “Miau”; “Torquemada en la hoguera”; “Realidad”; “Tristana”: “Misericordia” y “El abuelo”.

Episodios nacionales: “Trafalgar”; “La Corte de Carlos IV”; “Bailén”; “La Batalla de los Arapiles”; “Memorias de un cortesano”; “El Terror”; “Los Apostólicos”; “Un faccioso más y algunos frailes menos”; “La estafeta romántica”; “Bodas reales”; “Los duendes de la camarilla”; “La Revolución de Julio”; “La vuelta al mundo en la Numancia”; “Carlos VI en la Rápita”; “España sin Rey”; “España trágica”; “La Primera República” y “De Cartago a Sagunto”.

Benito Pérez Galdós – Narrativa breve: “La novela en el tranvía” .

Teatro: “Realidad”; “La loca de la casa”; “La de San Quintín”; “Los condenados”; “Doña Perfecta”; “Electra”; “Casandra”; “Celia en los infiernos”; “El tacaño Salomón”; “Santa Juana de Castilla” y “Antón Caballero”(inacabada).

Los biógrafos e historiadores que analizaron la obra de Benito Pérez Galdós, se han basado sobre todo en el singular estilo narrativo que desplegaba en sus escritos. La primera clasificación completa corresponde a Joaquín Casalduero, que en su libro “Vida y obra de Galdós”, desmenuza el desarrollo interior de la obra galdosiana y la sensibilidad e ideas que regían su creación, señalando en su trayectoria la evolución de lo material hacia lo espiritual y psicológico y hacia los llamados valores humanos universales.” , Casalduero también opinaba que: “Galdós ya no se siente atraído por la cantidad de detalles, sino por la calidad. A medida que penetra más en el mundo espiritualista, siente más fuertemente la necesidad de una forma de expresión que le permita pasar de lo objetivo a lo subjetivo”.

Influenciado por Honoré de Balzac, Charles Dickens y Émile Zola; describió con estudiado realismo ambientes y personajes, configurando retratos sociales admirables. Su estilo transparente, académico y castizo buscaba la naturalidad evitando cualquier artificio retórico, a fín de ofrecer, según los postulados estéticos realistas, la interpretación más acertada posible de lo que pretendía expresar. Tenía un dominio imperceptible y fino del humor y la ironía.

Había comenzado cultivando una novela de tesis, en que los personajes aparecían definidos por un patrón que los dividía entre reaccionarios y liberales, se interesó luego por los aspectos más costumbristas y por facetas más espirituales de los personaje intentando describir la burguesía española de su época y así buscar sus orígenes en la historia reciente a través de la novela histórica. También ensayó otras exitosas fórmulas de relato, como la novela dialogada.

El mérito de Benito Pérez Galdós fue el de haber transformado el panorama novelesco español de aquellos tiempos, dando vida al realismo y dotando de una gran expresividad a la narrativa.

En 1892 se dispuso a trabajar en procura de la reforma del teatro. El estreno de “Electra” (1901) constituyó un acontecimiento nacional: al terminar la representación los jóvenes modernistas acompañaron al autor hasta su casa en loor de multitud.

Poesia a un secreto de amor

Cultivó intensamente varios géneros literarios y entre ellos, su vena lírica no podía quedar marginada: dedicó este poema a un amor secreto que permaneció por siempre en el anonimato.

“A mi adorable Amor Secreto”

Mi amor es secreto, misterioso y oculto como las perlas,
que además de estar dentro de una concha,
están en el fondo del mar.

No tengo celos de nadie, porque su corazón es todo mío;
no tengo celos más que de la publicidad.
Odio de muerte a todo el que descubra y propale mi secreto.

Antes me arrancaré la lengua,
que pronunciar su nombre delante de otra persona.
Su nombre, su casa, su familia, todo es misterioso.

Yo me deslizo en la oscuridad, en oscuridad profunda
que no proyecte sombra alguna, y abro mis brazos para recibirla,
y los oscuros cuerpos se confunden en el negro espacio…

La vida privada y sentimental de Benito Pérez Galdós no ha sido muy estudiada, en parte por la discreción con que el mismo autor envolvió y mantuvo en reserva sus asuntos íntimos y de la que hizo gala incluso en sus “Memorias de un desmemoriado”, intencionalmente anodinas. El mismo sostenía al respecto que “los escritores deben poner entre su persona y el público una pequeña Muralla China”.

De rostro a veces extrañamente inexpresivo, callado, seco, usaba el pelo bien corto y para pasar inadvertido acostumbraba vestirse con tonos sombríos que daban a su figura un inverosímil aspecto de modestia. En invierno acostumbraba enrollarse al cuello una bufanda de lana blanca. No bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja y padecía atormentadoras migrañas.

La exagerada timidez que lo caracterizaba le hacía ser más que parco en palabras y siempre le costaba hablar en público. Pero por otra parte, estaba dotado de un proverbial poder de observación y una memoria visual asombrosa que sumada a una retentiva increíble, le permitían recordar capítulos enteros de libros que había leído y detalles insignificantes de paisajes que había visto solamente una vez, décadas atrás, atributos que fueron decisivos para jerarquizar su forma de escribir.

Solterón y monógamo por vocación, cliente frecuente de amores mercenarios y clandestinos. Nunca se casó, pero enamoradizo, poco fiel y muy inconstante en sus sentimientos, estuvo siempre acompañado de mujeres con las que mantuvo peculiares relaciones amorosas.

Poco trascendió de Teodosia Gandarias, como suele suceder en estas historias, más allá de que era una maestra muy culta. En 1907 quedó embarazada y posiblemente dio a luz a un hijo varón que murió. Cuando le comunicó su embarazo a Galdós, éste respondió: “¿será o no será? Estaremos con nuestros corazones a la expectativa. ¡Oh secreto de la naturaleza, oh milagro del tiempo, oh felicidad no por tardía menos soberana!”.

Prosiguiendo después: “Adorada Teo, vaporosa y preciosa: he recibido ayer tu bella carta. A lo que dices añado yo que si no existiera el amor, el mundo sería una sosería insoportable. Por él vivimos, y de las bestias nos diferenciamos por la espiritualidad del amor.”

Un año después continuaba escribiéndole: “Alma mía, todo mi ser es tuyo. Corazón y cerebro te pertenecen. Te quiero con pasión sosegada y segura, con inconmovible asiento”.
Teodosia le escribió a Benito 239 cartas entre 1907 y 1915. Las cartas están en el archivo de la Casa-Museo Pérez Galdós.

Todo terminó sin explicaciones. Y ella fue su última historia de amor.

Actualmente también es conocida, una aventura que tuvo el gran escritor con la actriz española Concha Morell.

Las cartas olvidades del amor entre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán.

No obstante la prudente reserva de los protagonistas, el romance que más trascendió causando impacto y conmoción social, fue la relación de Péres Galdós con la condesa Emilia Pardo Bazán, una noble y aristócrata escritora, crítica literaria y catedrática española.

Él estaba en el apogeo de su carrera de escritor, iniciando su etapa naturalista, y Emilia acababa de publicar su libro “La cuestión palpitante”, al mismo tiempo que iniciaba los trámites para una discreta separación conyugal de su marido. Benito y Emila iniciarían una relación amistosa de colegas que con el tiempo desembocó en una intensa y volcánica pasión sentimental y a la luz de las cartas publicadas en 1975 por Carmen Bravo Villasante, de subidos tintes eróticos.

Emilia Pardo Bazán (a quien se le atribuye haber introducido en España las ideas de Émile Zola acerca del naturalismo), era una de sus más sinceras confidentes y colaboradoras. Una mujer que frecuentemente desafiaba con palabras y actitudes, las costrumbres y principios moralistas establecidos por la rígida sociedad imperante en la época.

Benito tenía entonces 46 años y Emilia 38, cuando ella le escribió este apasionado y clarificador párrafo:“…Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien, siempre será una felicidad inmensa, que contigo y sólo contigo se pueda saborear, porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro”.

En otra oportunidad agregó: “Ven, no se me ocurre otra cosa. Ven a tomar posesión de estos aposentos escultóricos. Aquí está una buitra esperando por pájaro bobo, por su mochuelo. Yo no sé cómo es esto del amor; se me figura (sin ánimo de blasfemar) que en algo se parece a la eucaristía: non confractus, non divisus. Hay en mí una vida tal afectiva y física, que puedo decir sin mentir que soy tuya toda: toda, me has reconquistado de muchas maneras y más que nada te querré porque nunca me habías perdido; porque te quise ayer y te querré mañana; y quién sabe si mañana te querré de tal manera que no tengas queja alguna de mí, que ninguna espinita se te clave en el alma y ¿que pasemos juntos los últimos días de la vida amorosa? Ven, anda. Pon la cabecita aquí (ya sabes dónde) y yo te pasaré los labios suavemente por encima de la sien y de las mejillas. ¿Así? Otra vez”.

Las cartas de amor de Pérez Galdós a la escritora no se conservaron, pero las de Pardo Bazán han sobrevivido (en parte) al paso del tiempo. Los esfuerzos detectivescos de los escritores Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, posibilitaron localizarlas y publicar el resultado con el título de “Miquiño mío”: Cartas a Galdós”

Estas cartas permiten seguir el proceso de acercamiento y separación entre los dos enamorados. Él era uno de los escritores favoritos de la familia de Emilia, así que las cartas de Galdós eran esperadas con interés en casa de la condesa. A medida que aumentaba la intimidad entre ambos, el escritor empezó a escribir dos cartas. Una era la que podían leer los familiares de Emilia Pardo Bazán y otra, secreta, la que sólo ella debía leer. El Sr. Don Benito Pérez Galdós de las cartas del principio acabó convirtiéndose en “Miquiño mío”, “Miquiño del alma”, “dulce vidiña”, “ratonciño del alma”, “amado roedor mío” y otros vocativos que Emilia utiliza para dirigirse a su amante en la correspondencia de respuesta, firmada con los apelativos de Porcia y Matilde, que empleaba para esos propósitos.

Estas cartas, fueron la muestra de la pasión irrefrenable que dominaba a la notable escritora y que a veces la llevaron a agredir los principios de la gramática, dedicando párrafos como este: “En cuantique te vea te como”.

A mediados de la década de 1890 la intimidad acabó, aunque el contacto epistolar continuó esporádicamente.

