La ironía como recurso literario

En el mundo de la literatura, cada escritor, cada persona, utiliza herramientas que adornan sus escritos y les permiten expresar ideas. Hoy nos detendremos en la ironía como una de esas grandes aristas

La ironía como recurso literarioLa ironía, ese recurso tan frecuentemente utilizado por los escritores al momento de redactar sus obras es, por definición, una figura retórica literaria, un modo de expresión donde las palabras elegidas se usan con intención para indicar un significado que no es precisamente el de la interpretación literal.

Es una forma elegante de expresar algo muy distinto, o incluso contradictorio con lo que se dice, se escribe o se quiere dar a entender, empleando un tono, gestos o palabras que sugieren la interpretación que debe hacerse.

Puede ser espontánea o intencionada, generada de manera accidental o de forma voluntaria por aquel que arma su mensaje.

El término proviene etimológicamente del griego “eirōneía” (disimulo, ignorancia fingida), que si bien no hace referencia directa a la ironía, sí se relaciona con la noción de hipocresía o decepción, elementos que toma la ironía y a partir de los cuales se construye.

En la lectura de innumerables obras selectas de la literatura universal, podemos encontrar profusos ejemplos de exquisita concepción que hacen uso de este eficiente recurso. En ese contexto, las observaciones de Mark Twain en sus escritos lo convirtieron en un maestro indiscutido, y para muchos insuperable, en el arte de la ironía: Veamos algunas de sus citas célebres:

“Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años.”

“Tenemos el mejor gobierno que el dinero puede comprar.”

“Hay muy buenas protecciones contra la tentación, pero la más segura es la cobardía.”

“Suelen hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado.”

“El arte de vivir consiste en conseguir que hasta los sepultureros lamenten tu muerte.”

“Todo lo que necesitas en esta vida es ignorancia y confianza en ti mismo, así tendrás el éxito asegurado.”

“La buena educación consiste en esconder lo bueno que pensamos de nosotros y lo malo que pensamos de los demás.”

“Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.”

“El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía.”

De otro autor de geniales frases irónicas, Oscar Wilde, podemos recordar:

“Discúlpeme, no le había reconocido: he cambiado mucho.”

“No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea.”

“Amarse a sí mismo, es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.”

“Como no fue genial no tuvo enemigos.”

“El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.”

“La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores.”

“No soy tan joven para saberlo todo.”

“La sociedad perdona a veces al criminal, pero no perdona nunca al soñador.”

“La única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna, es que el capricho es más duradero.”

“Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.”

De Charles Dickens leemos:

“Hay libros de los cuales la parte de atrás y las cubiertas son, de lejos, las mejores partes.”

“Hay hombres que parecen tener sólo una idea y es una lástima que sea equivocada.”

“Le gustaba la oscuridad por lo barata que salía.”

“La caridad comienza en mi casa y la justicia en la puerta siguiente.”

De Enrique Jardiel Poncela:

“Todos los que no tienen nada que decir hablan a gritos.”

De Ashleigh Brillian:

“A veces necesito lo que solamente tú me puedes dar: tu ausencia.”

De Bertolt Brecht:

“Todo hombre debe tener por lo menos dos vicios, uno solo es demasiado.”

Eruditos del lenguaje y filólogos clasifican la ironía en diferentes tipos:

Antífrasis: dar irónicamente un nombre a una persona o cosa, con una expresión que indique cualidades contrarias a las que se quieren describir. (“Qué actitud tan amable” decimos a veces a una persona que nos trata con descortesía).

Asteísmo: formular una alabanza fingiendo una aparente censura o desaprobación para alabar con más sutileza. (Decir a un viajero: “A usted le falta mundo”).

Carientismo: utilizar expresiones en apariencia serias y verdaderas para burlarse: (“Deslumbra tu elegancia y distinción”, dirigiéndonos a una persona notoriamente mal vestida.)

Clenasmo: atribuir a alguien las buenas cualidades que nos convienen y a nosotros, sus malas cualidades: (“Admiro su estilo de bailar y no creo tener condiciones para competir con usted“, expresión dirigida por un experto bailarín a un mediocre principiante, cuando en realidad es al revés.)

Diasirmo: figura retórica que pondera en el discurso una apreciación despectiva o ridícula para humillar la vanidad del otro, avergonzándolo (¿Qué otra cosa podríamos esperar de él si su ignorancia es enciclopédica?)

Mímesis: Imitación que hace una persona de los gestos, movimientos, manera de hablar o de actuar buscando ridiculizar a otra. (“es conveniente dar buen ejemplo a los niños porque actúan por mímesis”)

Sarcasmo: La ironía suele confundirse con el sarcasmo, aunque el sarcasmo es una forma más evidente y agresiva y por lo general se utiliza de modo insultante respecto de una persona o situación particular. (“¡Tienes un coeficiente intelectual envidiable. Eres un genio!”. Se le dice a alguien cuando verdaderamente se quiere dar a entender que es mediocre)

Finalmente, debemos mencionar la ironía dramática. Ésta es quizás la más compleja e inusual, ya que es la única que aparece principalmente en la literatura. Se trata de una forma de ironía donde aquel que lee o presencia una obra literaria, conoce datos sobre los personajes que ellos mismos desconocen; como sucede por ejemplo en el caso de Edipo: el lector está enterado que es él quien asesina a su propio padre, pero ninguno de los personajes (ni siquiera Edipo) lo sabe.

Cabe destacar que, desde tiempos remotos, la ironía ha servido para desvirtuar distintos escenarios de la historia, criticando y denunciando a través de la literatura los males que aquejaron sucesivamente a la sociedad toda en su camino evolutivo. Como ejemplo de ello podríamos mencionar El Lazarillo de Tormes, una obra anónima impregnada de voces irónicas que develan la situación en España en un determinado período histórico. También El Poema de Mío Cid, El Quijote y La Celestina son libros en cuyas páginas abundan los comentarios y frases que utilizan esta figura retórica de una forma u otra.

Musa irresistible para el escritor de todos los tiempos, permite decir lo que no se puede decir porque dice lo que no dice. Y este juego de palabras le otorga carácter paradójico y la transforma en una figura especialmente atractiva que reviste de prestigio a quien la utiliza.

Además, la ironía goza social, cultural y literariamente de excelente aceptación, porque pareciera adornar con brillo intelectual, sabiduría escéptica, delicadeza de espíritu y comprensión tolerante, todo aquello que se expresa o escribe; consecuentemente ha devenido en una premisa intelectual que la sacraliza al mismo tiempo que la hace discutible: “toda existencia inteligente debe ser irónica”. Los detractores, por supuesto, no concuerdan con esta controversial interpretación.

En conclusión, la ironía consiste en jugar con las palabras de tal manera que el significado implícito de la oración, difiera de la significación literal de las palabras utilizadas y, subrepticiamente disimulado, el significado real se manifieste no por las palabras mismas, sino por la situación y el contexto en el que se encuentren.

“La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe”
Jacinto Benavente

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El mundo liberado de H.G. Wells ¿imaginación o presagio?

El mundo liberado de H.G. Wells, una novela de un futuro no tan lejano como parece

El mundo liberado de H.G. WellsEl emblemático escritor británico H.G. Wells, forma parte de una exclusiva élite de escritores visionarios que anticiparon eventos trascendentales en la historia de la humanidad y es considerado, sin objeciones, un precursor y referente indiscutido del género literario de la ciencia ficción. Reconocimiento compartido con otro genio de las letras, Julio Verne.

De su prolífica y casi inagotable imaginación surgieron fantásticas creaciones: La máquina del tiempo en el año 1895, un relato de aventuras matizadas inteligentemente con conceptos de doctrina política y social; La isla del doctor Moreau (1896) y El hombre invisible (1897), marcando los límites éticos de la ciencia y la obligación del científico de actuar respetando esas limitaciones más allá del poder que le otorgan sus descubrimientos; La guerra de los mundos (1898) que quedará para siempre en el recuerdo colectivo por la mítica dramatización que hicieron magistralmente años más tarde, el 30 de octubre de 1938 (Ver la transmisión de Orson Welles), Orson Welles y el Teatro Mercury, bajo el sello de la CBS, adaptándola a un guión radial. La historia es conocida, los marcianos hacían pie en la Tierra y la radio transmitía en directo la invasión: “Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado…” afirmaba el periodista Carl Philips con incredulidad y la voz entrecortada por la incertidumbre de lo desconocido.

Los hechos se relataron en forma de noticiario, narrando la caída de meteoritos que disimulaban los contenedores de naves marcianas provistas de armas mortales y desconocidas, que empleaban una especie de rayo de calor y gases venenosos.

En la introducción del programa se había explicado que se trataba de una dramatización de la obra de H. G. Wells; en el minuto 40:30 aproximadamente aparecía el segundo mensaje aclaratorio de la simulación, seguido de la narración en tercera persona de Orson Welles, quince minutos después de la alarma general del país.

Los oyentes creyeron verdadera la noticia y asumieron que realmente la nación estaba siendo invadida por seres extraterrestres; como consecuencia se produjeron escenas de pánico, suicidios, abortos e infartos en la ciudad de Nueva York y su área de influencia.

Pero hay otra novela que si bien al momento de su edición no causó el mismo impacto, el transcurrir del tiempo la ubicaría en una aterradora dimensión. El título de publicación en 1914 fue “The World Set Free” – El Mundo Liberado. Por esos días Europa comenzaba a vivir la pesadilla infernal de la Primera Guerra Mundial y Wells en las páginas de ese libro, se anticipaba tres décadas al trágico y apocalíptico ataque nuclear a Hiroshima acaecido en la Segunda Conflagración.

En la trama, la creativa mente del autor imagina un arma que genera una “explosión continua” contrastante con la explosión “instantánea” de la dinamita; describía precisamente la fabricación de una granada de mano de uranio que una vez activada, seguiría explotando indefinidamente con un poder destructivo aterrador, algo muy similar a lo que, en la actualidad, llamaríamos una reacción nuclear en cadena. Incluso pensó y acertó que sería arrojada desde aviones.

También predijo los efectos generalizados y devastadores de la lluvia radiactiva y la idea de fabricar una arma nuclear portátil.

Hacia el final de la historia, Wells escribió que habría entre las superpotencias del mundo una proliferación masiva de este tipo de arma, concibiendo además las dos palabras para definirla “Bomba atómica”.

La coincidencia o casualidad de esos aciertos resultan hoy hechos anecdóticos, no obstante, es válido destacar que Wells no escribía apoyándose solamente en su imaginación, sino que leía toda la información científica que encontraba y se actualizaba permanentemente. Estudiaba e investigaba, discutía probabilidades y analizaba en profundidad cada uno de los detalles, que le servirían después como textos y argumentos para sus novelas.

