Julia de Burgos – Historia, mito y leyenda

Semblanza de Julia de Burgos – Historia, mito y leyenda de una mujer de excepción

Julia de BurgosCuántas veces la letra de una poesía o de una frase se parece a la trágica historia de vida del autor. Coincidencia o premonición, cada verso imaginado va narrando secuencias que interpretan la propia existencia de quien escribe. Leer poemas de Julia de Burgos lleva a esa sensación.

“Dejarse vencer por la vida,
es peor que dejarse vencer por la muerte”

Poetisa, dramaturga y educadora, Julia Constanza Burgos García nació en un hogar muy humilde del Barrio Santa Cruz de Carolina – Puerto Ricoel 17 de febrero de 1914, fruto del matrimonio constituido por el obrero agricultor Francisco Burgos Hans junto a Paula García de Burgos. Mulata, defendió orgullosamente sus orígenes y nunca renegó de sus ancestros. Fue la mayor de trece hermanos y quien en la escuela primaria, precozmente, mostrara indicios de poseer una inteligencia superior a la media. Tenía además una innata facilidad para aprender otros idiomas. Gracias a la ayuda de los vecinos pudo asistir a la escuela secundaria como escala para acceder, en 1931, a la Universidad de San Juan de Puerto Rico. A pesar de no culminar sus estudios, obtuvo el Certificado de Maestra Normal y si bien ejerció durante algún tiempo la docencia, su verdadera vocación era la literatura y se encaminó hacia ese destino, enfocándose especialmente en la poesía.

En 1934 contrajo matrimonio con Rubén Rodríguez Beauchamp, de quien se separaría tres años después. En lugar de retomar su nombre de soltera, quizá por una actitud de irónica rebeldía, eligió añadir el “de” antes de Burgos, indicativo del estatus de una mujer casada y comenzó a firmar como Julia de Burgos (signo de pertenencia a si misma).

Julia de Burgos ya había comenzado también a incursionar en la política uniéndose al grupo “Hijas de la Libertad”, rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico, al mismo tiempo que militaba bregando por la independencia de su país.

En esa época además, inició una relación con quien sería el gran amor de su vida, el exiliado dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, renombrado ensayista, historiador médico, filósofo y educador dominicano, un hombre casado y separado de su esposa.

Cuando la pareja se mudó a Nueva York, en 1940, Julia de Burgos tenía la intención de dedicarse al periodismo, pero al poco tiempo cambiaron los planes y resolvieron trasladarse a La Habana, donde ella se matriculó, en la universidad de la capital cubana, en varios cursos que le interesaban: griego, latín, francés, biología, antropología y sociología.

Pero la relación concluyó a los dos años, (situación que ella atribuyó a la renuencia mostrada por Juan Isidro en lograr que su familia, de clase alta, la aceptara), y entonces la poetisa, decepcionada, retornó a Nueva York, debiendo desempeñarse para subsistir, en los más variados oficios: inspectora de óptica, empleada de un laboratorio químico, oficinista y costurera.

Conoció por esos días y se casó con el poeta Armando Marín, mudándose con él, a Washington, D.C.

En su obra literaria, Julia de Burgos exploró con perfil crítico aspectos del pasado colonial de Puerto Rico, del legado de la esclavitud y las consecuencias para su patria, derivadas del sometimiento por parte del imperialismo estadounidense.

Su estilo se caracterizó por una singular fuerza expresiva surgida de su apasionado y místico romanticismo y de su amor por la naturaleza. Algunos críticos la comparan con dos de las figuras emblemáticas de la poesía latinoamericana: Alfonsina Storni y Delmira Agustini.

Compuso versos, de exquisita sensibilidad, que son el reflejo de una vida intensa. Entre sus temas predilectos el amor ocupó un sitio predominante y fue tratado con serena dulzura y atractiva sencillez, pero en la mayoría de las ocasiones, de modo sensual, erótico y con matices desgarradores.

Compartimos algunos poemas, para leer lentamente y con el corazón latiendo estremecido:

Amor – Julia de Burgos

Amor…única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.

Aquí, desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.

Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.

¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!

¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!

¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados…!
¡Multiplican en ecos!

Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!

Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma.
Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.

Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!

¡Amor…!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.

Te quiero – Julia de Burgos

Te quiero…
y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.
Te quiero
en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.
Te quiero
en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos,
que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas
donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.
Te quiero
en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño,
en el cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica,
en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.
Te quiero
(grito de noche blanca…) en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.
Te quiero…
Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen
desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

Yo fui la más callada… – Julia de Burgos

Yo fui la más callada…
de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.

No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
en inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

Un día, por las playas amarillas de histeria,
muchas caras ocultas de ambición te siguieron;
por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos
se colaron las voces sin cruzar tu misterio…

Yo fui la más callada.
La voz casi sin eco.
La conciencia tendida en sílaba de angustia,
desparramada y tierna, por todos los silencios.

Yo fui la más callada.
La que saltó la tierra sin más arma que un verso.
¡Y aquí me veis, estrellas,
desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!

Julia de Burgos creó su propio mundo, y en ese mundo, ella fue la protagonista de cada verso que imaginaba en su lírica, aunque las excepcionales circunstancias que rodearon su vida, la enajenación y el desarraigo la hayan llevado a considerarse como una desterrada de sí misma que manifestaba “esta vida partida en dos que estoy viviendo entre la esencia y la forma”.

De su producción literaria se destacan además del primer poema que escribió con el título de “Río Grande de Loíza”, “Poemas para mi muerte”, “Poema en veinte surcos”, “Canción de la verdad sencilla”, “Alba de mi silencio”, “Alta mar y gaviota”, “El mar y tú y otros poemas” y “Yo misma fui mi ruta”.

Luchó con denuedo en la búsqueda permanente de su propia identidad como mujer, inmersa en una sociedad regida por estrictas convenciones impuestas por los hombres. Como agitada por una tempestad, quiso escapar a ese destino y lo logró con actitudes decididas y enormes sacrificios.

Pionera del movimiento feminista de los años 1940 y 1950, en una de sus poesías más representativa y difundida, titulada “A Julia de Burgos”, se desafió a sí misma y a todas las mujeres, a pensar sobre los roles que la sociedad les impone y lo que ellas quieren y pretenden para sí mismas; en uno de sus párrafos escribió:

“…Tú eres dama casera, resignada, sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; que yo soy Rocinante corriendo desbocado olfateando horizontes de justicia de Dios.
Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, la modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno, y el qué dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo”.

También escribir acerca de la muerte cautivaba a Julia de Burgos, tal vez motivada porque presentía cercana e inminente la suya propia.

A fines de la década de 1940, volvió una vez más a Nueva York, pero su actividad literaria había disminuido mucho, el cáncer que le habían diagnosticado la desequilibró anímicamente y como consecuencia de la depresión se hizo adicta al alcohol. Una cirrosis hepática agravó aún más su estado de salud.

Pocos meses antes de morir, escribió un desgarrador poema en inglés, titulado “Farewell in Welfare Island” (Adiós en Welfare Island, institución donde había estado hospitalizada), en él expresaba:

“Tiene que partir de aquí, olvidada, pero inquebrantable
entre los camaradas del silencio muy adentro en Welfare Island,
mi despedida al mundo”

Julia de Burgos fue encontrada inconsciente y sin identificación alguna entre la Calle 106 y la Quinta Avenida de la impasible Nueva York, un lejano 6 de julio de 1953. La valentía con la que se había enfrentado a la vida, ya no era suficiente ante tanta adversidad y falleció por causa de una pulmonía después de ser trasladada al Hospital de Harlem. Tenía 39 años y todavía hoy las circunstancias de su muerte conservan un halo de misterio.

Ante la falta de documentación, fue enterrada en una tumba anónima para indigentes, pero posteriores gestiones de amigos y familiares, permitieron ubicar y reconocer el cuerpo y trasladar los restos a su país natal; fue sepultada en el Cementerio de Carolina, el lugar más cercano posible al Río Grande de Loíza, que tanto había amado.

El reconocimiento a su trayectoria llegó después de su muerte. La Universidad de Puerto Rico le concedió doctorado Honoris Causa en Letras y Humanidades Post Mortem y hoy es reconocida como una personalidad ilustre en el ámbito literario de su país, del que se había marchado cuando tenia 25 años para nunca retornar en vida.

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Bertolt Brecht – Idealista, comprometido y genial

Semblanza de Bertolt Brecht – El arte poético de un escritor idealista, comprometido y genial

Bertolt BrechtEugen Berthold (Bertolt) Friedrich Brecht, mejor conocido como Bertolt Brecht, considerado en el universo literario, uno de los poetas y dramaturgos más destacados, innovadores e influyentes del siglo XX, logró reflejar en sus textos, empapados del inconformismo que caracterizó toda su obra, un compromiso político inquebrantable y una crítica sin concesiones a las formas de vida, la ideología, las estructuras jerárquicas y la concepción artística, de la burguesía dominante en la sociedad del tiempo histórico en el que vivió.

Este destacado escritor alemán nació el 10 de febrero de 1898, en el seno de una familia acomodada residente en Augsburgo (Baviera). Desde muy pequeño se sintió atraído por las letras, vocación que lo llevaría a publicar su primera obra teatral titulada “Baal” antes de cumplir sus veinte años. Cursó estudios de Literatura y Filosofía en Munich, intentando posteriormente añadir Medicina, carrera que finalmente dejaría inconclusa.

Rebelde, de fuerte carácter independiente y dispuesto a vivir intensamente sin condicionamientos, buscó en el arte la forma de entender, descifrar y explicar la realidad y encontró en la literatura una herramienta adecuada para intentar cambiar esa realidad social que tanto le atormentaba.

Reconocido en forma unánime como el creador del llamado teatro épico (o teatro dialéctico), donde el objetivo era lograr la reflexión y la toma de conciencia por parte del espectador, poniendo de relieve al mismo tiempo, la necesidad humana de felicidad como base imprescindible para la vida.

Autor prestigioso, poseedor de un estilo definido por una prosa breve y didáctica y de una poesía cristalina y viva, gracias a la cual ha logrado trascender y convertirse en una lectura indispensable para aquellos amantes del arte lírico y sobre todo de la poesía social.

De su inspiración y talento poético surgieron estos escritos:

La piel

La piel, de no rozarla con otra piel, se va agrietando.
Los labios, de no tocarlos con otros labios, se van secando.
Los ojos, de no mirarse con otros ojos, se van cerrando.
El cuerpo, de no sentir cerca otro cuerpo, se va olvidando.
El alma, de no entregarla con toda el alma, se va muriendo.

