Penélope, la canción y La Odisea

Reseña literaria de la canción Penélope de Joan Manuel Serrat y su relación con el personaje literario Penélope, de La Odisea

Penélope de Joan Manuel SerratPenélope es una canción romántica e inolvidable que supo ganarse el corazón del siglo XX, creada por el compositor español Augusto Algueró (1934-2011) e interpretada por Joan Manuel Serrat (1943) en el año 1969, obteniendo importantes galardones en el ámbito musical.

La misma canción fue editada en el álbum llamado “En directo”, perteneciente al año 1984 si bien, con el correr de los años, ha sido interpretada por otros cantautores como por ejemplo Diego Torres (músico argentino).

Cuenta la historia de una mujer que espera a su amor que se ha marchado, y este, a pesar de que el tiempo inclemente se escapa, no regresa. La mujer, lejos de perder su voluntad, continúa aguardando paciente. Al final este regresa, pero no es como ella lo recuerda. Si es que existe desconocimiento sobre la mítica obra de Homero, La Odisea (Ver nota), podría no verse la relación que existe entre esta hermosa canción y la esposa del legendario héroe Odiseo.

Letra de la canción Penélope de Joan Manuel Serrat – Augusto Algueró

Penélope,
con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón
y su vestido de domingo.
Penélope
se sienta en un banco en el andén
y espera que llegue el primer tren
meneando el abanico.

Dicen en el pueblo
que un caminante paró
su reloj
una tarde de primavera.
“Adiós amor mío
no me llores, volveré
antes que
de los sauces caigan las hojas.
Piensa en mí
volveré a por ti…”

Pobre infeliz
se paró tu reloj infantil
una tarde plomiza de abril
cuando se fue tu amante.
Se marchitó
en tu huerto hasta la última flor.
No hay un sauce en la calle Mayor
para Penélope.

Penélope,
tristes a fuerza de esperar,
sus ojos, parecen brillar
si un tren silba a lo lejos.
Penélope
uno tras otro los ve pasar,
mira sus caras, les oye hablar,
para ella son muñecos.

Dicen en el pueblo
que el caminante volvió.
La encontró
en su banco de pino verde.
La llamó: “Penélope
mi amante fiel, mi paz,
deja ya
de tejer sueños en tu mente,
mírame,
soy tu amor, regresé”.

Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer,
no era así su cara ni su piel.
“Tú no eres quien yo espero”.
Y se quedó
con el bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación.

La relación entre Penélope de Joan Manuel Serrat y la Odisea

Está claro que la primera instancia en la que podemos notar un nexo es el nombre de la mujer, Penélope, coincidente en ambas obras. En la Odisea, Penélope es la esposa de Odiseo que, al haberse marchado, lo espera sin dar lugar a que alguno de los que la pretenden tenga oportunidad con ella.

Serrat canta: “Uno tras otro los ve pasar, mira sus caras, para ella son muñecos”, en una clara alusión a lo que sucedía con la esposa del héroe y sus pretendientes.

En ambas obras la mujer utiliza el tejido para distraer su mente. En la Odisea Penélope teje y desarma una manta una y otra vez para otorgar tiempo a su amado para que regrese, mientras que en la canción la mujer sueña y piensa en el regreso del hombre.

En la canción: “Deja ya de tejer sueños en tu mente”.

El final de la historia es, quizás lo más triste, porque cuando él por fin logra regresar, el tiempo ha pasado y se ha vuelto eterno, y ella no lo reconoce, “Tú no eres quien yo espero”.

Más allá de la alegoría a la obra clásica, es una canción hermosa y merece ser disfrutada, aunque espero les haya parecido interesante la referencia.

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Semblanza de Juan Crisóstomo Lafinur

Juan Crisóstomo Lafinur, tío bisabuelo de Jorge Luis Borges – Un Poeta auténtico más allá de los tiempos

Juan Crisóstomo LafinurLos hechos y acontecimientos que jalonaron la vida del poeta, filósofo y educador argentino Juan Crisóstomo Lafinur, lo sitúan por mérito propio, en una posición encumbrada que excede con creces la mera circunstancia de compartir el árbol genealógico con su sobrino bisnieto Jorge Luis Borges, ese autor de excelencia y figura descollante de la literatura argentina y universal.