Al comenzar la década de 1930, científicos especializados habían logrado dividir el átomo por primera vez utilizando medios artificiales, y aunque algunos dudaban que se pudiera producir con ello enormes cantidades de energía, otros lo consideraban posible. Uno de estos últimos, el físico de origen húngaro Leo Szilard, que había leído el libro de Wells, dijo que de esa lectura aprendió muchísimo acerca de lo que significaría la liberación de la energía atómica a gran escala y las consecuencias que podrían derivar de una explosión nuclear. Un día de 1933, con esa idea en mente, mientras Szilard observaba el cambio de luces de un semáforo londinense, se le ocurrió la respuesta que buscaba para encontrar la forma en que podría lograrse una reacción en cadena:

“De repente pensé que si encontraba un elemento que se dividiera por neutrones y que emitiera dos neutrones cuando absorbiera uno, tal elemento, si se ensamblase en una masa suficientemente grande, podría sostener una reacción nuclear en cadena”. Comentó en su memorias el científico, agregando luego: “también sentí un gran temor al pensar que una ciudad como Londres o cualquier otra, pudiera ser destruida y sus habitantes aniquilados en un instante, como se presagiaba en “El mundo liberado” y traté de evitar que esta patente de invención se hiciera pública”.

Siguiendo la misma temática, H.G. Wells redactó y publicó después de finalizada la Primera Guerra Mundial, la historia de la humanidad en tres partes, con el título de “Outline of History” (El esquema de la historia – 1920), y en 1933 la novela “La forma de las cosas que vendrán” que luego fuera adaptada al cine. En este libro pronosticó con precisión los bombardeos aéreos y la atroz devastación que originaría poco tiempo después la Segunda Guerra Mundial.

El estilo literario de Wells fue criticado por no estar a la altura de los temas que abordaba, cuando precisamente el tratamiento de estos temas fue lo que le dio una inmensa fama universal como escritor. El autor simplemente respondía: “Yo hago honradamente lo que puedo por evitar repeticiones en mi prosa y cosas así pero, quitando un pasaje de altura, no veo el interés de escribir por la belleza del lenguaje sin más”

Toda su obra estuvo influida por profundas convicciones políticas, defendiendo en sus escritos y en las conferencias que dictaba la posibilidad de alcanzar una sociedad utópica y criticando ácidamente la hipocresía de las costumbres de la época victoriana, las prácticas imperialistas británicas y también a políticos y mandatarios, sobre todo en relación a los conflictos y confrontaciones bélicas.

En su novela Ana Verónica (1909) se adelantó a lo que serían los movimientos de liberación de la mujer, en la lucha por la conquista de sus derechos.

Ideológicamente era un izquierdista que siempre se interesó por la realidad sociológica del momento, estaba convencido que la ciencia y la educación serían los baluartes de la sociedad del futuro, en la que la especie humana daría un salto cualitativo.

Sin embargo, no cayó en la ingenuidad de muchos de sus contemporáneos y fue uno de los primeros pensadores que advirtió del peligro de confiar ciegamente en los artefactos mecánicos. Siempre sostuvo que era el hombre nunca debería dejarse dominar por las máquinas.

Fue también, sin que ello signifique contradicción alguna con sus fuertes convicciones pacifistas, pionero en el desarrollo de reglamentos para juegos de guerra, con sus obras Floor Games (1911) y Little Wars (1913) y sería incluido a título póstumo en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción de Seattle (EE.UU.) en 1997 por sus aportes a este campo.

Anteriormente, en 1970 y por sus escritos relacionados con avances científicos, se había decidido denominar en su honor “H. G. Wells” a un astroblema ubicado en el lado oscuro de la Luna.

El 13 de agosto de 1946 Herbert George Wells murió en la ciudad de Londres; una semana antes se había cumplido el primer aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki que habían convertido en realidad la premonición narrada en su historia ficticia escrita en 1914. Después de 31 años la bomba atómica descripta en el papel había sido fabricada y su efectividad era demostrable. Y desde esa realidad también se transformó en auténtica y verosímil la posibilidad de destruir el mundo; posibilidad que, a partir de esos aciagos días de agosto de 1945, comenzó a estar peligrosamente al alcance de la mano del hombre.

Para conocer más

Astroblema: accidente geográfico (cráter o depresión) producido por el impacto de un meteorito de antigua data, en la superficie de un cuerpo planetario.

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Semblanza de Juana de Ibarbourou

Poesía de sentimientos – Semblanza de Juana de Ibarbourou

“Amando, se poseen todas las primaveras”

Semblanza de Juana de IbarbourouLas palabras que componen cada verso escrito por Juana de Ibarbourou, están impregnadas de una exquisita sensibilidad que confiere a sus poemas no sólo espontaneidad y cálida sencillez, sino también una pasión sincera y un erotismo sensual tan sutil como arrebatador. Juana de Ibarbourou buscaba los temas de su predilección en la exaltación sentimental de la entrega amorosa y de la belleza física, en la sublimación de la maternidad, en la fugacidad de la vida y las huellas implacables que deja el azaroso transcurso del tiempo, en los sinsabores del olvido y en el realce permanente de la naturaleza con todo detalle.

Este estilo singular le dio a su obra los méritos que la llevaron como autora, a convertirse en una de las voces más personales y significativas de la lírica hispanoamericana de principios del siglo XX; un reconocimiento que llegó a su punto culminante la tarde del sábado 10 de agosto de 1929, cuando en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Uruguay, en un solemne acto para el que estaban convocadas las figuras más destacadas de la intelectualidad americana; el escritor Juan Zorrilla de San Martín, máximo representante de la poesía romántica del país rioplatense, le entregó personalmente a Juana de Ibarbourou vestida de encaje blanco, un anillo que, en forma simbólica, representaba el casamiento de la poetisa con América.

Juana, que integraba por entonces junto a Alfonsina Storni de Argentina y Gabriela Mistral de Chile (colegas y subrepticias rivales literarias), una tríada femenina de notables escritoras sudamericanas; empezó con esta distinción a ser reconocida como “Juana de América” cuando aún no había cumplido los 40 años. Era la primera vez que se otorgaba este título y nunca se volvió a conceder.

Muchos años más tarde, en mayo de 1974, en una entrevista realizada por Antonio Mercader para la desaparecida revista “Siete Días ilustrados” de Buenos Aires; Juana de Ibarbourou, respondió a la pregunta “—¿Cuál fue la alegría más grande de su vida?”, relatando esta simpática anécdota:

“—El día que recibí el título de Juana de América. Estaban Juan Zorrilla de San Martín, Alfonso Reyes y otros grandes de la literatura. ¡Había tanta gente en el Palacio Legislativo! ¿Conoce el episodio de los cuatro soldados? Me los pusieron alrededor mío formando una guardia de honor. Tenía un ramo de violetas en la mano y cuando el acto terminó, los soldados de la guardia me pidieron que les diera algunas flores de recuerdo. Años después, un muchacho golpeó en la puerta de mi casa. Era uno de aquellos soldados. Traía las violetas en una caja, como un tesoro; se iba a casar y quería regalárselas a su novia. Para su regalo de bodas necesitaba una tarjetita de mi puño y letra, que acreditara que aquéllas eran mis violetas. Se la di. Qué recuerdo tan tierno me dejó ese episodio.”

Juana Fernández Morales, nombre con el que fue bautizada, nació el 8 de marzo de 1892 en la entonces pulcra Villa de Melo, en el departamento de Cerro Largo (Uruguay). Su madre Valentina Morales, era descendiente de una antigua familia de origen español afincada en la zona y su padre Vicente Fernández, un inmigrante gallego oriundo de Lugo (España) que, aunque apenas sabía leer, recitando los versos de los poetas de su tierra inculcó en la pequeña hija el amor por la poesía.

Vivió en su ciudad natal hasta los 18 años y fue allí donde comenzó a escribir, en 1908 publicó su primer poema en el periódico local “El deber cívico”, que firmó con el seudónimo Fid. Muy joven, a los veinte años, se casó con un militar de bajo rango, el capitán de Ejército Lucas de Ibarbourou y fruto de este matrimonio tuvo a Julio César, su único hijo. Desavenencias y desencuentros frustraron muchas de las expectativas románticas de Juana; no obstante, eligió el apellido de su marido como seudónimo para firmar sus trabajos y nunca lo abandonó.

Cuando se mudó a Montevideo, la adaptación al acelerado ritmo de vida de la capital uruguaya le fue muy difícil y todo a su alrededor comenzó a transformarse vertiginosamente. Las publicaciones de sus tres primeras obras alcanzaron un éxito de público y crítica inmediato, logrando gran repercusión internacional al ser traducidas a varias lenguas.

Vendría luego la amistad y el reconocimiento de célebres escritores españoles como Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, del chileno Pablo Neruda y del mexicano Alfonso Reyes.

Pero también llegaría, como contrapartida, el padecimiento ante severos cuestionamientos de sus contemporáneos, los intelectuales uruguayos de la llamada Generación del 45 vinculados a la izquierda política (Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti entre otros) que, tal vez de manera apresurada, la ignoraron bajo la imputación de ser una poetisa que se dejaba manipular por los gobiernos de turno. Así, los detractores opinaban que su capacidad intelectual estaba sobrevalorada, juzgándola a veces con impiedad y hasta cierta injusticia; considerando algunos prematura la nominación de “Juana de América” para quien, creían, no había alcanzado todavía con sus letras la plenitud ni madurez necesarias para merecer una distinción de esa magnitud. Sus acérrimos defensores, por el contrario, apreciaban en ella la excelencia convencidos de su indudable valía literaria.

En definitiva, Juana de Ibarbourou fue en su vida una mujer bastante incomprendida, tildada de madre distante y poco amorosa en una época en que la sociedad se regía por pautas muy rígidas en cuanto a los roles femeninos; un reproche bastante común en esos tiempos hacia muchas mujeres creativas. Tampoco los tiempos políticos que rodearon su existencia fueron los mejores y eso tiñó su obra de subjetividades inmerecidas

Pero no fue sólo el trabajo literario la causa de su popularidad. Juana poseía una belleza cautivadora y en esa época muchos pensaban que los días de la poetisa se parecían a una novela rosa. Con su hermosura, la posición social de su esposo, su fama como escritora y una familia constituida, nada le impediría alcanzar la felicidad plena. La realidad era distinta y estaba muy lejos del ideal.

Su marido gastaba dinero en lujos y ostentación que para Juana carecían de sentido. Su conflictivo hijo terminó convirtiéndose en un personaje violento, siniestro y jugador compulsivo que la arrastró a la ruina económica a tal extremo que tuvo que vender miles de volúmenes de su biblioteca personal para pagarle las deudas. Se supo después, que esposo e hijo la maltrataban y ejercían violencia doméstica sobre ella habiendo convertido su vida en un calvario. La poetisa se deprimió y al caer sumida en la tristeza, empezó a inyectarse pequeñas dosis de morfina, una droga que en esa época se compraba sin ningún tipo de restricción.