La cuerda cortada

La cuerda cortada puede volver a anudarse,
Puede aguantar, pero está cortada.
Quizá volvamos a tropezar,
pero allí, donde me abandonaste,
no volverás a encontrarme.

Hay hombres que luchan un día

Hay hombres que luchan un día, y son buenos.
Hay otros que luchan un año, y son mejores.
Están aquellos que luchan muchos años
y son muy buenos.
Por último, los hay que luchan toda la vida;
estos son los imprescindibles.

Fue un prototipo del intelectual revolucionario que en una temprana juventud había adherido al marxismo y que en 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se vio obligado a abandonar su patria. Muchos de sus libros fueron quemados por fanáticos partidarios del nacionalsocialismo, que comenzaba a incendiar el continente europeo convirtiéndolo en un infierno aterrador.

En su poema “Alemania” escribió el célebre autor:

“¡Oh Alemania, pálida madre! Entre los pueblos te sientas cubierta de lodo.
Entre los pueblos marcados por la infamia tú sobresales.
(…) ¡Oh Alemania, pálida madre! ¿Qué han hecho tus hijos de ti
para que, entre todos los pueblos, provoques la risa o el espanto?”

“…Hablen otros de su vergüenza. Yo hablo de la mía.”

Después, como desesperanzada disculpa, Bertolt Brecht expresaba en otro poema:

“A los que vendrán después”

Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe,
es porque todavía no ha oído la terrible noticia.

¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿será encontrado cuando los amigos
necesiten su ayuda?

Es verdad que todavía me gano el sustento,
pero creedme: es por casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta hartarme.
Las cosas todavía me van bien

(si la suerte me abandonase, estaría perdido).

Me dicen: “Come, bebe, alégrate por lo que tienes!
Pero… ¿cómo puedo comer y beber
si estoy arrebatando al hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al sediento?
Y sin embargo continúo comiendo y bebiendo.

Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan de la sabiduría:
consiste en apartarse de los problemas del mundo
y, sin temores, dejar que transcurra tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida en la tierra,
pagar el mal con el bien,
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que llaman sabiduría.
Pero yo no consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos.

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba el hambre,
me mezclé entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé con ellos.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Comí mi pan en medio de batallas,
dormía entre asesinos,
traté despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui impaciente con la naturaleza.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mi época todos los caminos conducían al fango,
mis palabras me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más seguros sin mí.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Nuestras fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba distante
y aunque podía distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez no la alcanzaría.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en que nosotros nos hemos hundido,
acordaos también, cuando habléis de nuestras flaquezas,
de los tiempos sombríos de los que os habéis librado.
Cambiábamos más frecuentemente
de país que de zapatos, a través de las guerras de clases,
desesperados, porque reinaba la injusticia
y nadie se indignaba.

Bien sabemos que el odio contra la ruindad
deforma el rostro y la rabia contra la injusticia
enronquece la voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser bondadosos!

Pero vosotros, cuando llegue el momento
en que el hombre sea bueno para el hombre,
¡acordaos de nosotros con comprensión!

El 28 de febrero de 1933, un día después de la quema del Parlamento (Reichstag) alemán, hecho cuya responsabilidad sigue siendo un tema de permanente debate e investigación, pero que es considerado fundamental para el establecimiento del Tercer Reich de la Alemania nazi; Bertolt Brecht emprendió un largo y difícil camino hacia el exilio en Svendborg (Dinamarca). Con el transcurrir de los meses su situación se vio agravada por el inicio y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y debió peregrinar durante años a través de varios países, hasta establecerse en los Estados Unidos en 1941. Finalizada la contienda, sus opiniones políticas y sociales lo transformaron en sospechoso para las autoridades estadounidenses, por lo que debió trasladarse a la República Democrática Alemana, estableciéndose en Berlín. Allí fundó la compañía de teatro “Berliner Ensemble”, en un intento concreto de materializar sus teorías teatrales.

Bertolt Brecht falleció de una trombosis coronaria en agosto de 1956, en la misma ciudad de Berlín (Berlín Este por entonces) donde la férrea hegemonía del comunismo soviético, había sembrado una semilla de escepticismo y decepción en la ideología del escritor. Dejó a la posteridad un estilo literario en el que siempre se encuentran entrelazados el fondo, las formas, la estética y los ideales enfocados hacia un contexto político e histórico. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro, podía contribuir a modificar para bien el mundo.

Su particular lenguaje, continúa ejerciendo marcada influencia hasta hoy en los cultores de la poesía social y del teatro moderno.

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Ex libris – Un sello de identidad para los libros

¿Qué significa la frase ex libris que a veces aparece estampada como sello distintivo en un libro?.

Ex librisSeguramente la respuesta es conocida para quienes están acostumbrados a la lectura frecuente, pero para otros lectores no tan asiduos, la aclaración sobre ex libris es válida y necesaria, siempre en favor de contribuir a nuestra cultura.

La locución latina ex libris, (o ex-libris) que por etimología significa “de entre los libros” o “de los libros de”; es utilizada específicamente como un rótulo, etiqueta o sello de pertenencia, que se aplica para identificar los libros de una biblioteca, institución o de un propietario particular.

Suele colocarse en el reverso de la cubierta o tapa de un libro o en su primera hoja en blanco (por ejemplo, en la página del título) y contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria.

Sin embargo, no toda marca de posesión es considerada ex libris. A criterio de la Federación Internacional de Amigos de los Ex Libris (FISAE), la expresión debe reunir una serie de características y cumplir con pautas definidas y precisas para ser reconocida como tal, a saber:

a) Tiene que tener forma de etiqueta, sello o estampa y su lado mayor no debe superar, como máximo, los 13 cm. Requisito que permite utilizar el sello en casi cualquier tamaño de libro.

b) En el diseño debe figurar la leyenda EX LIBRIS, representada en cualquier idioma, aunque lo más común es utilizar el latín. A veces también va agregado un lema.

c) Es indispensable que figure el nombre del dueño o sus iniciales; que puede ser una persona física o una institución.

d) La imagen del símbolo o emblema, debe reflejar algún aspecto destacado de la personalidad de su dueño o la temática de la biblioteca a la que pertenece el libro. En tiempos más recientes se popularizó el uso de imágenes relacionadas a la profesión, gremio o afición del propietario.

La historia suele citar como primer antecedente de un ex libris, una placa de barro cocido esmaltada en color azul con inscripciones jeroglíficas, conservada en el Museo Británico de Londres, que perteneció al faraón egipcio Amenhotep III (1391-1353 a.C), y que habría sido aplicada como marca indicativa de propiedad, en los estuches de los rollos de papiro de su biblioteca.

El ex libris primitivo que más se ha empleado en todos los tiempos, desde que apareciera la escritura, es obviamente la firma manuscrita, porque no se necesita ninguna técnica especial para su ejecución. Existen códices que datan de la edad Media, con anotaciones manuscritas a modo de rótulo de propiedad.

Con la invención a mediados del siglo XV de la imprenta moderna, debida a la fecunda creatividad de Johannes Gutenberg, el panorama cambió radicalmente, dado que las técnicas de impresión y de grabado evolucionaron y se perfeccionaron notablemente. Y es a partir de esa época, cuando se puede comenzar a hablar de los ex libris, tal como se conocen actualmente.

A esas diversas técnicas ejecutadas mediante procedimientos tradicionales de grabado o estampación, relacionadas con las artes del libro (xilografía, calcografía, litografía, serigrafía, fotograbado, etc.), en la actualidad se les han agregado el diseño e impresión por computadora y la reproducción fotográfica. También se siguen empleando sellos de caucho o en seco, que producen un estampado en relieve.

En otra variante, conocida como supralibros, la marca escrita identificatoria de propiedad y la imagen (generalmente motivos simbólicos, heráldicos o monogramas), se estampan por gofrado sobre piel o se bordan sobre una encuadernación en tela.

Cualquier técnica de impresión es válida si cumple la condición de garantizar que las reproducciones sean idénticas. En caso de que se utilicen estampas, estas deben estar firmadas y numeradas por su autor (al igual que un grabado).

Los símbolos de las técnicas empleadas en la impresión de exlibris, se reconocen internacionalmente mediante una serie de abreviaturas aprobadas en el XXIX Congreso de la FISAE, celebrado en el 2002 en Frederikshavn (Dinamarca).

En una primera etapa entre siglos XVI al XVIII, predominaron en el diseño los escudos heráldicos sobre todo en las familias nobles, en la jerarquía eclesiástica y en instituciones religiosas, que eran los únicos poseedores de bibliotecas o colecciones. De esa época, también es posible encontrar algunos diseños elaborados con el nombre o apellidos de la familia y rodeados por unas orlas o frases alusivas a su origen o formación. A partir del siglo XVIII comenzaron a prevalecer las alegorías, símbolos o emblemas.

El advenimiento del Modernismo a finales del siglo XIX e inicios del XX, hizo que esta particular afición transitara una etapa de florecimiento y esplendor y es en este período finisecular de auge de la bibliofilia, cuando el interés por los exlibris alcanzó su máximo impulso (aparecen los primeros coleccionistas, empiezan a surgir asociaciones y comienzan a celebrarse congresos y concursos). Surgieron también en esta etapa, los primeros estudios sobre el tema y las primeras publicaciones especializadas.

Iniciado el siglo XXI, esta manera tradicional de identificar a los libros fue perdiendo su práctica, pero los grabadores y personas dedicadas a esa actividad resisten y luchan por preservar su oficio y una antiquísima costumbre.

Es posible que esta milenaria tradición continúe extinguiéndose lentamente y como toda moda, tal vez desaparezca o renazca con renovado ímpetu. Pero ante cualquiera de las dos alternativas hay una certeza inobjetable; el interés por los libros va por otro camino y permanecerá inalterable para una inmensa legión de lectores apasionados; porque para ellos, cada libro leído plasma en sus páginas una historia singular que trasciende el relato o el mensaje que el autor quiso manifestar. Si el libro es nuevo, les traerá sensaciones renovadas, si el libro es viejo, regresará con la melancolía serena y el olor inconfundible que tienen las páginas y las palabras olvidadas.

Y para un lector auténtico, siempre, abrir un libro será el preludio de un instante de éxtasis muy parecido a la felicidad.

Para saber más:

El Diccionario panhispánico de dudas aclara, refiriéndose a la expresión ex libris que, si se trata del sustantivo, ha de escribirse en una sola palabra exlibris (como ocurre con exabrupto y otros sustantivos procedentes de locuciones latinas); no obstante, admite también la escritura en dos palabras.

Es invariable en plural: los exlibris.

Como locución, debe escribirse en dos palabras “ex libris”.