Juan Crisóstomo Lafinur nació en La Carolina (Provincia de San Luis, Argentina) el 27 de enero de 1797. Era hijo del español don Luis Lafinur y de la criolla Bibiana Pinedo de Montenegro, quienes para dedicarse a la minería del oro, se radicaron en esa localidad puntana convertida en una aldea progresista por la fama que las arenas y los cerros dorados le habían dado.

Años más tarde la familia Lafinur se trasladaría a Córdoba y Juan Crisóstomo pudo ingresar en el Colegio Monserrat. En 1810 se inscribió como alumno de la Universidad alcanzando a cursar tres grados: bachiller, licenciado y maestro de Artes (Filosofía). Fue expulsado de la casa de altos estudios en 1814 por razones políticas e intolerancia ideológica, sin haber podido cursar los tres grados siguientes de Teología.

En ese mismo año se incorporó en Tucumán, como ferviente patriota y revolucionario que era, al ejército del Norte que libraba las guerras emancipadoras contra las fuerzas realistas de la corona de España. Abandonada su carrera militar al obtener la baja del servicio en 1817, se estableció en Buenos Aires en 1818, comenzaba allí a cobrar forma la etapa intelectual de su vida con una prédica levantada siempre a favor de la organización democrática y liberal del país. Lector apasionado, la Revolución de Mayo de 1810 había permitido la difusión de libros y autores prohibidos hasta entonces: Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot, entre otros y Lafinur supo sacar invalorable provecho de esas lecturas.

Su actividad es intensa en la Capital argentina, escribe poesía, escritos periodísticos, se vincula a la Sociedad para el fomento del Buen Gusto en el Teatro, elabora composiciones musicales y termina ganando por concurso de oposición, una cátedra para dictar Filosofía en el Colegio de la Unión del  Sud. Ocupó esa cátedra entre 1819 y 1820 pero debió abandonarla ante la decidida oposición que contra ella se generó. Seguidamente, Lafinur se refugió en la Sociedad Secreta Valeper, desde donde siguió bregando por la transformación docente en el país y por la secularización de sus estudios.

Se alejó después de Buenos Aires con destino a Mendoza, transcurría ya el año 1821. En el Colegio de la Santísima Trinidad de la ciudad cuyana, se dedicó a enseñar filosofía, literatura, música y francés, basándose en los mismos principios de la filosofía moderna que había utilizado en Buenos Aires. Pudo defender al comienzo esos principios que impartía en las aulas, pero una vez más, la airada oposición clerical a sus métodos derivó en su expulsión del colegio. Debió entonces emigrar al destierro en Chile, pagando con el exilio su convicción filosófica y sus luchas por lograr la reforma de la enseñanza.

Establecido en Chile en 1822, se relacionó al ámbito del periodismo, iniciando además estudios que le permitieron graduarse en derecho civil en la Universidad de San Felipe.

Al año siguiente en julio de 1823, se casó con Eulogia Nieto, una dama de la sociedad de Santiago de Chile. Pocos y fugaces habrían de ser los momentos de felicidad matrimonial en aquellos días de vida agitada; como consecuencia de las graves heridas sufridas al caerse accidentalmente de su caballo, falleció el 13 de agosto de 1824.

Juan Crisóstomo Lafinur, hombre de noble carácter y espíritu selecto, está considerado como uno de los primeros poetas argentinos, también uno de los forjadores de la educación nacional. Combatió el fanatismo, la intolerancia, la rutina ociosa y la ignorancia. Fue el primero en enseñar filosofía sin recurrir a la religión como guía censora, procurando despertar en sus interlocutores la necesidad de pensar en libertad. El escritor e historiador Juan María Gutiérrez lo bautizó como “el poeta romántico de nuestra época clásica”.

A pesar de haber muerto muy joven, a los 27 años, su obra lírica muestra un estilo de sobria madurez y solvencia inusuales, características que se advierten nítidamente en los poemas aquí transcriptos:

A una rosa
Señora de la selva, augusta rosa,
orgullo de septiembre, honor del prado,
que no te despedace el cierzo osado
ni marchite la helada rigurosa.

Goza más; a las manos de mi hermosa
pasa tu tronco; y luego el agraciado
cabello adorna, y el color rosado,
al ver su rostro, aumenta vergonzosa.

Recógeme estas lágrimas que lloro
en tu nevado seno, y si te toca
a los labios llegar de la que adoro,
también mi llanto hacia su dulce boca
correrá, probáralo, y dirá luego:
esta rosa está abierta a puro fuego.