Albert Camus expresó en una de sus famosas citas “He comprendido que hay dos verdades, una de las cuales jamás debe ser dicha.”, una reflexión, que bien puede aplicarse a esta historia de vida de Juana de Ibarbourou en la que hubieron muchas situaciones que nunca trascendieron ni fueron conocidas al momento de ocurrir, pero que salieron a la luz mucho tiempo después, cuando tomó estado público una carta manuscrita que databa de 1952 en la que ella reconocía ser adicta a la morfina, además de la existencia de un amor prohibido en el que era correspondida, pero que no tenía futuro.

La relación había comenzado a fines de la década de 1940, algunos años después de la muerte de su esposo. Juana, con 59 años casi en el crepúsculo de su vida, conoció al exitoso médico argentino, residente en Uruguay como exiliado político, Eduardo de Robertis, 20 años menos que ella casado y con dos hijos.

De Robertis logró rescatar por un tiempo a la gran poetisa de la droga y floreció entre ellos un romance muy intenso que duró casi cinco años. Abundan los testimonios que dan veracidad a esa historia de amor en varios de los libros de poemas editados a partir de 1950: en la poesía “Fusión”, Juana escribió: “Amor secreto, gracia esclarecida, palor de luna en la apretada sombra; dulce se hace el labio que te nombra y albea de nuevo la agrisada vida”. Y en los poemarios Perdida, Azor, Romances del destino y La pasajera, devela atisbos de ese amor oculto en encendidos versos.

Más allá de la polémica entre críticos y defensores donde todos opinan libremente de acuerdo a sus convicciones y puntos de vista, causa admiración y conmueve al espíritu, percibir la forma en que algunas personas logran crear belleza extrayéndola de los horrores de un drama. Los poemas de Juana de Ibarbourou que han perdurado a través de los años y aún continúan vigentes, son ejemplos elocuentes de ello:

¿Sueño?

¡Beso que ha mordido mi carne y mi boca
con su mordedura que hasta el alma toca!
¡Beso que me sorbe lentamente vida
como una incurable y ardorosa herida!

¡Fuego que me quema sin mostrar la llama
y que a todas horas por más fuego clama!
¿Fue una boca bruja o un labio hechizado
el que con su beso mi alma ha llagado?

¿Fue un sueño o vigilia que hasta mí llegó
el que entre sus labios mi alma estrujó?
Calzaré sandalias de bronce e iré

a donde esté el mago que cura me dé.
¡Secadme esta llaga, vendadme esta herida
que por ella en fuga se me va la vida!

La hora

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora , que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.

Después…¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

Como la primavera

Como un ala negra tendí mis cabellos
sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste
diciéndome luego:

-¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?
¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
porque acaso en ellas exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?

¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:
-¡Ninguno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera.

Este olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!

Lo que soy para ti

Cierva,
que come en tus manos la olorosa hierba.

Can
que sigue tus pasos doquiera que van.

Estrella
para ti doblada de sol y centella.

Fuente
que a tus pies ondula como una serpiente.

Flor
que para ti solo da mieles y olor.

Todo eso yo soy para ti,
mi alma en todas sus formas te di.
Cierva y can, astro y flor,
agua viva que glisa a tus pies,

Mi alma es para ti,
Amor.

Despecho – Ver poema

La higuera – Ver poema

El énfasis y la exaltación de la vida, el erotismo y la belleza, que marcaron la primera etapa de sus trabajos, fueron disminuyendo con el paso del tiempo tornándose su verso más sereno, reflexivo y melancólico.

De su obra en poesía destacaron: Las lenguas de diamante, Raíz salvaje, La rosa de los vientos, Perdida, Azor, Mensaje del escriba, Elegía y Romances del destino.

Y en prosa cabe mencionar las siguientes: Cántaro fresco, Ejemplario, Estampas de la Biblia, Chico Carlo, Los sueños de Natacha, Canto rodado y La pasajera (poema y prosa).

En 1947 fue elegida miembro de la Academia Nacional de Letras de Uruguay y en 1950 designada para presidir la Sociedad Uruguaya de Escritores. En algunos países sudamericanos, varias generaciones de alumnos adolescentes, aprendieron de sus versos el significado de la palabra poema.

Era una escritora consagrada, conservaba el mismo porte característico que la había diferenciado y la invitaban frecuentemente a participar de eventos literarios en distintas partes del mundo, no obstante en 1976, tres años antes de su muerte, calladamente decidió recluirse para cumplir con un destino final “contemplar el mundo a través de los vidrios de su ventana”, como a veces ella misma solía decir.

La noticia de su fallecimiento se conoció en Montevideo el 15 de julio de 1979, pero se cree que la fecha del deceso fue entre los días 12 y 14 de ese mismo mes. Esta incertidumbre en la fecha se debió a que su hijo le había cortado todo contacto y vínculo con el exterior, especulando interesadamente antes de dar esa información.

Fue la primera mujer en su país velada y enterrada con honores de Ministro de Estado, hoy, sus restos descansan eternamente en el panteón familiar del Cementerio del Buceo en Montevideo. Las investigaciones y estudios acerca de su vida realizados últimamente, la han devuelto al sitial que, como referente cultural, siempre mereció por su obra.

Para conocer más:

En distintas versiones de la biografía de Juana de Ibarbourou, se registra el año 1892 como fecha de nacimiento, aunque ella mencionaba a menudo haber nacido en 1895.

Dejó las vivencias de su niñez reflejadas de manera brillante e imaginativa en su libro “Chico Carlo”.

La Casa en dónde nació y vivió en Melo, se encuentra restaurada y es, en la actualidad, un museo. Allí están todos los muebles originales que se pudieron rescatar pertenecientes a la poetisa, su piano y el jardín que fue reconstruido del mismo modo que ella lo retrata en sus historias.

La distinción “Juana de América” fue creada para ella, concretando una iniciativa de intelectuales de la época, que provenían de varios países de América.

En las bibliotecas de las universidades estadounidenses de Stanford y Harvard, se encuentran muchas de sus obras y extensos archivos con una completa documentación bibliográfica.

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Literatura, escritores célebres y filatelia

Reseña sobre Literatura, escritores célebres y filatelia – El universo de la escritura llevado a la colección

Literatura, escritores célebres y filateliaEn el mes de mayo de 1840, por primera vez en la historia, comenzaron a utilizarse en Inglaterra estampillas o sellos postales para pagar el servicio de distribución de correspondencia. A partir de ese momento, toda persona que pretendiera enviar una carta debía adherir previamente en el sobre que la contenía, una estampilla con un valor determinado y no como se hacía antes de su implementación, cuando el servicio se pagaba en destino originando innumerables inconvenientes, tales como que el destinatario se negara a abonar el servicio o no dispusiera de dinero para hacerlo y también que, de manera fraudulenta, alguno de los involucrados en el servicio se quedase con el dinero recaudado.

Sir Rowland Hill fue el creador de este sistema postal prepago.

Previamente, en septiembre de 1839, el Ministerio del Tesoro de Gran Bretaña había convocado a un concurso de propuestas con el objetivo de seleccionar un sello postal adhesivo. Se presentaron 2.700 proyectos resultando vencedor el de Rowland Hill. Los sellos se emitieron el 6 de mayo de 1840, y el “Penique Negro” se convirtió en el primer sello postal adhesivo que circuló en el mundo. El total de la emisión fue de 68.158.080 ejemplares.

Los primeros sellos, que venían en pliegos, se cortaban con tijeras y por esa razón tenían los bordes rectos. Más adelante (1854) se añadió una serie de líneas con perforaciones, que permitían separarlos con facilidad, limpiamente y sin emplear herramientas auxiliares; apareció así el dentado característico.

La nueva modalidad de cobro fue aceptada por los usuarios sin mayores objeciones, y su uso, se extendió rápidamente a todos los países que fueron sucesivamente adoptando el sistema.

Paulatinamente, se fue imponiendo también la costumbre de ilustrar las viñetas de los sellos postales con figuras de monumentos, de personajes ilustres, escritores célebres, libros y obras teatrales de predicamento universal, de pinturas, banderas y escudos, de flora, fauna, historia postal, etc.; como una forma de dejar representada para la posteridad una parte muy importante de la historia, la cultura y la idiosincrasia nacional o regional, del país responsable de emitir el sello postal.

Con el tiempo, el uso generalizado de la estampilla en todo el mundo trajo como consecuencia la difusión de una moda: coleccionar los sellos postales que estaban circulando, fue el inicio de la costumbre de acumular esos pequeños papelitos dentados que, a criterio de sus adeptos, servían para estimular el ansia de conocimiento y propiciaban en cierto modo la difusión cultural. Nació así la filatelia.

La etimología de la palabra indica que su constitución proviene de unir dos vocablos griegos: “philos”, que significa amante, amigo, afición, y “atelia”, derivado a su vez de ateles, que significa tributo, pagado previamente o pagado de antemano. El término filatelia se debe al coleccionista francés Georges Herpin, quien lo propuso en un artículo escrito para el periódico Le collectionneur de Timbres Poste, de París, que salió publicado el 15 de noviembre de 1864.

El arte de la filatelia no implica solamente el estudio, conocimiento y clasificación de los sellos reunidos en una colección, sino también incorporar a esa recopilación, sobres dedicados y artísticos, sobres de primer día de emisión, timbrados especiales por el primer día de emisión y circulación, documentación y todo objeto concerniente a las estampillas, que posibilite estudiar en profundidad la evolución de la historia postal.

La literatura como temática en la filatelia

Se conocen varias maneras de coleccionar estampillas pero las principales y más sencillas son dos: por países y por temas. Y dentro de la rama de la filatelia temática, una de las que despierta mayor interés y preferencia, es el coleccionismo de material referido al ámbito literario: escritores y poetas célebres, autores galardonados con el Premio Nobel de Literatura, Día del Idioma, Día de la Poesía, Ferias Internacionales del Libro y todo tipo de acontecimiento universal, relacionado al fascinante universo de las letras.

Para corroborar lo manifestado, sirven algunos ejemplos demostrativos:

España ha emitido decenas de sellos postales alusivos el escritor más universal de su lengua, Miguel de Cervantes Saavedra. Los primeros datan de 1905, cuando, con motivo del III centenario de la publicación del Quijote, se emitió una serie, que incluía escenas inolvidables como el ataque a los molinos, la escena de los aldeanos, el ataque al rebaño de ovejas, o cuando Don Quijote es armado caballero. Estas series filatélicas referidas al hidalgo manchego, se convirtieron con el tiempo en una de las más embleFilateliamáticas de la historia hispánica.

Fragmentos de los textos de Hamlet, Romeo y Julieta, la Tempestad o Macbeth, se ven impresos en timbres de franqueo que la Royal Mail de Gran Bretaña ha emitido, para recordar a uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos, William Shakespeare.