En 1886, a petición del presidente del partido liberal, Benito Pérez Galdós fue nombrado diputado por Puerto Rico, (un lugar que nunca conoció) desempeñando el cargo hasta 1890, a pesar de su poca predisposición para la actvidad pública. También fue éste el momento en que rompió definitivamente su relación secreta con Emilia Pardo Bazán, e inició una vida en común en Santander con Lorenza Cobián, una mujer analfabeta de condición humilde, que intelectual y culturalmente estaba muy lejos de Doña Emilia. Con Lorenza, tuvo una hija, lo que fue considerado una transgresión escandalosa y muy criticada por los referentes sociales de la época. Finalmente esta joven terminaría con su vida suicidándose.

Los años finales de Benito Pérez Galdós 

Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara y dividió todo en dos partes, originándole un enorme perjuicio económico y deudas que debió afrontar con mucho sacrificio.
Después de haber sido rechazada su candidatura unos años antes, logra ingresar como miembro de la Real Academia Española en 1897. En 1912, el novelista canario era uno de los más firmes candidatos a ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura, pero una durísima campaña de críticas opositoras generada por sus enemigos políticos, lo privó de ese reconocimiento disuadiendo a la Academia Sueca del propósito de galardonarlo.

Durante los últimos años de su vida, abandonó la escena política en la que había participado como diputado elegido por la coalición republicano-socialista, en la convocatoria electoral de 1907, como también dejó de lado sus incursiones literarias, aquejado de arteriosclerosis y por una ceguera progresiva severa.

El 20 de enero de 1919, se descubrió en el Parque del Retiro de Madrid una escultura erigida por suscripción pública. A causa de su ceguera, Pérez Galdós pidió ser alzado para palpar la escultura, al hacerlo lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la obra que un joven y casi novel Victorio Macho, había esculpido sin cobrar por su trabajo. Espontáneamente fue ovacionado por todos los participantes del acto.

Un año más tarde, en la madrugada del 4 de enero de 1920, Benito Pérez Galdós cronista de España por designación del pueblo soberano, murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid. En su entierro, una multitud acompañó su ataúd hasta el cementerio de la Almudena.
El lunes 5 de enero, después del paso de la gente por la capilla ardiente, partió el cortejo fúnebre con la Guardia Municipal, de gala, rodeando el féretro cubierto por incontables coronas de flores. Aunque en esa época no era costumbre que las mujeres acudieran a los entierros, todo cambió en aquella oportunidad iniciando, la excepción la actriz Catalina Bárcena, y en cuanto el duelo oficial se retiró, a la altura de la Puerta de Alcalá, progresivamente fueron acudiendo las otras mujeres de Madrid: las obreras, las humildes artesanas, las menestralas, las madres de familia de las clases populares.

Era un día triste, había muerto un personaje ilustre y eximio escritor; el abuelo que contaba historias sencillas, conmovedoras que ellas podían entender y sentir, el escritor que las había inmortalizado con muy diversos nombres, sentimientos y emociones, emprendía aquella fría tarde del invierno español, su último viaje a la eternidad.

Para conocer más:

Puerto Rico fue un territorio de ultramar, perteneciente a la corona española desde la llegada de Cristóbal Colón en 1493 hasta la promulgación de la Carta Autonómica de Puerto Rico en 1897, siendo provincia española de 1897 hasta la guerra hispano-estadounidense de 1898.
Cuatro siglos de administración española dieron lugar a una cultura hispanoamericana, siendo la lengua española y el catolicismo sus elementos más distinguibles.

En oportunidad de celebrase una las conferencia de Leopoldo Alas, a la que Galdós asistió, conoció y trabó amistad con este famoso crítico y novelista asturiano conocido popularmente con el seudónimo de “Clarín”.

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Semblanza de Alfred Nobel

Alfred Nobel: La vida poco conocida y llena de controversias de un adalid de la paz

Alfred NobelEn el año 1867 Alfred Nobel logró, gracias a sus investigaciones y experimentos, reducir la volatilidad de la nitroglicerina que había descubierto el químico italiano Ascanio Sobrero (1812-1888), haciendo una mezcla con un material poroso absorbente (la tierra de diatomeas). El resultado obtenido, fue un polvo que podía ser percutido e incluso quemado al aire libre sin que explotara; se necesitaban detonadores eléctricos o químicos para producir una explosión de esta mezcla. Había nacido la dinamita y consecuentemente la vida de su inventor daría un vuelco fundamental.

Un lustro después este notable inventor, a los 40 años de edad, ya había establecido los cimientos sólidos de un imperio industrial mundial; sus empresas progresaban a ritmo febril y su fortuna personal se acrecentaba constantemente. Alfred Nobel, siendo multimillonario y a pesar de haber concretado sus descubrimientos científicos más importantes, continuaba investigando y registrando patentes de inventos.

Alfred Bernhard Nobel se caracterizaba sin duda, por ser un hombre de gran versatilidad. Hablaba cinco idiomas con absoluta fluidez: sueco, ruso, inglés, francés y alemán y gozaba de enorme prestigio social. Inventor destacado, empresario cosmopolita, un verdadero visionario de la industria y su propio administrador. Él mismo gestionaba los derechos de patentes, concertaba tratos de negocios en distintas países del mundo, desarrollaba nuevos productos, fundaba nuevas compañías. En un tiempo en que aún no se conocían las innovaciones tecnológicas actuales, como el celular, el teléfono, el fax, las computadoras, internet, las redes sociales; sus logros de gestión exitosa, careciendo de estos recursos, fueron admirables. Además, debía viajar en tren o barco, con las demoras y pérdidas de tiempo que eso implicaba, ya que esto aconteció mucho antes de la invención del avión. Fue sin pretenderlo, el primer empresario globalizado de la moderna era industrial.

Alfred Nobel llevaba una vida frenética y estresante, enfrentando los problemas que se originaban en sus fábricas por explosiones accidentales a causa de los materiales explosivos que se utilizaban o por cuestiones legales causados por algunos socios y financistas poco honestos. Por otra parte su estado de salud no era bueno y frecuentemente claudicaba sintiéndose mal o enfermándose. Pero nada de eso lo inmovilizó ni lo detuvo, con perseverancia, voluntad y disciplina continuó avanzando hasta lograr sus propósitos.

Por esa época, la evidencia de los estragos bélicos que causaron sus inventos armamentísticos, terminó asociando indefectiblemente su nombre al poder destructivo de sus invenciones, a pesar de que en un principio la dinamita, que estaba destinada a usos en la minería, la ingeniería y la construcciónes, fue considerada como un hallazgo humanitario que reduciría el riesgo de accidentes.

Profundamente convencido de sus ideas progresistas, pacifista acérrimo y admirado, fue un viajero incansable y ciudadano del mundo. Alfred Nobel vivió en Suecia, Rusia, Alemania, Francia e Italia, sin embargo, mostró incoherencias inexplicables entre su pensamiento y su forma de actuar, por las que fue vilipendiado por sus detractores que le recriminaban haber amasado una cuantiosa fortuna mediante negocios inescrupulosos e incompatibles con los principios que decía sostener: registró 356 patentes, muchas de ellas de elementos letales que serían utilizados para fines militares, creó numerosas compañías para explotar sus ingeniosos inventos (como Dynamit Nobel), invirtió en pozos de petróleo en el Cáucaso, se dedicó como químico al desarrollo de herramientas tan mortíferas como la citada dinamita, la gelignita (1875) o la balistita o pólvora sin humo (1887), y no sólo eso: durante un tiempo fue propietario de la más famosa empresa de armas sueca, Bofors, a la que orientó hacia la fabricación a gran escala de cañones.

También su personalidad presentaba facetas contradictorias y difíciles de comprender. En conversaciones coloquiales y en su correspondencia particular, Alfred Nobel podía ser sarcástico y ofensivo. Solía tratar el Parlamento Británico de “casa de arrogantes”; sobre sus médicos manifestaba que “son deplorables los de su profesión”; sobre periodistas decía ser “microbios bípedos peores que pulgas”.

Varias veces fue consultado para asumir cargos de responsabilidad en el ámbito internacional, cosa que siempre rechazó por falta de interés. La siguiente observación registrada en su diario lo demuestra: “El pedido para ocupar cualquier puesto en esa colección multicolor de 1.400 millones (Nobel se refiere a la población mundial de su época) de monos bípedos sin cola que andan en nuestro nuestro proyectil terrestre”, una opinión a todas luces objetable.

Como contrapartida, su benevolencia era generosa y sorprendente. Recibía muchas cartas en las que le pedían dinero y rara vez se negaba a conceder lo solicitado cuando se trataba de personas o instituciones necesitadas. Se negaba a donar, cuando le pedían para erigir un monumento en homenaje a alguien: “Prefiero dar a los vivos”, solía decir.
Alfred Nobel, por prescripción médica estaba obligado a obedecer una dieta estricta, razón por la cual siempre llevaba a su cocinera cuando viajaba. Cierto día, esta cocinera resolvió casarse y Nobel le pidió que eligiera lo que quería como regalo de bodas. Ella respondió que deseaba un regalo con el “valor del beneficio de un día de trabajo de Monsieur Nobel”. El inventor no titubeó y le firmó un cheque de 40 mil francos.

Pintura de Alfred NobelA mediados del siglo pasado historiadores y biógrafos coincidieron en que, todo lo que se sabía acerca de la intimidad de este misterioso inventor, no se correspondía con el personaje verdadero y real que era investigador, descubridor, empresario, financista, filántropo y pacifista, todo al mismo tiempo. Para la gente común era un gran desconocido y la mayoría sólo tenía referencias de él, por los premios que llevan su nombre, pero pocos sabían quién era realmente este extraño e inusual hombre de ciencia. No difiere mucho en la actualidad esta apreciación.

Genial inventor, en su vida privada Nobel era un individuo taciturno, solitario empedernido y ambiguo, sin amigos auténticos. Vivía para el trabajo y para el mantenimiento de su patrimonio. Nunca se casó ni tuvo hijos y solamente se tienen noticias acerca de dos experiencias amorosas frustradas que lo decepcionaron. Su existencia quedó encerrada entre dos extremos que lo afligían: ser inventor y fabricante de artefactos de guerra y un pacifista a ultranza por convicciones. A través de la literatura buscó internamente una isla apartada, para alcanzar un poco de sosiego.