Una de las características gráficas más importantes de los exlibris y que ha perdurado prácticamente desde sus orígenes, es el uso predominante de la monocromía.

Para conocer una muy interesante y completa colección de exlibris, desde los siglos XV-XVI hasta la actualidad, puede consultarse la base de datos de Ex libris de la Real Biblioteca, que está en constante actualización y contiene numerosas descripciones con un elevado nivel de detalle.

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Semblanza a Gloria Fuertes

Gloria Fuertes. Compromiso social y poesías para la niñez

Gloria FuertesLos aciagos acontecimientos que se desarrollaban en vastos territorios del mundo durante la Primera Guerra Mundial, habían arrastrado a todo el continente europeo hacia un abismo insondable de miseria, dolor y muerte. La pobreza extrema y el hambre obligaban a la gente a trabajar de sol a sol en condiciones inhumanas, buscando sobrevivir y seguir adelante. En ese terrible verano español del año 1917, ensombrecido por las derivaciones de la tragedia bélica; nacía Gloria Fuertes, una escritora destinada a convertirse en símbolo de inconformismo, rebeldía y compromiso social y sobretodo en un carismático emblema de la poesía infantil.

…La gente dice:
Pobres tiene que haber siempre
y se quedan tan anchos
tan estrechos de miras,
tan vacíos de espíritu,
tan llenos de comodidad.

Yo aseguro
con emoción,
que en un próximo futuro
sólo habrá pobres de vocación.

Esto escribió en uno de sus poemas más recordados, la poetisa española, que tiene el raro privilegio en el ámbito de las letras, de haber logrado con su poesía castiza emocionar y cautivar a todo tipo de lectores, fueran niños o adultos.

Gloria Fuertes García fue una destacada autora de narrativa, poesía y teatro que nació el 28 de Julio de 1917, en Lavapiés, un modesto barrio del Madrid antiguo. Siempre guardó celosamente su intimidad familiar, de la que se conocen muy pocos detalles. Su padre, portero y conserje; y su madre, humilde costurera y empleada doméstica, debieron hacer considerables sacrificios para sobrellevar las penurias económicas y poder criar a Gloria y sus ocho hermanos (varios de ellos murieron prematuramente).

A pesar de la pobreza, Gloria Fuentes era una niña alegre y extravertida, a los cinco años ya leía, escribía y dibujaba sus propios cuentos y creaba amigos imaginarios para jugar y, en sus ratos libres, disfrutaba a escondidas de algún buen libro que pudiera conseguir, algo que no era del agrado de su madre, que pretendía hacer de su pequeña hija una buena candidata para un futuro matrimonio y una ama de casa de provecho que supiese bordar y cocinar adecuadamente. A su debido tiempo, aprendió taquigrafía, mecanografía, cocina, corte y confección, e higiene y puericultura, asistiendo al Instituto de Educación Profesional de la Mujer.

”…Cada vez que mi madre me veía con un libro, me pegaba. No tengo nada que agradecer a mi familia y escribo poemas con final feliz porque en mi infancia me dieron muy pocas alegrías”, confesó alguna vez con nostálgica pena.

Su infancia transcurrió en las bulliciosas calles cercanas a la vieja Plaza del Progreso, donde aprendió el lenguaje coloquial y tan peculiar que caracterizaría su estilo. Pese a ser una niña, Gloria Fuentes realizaba algunos trabajos transitorios con el propósito de colaborar con la economía de la familia. Ya en su etapa adolescente empezó a escribir versos que leía en Radio España de Madrid. A los quince años quedò huérfana al morir su madre y a los diecisiete, concluyó su primer libro de poemas, “Isla ignorada”, publicado recién en 1950.

Se acercaban aceleradamente los tiempos de la cruenta Guerra Civil española cuando, en 1936, escribió los versos a su primer amor, que quedó trunco, acallado por el tronar de cañones que le hicieron padecer las angustias más desoladoras: “Mi primer amor era un obrero republicano y me hubiera casado con él, pero le dieron por desaparecido en los campos de guerra” relató.

Paradójicamente vivió la triste experiencia de enamorarse de un combatiente que luchaba por el otro bando en pugna, defendiendo los ideales falangistas. “Me influyó mucho, era súper culto”, dijo del médico Eugenio Rosado, que murió posteriormente en la cárcel, fusilado por los milicianos. Gloria perdió por segunda vez al hombre que amaba.

También mantuvo una relación con un compañero que compartía sus inclinaciones literarias en el grupo del ‘postismo’; Carlos Edmundo de Ory. Intercambiaron entre ellos algunos sugerentes poemas. En “Los brazos desiertos” ella le cuenta: ¡Te quiero, aunque la vida no lo quiera!

Gloria Fuentes fue una mujer la que encendió en su corazón las más ardientes pasiones. Su lesbianismo aparece sutilmente declarado en poemas como “Jenny”, “Lo que me enerva” y “Me siento abierta a todo”. A mediados de la década de 1950, Gloria conoció a Phyllis Turnbull, una profesora de inglés que le enseñó los secretos del idioma de Shakespeare mientras estudiaba técnicas de Bibliotecología en el Instituto Internacional de Madrid y acabó enamorándose perdidamente; conviviendo y disfrutando intensamente con su profesora y también con su otro amor de juventud, Chelo Sánchez, las encandilantes noches madrileñas; mientras que cada día, concurría responsablemente a la biblioteca pública donde trabajaba con gusto y placer: “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.

Entre 1961 y 1963 residió en Estados Unidos donde impartía clases de Literatura española en la Universidad Bucknell, gracias a la beca Fulbright que había obtenido. “Fue la primera vez que pisé una universidad”. comentó la escritora al respecto.

Espontánea, sencilla, solidaria y muy sincera aunque utilizara una fina ironía. Hablaba siempre en tono confidencial y amigable y nunca perdió su capacidad de asombro. Pacifista y defensora del medio ambiente a ultranza que, además, durante toda su vida activa reclamó sin concesiones y sin claudicar por los derechos de las mujeres, empezando por el derecho a leer, a escribir, a trabajar o a ser poeta, todo en un momento histórico en el que el universo de la mujer estaba reducido y limitado al espacio doméstico. “Ser escritora suponía ir contra corriente y requería gran empeño y buscar caminos alternativos frente a puertas cerradas”.

La relación con Phyllis terminó en 1970, un año antes que falleciera la norteamericana. Gloria devastada y presa de una infinita tristeza, plasmó sus sentimientos con dolidos versos en “Nota autobiográfica”: “Todos los míos han muerto hace años y estoy más sola que yo misma.”(…)”El dolor envejece más que el tiempo, este dolor, dolor que no se acaba, y que te duele todo, todo, todo; sin dolerte en el cuerpo nada, nada.”
No quiso reír más, porque no podía compartir sus obras con alguien que le prodigara la misma ternura que le había dado su amada compañera.

Objetivo: la felicidad en la infancia

Fue entonces cuando se abrió ante sus ojos un nuevo y fascinante mundo: el de los niños. Con ellos recuperaría la felicidad infantil que había perdido en el duro camino de su vida, empezando una de sus épocas más fructíferas e interesantes a nivel poético. La poesía dirigida a los adultos quedó postergada y por un tiempo pareció destinada al olvido.

A comienzos de la década de 1970, demostrando ser una excelente comunicadora, participa conduciendo por la televisión española, espacios infantiles y de entrevistas que alcanzaron una enorme popularidad eclipsando su trayectoria poética. Programas como “Un globo, dos globos, tres globos” y “La cometa blanca” marcaron indeleblemente la infancia de varias generaciones y el séquito más fiel lo formaba mayoritariamente gente menuda.

“…Es importante que los niños lean poesía. Y es más que importante, es necesario… Un niño con un libro de poesía en las manos, nunca tendrá de mayor un arma entre ellas…” expresaba esta prolífica autora, que siempre se definió como “autodidacta y poéticamente desescolarizada”.

Compartimos algunas de sus reflexiones convertidas en poemas, que irradian reflejos de su sensible personalidad.

“La historia de un perrito”
Regalaron a los niños
un cachorro de seis días.
El perrito casi no andaba ni veía.

Le criaron con biberón
y puré de salchichas,
pero no lo acariciaban,
le estrujaban,
le estrujaban. ¡qué paliza!

El perro a los niños
les alegraba, les hacía niñerías.
Los niños al perro
le hacían perrerías.

Creció el perro paso a paso,
y los niños ya no le hacían caso.

Cuando la familia
se fue de vacaciones,
le abandonaron en la carretera
entre unos camiones.

Y dijo el perro ladrando en voz alta
(que quien lo escuche se asombre)
-Me dan ganas de dejar de ser
el mejor amigo del hombre.

Pasó días sin beber nada,
sin comer algo.
El perro cambió de raza,
parecía un galgo.
Le recogió un viejo mendigo.
Le dijo: -Voy a ser tu amigo,
te cortaré el flequillo
y serás mi lazarillo.

El perro movió el rabo,
estiró el hocico,
movió la nariz,
por primera vez fue feliz.

“La pata mete la pata”
La pata desplumada, cua, cua, cua,
como es patosa, cua, cua, cua,
ha metido la pata, cua, cua, cua,
en una poza. ¡Grua!, ¡grua!, ¡grua!

En la poza había un cerdito vivito y guarreando,
con el barro de la poza, el cerdito jugando.
El cerdito le dijo: – saca la pata, pata hermosa.
Y la pata patera le dio una rosa.
Por la granja pasean comiendo higos.
¡El cerdito y la pata se han hecho amigos!

“Parejas”
Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.
Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.
Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.
Cada foco con su foca.
Cada plato con su taza.
Cada río con su ría.
Cada gato con su gata.
Cada lluvia con su nube.
Cada nube con su agua.
Cada niño con su niña.
Cada piñón con su piña.
Cada noche con su alba.

Dotada de un auténtico acento lírico que la hacía diferente, matizaba y combinaba con divertida habilidad juegos de palabras y metáforas llenas de encanto, que daban a sus versos frescura, musicalidad y cadencia.

Obra literaria:

Dejó como legado, en el género de literatura para la niñez:
“Cuentos infantiles”, “Villancicos”, “Don Pato y Don Pito”, “La pájara pinta”, “Tres tigres con trigo”, “El libro loco”, “De todo un poco”, “El perro que no sabía ladrar”, “El domador mordió al león”, “El abecedario de don Hilario”, “Trabalenguas para que se trabe tu lengua” y “Versos fritos”, entre muchos otros títulos.

Obras para Teatro: “La princesa que quería ser pobre” y “Las tres reinas magas”.