El coleccionismo temático relacionado a los geniales escritores rusos Antón Chéjov, León Tolstói y Fiódor Dostoyevski, está difundido en diversos países, incluyendo además de estampillas conmemorativas, documentación y trabajos literarios de los lugares donde vivieron o trabajaron,

Los sellos que muestran en sus viñetas frases inspiradas en creaciones literarias o imágenes de Mark Twain, Edgar Allan Poe, Emily Brontë, Virginia Woolf, Agatha Christie, Federico García Lorca, Julio Verne, Víctor Hugo, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Fernando Pessoa, Amado Nervo, Marcel Proust, Ernest Hemingway, Dante Alighieri y tantos otros, son equiparables a piedras preciosas para legiones de coleccionistas dispersos por el mundo.

También autores de la envergadura intelectual de Rubén Darío en Nicaragua, Octavio Paz y Rosario Castellanos en México, José Martí en Cuba, Julio Cortázar y Leopoldo Lugones en Argentina, Juana de Ibarbourou en Uruguay, Gabriel García Márquez en Colombia, Rosalía de Castro, Miguel Hernández y Rafael Alberti en España, Anatole France y Albert Camus en Francia, Rabindranath Tagore en la India, Emily Dickinson, Walt Whitman y Robert Frost en Estados Unidos, Jane Austen, Rudyard Kipling y Charles Dickens en Gran Bretaña britanica y Selma Lagerlöf en Suecia, conforman una muy extensa e interminable lista (incompleta por comprensibles razones de espacio) de personalidades que en vida o post mortem, fueron homenajeadas con emisiones de sellos postales destinadas a conmemorar su obra.

Todo este material filatélico es muy apreciado por los coleccionistas, seguidores incondicionales, que ven de esta manera engalanadas y valorizadas sus colecciones, por el prestigio de estos excelsos representantes del quehacer literario.

El coleccionismo filatélico, que tuvo su época de esplendor en el transcurso del siglo XX, es uno de los pocos hobbies que ha perdurado en el tiempo. En la actualidad, el impacto que representó el surgimiento del correo electrónico como alternativa más efectiva y económica sobre la circulación epistolar y la invención y puesta en funcionamiento de las franqueadoras automáticas, parecieron conducir a la filatelia hacia un destino de extinción. Pero, paradójicamente, mientras las estampillas van perdiendo irremediablemente su lugar histórico pegadas a un sobre, el número de sellos que se emiten continúa siendo abrumador. Y son tantos las que circulan, que los catálogos mundiales se publican en partes.

Las mismas tecnologías de la comunicación que le han quitado espacio a la filatelia clásica y en cierta forma amenazan la actividad, están permitiendo realizarla en forma más exhaustiva, globalizada y a un costo muy reducido comparándolo con el intercambio tradicional de correspondencia. Hoy existen cientos de foros en internet, donde rápidamente se puede establecer contacto simultáneo con miles de coleccionistas y obtener la información buscada acerca de sellos raros, catálogos, novedades, exposiciones y congresos. Encontrar un sello faltante en nuestra colección, comunicarse y negociar el intercambio o la compraventa, es una tarea que solamente demanda algunas horas. Algo impensado hasta hace dos décadas atrás. Esta es la marca distintiva de la filatelia del siglo XXI.

Sin desconocer que el uso del sello postal fue, y aún continúa siéndolo, una importantísima fuente de recaudación de ingresos fiscales, y que para eso fue diseñado e implementado; no se puede negar que este tipo de coleccionismo ha derivado en una industria filatélica con un trasfondo comercial y económico que supone importantes beneficios y ganancias extras para las administraciones postales de cada país. En ese contexto, estas administraciones interpretando correctamente las circunstancias, terminaron aceptando que la filatelia es un pasatiempo elegante, pero también una forma de preservar un registro de la historia y una manifestación de cultura. Consecuentemente, focalizan con especial énfasis sus emisiones dirigiéndolas a satisfacer las ansiedades de cientos de miles de ávidos coleccionistas que, en el mundo, todavía hacen de su pasión filatélica un culto.

Que circulan muchísimas menos estampillas pegadas en sobres, es una realidad irrefutable; pero, por algo, casi ningún país ha dejado de emitirlas.

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El último verso de Antonio Machado

Palabras, pensamientos, sentimientos y el último verso de Antonio Machado

“Estos días azules y este sol de la infancia”

El último verso de Antonio MachadoLos días fríos y ventosos de aquel enero, transcurrían llevando mucho dolor y pena a la España convulsionada del año 1939. No era un invierno más. El gobierno de la Segunda República acababa de ser derrotado y el horror infame de la guerra civil, habiendo cobrado ya innumerables víctimas, comenzaba a arrastrar a miles de republicanos vencidos en la contienda, hacia un abismo infernal en la búsqueda desesperada de alguna vía de escape, que les evitara mayor sufrimiento o incluso la muerte.

Atrás quedaban las anónimas fosas comunes, los antiguos compañeros que compartieron lucha e ideales y millones de compatriotas desesperanzados y sumidos en la miseria. Hacia adelante se avizoraban, inexorablemente, un camino difícil y un viaje lastimoso que llevaba al destierro. El exilio y el desarraigo eran entonces, el destino obligado de quienes habían perdido todo en la vida.

Antonio Machado, aquel hombre, aquel genial poeta que abordó tantas veces en sus letras el concepto y la definición de una España muy distinta a la que la realidad mostraba; integraba en compañía de su madre anciana y de su hermano José, esa inmensa caravana fugitiva que, habiendo partido de Barcelona ante la inminente ocupación de la ciudad, buscaba pasar a tierra francesa bajo el hostigamiento permanente de la aviación alemana al servicio de Francisco Franco.

Por fortuna para él y los familiares que lo acompañaban, a fines de enero de ese caótico 1939, superando incontables adversidades, perdiendo los equipajes en el trayecto, durmiendo en un vagón de tren estacionado en una vía muerta; lograron finalmente llegar al pequeño pueblo costero de Collioure, al sur de Francia. El grupo encontró albergue el día 28 de enero en el Hotel Bougnol-Quintana, propiedad de gente amiga, quedando allí a la espera de una ayuda que nunca llegaría.

Hospedado en la habitación del hotel que sería su última morada, el eximio poeta a sus 63 años, se sentía cansado, debilitada su salud por afecciones pulmonares derivadas de su excesiva adicción al tabaco y acosado por los recuerdos y las noticias que recibía acerca de la crítica situación en su terruño. Tenía ante sí un panorama desolador que ensombrecía sus ojos y deterioraba día a día su espíritu, sentía que su alma fatigada no podría sobrevivir a la pérdida de la España de sus afectos invalorables, ni sobreponerse a la angustia del destierro. Presentía claramente que se aproximaba el final de su vida, y pensaba “Cuando ya no hay porvenir, por estar cerrado el horizonte a toda esperanza, es ya la muerte lo que llega”.

Todavía no había transcurrido un mes de estadía en tierra francesa, cuando un día Antonio Machado abstraído, inmerso en una profunda tristeza, salió a caminar y se detuvo un largo rato observando el mar con resignada melancolía. Regresó al hotel pensativo y al día siguiente, a las tres y media de la tarde de un 22 de febrero de 1939, miércoles de ceniza; su corazón cansado exhaló un último suspiro y le sobrevino la muerte tan inevitable como piadosa. Todos los habitantes del pueblo se sintieron conmovidos y la mayoría participó respetuosamente del entierro. Seis milicianos, envolviendo el féretro con la bandera de la República española, lo llevaron en hombros hasta el cementerio.

Revisando sus pertenencias, su hermano José encontró en un bolsillo del viejo y desgastado abrigo del poeta, un papel arrugado y maltrecho con tres anotaciones escritas a lápiz: La primera reproducía en inglés las palabras con las que comienza la primera frase del soliloquio del personaje principal de Hamlet, “To be, or not to be, that is the question” (“Ser o no ser, ésa es la cuestión”), la segunda anotación modificaba una de las cuartetas a Guiomar, su gran y secreto amor.

Y por último, resumiendo una vívida nostalgia en medio de tanta desazón e incertidumbre, el último verso que escribiera en su vida, expresando en un solo renglón pocas y conmovedoras palabras: “Estos días azules y este sol de la infancia…” quizá, como malogrado comienzo de un poema que quedaría definitiva e irremediablemente inconcluso.

En esa anotación, no pudo ser casual su referencia a la niñez tan frecuentemente rememorada en su obra literaria, en la que abundan bellísimos y enigmáticos poemas dedicados a la infancia.

¿Cómo no evocar el lirismo vigente eternamente en los versos de “Retrato”? …“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero…”

Cómo no recordarlo además, a través de estos otros poemas inolvidables:

Sol de invierno

Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
«¡El sol, esta hermosura
de sol!…» Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.

Recuerdo infantil

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo el coro infantil
va cantando la lección:
“mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón.”

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales

Su nombre completo era Antonio Cipriano José María Machado Ruiz, admirador de Bécquer, al que llamó “poeta lírico, sin retórica”. Fue un hombre íntegro, muchas veces imbuido por el escepticismo y el desengaño pero siempre persiguiendo una actitud de paz.

Sus fuentes de inspiración fueron el romanticismo, el amor, el dolor, la guerra, la paz, la miseria, la fugacidad de la existencia y su eterna preocupación por la querida España.

También se hermano José relataría tiempo después, que su madre, Ana Ruiz Hernández, saliendo por unos instantes del estado de inconsciencia producido por su enfermedad y las penurias del viaje, y al ver vacía la cama de su hijo junto a la suya, preguntó por Antonio con ansiedad. No creyó las compasivas mentiras que le dijeron como respuesta y comenzó a llorar sin consuelo. Tres días después, el 25 de febrero, fallecía cumpliendo involuntariamente la promesa que formulara en voz alta en Rocafort, en la casa que les sirviera de refugio durante la guerra fraticida, “Estoy dispuesta a vivir tanto como mi hijo Antonio”.

Alguna vez, Antonio Machado escribió en una cita que desnudaba sus sentimientos más íntimos: “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde. Ahora.”

Tal vez por eso, su entrañable amigo Miguel de Unamuno lo describió así: “Antonio Machado fue el hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos yo haya conocido”.

Para conocer más:

La historia del matrimonio de Antonio Machado está descripta en todas sus biografías. En 1907, trabajando en Soria como catedrático de Francés conoció a Leonor Izquierdo adolescente y se casó con ella cuando la jovencita aún no cumplía sus 16 años; poco tiempo después, en 1912, ella enferma y muere de tuberculosis, tragedia esta, que acentuó la melancolía y la tendencia a la soledad del poeta. En ese mismo año publica “Campos de Castilla”, donde manifiesta su inmenso dolor a través de versos conmovedores: «Señor ya me arrancaste lo que yo más quería… / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar».

