El pájaro espino – Un amor prohibido

Colleen McCullough – La leyenda del pájaro espino y la historia de un amor prohibido

El pájaro espino - El pájaro canta hasta morirEl jueves 29 de enero de 2015, los diarios del mundo anunciaban entre sus titulares, la noticia del fallecimiento en un hospital de la isla de Norfolk, de la australiana Colleen McCullough, autora de la novela El pájaro espino (The thorn birds), drama romántico de un amor imposible que, convertida en ‘best seller’, vendió más de 30 millones de copias en la década de 1980.

Adaptada posteriormente para ser difundida como una miniserie de televisión, protagonizada por Richard Chamberlain y Rachel Ward en los papeles estelares, repitió el sorprendente éxito de comercialización, después que los derechos de autor fueran vendidos en la cifra récord para aquellos días, de 1,9 millones millones de dólares.

Estas circunstancias, hicieron que Colleen McCullough, mujer perspicaz y directa, llegara a ser una de las primeras personalidades de la literatura australiana, en lograr reconocimiento a escala mundial.

Una zona rural de la Australia casi salvaje de los primeros años del siglo XX, sirve de escenario para El pájaro espino y presta el marco ideal para el desarrollo de la emblemática novela, que relata magistralmente la gesta de tres generaciones sucesivas de la singular familia Cleary, prolongándose en el tiempo desde 1915 hasta el año 1969.

Pero más precisamente, la narración se enfoca en la vida de Meggie Cleary, quien, con su familia, llega siendo apenas una niña a la finca de su adinerada tía Mary Carson.

La propiedad conocida con el nombre de Drogheda, situada en Nueva Gales del Sur, es un gigantesco latifundio que Mary heredó de su esposo, pretendiendo en consecuencia que su hermano Paddy, su único –y por tanto obligado, aunque no querido- heredero, conozca, trabaje y ayude a mantener aquello que recibiría, para administrar como propio, en el futuro.

Los Cleary conforman una familia muy humilde, que escapando de una vida miserable en Nueva Zelanda, acepta la propuesta de trasladarse a Australia buscando cambiar su suerte. El matrimonio, los 5 hijos varones y la más pequeña, Meggie, que sólo han conocido la pobreza extrema se integran y adaptan rápidamente, a la nueva vida en la hacienda más importante y rica en muchos kilómetros a la redonda. Cuidan el ganado, los caballos, esquilan a las ovejas y Paddy, el padre, aprende a manejar la situación con soltura.

Allí nacerán otros dos hijos que se agregan a la familia.

Pero alguien que será muy importante y en diferente medida para cada uno de ellos, irrumpe en sus vidas: el padre Ralph de Bricassart, un joven sacerdote católico inteligente, capaz y sobre todo muy ambicioso, a quien por diferencias con un obispo, relegan y destinan a una parroquia alejada en la ciudad de Gillanbone y cerca de Drogheda.

Inmediatamente después de conocerlos, Ralph entabla una relación afectuosa con los Cleary, pero siente y manifiesta un cariño especial y predilección por Meggie, de 10 años por entonces, que demuestra ayudándola en todo cuanto puede.

A medida que transcurre el tiempo y Meggie se hace adolescente y llega a la primera juventud, la relación empieza a ser cada vez menos platónica, culminando en un romance tan imposible de contener como de hacer público. Y todo se transforma en una conmovedora historia de amor, entretejida en una trama de pasiones ocultas y tragedia.

Meggie y Ralph, viven y padecen una historia de un amor prohibido, apasionado y en permanente disputa entre el deseo y el deber, que terminará en renuncia, dolor y sufrimiento. Una emotiva lucha entre la vocación y el amor pasional, que señala de manera indubitable el peso que tienen las convenciones sociales, sean justas o no, y la implicancia de las ambiciones desmedidas en el destino de las personas.

También destacando, formas de exaltación de la individualidad y el espíritu.

Esto es sólo el hilo conductor de la novela El pájaro espino, pues el relato abarca mucho más. Comenzando por la relación entre Paddy y su espòsa Fee que alguna vez en su juventud, frecuentara una sociedad aristocrática de la que formaba parte y que recuerda con nostalgia sumergida en su viaje hacia la introspección; los pormenores de un matrimonio, que inició de una manera un tanto forzada, pero que se fue consolidando, a lo largo de los años.

Paddy y Fee, vivirán el dolor de la separación y la muerte de algunos de sus hijos y seguirán adelante, con orgullo y determinación y una fortaleza de carácter que sólo tienen aquellos que han padecido tanto.

Conoceremos los recónditos vericuetos de la curia romana, a través de los ojos de Ralph, mientras asciende, poco a poco, en su carrera eclesiástica y llega a formar parte de los círculos más influyentes del Vaticano, ayudado en gran medida por la relación oculta con Mary Carson, intentando seducirlo.

Muchos años después, Meggie Cleary tiene un hijo de Ralph (Dane), pero no se lo confiesa. Considera que ese hijo es lo único que ella puede tener por completo de él, ya que a pesar de amarlo incondicionalmente, termina aceptando que no puede disputarle su amor a Dios. La vida que continúa y Dane también decide ser sacerdote. La tragedia vuelve a castigar a la familia, cuando Dane muere ahogado en el mar.

Recién en ese momento, por despecho Meggie le confiesa a Ralph que Dane era su hijo. Aún así, el amor, aunque imposible, continúa intacto entre ellos y es un sentimiento que resiste a pesar de todo.

Todos los personajes integrantes de la familia son descriptos en la novela con intensidad y fueron transcurriendo su vida Impulsados por sus sueños y dirigidos por la inusitada fuerza de su carácter. Finalmente no pudieron escapar a su destino.

Una historia interesante que transmite mensajes, hace reflexionar y replantea la consideración que la sociedad tiene, acerca de los valores humanos y familiares.

El pájaro espino – El pájaro canta hasta morir (Traducciones)

El pájaro espino - FrasesEl libro El pájaro espino (1977), fue la segunda novela publicada por Colleen McCullough y el titulo que fue traducido para las ediciones en España y Latinoamérica como El pájaro canta hasta morir; se basa en una leyenda australiana con la que el sacerdote intenta dar un ejemplo y explicar a Meggie Cleary, todavía niña, que la vida es un camino muy difícil de transitar, no exento de dolor y sufrimientos, pero que al final siempre alumbra un destino de grandeza.

“…Existe una leyenda acerca de un pájaro que canta sólo una vez en su vida. Y lo hace con una armonía y dulzura, que no puede ser igualada por ninguna otra criatura sobre la faz de la tierra.
Desde el mismo momento en que abandona el nido y comienza a volar, busca un árbol espinoso, único. Y no descansa hasta encontrarlo.

Entonces, sobrevuela en danza y trinando, se introduce entre las crueles ramas y se clava él mismo, en la espina más larga y afilada. Un canto más bello que el de la alondra y el ruiseñor envuelve su lenta y mortal agonía. Un canto sublime, un trinar inefable que ofrece al precio de la vida.

Todo el mundo absorto se detiene, hace silencio y enmudece para escuchar. Porque siempre lo mejor, sólo se consigue al precio de sufrimiento, dolor y grandes sacrificios. Al menos, así lo narra la leyenda”.

En definitiva, El pájaro espino (o El pájaro canta hasta morir) es una novela espléndida, atrapante, escrita con riguroso profesionalismo por una escritora talentosa y carismática, que buscaba imprimir matices de imperfección en sus relatos, por considerar que la perfección resultaba terriblemente aburrida y que cautivó con ese estilo a una enorme cantidad de fieles lectores.

Y parafraseando sus palabras en el libro:

El pájaro espino, cumpliendo una ley inmutable; impelido por una fuerza desconocida, misteriosa, inevitable, no puede resistir el impulso y termina clavándose la espina mortal.

Y en la agonía simplemente canta y canta, hasta que no le queda vida para emitir otra nota. No importa el dolor. Tampoco importa la muerte.

En cambio, nosotros, cuando nos clavamos una espina en el pecho, somos conscientes de ello. Lo comprendemos y no obstante lo hacemos. A pesar de todo.

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La novela Ulises de James Joyce

Reseña literaria de la obra Ulices – James Joyce, considerada un hito dentro de la literatura de habla inglesa.

Ulises de James JoyceEl libro Ulises es una obra que fue escrita por James Joyce, autor de origen irlandés, y publicada en el año 1922, convirtiéndose en un clásico de la literatura universal. Debe llamarnos la atención, quizás, su nombre y es que nos recuerda a la famosa obra La Odisea, de Homero, en cuyas traducciones de origen latino aparece el famoso personaje homónimo.

Para innumerables lectores (y curiosamente también para muchos críticos), el libro es una de las obras más reconocidas de habla inglesa. En Ulises, Joyce encuentra la forma de llevar la descripción a un estilo casi perfecto, pocas veces visto en otras obras, comparable incluso a los mejores escritores que han existido.

La profundidad del detalle con el que Joyce aborda a Dublin, las descripciones, los sentimientos, las sensaciones, hacen de esta obra un cúmulo de impresiones, dejando de lado el hecho de que no es un libro fácil de leer, ni de comprender. Es probable que una segunda y quizás una tercera lectura, nos acerquen un poco a asimilar la magnitud de su contenido.

