Diles que no me maten – Juan Rulfo

Reseña literaria del cuento Diles que no me maten de Juan Rulfo – El castigo del miedo y el largo de la venganza.

Diles que no me maten Juan RulfoDiles que no me maten es un cuento del escritor mexicano Juan Rulfo (1918-1986) que fue publicado por primera vez en el Número 66 de agosto de 1951 de la revista titulada América. Posteriormente apareció dentro de “El Llano en llamas” en el año 1953.

El cuento de Juan Rulfo, Diles que no me maten, plantea una estructura simple en la que, quien cuenta la historia, es personaje y narrador a la vez, de alguna manera omnisciente.

Este relato transporta al lector a tierras mexicanas, a una época determinada donde se exponen distintas realidades derivadas de la vida del hombre que cuida la tierra y los animales, y las dificultades que este debe sortear, para proteger lo que considera suyo. Se hace mención, además, a los trebejos con la justicia y a lo moldeable que puede ser esta cuando algo que ofrecer a cambio. Además, un eje central de la historia da vueltas alrededor de la conciencia de saber que se ha hecho algo malo, y al miedo al castigo por ello, en este caso la muerte, que termina presentándose con fuerza cuando llega la venganza a ocupar un lugar primordial.

Treinta y cinco años esperó el personaje para creer que su pecado había sido olvidado, viviendo con pena y miedo, perdiéndolo todo, y aun así no pagó el precio, no logró superar la venganza que se gestaba en un lugar que ni si quiera había considerado.

Diles que no me maten – Resumen

La historia comienza con un ruego de Juvencio Nava a su hijo, Justino, para que acuda a hablar con las personas que lo están buscando y les pida que no lo maten. A pesar de las negativas de su hijo, logra convencerlo y recuerda su historia, una que creyó olvidada.

Juan Rulfo Diles que no me matenMucho tiempo atrás surgió un problema con uno de sus vecinos debido a que no permitía que los animales de Juvencio se alimentaran en sus terrenos. Varias veces logró abrir el cerco que los separaba, pero Don Lupe, como solía llamarlo, volvía a cerrarlo. Cierta vez, enojado, don Lupe mató uno de sus animales lo que enfureció a Juvencio que le quitó la vida en reprimenda.

A partir de ese momento debió escapar para no ser castigado. Intentó sobornar a la justicia y a todo aquél que le pudiera ponerlo en peligro. Perdió a su esposa y a su familia, pero lo que más lo afectó fue el haber perdido la tranquilidad. Ahora, siendo viejo, su crimen lo había alcanzado.

Fue llevado preso hacia donde lo esperaba un coronel, caminando vencido, intentando decirles que no había hecho nada malo. Al llegar, fue interrogado por su asesinato descubriendo que, quien lo había mandado a buscar, era el hijo de don Lupe, no podría escapar de la muerte, nadie puede.

Y al final, la venganza salió ganando, y Justino llevó a su padre sobre el lomo de un burro, aunque ninguno de ellos logró recuperar la paz y la venganza seguiría saltando de persona a persona.

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Romance de la pena negra – Federico García Lorca

Romance de la pena negra – Poema número VII del Romancero Gitano – Federico García Lorca

Romance de la pena negra - Soledad MontoyaEl Romancero gitano es una de las obras poéticas más celebradas y aplaudidas que se hayan editado en lengua española durante la última centuria. Nacida de la magia creativa de un autor genial, Federico García Lorca, fue publicada originariamente en la Revista de Occidente en Madrid en el año 1928, y Romance de la pena negra es parte de esta majestuosa creación.

El Romancero gitano (Ver reseña) está compuesto por dieciocho romances que narran en versos, un abanico de temas enfocados a dos argumentos primordiales, Andalucía y la cultura gitana y sus ancestros, tratados de manera metafórica y mística.

“Si con tres sílabas basta
para decir el vacío
del alma que está sin alma
So-le-dad.”
José María Pemán

El Romancero Gitano refleja con verismo, las durísimas condiciones de supervivencia de un pueblo discriminado y marginado socialmente. Un pueblo que se siente perseguido por las autoridades y lucha denodadamente contra esa persecución.

García Lorca centra su interés no en describir una situación concreta, sino en la confrontación permanente que se produce una y otra vez entre fuerzas en pugna. En un poema que describe la disputa entre la guardia civil y los gitanos, llama a estos bandos romanos y “cartagineses”, para dar a entender esa interpretación unívoca del conflicto.

Este célebre andaluz, defensor a ultranza de la sangre de esa descendencia sin embargo, y aunque popularmente se le conociera como poeta de los gitanos, rechazaba tal apelativo, sosteniendo que “ser Andaluz no es ser gitano, aun cuando todos los andaluces seamos algo gitanos. Mi gitanismo es un tema literario. Nada más”.

Reconocido por el mismo, ese tema no fue materia excluyente en su obra, sólo un asunto de poesía, ni siquiera de sociología o política.

En la singular obra que es Romancero gitano, destaca un poema que el propio autor granadino considera lo más representativo del libro y es el séptimo del poemario; se titula Romance de la pena negra y aparece dedicado a José Navarro Pardo, quien fuera profesor de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada y amigo entrañable del poeta.

El título del romance tiene un significado especial. La pena de Soledad Montoya que es el cimiento, el germen de la idiosincrasia del pueblo andaluz. No equivale a la angustia porque con pena también se puede reír. No es dolor que nubla la visión puesto que jamás produce llanto; pero es un anhelo indefinido, un amor sin respuesta, una certeza de que la muerte está esperando a la vuelta de algún recodo. Soledad no experimenta en sí misma la pena negra; ella es y personifica la pena negra. Las palabras exactas escogidas por García Lorca, le otorgan un tono de tristeza que es muy obvio.

La mujer del poema, “Soledad Montoya” es la gitana que crea Federico García Lorca para capturar en una concepción simbólica, la idea fundamental que orienta su pensamiento: la vida difícil, triste y solitaria de esa raza sometida a los límites estrictos impuestos por la realidad o por las convenciones sociales. La frustrada búsqueda individual de identidad propia de sus integrantes, un destino que parece no permitirles la realización personal para descubrirse a si mismos. Esas son en esencia, las causas que llevan a su pena triste.

El poeta eligió a conciencia y con maestría encomiable el nombre para esa mujer, Soledad y el apellido Montoya, de rancia estirpe y reciedumbre gitana. Ella encarna al personaje pero en la obra hay solamente una protagonista: La pena.

Romance de la pena negra – Romancero Gitano – Federico García Lorca

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Gracía Lorca decía reflexionando acerca de su inagotable creatividad poética:  “Pero, ¿Qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores.

En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”.

Fue un poeta intuitivo, pero el arte de escribir poesía (de acuerdo a sus convicciones) requiere concentración y reflexión previa. Exige esmero y prolijo cuidado, tratando de encontrar para cada palabra la rima necesaria y el ritmo para llegar a una conjunción de belleza conceptual y metafórica.

En ese doble proceso de elaboración del Romancero gitano, pudo reunir armónicamente la gracia del don innato que tiñó su estilo con la técnica trabajada rigurosamente. Arte e inspiración, incorporando además método, esfuerzo y disciplina. La lúcida idea inspiradora del inicio con el trabajo de lima y cincel de un artífice, sintetizados para dar forma a una obra maravillosa.

Pasión por el dibujo

Paralelamente a su profusa obra poética, García Lorca convirtió en realidad otra de sus pasiones, el dibujo al que consideraba como un desahogo o una evasión. Bosquejos, figuras, caricaturas, la mayoría a lápiz, con líneas imprecisas, otros coloreados casi de una forma infantil, le acompañaron desde su infancia y sobre todo desde su época de permanencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid, junto a Salvador Dalí, Luis Buñuel o Pepín Bello, y otros notables intelectuales y artistas que engendraron el movimiento del surrealismo español.

Plasmó esa inquietud ilustrando muchas de sus trabajos literarios. En el caso de Romance de la pena negra, dibujó a Soledad Montoya con agudo sentido estético y colorida plasticidad,delineando elocuentes curvas para reforzar los rasgos femeninos y la profunda sensibilidad.

Sin importar el tiempo transcurrido desde su fallecimiento, la obra poética de Federico García Lorca se mantiene por mérito propio en la cúspide de la literatura universal. Es el reflejo de un sentimiento trágico de la vida que influyó decididamente en distintos autores y corrientes literarias que le sucedieron.

En su poesía conviven la tradición popular y la culta. García Lorca logró fundir el lenguaje narrativo con el lírico, sin que ninguno de ellos pierda su calidad, recogiendo así toda la historia y tradición del romancero.

Para conocer más:

Soledad Montoya se constituyó en uno de los personajes que más impresionaron a García Lorca desde su niñez. Feliz casualidad que se llamara Soledad, nombre tan apropiado para esta mujer que es, según el poeta, “la concreción de la pena sin remedio, de la pena negra de la cual no se puede salir más que abriendo con un cuchillo un ojal bien hondo en el costado siniestro”.