En su edad madura Machado conoció a Pilar de Valderrama Alday, una poetisa y dramaturga madrileña, 16 años menor, que arrastraba un matrimonio conflictivo. Pilar se convertiría en la “Guiomar” de sus versos y en el gran amor de su vida.

Cuando se publicaron de manera póstuma las memorias de la poetisa en el libro “Si, soy Guiomar”, aparecieron incluidas muchas de las cartas, que dan por cierta la íntima y apasionada relación que había tenido con el extraordinario poeta sevillano.

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Julia de Burgos – Historia, mito y leyenda

Semblanza de Julia de Burgos – Historia, mito y leyenda de una mujer de excepción

Julia de BurgosCuántas veces la letra de una poesía o de una frase se parece a la trágica historia de vida del autor. Coincidencia o premonición, cada verso imaginado va narrando secuencias que interpretan la propia existencia de quien escribe. Leer poemas de Julia de Burgos lleva a esa sensación.

“Dejarse vencer por la vida,
es peor que dejarse vencer por la muerte”

Poetisa, dramaturga y educadora, Julia Constanza Burgos García nació en un hogar muy humilde del Barrio Santa Cruz de Carolina – Puerto Ricoel 17 de febrero de 1914, fruto del matrimonio constituido por el obrero agricultor Francisco Burgos Hans junto a Paula García de Burgos. Mulata, defendió orgullosamente sus orígenes y nunca renegó de sus ancestros. Fue la mayor de trece hermanos y quien en la escuela primaria, precozmente, mostrara indicios de poseer una inteligencia superior a la media. Tenía además una innata facilidad para aprender otros idiomas. Gracias a la ayuda de los vecinos pudo asistir a la escuela secundaria como escala para acceder, en 1931, a la Universidad de San Juan de Puerto Rico. A pesar de no culminar sus estudios, obtuvo el Certificado de Maestra Normal y si bien ejerció durante algún tiempo la docencia, su verdadera vocación era la literatura y se encaminó hacia ese destino, enfocándose especialmente en la poesía.

En 1934 contrajo matrimonio con Rubén Rodríguez Beauchamp, de quien se separaría tres años después. En lugar de retomar su nombre de soltera, quizá por una actitud de irónica rebeldía, eligió añadir el “de” antes de Burgos, indicativo del estatus de una mujer casada y comenzó a firmar como Julia de Burgos (signo de pertenencia a si misma).

Julia de Burgos ya había comenzado también a incursionar en la política uniéndose al grupo “Hijas de la Libertad”, rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico, al mismo tiempo que militaba bregando por la independencia de su país.

En esa época además, inició una relación con quien sería el gran amor de su vida, el exiliado dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, renombrado ensayista, historiador médico, filósofo y educador dominicano, un hombre casado y separado de su esposa.

Cuando la pareja se mudó a Nueva York, en 1940, Julia de Burgos tenía la intención de dedicarse al periodismo, pero al poco tiempo cambiaron los planes y resolvieron trasladarse a La Habana, donde ella se matriculó, en la universidad de la capital cubana, en varios cursos que le interesaban: griego, latín, francés, biología, antropología y sociología.

Pero la relación concluyó a los dos años, (situación que ella atribuyó a la renuencia mostrada por Juan Isidro en lograr que su familia, de clase alta, la aceptara), y entonces la poetisa, decepcionada, retornó a Nueva York, debiendo desempeñarse para subsistir, en los más variados oficios: inspectora de óptica, empleada de un laboratorio químico, oficinista y costurera.

Conoció por esos días y se casó con el poeta Armando Marín, mudándose con él, a Washington, D.C.

En su obra literaria, Julia de Burgos exploró con perfil crítico aspectos del pasado colonial de Puerto Rico, del legado de la esclavitud y las consecuencias para su patria, derivadas del sometimiento por parte del imperialismo estadounidense.

Su estilo se caracterizó por una singular fuerza expresiva surgida de su apasionado y místico romanticismo y de su amor por la naturaleza. Algunos críticos la comparan con dos de las figuras emblemáticas de la poesía latinoamericana: Alfonsina Storni y Delmira Agustini.

Compuso versos, de exquisita sensibilidad, que son el reflejo de una vida intensa. Entre sus temas predilectos el amor ocupó un sitio predominante y fue tratado con serena dulzura y atractiva sencillez, pero en la mayoría de las ocasiones, de modo sensual, erótico y con matices desgarradores.

Compartimos algunos poemas, para leer lentamente y con el corazón latiendo estremecido:

Amor – Julia de Burgos

Amor…única llama que me queda de Dios
en el sendero cierto de lo incierto.

Aquí, desesperada,
me contemplo la vida en un hueco del tiempo.

Entrecortando pasa el sendero de luz
que esperancé de sueño.

¡Oh mañanas azules que se quedaron muertas,
volando en el espacio!

¡Oh anudada caricia que amaneces dispersa,
cuando despierta el cuerpo!

¡Oh querer desterrarme de mis pasos turbados…!
¡Multiplican en ecos!

Aquí, junto al continuo gravitar de la nada,
¡cómo asaltan mi espíritu los silencios más yermos!

Mi esperanza es un viaje flotando entre sí misma.
Es una sombra vaga sin ancla y sin regreso.

Mis espigas no quieren germinar al futuro.
¡Oh el peso del ambiente!
¡Oh el peso del destierro!

¡Amor…!
Hasta la leve ronda de tu voz perturbada,
me partió la ola blanca que quedaba en mi pecho.

Te quiero – Julia de Burgos

Te quiero…
y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.
Te quiero
en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.
Te quiero
en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos,
que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas
donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.
Te quiero
en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño,
en el cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica,
en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.
Te quiero
(grito de noche blanca…) en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.
Te quiero…
Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen
desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

Yo fui la más callada… – Julia de Burgos

Yo fui la más callada…
de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
mi ruta era la música salvaje de los pájaros
que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.

No me cargaron buques pesados de opulencia,
ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
encima de los buques mi rostro aparecía
silbando en la redonda sencillez de los vientos.

No pesé la armonía de ambiciones triviales
que prometía tu mano colmada de destellos:
sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
Te parecías al mar, resonante y discreto.
Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

Y caminé en la brisa de tu dolor caído
con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
en inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

Un día, por las playas amarillas de histeria,
muchas caras ocultas de ambición te siguieron;
por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos
se colaron las voces sin cruzar tu misterio…

Yo fui la más callada.
La voz casi sin eco.
La conciencia tendida en sílaba de angustia,
desparramada y tierna, por todos los silencios.

Yo fui la más callada.
La que saltó la tierra sin más arma que un verso.
¡Y aquí me veis, estrellas,
desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!

Julia de Burgos creó su propio mundo, y en ese mundo, ella fue la protagonista de cada verso que imaginaba en su lírica, aunque las excepcionales circunstancias que rodearon su vida, la enajenación y el desarraigo la hayan llevado a considerarse como una desterrada de sí misma que manifestaba “esta vida partida en dos que estoy viviendo entre la esencia y la forma”.

De su producción literaria se destacan además del primer poema que escribió con el título de “Río Grande de Loíza”, “Poemas para mi muerte”, “Poema en veinte surcos”, “Canción de la verdad sencilla”, “Alba de mi silencio”, “Alta mar y gaviota”, “El mar y tú y otros poemas” y “Yo misma fui mi ruta”.

Luchó con denuedo en la búsqueda permanente de su propia identidad como mujer, inmersa en una sociedad regida por estrictas convenciones impuestas por los hombres. Como agitada por una tempestad, quiso escapar a ese destino y lo logró con actitudes decididas y enormes sacrificios.

Pionera del movimiento feminista de los años 1940 y 1950, en una de sus poesías más representativa y difundida, titulada “A Julia de Burgos”, se desafió a sí misma y a todas las mujeres, a pensar sobre los roles que la sociedad les impone y lo que ellas quieren y pretenden para sí mismas; en uno de sus párrafos escribió:

“…Tú eres dama casera, resignada, sumisa, atada a los prejuicios de los hombres; yo no; que yo soy Rocinante corriendo desbocado olfateando horizontes de justicia de Dios.
Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes, el cura, la modista, el teatro, el casino, el auto, las alhajas, el banquete, el champán, el cielo y el infierno, y el qué dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón, mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo”.

También escribir acerca de la muerte cautivaba a Julia de Burgos, tal vez motivada porque presentía cercana e inminente la suya propia.

A fines de la década de 1940, volvió una vez más a Nueva York, pero su actividad literaria había disminuido mucho, el cáncer que le habían diagnosticado la desequilibró anímicamente y como consecuencia de la depresión se hizo adicta al alcohol. Una cirrosis hepática agravó aún más su estado de salud.

Pocos meses antes de morir, escribió un desgarrador poema en inglés, titulado “Farewell in Welfare Island” (Adiós en Welfare Island, institución donde había estado hospitalizada), en él expresaba:

“Tiene que partir de aquí, olvidada, pero inquebrantable
entre los camaradas del silencio muy adentro en Welfare Island,
mi despedida al mundo”

Julia de Burgos fue encontrada inconsciente y sin identificación alguna entre la Calle 106 y la Quinta Avenida de la impasible Nueva York, un lejano 6 de julio de 1953. La valentía con la que se había enfrentado a la vida, ya no era suficiente ante tanta adversidad y falleció por causa de una pulmonía después de ser trasladada al Hospital de Harlem. Tenía 39 años y todavía hoy las circunstancias de su muerte conservan un halo de misterio.

Ante la falta de documentación, fue enterrada en una tumba anónima para indigentes, pero posteriores gestiones de amigos y familiares, permitieron ubicar y reconocer el cuerpo y trasladar los restos a su país natal; fue sepultada en el Cementerio de Carolina, el lugar más cercano posible al Río Grande de Loíza, que tanto había amado.

El reconocimiento a su trayectoria llegó después de su muerte. La Universidad de Puerto Rico le concedió doctorado Honoris Causa en Letras y Humanidades Post Mortem y hoy es reconocida como una personalidad ilustre en el ámbito literario de su país, del que se había marchado cuando tenia 25 años para nunca retornar en vida.

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Bertolt Brecht – Idealista, comprometido y genial

Semblanza de Bertolt Brecht – El arte poético de un escritor idealista, comprometido y genial

Bertolt BrechtEugen Berthold (Bertolt) Friedrich Brecht, mejor conocido como Bertolt Brecht, considerado en el universo literario, uno de los poetas y dramaturgos más destacados, innovadores e influyentes del siglo XX, logró reflejar en sus textos, empapados del inconformismo que caracterizó toda su obra, un compromiso político inquebrantable y una crítica sin concesiones a las formas de vida, la ideología, las estructuras jerárquicas y la concepción artística, de la burguesía dominante en la sociedad del tiempo histórico en el que vivió.