Para gente adulta: “Isla ignorada”, “Antología y poemas del suburbio”, “Todo asusta”, “Antología poética”, “Cuando amas aprendes geografía”, “Mujer de verso en pecho”, “Pecábamos como ángeles”, “Es difícil ser feliz una tarde”, “Derecho de pasión”, “Los brazos desiertos” y “Geografía humana y otros poemas”.

Su nombre ha quedado ligado a dos corrientes literarias: a la de la Primera generación de posguerra que la crítica ha unido a la Generación del 50 y al movimiento poético denominado “postismo” surgido de las tendencias surrealistas de la posguerra.

Gloria Fuertes era como escribía y escribía como era. Nunca le agradó que la llamaran poetisa prefieriendo el término “poeta”. Falleció en su ciudad natal, Madrid, el 27 de noviembre de 1998, a causa de un cáncer de pulmón, consecuencia de haber sido una empedernida fumadora. En su testamento dejó sus bienes al orfanato conocido como “Ciudad de los muchachos”, del padre Jesús Silva.

Su lema de vida fue: “…Si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, saldrás adelante seguro”.

Para conocer más:

El escritor español Camilo José Cela dijo de ella, que era “la voz poética más honda y sincera, menos artificial y acicalada de España”. Y ella misma en algún momento declaró que “la obligación del poeta es contar lo que pasa y luego preocuparse de contar las sílabas”.

Por otra, otro escritor y académico español Javier Marías, uno de sus más acérrimos críticos opina de manera distinta. Nunca consideró a Gloria Fuertes como una gran poetisa a quien se debiera tomar en serio. No cree que haya tenido una envergadura literaria comparable con las hermanas Brontë o Emily Dickinson.

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Semblanza a César Vallejo – Poeta inolvidable

César Vallejo – Morir en París, poesía y realidad

Cesar VallejoLa pertinaz lluvia se abatía sobre una nostálgica París en aquel lejano 15 de abril de 1938, mientras en un hospital de la ciudad en el que había estado internado más de una semana, se apagaba la vida de César Vallejo. Era Viernes Santo y por extraña y trágica coincidencia se cumplía, en parte, la premonición que había vaticinado el insigne poeta cuando en su poema “Piedra negra sobre una piedra blanca” escribió: me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.

Poeta, narrador, ensayista y educador, César Abraham Vallejo Mendoza es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX en todos los idiomas y uno de los máximos exponente de las letras peruanas y si bien abordó en su obra literaria la mayoría de los géneros, es comúnmente aceptado que fue en la lírica, donde alcanzó su verdadera dimensión y su más alto nivel de expresión.

César Vallejo había nacido el 16 de marzo de 1892 en la ciudad andina de Santiago de Chuco al norte del Perú, fruto del matrimonio de Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. Su apariencia mestiza se debió a que sus abuelas tenían ascendencia indígena y sus abuelos españoles; fue el menor de once hijos de una familia provinciana que profesaba una gran devoción cristiana y anhelaba que el niño se convirtiera en cura, circunstancia esta que incidió en su formación intelectual y explica en cierto modo la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico.

Intentó y fracasó más de una vez, siempre por acuciantes razones económicas, lograr una instrucción universitaria, hasta que finalizando el año 1915 obtuvo su bachillerato de letras en la Universidad de Trujillo con una tesis sobre “El romanticismo en la poesía castellana”.

En 1923, luego de publicar en Lima su primera obra narrativa “Escalas Melografiadas”, decide viajar por algunos países de Europa para instalarse finalmente en la capital de Francia; no imaginaba por entonces que nunca retornaría a su patria.

Los primeros años de su experiencia en el viejo continente estuvieron marcados por la pobreza y grandes penurias económicas, que le provocaron un profundo desgaste físico y emocional. Conoció e hizo amistad con poetas e intelectuales como Vicente Huidobro, Gerardo Diego y Juan Larrea y junto a ellos participó asiduamente en actividades de sesgo vanguardista.

Al estallar la guerra civil española en 1936, César Vallejo colaboró activamente en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española, en esa labor estuvo acompañado por otro gran escritor, Pablo Neruda. En julio de 1937 regresó por última vez a España para asistir al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. En esa etapa de su vida ya había abrazado con fervor las teorías de Karl Marx, adhiriendo al comunismo, pero conservando ideológicamente una postura muy personal, compatible con sus preocupaciones religiosas y estéticas; rechazaba además el dogmatismo y la reducción de la literatura a finalidades proselitistas y advertía en el ideario marxista una senda de justicia y liberación del hombre, pero nunca una solución a las grandes cuestiones metafísicas.

César Vallejo fue autor de una poesía humana y comprometida, caracterizada por una permanente inquietud renovadora y una firme convicción de independencia frente a las influencias del momento histórico. Acostumbraba corregir mucho sus textos puesto que casi nunca quedaba satisfecho con lo que escribía.

Su personalidad singular, que lo llevó a ser un hombre, melancólico y torturado y en apariencia vulnerable, estaba dominada por un rasgo distintivo y relevante: una exacerbada sensibilidad ante el dolor propio y colectivo y fue un factor determinante en la conformación de su personalísimo estilo.

De su trascendente obra literaria se pueden destacar, en narrativa: “Escalas melografiadas”, “Fabla salvaje”, “El Tungsteno”, “Paco Yunque” (cuento), “Viaje alrededor del porvenir” y “El vencedor”.

En obras de teatro: “Les taupes” (escrita en francés), “Entre las dos orillas corre el río” y “La piedra cansada”. Ninguna de las cuales fue estrenada o publicada durante su vida.

En poesía: “Los heraldos negros”; “Trilce”; y entre sus poemarios de publicación póstuma,”Poemas humanos” y “España, aparta de mí este cáliz”, ambos publicadas en 1939.

Porque conocer significa reconocer, para recordarlo compartimos tres de sus más bellos y emblemáticos poemas:

Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce…
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huida a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay tanta soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

El tálamo eterno

Sólo al dejar de ser, Amor es fuerte!
Y la tumba será una gran pupila,
en cuyo fondo supervive y llora
la angustia del amor, como en un cáliz
de dulce eternidad y negra aurora.

Y los labios se encrespan para el beso,
como algo lleno que desborda y muere;
y, en conjunción crispante,
cada boca renuncia para la otra
una vida de vida agonizante.

Y cuando pienso así, dulce es la tumba
donde todos al fin se compenetran
en un mismo fragor;
dulce es la sombra, donde todos se unen
en una cita universal de amor.

Confianza

Confianza en el anteojo, no en el ojo;
en la escalera, nunca en el peldaño;
en el ala, no en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en la maldad, no en el malvado;
en el vaso, más nunca en el licor;
en el cadáver, no en el hombre
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en muchos, pero ya no en uno;
en el cauce, jamás en la corriente;
en los calzones, no en las piernas
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en la ventana, no en la puerta;
en la madre, mas no en los nueve meses;
en el destino, no en el dado de oro,
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Así como su poemario Trilce, que derribó con su impronta innovadora las normas estéticas y retóricas creando un nuevo lenguaje poético, fue duramente criticado y hasta calificado de disparate, sumando fuertes opiniones detractoras por la utilización indiscriminada de vulgarismos, cultismos, regionalismos, tecnicismos, neologismos, arcaísmos y de múltiples figuras literarias que rompían todas las pautas literarias tradicionales; a criterio de sus defensores acérrimos fue, “El más grande poeta católico después de Dante, y por católico entiendo universal” en palabras del escritor franco-estadounidense Thomas Merton y “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”, según el crítico literario y biógrafo británico Martin Seymour-Smith.

Georgette Marie Philippart Travers, una joven veinteañera a la que Vallejo conoció en 1927 e hizo su esposa en 1934 y que dejó viuda cuando solamente tenía 30 años, fue la responsable de preservar para la posteridad el invalorable legado literario de su marido. Fue ella también la que decidió el traslado de los restos del poeta al cementerio de Montparnasse, dedicándole un epitafio con mucho sentimiento y pesar:

“He nevado tanto para que duermas”

César Vallejo había escrito mucho tiempo atrás en una de sus citas:

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores; soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí.”

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Semblanza de Carmen Naranjo

Carmen Naranjo. La metáfora infinita de su poesía

Carmen NaranjoEl estilo cautivador y directo que distinguió a la notable escritora costarricense Carmen Naranjo Coto; también la manera reflexiva, crítica y denunciante de ver las cosas que tenía, aparecen en toda su obra literaria pero fue en la poesía donde esa impronta alcanzó su esplendor.

Transcurría la primera mitad del siglo XX cuando Carmen nació en la ciudad de Cartago (Costa Rica) el 30 de enero de 1928. Fueron sus padres Sebastián Naranjo Prida y Caridad Coto Troyo; y tuvo tres hermanos.

Siendo todavía una niña pequeña, su familia aquejada por una difícil situación económica debió mudarse a la capital del país, San José, donde la vida austera continuó obligadamente.

A la edad de siete años, la futura escritora enfermó gravemente de poliomielitis y debió en consecuencia permanecer largo tiempo sometida a cuidados especiales y recibiendo educación privada en su casa. Estas circunstancias despertaron y favorecieron su afición por los libros.

Al concluir la escuela secundaria, ya había leído obras de William Faulkner, Walt Whitman, Emily Dickinson, Julio Verne y Carson McCullers; también algo de grandes clásicos como Platón y Aristóteles.

Esta avidez por la lectura influyó decisivamente en su vocación literaria.

Más adelante, recibió la licenciatura en Filología otorgada por la Universidad de Costa Rica, cursando posteriormente estudios de post-grado en las Universidades Autónoma de la Ciudad de México y de Iowa, en los Estados Unidos. Completada su formación intelectual, enfocó su vida en otra de sus grandes pasiones, la política. Durante varios años se desempeñó como embajadora de Costa Rica en Israel, ejerciendo simultáneamente y por placer actividades periodísticas. El escaso tiempo que podía sustraer a las obligaciones y funciones diplomáticas lo aprovechaba escribiendo poemas.

Doble mérito para Carmen Naranjo que con innegable talento y esfuerzo logró trascender, superando todos los obstáculos que deben enfrentar, aquellos escritores que se desenvuelven en lugares alejados de los centros privilegiados donde se desarrolla lo más representativo de la literatura universal.