Fue una cantaora y bailaora flamenca, a quien las crónicas de la época elogiaban sus aptitudes artísticas: “bailando con muchísima gracia y moviendo la cimbreada cintura con un acento particular; en la boca, un nido de jilgueros: cantaba la pobre por seguidillas lo mismo que por polos o se arrancaba por malagueñas y así todo el repertorio del cante jondo.”

Murió en un confuso episodio de un tiro en la frente, en un salón de baile en la ciudad de Buenos Aires. Los testigos que presenciaron el infortunado hecho no lo describieron como un crimen, sino como un trágico accidente, a pesar de que el autor del disparo, plenamente identificado, había sido la pareja que le acompañaba, un joven de 22 años llamado Carlos Rivero.

En el periódico madrileño “La Epoca” del 4 de marzo de 1891 y también en “La Correspondencia de España” del día siguiente, figuraba un breve reseña que hacia referencia a ese acontecimiento. Días después, gran parte de la prensa madrileña, se hacía eco de la noticia que encabezaba con el título de “Muerte de una Flamenca”.

Bien se podrían haber escrito en su epitafio los cuatro primeros versos del “Romance de la Pena Negra”, que se publicó 37 años después de este suceso: “Las piquetas de los gallos, cavan buscando la aurora…”

El romance en la lírica española

El romance es una composición lírica de origen español que comenzó a popularizarse a finales del siglo XIV y albores del siglo XV, época en que se recopilan por primera vez de manera escrita en colecciones denominadas romanceros.

Surgió de la transmisión oral de poemas anónimos por parte de los juglares. El filólogo Ramón Menéndez Pidal, sostiene que el romance tiene su cuna en la fragmentación de los cantares de gesta y epopeyas medievales. Desde ese entonces el género ha sido cultivado por grandes escritores españoles e hispanoamericanos de diversas generaciones y corrientes literarias.

Puede definirse el romance como un poema narrativo que se interpreta declamando, cantando o intercalando canto y declamación. Está compuesto en estrofa libre, es decir una serie indefinida de versos generalmente octosílabos, con rima asonante en los pares y los impares sueltos.

El flamenco es una expresión artística de raíces genuinamente españolas, o, para ser más exactos, del sur de la península ibérica. Se manifiesta en tres formas: el cante, el baile y la guitarra. Los orígenes del flamenco son atribuídos a los gitanos que han desempeñado un papel importante en su invención. Pero no pueden dejarse de lado las canciones y los bailes populares de toda Andalucía que también han influido significativamente en el nacimiento de este particular arte del flamenco.

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Los poetas y el recuerdo en la literatura

El recuerdo inmerso en la obra de incontables poetas a través del tiempo

“El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados”
Johann Paul Friedrich Richter (Jean Paul)

¿Qué es un recuerdo?

El recuerdo y los poetasRecordar es revivir en la memoria, aquellos momentos que nos causaron algún impacto determinante o significativo en nuestra vida.

El verbo recordar lleva incorporada implícitamente la palabra “corazón” puesto que deriva por etimología del bajo latín “recordare” (cf. it. “ricordare”), conformado por el prefijo re- (‘de nuevo’) y el elemento “cordare” que proviene del nombre “cordis” equivalente a ‘corazón’.

Literalmente entonces, recordar es “volver a pasar por el corazón”. Creencias antiquísimas asumían que el corazón era el alojamiento natural de la memoria y encontramos vestigios de esta apreciación no sólo en nuestro verbo recordar y sus equivalentes en otras lenguas románicas, sino también en expresiones como estas:
En francés: apprendre par coeur (lit. “aprender de corazón”)
En inglés: know by heart (lit. “saber de corazón”)

De esta manera, las vivencias al ser recordadas adquieren una impronta personal, con la templanza que les otorga la propia experiencia.

Ahora bien, en el lenguaje del siempre sensible y mágico universo lírico la palabra “recuerdo” como tal, quizá sea, uno de los vocablos que agitan con más vehemencia esa pasión por escribir versos que invade a los poetas, en sus momentos de febril inspiración. Y en la mirada de esos poetas los recuerdos parecen invadir otra dimensión y alcanzar otras implicancias.

Prueba de ello, nos ofrecen innumerables poemas nacidos de la pluma de eximios poetas-escritores.

De Juan Ramón Jiménez:

Recuerdos¿Cuáles son mis primeros, o mis últimos, recuerdos? Ahondo en mi memoria y me pongo, como el andarín aquél, rojo y verde, con cascabeles que se perdían al fin de la calle Nueva, para reaparecer luego, sonoros, en la Plaza del Marqués, al comenzar su carrera, en el comienzo de mi vida, y pienso:… ¿Qué veo? Unas puertas de azotea, amarillas, con sol de las tres; una verja de madera vieja con campanillas azules donde se meten, en raudo tropel, los gorriones, porque llueve y truena; unas disciplinas en un granero; una viejecita dulce, de marrón, que saca de una alacena una cajita de cristales de colores y me la enseña; una luz misteriosa con que nos cruzamos en la noche de viento por el arroyo del Trasmuro…”

El recuerdo
Como médanos de oro,
que vienen y que van
en el mar de la luz,
son los recuerdos.

El viento se los lleva,
y donde están están,
y están donde estuvieron
y donde habrán de estar…
(Médanos de oro).

Lo llenan todo, mar
total de oro insondable,
con todo el viento en él…
(Son los recuerdos).

De Jorge Luis Borges:

Elegía del recuerdo imposible

Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas
y de un alto jinete llenando el alba
(largo y raído el poncho)
en uno de los días de la llanura,
en un día sin fecha.
Qué no daría yo por la memoria
de mi madre mirando la mañana
en la estancia de Santa Irene,
sin saber que su nombre iba a ser Borges.
Qué no daría yo por la memoria
de haber combatido en Cepeda
y de haber visto a Estanislao del Campo
saludando la primer bala
con la alegría del coraje.
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche
antes de perderse en el sueño
y que empujó por última vez
el 14 de febrero del 38.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca
para debelar una isla
que aún no era Inglaterra.
Qué no daría yo por la memoria
(la tuve y la he perdido)
de una tela de oro de Turner,
vasta como la música.
Qué no daría yo por la memoria
de haber oído a Sócrates
que, en la tarde la cicuta,
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad,
alternando los mitos y las razones
mientras la muerte azul iba subiendo
desde los pies ya fríos.
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.

De Antonio Machado:

Recuerdos

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

De Emily Brontë:

Recuerdo (Remembrance)
Frío en la tierra, y la nieve apilada sobre ti,
Lejos, muy lejos, el frío en la tumba triste.
¿Me he olvidado de amarte, mi único amor,
Cortada al fin por la implacable ruptura del Tiempo?

Ahora, en soledad, ¿mis pensamientos ya no flotan
Sobre los montes, en esa orilla del norte,
Descansando sus alas en las hojas de helecho
Que cubren tu noble corazón eternamente?

Frío en la tierra, y quince diciembres salvajes
Desde los cerros marrones se han derretido en primavera;
¡Fiel, de hecho, es el espíritu que recuerda
Después de esos años de cambio y sufrimiento!

Dulce amor de la juventud, perdonad, si me olvido de ti,
Mientras la marea del mundo me arrastra hacia adelante;
Otros deseos y esperanzas me atormentan,
¡Las esperanzas que oscurecen, pero no pueden borrarte!

Ninguna luz tardía ha iluminado mi cielo,
Ninguna mañana ha vuelto a resplandecer para mí;
Toda mi felicidad vino de tu vida,
Toda mi felicidad yace en la tumba contigo.

Pero cuando los días de sueños dorados perecieron,
E incluso la desesperación fue impotente para destruir,
Aprendí como la existencia podía ser apreciada,
Fortalecida, alimentada sin la ayuda del placer.

Entonces probé las lágrimas de una pasión inútil;
Destetada mi joven alma de tu anhelo póstumo;
Severamente negó su ardiente deseo de acelerar
El descenso hacia esa tumba que será mía.

Y, aún así, no me atrevo a dejarlo languidecer,
No me atrevo a caer en el dolor entusiasta de la memoria;
Una vez bebida profundamente la divina angustia,
¿Cómo podría anhelar el mundo vacío otra vez?

Queda claro que “hacer memoria” no es lo mismo que recordar. Hacer memoria, es una acción mental que trae al presente la imagen exenta de valor emocional de un pasado muerto, definitivamente concluido.

El recuerdoLos sentimientos inherentes al recuerdo son diferentes. Llevan consigo una vana esperanza de resurrección y renacimiento. Recordar se transforma en un anhelo no confesado de dejar que el presente sea fecundado por las vivencias del tiempo ido, evitando la repetición perpetua de sí mismo; y busca dejar que renazca el pasado volviendo a pasar lo que fue ese recuerdo por el corazón. Como decía el poeta latino Marco Valerio Marcial: “Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces.”