Este destacado escritor alemán nació el 10 de febrero de 1898, en el seno de una familia acomodada residente en Augsburgo (Baviera). Desde muy pequeño se sintió atraído por las letras, vocación que lo llevaría a publicar su primera obra teatral titulada “Baal” antes de cumplir sus veinte años. Cursó estudios de Literatura y Filosofía en Munich, intentando posteriormente añadir Medicina, carrera que finalmente dejaría inconclusa.

Rebelde, de fuerte carácter independiente y dispuesto a vivir intensamente sin condicionamientos, buscó en el arte la forma de entender, descifrar y explicar la realidad y encontró en la literatura una herramienta adecuada para intentar cambiar esa realidad social que tanto le atormentaba.

Reconocido en forma unánime como el creador del llamado teatro épico (o teatro dialéctico), donde el objetivo era lograr la reflexión y la toma de conciencia por parte del espectador, poniendo de relieve al mismo tiempo, la necesidad humana de felicidad como base imprescindible para la vida.

Autor prestigioso, poseedor de un estilo definido por una prosa breve y didáctica y de una poesía cristalina y viva, gracias a la cual ha logrado trascender y convertirse en una lectura indispensable para aquellos amantes del arte lírico y sobre todo de la poesía social.

De su inspiración y talento poético surgieron estos escritos:

La piel

La piel, de no rozarla con otra piel, se va agrietando.
Los labios, de no tocarlos con otros labios, se van secando.
Los ojos, de no mirarse con otros ojos, se van cerrando.
El cuerpo, de no sentir cerca otro cuerpo, se va olvidando.
El alma, de no entregarla con toda el alma, se va muriendo.

La cuerda cortada

La cuerda cortada puede volver a anudarse,
Puede aguantar, pero está cortada.
Quizá volvamos a tropezar,
pero allí, donde me abandonaste,
no volverás a encontrarme.

Hay hombres que luchan un día

Hay hombres que luchan un día, y son buenos.
Hay otros que luchan un año, y son mejores.
Están aquellos que luchan muchos años
y son muy buenos.
Por último, los hay que luchan toda la vida;
estos son los imprescindibles.

Fue un prototipo del intelectual revolucionario que en una temprana juventud había adherido al marxismo y que en 1933, cuando los nazis llegaron al poder, se vio obligado a abandonar su patria. Muchos de sus libros fueron quemados por fanáticos partidarios del nacionalsocialismo, que comenzaba a incendiar el continente europeo convirtiéndolo en un infierno aterrador.

En su poema “Alemania” escribió el célebre autor:

“¡Oh Alemania, pálida madre! Entre los pueblos te sientas cubierta de lodo.
Entre los pueblos marcados por la infamia tú sobresales.
(…) ¡Oh Alemania, pálida madre! ¿Qué han hecho tus hijos de ti
para que, entre todos los pueblos, provoques la risa o el espanto?”

“…Hablen otros de su vergüenza. Yo hablo de la mía.”

Después, como desesperanzada disculpa, Bertolt Brecht expresaba en otro poema:

“A los que vendrán después”

Realmente vivo en tiempos sombríos.
La inocencia es locura. Una frente sin arrugas
denota insensibilidad. El que ríe,
es porque todavía no ha oído la terrible noticia.

¡Qué tiempos son estos, en que
hablar sobre árboles es casi un crimen
porque implica silenciar tanta injusticia!
Ese, que cruza tranquilamente la calle,
¿será encontrado cuando los amigos
necesiten su ayuda?

Es verdad que todavía me gano el sustento,
pero creedme: es por casualidad.
Nada de lo que hago justifica
que yo pueda comer hasta hartarme.
Las cosas todavía me van bien

(si la suerte me abandonase, estaría perdido).

Me dicen: “Come, bebe, alégrate por lo que tienes!
Pero… ¿cómo puedo comer y beber
si estoy arrebatando al hambriento su comida,
y mi vaso de agua le falta al sediento?
Y sin embargo continúo comiendo y bebiendo.

Me gustaría también ser sabio.
Los libros antiguos nos hablan de la sabiduría:
consiste en apartarse de los problemas del mundo
y, sin temores, dejar que transcurra tranquilamente
el tiempo de nuestra breve vida en la tierra,
pagar el mal con el bien,
no satisfacer nuestros deseos, sino desecharlos.
He aquí lo que llaman sabiduría.
Pero yo no consigo hacer tales cosas.
Verdaderamente vivo en tiempos sombríos.

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos
cuando reinaba el hambre,
me mezclé entre los hombres en época turbulenta
y me rebelé con ellos.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Comí mi pan en medio de batallas,
dormía entre asesinos,
traté despreocupadamente los asuntos amorosos,
y fui impaciente con la naturaleza.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

En mi época todos los caminos conducían al fango,
mis palabras me traicionaban ante el verdugo,
yo era poca cosa. Pero pienso que los gobernantes
se sentían más seguros sin mí.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Nuestras fuerzas eran escasas, la meta
se hallaba distante
y aunque podía distinguirse claramente, me parecía
que yo tal vez no la alcanzaría.
Así fue transcurriendo el tiempo
que me fue concedido en la tierra.

Vosotros, que surgiréis del marasmo
en que nosotros nos hemos hundido,
acordaos también, cuando habléis de nuestras flaquezas,
de los tiempos sombríos de los que os habéis librado.
Cambiábamos más frecuentemente
de país que de zapatos, a través de las guerras de clases,
desesperados, porque reinaba la injusticia
y nadie se indignaba.

Bien sabemos que el odio contra la ruindad
deforma el rostro y la rabia contra la injusticia
enronquece la voz. ¡Ah!, nosotros,
que queríamos preparar el terreno para la bondad
no pudimos ser bondadosos!

Pero vosotros, cuando llegue el momento
en que el hombre sea bueno para el hombre,
¡acordaos de nosotros con comprensión!

El 28 de febrero de 1933, un día después de la quema del Parlamento (Reichstag) alemán, hecho cuya responsabilidad sigue siendo un tema de permanente debate e investigación, pero que es considerado fundamental para el establecimiento del Tercer Reich de la Alemania nazi; Bertolt Brecht emprendió un largo y difícil camino hacia el exilio en Svendborg (Dinamarca). Con el transcurrir de los meses su situación se vio agravada por el inicio y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y debió peregrinar durante años a través de varios países, hasta establecerse en los Estados Unidos en 1941. Finalizada la contienda, sus opiniones políticas y sociales lo transformaron en sospechoso para las autoridades estadounidenses, por lo que debió trasladarse a la República Democrática Alemana, estableciéndose en Berlín. Allí fundó la compañía de teatro “Berliner Ensemble”, en un intento concreto de materializar sus teorías teatrales.

Bertolt Brecht falleció de una trombosis coronaria en agosto de 1956, en la misma ciudad de Berlín (Berlín Este por entonces) donde la férrea hegemonía del comunismo soviético, había sembrado una semilla de escepticismo y decepción en la ideología del escritor. Dejó a la posteridad un estilo literario en el que siempre se encuentran entrelazados el fondo, las formas, la estética y los ideales enfocados hacia un contexto político e histórico. Hasta el fin de su vida sostuvo la tesis de que el teatro, podía contribuir a modificar para bien el mundo.

Su particular lenguaje, continúa ejerciendo marcada influencia hasta hoy en los cultores de la poesía social y del teatro moderno.

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Ex libris – Un sello de identidad para los libros

¿Qué significa la frase ex libris que a veces aparece estampada como sello distintivo en un libro?.

Ex librisSeguramente la respuesta es conocida para quienes están acostumbrados a la lectura frecuente, pero para otros lectores no tan asiduos, la aclaración sobre ex libris es válida y necesaria, siempre en favor de contribuir a nuestra cultura.

La locución latina ex libris, (o ex-libris) que por etimología significa “de entre los libros” o “de los libros de”; es utilizada específicamente como un rótulo, etiqueta o sello de pertenencia, que se aplica para identificar los libros de una biblioteca, institución o de un propietario particular.

Suele colocarse en el reverso de la cubierta o tapa de un libro o en su primera hoja en blanco (por ejemplo, en la página del título) y contiene el nombre del dueño del ejemplar o de la biblioteca propietaria.

Sin embargo, no toda marca de posesión es considerada ex libris. A criterio de la Federación Internacional de Amigos de los Ex Libris (FISAE), la expresión debe reunir una serie de características y cumplir con pautas definidas y precisas para ser reconocida como tal, a saber:

a) Tiene que tener forma de etiqueta, sello o estampa y su lado mayor no debe superar, como máximo, los 13 cm. Requisito que permite utilizar el sello en casi cualquier tamaño de libro.

b) En el diseño debe figurar la leyenda EX LIBRIS, representada en cualquier idioma, aunque lo más común es utilizar el latín. A veces también va agregado un lema.

c) Es indispensable que figure el nombre del dueño o sus iniciales; que puede ser una persona física o una institución.

d) La imagen del símbolo o emblema, debe reflejar algún aspecto destacado de la personalidad de su dueño o la temática de la biblioteca a la que pertenece el libro. En tiempos más recientes se popularizó el uso de imágenes relacionadas a la profesión, gremio o afición del propietario.

La historia suele citar como primer antecedente de un ex libris, una placa de barro cocido esmaltada en color azul con inscripciones jeroglíficas, conservada en el Museo Británico de Londres, que perteneció al faraón egipcio Amenhotep III (1391-1353 a.C), y que habría sido aplicada como marca indicativa de propiedad, en los estuches de los rollos de papiro de su biblioteca.

El ex libris primitivo que más se ha empleado en todos los tiempos, desde que apareciera la escritura, es obviamente la firma manuscrita, porque no se necesita ninguna técnica especial para su ejecución. Existen códices que datan de la edad Media, con anotaciones manuscritas a modo de rótulo de propiedad.

Con la invención a mediados del siglo XV de la imprenta moderna, debida a la fecunda creatividad de Johannes Gutenberg, el panorama cambió radicalmente, dado que las técnicas de impresión y de grabado evolucionaron y se perfeccionaron notablemente. Y es a partir de esa época, cuando se puede comenzar a hablar de los ex libris, tal como se conocen actualmente.

A esas diversas técnicas ejecutadas mediante procedimientos tradicionales de grabado o estampación, relacionadas con las artes del libro (xilografía, calcografía, litografía, serigrafía, fotograbado, etc.), en la actualidad se les han agregado el diseño e impresión por computadora y la reproducción fotográfica. También se siguen empleando sellos de caucho o en seco, que producen un estampado en relieve.

En otra variante, conocida como supralibros, la marca escrita identificatoria de propiedad y la imagen (generalmente motivos simbólicos, heráldicos o monogramas), se estampan por gofrado sobre piel o se bordan sobre una encuadernación en tela.

Cualquier técnica de impresión es válida si cumple la condición de garantizar que las reproducciones sean idénticas. En caso de que se utilicen estampas, estas deben estar firmadas y numeradas por su autor (al igual que un grabado).