La amistad
Amistad es amor; pero su llama
arde sin consumirse. Esta luz pura,
soplo de la virtud, mientras más dura
más el alma sostiene, más la inflama.

En el llagado corazón derrama
el bálsamo dichoso con que cura,
de un amor insensato y sin ventura
cuando en su auxilio la razón le llama.

Es fina, pero libre de ansias crueles,
celosa sin rivales, está exenta
del desamor probar las duras hieles,
la virtud ha tomado por su cuenta,
perpetuar la fe, las ansias caras
que dos almas juraron en sus aras.

El amor
Es llorar y es gozar, rabia y ternura,
delirio que a prudencia se parece;
una hoguera encendida que más crece
mientras más se resiste a la bravura.

Un amante es enfermo que no cura,
pero con sus mismas llagas se envanece;
la soledad le agrada y le entristece,
el tiempo es corto y largo, tarda y dura.

Se halla solo en la estancia concurrida,
si se le habla responde fastidiado;
no hay cosa que no vea parecida,
al objeto que causa su cuidado.
¿qué es el amor, se pregunta? yo concluyo:
Vivir un alma en un cuerpo que no es suyo.

Juan Crisóstomo Lafinur también es el autor de un poema sentido, en el que advierte y describe un flagelo que azota al mundo desde tiempos inmemoriales, el terrorismo fanático. Escrito a comienzos del siglo XIX, sus versos parecen hoy más vigentes que nunca:

El fanatismo
¿Cuál es ese monstruo fiero
que ha devastado la tierra,
declarando al justo guerra,
y ensalzando al embustero?
¿Quién al que al hombre sincero
Le calumnia de ateísmo?
El fanatismo.

¿Cuál es la causa fatal
de la falta de instrucción,
de haber tanto motilón
y de propagarse el mal?
¿Quién el de que un animal
nos elogie el servilismo?
El fanatismo.

¿Cuál el que a los tiranos
protege en sus agresiones,
y fomenta disensiones
entre amigos y entre hermanos?
¿Quién el que a los ciudadanos
les extingue el patriotismo?
el fanatismo.

¿Cuál ha sido el instrumento
para oprimir al virtuoso
y para que el poderoso
le cause al débil tormento?
¿Quién formó tanto convento,
escuela de barbarismo?
El fanatismo.

¿Cuál hace que las  esposas
abandonen a sus hijuelos,
y los dejen por los suelos
por ser devotas ociosas?
¿quién patrañas horrorosas
forjó para el terrorismo?
El fanatismo.

¿Cuál tiene el país desierto,
destruye la agricultura,
hace triunfar la impostura,
y negar aún lo más cierto?
¿Quién a tanto brazo muerto
da vida y al egoísmo?
El fanatismo.

¿Cuál es el que a los chilenos
sus glorias quiere eclipsar,
y pretende fascinar
para arruinar a los buenos?
¿Quién amortigua en sus senos
el odio al cruel despotismo?
El fanatismo.

Y ¿quién a ese fanatismo
Le da tal preponderancia?
la malicia de los unos,
de los otros la ignorancia.

Jorge Luis Borges y Juan Crisóstomo Lafinur, su primer antepasado en la literatura.

Jorge Luis Borges, como muestra de admiración por su antepasado le dedicó su ensayo “Nueva refutación del tiempo” escrito entre 1944 y 1946 y luego recopilado en su libro “Otras inquisiciones”.

En la obra citada Borges escribe a modo de reflexión: “…el tiempo no sólo existe para divertimento de los filósofos sino que, además, rige la vida cotidiana. Su demolición no es tarea fácil”. ” (…) A lo largo de la Nueva refutación del tiempo, Borges reelabora su argumentación de que el tiempo no existe de diversas maneras.

“…Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino (a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana) no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.

El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.” (…)

Y en una nota preliminar a modo de prólogo, el célebre escritor expresa:

“…Una palabra sobre el título. No se me oculta que éste es un ejemplo del monstruo que los lógicos han denominado contra­dictio in adjecto, porque decir que es nueva (o antigua) una refutación del tiempo es atribuirle un predicado de índole temporal, que instaura la noción que el sujeto quiere destruir. Lo dejo, sin embargo, para que su ligerísima burla pruebe que no exagero is importancia de estos juegos verbales. Por lo demás, tan saturado y animado de tiempo está nuestro lenguaje que es muy posible que no haya en estas hojas una sentencia que de algún modo no lo exija o lo invoque.” (…)

“Dedico estos ejercicios a mi ascendiente Juan Crisóstomo Lafinur, que ha dejado a las letras argentinas algún endecasílabo memorable y que trató de reformar la enseñanza de la filosofía, purificándola de sombras teológicas y exponiendo en la cátedra los principios de Locke y de Condillac. Murió en el destierro; le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir.”