El eminente filósofo español José Ortega y Gasset, nos proporciona una clara explicación de esta interpretación etimológica: “El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos, esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón. (Dante diría per il lago del cor.)”

Por esa razón, los sentimientos que acompañan en cada caso al recuerdo son distintos dependiendo de una percepción subjetiva que puede abarcar un amplio espectro; desde el ayer luminoso de días felices que quedaron estampados en el libro de la vida, hasta la inefable nostalgia que despierta el hecho de hojear imaginariamente las desteñidas hojas de ese libro. Y muchas veces la melancolía, la añoranza y la tristeza se despiertan cuando vislumbran sutilmente lo transitorio, fugaz y efímero que fue la realidad vivida.

Y los poetas también saben que el recuerdo siempre tendrá el camino más fácil hacia la tristeza, cuando está acompañado por una fría soledad que les hace percibir esos vacíos que alguna vez estuvieron llenos de regocijo y poblados de momentos, donde las emociones desbordaban y la alegría de vivir estallaba con insistencia creando una ilusión de eternidad.

Tal vez eso explique la desesperanza que anida en el alma del poeta cuando describe un recuerdo en soledad, como lo definió el escritor francés Gustave Flaubert: “Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda.

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Desafío literario I

Desafío literario I – Asociación de escritores y sus frases

Nos gustaría invitar, a aquellos lectores, a intentar encontrar la relación entre las siguientes fotos de escritores, y sus frases…

Desafío literario I

De izquierda a derecha arriba 
Ernest Miller Hemingway
Sigrid Undset
Joseph Rudyard Kipling
Pearl Comfort Sydenstricker Buck
De izquierda a derecha abajo:
Elfriede Jelinek
Octavio Irineo Paz Lozano
Federico García Lorca
William Cuthbert Faulkner

Las soluciones del Desafío Literario I, más abajo:

1) “La vida es un camino sin retorno”
William Cuthbert Faulkner – Estados Unidos (1897 – 1962)
Premio Nobel de Literatura 1949
“por su poderosa y artísticamente única contribución a la novela contemporánea estadounidense”
2) “La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre”
Joseph Rudyard Kipling – Reino Unido de Gran Bretaña (1865 – 1936)
Premio Nobel de Literatura 1907
“en consideración de su poder de observación, originalidad de imaginación, virilidad de ideas y un talento extraordinario para la narración que caracterizan las creaciones de este autor famoso a nivel mundial”
3) “Sin democracia la libertad es una quimera”
Octavio Irineo Paz Lozano – México (1914 – 1998)
Premio Nobel de Literatura 1990
“por una apasionada escritura con amplios horizontes, caracterizada por la inteligencia sensorial y la integridad humanística”
4)  “Si alguien tiene un destino, entonces es un hombre. 
     Si a alguien se le impone un destino, entonces es una mujer”
Elfriede Jelinek – Austria  (20 de octubre de 1946)
Premio Nobel de Literatura 2004
“por su flujo musical de voces y contra-voces en novelas y obras teatrales que, con extraordinario celo lingüístico, revelan lo absurdo de los clichés de la sociedad y su poder subyugante”
5) “El amor no crea regla alguna, las rompe todas”
Sigrid Undset – Noruega (1882 – 1949)
Premio Nobel de Literatura 1928
“principalmente por sus poderosas descripciones de la vida en el Norte durante la Edad Media”
6)  “El hombre tiene corazón, aunque no siga sus dictados”
Ernest Miller Hemingway – Estados Unidos (1899 – 1961)
Premio Nobel de Literatura 1954
“por su dominio del arte de la narrativa, más recientemente demostrada en El viejo y el mar, y por la influencia que ha ejercido en el estilo contemporáneo”
7) “La soledad es la gran talladora del espíritu”
Federico García Lorca – España (1898 – 1936)
Nunca fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura
8) “El entusiasmo es el pan diario de la juventud. El escepticismo el vino diario 
     de la vejez”
Pearl Comfort Sydenstricker Buck – Estados Unidos (1892 – 1973)
Premio Nobel de Literatura 1938
“por sus descripciones ricas y verdaderamente épicas de la vida campesina en China y por sus obras maestras biográficas”

La teogonía de Hesíodo – Mitología y creación

Reseña literaria de La teogonía de Hesíodo – El mítico origen de los dioses

La teogonía de HesíodoPara comenzar a hablar del tema y descubrir qué es teogonía debemos remontarnos al origen “griego” de la palabra (Theogonía), el origen de los dioses. La teogonía es una obra que fue escrita por un poeta de la Antigua Grecia llamado Hesíodo, si bien existen distintas variantes en cuanto a la datación de su fecha de publicación, encontrándose entre el 700 y el 800 a.C.

En la teogonía, Hesíodo utiliza distintas formas de construcción basándose en tradiciones folklóricas existentes en Grecia y en otros lugares, a partir de las cuales genera una historia mítica que da sentido a la existencia de todo lo que nos rodea, partiendo de los dioses. Cabe destacar que, muchos de esos dioses relatados en la teogonía griega se corresponden a fenómenos físicos o naturales que han sido personificados adquiriendo sentimientos y comportamientos similares a los humanos.

Dentro de esta obra podemos reconocer dos importantes aspectos más del génesis de todo. Por un lado, la llamada cosmogonía como detalle del origen del cosmos; por el otro la antropogonía como explicación al surgimiento de los seres humanos.

Resumen de la Teogonía de Hesíodo

La Teogonía tiene su inicio con una referencia a las Musas del Helicón, las que Hesíodo identifica como influencia directa en su poesía. Las Musas del Olimpo, hijas del poderoso Zeus, llegaron a él y le contaron el origen de todos los dioses. El autor finaliza esta primera parte invocando el favor de los dioses. (Alrededor de cien versos)

Luego de este preámbulo se da inicio al relato de cómo el cosmos ha sido creado, al origen de los dioses y a las líneas de sucesión entre ellos. (Este segmento es el más extenso, llegando al verso mil aproximadamente). Una a una se van nombrando las cuatro generaciones de dioses para que, en una última etapa, dejen de relacionarse entre ellos para pasar a hacerlo con los humanos, y ver nacer los héroes.

Inmerso dentro de estas historias podemos encontrar distintos mitos como por ejemplo la castración de Urano, o la Titanomaquia (La lucha de Zeus con sus hermanos por el poder).

Según la Teogonía en primer lugar, surgió el Caos, como una especie de ser sin forma, que puede ser la nada y el todo a la vez, la falta de orden. De él nacieron Gea (La Tierra), Eros (El amor) y luego Nicté (La noche). De Gea nacieron Urano (El cielo) y Ponto (El mar), también Tártaro (Las famosas puertas del Tártaro que hablan del infierno). Al existir Érebo y Nicté pudieron surgir Éter y el día.

Esto, que parece ser un conjunto de especulaciones fantásticas y delirantes, constituye una de las primeras explicaciones de la existencia de todo. A partir de estos textos podemos ver como existe La Tierra, el cielo, la luz y la oscuridad, el bien y el mal, y a fin de cuentas, de ello trata, de la lucha de estos dos últimos por el dominio de todo, y como fueron creados.

De Gea y Urano nacieron los Titanes, que por su horrorosa apariencia fueron encerrados por su padre en las profundidades de la Tierra. Cronos, el mayor de ellos, iracundo por la conducta de su padre, decidió quitarle el poder y destronarlo. Así contrajo matrimonio con su hermana llamada Rea, siendo advertido que, algún día, uno de sus hijos le quitaría el trono.

La teogoníaCada vez que Rea tenía un bebé, Cronos, intentando evitar su destino, lo devoraba. Rea, cansada de esto, decidió alejarse, luego del nacimiento de su hijo entregó al padre una piedra envuelta y logró engañarlo. Así surgió el poderoso Zeus, rey de todos los dioses.

La teogonía de Hesíodo es, sin duda, una historia entretenida que busca explicar el mundo, bajo los ojos de las personas de aquella época. Todo lo inexplicable, toda la existencia adquirió un significado en esta obra.

Dentro de la mitología, es una obra de sumo interés y que será capaz de mantenerlos asombrados (o al menos me ha parecido así) ya que de alguna forma hilvana los hilos de la existencia del universo, y del hombre, respondiendo preguntas que nos hemos realizado durante milenios.

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La vida es sueño – Calderón de la Barca

La vida es sueño: Paradigma del teatro barroco español – Pedro Calderón de la Barca

“Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”

La vida es sueño Calderón de la BarcaLos misterios profundos de la vida abiertos a distintas lecturas, los intentos por conocer y dilucidar el insondable interior del alma humana y el destino del hombre, su predestinación o libre albedrío, fueron temas recurrentes en la literatura antigua y en la filosofía platónica; también en las tradiciones judía y cristiana y aparecen tratados con singular pericia en La vida es sueño, la magistral obra teatral nacida del genio e inspiración de Pedro Calderón de la Barca; uno de los poetas inmortales del Siglo de Oro español.