Breve Resumen del libro Ulises de James Joyce

En Ulises, James Joyce relata el transcurso de un día en la vida de tres personajes llamados Bloom, su esposa (Molly), y Dedalus. Aborda su narración describiendo el extraño viaje, donde los acontecimientos (lejos de parecerse a los del heroico Odiseo) tienen más que ver con la vida real, con lo cotidiano para esa época, sin dejar de parecer extraños al lector, casi graciosos. Se encuentran innumerables nexos entre ambas obras (Ulises y La odisea), no solo en simbologías sino también en expresiones.

La historia se desarrolla el 16 de junio de 1904, en la ciudad de Dublin. La existencia de esta novela ha hecho que este día sea considerado con un nombre particular, “Bloomsday”, en honor al personaje del libro, Bloom. Cabe aclarar que según se dice, Joyce utilizó esa fecha como referencia a la primera vez que se reunió con su amada.

Para una mejor comprensión podríamos establecer un paralelismo entre Ulises y Bloom, el personaje más joven llamado Dédalus y Telémaco, y por qué no entre Molly y Penélope (una esposa un tanto menos paciente con su amado).

Pero ¿cómo podría un día en la vida de los personajes transformarse en una novela de casi mil páginas sin que los lectores mueran de aburrimiento? Pues es difícil de explicar y en parte se debe a la genialidad de Joyce. Sus descripciones, sus detalladas palabras que transforman la idea de un libro en pensamiento, y el fluir del pensamiento mismo al ser expuesto en las páginas sin mayores reglas que las que otorga la mente, hacen de este libro una obra un tanto difícil de leer pero que, al ser comprendida, lleve a la persona a un trance mental.

Jorge Luis Borges supo referirse a este libro al asegurar: “Muchos lo han analizado. Ahora en cuanto a leer el libro desde el principio hasta el fin, no sé si alguien lo ha hecho”. Probablemente haya algo de verdad en las palabras del escritor argentino, y es que las referencias históricas que aparecen en la novela, los nexos y saltos entre los contenidos de la misma y en relación a otras grandes obras de la literatura, y los pensamientos internos (modos en los que gran parte de la historia se ve narrada, como un pensamiento del personaje), la vuelven un reto, pero esto mismo es parte de lo interesante, no hay mayor gozo, quizás, que el enfrentar un reto y lograr vencerlo.

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Semblanza de Marguerite Yourcenar

Marguerite Yourcenar – Memorias de una gran historiadora-poetisa eternamente inconformista

Marguerite Yourcenar“Historiadora-poetisa” y “novelista”, como se definía a sí misma, Marguerite Yourcenar, que también era ensayista, dramaturga, crítica literaria y traductora; fue la primera mujer elegida miembro de número de la Academia Francesa en el año 1980, aunque desde 1970 ya integraba también la Academia belga.

“El presente es un momento fugaz, aunque su intensidad lo haga parecer eterno”.

Una mente privilegiada, una formación culta, muy cuidada y toda la vida dedicada a la escritura, convirtieron su pluma en una de las más distinguidas y respetadas, en el contexto de la literatura universal del siglo XX en lengua francesa.

Su nombre verdadero era Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour y nació en la ciudad de Bruselas, Bélgica, el 8 de junio de 1903, en el seno de una acomodada familia aristocrática, compuesta por su padre, Michel-René Cleenewerck de Crayencour, de origen francés y su madre, Fernande de Cartier de Marchienne, de nacionalidad belga.

Fernande falleció pocos días después de dar a luz a su hija, pero antes de morir recomendó, que no se le impidiera a la pequeña hacerse religiosa si así lo deseaba.

Dedicándose a la literatura, Marguerite Yourcenar consideraría años más tarde, haber cumplido con ese piadoso deseo de su madre.

Se crió en la casa de su abuela paterna en el norte de Francia, al cuidado de su progenitor que se encargó personalmente de educarla y que fue para ella más que un padre, un pedagogo, confidente y amigo. Y de quien heredaría conocimientos, los libros de su biblioteca particular y el placer indescriptible que sentía por viajar alrededor del mundo. Hecho este último, que ilustró con un adagio que Marguerite nunca olvidó: “Sólo se está bien en otra parte”.

Marguerite Yourcenar, inconformista por naturaleza, nunca asistió a la escuela. Recibió la educación básica a través de preceptores supervisados por su padre; familiarizándose desde niña con la lectura de los más conspicuos autores de la literatura y la filosofía. A sus 12 años, ya sabía latín y griego antiguo.

Sus estudios superiores, se enfocaron en perfeccionarse en diversos aspectos de la cultura clásica.

En 1919 editó por cuenta de su progenitor, un poemario dialogado sobre la leyenda de Ícaro, “El jardín de las quimeras”. Tenía 16 años apenas y en esa misma época aprobó el bachillerato. Luego decidió abandonar su nombre de pila comenzando a firmar con el seudónimo que eligió junto a su padre, derivado de un anagrama del apellido real: Yourcenar.

Sin embargo, su carrera literaria se inició formalmente en 1929, al publicar su primera novela “Alexis o el Tratado del inútil combate”; una carta de ruptura que un hombre dirige a su esposa, confesándole su preferencia por los hombres; un púdico relato en el que aboga por la absoluta libertad en cuanto a preferencias sexuales. Una transgresión muy difícil de aceptar en ese período de tiempo histórico-social.

Cuando en 1951, ya radicada en Estados Unidos, regresa a Francia y publica “Memorias de Adriano” (Mémoires d’Hadrien), logra con esta novela una gran repercusión y éxito inmediato. Fue acogida favorablemente por la crítica mundial, marcando un punto de inflexión en el género de la novela histórica y transformándose en una influyente referencia obligada.

Marguerite Yourcenar, en una década de trabajo, había escrito y destruido varios bocetos de esta ambiciosa novela, que narra en primera persona la vida y muerte del emperador romano Adriano (Siglo II) una de las figuras más importantes y significativas del mundo antiguo.

La obra está escrita a modo de larga carta del emperador a su nieto adoptivo y futuro sucesor Marco Aurelio, relatando su pasado y describiendo pasajes de su propia existencia, sus triunfos y la lucha por mejorar las condiciones en que vivían los esclavos. También su amor por las artes y la filosofía.

Marguerite Yourcenar, fue autora también de inspiradas frases que revelan ciertas facetas de su personalidad y manera de pensar:

“La posibilidad de quitarse la máscara en todas las ocasiones,
es una de las raras ventajas que reconozco a la vejez”.

“La amistad es, ante todo certidumbre
y eso es lo que la diferencia del amor”

“Si es difícil vivir,
es aún mucho más penoso explicar nuestra vida”

“…Tengo varias religiones, como tengo varias patrias, de manera que en cierto sentido no pertenezco quizás a ninguna.

No pienso por cierto, en renegar del Hombre que ha dicho que aquellos que tengan hambre de fe y de justicia serán saciados (en otro mundo, con seguridad, porque en el nuestro no es verdad), pero menos renuncio a la sabiduría taoísta, parecida a un agua límpida, unas veces clara, otras oscura, bajo la cual se descubre el trasfondo de las cosas”.

Después de morir su padre en 1929, una joven Marguerite va a descubrir y conocer los años más intensos de su vida de mujer.

Ama, escribe, traduce al francés la novela “Las olas” de Virginia Woolf y recorre viajando incansablemente, una Europa convulsionada, donde ya se estaba fraguando una catástrofe incipiente: la Segunda Guerra Mundial.

Esos años quedaron marcados por una pasión imposible hacia un hombre que no la amaba y que, al igual que el Alexis de su novela, le confesó preferir a los hombres.

Fuegos (Feux – 1936), una colección de poemas en prosa fue producto de esa crisis pasional.

En 1937, ya había conocido y amado a Grace Frick, su mejor amiga de entonces, una traductora americana con quien había compartido un invierno y que insistía invitándola a acompañarla a Estados Unidos. Así pues, con la intención de ausentarse solamente una temporada, Marguerite emigra de Francia, pero terminará quedándose en América por el resto de su vida.

Se nacionalizó como ciudadana estadounidense y trabajó dando clases de Literatura comparada en la ciudad de Nueva York, pero continuó escribiendo toda su obra en francés.

Yourcenar que ya había aceptado su propia bisexualidad y Frick se convertirían en amantes, por esos años previos a la segunda conflagración mundial y seguirían juntas hasta la muerte de la traductora americana en 1979, a consecuencia de un cáncer de mama.

En una de sus más conocidas citas refirió, “Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad”, ¿dedicada quizás?

Entre las muchas anécdotas que jalonaron su vida, destaca el encuentro que tuvo, en 1986, con el célebre Jorge Luis Borges, seis días antes de la muerte del escritor argentino.

Se encontraron en Ginebra, y Marguerite preguntó:
-“Borges, ¿cuándo saldrás del laberinto”.
Él respondió:
-“Cuando hayan salido todos”.
Ese mismo año, dictó una conferencia sobre el afamado autor en la Universidad de Harvard.