Cuando en 1976 Borges publicó su libro “La Moneda de Hierro”, también incluyó un soneto en su honor titulado con el nombre del prócer puntano:

Juan Crisóstomo Lafinur
El volumen de Locke, los anaqueles,
la luz del patio ajedrezado y terso,
y la mano trazando, lenta, el verso:
La pálida azucena a los laureles.

Cuando en la tarde evoco la azarosa
procesión de mis sombras, veo espadas
públicas y batallas desgarradas;
con Usted, Lafinur, es otra cosa.

Lo veo discutiendo largamente
con mi padre sobre filosofía
y conjurando esa falaz teoría
de unas eternas formas en la mente.
Lo veo corrigiendo este bosquejo,
del otro lado del incierto espejo.

Por otra parte, María Kodama viuda del afamado autor, en un acto celebratorio del décimo aniversario de la repatriación de los restos de Lafinur a su terruño, manifestó: “Borges admiraba a Lafinur porque era una persona que se adelantaba a su tiempo y tenía ideas muy claras sobre la formación de la juventud y el país”, agregando luego, que el autor de “El Aleph” consideraba además dignos de profundo respeto, la rebeldía y las convicciones que enmarcaron y dieron un sello distintivo a la vida de su tío bisabuelo.

Los restos de Juan Crisóstomo Lafinur fueron repatriados por el gobierno de la provincia de San Luis en el año 2007 y descansan actualmente en su pueblo natal, depositados en un Mausoleo construido con un diseño muy original en relación al ajedrez, en granito rosado y blanco, y es un sitio de recordación permanente.
También en el lugar, al pie del cerro Tomolasta a 2000 mts de altura sobre el nivel del mar, fue erigido en honor al poeta el Museo de la Poesía Manuscrita, inaugurado el 8 de agosto de 2007.

Para conocer más:

John Locke FRS (Wrington, Somerset, 1632 – Oaks, Essex, 1704) fue un filósofo y médico inglés, considerado como uno de los más influyentes pensadores del Siglo de las Luces y conocido como el “Padre del Liberalismo Clásico”.

FRS la sigla en inglés significa Miembro de la Royal Society. Es un honor concedido para distinguir científicos y una categoría de afiliación de la Royal Society. Los miembros tienen derecho a poner las letras FRS después de su nombre. Son elegidos hasta 44 miembros cada año mediante votación de los miembros existentes. Los candidatos deben ser nacionales o residentes en Reino Unido, la República de Irlanda o en países de la Commonwealth. Científicos destacados de otros lugares pueden pertenecer como miembros extranjeros.

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Biografía de Roberto Bolaño – Obra literaria

Reseña literaria de la vida y obra de Roberto Bolaño – Escritor inolvidable

Roberto Bolaño escritorRoberto Bolaño (de nombre completo Roberto Bolaño Ávalos) fue un escritor y poeta de origen chileno, nacido el 28 de abril de 1953 y fallecido el 15 de julio de 2003. Su obra literaria ha adquirido gran influencia literaria en los últimos años, sobre todo luego de su fallecimiento.

En su carrera, el escritor chileno Roberto Bolaño logró publicar un número considerable de obras, entre las que podemos destacar “Los detectives salvajes” y “Estrella distante”. Sin duda alguna, una de las que más reconocimiento le ha merecido (aunque sea en forma póstuma), es la llamada “2666”.

Biografía de Roberto Bolaño

Roberto Bolaño nació en Santiago de Chile, creciendo en las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, en el marco de una familia de clase económica reservada. Su padre se llamaba León Bolaño y era conductor de camiones. Su madre era Victoria Ávalos, una profesora que quizás significó cierta influencia en las letras.

Un dato muy particular sobre su vida es que sufría de dislexia, una enfermedad que alteró su aprendizaje como suele suceder.