En 1876 Alfred Nobel, que buscaba una secretaria para su oficina en París, contrató a Bertha Kinsky. Una mujer austríaca de 35 años, muy conocida, descendiente de la alta nobleza de Bohemia; escritora políglota, periodista, ensayista y una activa militante en movimientos pacifistas. Nobel se sintió atraído por ella imaginando que sería la candidata ideal para esposa. Ella lo rechazó alegando estar comprometida.

Bertha sólo permaneció en el empleo 15 días y renunció regresando a Viena, para casarse con Arthur von Suttner, miembro de la nobleza austro-húngara. No obstante Alfred y Bertha von Suttner permanecieron en contacto y más adelante mantuvieron una relación platónica que duró hasta su muerte.

En sus relatos la condesa austríaca recordaba que desde que conoció a Alfred, éste siempre le había expresado su interés en producir una máquina o un material, con un efecto tan devastador, que la guerra, desde el momento en que fuera utilizado su invento sería algo imposible de seguir haciendo. “Quizás mis fábricas pondrán un fin a la guerra antes que tus congresos. El día en que dos ejércitos se aniquilen mutuamente en un segundo, todas las naciones civilizadas van a retorcerse del terror y desmantelar sus tropas”. solía comentarle el célebre inventor.

Nobel no vivió lo suficiente para ser testigo del Apocalipsis y los terribles dramas desencadenados por las dos guerras mundiales y para darse cuenta de lo equivocado que estaba. Tal vez esta mirada tan subjetiva del problema de las guerras, sólo era una manera cómoda de defender sus actividades empresariales.

Biografía de Alfred Nobel – Reseña

Alfred Nobel, nació el 21 de octubre de 1833 en Estocolmo, capital de Suecia. Su familia descendía de Olof Rudbeck (Alfred era su chozno por rama paterna), reconocido científico y escritor sueco del siglo XVII. Su abuelo Immanuel Nobelius modificó el apellido simplificándolo a Nobel.

Su padre, Immanuel Nobel, un ingeniero e inventor, constructor de puentes y edificios en Estocolmo, así como experimentador de distintas técnicas explosivas con rocas, formalizó matrimonio con Andriette Ahlsell, burguesa de buena posición económica. Alfred y sus tres hermanos Robert, Ludvig Immanuel y Emil completaban la familia.

Dado que su padre, el mismo año en que nació Alfred, comenzó a tener problemas financieros en sus negocios que lo llevarían a la bancarrota, en 1837 el grupo familiar se vio obligado a emigrar a Finlandia y posteriormente a Rusia, para intentar rehacer su empresa. Para ayudar a la familia la madre, Andriette, abrió un almacén que generaba algunos modestos ingresos adicionales.

Alfred había ingresado a una escuela de Estocolmo a los 8 años de edad, pero solamente permaneció en ella tres meses. A partir de la mudanza de la familia a San Petersburgo y abrir el padre una empresa dedicada a la construcción mecánica, los cuatro hermanos Nobel, sólo tuvieron profesores particulares de excelencia que su padre podía pagar y que les dieron una esmerada educación. Su profesor de Matemáticas y Química Orgánica fue el renombrado profesor ruso Nikolai Nikolajewitsch Sinin, que había estudiado en Alemania con el famoso profesor Justus von Liebig. El profesor sueco Lars Santesson le impartió clases de Historia y lenguas. En 1850, el futuro inventor, viajó a París y Estados Unidos para perfeccionar sus conocimientos tecnológicos.

Paradójicamente Alfred Nobel, uno de los mayores descubridores de todos los tiempos, nunca rindió un examen, nunca ingresó en una universidad y nunca obtuvo un diploma. Fue un insaciable autodidacta que poseía una enorme aptitud para el aprendizaje. Sus conocimientos en el campo de la Literatura eran tan profundos como sus conocimientos en el campo de la Química y la Física.

Era un ávido lector de libros de ficción y desde niño demostró gran interés por la literatura inglesa que lo fascinaba, especialmente los poetas Lord Byron y Percy Bysshe Shelley. Esto provocó el disgusto de su padre, que quería ver a sus hijos estudiando ingeniería y trabajando con él en su empresa. Correspondencias de esta época describen a Alfred como un joven precoz, muy inteligente, pero a la vez melancólico y algo introvertido que prefería la soledad.

De hecho, en esa época adoptó una actitud hacia la vida imitando a Shelley: con un idealismo extravagante, un amor extremo por la humanidad, una postura pacifista absoluta y un ateísmo que rozaba el fanatismo fundamentalista. A los 18 años, durante su primera estadía en París, escribió un poema autobiográfico después de haber experimentado una desilusión amorosa. El poema que describe su vida adolescente, se titulaba “Dices que soy un acertijo” y habla de una chica “buena y hermosa, que me vio a mí, nada más que a mí, por amor. Pero tenía mayores demandas”. Los versos escritos en un excelente inglés terminan haciendo referencia a su triste soledad en la vida.

Por causas desconocidas, Alfred destruyó la mayoría de sus poemas juveniles, aún así, en las poesías y obras literarias que escribió en sus últimos años se pueden encontrar muchas referencias a sus años de juventud. Por ejemplo, en su poema “Pensamientos Nocturnos”, escrito aproximadamente en 1875, expresa su forma de pensar acerca de los enigmas de la vida, sobre Dios y la eternidad. En este poema también le dedica un espacio al físico y matemático inglés Sir Isaac Newton y a las ciencias naturales.

Se interesó también desde muy joven por la filosofía, Platón y Aristóteles fueron sus predilectos continuando con otras corrientes filosóficas en tiempos futuros. Mientras aún vivía en San Petersburgo, practicaba su francés, y entre los ejercicios que realizaba, traducía las obras de Voltaire del francés al sueco y luego de nuevo al francés, tras lo cual comparaba la última traducción con la versión original en francés. Tenía por costumbre memorizar diccionarios completos página por página.

En 1890 Nobel, por entonces de 57 años, se sentía extenuado. El recuerdo de su hermano menor Emil, fallecido en la trágica explosión que destruyó gran parte de la primera fábrica de su padre. Las muertes de su socio en París y de su su hermano Ludwig en Cannes. La campaña de la prensa francesa que lo acusaba de espionaje, fueron circunstancias que lo perturbaron y no pudo soportar. Optó en ese momento por vender su casa en París trasladando su residencia a San Remo en Italia. Por estos días escribió en sus memorias: “El comercio con explosivos me dejó enfermo. Constantemente oigo sobre accidentes, medidas restrictivas, burocracia, pedantería, vigas y otras maldades. Que no me es posible superar las incomodidades que me afligen diariamente. Quiero salir de esta vida de negocios, no hay motivo para que yo permanezca haciendo lo que ya no siento. No entiendo absolutamente nada de negocios y, para hablar la verdad, hasta los odio; no soporto más la lectura de asuntos comerciales de los que yo no entiendo más que el hombre de la luna …”
Este desahogo auténtico y sincero nos revela mucho acerca del carácter y las aflicciones de ese hombre solitario, que detestaba títulos y homenajes y que prefirió siempre mantener el anonimato en sus acciones.

Los Premios Nobel – Mentor, ideólogo y mecenas. – Ver nota relacionada – 

En sus últimos años Alfred Nobel, que conservaba aún el espíritu filosófico y humanista que profesara en su adolescencia, tomó una decisión trascendental y profundamente meditada. Resolvió donar casi la totalidad de la fortuna acumulada a lo largo de su vida (unos 33 millones de coronas, de los que apenas legó 100.000 a su familia), a una sociedad filantrópica –La Fundación Nobel–, creada en definitiva en el año 1900, con la misión de otorgar una serie de premios anuales a las personas que más hubieran hecho en beneficio de la Humanidad en las disciplinas de la física, la química, la medicina o fisiología y la literatura, (y a partir del año 1969 también se agregó la economía que entrega el Banco Central de Suecia). Y también premiar anualmente a los mejores exponentes de esfuerzos por promover la búsqueda de la paz mundial. El testamento fue firmado el 27 de noviembre de 1895 en el Club Sueco-Noruego de París.

Arrepentimiento, sentimientos y complejos de culpa por el daño y destrucción que sus inventos pudieran haber causado a la humanidad en los campos de batalla. ¿Una conciencia atormentada?. Su muerte sepultó en un secreto eterno, el motivo que pudo haber impulsado ese gran gesto del final de su vida y por el que ha quedado históricamente “redimido”: creador de los premios a la cultura, al conocimiento y humanismo de mayor prestigio a nivel universal y que llevan su nombre.

Un accidente cerebro vascular le causó la muerte a la edad de 63 años, cuando se encontraba descansando en su hogar de San Remo, el día 10 de diciembre de 1896. Pasados cuatro días la prensa divulgó el texto de su testamento. Se originó entonces una complicada situación legal, que dio inicio a una fuerte disputa jurídica internacional con la participación de varios países y que duró cinco años. También su familia se oponía a la creación de los Premios Nobel y los administradores nombrados por Alfred Nobel en su testamento para gestionar dichos premios, se negaban a cumplir su deseo.

Estas fueron las razones por las cuales la premiación sólo pudo iniciarse en 1901, año en el que se entregaron por primera vez las distinciones.

Alfred Nobel se veía a sí mismo con cierto escepticismo filosófico. Muchas veces se describía como un ermitaño solitario y melancólico o incluso un misántropo (persona que siente aversión a relacionarse con otras personas). Una vez escribió: “Soy un misántropo y a la vez totalmente bondadoso, tengo más de un tornillo suelto, pero a la vez soy alguien súper idealista que puede digerir con más eficiencia a la filosofía que a la comida”.

En una de sus citas preferidas escribió: “La esperanza es el velo que usa la naturaleza para ocultar la verdad”.

Para conocer más:

Alfred Nobel patentó el producto que había inventado con el nombre de dinamita, el 14 de octubre de 1863. En 1867 obtuvo la patente en Gran Bretaña y un año más tarde en los Estados Unidos.

En 1877 Nobel desarrolló otro producto que denominó “ballistid”, un explosivo a base de pólvora, con menos humo, que sustituyó a la pólvora negra y que revolucionó la técnica de las armas de fuego, desde la más simple pistola hasta poderosos cañones.