El exquisito lirismo que reflejan sus letras, quedó plasmado en poemas inolvidables:

“Desde donde nace la voz” (I)

Desde donde nace la voz,
la voz plena, sin ortografía ni sintaxis;
la voz plena, sin los etcéteras de la impotencia;
la voz plena, sin los énfasis angustiosos;
la voz plena, desnuda de síes y noes;
la voz plena, que sembramos sobre nuestras camas
cuando somos un solo ser solitario
y no cabría en el universo
nuestra conciencia enorme
de ser vivo y despierto.
Desde esa voz y con esa voz
quiero hablarte para siempre,
simplemente hablarte.
No puedo darle la novedad luminosa
de los telones amanecientes.
No puedo caer en los ríos
para describir en piedra
este taloneo de amargos afanes.
No puedo quedarme en las cosas eternas
porque tengo sangre, tengo pies,
tengo adioses en el pelo
y olvidos en los ojos.
Hay dentro de mí un llamado de caminos.
En cada paso que doy, voy dejando pañuelos mudos.
A mi ausencia en tu ausencia,
¡qué inmenso himno de desconsuelo
empiezo a recordar entre un ayer y un mañana
no vivido!;
pretendo dejar algo de mi voz,
esa voz plena que tú conoces
cuando a orillas de la noche
olvidamos la cadena de hormigas,
las llaves que resbalan en los pavimentos,
las hojas verdes que mueren a diario
en las calles y en los archivos.
Cuando frente a las estrellas
juntos oponemos,
desde distintas ramas,
un desafío de ser brillante.
Cuando sobre las camas,
desfiguradas por el cansancio
en nubes terrosas que peregrinan,
todo lo vemos y lo sentimos
con la agudeza de almas castradas,
intoxicadas de una ternura sin puerta.
Hermano,
desde donde nace la voz plena,
recíbeme con esta dádiva impotente.
Y en la larga mudez de mi ausencia,
recuerda el desvelo de mi lucha con la palabra.

“Desde donde nace la voz” (II)

Contra los párpados cerrados,
¡qué dulces sueños abren su retablo!
Si pájaros fuéramos,
si tuvieran alas nuestras tristezas
y emigraran a la esperanza de una caricia!
Si una vez apenas
fuéramos un sueño:
el sueño manso que anida el grito,
el sueño tímido que el acomodo sacrifica.

En los espejos mirando a lo eterno
hay siempre muertos
muriendo una muerte exigente,
muriendo de sed de volver.
¿Los has mirado?
En los párpados hay siempre sueños,
que despiertan sobresaltados
como el desvelo de gatos aullando en las tejas
una noche negra sin tope de ángeles,
que siguen empolvados en los ojos abiertos,
que pretenden miopía de entraña profunda
para seguir mirando las máquinas sin sueño,
que se abren con hambre y pereza
y aprisionan en cuartos lejanos y oscuros
la voz plena, cautiva en la sangre,
que vuelve a dormir su apetito
de acariciar la punta de los árboles
y de ser papelote con hilos de fiebre tierna
en un cielo que no pregone misterio y angustia.

“Me atreví a archivarte…”

Me atreví a archivarte
y te archivé
en la t de testimonio.
Época de tu época

respondon en silencios
mezquina en altitudes
valle de quehaceres
para develar tiempos
en que mejor
es no hacer nada.

“Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños”

Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños,
para dialogar con tu conciencia,
para hablar con Dios,
para pensar y soñarnos
con la imaginación iluminada
por tu casa empozada en el mar.
Hablaste a Dios con voz sincera,
llena de sonoridad
por el peso denso de las cosas reales.
Le hablaste con palabras verticales.
¡Ah cómo te gustaron las palabras!
Las unías en una red de equívocos,
las alzabas contra los tonos cansados,
las hilabas en mentiras de haciendas gitanas.

Hay algo de mi sombra en tu sombra,
hay algo de mi sueño en tu sueño,
hay algo de mi frío en tu invierno.

También la utilización de técnicas de vanguardia en una prosa innovadora destacaron sus características peculiares. Entre las temáticas que abordó se pueden encontrar las referidas a la soledad, la frustración humana, el abandono, la existencia alienante de individuos en una sociedad materialista y rutinaria que conduce inexorablemente a la deshumanización.

Pero escribió procurando incesantemente identificar y rescatar las fuerzas que impulsan a los seres humanos hacia el logro de una vida plena, superando situaciones inmensamente desfavorables. Se convirtió así en un paradigma de la lucha contra el abandono, la intrascendencia y la mediocridad.

Erigió además con fuerza su voz, en defensa y promoción de los derechos de las mujeres costarricenses y fue una eterna transgresora del modelo de mujer que existió y está aún vigente en toda sociedad patriarcal.

Entre los muchos galardones que recibiera en su trayectoria, resalta el Premio Nacional de Cultura Magón en 1986, considerado el más alto honor concedido en Costa Rica en el campo de la cultura. Fue miembro además de la Academia Costarricense de la Lengua desde 1988.

A pocos día de su muerte acaecida el 4 de enero de 2012 en Cartago, la misma ciudad que la viera nacer, su amigo Carlos Morales la definía con estas palabras en un reportaje: “Se me dificulta mucho ver a Carmen Naranjo como una sola personalidad. Prefiero verla como en un laberinto de espejos, muchas veces reflejada en imágenes idénticas, pero diversas. Única, pero multifacética. Coherente, íntegra, pero distinta.”

Entre las obras publicadas que integran su legado, pueden mencionarse:

En poesía: “Canción de la ternura”, “Hacia tu isla”, “Idioma del invierno”, “Mi guerrilla” y “Homenaje a Don Nadie”.

En cuento: “Los girasoles perdidos”, “Nunca hubo alguna vez”, “Hoy es un largo día” y “Pasaporte de palabras”.

En novela: “Los perros no ladraron”, “Camino al mediodía”, “Responso por el niño Juan Manuel” y “Diario de una multitud”.

Carmen Naranjo, siempre demostró una irreductible coherencia entre sus pensamientos, palabras y acciones. Se describía a sí misma como escritora irreverente y refiriéndose a su estilo y forma de escribir, en alguna ocasión manifestó: “soy un riesgo editorial, no un éxito editorial”. También sentenció: “Mis palabras son vientos oscuros que arrasan páginas y llantos donde la luz no llega…”

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Nanas de la cebolla – Miguel Hernández

Nanas de la cebolla – Versos que le cantan a la vida desde la tragedia – Miguel Hernández

Nanas de la cebolla Miguel HernándezLas luces del alba anunciaban el comienzo de otra jornada monótona y triste en la enfermería del Reformatorio de Adultos de Alicante donde el condenado Miguel Hernández era asistido. No obstante, un hecho inesperado alteraría la rutina del centro asistencial esa madrugada del 28 de marzo de 1942 haciéndola distinta; en plena juventud se apagaba la existencia de uno de los poetas y dramaturgos de mayor relevancia, que la literatura española haya aportado a la cultura del mundo.

Dotado de un talento innato que le permitía desarrollar al máximo sus pensamientos con pocas palabras precisas y exactas; fue el autor de una importante obra literaria de excepcional contenido y calidad estilística, fruto de una vocación inclaudicable sumada a su pasión por la lectura de los clásicos españoles del Siglo de Oro y de muchos grandes autores de las letras de todos los tiempos.

En uno de sus versos publicado en el poemario “Cancionero y romancero de ausencias”, este poeta de humilde origen y pastor de cabras en su infancia, narraba: “Escribí en el arenal los tres nombres de la vida: vida, muerte, amor. Una ráfaga de mar, tantas claras veces ida, vino y los borró.”

Premonición, anticipo tal vez del durísimo y trágico destino que consumió su vida.

Legó a la posteridad poemas magistrales que hablan del amor, la muerte, la guerra y la injusticia, escritos con una fuerza expresiva deslumbrante y estremecedora.

Son versos de lectura imprescindible y entre ellos destaca uno especial para recordarlo, por la historia que lo inspiró, por el significado de cada estrofa, porque lo define como ser humano integro y por que se convirtió en un trágico y paradójico canto a la vida:

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha cerrada y pobre.
Escarcha de tus días y de mis noches.
Hambre y cebolla, hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre mi niño estaba.
Con sangre de cebolla se amamantaba.
Pero tu sangre, escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena resuelta en luna
se derrama hilo a hilo sobre la cuna.
Ríete, niño, que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa, ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos la luz del mundo.
Ríete tanto que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre, me pone alas.
Soledades me quita, cárcel me arranca.
Boca que vuela, corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada más victoriosa,
vencedor de las flores y las alondras
Rival del sol. Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante, súbito el párpado,
el vivir como nunca coloreado.
¡Cuánto jilguero se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño: nunca despiertes.
Triste llevo la boca: ríete siempre.
Siempre en la cuna, defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto, tan extendido,
que tu carne es el cielo recién nacido.
¡Si yo pudiera remontarme al origen
de tu carrera! que tu carne parece
cielo cernido.

Al octavo mes ríes con cinco azahares.
Con cinco diminutas ferocidades.
Con cinco dientes como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos serán mañana,
cuando en la dentadura sientas un arma.
Sientas un fuego correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble luna del pecho:
él, triste de cebolla, tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.

Miguel Hernández compuso esta bella poesía, llamada Nanas de la cebolla, en la cárcel, inspirándose en la carta que su esposa y compañera Josefina Manresa le enviara contándole amargamente las penurias que estaba atravesando, al extremo de tener solamente pan y cebolla para alimentar a Manuel Miguel “Manolillo”, el pequeño hijo de ambos, nacido a dos meses y medio de la muerte de su otro hijo, que apenas alcanzó a cumplir un año de edad.

Para responderle, devastado por la desesperación y la impotencia de no poder hacer nada para ayudar, Miguel le escribió una carta que comenzaba así: “Mi querida Josefina:…Esta semana, es martes y no ha llegado tu carta como las anteriores. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme…” (Madrid, 12 de septiembre de 1939)”

Josefina también le había enviado una foto del niño de la que su orgulloso padre comentaba: “No pasa un momento sin que lo mire y me ría, por muy serio que me encuentre, viendo esa risa tan hermosa. Esa risa suya es mi mejor compañía aquí y cuanto más la miro más encuentro que se parece a la tuya …”

La letra del poema es sublime y si leerlo conmueve, escucharlo en la interpretación que hace Joan Manuel Serrat con su privilegiada voz, desgarra y lastima cada pedacito del alma.

Y sirve para reflexionar. Cuando las diferencias entre los seres humanos se resuelven con el frío insensible y mortal de las armas y la insensatez de una guerra, descendemos hasta arrastrarnos por todas las miserias imaginables, de las que solamente se puede escapar tomando conciencia y valorando en toda su magnitud los postulados de la paz.

Aunque muchas veces nos parezca un ideal imposible de alcanzar.