Envejecida, en la etapa que precedió a su muerte, ya iniciado el inexorable camino de regreso en su vida; volvió a viajar fugazmente por Europa, Egipto, Japón y la India acompañada por el joven fotógrafo Jerry Wilson, americano de treinta años, a quien había conocido poco antes, formando parte de un equipo de televisión que fue a entrevistarla.

Pero Jerry Wilson falleció prematuramente, víctima del sida y a ella no le quedaron fuerzas para continuar sola mucho tiempo más.

Pudo concretar en parte uno de sus proyectos más ambicioso, inspirado también en sus sueños de adolescente: redactar la trilogía de memorias familiares que componen “El Laberinto del mundo”.

Terminó los dos primeros volúmenes: “Recordatorios”, que trata de la historia de la familia materna y “Los Archivos del Norte”, que narra la historia familiar paterna. No pudo concluir el tercer tomo, que fue publicado póstumamente.

Por propia voluntad, legó la mayoría de sus archivos personales y literarios a la Harvard University de Cambridge

Marguerite, que solía decir siempre: “únicamente es posible morir de pena”.
y que en su juventud había escrito:
“Soledad:  No creo como ellos. No vivo como ellos.
No amo como ellos y moriré como ellos”.

Marguerite Yourcenar, la poetisa eternamente inconformista, que disfrutaba vagar por el mundo en interminables peripecias, terminó sus días, el 17 de diciembre de 1987 a los 84 años, en la casa ubicada en Mount Desert Island en la costa del Estado de Maine (Estados Unidos); casa que había comprado y compartido con Grace Frick, llamándola “Petite Plaisance”.

Sus restos descansan junto a los de su compañera de toda la vida, en una sencilla tumba en el Brookside Cemetery de Somesville.

Petite Plaisance, es actualmente un museo dedicado a la memoria de esa mujer de exquisita sensibilidad, que vivió de forma diferente, desplegando en cada palabra que dibujó en sus páginas, sus dotes creativas de escritora extraordinaria.

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Semblanza de Albert Camus – Hacia la posteridad

Albert Camus – Historia de vida y Semblanza – Recuerdo de aquel niño pobre y su querido maestro de enseñanza primaria

Semblanza de Albert CamusAlbert Camus recibió en 1957, a sus 44 años, el máximo galardón universal de las letras, el Premio Nobel de Literatura. Se convirtió entonces, en uno de los autores más jóvenes en recibir esa condecoración. Hoy, su legado, continúa ocupando un lugar preponderante en el Olimpo literario.

Nació en la localidad argelina de Mondovi (actualmente llamada Drean) el 7 de noviembre de 1913, cuando el país africano era todavía una colonia francesa.

De familia muy humilde. Su padre Lucien Auguste Camus fue un modesto agricultor de origen alsaciano que falleció combatiendo en la batalla del Marne (dejándolo huérfano a los pocos meses de su nacimiento), durante la Primera Guerra Mundial.

Su madre, Catherine Helene Sintes, nacida en Birkadem (Argelia) de ascendientes españoles, era una mujer analfabeta y sorda, que al enviudar, debió trabajar como empleada doméstica y con mucho esfuerzo y sacrificio, luchar por sobrevivir junto a sus hijos pequeños Lucien y Albert.

Albert Camus vivió su infancia en Argel, en el barrio obrero de Bellcourt, entre árabes pobres y franceses subalternos, al cuidado de una madre y de una abuela que priorizaban una vez concluida la instrucción primaria del niño, la necesidad de trabajar para comer, limitando así sus aspiraciones de desarrollo intelectual.

Creció como un pied-noir, término utilizado para designar a los hijos de inmigrantes franceses nacidos y educados en suelo argelino.

Alumno aplicado en los estudios, pudo al fin lograr una beca para continuar sus estudios en el liceo y llegar a matricularse en la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Argel, con la esperanza de dedicarse a la docencia, enseñando esa materia.

Amante del futbol, jugó como arquero en el equipo profesional de Racing Universitaire d’Algiers; años más tarde manifestaría, en una entrevista, con el exagerado entusiasmo de su sangre española por herencia materna: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

No pudo concretar ninguno de sus dos sueños, y debió renunciar a ellos al diagnosticársele una complicada tuberculosis, que se mantendría recidivando por el resto de sus días.

Este involuntario retiro temprano, sin embargo, le permitió refugiarse en otra de sus pasiones: escribir. Una afición que cultivó intensamente y que inmortalizó con esta frase:
“…El otoño es una segunda primavera en que cada hoja es una flor. Y una novela no es otra cosa que una filosofía puesta en imágenes”.

Albert Camus, fue un intelectual de profundas convicciones y muy comprometido con su época. Comparable a Rosseau y Voltaire, estuvo muy por encima de una simplista clasificación de literato o filósofo.

Su obra literaria comienza ligada al existencialismo, tal cual se aprecia en su novela “El extranjero” – 1942 (Ver nota relacionada) cuyas connotaciones, al igual que en muchas de sus novelas, están ligadas a su nunca olvidada Argelia natal.

Paulatinamente, Camus fue alejándose tanto del marxismo que profesara en su juventud, como de un existencialismo del que se apartaba decepcionado; contribuyendo posteriormente y adhiriendo, a la conformación del pensamiento filosófico del Absurdismo. Estas circunstancias, lo llevaron a mantener una agria polémica con otro de los grandes filósofos franceses de su tiempo, Jean-Paul Sartre.

La sobriedad, ser auténtico, la bonhomía franca, pero carente de ingenuidad, fueron algunas de las facetas profundamente humanas de su personalidad.

Y estas cualidades se evidenciaron nítidamente en la ceremonia de premiación, al pronunciar el discurso de agradecimiento, mientras recibía el Premio Nobel; que, en palabras del comité de selección de la Academia Sueca, le fue entregado por “el conjunto de una producción literaria que pone de relieve e ilumina con seriedad clarividente los problemas que se plantean en la conciencia humana de nuestro tiempo”.

Albert Camus recordó emocionado ese día, los esfuerzos que había hecho para ayudarlo, un querido maestro de enseñanza primaria: Louis Germain, que intuyó en él las capacidades suficientes que desarrolladas, le permitieron llegar a convertirse en uno de los máximos referentes de la Literatura y de la Filosofía de la Francia del siglo XX.

Por ese motivo, tiempo después le escribió además, una carta para agradecerle tantas y tan fecundas enseñanzas. La carta, traducida al español, expresaba lo siguiente:

París, 19 de noviembre de 1957
Querido señor Germain:

Esperé a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted.

Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y ejemplo no hubiese sucedido nada de esto.

No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Le abrazo con todo mi corazón.
Albert Camus

Y aquel maestro de primaria, que tanto empeño había puesto en lograr que un alumno lleno de talento, cursara el bachillerato, venciendo la reticencia de su familia pobre y carente de recursos que necesitaba al niño aportando dinero y no estudiando. Aquel maestro que lo había preparado a conciencia; acompañándolo en tranvía al examen de ingreso y que esperó el resultado, sentado en un banco en la plaza del instituto. Que no cesó su ayuda, hasta lograr que le concedieran una beca; respondió de inmediato: “Creo conocer bien al simpático hombrecillo que eras. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. El éxito no se te ha subido a la cabeza. Sigues siendo el mismo Camus”.

Ejemplos y actitudes como éstas, honran el accionar de tantos buenos y desconocidos maestros que existen y que merecerían reconocimiento y eterna gratitud por haber posibilitado que muchos niños, como Albert Camus, encontraran su destino de grandeza.

El Psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, decía con sobradas razones: “Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos”.

Después del mensaje de agradecimiento, Camus iniciaba su discurso ante el Rey Gustavo VI de Suecia, manifestando:

“…Al recibir la distinción con que vuestra libre Academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que yo mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo.

Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos limites, a mis dudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme…”

Camus, uno de los espíritus más sensibles que ha conocido la Filosofía Moderna, mucho más cercano a los afectos de sus contemporáneos por haber protagonizado como hombre los conflictos desgarradores de su tiempo; intentó siempre, aunque conflictivamente, armonizar su vida, su obra y su moral.

Como autor, imaginaba a los escritores pensando según las palabras y a los filósofos, según las ideas. Como hombre vivió y relató creativamente en la paz y en las miserias de la guerra, integrando la Resistencia francesa en los tiempos dramáticos de la ocupación alemana.

Fue un ser, quizás predestinado, lleno de expectativas que se casó dos veces y tuvo además muchos amoríos circunstanciales y clandestinos, pero que tal vez encontró, el gusto intenso por la vida, cuando conoció a la legendaria actriz María Casares, con quien mantuvo una relación íntima hasta su muerte.

Esa muerte que lo sorprendió mientras trabajaba en la que sería su última obra, una novela inacabada de carácter autobiográfico que tituló “El primer hombre” (“Le prémiere homme”); editada de manera póstuma en 1994.

En cuidadas hojas manuscritas, describiendo a su progenitora, que fue la persona a quien más admiró y quiso, de esa mujer que nunca pudo siquiera aprender a leer, y que además padecía una avanzada sordera; de esa mujer venerada, Camus había escrito “…tenía el rostro dulce y simétrico, los cabellos de española, muy ondulados y negros, una naricita recta y una hermosa y cálida mirada castaña”.