Con 356 patentes registradas, Nobel se encuentra oficialmente en la lista de los mayores descubridores de la Humanidad.

Los primeros logros de Alfred Nobel encenderían algunos sentimientos de disgusto en su padre, ya que al tomar conocimiento de los experimentos de su hijo, lo acusó de haberle robado su descubrimiento. No obstante, es necesario aclarar que mientras Alfred era un químico científicamente entrenado, su padre era más bien un aficionado en la materia. Alfred no tardó en imponer su posición a través de una carta que le envió a Estocolmo, tras la cual, su padre admitió que se había equivocado.
A continuación, se muestra un extracto de la carta referida:

“Querido padre: …Cuando me escribiste por primera vez a Petersburgo, me diste a entender que el nuevo tipo de pólvora explosiva (pólvora clorotada) era un descubrimiento ya bien probado y con un poder explosivo veinte veces superior al de la pólvora ordinaria. Luego, cuando me llamaste y fui hasta Suecia, descubrí que tus declaraciones estaban basadas en un experimento inconcluso realizado con un tubo de plomo. El resultado fue un fiasco total….Mientras tanto, de acuerdo a un buen consejo de Ludvig, decidí no desacreditar ni a mi persona ni a ninguno de nosotros, recomendando pólvora de ácido clórico, y comencé a trabajar por mi cuenta con piroglicerina en Petersburgo. De hecho, logré producir resultados extraordinarios con experimentos de pequeña escala bajo el agua….He llegado a la conclusión de algo que ya sospechaba, y que es completamente diferente al principio que subyace en tu uso de la pólvora de glicerina. Mi conclusión es que si se utiliza una pequeña cantidad de piroglicerina y se la hace explotar rápidamente, el shock y el calor generados van a propagar la explosión a toda la masa (que lo contiene)”.

Gracias a la forma sencilla y directa en que Alfred Nobel aclaró la situación, luego de un tiempo, su relación con su padre se recompuso.

Bertha Kinsky, baronesa de von Suttner, fue la segunda mujer galardonada con el Nobel después de la científica polaco-francesa Marie Curie. Pero fue la primera mujer en recibir el Premio Nobel de la Paz en 1905. Además de activista era una escritora consagrada y su novela “¡Abajo las armas!”, se convirtió en un clásico y obra cumbre del movimiento pacifista internacional.

Testamento de Alfred Nobel (completo)

Yo, el firmante, Alfred Bernhard Nobel, por la presente, luego de deliberación madura, declaro que el siguiente será mi último deseo y testamento con respecto a cada propiedad que pudiera ser dejada por mí al momento de mi muerte:

A mis sobrinos, Hjalmar y Ludvig Nobel, los hijos de mi hermano Robert Nobel, les dejo la suma de Doscientas mil Koronas a cada uno;

A mi sobrino Emanuel Nobel, la suma de Trescientas Mil, y a mi sobrina Mina Nobel, Cien mil Koronas;

A las hijas de mi hermano Robert Nobel, Ingeborg y Tyra, la suma de Cien Mil Koronas a cada una;

La Señorita Olga Boettger, actualmente residiendo con la Señora Brand, en la calle St Florentin 10, de París, va a recibir Cien Mil Francos;

La Señorita Sofie Kapy von Kapivar, cuya dirección es conocida por el Banco Angloaustríaco en Viena, es por la presente titular de una anualidad de 6000 Florines, que serán pagados a ella por dicho banco, y para este fin he depositado en este banco el monto de 150.000 Florines en Bonos del Estado Húngaro.

El Señor Alarik Liedbeck, en la actualidad residiendo en la calle Sturegatan 26, Estocolmo, recibirá Cien Mil Koronas.

La Señorita Elise Antun, actualmente residiendo en la calle de Lubeck 32, París, es la titular de una anualidad de Dos Mil Quinientos Francos. Además, Cuarenta y Ocho Mil Francos de su propiedad actualmente se encuentran en mi custodia y le deberán ser devueltos;

El Señor Alfred Hammond de Waterford, Texas, Estados Unidos de América, recibirá Diez Mil Dólares;

Las Señoritas Emy y Marie Winkelmann, residentes de la calle Potsdamestrasse 51, Berlin, recibirán Cincuenta Mil Marcos cada una;

La Señorita Gaucher, residente en el Boulevard du Viaduc 2 bis, Nimes, Francia, recibirá Cien Mil Francos;

Mis sirvientes, Auguste Oswald y su espoca Alphonse Tournand, empleados en mi laboratorio en San Remo, recibirán una anualidad de Mil Francos;

Mi anterior sirviente, Joseph Girardot, residente en la calle Place St. Laurent 5, Châlons sur Saône, es titular de una anualidad de Quinientos Francos, y mi anterior jardinero, Jean Lecof, actualmente con la Señorita Desoutter, recibirá una anualidad de Trescientos Francos;

El Señor Georges Fehrenbach, residente de la calle Compiègne 2, Paris, es titular de una pensión anual de Cinco Mil Francos desde el 1 de enero de 1896 hasta el 1 de enero de 1899, cuando dicha pensión será descontinuada;

Una suma de Veinte Mil Koronas, que están bajo mi custodia, son de propiedad de los hijos de mi hermano, Hjalmar, Ludvig, Ingeborg y Tyra, y les serán retribuidas.

El resto de mi fortuna será gestionada de la siguiente manera: el capital, invertido en títulos financieros por mis ejecutores, constituirá un fondo económico, cuyos intereses serán distribuidos anualmente en la forma de premios a aquéllos quienes durante el año anterior hayan otorgado el mayor beneficio a la humanidad. Los intereses mencionados serán divididos en cinco partes iguales, que serán distribuidos de la siguiente manera: una parte a la persona que habrá realizado el descubrimiento o invento más importante en el campo de la física; una parte a la persona que habrá hecho el descubrimiento o mejora más importante en química; una parte a la persona que habrá realizado el descubrimiento más importante dentro del dominio de la fisiología o medicina; una parte a la persona que habrá escrito la obra más sobresaliente en el campo de la literatura en una dirección ideal; y una parte a la persona que habrá realizado la mayor cantidad o mejor obra por la fraternidad entre naciones, por la abolición o reducción de ejércitos y por la organización y promoción de congresos de paz.

Los premios de física y química serán entregados por la Academia Sueca de Ciencias; aquel de trabajos en fisiología o medicina por el Instituto Karolinska en Estocolmo; aquel de literatura por la Academia en Estocolmo, y aquel para campeones de la paz, por un comité de cinco personas elegidas por el Parlamento Noruego. Es mi expreso deseo que al entregarse los premios no se tendrá en cuenta la nacionalidad de los candidatos, serán los que más lo merezcan aquellos que recibirán el premio, sean de origen escandinavo o no.

Como ejecutores de mis disposiciones testamentarias, por la presente designo al Señor Ragnar Sohlman, residente en Bofors, Värmland; y al Señor Rudolf Lilljequist, residente en la calle Malmskillnadsgatan 31, Estocolmo, y en Bengtsfors cerca de Uddevalla. Para compensar sus molestias y atención, le entrego al Señor Ragnar Sohlman, quien posiblemente tendrá que dedicar mucho tiempo a este asunto, Cien Mil Koronas; y al Señor Rudolf Lilljequist, Cincuenta Mil Koronas;

Actualmente, mis bienes consisten en parte de propiedades en París y San Remo, y en parte en títulos financieros depositados de la siguiente manera: en el Union Bank of Scotland Ltd en Glasgow y Londres, Le Crédit Lyonnais, Comptoir National d’Escompte, y con Alphen Messin & Co. en París; con el corredor de bolsa M.V. Peter del Banque Transatlantique, también en Paris; con la Dirección del Disconto Gesellschaft y Joseph Goldschmidt & Cie, Berlin; en el Banco Central de Rusia, y con el Señor Emanuel Nobel en Petersburgo; en Skandinaviska Kredit Aktiebolaget en Gotemburgo y Estocolmo, y mi caja fuerte ubicada en la Avenida Malakoff 59, Paris; además hay cuentas por cobrar, patentes, honorarios de patentes o regalías, etc. sobre lo cual mis Ejecutores recibirán información completa en mis anotaciones y libros.

Este Deseo y Testamento es a partir de ahora el único con validez, y revoca todas mis disposiciones testamentarias previas en caso de que exista alguna luego de mi muerte.

Finalmente, es mi expreso deseo de que luego de mi muerte mis venas sean abiertas, y cuando esto haya sido realizado y Doctores competentes hayan confirmado claros signos de fallecimiento, mis restos serán cremados en un crematorio.

París 27 de noviembre de 1895

Alfred Bernhard Nobel

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La ausencia en las poesías

La poesía también vive y muere de ausencias – Reseña literaria

“Que es de cuantos tormentos he sufrido, la ausencia el más atroz. ”
Ramón de Campoamor

AusenciaHay palabras simples y hermosas, como amor, beso, novia, felicidad, amistad, madre; que fueron inspiradoras de versos geniales con que eximios poetas han embelezado el espíritu de quienes los han leido. Pero además existen otras que, sin importar el contexto en el que son utilizadas, parecen perder brillo tan sólo por su significado y cuesta más aceptarlas y despojarlas de su misterioso velo de oscuridad y tristeza.

La palabra ausencia es una de ellas. Inconscientemente la relacionamos con la distancia, la soledad, la desesperanza y sin embargo, también ha sido fuente de inspiración de bellísimos poemas, que algunos de los más notables cultores del arte de la poesía regalaron a la posteridad.

Compartimos algunos de esos poemas inolvidables:

“Ausencia” (Leopoldo Lugones)
(Leopoldo a su Aglaura)

Todo, amada, en tu ausencia siempre larga te llora:
el silencio y la estrella, la sombra y la canción,
lo que duda en la dicha, la que en la duda implora.
Y luego… este profundo sangrar del corazón.

Como no ha de llorarte todo lo que es hermoso
y todo cuanto es triste porque es capaz de amar.
Si tu ausencia ¡tan larga! se parece al reposo
de la luna suicida que se ahoga en el mar.

Con tu ausencia anochecen la alegría y la aurora.
La esperanza es angustia, sinsabor el placer.
Y hasta en la misma perla del rocío te llora
lo que tiene de lágrima toda gota al caer.