La vida es una comedia dramática que se presenta como un sueño que nos enajena y aparta de la realidad inmediata. Nos introduce en los recónditos vericuetos de la condición humana y su constante lucha entre elementos opuestos. ¿Vivimos o dormimos imaginando vivir?. ¿Nacemos libres o predestinados? Ese es el planteo, esa es la duda.

Pocas obras maestras de la literatura universal, han conservado la vigencia a lo largo del tiempo como este drama filosófico-religioso que llega hasta nuestros días proyectado desde el período seiscentista, pero hundiendo sus raices en mitos de tiempos inmemoriales.

La vida es sueño, obra cumbre del teatro barroco español, reúne todas las características que definen este estilo de manera contundente e inobjetable y fue estrenada en el año 1635. Consta de tres actos o jornadas. La primera de ellas tiene ocho escenas, contexto en el que se desarrolla toda la presentación de los personajes, sus características y la ubicación espacio-temporal de la historia. En el segundo acto, conformado por diecinueve escenas, aparece desplegado en detalle el conflicto o nudo. Y en la tercera jornada jornada, compuesta por catorce escenas, es donde se produce el desenlace o resolución del problema.

El drama está ambientado en un reino imaginario en tierras de Polonia y transcurre en una época indeterminada. Allí el rey Basilio, interpretando un viejo oráculo que predecía a su futuro hijo Segismundo rebelándose en contra suyo y destronándolo (y una vez convertido en un déspota tirano, el mismo Basilio acabaría postrado a sus pies); dispone encerrarlo desde su nacimiento en una torre y mantenerlo cautivo en secreto. Segismundo crece aislado y alejado del mundo de los mortales que imagina a su manera, viviendo miserablemente sin conocer su estirpe. Clotaldo su tutor, un leal e incondicional servidor del monarca está al tanto de la situación.

Rosaura, la protagonista que no sabe que es hija de Clotaldo, regresa al reino disfrazada de hombre, acompañada por el sirviente Clarín, un personaje pérfido y miedoso pero con fino sentido del humor. Su propósito es demostrar sus orígenes de nobleza a Astolfo, sobrino de Basilio, que la había despreciado por creer ilegítimas sus raíces familiares. En su camino Rosaura descubre por accidente la torre y consecuentemente la existencia de Segismundo, que termina enamorándose de ella.

Asistimos después al discurso del rey, ante toda la corte y sus sobrinos Astolfo y Estrella, en donde da cuenta de la verdadera historia de su hijo Segismundo.

Estrella y Astolfo serían declarados herederos tras casarse, si Segismundo supera el desafío al que será sometido. Rosaura pasa a ser en la corte dama de compañía de Estrella y, valiéndose de diversas estratagemas, descubre las verdaderas intenciones de Astolfo y que ella es hija de Clotaldo.

A pesar de cierto resquemor, el Rey decide llevar a cabo su experimento de comprobar si Segismundo está en condiciones de heredarlo y gobernar. Ordena que su hijo sea adormecido con una pócima alucinógena y trasladado desde su cautiverio al Palacio Real. Al despertar en palacio Segismundo reacciona comportándose de manera grosera, violenta y cruel, confirmando las sospechas de su padre con respecto a lo acertado de las predicciones astrológicas que anticipaban esa conducta. Esa misma noche decide encerrarlo de nuevo y bajo los efectos de un narcótico lo regresan a la prisión en la torre, pero previamente le hacen creer que todo ha sido un sueño.

De nuevo en la solitaria cárcel Segismundo cree convencido, que su estadía en el palacio fue tan sólo un sueño y recordando sobre todo al amor que le inspiró Rosaura, reflexiona sobre el bien perdido y su propia conducta altanera.

El ejército, sin embargo, una vez a conocida la existencia del príncipe se subleva negándose a aceptar a otro heredero extraño y con el apoyo del pueblo libera a Segismundo, que se convierte en un líder dispuesto a luchar contra su padre Basilio por el trono. En las luchas que se originan muere Clarín y Segismundo vencedor, es proclamado nuevo rey. Su padre, derrotado, se arroja a sus pies pidiendo clemencia, confirmando una parte de la predicción.

Pero Segismundo victorioso y habiendo aprendido la lección de la prudencia que siempre exigen las circunstancias importantes de la vida, se muestra ecuánime y piadoso. Manda encerrar en la torre al soldado rebelde que proclamó la revuelta y perdona a su padre Basilio. Posteriormente casa a Rosaura con Astolfo y él mismo contrae matrimonio con Estrella.

Segismundo, el hombre que había vivido en las sombras, encerrado como una bestia, padeciendo condiciones inhumanas, encontró la salida del laberinto que le permitió llegar a la luz y transformarse en un hombre justo, no en el tirano que había profetizado el oráculo.

El soliloquio de Segismundo que acontece al final del segundo acto, es uno de los pasajes más afamados en la historia teatral española.

Es verdad, pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Fin del Segundo Acto

Y no es menos digno de elogio el final de la obra:

¿Qué os admira? ¿Qué os espanta,
si fue mi maestro un sueño,
y estoy temiendo, en mis ansias,
que he de despertar y hallarme
otra vez en mi cerrada
prisión? Y cuando no sea,
el soñarlo sólo basta;
pues así llegué a saber
que toda la dicha humana,
en fin, pasa como sueño,
y quiero hoy aprovecharla
el tiempo que me durare,
pidiendo de nuestras faltas
perdón, pues de pechos nobles
es tan propio el perdonarlas.

Estamos ante una de esas obras distintas que deleita leer. Llena de matices y aciertos que nos inducen a reflexionar y tomar conciencia sobre los valores morales y sociales y la verdadera naturaleza de los sentimientos. Calderón de la Barca, creativo, ingenioso y desbordante de imaginación, propone con sus versos, metáforas y paradojas una visión profunda de la existencia del hombre, su libertad y la concreción de su destino. Además el desafío de conocerse a si mismo para lograr alcanzar el fin pretendido. El triunfo de la luz sobre la oscuridad.

La vida es sueño describe y define con elocuencia el significado del teatro barroco español, majestuosa culminación de una época inmersa en cambios trascendentes y desgarrada por una profunda crisis espiritual que, pese a todo, dejó a la posteridad una literatura deslumbrante.

El filólogo e historiador español Marcelino Menéndez Pelayo, ensaya una crítica al referirse a ciertos aspectos estilísticos y algunos recursos utilizados que a su criterio podrían haber sido más “naturales” y “sencillos”. En ese caso, sostiene, “no tendríamos reparo en afirmar que La vida es sueño, es una obra perfecta”.

A lo que otros críticos, como el Dr. Peter Ivanov Mollov del Departamento de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Sofía, responden que “sería erróneo apreciar el arte dramático de Calderón desde nuestra perspectiva moderna. Los recursos del dramaturgo español no podían ser “naturales” ni “sencillos”, puesto que tales características contradicen la esencia de su arte y en general del arte barroco”.

Pedro Calderón de la Barca fue un insigne escritor, dramaturgo y poeta español, caballero de la Orden de Santiago, nacido en la ciudad de Madrid el 17 de enero de 1600 y fallecido en la misma ciudad el 25 de mayo de 1681.

“Calderón es el genio que ha tenido más ingenio” dijo de él el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, fascinado por la calidad de la obra.

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Greguerías – Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna y sus Greguerías: lo más casual del pensamiento

Greguerías - Ramón Gómez de la SernaLas greguerías son composiciones en prosa, muy breves, -generalmente una única frase, similar al aforismo- y que utilizan el ingenio, el sarcasmo, la agudeza o el humor irónico para expresar ideas y pensamientos sobre las cosas comunes de la vida.

“El amor nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero”

Son textos escuetos en los que, partiendo de hechos, objetos o circunstancias cotidianas, se ofrecen asociaciones que no responden a la lógica de la realidad y que producen un efecto de sorpresa. Muchas greguerías son chistes y juegos de palabras, aunque también las hay más serias que exponen conceptos o pensamientos de tinte pretendidamente filosóficos.

La greguería es el atrevimiento a definir lo que no puede definirse, a capturar lo pasajero, a acertar o a no acertar en lo que se pueda; basándose en la comparación, la paradoja y en la exageración de la hipérbole. Con ella se expresa y se transmite una visión fragmentaria de la realidad, que sorprende con imaginación y originalidad.

Las técnicas para transmitir esa visión son muy variadas, por ejemplo: a través de metáforas y comparaciones exageradas y asociaciones ingeniosas: “De la unión de la viuda y el viudo sale el niño vestido de luto”.
También rompiendo el automatismo de un refrán o de una frase hecha o con seudo-etimologías, “Era tan moral que perseguía las conjunciones copulativas”.