Los símbolos de las técnicas empleadas en la impresión de exlibris, se reconocen internacionalmente mediante una serie de abreviaturas aprobadas en el XXIX Congreso de la FISAE, celebrado en el 2002 en Frederikshavn (Dinamarca).

En una primera etapa entre siglos XVI al XVIII, predominaron en el diseño los escudos heráldicos sobre todo en las familias nobles, en la jerarquía eclesiástica y en instituciones religiosas, que eran los únicos poseedores de bibliotecas o colecciones. De esa época, también es posible encontrar algunos diseños elaborados con el nombre o apellidos de la familia y rodeados por unas orlas o frases alusivas a su origen o formación. A partir del siglo XVIII comenzaron a prevalecer las alegorías, símbolos o emblemas.

El advenimiento del Modernismo a finales del siglo XIX e inicios del XX, hizo que esta particular afición transitara una etapa de florecimiento y esplendor y es en este período finisecular de auge de la bibliofilia, cuando el interés por los exlibris alcanzó su máximo impulso (aparecen los primeros coleccionistas, empiezan a surgir asociaciones y comienzan a celebrarse congresos y concursos). Surgieron también en esta etapa, los primeros estudios sobre el tema y las primeras publicaciones especializadas.

Iniciado el siglo XXI, esta manera tradicional de identificar a los libros fue perdiendo su práctica, pero los grabadores y personas dedicadas a esa actividad resisten y luchan por preservar su oficio y una antiquísima costumbre.

Es posible que esta milenaria tradición continúe extinguiéndose lentamente y como toda moda, tal vez desaparezca o renazca con renovado ímpetu. Pero ante cualquiera de las dos alternativas hay una certeza inobjetable; el interés por los libros va por otro camino y permanecerá inalterable para una inmensa legión de lectores apasionados; porque para ellos, cada libro leído plasma en sus páginas una historia singular que trasciende el relato o el mensaje que el autor quiso manifestar. Si el libro es nuevo, les traerá sensaciones renovadas, si el libro es viejo, regresará con la melancolía serena y el olor inconfundible que tienen las páginas y las palabras olvidadas.

Y para un lector auténtico, siempre, abrir un libro será el preludio de un instante de éxtasis muy parecido a la felicidad.

Para saber más:

El Diccionario panhispánico de dudas aclara, refiriéndose a la expresión ex libris que, si se trata del sustantivo, ha de escribirse en una sola palabra exlibris (como ocurre con exabrupto y otros sustantivos procedentes de locuciones latinas); no obstante, admite también la escritura en dos palabras.

Es invariable en plural: los exlibris.

Como locución, debe escribirse en dos palabras “ex libris”.

Una de las características gráficas más importantes de los exlibris y que ha perdurado prácticamente desde sus orígenes, es el uso predominante de la monocromía.

Para conocer una muy interesante y completa colección de exlibris, desde los siglos XV-XVI hasta la actualidad, puede consultarse la base de datos de Ex libris de la Real Biblioteca, que está en constante actualización y contiene numerosas descripciones con un elevado nivel de detalle.

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Semblanza a Gloria Fuertes

Gloria Fuertes. Compromiso social y poesías para la niñez

Gloria FuertesLos aciagos acontecimientos que se desarrollaban en vastos territorios del mundo durante la Primera Guerra Mundial, habían arrastrado a todo el continente europeo hacia un abismo insondable de miseria, dolor y muerte. La pobreza extrema y el hambre obligaban a la gente a trabajar de sol a sol en condiciones inhumanas, buscando sobrevivir y seguir adelante. En ese terrible verano español del año 1917, ensombrecido por las derivaciones de la tragedia bélica; nacía Gloria Fuertes, una escritora destinada a convertirse en símbolo de inconformismo, rebeldía y compromiso social y sobretodo en un carismático emblema de la poesía infantil.

…La gente dice:
Pobres tiene que haber siempre
y se quedan tan anchos
tan estrechos de miras,
tan vacíos de espíritu,
tan llenos de comodidad.

Yo aseguro
con emoción,
que en un próximo futuro
sólo habrá pobres de vocación.

Esto escribió en uno de sus poemas más recordados, la poetisa española, que tiene el raro privilegio en el ámbito de las letras, de haber logrado con su poesía castiza emocionar y cautivar a todo tipo de lectores, fueran niños o adultos.

Gloria Fuertes García fue una destacada autora de narrativa, poesía y teatro que nació el 28 de Julio de 1917, en Lavapiés, un modesto barrio del Madrid antiguo. Siempre guardó celosamente su intimidad familiar, de la que se conocen muy pocos detalles. Su padre, portero y conserje; y su madre, humilde costurera y empleada doméstica, debieron hacer considerables sacrificios para sobrellevar las penurias económicas y poder criar a Gloria y sus ocho hermanos (varios de ellos murieron prematuramente).

A pesar de la pobreza, Gloria Fuentes era una niña alegre y extravertida, a los cinco años ya leía, escribía y dibujaba sus propios cuentos y creaba amigos imaginarios para jugar y, en sus ratos libres, disfrutaba a escondidas de algún buen libro que pudiera conseguir, algo que no era del agrado de su madre, que pretendía hacer de su pequeña hija una buena candidata para un futuro matrimonio y una ama de casa de provecho que supiese bordar y cocinar adecuadamente. A su debido tiempo, aprendió taquigrafía, mecanografía, cocina, corte y confección, e higiene y puericultura, asistiendo al Instituto de Educación Profesional de la Mujer.

”…Cada vez que mi madre me veía con un libro, me pegaba. No tengo nada que agradecer a mi familia y escribo poemas con final feliz porque en mi infancia me dieron muy pocas alegrías”, confesó alguna vez con nostálgica pena.

Su infancia transcurrió en las bulliciosas calles cercanas a la vieja Plaza del Progreso, donde aprendió el lenguaje coloquial y tan peculiar que caracterizaría su estilo. Pese a ser una niña, Gloria Fuentes realizaba algunos trabajos transitorios con el propósito de colaborar con la economía de la familia. Ya en su etapa adolescente empezó a escribir versos que leía en Radio España de Madrid. A los quince años quedò huérfana al morir su madre y a los diecisiete, concluyó su primer libro de poemas, “Isla ignorada”, publicado recién en 1950.

Se acercaban aceleradamente los tiempos de la cruenta Guerra Civil española cuando, en 1936, escribió los versos a su primer amor, que quedó trunco, acallado por el tronar de cañones que le hicieron padecer las angustias más desoladoras: “Mi primer amor era un obrero republicano y me hubiera casado con él, pero le dieron por desaparecido en los campos de guerra” relató.

Paradójicamente vivió la triste experiencia de enamorarse de un combatiente que luchaba por el otro bando en pugna, defendiendo los ideales falangistas. “Me influyó mucho, era súper culto”, dijo del médico Eugenio Rosado, que murió posteriormente en la cárcel, fusilado por los milicianos. Gloria perdió por segunda vez al hombre que amaba.

También mantuvo una relación con un compañero que compartía sus inclinaciones literarias en el grupo del ‘postismo’; Carlos Edmundo de Ory. Intercambiaron entre ellos algunos sugerentes poemas. En “Los brazos desiertos” ella le cuenta: ¡Te quiero, aunque la vida no lo quiera!

Gloria Fuentes fue una mujer la que encendió en su corazón las más ardientes pasiones. Su lesbianismo aparece sutilmente declarado en poemas como “Jenny”, “Lo que me enerva” y “Me siento abierta a todo”. A mediados de la década de 1950, Gloria conoció a Phyllis Turnbull, una profesora de inglés que le enseñó los secretos del idioma de Shakespeare mientras estudiaba técnicas de Bibliotecología en el Instituto Internacional de Madrid y acabó enamorándose perdidamente; conviviendo y disfrutando intensamente con su profesora y también con su otro amor de juventud, Chelo Sánchez, las encandilantes noches madrileñas; mientras que cada día, concurría responsablemente a la biblioteca pública donde trabajaba con gusto y placer: “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria. Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!”.

Entre 1961 y 1963 residió en Estados Unidos donde impartía clases de Literatura española en la Universidad Bucknell, gracias a la beca Fulbright que había obtenido. “Fue la primera vez que pisé una universidad”. comentó la escritora al respecto.

Espontánea, sencilla, solidaria y muy sincera aunque utilizara una fina ironía. Hablaba siempre en tono confidencial y amigable y nunca perdió su capacidad de asombro. Pacifista y defensora del medio ambiente a ultranza que, además, durante toda su vida activa reclamó sin concesiones y sin claudicar por los derechos de las mujeres, empezando por el derecho a leer, a escribir, a trabajar o a ser poeta, todo en un momento histórico en el que el universo de la mujer estaba reducido y limitado al espacio doméstico. “Ser escritora suponía ir contra corriente y requería gran empeño y buscar caminos alternativos frente a puertas cerradas”.

La relación con Phyllis terminó en 1970, un año antes que falleciera la norteamericana. Gloria devastada y presa de una infinita tristeza, plasmó sus sentimientos con dolidos versos en “Nota autobiográfica”: “Todos los míos han muerto hace años y estoy más sola que yo misma.”(…)”El dolor envejece más que el tiempo, este dolor, dolor que no se acaba, y que te duele todo, todo, todo; sin dolerte en el cuerpo nada, nada.”
No quiso reír más, porque no podía compartir sus obras con alguien que le prodigara la misma ternura que le había dado su amada compañera.

Objetivo: la felicidad en la infancia

Fue entonces cuando se abrió ante sus ojos un nuevo y fascinante mundo: el de los niños. Con ellos recuperaría la felicidad infantil que había perdido en el duro camino de su vida, empezando una de sus épocas más fructíferas e interesantes a nivel poético. La poesía dirigida a los adultos quedó postergada y por un tiempo pareció destinada al olvido.

A comienzos de la década de 1970, demostrando ser una excelente comunicadora, participa conduciendo por la televisión española, espacios infantiles y de entrevistas que alcanzaron una enorme popularidad eclipsando su trayectoria poética. Programas como “Un globo, dos globos, tres globos” y “La cometa blanca” marcaron indeleblemente la infancia de varias generaciones y el séquito más fiel lo formaba mayoritariamente gente menuda.

“…Es importante que los niños lean poesía. Y es más que importante, es necesario… Un niño con un libro de poesía en las manos, nunca tendrá de mayor un arma entre ellas…” expresaba esta prolífica autora, que siempre se definió como “autodidacta y poéticamente desescolarizada”.

Compartimos algunas de sus reflexiones convertidas en poemas, que irradian reflejos de su sensible personalidad.

“La historia de un perrito”
Regalaron a los niños
un cachorro de seis días.
El perrito casi no andaba ni veía.