Para conocer más:

Miguel Hernández Gilabert, nacido el 30 de octubre de 1910, tuvo una difícil vida de pobreza y privaciones; convertido en pastor de cabras y ovejas desde una temprana infancia por la necesidad de ayudar a su padre, no le quedaba tiempo para asistir a la escuela. Recibió en consecuencia una escasa instrucción aunque en sus momentos libres leía fervorosamente cuanto podía y además, escribía poemas. Su formación posterior fue autodidacta, aprendiendo las bases de la buena literatura guiado por las obras de maestros como Paul Verlaine, Miguel de Cervantes, Pedro Calderón de la Barca y Luis de Góngora.

En el año 1937 contrajo matrimonio con Josefina Manresa. Afiliado al Partido Comunista Español, durante la Guerra Civil se alistó en el ejército republicano y fue uno de los asistentes al Congreso internacional de intelectuales antifascistas de 1937 en Valencia. Terminada la contienda fue detenido en la frontera al intentar escapar para refugiarse en Portugal. En un juicio sumarísimo fue condenado a la pena de muerte, pero esta sentencia fue conmutada más tarde por la de treinta años de prisión.

Estuvo en la cárcel de Palencia en septiembre de 1940 y tras un largo peregrinar por varios lugares de detención, en 1941 fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante. Allí enfermó de bronquitis complicada con tifus; el transcurrir de los días y las duras condiciones de vida en el presidio fueron agravando su estado, hasta que finalmente, a los 31 años de edad, la tuberculosis acabó con su vida.

En la prisión de Conde de Toreno conoció al dramaturgo y pintor Antonio Buero Vallejo quien le hizo el famoso retrato, conservado hoy por sus familiares.

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Día Mundial de la Poesía – 21 de marzo

Reseña literaria sobre el Día mundial de la poesía y la obra de los distintos referentes mundiales en el género

Día mundial de la poesíaLa celebración ecuménica de cada 21 de marzo conmemorando El Día Mundial de la Poesía, es el merecido homenaje que, quienes creemos en la intangible belleza y fuerza incontenible de la literatura, rendimos a esos verdaderos escultores de la palabra llamados poetas.

Reconocemos y valoramos así, a hombres y mujeres que con su imaginación y talento han conseguido a través de los tiempos, sustraernos de los avatares de la vida cotidiana y transportarnos a un singular mundo encantado, para abrir nuestros ojos a la fantasía infinita, para aliviarnos muchas veces la pesada carga de vivir pintando de colores el lienzo opaco de la melancolía y también, para servir como valiosa herramienta de resiliencia y consuelo a nuestro humano espíritu.

Conscientes de que es tarea imposible pretender coincidencias en la elección de los mejores versos que hayan sido escritos, porque toda selección siempre será incompleta, injusta, arbitraria y objetiva; intentaremos una aproximación simbólica, advirtiendo de antemano que una inmensa mayoría de autores quedará marginada.

Dijeron de la poesía:

“No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira: podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía” (Gustavo Adolfo Bécquer)

“La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y sale por la mano”. (Carmen Conde)

“La poesía ocurre diariamente, a solas, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida.” (Jaime Sabines)

“En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida.” (Robert Penn Warren)

“El mundo no vuelve a ser el mismo cuando le agregamos un buen poema”. (Dylan Thomas)

“Los poetas son hombres que han conservado sus ojos de niño” (León Daudet)

“Ante la poesía, da lo mismo estremecerse que comprender” (Baldomero Fernández Moreno)

Y como verdad incontrastable, la maravillosa expresión de un inspirado Rubén Darío, “La vida sin la mujer es pura prosa”. Además podríamos decir: La vida sin poesía es un cielo sin estrellas, un bosque sin verdes, un florido jardín sin mariposas o un amanecer sin esperanzas.

Compartimos algunos fragmentos de poesías inolvidables de la literatura universal, que creemos oportunas para la ocasión:

“Canto a mí mismo”

Quédate hoy, vive conmigo un día y una noche

y te mostraré el origen de todos los poemas.

Tendrás entonces todo cuanto de grande hay en la tierra y en el sol

y nada tomarás ya de segunda o tercera mano,

ni mirarás más por los ojos de los muertos,

ni te nutrirás con el espectro de los libros.

Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos

ni tocarás las cosas con mis manos.

Aprenderás a escuchar en todas direcciones

y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.

Walt Whitman

 

“Destino” (ver poema completo)

Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

El aire no es bastante

para los dos. Y no basta la tierra

para los cuerpos juntos

y la ración de la esperanza es poca

y el dolor no se puede compartir.

Rosario Castellanos

 

“El poeta es un fingidor”

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente,

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el tren de juguete

que se llama corazón.

Fernando Pessoa

 

“Yo canto lo que tú amabas…”

Soy la misma que fue tuya, vida mía.

Ni lenta ni trascordada ni perdida.

Acude al anochecer, vida mía;

ven recordando un canto, vida mía,

si la canción reconoces de aprendida

y si mi nombre recuerdas todavía.

Gabriela Mistral

 

“La caricia perdida” (Ver poema completo)

Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos… En el viento, al pasar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida, rodará… rodará…

Alfonsina Storni

 

“Canción otoñal”

Si el azul es un ensueño, qué será de la inocencia?

¿Qué será del corazón si el Amor no tiene flechas?

¿Si la muerte es la muerte, qué será de los poetas

y de las cosas dormidas que ya nadie las recuerda?

¡Oh sol de las esperanzas! ¡Agua clara! ¡Luna nueva!

¡Corazones de los niños! ¡Almas rudas de las piedras!

Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas

y todas las rosas son tan blancas como mi pena.

Federico García Lorca

 

“Hora tras hora, día tras día…”

Hora tras hora, día tras día,

entre el cielo y la tierra que quedan eternos vigías,

como torrente que se despeña, pasa la vida.

Devolvedle a la flor su perfume después de marchita;

de las ondas que besan la playa

y que una tras otra besándola expiran.

Recoged los rumores, las quejas,

y en planchas de bronce grabad su armonía.

Tiempos que fueron, llantos y risas,

negros tormentos, dulces mentiras,

¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron, en dónde, alma mía?

Rosalía de Castro

 

“A una mujer”

¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,

mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,

mi corona de oro, mis piscinas de pórfido,

y mis flotas, para las que no bastaría el mar,

por una mirada tuya.

Si yo fuera Dios, la tierra y las olas,

los ángeles, los demonios sujetos a mi ley.

Y el profundo caos de profunda entraña,

la eternidad, el espacio, los cielos, los mundos

¡daría por un beso tuyo!

Víctor Hugo

 

“El dulce milagro”

….Y murmura al verme la gente que pasa:

«¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.

¡Dice que en las manos le han nacido rosas

y las va agitando como mariposas!»

Que me digan loca, que en celda me encierren,

que con siete llaves la puerta me cierren,

que junto a la puerta pongan un lebrel,

carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen.

Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen».

¡Y toda mi celda tendrá la fragancia

de un inmenso ramo de rosas de Francia!

Juana de Ibarbourou

 

“Si…” (If) (ver poema completo)

…Si puedes hablar a multitudes conservando tu virtud,

o alternar con reyes sin perder tus comunes rasgos.

Si nadie, amigo o enemigo, puede causarte daño;

Si todos los hombres pueden contar contigo,

pero ninguno en demasía;

Si eres capaz de llenar el minuto inexorable,

con el valor de los sesenta segundos finales

de la distancia recorrida.

Tuya será la Tierra y cuanto ella contenga

Y -lo que vale más- ¡tú serás un Hombre, hijo mío!

Rudyard Kipling

 

“La poesía es un arma cargada de futuro”

…Tal es, arma cargada de futuro expansivo

con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto.

Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo

como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

Gabriel Celaya

 

“La Poesía” (ver poema completo)

Y pude ver de pronto el cielo desgranado y abierto,

planetas, plantaciones palpitantes,

la sombra perforada, acribillada

por flechas, fuego y flores, la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser, ebrio del gran vacío constelado,

a semejanza, a imagen del misterio,

me sentí parte pura del abismo,

rodé con las estrellas, mi corazón se desató en el viento.

Pablo Neruda

 

Imposible olvidarse de él y dejarlo de lado.

“Rima LIII”

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar;

tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas

como se adora a Dios ante su altar,

como yo te he querido…; desengáñate.

¡Así… no te querrán!

Gustavo Adolfo Bécquer

 

Orígenes de la celebración del Día mundial de la Poesía ¿Por qué el 21 de marzo?

La decisión de proclamar e instituir el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía, fue adoptada durante el período de sesiones de la trigésima Conferencia General de la UNESCO llevada a cabo en París entre los meses de octubre-noviembre 1999; con el objetivo principal de preservar el género lírico, contribuyendo a sostener la pluralidad cultural y diversidad lingüística de las naciones a través de expresiones poéticas y procurando defender a los idiomas que estuvieren amenazados.

La fecha fue elegida en coincidencia con el equinoccio de primavera en el hemisferio norte y comenzó a conmemorarse oficialmente desde el año 2001, como un tributo y reconocimiento al arte poético considerado símbolo de innovación permanente de la inagotable creatividad humana.

Por estas razones, cada año la celebración es condicionada por un lema emitido por el presidente de la UNESCO, que incita y estimula al intercambio libre de ideas por medio de la palabra y el diálogo, a la meditación responsable y a la lucha contra toda manifestación de marginalidad y exclusión, como una forma de volver a interpretar la condición humana en todas sus dimensiones.

Según la página oficial de las Naciones Unidas este día también tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y encontrar y reafirmar en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.

La pregunta surge espontánea:

“¡Oh, mi yo!, la triste pregunta que vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”

Y la respuesta:

“Que estás aquí, que existen la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que quizás…¡Tú contribuyes a él con tu rima”.

Walt Whitman

Para conocer más:

Se han encontrado vestigios que ubicarían los orígenes de la poesía como expresión artística, entre los años 500 y 400 a.C, en la antigua Grecia.

El filósofo griego Platón fue el precursor, al referirse al arte de escribir versos como una actividad creativa. Por entonces era aplicada a la representación en un auditorio y se acompañaba de un instrumento musical.

Posteriormente, otro filósofo griego, Aristóteles sería el primero en clasificar a la poesía dentro de una teoría literaria independiente.

UNESCO:

Es la sigla de United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Se trata de un organismo especializado de la ONU fundado en 1945 y que actualmente tiene su sede en París (Francia).

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Tal vez – Amado Nervo

Tal vez – Amado Nervo. Arte literario y publicidad en una poesía

Tal Vez - Amado NervoLa lluvia serena en conjunción con ciertas horas de la noche, tiene para mí una cuota de vaga nostalgia y me regala un tiempo que aprovecho para deleitarme escuchando música o para recorrer la biblioteca familiar con el propósito nunca terminado de clasificar, ordenar libros, revistas y material relacionado y por que no, con la esperanza permanentemente renovada de encontrar alguna anécdota pintoresca de las que siempre nutren la vida de escritores y poetas.