Y el efecto sorpresa se logra por su parte de muy distintas formas: asociando visualmente dos imágenes: “La luna es el ojo de buey del barco de la noche”, o entre otras maneras, mediante la asociación libre de conceptos ligados o contrapuestos, “Lo más importante de la vida es no haber muerto”, o invirtiendo una relación lógica, “El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos”.

El periodista y escritor español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), es considerado el creador de este particular género literario al que está estrechamente vinculado y la definición más poética de greguería es de su inspiración:

“Una greguería no se busca, sino que surge espontáneamente en la mente del poeta, es la impresión de un objeto en la mente del poeta. La flor de todo, lo que queda, lo que vive, lo que surge entre el descreimiento, la acidez y la corrosión, lo que resiste todo”.

La huida de lo convencional y la defensa de un arte deshumanizado (entendido como alejamiento intencionado entre la creación artística y la vida) convirtió a la greguería en el eje de la obra vanguardista.

En toda greguería, como punto en común, encontramos la yuxtaposición de dos elementos relacionados entre sí por el inconsciente, lo que provoca el efecto humorístico.

Según la fórmula ideada por Gómez de la Serna, la greguería es definida como la suma de “humor” +”metáfora”, que da por resultado una oración ingeniosa surgida del choque casual entre el pensamiento y la realidad.

Existen greguerías de diversa índole:

a) Filosóficas:
Si te conoces demasiado a ti mismo dejarás de saludarte.
El beso es hambre de inmortalidad.
El agua no tiene memoria: por eso es tan limpia.

b) Líricas:
Al cerrar una puerta le apretamos los dedos al silencio.
El agua se suelta el pelo en las cascadas.
Venecia es el sitio en que navegan los violines.

C) Literarias:
El libro es el salvavidas de la soledad.
El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
Diccionario quiere decir millonario en palabras.

d) Humorísticas:
El rayo es un sacacorchos encolerizado.
Buda es el Dios que no hizo régimen en las comidas.
El café con leche es una bebida mulata.
La nuez es un pequeño cerebro que nos comemos.
La gallina está cansada de denunciar en la comisaría que le roban los huevos.

A Ramón Gómez de la Serna se le atribuye la elaboración de más de diez mil greguerías,
cuya temática, técnica y clasificación sería demasiado compleja resumir en estas pocas líneas. Muchas de ellas tienen una clara base visual:

“Las pirámides hacen jorobado al desierto”, “El cocodrilo en una maleta que viaja por su cuenta”.

En otros casos, la conexión se basa en una relación sensorial de otro tipo, por ejemplo, la auditiva: “Al oír al sirena parece que el barco se suena la nariz”.

A continuación, algunas de sus más conocidas greguerías y muestra de su singular creatividad:

El más sorprendido por la herencia es el que tiene que dejarla.
Aburrirse es besar a la muerte.
Los monos no encanecen porque no piensan.
El filósofo antiguo sacaba la filosofía ordeñándose la barba.
La cabeza es la pecera de las ideas.
El Pensador de Rodin es un ajedrecista a quien le han quitado la mesa.
El lápiz sólo escribe sombras de palabras.
Como daba besos lentos duraban más sus amores.
El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.
El sueño es un depósito de objetos extraviados.
La prisa es lo que nos lleva a la muerte.
La pulga hace guitarrista al perro.
El pez está siempre de perfil.
El gaitero toca con la laringe y los pulmones fuera.
A un mentiroso sólo lo cura un sordo.
Las flores sin perfume, son flores mudas.
Las espigas hacen cosquillas al viento.
En el fondo de los espejos hay un fotógrafo agazapado.
El arco iris es la cinta que se pone la naturaleza después de la lluvia.
La araña es la zurcidora del aire.
La jirafa es un caballo alargado por la curiosidad.
El reloj que atrasa es un reloj ahorrativo.
En el vinagre está todo el mal humor del vino.
En cada día amanece todo el tiempo.
La tinta es la sangre de los bolígrafos.
El viento es torpe, no sabe cerrar una puerta.

Otras greguerías referidas al ámbito de las letras y dignas de mencionar:
La b es un caracol trepando por la pared.
La F es la llave inglesa del abecedario.
La Ñ es la N con bigote.
La O es el bostezo del alfabeto.
La Q es un gato que perdió la cabeza.
La T es el martillo del abecedario.
La U es la herradura del alfabeto.
La X es la silla plegable del alfabeto.
La Z es un siete que oye misa.

Ramón Gómez de la Serna, fue un escritor fecundo, distinguido miembro de la Generación del novecentismo, que se inspiró para popularizar el nuevo género de las greguerías en el trabajo de autores clásicos como Lope de Vega, Francisco de Quevedo o William Shakespeare y reconoció haber encontrado en ellos elementos comunes a su obra.

Erigido como el creador de un nuevo estilo pionero en el el arte de explicar las cosas con originalidad, fue reconocido como tal pese a ciertas reticencias. Jorge Luis Borges consideraba al poeta y crítico literario francés Jules Renard, como su verdadero inventor.

La greguería, sin embargo, no debe encuadrarse como un género puramente español, ya que responde a influencias e impulsos estéticos que se desarrollaron tanto en Europa como en América a principios del XX, para los cuales la intuición jugaba un papel fundamental a la hora de crear una obra de arte de vanguardia.

En conclusión, la greguería no es una frase célebre ni una reflexión filosófica. No tiene el carácter enfático y dictaminador de un aforismo.Tampoco es un paradigma. Simplemente es… una greguería.

A 100 años de la edición en Madrid de su primer libro de Greguerías, considerado en su momento como la tendencia más adelantada de la vanguardia en los años veinte del siglo pasado; Ramón Gómez de la Serna hubiera sonreído satisfecho al observar las frases ingeniosas que decoran muros y espacios de las redes sociales actuales.

Y con un pensamiento en mente:

“era como yo lo dije, un tweet es una greguería en 140 caracteres”.

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Gustavo Adolfo Bécquer – El poeta

Gustavo Adolfo Bécquer: Poeta del amor por antonomasia

Gustavo Adolfo BécquerGustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida, mejor conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, fue un escritor y poeta español, reconocido dentro del llamado Romanticismo, nacido el 17 de febrero de 1836, y fallecido el 22 de diciembre de 1870. Es, quizás, uno de los poetas más aclamados de la literatura.

Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa…¡habrá poesía!

Romanticismo, encantamiento, ilusión, ensueño, rubor tierno, son todas palabras que envuelven y engalanan la fantasía y la magia de nuestra pasión sublime: el amor.

El amor se siente en el alma, se percibe y se vive en la piel, pero se manifiesta y se escribe con el corazón, en una poesía.

“Y se escribe y se lee poesía, no porque sea bonita, sino porque es parte de la humanidad. Se escribe y se lee poesía porque los seres humanos son seres con pasiones. La medicina, el derecho, el comercio, son nobles actividades necesarias para mantenernos con vida. Pero la poesía, el amor, la belleza, ésa es nuestra razón de ser.” (especificación precisa de la periodista y escritora estadounidense Nancy H. Kleinbaum – autora de la obra, “El club de los poetas muertos”)

En el universo lírico de la literatura existió un símbolo inequívoco. Un paradigma indiscutido y ese fue Gustavo Adolfo Bécquer. El Poeta del amor por antonomasia, que perpetuó en sus célebres Rimas, definiciones casi perfectas del más delicado de los sentimientos.

Luego de su desaparición física en 1870, varias generaciones continuaron recitando con candidez adolescente o con ardorosa pasión juvenil sus rimas. ¿Quién no pronunció alguna vez al oído de su amada?: ¡Poesía eres tú!; y ¿Quién podría olvidar los versos encerrados en aquel melancólico título de la Rima LIII declamando: “Volverán las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar” – Ver poema.

Las Rimas inmortales de Gustavo Adolfo Bécquer

El Amor, la Poesía y esa felicidad tan esquiva.

Paradójicamente, la vida del adalid que alimentó las ilusiones románticas de tantos enamorados estuvo signada por dos constantes negativas y dramáticas: la pobreza con frecuencia denigrante en la que debió vivir en algunos tramos de su vida y el sufrimiento físico y psicológico, consecuencia de sus tantos infortunios.

Además de perder a su padre primero y después a su madre, quedando huérfano a los diez años, soportó a lo largo de su vida grandes penurias económicas, lo echaron del trabajo porque a juicio de su empleador perdía el tiempo escribiendo versos, amó intensamente a varias mujeres sin ser correspondido y su esposa le fue infiel, originando con esa actitud una dolorosa separación.
Así reflejó en palabras el ilustre poeta esta circunstancia:

Rima XLII
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma;
¡y entonces comprendí por qué se llora
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… con pena
logré balbucear breves palabras…
¿quién me dio la noticia?… Un fiel amigo.
Me hacía un gran favor. Le di las gracias.