Esa relación con su madre llegó a ser tan fuerte, que marcó, en cierta manera, no sólo su vida, sino también su orientación filosófica.

Como escritor, dejó una obra impregnada de fuerza y belleza excepcionales, que su hija Catherine (nacida del segundo matrimonio con Francine Faure) publicó a partir de una cuidada selección de textos, fotografías, ilustraciones, cartas y documentos describiendo y descubriendo un apasionante y descarnado mundo.
” …mis hijos y mis nietos no lo conocieron. Por ellos he querido volver a todas estas imágenes, para recobrar la sonrisa, la vivacidad y la generosidad de aquel hombre despierto y entusiasta que me dejó vivir”. confesó Catherine Camus en una entrevista.

El 4 de enero de 1960, Albert Camus, el escritor filósofo que desde la miseria más absoluta y la incultura más deplorable, llegó a ser Premio Nobel y uno de los creadores más influyentes de la literatura mundial, tenía previsto viajar a París en tren, pero su amigo Michel Gallimard le pidió que lo acompañara de copiloto en su automóvil.

Por razones no determinadas, el conductor perdió el control del vehículo y se estrelló contra un árbol.

La tragedia ocurrió cerca de Le Petit-Villeblevin, al sur de París y Camus murió en el acto. Entre sus restos se encontró un portafolios con el manuscrito sin terminar de la que sería su novela póstuma. En uno de sus bolsillos, también estaba el pasaje de tren, con en el que pensaba viajar ese mismo día fatídico.

Este hecho se prestó a especulaciones políticas, acerca de su naturaleza accidental o no y se han publicado posteriormente numerosísimas versiones, nunca confirmadas, sobre la implicación de la KGB (policía secreta de la ex URSS) en el accidente.

Camus fue enterrado en Lourmarin, pueblo del sur de Francia donde anteriormente había comprado una casa.

La vida del singular escritor y filósofo había terminado así, por un accidente tan absurdo, como ese trasfondo de la condición humana que tan magistralmente con su arte, fue capaz de describir para los ojos admirados del mundo.

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Los amores de Amado Nervo y su poesía

Reseña literaria de Los amores de Amado Nervo y su influlencia en la obra del reconocido autor. Historias de amor en la biografía del gran poeta

Los amores de Amado NervoAmado Nervo fue un eximio escritor mexicano y un poeta distinto, dotado con una pluma de virtudes excelsas. Nació el 27 de agosto de 1870, en Tepic, (Nayarit – México), y llegó a ser en su época uno de los máximos exponentes del modernismo; el movimiento literario más importante que ha tenido América.

“Somos tan pequeños como nuestra dicha,
pero somos tan grandes como nuestro dolor.”
Friedrich Hebbel

El estilo de Amado Nervo se caracterizó por imponer una renovación en el lenguaje y la métrica vigentes hasta entonces, por la utilización de referencias mitológicas de elevada erudición y por el absoluto protagonismo que dio a la estrofa dentro de la escritura; al mismo tiempo que sus versos, denotaban una búsqueda constante de cadencia y ritmo, en los que se percibe al leerlos, una indiscutible preocupación por la perfección de la forma.

Al margen de esto, alguna vez bromeó entre sus amigos atribuyendo el éxito de sus publicaciones, a la musicalidad de su nombre, que consideraba muy adecuado para un poeta; nombre que en realidad, era una simplificación del verdadero más que un seudónimo.

La obra de Amado Nervo tuvo y aún conserva, una vastísima difusión universal, pero un halo de misterio envolvió siempre, toda referencia a cuestiones íntimas en las diversas biografías que se conocieron.

Los datos consignados son tan escasos o imprecisos, que la trayectoria del poeta pareciera no haber tenido historia personal:

“Mi vida ha sido muy poco interesante: como los pueblos felices y las mujeres honradas, yo no tengo historia”, respondía Nervo, en su autobiografía editada en 1906 cuando le preguntaban. No obstante la afirmación, a lo largo de su vida, criticado o idolatrado, se entretejieron muchos sucesos dignos mención. Venturosos algunos. Adversos y conflictivos otros.

Uno de estos últimos, fue la relación sentimental que mantuvo con Ana Cecilia Luisa Dailliez.

Por su propia confesión, se sabe que deambulando por una calle del barrio latino de Paris, el 31 de agosto de 1901 en un encuentro fortuito, conoció a la que iba a convertirse en la mujer de su vida:
–No soy mujer para un día, le advirtió la dama.
–¿Y para cuántos?, preguntó el poeta.
–Para toda la vida, fue la respuesta.

Ese día se conocieron y los dos advirtieron que el amor que nacía iba a ser para siempre. A partir de ese encuentro una pasión incontrolable los unió en una perfecta comunión de almas.

Pero también, extrañamente, desde ese momento todo lo que ocurriera a futuro entre ellos, iba a ser oculto a los ojos del mundo. Toda la relación se desarrolló a escondidas y en las sombras. ¿Por qué decidieron vivir su amor en el más estricto secreto? Nadie lo sabe. ¿Pudieron más los prejuicios sociales?

Lo concreto es que Amado Nervo, no le dijo a nadie que Ana Cecilia existía, nunca le habló de ella a sus amigos y es posible que tampoco a sus familiares más cercanos. Se comentaba que, si viajaban, lo hacían por separado para que nadie los viera juntos.

“Como aquel cariño inmenso no estaba sancionado por ninguna ley… no teníamos el derecho de amarnos a la luz del día, y nos habíamos amado en la penumbra de un sigilo y de una intimidad tales, que casi nadie en el mundo sabía nuestro secreto”, explicaba el poeta a modo de justificación.

Pero esa “eternidad” pretendida sólo duraría 11 años para la pareja; el 7 de enero de 1912 su musa enigmática y anónima, moría víctima de la fiebre tifoidea, después de una dolorosa agonía.

En el nicho 213 del cementerio de San Lorenzo y San José, de la ciudad de Madrid, una lápida de mármol negro que Nervo mandó hacer, es hoy permanente custodia del recuerdo de esa tragedia:

“En memoria de ANA
Encontrada en el camino de la vida,
el 31 de agosto de 1901.
Perdida —¿para siempre?— el 7 de enero de 1912″

¿Por qué el poeta consideró esa relación un amor prohibido o clandestino?.
El enigma continúa vigente.

En una carta a su hermano Rodolfo, fechada en Madrid el 20 de febrero de 1912 (que Gustavo Jiménez Aguirre recoge en la Antología General del autor), el poeta le expresa lo siguiente:

“Mi muy querido hermano, te agradezco muy de corazón las frases tan nobles y afectuosas que dedicas a mi Anita. Desgraciadamente no fui para ella tan bueno como lo merecía esa alma de elección que más de diez años me acompañó por la vida sin que un solo instante palideciera su ternura.

Debí casarme con ella y no lo hice por preocupaciones y suspicacias que ahora a la luz cruda de mi dolor considero indignas y estúpidas. No encuentro más que una manera de reparar mis omisiones para con ella y es amparar a la niña, que, después de mí, fue su gran cariño…”

El desgarrador desconsuelo que siguió al prematuro fallecimiento de su compañera adorada, le inspiró a Nervo cada verso del poemario “La amada inmóvil”; publicado póstumamente en 1922, como prueba elocuente de que él consideraba a esta obra como parte esencial e insustituible de su más dolorosa intimidad.

En el Prefacio, que el mismo escribió para el libro, relata:

“Creí que “Serenidad” sería mi último libro de versos, y así lo afirmé a un amigo. Esta afirmación me perdió, porque la vida no gusta que le tracen caminos y el arcano burla los propósitos de los hombres. He vuelto, pues, a componer poemas…”

En las hojas siguientes y en sus sentidas palabras se puede leer:

“…Va a hacer un mes que, a las doce y cuarto del día, se extinguió blandamente Ana Cecilia Luisa Dailliez, mujer excepcional por su gracia, su bondad y la persistencia extraordinaria de su ternura, a quien conocí en París en una noche en que mi alma estaba muy sola y muy triste y con quien viví desde entonces en la más cordial y noble de las compañías hasta el 7 de enero de 1912, en que murió en mis brazos.

Va a hacer un mes, un mes solamente, y, sin embargo, en esos treinta días, en esos treinta relámpagos, he llorado más lágrimas que estrellas visibles tiene la noche…”

En ese fatídico día de enero, la vida y el destino de Nervo, habían cambiado para siempre. “La muerte es la libertad absoluta”, escribió en su obra “Plenitud” de 1918.

Arrepentido por su manera de proceder con su amada, e intentando corregir en algo sus errores del pasado, resolvió hacerse cargo de Margarita Elisa Dailliez, de 11 años de edad, hija de Ana.

Esta niña hermosísima fue su motivación, para no caer en la desesperación buscando suicidarse. Desde entonces, se dedicó por completo a cuidarla y enseñarle los valores de la vida. Era inevitable que entre ambos se diera un amor de lo más profundo.

No podían no quererse: Margarita, bellísima, sensible, casi adolescente todavía, plena de vida. Y, por su parte, Nervo era por entonces, el hombre más leído de la lengua española, al que todas las mujeres de su tiempo veneraban.