“Ausencia” (Gabriela Mistral)

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

“Poema 29” (Miguel Hernández)
(Canciones y romancero de ausencias)

Ausencia en todo veo:
tus ojos la reflejan.
Ausencia en todo escucho:
tu voz a tiempo suena.
Ausencia en todo aspiro:
tu aliento huele a hierba.
Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.
Ausencia en todo pruebo:
tu boca me destierra.
Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.

“Ausencia” (Yelda Cresta de Scetti)

Te vas. La noche idéntica a tantas otras noches
tiene un perfume dulce de rosas desveladas.
Azul es el silencio de cielo y en su fondo
tiritan las estrellas como si fueran lágrimas.

En el jardín desierto mi soledad se alarga
y entre la sombra densa de los árboles altos,
mi alma es una sombra perdida entre las sombras
donde se va apagando el eco de tus pasos.

Contemplo desde lejos la luz de mi ventana
abierta donde aguardan mi lámpara y mi mesa,
y el ángel, invisible y celeste compañero,
que irá haciendo palabras tu ausencia y mi tristeza.

La recordada novelista española Ana María Matute (1925-2014) en su libro “Paraíso inhabitado”, escribió:”Nunca hubiera podido imaginar que una ausencia ocupara tanto espacio, mucho más que cualquier presencia. Y fui consciente de mi gran soledad. Y este conocimiento aumentaba la tristeza que ya había descubierto. Sólo que ahora era mucho mayor.”
Para Mario Benedetti, la ausencia es sinónimo de extrañar cuando en su poema “Amor de tarde” concluye: “Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis. Podrías acercarte de sorpresa y decirme -¿Qué tal?; y quedaríamos, yo con la mancha roja de tus labios, tú con el tizne azul de mi carbónico.”

En definitiva, toda ausencia implica melancolía, tal vez angustia, tal vez desolación. Pero todo es parte de una realidad y de experiencias insoslayables que habremos de afrontar en nuestra vida.

Para conocer más:

Aglaura: princesa de la mitología griega nacida en Atenas, convertida en piedra por la furia de los dioses.

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Dune de Frank Herbert

Reseña literaria de la novela Dune, de Frank Herbert, el inicio de una de las sagas más aclamadas de ciencia ficción

Dune de Frank HerbertLa novela Dune es un clásico dentro de la literatura de ciencia ficción, escrita por Frank Herbert y publicada en el año 1965. La novela despegó desde sus inicios obteniendo dos importantes galardones. Por un lado, la primera versión del Premio Nébula ese mismo año, y por el otro el Premio Hugo en 1966. La editorial Acervo fue la encargada de su versión en español, recién 10 años después de la inicial.

Conoce la vida y obra de Frank Herbert

Con el correr de los años, y gracias a un ejército de lectores, Dune se ha convertido en una de las novelas más importantes dentro de la ciencia ficción, y sus representaciones cinematográficas, versiones de culto.

El orden de publicación y lectura de la saga Dune

La obra, en sus inicios, fue publicada por el autor en entregas periódicas para una revista de ciencia ficción, hacia el año 1963-64, para luego ser unificadas y transformadas en el primer libro de la saga.

Dune fue la primera publicación en el año 1965. Una secuela llegó en el año 1969 con el nombre El mesías de Dune, para finalizar la trilogía en 1976 con Los hijos de Dune. Posteriormente se publicaron Dios emperador de Dune en 1981, Herejes de Dune en 1984 y Casa capitular de Dune en 1985. Si bien estas dos últimas versiones son menos conocidas. Luego del fallecimiento de Herbert, su hijo Brian junto a un escritor llamado Anderson, publicaron dos series de tres libros más cada una, llamadas Preludio y Leyendas, ambas como versiones previas a la historia original. Sumado a esto publicaron dos libros que terminarían la historia, llamados Cazadores y Gusanos de la arena.

El éxito literario y su llegada al cine

Miniserie DuneMiles de lectores alrededor del mundo se vieron encantados por las historias fantásticas del lejano planeta, sus misterios, sus criaturas, y su poderosa especia. De a poco se generó entre en ellos una especie de adoración hacia lo que el libro significaba. Los directores de cine y televisión no tardaron en intentar aprovechar este éxito, realizando en el año 1984 la primera película de la saga, si bien han sido varias las adaptaciones que existen de la misma. En el año 2000 se produjo una miniserie que involucra los tres primeros libros que, a mi parecer es excelente y muy fiel a la obra (muy recomendada para ver).

El marketing no se detuvo en esto y se han realizado incluso juegos de computadora al respecto.

Resumen de Dune de Frank Herbert – Libro I

La novela se lleva a cabo en un futuro lejano, alrededor de veinte mil años. El universo ha sido poblado y existe un imperio que rige su funcionamiento. Las familias más poderosas de la galaxia, llamadas Grandes Casas, participan de este delicado equilibrio de poder, mientras que la CHOAM (una compañía comercial formada por humanos que han sido cambiados por la especia para dominar el espacio) mantiene el tráfico universal bajo estricto control y a su conveniencia. Las Bene Gesserit (mujeres con extrañas habilidades debidas a la especia) contribuyen a preservar el material genético de la raza, y trazan alianzas y artilugios para distribuir el poder, cumpliendo el deber de mano derecha del emperador y su corte.

Los Atreides han sido trasladados a Arrakis, un planeta desértico donde las extremas condiciones meteorológicas y la escasez de agua hacen de la vida un martirio. Dicho lugar es la fuente principal de la melange, o especia, la sustancia más valiosa del universo. Para conseguirla, los feudos y los habitantes del lugar (Los fremen) deben enfrentar terribles tormentas de arena, y a gigantescos gusanos que atraviesan los desiertos devorando todo a su paso.

Una leyenda de los fremen establece que, una Benne Gésserit y su hijo llegarán al planeta, y aquel muchacho será el elegido que lleve a su población y al planeta a tiempos mejores, dominando no sólo las memorias como lo hacen las sacerdotisas sino también el constante tiempo-espacio, pudiendo ver el pasado y el futuro.

Luego de una traición, los Harkonnen, otra de las grandes casas, antes encargada de la especia, logran asesinar al Duque de los Atreides, pudiendo el joven Paul y su madre Jessica, escapar al desierto. Con ayuda de los incondicionales hombres de su padre, Duncan y Gurney, el ecólogo del imperio, y los Fremen guiados por Stilgar, Paul y su madre logran sobrevivir en las arenas del desierto, convirtiéndose de a poco en la leyenda que ha sido esperada.

Paul es convertido en el mesías y encabeza las tropas del planeta para destruir a todos aquellos que han traicionado a su familia, y le han quitado su hogar. La apasionante historia, con descriptivos relatos y épicas batallas, cuenta la historia del joven Paul Atreides, y su lucha por conquistar Arraquis, el planeta de la especia.

Valoración: Debo decir que, he cometido un error clave con respecto a esta historia y es haber visto la miniserie antes (sin dejar de aclarar que es excelente). Leí el libro con esa sensación extraña de creer que la historia me aburriría por ya conocer sus pormenores, y la verdad es que me ha encantado.

Dune no sólo posee un misticismo especial, la sensación de estar consumiendo la especia, sino que también aborda distintos temas interesantes que podrían extrapolarse a diversas sociedades y áreas geográficas. El manejo del poder, detallado como la suma de grandes familias, en feudos que recuerdan de alguna manera a sociedades políticas humanas. El hecho de existir en un ambiente donde las condiciones son sumamente desfavorables y aún así sobrevivir, en una situación que podría volverse real en nuestro planeta.

Algo que me pareció interesante en el libro es la aparición, al inicio de cada capítulo de “segmentos” o “frases” extraídas de libros concernientes al mesías de Arrakis, o a la princesa Irulán. Muchos de ellos ayudan a comprender lo que sucede y aportan un condimento especial a la historia.

Sin duda, Dune es una novela para leer, y aguardo a su continuación para contarles lo que me ha parecido.

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Lipograma – Curiosidades del idioma III

En nuestra sección del buen uso del idioma los invitamos a descubrir el Lipograma

LipogramaLa palabra lipograma proviene etimológicamente del griego lipogramma y significa “Texto en el que voluntaria y sistemáticamente se evita el uso de alguna letra (o varias) del alfabeto”. Sus componentes léxicos son: lipein (dejar, abandonar) y gramma (letra).

Si resulta sumamente complejo construir una frase prescindiendo de alguna vocal por ejemplo; imaginar la elaboración de un cuento, un poema o todo un libro siguiendo esa premisa, deriva en una tarea titánica que parece imposible de concretar.

El grado de dificultad de este artificio lingüístico, es directamente proporcional a la extensión del texto escrito y a la frecuencia de aparición de la letra omitida en el idioma utilizado (en español la “e” es la letra más utilizada, seguida por la “a”).

Sin embargo hay escritores que con un inusual despliegue de talento, ingenio y creatividad, han logrado composiciones de textos que resultan proezas de ejercicio intelectual y verdaderas rarezas literarias.

Uno de ellos fue Enrique Jardiel Poncela, destacado escritor y dramaturgo español nacido en Madrid el 15 de octubre de 1901 y fallecido en la misma ciudad el 18 de febrero de 1952. Considerado uno de los máximos representantes del teatro de lo absurdo; utilizó este recurso como forma de satirizar a una sociedad que el autor también consideraba absurda.

Profundamente descreído, irónico y pesimista, Jardiel Poncela fue un sagaz observador de lo humano, aspecto que se reflejó en sus obras como en un espejo deformante: puede causar hilaridad, pero no deja de mostrar aquello que existe. Su obra inició la renovación de la comedia y de la narración humorística.

Compartimos un cuento breve de Enrique Jardiel Poncela, que tiene el mérito de estar escrito en forma de lipograma, evitando en toda su extensión usar la letra “e”.

“Un marido sin vocación”

Un otoño —muchos años atrás— cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.

—¡Hay un matrimonio próximo, pollos! —advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.

—¿Un matrimonio?

—Un matrimonio, sí —corroboró Ramón.

—¿Tuyo?

—Mío.

—¿Con una muchacha?

—¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?

—¿Y cuándo ocurrirá la cosa?

—Lo ignoro.

—¿Cómo?

—No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla.

Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.

A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y la Casa (publicación para muchachas sin novio).

Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!… Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal.

Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:

—¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!

Y los amigos cogimos otro sandwich —dozavo— y otra copita.