En el año 1968 su familia decidió trasladarse a la ciudad de México, año en que distintos altercados político-sociales terminarían por reprimir el movimiento estudiantil generado en dicho país, sucesos que serían recordados por Roberto Bolaño en su libro “Amuleto”.

El joven escritor abandonó la escuela un año después (a sus 16 años), para dedicarse a la lectura y a su pasión, la creación literaria. Como consecuencia de su formación educativa truncada, nunca pudo asistir a la universidad.

En el año 1973, emprendió un largo viaje a través de América, para regresar a Chile, valiéndose de escasos recursos y la ayuda que pudiera recibir, intentando llegar a aportar a los movimientos socialistas que se habían producido en su país de origen. En dicha época sufrió una detención de la que logró salir airoso gracias a la ayuda de uno de sus antiguos amigos. Esto derivó en un cuento muy conocido llamado “Detectives”. Regresó a México un año después.

Hacia 1975, junto a Bruno Montané y Mario Papasquiaro (dos de sus mejores amigos) creó el movimiento llamado “infrarrealista”, llevado a cabo mediante reuniones en el café La Habana. Fue el tiempo más productivo, desde la perspectiva literaria, para el escritor. Un año más tarde, abandonaría México para dirigirse a España, puntualmente a Barcelona.

En Europa desempeñó múltiples oficios, la mayoría, esporádicos, que sólo le permitían escribir en sus tiempos libres y un escaso rédito económico. En esa época ideó, junto a Montané, una revista de género poético llamada RVAC (En asociación al término Rimbaud vuelve a casa), pero la publicación sólo tuvo un número.

En la década de los ´80 abandonó Barcelona para dirigirse a Gerona. En esta ciudad vio la luz una de las primeras novelas de Roberto Bolaño, llamada Amberes. Además de esto, la literatura por fin comenzaba a dar sus frutos otorgándole una cierta estabilidad económica. No sólo en lo económico mejoró su vida, sino que también conoció a la que sería su futura esposa, Carolina López. En el año 1984 publicó su primera novela, llamada “Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”, obteniendo un importante galardón literario. Un año más tarde contrae matrimonio con su amada, con la que tuvo dos hijos, llamados Lautaro y Alexandra.

En esta época, las obras de Roberto Bolaño sufrieron un boom de crecimiento, y el escritor no paraba de crear, coincidente también con los requerimientos de la nueva familia. Tal producción sufrió un repentino desbalance a principios de los ´90, cuando recibió el diagnóstico de su enfermedad.

A pesar de ello, a finales de la misma década, su nombre ya gozaba de cierto prestigio en la comunidad de lectores, un hecho muy merecido a su trayectoria. Gran parte de esto se debió a la publicación de su novela Los detectives salvajes, y al galardón obtenido por la misma. En ella, Bolaño representa a su persona, y a la de su amigo Papasquiaro, aunque este no lograra ver la novela terminada falleciendo a principios de 1998.

En julio de 2003, Roberto Bolaño fue internado por una descompensación de su patología hepática, requiriendo un trasplante. Su condición empeoró y su cuerpo no resistió la espera, falleciendo el 15 de julio del mismo año.

Las obras de Roberto Bolaño – Bibliografía

1984: Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (Novela) – La senda de los elefantes (Novela).
1992: Fragmentos de la Universidad Desconocida (Poemas)
1993: Los perros románticos (Poemas) – La pista de hielo (Novela)
1995: El último salvaje (Poemas)
1996: Estrella distante (Novela)
1997: Llamadas telefónicas (Cuentos)
1998: Los detectives salvajes (Novela)
1999: Amuleto (Novela)
2000: Tres (Poemas) – Nocturno de Chile (Novela)
2001: Putas asesinas (Cuentos)
2002: Amberes (Novela) – Una novelita lumpen (Novela)
2004: 2666 (Novela Póstuma)
2006: Diario de Bar (Póstuma)
2010: El tercer Reich (Póstuma)

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Edith Södergran en el país que no existe

Semblanza de Edith Södergran – Vida y obra de la escritora y poetisa, creadora de la obra El país que no es. 

Edith Södergran - El país que no esEl último libro de Edith Södergran fue publicado de manera póstuma en el año 1925 con el título El país que no es, gracias al gran trabajo de recopilación del poeta y compositor finlandés Elmer Rafael Diktoniusy. Sugieren sus versos al leerlos, la existencia de un sitio idealizado, de un espacio indefinible o un lugar de encuentro nuevo e incomprobable creado por la febril imaginación de una autora consciente que, como toda utopía, su logro era casi irrealizable.