Cuántas de ellas suspiraban con sus poemas y cuántas le guardaron un amor eterno, hasta la muerte. Margarita tenía quince años y el poeta 45, cuando él le declaró su amor. No era su hija, ni llevaba el apellido Nervo.

No obstante, él era lo único que ella tenía en la vida. Y, a pesar de todo, Margarita le contestó: “¿Cómo decir te quiero sin añadir: papá?”.

Quizás esta respuesta, haya sido la decepción definitiva para el corazón destrozado de Amado Nervo, que estaba acostumbrado a escuchar un “sí” de los labios de todas las mujeres.

Posteriormente, en 1918, el célebre autor decidió llevar a Margarita a México, en donde vivían sus dos hermanas solteronas, Concha y Elvira. Con ellas, Margarita encontró una nueva familia.

Al poco tiempo, Amado Nervo viajó a Argentina y Uruguay en misión diplomática. Estando en Montevideo como Representante de su país en el Congreso Panamericano del Niño, el 24 de mayo de 1919, imprevistamente, debido a una complicación de su enfermedad renal crónica, terminó su vida.

Tenía 48 años y se encontraba en compañía de su amigo Juan Zorrilla de San Martín, escritor y poeta uruguayo, encargado de asistirlo en sus últimos momentos.

Sus restos fueron repatriados a México, donde sus funerales constituyeron una verdadera apoteosis.

Lo que sigue, es la misma historia, la biografía de Amado Nervo y su percepción del amor, pero descripta y plasmada en poesías de encendido lirismo:

“Autobiografia”

¿Versos autobiográficos ? Ahí están mis canciones,
allí están mis poemas: yo, como las naciones
venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada,
no tengo historia: nunca me ha sucedido nada,
¡oh, noble amiga ignota!, que pudiera contarte.

Allá en mis años mozos adiviné del Arte
la armonía y el ritmo, caros al musageta,
y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta.
-¿Y después?
-He sufrido, como todos, y he amado.

¿Mucho?
-Lo suficiente para ser perdonado…

“Ofertorio”
(Deus dedit, Deus abstulit)

Dios mío, yo te ofrezco mi dolor:
¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!
Tú me diste un amor, un solo amor,
¡un gran amor!
Me lo robó la muerte…
y no me queda más que mi dolor.
Acéptalo, señor:
¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!…

“Lo más natural” – (Ver nota referida al poema)

Me dejaste -como ibas de pasada-
lo más inmaterial que es tu mirada.

Yo te dejé -como iba tan de prisa-
lo más inmaterial, que es mi sonrisa.

Pero entre tu mirada y mi risueño
rostro quedó flotando el mismo sueño.

“Cobardía” – (Ver nota referida al poema)

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…!

Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirar azul!

Quedé como en éxtasis…Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.

…Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la deje pasar!

“El primer beso” (Ver nota referida al poema)

Yo ya me despedía…. y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»

“Pero te amo”

Yo no sé nada de la vida,
Yo no sé nada del destino,
yo no sé nada de la muerte.
¡Pero te amo!

Según la buena lógica,
tú eres luz extinguida.
Mi devoción es loca,
mi culto, desatino,
Y hay una insensatez
infinita en quererte.
¡Pero te amo!

“Madrigal”

Por tus ojos verdes yo me perdería,
sirena de aquellas que Ulises, sagaz,
amaba y temía.
Por tus ojos verdes yo me perdería.

Por tus ojos verdes en lo que, fugaz,
brillar suele, a veces, la melancolía;
por tus ojos verdes tan llenos de paz,
misteriosos como la esperanza mía,
por tus ojos verdes, conjuro eficaz,
yo me salvaría

“Si una espina me hiere…”

¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
…pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad
envidiosa en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina,
hacia más puro ambiente de amor y caridad.

¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores!
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,

se llevará las rosas de más sutil esencia;
y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia
de ayer, vertió, al herirme con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocada en flor de paz!

“La amada inmóvil”
(fragmento)

¿Llorar? ¡Para qué!
Este es el libro de mi dolor:
lágrima a lágrima lo formé;
una vez hecho, te juro, por
Cristo, que nunca más lloraré.
¿Llorar? ¡Por qué!
Serán mis rimas como el rielar
de una luz íntima, que dejaré
en cada verso; pero llorar,
¡eso ya nunca! ¿Por quién? ¿Por qué?
Serán un plácido florigelio,
un haz de notas que regaré,
y habrá una risa por cada arpegio…
¿Pero una lágrima? ¡Qué sacrilegio!
Eso ya nunca. ¿Por quién? ¿Por qué?…

“Mi secreto”

¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido
de amores por un ser desaparecido,
por un alma liberta,
que diez años fue mía, y que se ha ido…
¿Mi secreto? Te lo diré al oído:
¡Estoy enamorado de una muerta!

¿Comprendes -tú que buscas los visibles
transportes, las reales, las tangibles
caricias de la hembra, que se plasma
a todos tus deseos invencibles-
ese imposible de los imposibles
de adorar a un fantasma?

¡Pues tal mi vida es y tal ha sido
y será!
Si por mí sólo ha latido
su noble corazón, hoy mudo y yerto,
¿he de mostrarme desagradecido
y olvidarla, no más porque ha partido
y dejarla, no más porque se ha muerto?

“Gratia plena”

Todo en ella encantaba, todo en ella atraía
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar…
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
el influjo de su alma celeste amanecía…
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué prestigio lejano y singular.
Más que muchas princesas, princesa parecía:
era llena de gracia como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

Yo gocé del privilegio de encontrarla en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!

¡Cuánto, cuánto la quise! ¡Por diez años fue mía;
pero flores tan bellas nunca pueden durar!
¡Era llena de gracia, como el Avemaría,
y a la Fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió… como gota que se vuelve a la mar!

“En paz” –  Fragmento –  (Ver reseña y poema)

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

Amado Nervo
Tepic (México), 1870
Montevideo (Uruguay) 1919

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Emily Brontë – La mágia de su escritura

Emily Brontë – Poesía, mundos imaginarios y cumbres borrascosas en la magia de su pluma.

 Emily BrontëEmily Jane Brontë (mejor conocida como Emily Brontë) , escribió una única novela en su vida: “Cumbres borrascosas” (Wuthering Heights), pero con los méritos suficientes para llevarla como autora, a la categoría de celebridad en el difícil y restringido mundo de las letras.

Esta obra publicada en 1847 y actualmente considerada una de las mejores narraciones en lengua inglesa, se convirtió en un clásico de la literatura romántica victoriana, no obstante haber sido inicialmente juzgada con dureza por los críticos de esos días, que la catalogaron como muy salvaje, de estilo rudo y de una composición bastante torpe.

El transcurrir del tiempo revirtió las opiniones y paulatinamente, se fueron reconociendo los genuinos valores de uno de los relatos más cautivantes sobre la pasión amorosa, que jamás se haya escrito.

Esa crítica áspera de los comienzos, cuestionaba sobre todo una innovadora estructura de Emily Brontë que establecía considerables diferencias con respecto a las corrientes narrativas basadas en la apreciación de las costumbres y en el idealismo satírico imperantes por entonces, en la restrictiva sociedad británica del siglo XIX.

Inmersa en ese ámbito, toda mujer de esa época vivía en un mundo que no la comprendía. Su papel y sus ocupaciones estaban muy delimitados y la literatura y el arte en general, le estaban vedados. Contra esos prejuicios, Emily Brontë se propuso luchar tenazmente y hasta las últimas consecuencias; con las únicas armas con que contaba: su poesía intuitiva y original, su prosa impetuosa y su espíritu romántico y a la vez indomable.

Emily Brontë, nació en Thornton – Yorkshire, Inglaterra, el 30 de julio de 1818 y tuvo cinco hermanos. Su padre, Patrick Brunty Brunty, de origen irlandés, fue primero aprendiz de tejedor, después maestro de escuela, tutor y, finalmente, ministro anglicano. En sus tiempos de estudiante de Teología, cambió su apellido, transformándolo en Brontë, palabra derivada del griego, que significa “trueno”.

El pastor evangelista fue nombrado en 1820 rector de Haworth y la familia completa se mudó a ese lugar. Mary Branwell, su madre, murió en septiembre de 1821, quedando los seis hijos al cuidado de una tía materna sin que nadie explicara a los niños esa situación.

En 1824, cuatro de las cinco hermanas: María, Elizabeth, Charlotte y Emily, fueron enviadas al colegio de Clergy Daughters, en Cowan Bridge (Lancashire), donde María y Elizabeth, enfermaron de tuberculosis y fiebre tifoidea muriendo al año siguiente.

Por esa razón, además de las pésimas condiciones y características del colegio, sumado todo a la rigurosidad extrema de sus reglamentaciones internas, (al punto que hoy podrían calificarse de siniestras), Charlotte y Emily fueron retiradas del internado y llevadas a casa, para ser educadas junto a los otros hermanos Anne y Branwell, el único varón.