Y allí acabó la cosa.

Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí.

Al contrario: allí daba principio.

Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.

—¡Soy un idiota! —murmuró Ramón—. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado.

Y corroboró rabioso:

—¡Soy un idiota!

Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina.

—¡Dios mío! —gruñía Ramón mirándola—. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!… No hay ya salvación para mí…, ¡no la hay!

Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.

—¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! —gritó.

Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:

—Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada.

Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.

Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial.

Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.

—Grupo nupcial, ¿no? —indagó.

—Sí —dijo Ramón.

Y añadió:

—Con una variación.

—¿Cuál?

—La sustitución más original vista hasta ahora… Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto… ¡Viva la originalidad!

Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:

—¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión: La cara más alta.

¡Cuidado! ¡Así!… ¡Ya!

Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.

—¡Al auto! —mandó.

(Silvia ahora iba llorando)

—¡La cosa marcha! —susurró Ramón.

Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.)

Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.

—Yo viajo con los maquinistas —anunció—. Voy a la locomotora… ¡Hasta la vista!

Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.

Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia.

Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido.

Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.

Silvia sufría cada día más.

—¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! —murmuraba todavía Ramón. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.

Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.

Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.

Por fin lo trasladaron al manicomio.

Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia.

También otro hábil e inspirado poeta, cuyo nombre se nos perdió en el olvido, compuso en dos estrofas este verso prescindiendo del uso de la vocal “e”

Imitando mansos lagos
sin ondas ni turbación,
gozosa va mi ilusión
tras justísimos halagos,
mas tan sólo lauros vagos
otorga fortuna impía
y mi alma luchando a porfía
por más grata vida hallar
nunca la ha logrado alcanzar.
Traidora fortuna mía.

Sigo tranquilo mi ruta,
con valor, a un digno fín
y hasta apartado confín
no amilana mi disputa,
ni las fatigas inmuta
mi aniquilada razón,
guía amor mi inspiración
y Dios omnímodo alcanza
para inspirar mucha confianza
a mi altivo corazón.

Algunos lipogramas, particularmente ingeniosos, omiten todas las vocales salvo una, con lo que se reduce mucho el conjunto de palabras que se pueden escribir y los textos pueden aparecer como muy forzados. Un ejemplo claro de este tipo de lipograma puede encontrarse en el libro “Las vocales malditas”, del escritor mexicano Óscar de la Borbolla, donde cada relato está escrito con palabras que sólo tienen la misma vocal.

Cinco años después de que Francis Scott Fitzgerald publicara “El Gran Gatsby”, en octubre de 1930; el catedrático estadounidense Ernest Vincent Wright (1872-1939) envió una carta al periódico Evening Independent, presumiendo haber escrito la mejor novela lipogramática que se hubiera hecho nunca, proponiéndoles además que el diario patrocinara la organización de un concurso de escritura lipogramática ofreciendo 250 dólares para el ganador. La propuesta fue rechazada y el manuscrito pasó tan desapercibido que, después de varios años tratando de encontrar editor, Wright optó por publicarlo por su cuenta.

El depósito donde estaban guardados los primeros ejemplares se incendió poco después de que fuera impreso y casi todas las copias fueron destruidas. La escasez de ejemplares originales hace que, actualmente, tengan un alto valor entre bibliófilos y cazadores de rarezas.

“Gadsby”, la novela que Wright consiguió escribir, tiene 50.110 palabras, y fue titulada originalmente “A Story of Over 50,000 Words Without Using the Letter -‘E’ “; a excepción de la introducción y una nota al final, no se utilizó la letra “e”.

Esta novela es el lipograma más extenso conocido.

En la introducción de la novela Wright explica que el libro fue un desafío y que con él no trataba de alcanzar la gloria literaria, sino conseguir algo que muchos afirmaban que no era posible. Según Wright lo más difícil de evitar fue el sufijo de pasado «‒ed» en los tiempos verbales.

También explicó que inhabilitó a letra “e” de su máquina de escribir hasta finalizar el manuscrito, para no apretar accidentalmente la tecla. A pesar de todo no consiguió evitar que la letra se colara dos veces, en la página 51 y en la 103, ambas en la palabra «the».

“Gadsby” ha pasado a la historia de la literatura sin pena ni gloria y terminó en manos de Georges Perec, que quiso imitar la proeza de Wright en idioma francés. Así fue cómo escribió en 1969 su novela negra “La disparation”, con la que consiguió prescindir a lo largo de trescientas páginas de la letra “e”, la más habitual en francés. Como homenaje a Wright, Perec introdujo en la obra a un personaje llamado Lord Gadsby V. Wright. La novela fue traducida al español como El secuestro.

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Antonio Requeni – Último poema a un amor perdido

Antonio Requeni – Palabras de adiós que nacen del alma

Antonio RequeniLa creación de un poema con frecuencia es azarosa. A veces los versos nacen de recuerdos o experiencias que de repente surgen en la mente del poeta; otras veces, de vagas sensaciones que resuenan insistentes, como melodiosas rimas, en la fértil imaginación creativa del autor hasta que encuentran en palabras la forma de convertirse en realidad.

“Todo texto literario está hecho de íntimos fracasos y delicadas victorias”, expresaba reiteradamente en sus pensamientos el inspirado Jorge Luis Borges.

Por su parte Rainer Rilke, uno de los poetas más importantes en lengua alemana y de la literatura universal, solía decir que “el primer verso siempre lo dictan los ángeles”. Pero ese primer verso necesita además un motivo de inspiración y en el universo deslumbrante de la poesía, los temas preferidos son recurrentes: el tiempo, que resultará indefectiblemente efímero y fugaz, la soledad que muchas veces duele, el silencio y la distancia, las pasiones desbordadas, la amistad y así la lista podría extenderse largamente. También existen dos temas, a los que casi todos los poetas se han aproximado buscando desentrañar los gozos, los misterios y las melancolías de la aventura de vivir que misteriosamente nos guía; ellos son: la magia del primer amor y el final frustrado de ese sentimiento tan caro a nuestra condición humana.

Compartimos un bellísimo poema de Antonio Requeni, describiendo con cierto descreimiento, resignación y transparencia expresiva, toda la nostalgia de un gran amor perdido.

Último poema – Antonio Requeni

Quise amarte y te amé. Junto a mi voz te quise
para nombrar contigo la defunción del sueño.
Tú eras verdad. Estabas. Y un sutil poderío
me arrastraba a tus formas de alabastro magnético.

Tus ojos navegables, tus cabellos de lluvia,
tus pechos que rotaron impunemente míos;
todo lo que tus labios, sin hablar, descifraban:
la identidad del goce, la embriaguez del olvido.

Pero también, y acaso talismán más seguro,
los gestos, las llamadas, los minúsculos hábitos;
el hombro en que se acoge la fatiga del día,
las manos que se juntan en un parque con pájaros.

Así te amé y me amaste; lo sé, fuimos felices
como escolares que huyen en tranvías celestes.
Y las noches nos vieron entrelazados, puros,
nupciales, orgullosos, rendidos, inocentes.

Todo ha pasado. Todo. Ya nunca estaremos juntos.
Una rosa marchita son tu nombre y mi nombre.
Sin embargo te amé como un niño, lo juro;
igual que el niño que ama su juguete y lo rompe.

Antonio Requeni, es un poeta y periodista argentino nacido en la ciudad de Buenos Aires el 8 de septiembre de 1930. Pasó los primeros años de su infancia en Valencia, España, para posteriormente retornar a la capital argentina, donde cursaría sus estudios.

En su dilatada trayectoria colaboró en importantes diarios y revistas del país y del exterior, fue corresponsal cultural para la cadena latinoamericana de radio “La Voz de las Américas”, de los Estados Unidos; además, realizó numerosos viajes en los que entrevistó a destacadas personalidades internacionales de la literatura y el arte. Desde 1998 es Miembro de número de la Academia Argentina de Letras y correspondiente, de la Real Academia Española.

En su obra poética destacada figuran “Luz de sueño” (1951), “Camino de canciones” (1953), “El alba en las manos” (1954), “La soledad y el canto” (1956), “Umbral del horizonte” (1960), “Manifestación de bienes” (1965), “Inventario” (1974), “Línea de sombra” (1986), “Poemas” (1951-1992), “Antología poética” (edición del Fondo Nacional de las Artes -1996), “El vaso de agua” (1997) y “Antonio Requeni, antología de su obra poética” (1977).

No podrían faltar en esta nómina otras de sus obras; su crónica de viaje publicada en 1960 con el título de “Los viajes y los días” y su cuento para niños “El pirata Malapata” editado en 1974.

Antonio Requeni, al escribir el prólogo de uno de sus libros reflexionaba “Aspiro a escribir de manera transparente, no para una élite de iniciados o especialistas sino para esa ‘inmensa minoría’ integrada por personas normalmente cultas y sensibles que buscan en los versos del poeta una experiencia de humanidad afectuosa, una forma de belleza que los conmueva. Después de más de sesenta años de dedicación a la poesía continúo intentándolo”.

Para conocer más:

Rainer Rilke, nacido el 4 de diciembre de 1875, en Praga, República Checa y fallecido el 29 de diciembre de 1926, en Montreux (Suiza), es considerado uno de los poetas más importantes en lengua alemana y de la literatura universal. Sus obras fundamentales son las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo.

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Semblanza de Evaristo Carriego

Evaristo Carriego – Poemas de amor en clave de nostalgia

Evaristo CarriegoUna vida breve, apenas 29 años, vivió Evaristo Carriego y ese lapso de corta trayectoria en el tiempo pero de profunda intensidad intelectual, le fue suficiente para plasmar en una producción poética desbordante de generosos impulsos, muchas ilusiones, ansiedades y ensueños de enorme de belleza lírica.

Evaristo Francisco Estanislao Carriego, es el nombre completo con que este poeta argentino, nacido el el 7 de mayo de 1883, fue registrado en su ciudad natal, Paraná (Entre Ríos). Sus padres, Nicanor Evaristo Carriego Ramírez y María de los Ángeles Giorello, a pesar de ser descendientes de familias con antiguo arraigo en la zona, siendo Evaristo todavía un niño pequeño, decidieron mudarse buscando nuevos horizontes para su futuro. En ese contexto, luego de un fugaz paso por la ciudad de La Plata, en 1889, los Carriego adquirieron y se radicaron definitivamente en una casa de la calle Honduras, en el barrio porteño de Palermo en la capital argentina.