Buscabas una flor y hallaste un fruto.
Buscabas una fuente y hallaste un mar.
Buscabas una mujer y hallaste un alma:
estás decepcionado.
(Al atardecer refresca el día…- fragmento-)

Sus poemas denotan la agobiante tristeza causada por una realidad insuficiente o incompleta, también un profundo malestar existencial en constante búsqueda de la identidad inalcanzable. Son poesías de palabras resignadas que intentan encontrar en el país que no existe, esas puertas que una vez abiertas permitirían retratar y plasmar su verdadero horizonte, quizás ofrecido como una salida parcial o compensatoria o un reflejo del camino de preparación hacia su propio destino, que había elegido la escritora.

Edith Irene Södergran, poetisa de ascendencia finlandesa pionera de la poesía en idioma sueco en Finlandia, nació en la ciudad rusa de San Petersburgo (en esos años perteneciente al imperio zarista) el 4 de abril de 1892, en el seno de una acomodada familia burguesa. Su padre, Matts Södergran, trabajador en una compañía de Alfred Nobel, se casó en 1890 con Helena Lovisa Holmroos, heredera de exitosos negocios en la fundición de metales.

Estudió en la prestigiosa Petri-Schule alemana de su ciudad natal, institución donde aprendió inglés, francés, ruso y alemán. Sus primeras incursiones en el mundo de las letras tuvieron lugar en 1902 con escritos en idioma alemán de corte crítico y analista; le siguieron poemas en alemán y sueco con marcada influencia de los poetas germanos Heinrich Heine y Johann Wolfgang von Goethe; con el transcurso del tiempo, la escritora adoptaría definitivamente para su producción literaria la lengua materna, el sueco. No obstante, los germanismos se convirtieron en una constante en su lenguaje.

Contrajo la misma enfermedad que tenía su padre, tuberculosis, dolencia que la afectó desde sus 17 años; aprovechó su estancia en varios hospitales, suecos, de Suiza y otros países de Europa, para estudiar las corrientes expresionistas y futuristas, también para interiorizarse acerca de las letras e historia de Italia y comenzar a leer a Dante. En ese contexto, se enamoró de su médico (un hombre casado y mucho mayor que ella), y descubrió el legado de Charles Dickens, William Shakespeare y Walt Whitman.

Los temas relacionados con la muerte, muy populares entre los decadentes, empezaron a aparecer en su poesía.

En 1914 regresó a Finlandia, llena de esperanzas con respecto a su futuro. Al año siguiente, conoció en Helsinki al escritor Arvid Mörne (1876-1946), que la animó a seguir escribiendo. Se cree que un encuentro casual con el filólogo Hugo Bergroth (1866-1937) fue el motivo por el que dejó de escribir en alemán, optando por la lengua sueca.

Poco antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial se instaló con su madre en la casa de verano en Raivola. Tiempo después, en 1916, publicó su primer libro que tituló “Poemas”. Este poemario no tuvo la aceptación de la crítica ni de los lectores que ella esperaba y Edith hasta fue ridiculizada por ser la autora de sus versos.

Sin embargo no se rindió y en 1918 editó “Lira de septiembre”, libro que, generó dispares interpretaciones dando lugar a frecuentes debates acerca del estado de su salud mental; pero que, en realidad, la autora utilizaba reflejando fuertes visiones inspiradas en el pensamiento de Friedrich Nietzsche y en una euforia sensual dionisíaca, para demostrar al mundo que ni la Guerra Civil finlandesa, ni la sangrienta Revolución rusa, ni la tuberculosis, mucho menos las críticas negativas, la harían dejar de escribir poesía.

Conoció además en el devenir de su vida a numerosos escritores: Hans Ruin, Jarl Hemmer, Runar Schildt y Eino Leino. Pero la personalidad más importante para ella fue la crítica y escritora Hagar Olsson, quien fue a Raivola a visitarla; manteniendo ambas con posterioridad, una cálida amistad a través de la correspondencia.

De su excelente producción lírica sobresalen algunos poemas memorables:

La noche estrellada
Inútil dolor,
inútil espera,
el mundo está vacío como tu risa.
Caen las estrellas,
noche fría y espléndida.
El amor sonríe en el sueño,
el amor sueña la eternidad…
Inútil temor, inútil pena,
el amor es menos que la nada,
de la mano del amor al abismo se desliza
el anillo de la eternidad.