Siguieron después años solitarios en la vida de Emily, días de monotonía singular en aquel riguroso paisaje, triste y lúgubre, de los páramos de Yorkshire.

La vegetación salvaje de la región, las nieves y vendavales frecuentes que terminó adorando, forjaron su espíritu y carácter y comenzó a descubrir que el silencio de aquella naturaleza desolada, le permitía percibir vibraciones místicas y sobrenaturales y también experimentar en sus emociones el insondable misterio de la soledad melancólica y el éxtasis de la quietud agreste.

Así, Emily Brontë, la joven ansiosa y apasionada por la literatura, huérfana de madre y con dos hermanas fallecidas, vivió junto a sus otros tres hermanos: Branwell, Charlotte y Anne, una infancia y una adolescencia alejadas de la realidad, que los niños intentaban superar idealizando mundos ilusorios de duendes, fantasmas y espíritus.

Construyeron para ellos, todo un universo de fantasía y paradigmas creativos que atesoraban increíbles narraciones. Y para divertirse en aquel pueblo aislado, transformaron en su imaginación unos soldados de madera que les regalara su padre, en personajes legendarios de una serie de historias que escribieron acerca de reinos ficticios y lejanos nacidos de una inventiva que parecía no tener límites. Los nombres de Glass Town, la “Confederación de la Ciudad de Vidrio”, Gaaldine, Angria (o Anglia), propiedad de Charlotte y su hermano Branwell y Gondal, que era el de Emily y Anne, nunca más se borrarían de sus mentes.

Se conservan alrededor de un centenar de cuadernos escritos a mano, iniciados en 1829, de las crónicas de Angria, pero ninguno de la saga de Gondal, iniciados en 1834, a excepción de algunos poemas de Emily Brontë. La relación de estos relatos, con las novelas que después escribieron las hermanas, continúa siendo tema de gran interés para los eruditos.

En 1945, Charlotte descubrió por casualidad las poesías que escribía su hermana Emily y la persuadió, venciendo sus objeciones, de publicar un libro de poesías entre las tres, incluyendo a Anne. Publicaron entonces en 1946, un libro titulado “Poemas” que, con la intención de mantener la privacidad y tratar de evitar los comentarios prejuiciosos que seguramente surgirían sobre su condición de mujeres escritoras, resolvieron firmar con seudónimos masculinos (utilizaron los nombres de Ellis Bell, Currer Bell y Acton Bell, coincidentes con las iniciales de sus nombres reales).

Era conocida la opinión del poeta inglés de la época Robert Southey en ese sentido, “La literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca”. Lamentablemente sus expectativas se vieron frustradas y sólo se vendieron dos ejemplares del poemario, que pasó inadvertido sin tener la repercusión esperada.

Las poesías de Emily, sin embargo, destacaron especialmente.

No obstante, el fracaso no desanimó a las hermanas Brontë que insistieron y decidieron escribir una novela cada una, con protagonistas femeninas independientes, valientes e inteligentes, que vivían historias de amor muy apasionadas.
En 1847, Emily logró publicar bajo el seudónimo de Ellis Bell, su novela “Cumbres borrascosas”, al tiempo que sus hermanas Charlotte y Anne editaban igualmente “Jane Eyre” y “Agnes Grey” firmando sus obras con los seudónimos ya conocidos.

Tampoco resultó afortunada para Emily la publicación de esta obra, que fue ignorada por el público. Aunque pocos años después en una segunda edición póstuma, Charlotte hizo imprimir una nueva tirada, que comenzaría por fin, el impacto de difusión que perduró largamente y que incluso llegó a inspirar largometrajes, obras de teatro, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical y canciones.

Con respecto a la poesía de Emily Brontë, la crítica literaria contemporánea la considera como una de las mejores poetisas en idioma inglés del siglo XIX y sigue siendo admirada por su estilo diferente, su lírica y sus imaginativas referencias personales.

Muestran sus palabras una profunda vitalidad que se nutre de sí misma, transmitiendo sensaciones intensas y revelando que ante la imposibilidad de trascender desde lo físico concentra sus anhelos en lo espiritual, revalorizando los hechos cotidianos y simples y buscando redescubrir el amor a la naturaleza, aún con el aspecto lóbrego del páramo donde transcurrió casi toda su existencia.

Por el contrario, su obra poética fue injustamente postergada y poco difundida en idioma español.

Algunos de los más celebrados poemas de Emily Brontë fueron:

“Recuerdo” (Remembrance)

Frío en la tierra, y la nieve apilada sobre ti,
lejos, muy lejos, el frío en la tumba triste.
¿Me he olvidado de amarte, mi único amor,
cortada al fin por la implacable ruptura del tiempo?

Ahora, en soledad, ¿mis pensamientos ya no flotan
sobre los montes, en esa orilla del norte.
Descansando sus alas en las hojas de helecho,
que cubren tu noble corazón eternamente?

Frío en la tierra, y quince diciembres salvajes
desde los cerros marrones se han derretido en primavera.
¡Fiel, de hecho, es el espíritu que recuerda
después de esos años de cambio y sufrimiento!

Dulce amor de la juventud, perdonad, si me olvido de ti,
mientras la marea del mundo me arrastra hacia adelante.
Otros deseos y esperanzas me atormentan.
¡Las esperanzas que oscurecen, pero no pueden borrarte!

Ninguna luz tardía ha iluminado mi cielo,
ninguna mañana ha vuelto a resplandecer para mí.
Toda mi felicidad vino de tu vida,
toda mi felicidad yace en la tumba contigo.

Pero cuando los días de sueños dorados perecieron
e incluso, la desesperación fue impotente para destruir,
aprendí como la existencia podía ser apreciada,
fortalecida, alimentada sin la ayuda del placer.

Entonces probé las lágrimas de una pasión inútil,
destetada mi joven alma de tu anhelo póstumo.
Severamente negó su ardiente deseo de acelerar
el descenso, hacia esa tumba que será mía.

Y, aún así, no me atrevo a dejarlo languidecer,
no me atrevo a caer en el dolor entusiasta de la memoria.
Una vez bebida profundamente la divina angustia,
¿Cómo podría anhelar el mundo vacío otra vez?

“El viento nocturno”

En la suave medianoche del estío,
una luna despejada brilló,
a través de nuestra ventana
y los rosales bañados en rocío.

Me senté en reflexión silenciosa,
el viento suave agitó mi cabello,
me dijo que cielo era un destello,
y la tierra durmiente, justa.

No necesité sus toques
para alimentar estos pensamientos,
así y todo susurró, diciendo:
“¡Cuán oscuros serían los bosques!”

Las hojas gruesas en mi murmullo
crujen como en un sueño,
y de sus incontables voces es dueño
un instinto que parece arrullo.

Dije, “Ve, apacible murmurante,
tu cortés melodía es única:
pero no pienses que su música
tiene el poder de alcanzar mi mente.”

Juega con la flor perfumada,
la rama tierna del joven árbol
y deja mis sentimientos humanos,
en su propio cauce inquieto.

El vagabundo no me oyó,
su beso se entibió cálidamente:
“¡Oh, Ven!” suspiró dulcemente,
seré yo contra tu voluntad.

¿No fuimos amigos en la infancia?
¿No te he amado hace mucho tiempo?
mientras tú, la noche solemne,
mi canto despertabas con tu silencio.”

“Que cuando repose tu corazón
bajo la fría lápida de cemento,
yo tendré tiempo para el lamento,
Y tú, para estar sola.

“A la imaginación”

Cuando agotados de la extensa jornada
y del terrenal cambio del dolor por el dolor,
perdida, dispuesta a la desesperación,
tu cálida voz me convoca de nuevo.
Mi sincero amigo, nunca estoy sola,
si tu presencia y ese tono me acompañan.

Sin esperanzas descansa el mundo sin tí,
el mundo sin este doble de mí,
tu mundo de astucias, odios y duda,
de frías sospechas sin lugar.
Donde tú, yo y la Libertad,
disfrutan una soberanía muda.

Lo que importa es que todo alrededor,
peligro, angustia y oscuridad,
no rompen las cadenas de nuestra soledad,
donde habita el cielo en su esplendor.
Alimentado por diez mil rayos eternos,
de soles que no han conocido el invierno.

La razón sin dudas habrá de objetar
por la triste realidad de la naturaleza,
explicando que el sufrimiento del corazón es vano
y que sus preciados sueños deben perecer.
La verdad con rudeza busca asolar,
las flores de la fantasía que tímidas asoman.

Pero tú siempre serás el que trae
las cerradas visiones que retornan,
el aliento de nuevas glorias caídas en primavera,
llamando a la vida de la muerte:
Susurrando con la divina voz,
de un mundo real y brillante como tú.

No confío en la dicha de tu fantasma,
pero en las horas quietas de la noche,
con un incesante agradecimiento
te doy la bienvenida, bendito aliento,
Fiel asistente de los humanos deseos,
la más brillante esperanza.
Allí, donde la esperanza muere.

Emily Brönte fue una mística, como lo demuestra su poesía y en “Cumbres borrascosas” dramatiza con estilo exaltado, su percepción intuitiva de la naturaleza de la vida.
Su trágico destino personal, así como su precocidad y la confrontación con la muerte, primero de su madre y luego de sus dos hermanas mayores, circunstancias que penetraron profundamente en su alma e influyeron en la concepción de sus obras; indudablemente han contribuido también a cimentar su reputación y, por extensión, la de sus familiares cercanos.