Bécquer, padeció también en su existencia graves enfermedades y falleció de tuberculosis a la temprana edad de 34 años, tan sólo tres meses después de la muerte de su inseparable hermano Valeriano.

Murió sin haber podido publicar sus poemas.

En los días de su agonía, pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán que quemase sus cartas, “serían mi deshonra”, le dijo y agregó “Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”.

Con esta recomendación Gustavo Adolfo sería sepultado y Bécquer, habría de nacer para la poesía eterna.

Desde 1859, fue publicando sus poemas en distintos periódicos y revistas de la época. Según algunos indicios, alrededor del año 1867 habría reunido en un manuscrito la versión original de todas las rimas escritas durante esos años para publicarlas en un único libro.

A comienzos de 1868 entregó la recopilación a su amigo y mecenas, el ministro de gobierno Luis González Bravo, pero durante el estallido de la Revolución de Septiembre de 1868, que determinó el fín del régimen monárquico en España y el exilio de la reina Isabel II; el manuscrito desapareció, quemado durante los disturbios y saqueos que se produjeron.

Bécquer no había guardado copia e intentó al año siguiente reconstruirlos de memoria,
volviéndolos a redactar tal cual los recordaba. Alcanzó a rememorar 79 Rimas (seguramente menos de las que había en el manuscrito original).

Las reescribía en un cuaderno regalado por un amigo, porque él no podía gastar en comprarlo. Al terminar la redacción, la tituló “El libro de los gorriones”.

En 1871, ya fallecido el poeta, varios amigos suyos prepararon de manera póstuma la primera edición de sus Rimas. Los encargados de la revisión recuperaron como base el “Libro de los gorriones”, eliminaron tres poemas prescindiendo del orden cronológico en que habían sido escritas las rimas y las organizaron identificándolas con un número romano, siguiendo un criterio temático, de modo que el libro desarrollara una historia amorosa relacionada con la biografía sentimental de su autor. Algo que tal vez Bécquer no hubiera consentido.

Así, las 76 rimas quedaron distribuidas de la siguiente manera:

Rimas I a IX: Una especie de presentación, generalidades del arte, la literatura y la música y tímidas refrencias al amor abstracto.

Rimas X a XXIX: el amor como sentimiento maravilloso, de ilusión y felicidad

Rimas XXX al LIV: descubrimiento del engaño, la frustraciòn amorosa, el sufrimiento, un final desdichado y el amor sustituido por el rencor y el desprecio.

Rimas LV a LXXVI: el pesimismo, la soledad y desesperanza, la tristeza, reflexiones sobre el sentido de la vida, invocación a la muerte.

Del “Libro de los gorriones” originario, no se tuvo noticia hasta que fue redescubierto en la Biblioteca Nacional de Madrid en 1914.

Seleccíón de algunas de sus Rimas mejor conocidas:

Rima X
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada.
Oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?
¿Dime?… ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

Rima XIII
Tu pupila es azul y cuando ríes
su claridad suave me recuerda,
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul y cuando lloras
las trasparentes lágrimas en ella,
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es azul y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.

Rima XVII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol.
Hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
¡hoy creo en Dios!

Rima XX
Sabe si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.

Rima XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase- de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella, por otro,
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá ¿por qué no lloré yo?

Rima XXXI
Nuestra pasión fue un trágico sainete,
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia,
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas.

Rima XLIV
Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.

Rima LI
De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y esta vida mortal, y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

Rima LIV
Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.
Y al fin resbala y cae como gota
de rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana,
volveremos los dos a suspirar.

Rima XXIII (Ver)

Analizando la obra, se advierte una profunda reflexión sobre el fenómeno espiritual de la creación poética que hace Gustavo Adolfo Bécquer y tras un prólogo explicando el significado que atribuye a la poesía, se inicia el poemario que mantiene una línea argumental desde un canto alborozado al amor hasta terminar en la angustia, el desengaño y la decepción absoluta producida por la ruptura con la amada.

Son poemas sencillos, breves, de tono intimista y reflexivo, dotados de gran musicalidad y con un sobrio ornamento lejos de toda pompa. Fiel al estilo de poesía “breve y seca”, que cultivaba Bécquer alcanzando la difícil sencillez de lo auténtico.

Rechazó todo artificio retórico, porque según su propio criterio no buscaban sus versos seducir ni deslumbrar con su armonía y hermosura, sino llegar al alma del lector sugiriéndole distintas emociones.

Para Gustavo Adolfo Bécquer, cada poema representaba “la memoria viva” del sentido: “escribo como quien copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.” declaraba el magistral poeta, que también desarrolló en su primera juventud una exquisita técnica pictórica, de la que se valió para enriquecer con ilustraciones propias, varias de sus creaciones literarias – Ver nota: Bécquer el pintor, sólo un sueño.

Se señalan habitualmente dos influencias principales en la obra de Bécquer: la poesía popular andaluza y la poesía romántica alemana, particularmente la de Heinrich Heine, distinguido ensayista y poeta romántico alemán del siglo XIX.

Uno de los críticos contemporáneos del poeta sevillano, el español Gaspar Núñez de Arce, llamó despectivamente a las Rimas “suspirillos germánicos.”

Por otra parte, el novelista Juan Valera calificó las Rimas de “ayuntamiento monstruoso de los lieder alemanes con las seguidillas y coplas de fandango andaluzas.”

Pero aunque los poetas contemporáneos no apreciaran la poesía simbolista y decididamente subjetiva de Bécquer, ésta tuvo influencia decisiva en muchos de los autores líricos del siglo XX, como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Rafael Alberti, Pedro Salinas y Luis Cernuda. El literato y filólogo español Dámaso Alonso lo llamó el “primer poeta contemporáneo” de la Generación del 27.

Gustavo Adolfo Bécquer falleció el 23 de diciembre de 1870 y sus últimas palabras fueron “Todo mortal…”. Después el silencio; sus restos actualmente descansan en el Panteón de Sevillanos Ilustres de su ciudad natal.

¿Que es Poesía…?

Que mejor opinión que la del propio autor en el prólogo de sus Rimas:

“Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua, que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura.

Hay otra natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía”.

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Bel Ami de Guy de Maupassant

Bel Ami – Historia de un seductor sin escrúpulos – Guy de Maupassant

Bel Ami de MaupassantReleer alguna novela clásica produce una especie de encantamiento donde se espera cada vez encontrar algo distinto y muchas veces termina cumpliéndose la presunción, deparándonos agradables sorpresas al percibir detalles o enfoques que no habíamos advertido antes. Hay libros que además son poseedores de una característica adicional, atrapan sutilmente desde la primera página y ya no es posible dejar de leer la hoja siguiente para saber cómo continúa y así seguir, hasta la última palabra de la historia. La novela Bel Ami del escritor francés Guy de Maupassant, editada en el año 1885 nos sirve de ejemplo.

“Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado”

En Bel ami un narrador omnisciente cuenta la historia de George Duroy dividida en dos partes (la primera consta de ocho capítulos y la segunda de diez). En el relato Maupassant critica ácidamente a la sociedad de la época y dibuja un retrato de sus costumbres, mostrando con crudeza un mundo de mentiras en el que reina la hipocresía descripta a un nivel de arte; una veta que él descubrió y que hasta la fecha no se ha agotado.

Muestra también sin tapujos las intenciones ocultas, deshumanizadas con las que se buscaba cortejar a una mujer en ese tiempo y los puntos débiles del sexo femenino: el amor y el deseo. Debilidades que las conducían a una especie de locura pasional irrefrenable por el protagonista.

El entorno que hace de marco es el alto mundillo oculto y corrupto de la política, los oscuros círculos de altas finanzas y una parte cómplice del periodismo.

Todo realizado con un lenguaje culto y ágil y una forma de relatar exquisita.

“Cuando la dependienta le entregó el vuelto de sus cinco francos, George Duroy salió del restaurante. Presumido por naturaleza y por petulante reminiscencia de su época como suboficial, hinchó el pecho, se atusó el bigote con un gesto marcial que le era característico y arrojó sobre los comensales que llegaban con retraso una mirada rápida y circunspecta, una de esas miradas de gavilán que todo lo abarca y penetra. A su paso, las mujeres levantaron la cabeza…”

Así comienza la historia de Bel Ami, apodo de George Duroy, ex militar arruinado y sin dinero, suboficial veterano de las guerras coloniales de la Argelia francesa que regresa a París para intentar suerte en el periodismo y hacer fortuna con eso.

De origen familiar humilde e instrucción mediocre, vanidoso, intrigante, oportunista. El único mérito de Duroy es su apostura irresistible, que genera en las mujeres una singular atracción por él. Serán ellas quienes le den el apodo de Bel ami y quienes lo ayuden a escalar hasta una posición que por él mismo, jamás hubiese alcanzado.