En sus años de escuela, Evaristo demostró inteligencia, facilidad para aprender y aptitudes especiales de su memoria, que le permitieron atraer la simpatía de varios de sus maestros. Llegada su primera juventud y ante la imposibilidad de ingresar al Colegio Militar por su miopía, optó por una vida bohemia comenzando a transitar en ese mundo tan particular, íntimo y misterioso de barrio, donde aprendió a conocer en profundidad el alma de sus habitantes, interpretando sus sentimientos y desmenuzando sus emociones.

Participó del ambiente literario de su época, donde gravitaba la corriente poética impulsada por Rubén Darío y destacaba la obra de Almafuerte, frecuentó los cafés más famosos, se desveló hasta la madrugada en las reuniones de escritores, pero paradójicamente se fue apagando a paso lento, como volviendo obsesivamente hacia un centro único de interés. “Carriego vivió en este Buenos Aires con la seguridad de ser poeta y la urgencia del reconocimiento: Imponía sus versos en el café” – escribió Jorge Luis Borges refiriéndose al poeta entrerriano.

Su vida se convirtió entonces, al menos en apariencia, en una existencia lineal, apacible, sin hitos memorables, matizada por ciertos cariños íntimos de algunos amores y la compañía incondicional de los amigos seguros. No necesitó ganarse la vida trabajando, salvo en lo único que le importaba: la literatura, la poesía y una adhesión casi mística, al socialismo.

Comenzó siendo muy joven sus actividades periodísticas y el acceso a las redacciones de diarios y revistas le permitió profundizar también, los contactos con periodistas y gente del ambiente. En 1904 aparecieron sus primeras poesías en la revista “Caras y Caretas”, al mismo tiempo que divulgaba sus propuestas ideológicas en otra revista “La Protesta” de tendencia anarquista. Fueron años de difíciles discusiones sobre las ideas importadas y la literatura que se estaba escribiendo.

Cerca de la casa de los Carriego residía la familia de Jorge Luis Borges y ambas familias se frecuentaban. Jorge Luis era 16 años menor que Evaristo, pero logró entender y en cierto modo admirar a ese poeta, fallecido en la edad dorada, que le dejó recuerdos imborrables, volcados posteriormente por el excelso escritor en su obra “Evaristo Carriego” editada en 1930.

Evaristo Carriego es actualmente una personalidad poco recordada, no obstante haber sido una figura relevante de los círculos intelectuales de principios del siglo XX.

Fue un poeta intuitivo y escribió versos de singular belleza. Nunca tuvo la exquisita rima de otros escritores célebres ni podía hacer gala de un lenguaje erudito y distinguido en sus poemas; pero la simpleza y autenticidad de su arte, constituían la fortaleza de su estilo. Evocador por naturaleza, describió con una vaga y extraña solemnidad, la vida de esos modestísimos personajes que habitaban las grandes ciudades, y a quienes aplastaba el dolor oculto de la realidad.

Escribió abarcando un amplio espectro de motivaciones, pero una de sus facetas más destacadas fue su poesía de tinte romántico.

Compartimos algunas de sus más inspiradas creaciones que hablan de distintas instancias del amor, de la desesperanza, del olvido, con versos de rara sencillez. Más de cien años han transcurrido desde la publicación de estos poemas pero todavía continúan conmoviendo con inocente ternura y candoroso eco, haciendo latir más fuerte el corazón distraído de aquellos que nunca abandonaron el amor romántico, ni dejaron de creer en él como orientador de su vida.

Tu secreto

¡De todo te olvidas! Anoche dejaste,
aquí sobre el piano que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro vedado de tiernas memorias.

Íntimas memorias. Yo lo abrí al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie;
a nadie interesa saber que me nombras.

Ven…, llévate el libro, distraída, llena
de luz y de ensueño. Romántica loca.
¡Dejar tus amores ahí sobre el piano!
De todo te olvidas… ¡cabeza de novia!

En silencio

Que este verso que has pedido,
vaya hacia ti, como enviado
de algún recuerdo volcado
en una tierra de olvido,
para insinuarte al oído
su agonía más secreta,
cuando en tus noches, inquieta,
por las memorias tal vez,
leas siquiera una vez,
las estrofas del poeta.

¿Yo?… Vivo con la pasión
de aquel ensueño remoto,
que he guardado como un voto,
ya viejo, del corazón.
¡Y sé, en mi amarga obsesión,
que mi cabeza cansada,
de la prisión de ese ensueño
caerá, recién libertada,
¡cuando duerma el postrer sueño
sobre la postrer almohada!

Después del olvido

Porque hoy has venido, lo mismo que antes,
con tus adorables gracias exquisitas,
alguien ha llenado de rosas mi cuarto
como en los instantes de pasadas citas.

¿Te acuerdas…? Recuerdo de noches lejanas,
aún guardo, entre otras, aquella novela
con la que soñabas imitar, a ratos,
no sé si a Lucía no sé si a Grazziela.

Y aquel abanico que sentir parece
la inquieta, la tibia presión de tu mano;
aquel abanico ¿te acuerdas? trasunto
de aquel apacible, distante verano.

Y aquellas memorias que escribiste un día
-un libro risueño de celos y quejas-.
¡Rincón asoleado! Rincón pensativo
de cosas tan vagas, de cosas tan viejas!

Pero no hay versos: ¡Qué quieres! ¡Te fuiste!
¡Visión de saudades, ya buenas, ya malas!
La nieve incesante del bárbaro hastío
¿no ves? ha quemado mis líricas alas.

¿Para qué añoranzas? Son filtros amargos
como las ausencias sus hoscos asedios.
Prefiero las rosas, prefiero tu risa,
que pone un rayito de sol en mis tedios.

Y porque al fin vuelves después del olvido,
en hora de angustias, en hora oportuna,
alegre como antes es hoy mi cabeza
¡una pobre loca borracha de luna!

A la antigua

¡Oh, señora: gentil dama de mis noches,
¡oh, señora, mi señora, yo le ruego
que abandone esa romántica novela:
orgullosa favorita de sus dedos.

Que abandone sus historias de aventuras,
donde hay citas, donde hay dueñas y escuderos
callejuelas y sombríos embozados
y tizonas y amorosos devaneos;

acechanzas del camino y estocadas
de cadetes o gallardos mosqueteros,
y, amador noble y rendido de su reina,
algún Buckingham lujoso y altanero.

Que abandone, le repito, su romance,
su romance mentiroso, pues confieso
que me enoja la atención que le dispensa,
con agravio de mis quejas y mis celos.

De mis celos, sí, lo digo, tal me tienen
las hazañas del cuidado caballero,
a quien sueña usted señora, contemplando
sus balcones, con la escala de Romeo.

¡Oh, señora, mi señora! son las doce…
¿Hasta cuándo piensa usted seguir leyendo?
¡Hay valor en su tenaz indiferencia
que no teme los peligros del silencio!.

Son las doce: ya se aprontan los aleves,
los galantes forajidos de los besos,
a cruzar la callejuela de unos labios
donde anoche asesinaron al Ensueño.

¡Ay, entonces, de las bocas asaltadas
por los rojos embozados del Deseo!
¡Ay de usted señora mía si la encuentran.
¡…Que la salve su hazañoso caballero!

En su libro sobre la vida y obra de Evaristo Carriego, Marcela Ciruzzi, escribe: “La comunión con el hombre de Buenos Aires, con el habitante de la calle, del barrio, se produce cuando Carriego comienza a manejar el mismo código con que este se manifiesta, cuando se siente llamado a ser el portavoz de sus quejas, de sus angustias; cuando lo saca del anonimato y lo convierte en protagonista de sus poemas”.

y añade después: “Carriego descubrió a su ciudad para la poesía, escribió sobre ella en el momento preciso y con una cuota de sensibilidad ausente en otros poetas hasta entonces. Fue a la vez testigo y protagonista de su tiempo, de su ámbito de arrabal con sabor a calle, a seres de carne y hueso con su propio lenguaje y marcados por la ternura y por la miseria”.

Su vida toda se constituyó así como su poesía, con elementos primarios, simples y de versos melodiosos, sentidos, humildes, rescatando del fango y del olvido las pequeñas historias cotidianas de personajes, relatadas con palabras gastadas por el uso y fatigando los ojos de imágenes repetidas en la rutina del vivir. Evaristo Carriego inauguró para la poesía argentina un espacio nuevo.

Publicó en 1908 su primer y único libro de poemas en vida, titulado “Misas herejes”, con inconfundibles influencias que se advierten ya desde el título: ecos del satanismo de moda que tenía su raíz en Charles Baudelaire. Hay mucho de herencia y retórica de escuela en este libro, dividido en 5 secciones, de clara tendencia modernista: “Viejos sermones”, “Envíos”, “Ofertorios galantes”, “El alma del suburbio” y “Ritos en la sombra”.

Luego vendrían “El alma del suburbio” y “La canción del barrio” en la cual aparecen todos los arquetipos que constituirían su mitología personal y porteña tanguera, donde de destacan los guapos, los cafés, el aroma de barrio. Estos poemarios fueron publicados de forma póstuma al año de fallecer el poeta.

El 13 de octubre de 1912, en Buenos Aires, murió Evaristo Carriego, el poeta sencillo, víctima de la tuberculosis, una enfermedad que causaba estragos en aquellos tiempos; tenía 29 años de edad. En la actualidad, una calle de la ciudad de Buenos Aires en el barrio que tanto amó, lleva su nombre homenajeando el recuerdo de aquel sensible narrador de las costumbres de su época.

Con el transcurrir del tiempo, la leyenda del poeta de barrio que repetía un dicho habitual en él: “…me basta con el corazón de una muchacha que sufre”; se fue afianzando. La sencilla musa inspiradora de Carriego, trascendió logrando gran repercusion a nivel popular y quedó íntima e indisolublemente ligada al espíritu del tango argentino que, a casi treinta después de su muerte, cultivarían y utilizarían como referencia obligada, Homero Manzi, Pascual Contursi, Celedonio Flores, Enrique Cadícamo y otros eximios autores de la canción símbolo de Buenos Aires.