Le criaron con biberón
y puré de salchichas,
pero no lo acariciaban,
le estrujaban,
le estrujaban. ¡qué paliza!

El perro a los niños
les alegraba, les hacía niñerías.
Los niños al perro
le hacían perrerías.

Creció el perro paso a paso,
y los niños ya no le hacían caso.

Cuando la familia
se fue de vacaciones,
le abandonaron en la carretera
entre unos camiones.

Y dijo el perro ladrando en voz alta
(que quien lo escuche se asombre)
-Me dan ganas de dejar de ser
el mejor amigo del hombre.

Pasó días sin beber nada,
sin comer algo.
El perro cambió de raza,
parecía un galgo.
Le recogió un viejo mendigo.
Le dijo: -Voy a ser tu amigo,
te cortaré el flequillo
y serás mi lazarillo.

El perro movió el rabo,
estiró el hocico,
movió la nariz,
por primera vez fue feliz.

“La pata mete la pata”
La pata desplumada, cua, cua, cua,
como es patosa, cua, cua, cua,
ha metido la pata, cua, cua, cua,
en una poza. ¡Grua!, ¡grua!, ¡grua!

En la poza había un cerdito vivito y guarreando,
con el barro de la poza, el cerdito jugando.
El cerdito le dijo: – saca la pata, pata hermosa.
Y la pata patera le dio una rosa.
Por la granja pasean comiendo higos.
¡El cerdito y la pata se han hecho amigos!

“Parejas”
Cada abeja con su pareja.
Cada pato con su pata.
Cada loco con su tema.
Cada tomo con su tapa.
Cada tipo con su tipa.
Cada pito con su flauta.
Cada foco con su foca.
Cada plato con su taza.
Cada río con su ría.
Cada gato con su gata.
Cada lluvia con su nube.
Cada nube con su agua.
Cada niño con su niña.
Cada piñón con su piña.
Cada noche con su alba.

Dotada de un auténtico acento lírico que la hacía diferente, matizaba y combinaba con divertida habilidad juegos de palabras y metáforas llenas de encanto, que daban a sus versos frescura, musicalidad y cadencia.

Obra literaria:

Dejó como legado, en el género de literatura para la niñez:
“Cuentos infantiles”, “Villancicos”, “Don Pato y Don Pito”, “La pájara pinta”, “Tres tigres con trigo”, “El libro loco”, “De todo un poco”, “El perro que no sabía ladrar”, “El domador mordió al león”, “El abecedario de don Hilario”, “Trabalenguas para que se trabe tu lengua” y “Versos fritos”, entre muchos otros títulos.

Obras para Teatro: “La princesa que quería ser pobre” y “Las tres reinas magas”.

Para gente adulta: “Isla ignorada”, “Antología y poemas del suburbio”, “Todo asusta”, “Antología poética”, “Cuando amas aprendes geografía”, “Mujer de verso en pecho”, “Pecábamos como ángeles”, “Es difícil ser feliz una tarde”, “Derecho de pasión”, “Los brazos desiertos” y “Geografía humana y otros poemas”.

Su nombre ha quedado ligado a dos corrientes literarias: a la de la Primera generación de posguerra que la crítica ha unido a la Generación del 50 y al movimiento poético denominado “postismo” surgido de las tendencias surrealistas de la posguerra.

Gloria Fuertes era como escribía y escribía como era. Nunca le agradó que la llamaran poetisa prefieriendo el término “poeta”. Falleció en su ciudad natal, Madrid, el 27 de noviembre de 1998, a causa de un cáncer de pulmón, consecuencia de haber sido una empedernida fumadora. En su testamento dejó sus bienes al orfanato conocido como “Ciudad de los muchachos”, del padre Jesús Silva.

Su lema de vida fue: “…Si vales de verdad y quieres algo con todas tus ganas, saldrás adelante seguro”.

Para conocer más:

El escritor español Camilo José Cela dijo de ella, que era “la voz poética más honda y sincera, menos artificial y acicalada de España”. Y ella misma en algún momento declaró que “la obligación del poeta es contar lo que pasa y luego preocuparse de contar las sílabas”.

Por otra, otro escritor y académico español Javier Marías, uno de sus más acérrimos críticos opina de manera distinta. Nunca consideró a Gloria Fuertes como una gran poetisa a quien se debiera tomar en serio. No cree que haya tenido una envergadura literaria comparable con las hermanas Brontë o Emily Dickinson.

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Semblanza a César Vallejo – Poeta inolvidable

César Vallejo – Morir en París, poesía y realidad

Cesar VallejoLa pertinaz lluvia se abatía sobre una nostálgica París en aquel lejano 15 de abril de 1938, mientras en un hospital de la ciudad en el que había estado internado más de una semana, se apagaba la vida de César Vallejo. Era Viernes Santo y por extraña y trágica coincidencia se cumplía, en parte, la premonición que había vaticinado el insigne poeta cuando en su poema “Piedra negra sobre una piedra blanca” escribió: me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo.

Poeta, narrador, ensayista y educador, César Abraham Vallejo Mendoza es considerado uno de los mayores innovadores de la poesía del siglo XX en todos los idiomas y uno de los máximos exponente de las letras peruanas y si bien abordó en su obra literaria la mayoría de los géneros, es comúnmente aceptado que fue en la lírica, donde alcanzó su verdadera dimensión y su más alto nivel de expresión.

César Vallejo había nacido el 16 de marzo de 1892 en la ciudad andina de Santiago de Chuco al norte del Perú, fruto del matrimonio de Francisco de Paula Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza Gurrionero. Su apariencia mestiza se debió a que sus abuelas tenían ascendencia indígena y sus abuelos españoles; fue el menor de once hijos de una familia provinciana que profesaba una gran devoción cristiana y anhelaba que el niño se convirtiera en cura, circunstancia esta que incidió en su formación intelectual y explica en cierto modo la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico.

Intentó y fracasó más de una vez, siempre por acuciantes razones económicas, lograr una instrucción universitaria, hasta que finalizando el año 1915 obtuvo su bachillerato de letras en la Universidad de Trujillo con una tesis sobre “El romanticismo en la poesía castellana”.

En 1923, luego de publicar en Lima su primera obra narrativa “Escalas Melografiadas”, decide viajar por algunos países de Europa para instalarse finalmente en la capital de Francia; no imaginaba por entonces que nunca retornaría a su patria.

Los primeros años de su experiencia en el viejo continente estuvieron marcados por la pobreza y grandes penurias económicas, que le provocaron un profundo desgaste físico y emocional. Conoció e hizo amistad con poetas e intelectuales como Vicente Huidobro, Gerardo Diego y Juan Larrea y junto a ellos participó asiduamente en actividades de sesgo vanguardista.

Al estallar la guerra civil española en 1936, César Vallejo colaboró activamente en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española, en esa labor estuvo acompañado por otro gran escritor, Pablo Neruda. En julio de 1937 regresó por última vez a España para asistir al Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. En esa etapa de su vida ya había abrazado con fervor las teorías de Karl Marx, adhiriendo al comunismo, pero conservando ideológicamente una postura muy personal, compatible con sus preocupaciones religiosas y estéticas; rechazaba además el dogmatismo y la reducción de la literatura a finalidades proselitistas y advertía en el ideario marxista una senda de justicia y liberación del hombre, pero nunca una solución a las grandes cuestiones metafísicas.

César Vallejo fue autor de una poesía humana y comprometida, caracterizada por una permanente inquietud renovadora y una firme convicción de independencia frente a las influencias del momento histórico. Acostumbraba corregir mucho sus textos puesto que casi nunca quedaba satisfecho con lo que escribía.

Su personalidad singular, que lo llevó a ser un hombre, melancólico y torturado y en apariencia vulnerable, estaba dominada por un rasgo distintivo y relevante: una exacerbada sensibilidad ante el dolor propio y colectivo y fue un factor determinante en la conformación de su personalísimo estilo.

De su trascendente obra literaria se pueden destacar, en narrativa: “Escalas melografiadas”, “Fabla salvaje”, “El Tungsteno”, “Paco Yunque” (cuento), “Viaje alrededor del porvenir” y “El vencedor”.

En obras de teatro: “Les taupes” (escrita en francés), “Entre las dos orillas corre el río” y “La piedra cansada”. Ninguna de las cuales fue estrenada o publicada durante su vida.

En poesía: “Los heraldos negros”; “Trilce”; y entre sus poemarios de publicación póstuma,”Poemas humanos” y “España, aparta de mí este cáliz”, ambos publicadas en 1939.

Porque conocer significa reconocer, para recordarlo compartimos tres de sus más bellos y emblemáticos poemas:

Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce…
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huida a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay tanta soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

El tálamo eterno

Sólo al dejar de ser, Amor es fuerte!
Y la tumba será una gran pupila,
en cuyo fondo supervive y llora
la angustia del amor, como en un cáliz
de dulce eternidad y negra aurora.

Y los labios se encrespan para el beso,
como algo lleno que desborda y muere;
y, en conjunción crispante,
cada boca renuncia para la otra
una vida de vida agonizante.

Y cuando pienso así, dulce es la tumba
donde todos al fin se compenetran
en un mismo fragor;
dulce es la sombra, donde todos se unen
en una cita universal de amor.

Confianza

Confianza en el anteojo, no en el ojo;
en la escalera, nunca en el peldaño;
en el ala, no en el ave
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en la maldad, no en el malvado;
en el vaso, más nunca en el licor;
en el cadáver, no en el hombre
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en muchos, pero ya no en uno;
en el cauce, jamás en la corriente;
en los calzones, no en las piernas
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Confianza en la ventana, no en la puerta;
en la madre, mas no en los nueve meses;
en el destino, no en el dado de oro,
y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo.

Así como su poemario Trilce, que derribó con su impronta innovadora las normas estéticas y retóricas creando un nuevo lenguaje poético, fue duramente criticado y hasta calificado de disparate, sumando fuertes opiniones detractoras por la utilización indiscriminada de vulgarismos, cultismos, regionalismos, tecnicismos, neologismos, arcaísmos y de múltiples figuras literarias que rompían todas las pautas literarias tradicionales; a criterio de sus defensores acérrimos fue, “El más grande poeta católico después de Dante, y por católico entiendo universal” en palabras del escritor franco-estadounidense Thomas Merton y “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”, según el crítico literario y biógrafo británico Martin Seymour-Smith.

Georgette Marie Philippart Travers, una joven veinteañera a la que Vallejo conoció en 1927 e hizo su esposa en 1934 y que dejó viuda cuando solamente tenía 30 años, fue la responsable de preservar para la posteridad el invalorable legado literario de su marido. Fue ella también la que decidió el traslado de los restos del poeta al cementerio de Montparnasse, dedicándole un epitafio con mucho sentimiento y pesar:

“He nevado tanto para que duermas”

César Vallejo había escrito mucho tiempo atrás en una de sus citas:

¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores; soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí.”

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