Llegado a las puertas de esa sociedad corrupta donde la prensa está aliada con los políticos (involucrados en preparativos secretos para una invasión de África del Norte que los enriquecería todos), George tiene la suerte de ser introducido en ese ambiente por un viejo amigo que conociera en el ejército, Charles Forestier, ahora editor del poderoso periódico “La Vie Française”. Pero el ex militar, carente de verdadero talento periodístico, debe recurrir a Madeleine la bella e inteligente esposa de Charles, para que lo ayude a escribir su primer artículo.

Pero Madeleine también le enseña, que en ese mundo que se asemeja a un paraíso artificial; en esa ciudad de bulliciosa, cosmopolita y brillante de fines del XIX; la parte más importante en esas altas esferas de la población parisina, eran las mujeres.
Los hombres tienen el poder aparente pero son las mujeres las que deciden e influyen en los destinos. Es entonces cuando George, que interpretaba la psicología humana a la perfección, termina convenciéndose que el camino más corto hacia la meta que se había propuesto, es convertirse en la mercancía que demandan las esposas de los hombres más influyentes de la ciudad. Y eso significaba entrar y participar en un juego descarnado de amor y sexo sin límites; a cambio de obtener las herramientas necesarias para lograr el estatus que anhelaba.

Su falta de escrúpulos y crueldad innata, completan el arsenal de recursos con el que se irá abriendo paso para ascender, superando todos los obstáculos que se le interpongan.

Si el protagonista de esta novela clásica simbolizara un pecado capital, este sería el de la ambición. Sediento de dinero y de poder no duda en traicionar, difamar y acostarse con cualquier mujer, aún la de alguno de sus mejores amigos.

Bel Ami es, sobre todo, un amante. Domina con refinada habilidad el arte de cortejar y seducir a las damas con su encanto personal, adora a las mujeres como objeto de placer y las desprecia en otras facetas. Sin embargo, se servirá de ellas con audacia y sin miramientos para beneficio propio.

Comienza desde lo más bajo de la escalera con una prostituta, Rachel, pero pronto subirá el primer peldaño seduciendo a Clotilde, la amiga casada de Madeleine.

Muerto Charles, su relación con la viuda madame Forestier supondrá el comienzo de su ascenso en el mundo de la prensa; porque es ella quien tiene los contactos en el entorno de la política y las finanzas que la mantienen al tanto de la actualidad, pero también es ella quien da forma a los punzantes artículos capaces de hacer tambalear gobiernos y encumbrar ministros. Un resquemor corroe a Bel Ami al suponer que todos adivinan tras su pluma, el cerebro de la mujer.

Seduce luego a la señora Walter, rica dueña de “La Vie Française”, y mientras visita su casa, también su hija Suzanne cae desesperadamente enamorada de él.

Más adelante, con intrigas George se deshace de Madeleine y se acerca al punto culminante para sus aspiraciones: el día de su matrimonio con la hija del riquísimo empresario. Por fin se abre ante él la vida esplendorosa que soñó y aún más, porque ha llegado a ser admirado y temido.

En la fiesta de su matrimonio con Suzanne, George se aparta un momento y presiona la mano de Clotilde sugiriéndole una próxima visita íntima. El futuro se presiente y todo podría volver a repetirse.

La novela está escrita en un estilo sencillo que transmite con realismo lo más sórdido y bajo de la condición humana, con una maestría sicológica consumada e insuperable.

En el pasaje que relata el matrimonio de George y Suzanne en una iglesia de moda, el autor cuestiona severamente la decadente hipocresía imperante: un audaz y pícaro personaje, triunfador, adornado con la Orden de la Legión de Honor, se casa con la joven hija de una madre que ha seducido y un padre millonario que prácticamente es obligado a consentir el matrimonio. Y este matrimonio es bendecido por la Iglesia y aprobado por toda la alta sociedad presente.

Guy de Maupassant logra retratar con gran verismo no solamente a esa sociedad, sino también a un hombre que se envilece paulatinamente a medida que trepa en la escala social. Que utiliza el egoísmo y el orgullo mal entendido como filosofía personal y tiene la certeza de que se puede pisotear a quien convenga para triunfar a cualquier precio.

Los lectores que quisieran ver a George castigado por sus actitudes y comportamientos deshonestos, quedarán desilusionados, pero Maupassant era demasiado realista. El mundo es cruel, y eso es lo que quería mostrarnos. La riqueza y la gloria son a menudo para mucha gente que no tiene dignidad.

Una obra de lectura amena y recomendada. Excelente para reflexionar y asombrarse con la sangre fría y la letalidad del protagonista de quien sabemos todo lo que piensa y planea en cada momento, pero que a pesar de todas las actitudes crueles e innobles que lleva a cabo, no pierde la casi morbosa simpatía del lector.

Considerada por muchos críticos una obra cumbre. Muestra el mundo de engaños y autoengaños que consciente o no, pintó hace más de un siglo Maupassant vislumbrando una realidad que que todavía hoy, nadie podría tildar de anacrónica.

René Albert Guy de Maupassant nació el 5 de agosto de 1850 en el Château de Miromesnil, en Normandía, en el seno de una familia noble. A los 12 años, al divorciarse sus progenitores, quedó bajo la tutela de su madre. Cursó estudios en distinguidas instituciones educativas y durante su juventud formó parte de un grupo literario surgido teniendo como referente al novelista Gustave Flaubert, íntimo amigo de su familia y de quien recibió su formación literaria.
Participó en la guerra franco-prusiana y a su término, comenzó atrabajar como empleado administrativo en el ministerio de Marina.

Para huir de la monotonía y satisfacer una ávida e inagotable sexualidad, Maupassant, se relacionó con el submundo de las orillas del Sena, principalmente con sus mujeres. Asistió y participó activamente de rústicas orgías, organizó una sociedad secreta, la de los «Crépitiens», donde se sentía a gusto y en ella los excesos sexuales y sacrilegios constituían moneda corriente en esos días de bohemia.
Esta forma de vida desinhibida le proporcionará material para su escritura, todo lo que vive, lo que le cuentan, lo que observa, lo guardará en su prodigiosa memoria.
Se dedica a viajar, escribe mientras afronta enfermedades imaginarias y reales y se habitúa al uso del éter, opio y otras drogas. Su hipocondría aumenta y las señales de un desequilibrio mental que jamás afectó su memoria ni su obra, se repiten.

Un Guy de Maupassant atormentado, padeciendo una sífilis avanzada, intentó por tres veces suicidarse abriéndose la garganta con un cortaplumas. Era el 1 de enero de 1892, fue internado en la clínica del doctor Blanche en París. Nunca se recuperó y moriría al año siguiente, el 6 de julio de 1893.

Muchos comentarios refieren que en su entierro, los amigos y compañeros, para distraerse del tedio angustioso de la situación, contaban anécdotas fúnebres de irrespetuoso tono obsceno.

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Gabriela Mistral y Doris Dana

Historias que cambian historias – Gabriela Mistral y Doris Dana

“Tal vez fue una locura muy grande entrar en esta pasión. Cuando examino los primeros hechos, yo sé que la culpa fue enteramente mía”

Gabriela Mistral y Doris DanaEste es el texto que se lee en una misiva escrita por la poetisa chilena Gabriela Mistral y dirigida a Doris Dana, fechada el 20 de abril de 1949 en Veracruz (México), donde la escritora residía circunstancialmente. Pasó desapercibida o disimulada en aquellos años y quedó como un hecho anecdótico en la biografía de la excepcional autora trasandina, que incluso dio letra para la publicación de tarjetas, algún póster de contenido romántico y frases ampliamente difundidas a través de redes sociales e internet.

Pero la historia comenzó a cambiar cuando en el año 2009 se publicó en España, el libro “Niña errante: Cartas a Doris Dana”; que recopila la correspondencia mantenida entre ambas mujeres durante casi nueve años (desde 1948 a 1956). Las cartas cuentan una intensa historia que incluye fragmentos de amor y pasión encendida entre la ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1945 y una joven 31 años menor que ella, quien se convertiría pasado el tiempo, en su viuda literaria y albacea de los bienes materiales e intelectuales de Gabriela Mistral.

El volumen sólo incluye una veintena de cartas escritas por Doris Dana y más de doscientas de Mistral. Ambas coinciden describiendo una atracción a primera vista sentida por ellas y a lo largo del contacto epistolar que mantuvieron se inicia y va acentuando una relación apasionada, que terminó obsesionando a la poetisa autora del inolvidable poema “Besos” (Ver poema).

“Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas enseguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos”, (fragmento de una carta de Gabriela Mistral a Doris Dana, diciembre de 1948).

“Tú no me conoces todavía bien, mi amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz. Tenme paciencia, espera a ver y a oír lo que tú eres para mí”, (escribió Mistral a Dana el 22 de abril de 1949).