Tan solo había vivido treinta años, cuando muere en Haworth, 19 de diciembre de 1848, como consecuencia de una infección respiratoria, probablemente asociada a tuberculosis. Sus restos descansan en la iglesia de San Miguel de Todos los Santos en Haworth, West Yorkshire, Inglaterra.

Su antiguo hogar, la destartalada casa parroquial de Haworth, un lúgubre edificio de piedra gris junto al cementerio, donde Emily Brontë y sus hermanas residieron la mayor parte de sus vidas, se ha transformado en un lugar de peregrinación, un museo que cada año recibe a cientos de miles de visitantes provenientes de todo el mundo, que acuden interesados en conocer un poco más los pormenores del mundo íntimo de una escritora que, con pluma de soledad y nostalgias, narró una gran historia de amor maravillosa y trágica.

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Propagar y Propalar – Parecidas pero no iguales

Reseña literaria sobre palabras similares, parecidas pero que en su uso, demuestran ser diferentes, utilizando como ejemplo a dos verbos: Propagar y Propalar

Propagar o PropalarEn el idioma español es frecuente encontrar palabras que, por ciertas similitudes de significado, escritura o pronunciación con otras, pueden confundirnos y dar lugar a errores en la interpretación del contexto escrito en el que son utilizadas. Analizamos dos verbos a modo de ejemplo: Propagar y Propalar

Propagar – (del latín “propagare”).

Tiene estas significaciones:

a) Hacer llegar una cosa desde un punto, a muchos lugares y en todas las direcciones.

(…La gran Revolución Rusa que estalló en el año 1917, dejó como resultado el derrocamiento de la dinastía despótica de los Zares y sus trascendentales consecuencias se propagaron hacia el resto del continente europeo, originando uno de los más grandes acontecimientos históricos de la Época Contemporánea.)

b) Extender el conocimiento de una cosa o la afición a ella.

(…Surgió en la década mágica de los años sesenta, como un estilo que conmocionó al mundo y la música de Los Beatles se propagó como una epidemia que superó todas las barreras y previsiones)

c) Hacer que algo, en especial una especie, se reproduzca y multiplique en un lugar.

(En algunas regiones de África, el virus del ébola se ha propagado de tal manera, que su erradicación inmediata resulta imposible)

Empleo correcto del verbo propagar:

“Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas, suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas”. – Jorge Luis Borges

“La libertad de conciencia se entiende hoy día, no sólo como la libertad de creer lo que uno quiera, sino también de poder propagar esa creencia”. – Jonathan Swift

“La crítica desinteresada, es un empeño altruista para aprender y propagar lo mejor que se conoce en las letras y en el pensamiento de los hombres.” Matthew Arnold

“Una gran parte de la sociedad se manifiesta a diario, preocupada por la propagación incontrolable de los casos de inseguridad”.

“El fuego se propagó rápidamente, al bosque lindante con el caserío afectado por el incendio”

Propalar – (etimológicamente proviene de la palabra latina propalare).

Significa: Divulgar, difundir, dar a conocer una cosa oculta, secreta o cuya verdad no está demostrada. Supone mala intención por parte del sujeto.

Empleo correcto del verbo propalar:

“La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la democracia, sin embargo no es éticamente aceptable valerse de ella abusivamente, para propalar ideas racistas”.

“Mayoritariamente, la opinión pública condenó al orador, no por haber expresado una opinión, sino por haber propalado rumores tendenciosos y falsos”.

“Un noticiero de la televisión sensacionalista propaló la noticia, revelando secretos de la vida amorosa de una conocida actriz”.

En la siguiente frase, se muestra el empleo correcto de los dos términos:

“Esta semana, la prensa europea comenzó a propalar una noticia de carácter confidencial: en un país de medio oriente, estaría a punto de producirse un estallido del extremismo islámico.

Como consecuencia, en opinión de los expertos militares, muy pronto el veneno de esa revolución podría propagarse hacia Occidente”.

En conclusión:

Si bien, las dos palabras significan “dar a conocer o difundir” propalar se refiere específicamente a algo oculto o poco conocido, y siempre con una intención tendenciosa. Con significación incorrecta o abusiva suele utilizarse como sinónimo de propagar y también de emitir, transmitir por radio o radiotelefónicamente.

Propagar, en cambio, tiene una acepción más amplia y puede aplicarse a lo bueno, lo malo, lo favorable o lo desfavorable sin restricciones.

Si se pretende conservar el sentido estricto de una oración, no es aconsejable en determinados contextos, intercambiar entre sí estos dos verbos. (que por otra parte, no son sinónimos)

Agregamos dos ejemplos, en los cuales la palabra propalar está incorrectamente aplicada:

“…y como cada 24 de diciembre, los turistas visitan la Iglesia de la Natividad, desde donde suele propalarse la Misa de Nochebuena”. (Una misa puede propagarse, difundirse, transmitirse; pero no propalarse)

“La protesta estudiantil comenzó en una universidad capitalina, pero paulatinamente, se fue propalando hacia centros educativos de ciudades vecinas”. (debe escribirse: la protesta se fue propagando o extendiendo).

Y una recomendación para finalizar: Lo que se escribe correctamente, se lee y se interpreta correctamente.

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Un mundo Feliz – Aldous Huxley

Reseña del libro Un mundo feliz de Aldous Huxley – Una de las obras distópicas más importantes de la literatura

Un mundo feliz Aldous HuxleyLa obra Un mundo Feliz de Aldous Huxley es un libro que fue creado por el escritor de origen británico y publicado en el año 1932. Es, sin duda, uno de los trabajos más conocidos del autor, logrando ubicarse entre las más importantes de la literatura distópica, junto a otras obras como 1984 de George Orwell, o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Para Aldous Huxley, Un mundo feliz se ha convertido en su obra cumbre, subiéndolo al pedestal de aquellos escritores que la historia no olvidará.

El nombre del libro fue elegido por el autor al inspirarse en las palabras de una obra llamada “La tempestad”, de William Shakespeare. Con frecuencia, Un mundo Feliz y 1984, son analizadas en conjunto intentando encontrar similitudes y diferencias entre los dos futuros que plantean, dentro de la distopía y el caos.

Resumen de Un mundo Feliz – Aldous Huxley

Como en muchas otras obras distópicas, la novela plantea un futuro evolutivo en el que, los avances han solucionado grandes problemas de la vida, pero a costa de haber sacrificado elementos centrales de la cultura y la sociedad humanas.

El Estado Mundial (la forma en la que se denomina a la población) ha alcanzado un nivel de desarrollo óptimo. Las personas se crean mediante “cultivos humanos”, desarrollándose en una especie de probetas y luego “educadas” para favorecer un “correcto pensamiento”, mediante las “hipnopedias”, en la enseñanza a partir de los sueños. Lo importante a fin de cuentas es la sociedad, uno sólo debe trabajar, y consumir (con importancia en esto último). El sexo también es algo habitual, pero no hay relaciones individuales, sino que todo corresponde a un pool de personas, entre las que la promiscuidad es algo común y cotidiano, todos se deben a todos, pero el fin no es la reproducción, ya que los humanos se cultivan.

Con el objetivo de un mejor funcionamiento, se han establecido estratos sociales, desde las personas alfas (Bellas, inteligentes, de buen estado físico), pasando por betas, gammas, deltas, hasta las épsilon (todo lo contrario a las primeras), tomando las medidas necesarias para que estos últimos continúen sin presentar un nivel intelectual adecuado, y además, elaborando muchas más personas épsilon que alfa.

En esta nueva sociedad se ha perdido la individualidad, todo es general, ya no hay libertades personales. Ya no hay guerras, pero no hay nombres, ya no existen penas, pero no hay familias ni relaciones personales sentimentales. Ya no existen la historia o los libros. Uno no está sólo pero tampoco acompañado, ya no hay religión, ni ciencia.

Existen algunos lugares aislados donde la gente vive separada de todos estos avances, y que son vistos por los miembros del Estado Mundial como subdesarrollados, casi zoológicos. Esta es la historia de algunas personas que, en el nuevo orden mundial, creen no pertenecer al mismo, intentando adaptarse a una sociedad que ha perdido la individualidad.

Valoración: Es una obra demasiado compleja como para realizar un análisis en de Un mundo feliz en unas pocas palabras pero puedo asegurarles que es una novela que los dejará pensando, ya que muchas de las cuestiones planteadas pueden aparecer como esbozos en sociedades actuales, sobre todo lo del consumismo. Para los amantes de este tipo de literatura, es un libro muy recomendable, aunque en lo personal soy más adepto a George Orwell y 1984. Los personajes llegan a captar la atención del lector generando a veces impotencia, al comprobar las condiciones en las que viven. Una joya de la literatura.