Así fue que encontré este viejísimo poema de Amado Nervo, fechado en septiembre de 1912, llamado Tal vez.

VIII.

Tal vez…

Tal vez ya no le importa mi gemido
en el indiferente edén callado
en que el espíritu desencarnado
vive como dormido…
Tal vez ni sabe ya cómo he llorado
ni cómo he padecido.

En profundo quietismo,
su alma, que antes me amara de tal modo,
se desliza glacial por ese abismo
del eterno mutismo,
olvidada de sí, de mí, de todo…

Lo curioso y anecdótico de esta poesía, es que en los años dorados de la romántica década de 1960, una antigua publicidad de la fábrica industrial “Virgilio Fossati” S.A., fabricante en Argentina de las “Medias Reina Cristina”; comprometía la entrega en el interior de cada paquete del producto, de una copia de este verso.

La imagen que ilustra esta nota fue tomada de una subasta que se realiza por internet, describiendo el muy buen estado general de conservación del documento, obviamente con muestras normales de deterioro por el paso del tiempo. No tengo elementos para corroborar la autenticidad. Pero el aviso existe.

El poema Tal vez es bellísimo, acorde a la distinción y jerarquía de su encumbrado autor. El diseño gráfico parece acertado. En cuanto a la publicidad en sí, no se me ocurre ningún argumento válido para relacionar la venta de un paquete de medias con un poema de Amado Nervo. No le encuentro explicación si es que tiene alguna explicación. Detalles quizás de una época de romanticismo puro y melancólico.

Amado Nervo fue un célebre poeta mexicano nacido en 1870 y fallecido en Montevideo, Uruguay en 1919. Autor de una monumental poesía lírica titulada “La amada inmóvil”, que describe en dolida recordación la historia compartida quien fuera el gran amor de su vida: Ana Cecilia Luisa Dailliez.

Vivió también con tormento un episodio inapropiado, cuando intentó sin llegar a concretarlo, un romance con Margarita Elisa Dailliez, la hija adolescente de su adorada Ana; quien respondió a su confesión de amor: “¿Cómo decir te quiero sin añadir: papá?”.

Inolvidables poemas como: “Autobiografía”; “Ofertorio”;”Si una espina me hiere”(Ver poemas y nota); “Lo más natural”(ver poema); “Cobardía”(ver poema); “El primer beso”(ver poema); “En paz”(ver poema); inmortalizaron la obra de este precursor de la corriente literaria denominada “Modernismo”, inspiración fundacional de otro eximio poeta de la literatura universal: el nicaragüense Rubén Darío.

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Semblanza de Benito Pérez Galdós

Benito Pérez Galdós – Creador de un estilo narrativo singular y genial

Benito Pérez GaldósLa privilegiada historia literaria española tuvo en Benito Pérez Galdós, a uno de los más renombrados cultores de la novela realista de fines del siglo XIX y principios del siglo XX en la península ibérica y también uno de los más importantes escritores en esta lengua a nivel universal.

Benito María de los Dolores Pérez Galdós, prestigioso novelista, dramaturgo y cronista nació el 10 de mayo de 1843 en el seno de una familia de clase media de Las Palmas de Gran Canaria (España). Era el décimo hijo del coronel de ejército Sebastián Pérez y de Dolores Galdós, una dama de carácter fuerte, hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Su padre le inculcó la pasión por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado, circunstancia que desarrolló en el niño tímido y reservado, que amaba la música y la pintura, una imaginación desbordante y el interés por los libros.

Benito Pérez Galdós recibió una estricta educación religiosa; en 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y bastante avanzada para la época, eran los años en que empezaban a difundirse por España las polémicas teorías darwinistas; cursó y obtuvo posteriormente el título de Bachiller en Artes siempre en su terruño para, en 1867, trasladarse a Madrid con la intención de estudiar derecho, carrera que abandonó al poco tiempo de iniciar, para dedicarse plenamente a la labor literaria. Desde muy joven, se identificó con las ideas del liberalismo, doctrina que guió sus primeros pasos en la política y se definió como un progresista anticlerical.
En Madrid entró en contacto con el krausismo de Francisco Giner de los Ríos, que fue su mentor. En esos años juveniles acudía con frecuencia a las tertulias literarias y al Ateneo madrileño.

En 1865 presencia los acontecimientos sucedidos en la llamada “Noche de San Daniel”, cuyos terrible sucesos lo impresionaron vivamente: “Presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel —10 de abril del 65—, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil, desde la casa de huéspedes, calle del Olivo, en que yo moraba con otros amigos, pude apreciar los tremendos lances de aquella luctuosa jornada. Los cañonazos atronaban el aire… Madrid era un infierno”. Solía comentar el gran escritor.

En 1868, un viaje a París, le permitió descubrir a los grandes novelistas franceses de su tiempo. De regreso en Madrid, comenzó a traducir a Charles Dickens además de escribir obras para teatro y trabajar para periódicos y revistas escribiendo artículos y colaboraciones basadas en poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. Continuó así hasta que, en 1870, se decidió a publicar con dinero prestado por un familiar, su primera novela: “La Fontana de oro”. (En esa época, la publicación de un libro se hacía gracias a la ayuda de los periódicos y de las revistas o corría a cuenta del autor).

También comenzó a redactar y publicar la que, con los años, se convertiría en su obra cumbre: “Episodios nacionales”, donde cuenta la vida de los españoles del siglo XIX, inmersa en la problemática de los diferentes sucesos históricos que fueron aconteciendo y que marcaron el destino colectivo del país. El éxito inmediato de la primera serie lo indujo a seguir, hasta que finalmente formó la enorme colección completa de novelas enlazadas.

Para conocer bien a España, Benito Pérez Galdósrecorrió su territorio en vagones de ferrocarril de tercera clase, codeándose con gente de condición miserable y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte. Acostumbraba levantarse temprano y escribir regularmente hasta las diez de la mañana, a lápiz, porque protestaba que la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la cautivante frescura y variedad de sus diálogos) y para observar detalles que luego incorporaba a sus novelas. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefiriendo los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, cuya obra conocía en detalle. En su madurez empezó a leer a León Tolstoi. Pérez Galdós adoraba la música y durante mucho tiempo también hizo crítica musical.

Fue siempre bien visto por sus coetáneos en el terreno profesional, siendo considerado un gran escritor y un novelista de éxito que participaba en interesantes tertulias frecuentadas por lo más granado de la cultura. Autor de citas y pensamientos de profundo contenido filosófico “La experiencia es una llama que no alumbra sino quemando” escribió alguna vez. Poseía una especial sensibilidad por el lenguaje popular; Pío Baroja decía de él que “sabía hacer hablar” al pueblo. Consciente de esta gran virtud, solía utilizar a menudo el diálogo en sus trabajos.

Prolífico autor de una inmensa obra narrativa: Escribió treinta y dos novelas, cuarenta y seis episodios nacionales, veinticuatro obras de teatro e infinidad de prólogos, artículos, cuentos y críticas literarias.

En ese legado destacan. Novelas: “La Fontana de Oro”; “La sombra”; “Doña Perfecta”; “Gloria”; “La familia de León Roch”; “Marianela”; “Tormento”; “Lo prohibido”; “Fortunata y Jacinta”; “Miau”; “Torquemada en la hoguera”; “Realidad”; “Tristana”: “Misericordia” y “El abuelo”.

Episodios nacionales: “Trafalgar”; “La Corte de Carlos IV”; “Bailén”; “La Batalla de los Arapiles”; “Memorias de un cortesano”; “El Terror”; “Los Apostólicos”; “Un faccioso más y algunos frailes menos”; “La estafeta romántica”; “Bodas reales”; “Los duendes de la camarilla”; “La Revolución de Julio”; “La vuelta al mundo en la Numancia”; “Carlos VI en la Rápita”; “España sin Rey”; “España trágica”; “La Primera República” y “De Cartago a Sagunto”.

Benito Pérez Galdós – Narrativa breve: “La novela en el tranvía” .

Teatro: “Realidad”; “La loca de la casa”; “La de San Quintín”; “Los condenados”; “Doña Perfecta”; “Electra”; “Casandra”; “Celia en los infiernos”; “El tacaño Salomón”; “Santa Juana de Castilla” y “Antón Caballero”(inacabada).

Los biógrafos e historiadores que analizaron la obra de Benito Pérez Galdós, se han basado sobre todo en el singular estilo narrativo que desplegaba en sus escritos. La primera clasificación completa corresponde a Joaquín Casalduero, que en su libro “Vida y obra de Galdós”, desmenuza el desarrollo interior de la obra galdosiana y la sensibilidad e ideas que regían su creación, señalando en su trayectoria la evolución de lo material hacia lo espiritual y psicológico y hacia los llamados valores humanos universales.” , Casalduero también opinaba que: “Galdós ya no se siente atraído por la cantidad de detalles, sino por la calidad. A medida que penetra más en el mundo espiritualista, siente más fuertemente la necesidad de una forma de expresión que le permita pasar de lo objetivo a lo subjetivo”.

Influenciado por Honoré de Balzac, Charles Dickens y Émile Zola; describió con estudiado realismo ambientes y personajes, configurando retratos sociales admirables. Su estilo transparente, académico y castizo buscaba la naturalidad evitando cualquier artificio retórico, a fín de ofrecer, según los postulados estéticos realistas, la interpretación más acertada posible de lo que pretendía expresar. Tenía un dominio imperceptible y fino del humor y la ironía.

Había comenzado cultivando una novela de tesis, en que los personajes aparecían definidos por un patrón que los dividía entre reaccionarios y liberales, se interesó luego por los aspectos más costumbristas y por facetas más espirituales de los personaje intentando describir la burguesía española de su época y así buscar sus orígenes en la historia reciente a través de la novela histórica. También ensayó otras exitosas fórmulas de relato, como la novela dialogada.

El mérito de Benito Pérez Galdós fue el de haber transformado el panorama novelesco español de aquellos tiempos, dando vida al realismo y dotando de una gran expresividad a la narrativa.

En 1892 se dispuso a trabajar en procura de la reforma del teatro. El estreno de “Electra” (1901) constituyó un acontecimiento nacional: al terminar la representación los jóvenes modernistas acompañaron al autor hasta su casa en loor de multitud.

Poesia a un secreto de amor

Cultivó intensamente varios géneros literarios y entre ellos, su vena lírica no podía quedar marginada: dedicó este poema a un amor secreto que permaneció por siempre en el anonimato.

“A mi adorable Amor Secreto”

Mi amor es secreto, misterioso y oculto como las perlas,
que además de estar dentro de una concha,
están en el fondo del mar.