“Tengo para ti en mí, muchas cosas subterráneas que tú no ves aún”, anotó Gabriela Mistral en una libreta, en la que Dana añadió: “Quiero conocer esas cosas subterráneas y tú sabes bien que tengo confianza, muchísima confianza. Te he dado a ti la prueba de esa confianza”.

“Lo subterráneo es lo que no digo. Pero te lo doy cuando te miro y te toco sin mirarte”, continúa Mistral. “¿Y piensas tú que en mi mirada a ti y mi manera de tocarte no hay cosas que yo pueda decir o mostrar? He vivido siglos buscándote a ti”, responde Doris Dana.

“Estoy viviendo la obsesión, amor. Yo no sabía hasta dónde eso -lo vivido- ha cavado en mí, hasta dónde estoy quemada por ese punzón de fuego, que duele igual que la brasa ardiendo sobre la palma de la mano”, escribió la poetisa en otra misiva a Dana, y ésta contestó: “Mi amor. Todo lo bonito me habla de ti. ¡Siempre tú estás conmigo! Veo el cielo y pienso: este mismo cielo toca la cabeza de mi querida. Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte por mí”.

También fueron frecuentes los instantes de dolor, lágrimas y reproches y los períodos de silencio y distancia en el agitado devenir diario de esa relación clandestina. Y muchas veces fue difícil para aquella joven proveniente de una familia aristocrática estadounidense, acompañar a Mistral en sus viajes, como la escritora pretendía.

Gabriela Mistral tenía 59 años y vivía en Santa Bárbara, California, cuando conoció a Doris Dana, una joven escritora neoyorquina de 28 años muy hermosa, que tenía un parecido físico asombroso con la actriz Katharine Hepburn. Quedó fascinada y la amistad nacida espontáneamente en ese encuentro se convirtió en necesidad y en un amor incontenible, imposible de extinguir. Nunca dejaron de vivir juntas hasta el fallecimiento de la poetisa.

Doris Dana, había visto por primera vez a Gabriela Mistral mientras la poetisa dictaba una serie de conferencias en el Barnard College de mujeres de la Universidad de Columbia, invitada por la ex primera dama Eleanor Roosevelt. Y fue ella quien, tomando la iniciativa, la contactó por carta. La excusa que utilizó fue una traducción al alemán que había realizado de un texto de Mistral en homenaje al también Premio Nobel de Literatura Thomas Mann, escritor alemán nacionalizado estadounidense. El tono empleado en la nota para presentarse fue de admiración y muchísimo respeto, casi de veneración hacia la ilustre autora:

Mi querida Maestra:

Me he tomado la libertad de mandarle, a nombre de la New Directions Press, el ejemplar destinado para usted de “The Stature of Thomas Mann”.

De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos. En una época acribillada de comercialismo, un volumen como éste es digno de tal gracia y dignidad.

Pero en una época histórica, en la que los formalismos y las convenciones sociales imperantes y las ideas restrictivas y discriminatorias establecían las pautas de comportamiento, era imposible que una historia con esas características saliera a la luz. Como se ha repetido hasta el cansancio en cada biografía conocida, Doris Dana era descripta por todos los allegados y la gente en general, como asistente o secretaria personal. Nada más.

El mito de Gabriela Mistral

Gabriela Mistral, seudónimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, era para su tiempo una rara avis: mujer, de origen humilde y provinciana. Había sido la primera persona iberoamericana laureada con el Premio Nobel de Literatura y era considerada uno de los pilares fundamentales del patrimonio cultural de Chile.

No obstante, durante décadas, Mistral fue vista en su tierra natal como una mujer hosca de mirada impenetrable y considerada como “La maestra beata”, un encasillamiento que a ella no le agradaba. Otros la llamaban “la divina”, incluso “la santa”. Así, la historia la despojó de las pasiones propias de una mujer y envolvió en una especie de nebulosa todos los aspectos de su vida personal. Fue inmortalizada como una señora asexuada y triste, que escribía poemas y rondas de niños para todos los hijos que no pudo tener.

Errante incansable, se fue de Chile a recorrer el mundo a los treinta y tres años. A partir de 1933, y durante un período de dos décadas, desempeñó tareas consulares para su país en ciudades de Europa y América. La verdadera historia personal quedó sepultada.

Volvió al terruño en 1953, año en que fue recibida por sus compatriotas con todos los honores y reconocida por la Universidad de Chile con un Doctorado Honoris Causa.

Desgraciadamente, los mismos que quisieron mostrar una imagen divinizada de ella, le negaron el derecho a que su relación con la compañera, cómplice y confidente de tantos años fuera aceptada; aparentando esa relación a un rumor malintencionado.

Miraban para otro lado cuando se hablaba de las evidencias y se irritaban ante la mera mención de su homosexualidad. Gabriela en definitiva, decidió por sí misma cuidar su amor, protegerlo de los rumores y las condenas y vivir a su modo.

Las opiniones acerca de la supuesta homosexualidad de Mistral habían generado interminables y ácidas polémicas y las propias palabras de la escritora contribuyeron alimentando esa polémica: “De Chile, ni decir. Si hasta me han colgado ese tonto lesbianismo, y que me hiere de un cauterio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad? (…) No se desea volver a lugares del mundo donde se hace con los propios asuntos una novela policial. Yo no soy ningún dechado; tampoco una cosa extraordinaria. Yo soy una mujer como cualquier otra chilena”. (Escrito en su diario íntimo, publicado con el título “Bendita mi lengua sea”.

La evolución de las costumbres sociales y los cánones que rigen las relaciones humanas han variado significativamente y hoy la orientacion sexual que la singular escritora pudiera haber tenido es un dato absolutamente irrelevante.
Lo importante, lo trascendente es su incomparable y monumental obra literaria. Y que siempre será una poetisa de excelencia superlativa para las letras y la lírica universales.

Gabriela Mistral publicó en el año 1922 su primer libro “Desolación” (Ver nota), un poema de esa obra parece premonitorio:

Escóndeme

Escóndeme, que el mundo no me adivine.
Escóndeme como el tronco su resina, y
que yo te perfume en la sombra, como
la gota de goma, y que te suavice con
ella, y los demás no sepan de dónde viene
tu dulzura…

Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas
de su sitio; como las raíces abandonadas
sobre el suelo.

¿Por qué no soy pequeña, como la almendra
en el hueso cerrado?

¡Bébeme! Hazme una gota de tu sangre, y
subiré a tu mejilla, y estaré en ella como
la pinta vivísima en la hoja de la
vid. Vuélveme tu suspiro, y subiré
y bajaré de tu pecho, me enredaré
en tu corazón, saldré al aire para volver
a entrar. Y estaré en este juego
toda la vida…

Doris Dana falleció a fines de 2006 y rechazó en todo momento, incluso después de la muerte de la poetisa, que hubiese habido una relación sentimental entra ella y la célebre escritora. Lo negó, al punto de afirmar que Gabriela la quería a ella solamente como a una hija. De haber querido mantener el secreto eternamente, hubiera eliminado esa abundante correspondencia, ¿por qué no lo hizo entonces?. Ya nadie lo sabrá.

Pero el amor en palabras ardientes que estaba escrito en tantas cartas perfectamente resguardadas, era un testimonio abrumador de ese sentimiento que ambas mantuvieron oculto y escondieron a los ojos intolerantes de un mundo que condenaba, sin piedad ni compasión, a los osaban vivir a pleno la libertad de amar.

Gabriela opinaba que nunca debía hacerse pública una correspondencia intima. “Nací con la noción de que una carta es confidencia…yo, en quien se han vaciado muchas conciencias, no he publicado jamás una carta ajena. ” afirmaría irritada la escritora cuando una de sus cartas se dio a conocer estando en vida.

Muerta Doris Dana, su herencia recayó entonces en su sobrina Doris Atkinson, quien donó al Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile todo el valioso legado literario, 168 cajas con más de 40.000 documentos, poemas inéditos, manuscritos y cinco álbumes de fotos.

Analizando todo este material de íntimas confesiones, fueron despejándose paulatinamente las dudas, sobre aquel impenetrable terreno baldío que pareció ser la vida amorosa de la poetisa.

Víctima de una enfermedad terminal, Gabriela Mistral falleció el 10 de enero de 1957 a los 67 años, en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York. No murió sola, en todo momento estuvo asistida por Doris Dana.
Sus restos fueron trasladados a Chile el 19 de enero de 1957 y fueron velados en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde 400 niñas del Liceo Nº 6, del que Gabriela fue su primera directora, hicieron guardia de honor.

Permanecieron allí hasta el 21 de enero en que fueron sepultados definitivamente en Montegrande, tal cual era su deseo.

Alguna vez había mencionado otro íntimo anhelo: que un cerro de Montegrande fuera bautizado en su honor; lo consiguió póstumamente: el día 7 de abril de 1991, en el que hubiera sido su cumpleaños número 102, el cerro Fraile pasó a llamarse Gabriela Mistral.

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