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Jorge Luis Borges – involuntariamente apócrifo

Jorge Luis Borges –  Uno de tantos autores, involuntariamente apócrifos

JL Borges - ApócrifoAlguna vez el azar, la curiosidad o un raro interés nos llevaron a buscar y encontrar en numerosos sitios de Internet, escritos de claro tinte “edificante y reflexivo” que en su momento fueron (y lo siguen siendo) atribuidos erróneamente a eximios autores de la literatura universal (Shakespeare, Borges, García Márquez, Víctor Hugo, Wilde por citar algunos nombres). Hace poco hicimos referencia al tema con una nota sobre falsas atribuciones a escritores (Ver: Citas falsas – Entre dichos, escritores y obras), dedicándonos puntualmente a Jorge Luis Borges en este caso.

La palabra “apócrifo”, literalmente significa que no es auténtico, que no es de la época o que no es obra de la persona a la cual se atribuye autoría.

Estos escritos circulan masivamente por internet y redes sociales, en frases engalanando láminas o imágenes vistosas, en notas periodísticas, compilaciones y cadenas de correo electrónico, ya sea completos o fragmentados y hasta traducidos a varios idiomas.

Personas ociosas, desinformadas, malintencionadas o persiguiendo intereses no confesados, malgastan su tiempo adjudicando a excelentes escritores, la autoría de textos que, con benevolencia y eufemismo, apenas podrían calificarse como “de escaso brillo” en la mayoría de los casos.

El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986),  más de una vez ha sido víctima indefensa de tales desvaríos literarios, al atribuírsele con absoluta desconsideración, la autoría de versos o prosa, escritos en un nostálgico estilo reflexivo.

De los escritos en cuestión, el primero a comentar se titula “Instantes” (o “Momentos” en alguna versión), y cabe aclarar que el mismo se atribuyó además de Borges, a William Shakespeare, a Nadine Stair o indicado como anónimo.

“Instantes”

Si pudiera vivir nuevamente mi vida…
En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico, correría más riesgos,
haría más viajes, contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares donde nunca he ido,
comería más helados, y menos habas,
tendría más problemas reales
y menos imaginarios.

Yo fui de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida,
claro que tuve momentos de alegría…

Pero si pudiera volver atrás trataría de
tener solamente buenos momentos.

Pero sí lo saben.
De eso está hecha la vida
solo de momentos,
no te pierdas el ahora.

Yo era de esos que no iba a ninguna parte
sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,
un paragüas y un paracaídas,
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios de
primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría
más amaneceres y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven…,
tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Maria Kodama opinó al respecto, que este poema “Instantes” no tiene ningún valor literario y nunca podría haber sido escrito por su esposo Jorge Luis Borges, puesto que desvirtúa el mensaje de su obra.

Posiblemente la autora verdadera de este texto haya sido una escritora inédita y desconocida (¿o imaginaria?) llamada Nadine Stair o Nadine Strain, de Louisville, Kentucky, Estados Unidos de América, que lo editó, según referencias, en 1978, ocho años antes de que Borges muriera en Ginebra (Suiza), a los 86 años.
No obstante, la primera versión conocida fue publicada, con forma de artículo y en prosa, en la edición de octubre de 1953 del Reader’s Digest, bajo el título “If I had My Life to Live over”, firmada por el caricaturista y comediante estadounidense Don Herold. Esta redacción original, incluía párrafos que le daban un marco menos melancólico y más escéptico.

Hay una teoría más, sugiriendo que Borges tradujo en algún momento el texto de Don Herold, tal vez, en el curso de sus estudios acerca de la literatura americana. Después alguien encontró ese poema junto a otras cosas de Borges, se lo atribuyó y lo publicó, con las consecuencias conocidas.

La polémica generada,  con argumentos similares a los esgrimidos hasta hoy y otros que irán surgiendo, seguramente continuará. Por otra parte, también se adjudicó equivocadamente a Borges esta otra composición, de la cual existen distintas variantes:

“Después de un tiempo, uno aprende…”

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y uno aprende…
que el amor no significa acostarse
y una compañía tampoco significa seguridad.
Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas.

Y uno empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos.
Y uno aprende…
a construir todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes,
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende…
que si es demasiado,
hasta el calor del sol quema.
Y aprende…
a plantar su propio jardín y decorar su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende…
que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale.
Y uno aprende y aprende…
y con cada adiós uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien,
porque te ofrece un buen futuro,
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes
que solo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta,
de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos,
tarde o temprano, se verá rodeado solo de amistades falsas.

Con el tiempo también aprendes
que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta
de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas
o forzarlas a que pasen
ocasionará que al final no sea como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese único instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
extrañarás inmensamente a los que ayer estaban contigo
y ahora se han marchado.

Y aprendes también
que hay tres momentos en la Vida que uno no puede remediar:
La oportunidad que dejaste pasar,
la cita a la que no asististe,
la ofensa que ya pronunciaste.

Con el tiempo también aprendes sobre el dinero
y entonces comprendes que:
Puedes comprarte una casa, pero no un hogar,
Puedes comprarte una cama, pero no hacerte dormir,
Puedes comprarte un reloj, pero no te dará el tiempo,
Puedes comprarte un libro,
pero no conocimiento o lo que necesitas aprender,
Puedes comprarte una posición, pero no sirve para tener respeto,
Puedes comprarte medicinas y pagar la consulta al médico,
pero no te da salud,
Puedes comprarte sangre, pero no vida,
Puedes comprarte sexo, pero no amor.

Con el tiempo también aprendes que la vida es aquí y ahora,
y que no importa cuantos planes tengas,
el mañana no existe y el ayer tampoco.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón,
decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas,
decir que quieres ser amigo ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.
Pero desafortunadamente, todo esto lo aprendes
…¡sólo con el tiempo!

En este caso, las fuentes más fidedignas atribuyen esta poesía a Veronica Shoffstall que a sus 19 años, escribió el original en inglés “After a while”, del que hay numerosas traducciones a varios idiomas, atribuyéndose también una supuesta autoría a distintos escritores distinguidos y notables.

En definitiva, después de leer, releer y analizar cada párrafo de los textos referidos, escritos en un tono que pretende ser lírico, pero que se manifiesta amanerado y prosaico, es difícil reconocer en ellos el estilo del gran autor argentino. No hay coincidencias en la temática, ni en estructura, lenguaje, métrica, tampoco en cuanto a elaboración y uso de técnicas literarias.

Aceptar que el auténtico Borges de “Los Conjurados”, “Fervor de Buenos Aires”, “Luna de enfrente” y poemas de la dimensión de “Los espejos”, “Ajedrez”, “Elogio de la sombra” “El reloj de arena”, “Poema de los dones”; haya sido el creador de “Instantes” y “Después de un tiempo, uno aprende”, es tan difícil como imaginar al gran autor de   “El Aleph” redactando un manual de autoayuda.

Se observa asimismo que no existen en estos textos, las clásicas referencias culturales que emplea con maestría Borges, ni tampoco la simbología de su pluma diferente. Probablemente él hubiera redactado:

“Si pudiese volver a vivir otra vez mi vida, en la próxima…
jamás hubiera escrito “Instantes”.

Aunque esto sea solamente otra opinión.

Para concluir, asombra que haya tanta gente que confunde y llega a creer en la autenticidad de estos mensajes, frases y poemas apócrifos.

Debería admitirse este hecho, como resultado del pésimo ejemplo que significa la falta de rigor con que se citan obras ajenas y el vicio tan difundido de copiar contenidos de páginas no propias, sin preocuparse por comprobar sus fuentes.

Esto ocasiona, muchas veces, malentendidos y distorsiones absurdas que ponen en duda la credibilidad de personas e instituciones dedicadas honestamente a la docencia y la divulgación.

Y a nadie parece preocupar el menosprecio absoluto, que se tiene por la propiedad intelectual. Simplemente no interesa.

Sería aconsejable entonces, con un criterio de racionalidad y sentido común, buscar un camino que permita aprovechar responsablemente las inagotables posibilidades que brinda la tecnología actual, para el mejoramiento de la educación y la difusión cultural. Para descubrir más información sobre estos temas los invito a visitar: Citas falsas – Entre dichos, escritores y obras.

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No es que muera de amor – Jaime Sabines

Reseña literaria del poema No es que muera de amor – Jaime Sabines en todo su esplendor

No es que muera de amor Jaime SabinesEl poema No es que muera de amor es una obra que fue escrita y publicada por Jaime Sabines en el año 1981. Está compuesto por cuarenta y cinco versos llamados de arte mayor, libres y divididos en seis estrofas, si bien el último segmento es el más largo.

Para Jaime Sabines, No es que muera de amor constituyó uno de sus poemas más conocidos y buscados. Con el advenimiento de las redes sociales e internet es muy común que las personas evoquen las palabras “No es que muera de amor, muero de ti” sin tener un claro panorama de su proveniencia o total significado. En esta obra manifiesta el amor de una manera sublime, logrando transformar en bellas palabras un sentimiento. Pero en estas palabras plantea también una dualidad, entre el gozo y la melancolía o el sufrimiento que dicho amor le ocasiona.

Entre los poemas de Jaime Sabines, No es que muera de amor es considerado uno de los más románticos, quizás junto a  “Espero curarme de ti”.

No es que muera de amor – Jaime Sabines

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

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