No tengo celos de nadie, porque su corazón es todo mío;
no tengo celos más que de la publicidad.
Odio de muerte a todo el que descubra y propale mi secreto.

Antes me arrancaré la lengua,
que pronunciar su nombre delante de otra persona.
Su nombre, su casa, su familia, todo es misterioso.

Yo me deslizo en la oscuridad, en oscuridad profunda
que no proyecte sombra alguna, y abro mis brazos para recibirla,
y los oscuros cuerpos se confunden en el negro espacio…

La vida privada y sentimental de Benito Pérez Galdós no ha sido muy estudiada, en parte por la discreción con que el mismo autor envolvió y mantuvo en reserva sus asuntos íntimos y de la que hizo gala incluso en sus “Memorias de un desmemoriado”, intencionalmente anodinas. El mismo sostenía al respecto que “los escritores deben poner entre su persona y el público una pequeña Muralla China”.

De rostro a veces extrañamente inexpresivo, callado, seco, usaba el pelo bien corto y para pasar inadvertido acostumbraba vestirse con tonos sombríos que daban a su figura un inverosímil aspecto de modestia. En invierno acostumbraba enrollarse al cuello una bufanda de lana blanca. No bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja y padecía atormentadoras migrañas.

La exagerada timidez que lo caracterizaba le hacía ser más que parco en palabras y siempre le costaba hablar en público. Pero por otra parte, estaba dotado de un proverbial poder de observación y una memoria visual asombrosa que sumada a una retentiva increíble, le permitían recordar capítulos enteros de libros que había leído y detalles insignificantes de paisajes que había visto solamente una vez, décadas atrás, atributos que fueron decisivos para jerarquizar su forma de escribir.

Solterón y monógamo por vocación, cliente frecuente de amores mercenarios y clandestinos. Nunca se casó, pero enamoradizo, poco fiel y muy inconstante en sus sentimientos, estuvo siempre acompañado de mujeres con las que mantuvo peculiares relaciones amorosas.

Poco trascendió de Teodosia Gandarias, como suele suceder en estas historias, más allá de que era una maestra muy culta. En 1907 quedó embarazada y posiblemente dio a luz a un hijo varón que murió. Cuando le comunicó su embarazo a Galdós, éste respondió: “¿será o no será? Estaremos con nuestros corazones a la expectativa. ¡Oh secreto de la naturaleza, oh milagro del tiempo, oh felicidad no por tardía menos soberana!”.

Prosiguiendo después: “Adorada Teo, vaporosa y preciosa: he recibido ayer tu bella carta. A lo que dices añado yo que si no existiera el amor, el mundo sería una sosería insoportable. Por él vivimos, y de las bestias nos diferenciamos por la espiritualidad del amor.”

Un año después continuaba escribiéndole: “Alma mía, todo mi ser es tuyo. Corazón y cerebro te pertenecen. Te quiero con pasión sosegada y segura, con inconmovible asiento”.
Teodosia le escribió a Benito 239 cartas entre 1907 y 1915. Las cartas están en el archivo de la Casa-Museo Pérez Galdós.

Todo terminó sin explicaciones. Y ella fue su última historia de amor.

Actualmente también es conocida, una aventura que tuvo el gran escritor con la actriz española Concha Morell.

Las cartas olvidades del amor entre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán.

No obstante la prudente reserva de los protagonistas, el romance que más trascendió causando impacto y conmoción social, fue la relación de Péres Galdós con la condesa Emilia Pardo Bazán, una noble y aristócrata escritora, crítica literaria y catedrática española.

Él estaba en el apogeo de su carrera de escritor, iniciando su etapa naturalista, y Emilia acababa de publicar su libro “La cuestión palpitante”, al mismo tiempo que iniciaba los trámites para una discreta separación conyugal de su marido. Benito y Emila iniciarían una relación amistosa de colegas que con el tiempo desembocó en una intensa y volcánica pasión sentimental y a la luz de las cartas publicadas en 1975 por Carmen Bravo Villasante, de subidos tintes eróticos.

Emilia Pardo Bazán (a quien se le atribuye haber introducido en España las ideas de Émile Zola acerca del naturalismo), era una de sus más sinceras confidentes y colaboradoras. Una mujer que frecuentemente desafiaba con palabras y actitudes, las costrumbres y principios moralistas establecidos por la rígida sociedad imperante en la época.

Benito tenía entonces 46 años y Emilia 38, cuando ella le escribió este apasionado y clarificador párrafo:“…Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien, siempre será una felicidad inmensa, que contigo y sólo contigo se pueda saborear, porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro”.

En otra oportunidad agregó: “Ven, no se me ocurre otra cosa. Ven a tomar posesión de estos aposentos escultóricos. Aquí está una buitra esperando por pájaro bobo, por su mochuelo. Yo no sé cómo es esto del amor; se me figura (sin ánimo de blasfemar) que en algo se parece a la eucaristía: non confractus, non divisus. Hay en mí una vida tal afectiva y física, que puedo decir sin mentir que soy tuya toda: toda, me has reconquistado de muchas maneras y más que nada te querré porque nunca me habías perdido; porque te quise ayer y te querré mañana; y quién sabe si mañana te querré de tal manera que no tengas queja alguna de mí, que ninguna espinita se te clave en el alma y ¿que pasemos juntos los últimos días de la vida amorosa? Ven, anda. Pon la cabecita aquí (ya sabes dónde) y yo te pasaré los labios suavemente por encima de la sien y de las mejillas. ¿Así? Otra vez”.

Las cartas de amor de Pérez Galdós a la escritora no se conservaron, pero las de Pardo Bazán han sobrevivido (en parte) al paso del tiempo. Los esfuerzos detectivescos de los escritores Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, posibilitaron localizarlas y publicar el resultado con el título de “Miquiño mío”: Cartas a Galdós”

Estas cartas permiten seguir el proceso de acercamiento y separación entre los dos enamorados. Él era uno de los escritores favoritos de la familia de Emilia, así que las cartas de Galdós eran esperadas con interés en casa de la condesa. A medida que aumentaba la intimidad entre ambos, el escritor empezó a escribir dos cartas. Una era la que podían leer los familiares de Emilia Pardo Bazán y otra, secreta, la que sólo ella debía leer. El Sr. Don Benito Pérez Galdós de las cartas del principio acabó convirtiéndose en “Miquiño mío”, “Miquiño del alma”, “dulce vidiña”, “ratonciño del alma”, “amado roedor mío” y otros vocativos que Emilia utiliza para dirigirse a su amante en la correspondencia de respuesta, firmada con los apelativos de Porcia y Matilde, que empleaba para esos propósitos.

Estas cartas, fueron la muestra de la pasión irrefrenable que dominaba a la notable escritora y que a veces la llevaron a agredir los principios de la gramática, dedicando párrafos como este: “En cuantique te vea te como”.

A mediados de la década de 1890 la intimidad acabó, aunque el contacto epistolar continuó esporádicamente.

En 1886, a petición del presidente del partido liberal, Benito Pérez Galdós fue nombrado diputado por Puerto Rico, (un lugar que nunca conoció) desempeñando el cargo hasta 1890, a pesar de su poca predisposición para la actvidad pública. También fue éste el momento en que rompió definitivamente su relación secreta con Emilia Pardo Bazán, e inició una vida en común en Santander con Lorenza Cobián, una mujer analfabeta de condición humilde, que intelectual y culturalmente estaba muy lejos de Doña Emilia. Con Lorenza, tuvo una hija, lo que fue considerado una transgresión escandalosa y muy criticada por los referentes sociales de la época. Finalmente esta joven terminaría con su vida suicidándose.

Los años finales de Benito Pérez Galdós 

Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara y dividió todo en dos partes, originándole un enorme perjuicio económico y deudas que debió afrontar con mucho sacrificio.
Después de haber sido rechazada su candidatura unos años antes, logra ingresar como miembro de la Real Academia Española en 1897. En 1912, el novelista canario era uno de los más firmes candidatos a ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura, pero una durísima campaña de críticas opositoras generada por sus enemigos políticos, lo privó de ese reconocimiento disuadiendo a la Academia Sueca del propósito de galardonarlo.

Durante los últimos años de su vida, abandonó la escena política en la que había participado como diputado elegido por la coalición republicano-socialista, en la convocatoria electoral de 1907, como también dejó de lado sus incursiones literarias, aquejado de arteriosclerosis y por una ceguera progresiva severa.

El 20 de enero de 1919, se descubrió en el Parque del Retiro de Madrid una escultura erigida por suscripción pública. A causa de su ceguera, Pérez Galdós pidió ser alzado para palpar la escultura, al hacerlo lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la obra que un joven y casi novel Victorio Macho, había esculpido sin cobrar por su trabajo. Espontáneamente fue ovacionado por todos los participantes del acto.

Un año más tarde, en la madrugada del 4 de enero de 1920, Benito Pérez Galdós cronista de España por designación del pueblo soberano, murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid. En su entierro, una multitud acompañó su ataúd hasta el cementerio de la Almudena.
El lunes 5 de enero, después del paso de la gente por la capilla ardiente, partió el cortejo fúnebre con la Guardia Municipal, de gala, rodeando el féretro cubierto por incontables coronas de flores. Aunque en esa época no era costumbre que las mujeres acudieran a los entierros, todo cambió en aquella oportunidad iniciando, la excepción la actriz Catalina Bárcena, y en cuanto el duelo oficial se retiró, a la altura de la Puerta de Alcalá, progresivamente fueron acudiendo las otras mujeres de Madrid: las obreras, las humildes artesanas, las menestralas, las madres de familia de las clases populares.

Era un día triste, había muerto un personaje ilustre y eximio escritor; el abuelo que contaba historias sencillas, conmovedoras que ellas podían entender y sentir, el escritor que las había inmortalizado con muy diversos nombres, sentimientos y emociones, emprendía aquella fría tarde del invierno español, su último viaje a la eternidad.

Para conocer más:

Puerto Rico fue un territorio de ultramar, perteneciente a la corona española desde la llegada de Cristóbal Colón en 1493 hasta la promulgación de la Carta Autonómica de Puerto Rico en 1897, siendo provincia española de 1897 hasta la guerra hispano-estadounidense de 1898.
Cuatro siglos de administración española dieron lugar a una cultura hispanoamericana, siendo la lengua española y el catolicismo sus elementos más distinguibles.

En oportunidad de celebrase una las conferencia de Leopoldo Alas, a la que Galdós asistió, conoció y trabó amistad con este famoso crítico y novelista asturiano conocido popularmente con el seudónimo de “Clarín”.

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