Para conocer más:

El palacio de Buckingham, es la residencia oficial de la reina en Londres. También se utiliza para ceremonias oficiales, visitas de Estado y visitas turísticas

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El Majabhárata – historia épica y mitología

El Majabhárata – Una obra tan interesante como extensa, pilar fundamental de una cultura

El MajabhárataEl Majabhárata es una obra antigua y extensa perteneciente a la India, que data probablemente del siglo III a.C. y en donde se detallan numerosas historias concernientes a la mitología de aquel país. Podemos encontrar referencias a esta interesante obra con distintos nombres, en general con juego entre sus letras o algunas líneas separando sílabas o incluso agregando otra hache, por ejemplo, el nombre Mahabhárata.

Majabhárata proviene del sánscrito y significa “La gran India” tomando en consideración que bhárata habla de clanes que pertenecían a la India, y Maha corresponde a “gran”. En algunas traducciones, sobre todo si aparece junto a otra palabra, puede interpretarse como “La gran batalla”.

Como se extrapola del párrafo anterior, está escrita en sánscrito y es tan largo que se considera la segunda obra del mundo en extensión, luego de los “Cuentos Tibetanos”. Para tener una referencia estimativa el Majabhárata cuenta con más de 100 mil líneas, el cuádruple que la Biblia, y podría ser casi diez veces más larga que la Ilíada y la Odisea Juntas.

Existen muchas diferencias de pensamiento en cuanto a su datación exacta y en cuanto a quién pudo haber escrito la obra. Algunos eruditos la consideran relacionada con un escritor mítico de la India, llamado Viasa, el creador de los famosos Vedas (obras cruciales en la cultura hindú), y en ese caso podría miles de años de antigüedad. Sin embargo, existen algunas incongruencias entre traducciones del idioma, lo que no apoyaría esta hipótesis. Muchos estudiosos consideran que la época de publicación de la misma sucedió alrededor de tres o cuatro siglos a.C.

Son importantes también, como en otros textos similares de otras regiones, las modificaciones folklóricas que han ocurrido a lo largo del tiempo y que se corresponden con la transmisión oral obligada, previa a una escritura certera y resguardada.

Cuenta la historia que el gran Dios llamado Brahmá, que había dado inicio a todo, llegó a la tierra y le encargó a Viasa que, a través de alguien que tomara nota (Ganesha, el Dios con cabeza de elefante), dejara preservado todo su discurso. Debido a que quien realizaba las anotaciones no podía hacerlo con la velocidad del pensamiento de Viasa, mucho de lo que se pensaba resultó perdido. No es posible confirmar el origen de esta obra mitológica, pero si es muy posible que gran parte de la misma se haya perdido o alterado por la necesidad de transmisión oral.

El Majabhárata está estructurado en dieciocho libros, luego de los cuales podemos encontrar un apéndice que consta de más de dieciséis mil versos. En una vista amplia cuenta la historia de las batallas que existieron por el poder del reino del clan Kuru, en donde las distintas dinastías intentan hacerse con su dominio. El final de la guerra es la batalla de Kurukshetra en donde el dios Krisná fallece.

Existe una versión aún más fantástica de la elaboración del Majabhárata en la que Ganesha acepta transcribir la obra, pero con la condición de que Viasa logre interpretarla de corrido, sin pausa. Debido a la gran extensión de la misma, Viasa redobló la apuesta y solicitó que Ganesha entendiera lo que escribía antes de continuar, y así pudo interponer breves pausas a su relato. Fue tal la velocidad de escritura, que el gran Dios cabeza de elefante perdió uno de sus colmillos, intentando utilizarlo para redactar la obra con su propia sangre.

Más allá de estas historias, es muy probable que la dificultad, tanto al recitar la obra y las tradiciones orales como la de escritura, haya sido de gran importancia. De hecho, es una obra que por su extensión y complejidad se considera un tanto difícil de comprender del todo.

MahabhárataEl Majabhárata es una obra que contiene, quizás, la esencia de todo lo que existe en base al hinduismo. Es la lucha entre el bien y el mal, el retrato de bellezas y calamidades, de dioses y demonios, del origen de todo.
Es probable que, en el contexto de ser considerada una obra tan importante para la India, no tomemos real consideración de lo que supone para la literatura universal, y es que más allá de sus aspectos regionales, este conjunto de libros constituye una verdadera joya de la literatura, ya sea por su importancia histórica, su construcción, por su antigüedad, y por los conocimientos que la componen.

Por desgracia para nosotros, no existe una traducción completa de la obra al lenguaje español. Es sabido que se están realizando traducciones al inglés y luego sea el turno de nuestro idioma, por lo que para poder acceder a esta impresionante obra, deberemos esperar un poco más (salvo el caso de quienes hablen inglés o conozcan el sánscrito).

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Semblanza de María Elena Walsh

María Elena Walsh, un recuerdo guardado para siempre en una cajita de fósforos

María Elena WalshLos juegos infantiles no son tales juegos, sino sus más serias actividades, escribió el filósofo francés Michel de Montaigne (1533-1592) y a ese pensamiento pareció aferrarse María Elena Walsh, cuando decidió dedicar gran parte de su tiempo literario a crear obras que tuvieron como propósito acunar los sueños de la niñez.

Como una juglaresa de la Edad Media pero en nuestro tiempo, llenó su imaginación de ingeniosos absurdos e inició un camino creativo que le permitió lograr un enorme reconocimiento artístico-profesional y consecuentemente el prestigio intelectual que transformó su obra en un clásico.

María Elena Walsh, fue una escritora, cantautora y compositora argentina que, blandiendo las banderas de la libertad y de la fantasía, renovó los estándares de la literatura infantil despojándola de esa finalidad esencialmente didáctica que hasta entonces había tenido. Utilizó para ello un vocabulario ameno y variado, versos y rimas, metáforas hermosas, juegos de palabras, sensibilidad y ternura, disparates, tarareos, ritmos melódicos, y sobre todo, su inagotable talento.

El 10 de enero de 2011, en un caluroso día de verano en Buenos Aires, una larga enfermedad apagó la luz de su vida. Se extinguió físicamente pero su estela luminosa continuó y todos aquellos que aprendieron con ella a abrir las ventanas de la imaginación y disfrutar el mundo irreal y mágico de la niñez, guardaron su recuerdo imborrable en una cajita de fósforos, como ella misma lo anticipara en su poema titulado con ese nombre tan simple:

En una cajita de fósforos – María Elena Walsh

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.
Un rayo de sol, por ejemplo
(pero hay que encerrarlo muy rápido,
si no, se lo come la sombra)
Un poco de copo de nieve,
quizá una moneda de luna,
botones del traje del viento,
y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.
En una cajita de fósforos
yo tengo guardada una lágrima,
y nadie, por suerte la ve.
Es claro que ya no me sirve.
Es cierto que está muy gastada.

Lo sé, pero que voy a hacer
tirarla me da mucha lástima.

Tal vez las personas mayores
no entiendan jamás de tesoros.
Basura, dirán, cachivaches
no se porque juntan todo esto.
No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones,
tachuelas, virutas de lápiz,
carozos, tapitas, papeles,
piolín, carreteles, trapitos,
hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.
Las cosas no tienen mamá.

Manuelita al conocer la triste noticia, aún con arrugas y sin peluquita, regresó urgente de París; había muerto la persona que más significado había tenido en su existencia.

Manuelita la tortuga – María Elena Walsh

Manuelita vivía en Pehuajó
pero un día se marchó.

Nadie supo bien por qué
a París ella se fue,
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.

Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas,
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.

Manuelita una vez se enamoró
de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.

En la tintorería de París,
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.
Le pusieron peluquita
y botines en los pies.

Tantos años tardó en cruzar el mar,
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó,
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.

En el reino del revés, el desconcierto era total:

El Reino del Revés – María Elena Walsh

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
nada el pájaro y vuela el pez,
que los gatos no hacen miau y dicen “yes”,
porque estudian mucho inglés.

Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez,
y que dos y dos son tres.

Me dijeron que en el Reino del Revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés,
y que un año dura un mes.

Me dijeron que en el Reino del Revés
hay un perro pequinés,
que se cae para arriba y una vez
no pudo bajar después.

Me dijeron que en el Reino del Revés
un señor llamado Andrés,
tiene 1.530 chimpancés
que si miras no los ves.

Me dijeron que en el Reino del Revés
una araña y un ciempiés,
van montados al palacio del Marqués
en caballos de ajedrez.

Vamos a ver cómo es
el Reino del Revés.

Esta vez en el reino del revés, paradójicamente, se había cumplido la dolorosa lógica de la vida real. Y la muerte, era muerte definitiva e irreversible.

María Elena Walsh, hija de padre descendiente de ingleses e irlandeses y de madre argentina, con ascendencia española, había nacido el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, una de las localidades más importantes del conurbano bonaerense al oeste del Gran Buenos Aires. Las herencias étnicas e ideológicas forjaron en ella una singular personalidad que cimentó su trayectoria como artista.

De carácter introvertido y rebelde, mostró desde la adolescencia su rechazo a estereotipos sociales y culturales impuestos; gustaba del diálogo permanente dentro de un contexto, con sentido de pertenencia y postura crítica a la vez. Estas cualidades le sirvieron de base y fundamento en la conformación de un estilo propio diferente y auténtico, que conquistó a niños, padres y abuelos y que ha perdurado por generaciones.

Fue además, acérrima defensora de los derechos que involucraran a la mujer en cualquiera de sus dimensiones.

Luchó incansablemente en apoyo de las causas en las que creía. Son recordados sus escritos haciendo defensa pública de la letra eñe: “¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope… Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece (…) La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software” (Diario La Nación de Buenos Aires – 1996).

En aquel fatídico día de su fallecimiento, la Vaca estudiosa, la Tortuga Manuelita, el Mono Liso, el Coronel que había estado preso por pinchar a la mermelada con un alfiler y la Pájara Pinta, lloraban sumidos en una profunda melancolía y no podían explicarse los misterios inentendibles de la muerte. María Elena ya no volvería nunca, a invitarlos a tomar el té en vajilla de porcelana.

También ese día los ojos de muchísimos niños sin edad, se llenaron de silencio apenas interrumpido por alguna lágrima emocionada por la pérdida, pero agradeciendo todo lo que María Elena había dejado a la posteridad. Como consuelo, quedaba la frase de Ana María Matute: “…a veces la infancia es mucho más larga que la vida”.

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