La última flor del otoño
Yo soy la última flor del otoño.
Fui mecida en la cuna del verano,
fui puesta en guardia contra el viento del norte,
rojas llamas florecieron
en mis albas mejillas.
Yo soy la última flor del otoño.
Soy la simiente más joven de la primavera difunta,
es tan fácil ser la última en morir:
he visto el lago tan mágico y azul,
he oído latir el corazón del verano difunto,
mi cáliz sólo contiene la semilla de la muerte.
Yo soy la última flor del otoño.
He visto sus profundidades estelares,
he contemplado la luz de cálidos hogares lejanos,
es tan fácil seguir la misma senda,
cerraré las puertas de la muerte.
Yo soy la última flor del otoño.

El ansia de los colores
Porque soy pálida amo el rojo, el amarillo y el azul,
la gran blancura es melancólica como el crepúsculo en la nieve,
como cuando la madre de Blancanieves a la ventana se sentaba
anhelando también para sí el rojo y el negro.
El ansia de los colores es el de la sangre. Si tienes sed de belleza
cerrar debes los ojos y mirar en tu propio corazón.
Pero la belleza teme al día y a las miradas excesivas.
Pero la belleza no soporta el ruido ni los movimientos excesivos –
no debes llevar tu corazón hasta los labios,
perturbar no debemos los nobles anillos de la soledad y del silencio, –
¿se puede hallar algo más grande que un enigma sin resolver
y con extraños rasgos?
Taciturna seré toda mi vida,
una habladora es como el gárrulo arroyo que a sí mismo se traiciona,
un árbol solitario seré yo en la llanura,
los árboles del bosque perecen de ansia después de la tormenta,
debo estar sana de pies a cabeza y tener dorados rayos en la sangre,
debo ser inocente y pura como una llama de húmedos labios.

Virgen moderna
No soy mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una osada decisión,
soy un rayo risueño de un sol escarlata…
Soy una red para todos los peces golosos,
soy un brindis en honor a todas las mujeres.
soy un paso hacia el azar y la ruina,
soy un salto en la libertad y en el yo…
Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
soy un escalofrío del alma, el ansia y la negación de la carne,
soy el anuncio de nuevos paraísos.
Soy una llama inquisitiva e intrépida,
soy agua, honda mas audaz hasta las rodillas,
soy fuego y agua sinceramente unidos por libre decisión.

La suya es un poesía profunda, sentida, lírica e intimista, devela angustia, dolor oculto y cierto abatimiento, sin dejar de lado una veta romántica y una sutil dosis de erotismo. Edith Södergran fue la iniciadora de la poesía modernista en su país y en esa ámbito solamente se le puede comparar Katri Vala, otra notable poetisa que resaltó en las letras finesas de la primera mitad del siglo XX

Su obra literaria más destacada incluye: “Dikter” (Poemas – 1916), “Septemberlyran” (Lira de septiembre – 1918), “Rosenaltaret” (El altar de las rosas – 1919), “Framtidens skugga” (La sombra del futuro – 1920) y “Landet som icke är” (La tierra que no es – edición póstuma 1925).

Como se describe frecuentemente en la historia biográfica de la mayoría de los poetas de ese tiempo, mientras vivió, su obra no fue comprendida ni plenamente reconocida en su dimensión.

Edith escribió en una de sus páginas una frase contundente “Primero vemos lo más crudo de la verdad, es decir, la verdad misma. Lo más importante: la persona que la dice, sólo es vista mucho más tarde”.

La vida
Yo, mi propia prisionera, he aquí lo que digo:
la vida no es la primavera vestida de terciopelo verde claro
ni una caricia raramente recibida,
la vida no es una decisión de partir,
ni dos brazos blancos que nos retienen.
La vida es el círculo estrecho que nos tiene prisioneros,
el círculo invisible que no franquearemos jamás
la vida es la felicidad próxima que nos huye
y mil pasos que no nos decidimos a dar.
La vida es despreciarse a sí mismo
y estar inmóvil en el fondo de un pozo
y saber que el sol brilla allá arriba
y que pájaros de oro atraviesan el cielo
y que los días vuelan rápidos como flechas.
La vida es hacer un breve gesto de adiós,
volver a casa… y dormir.
La vida es un ser extraño para uno mismo
y una máscara para todos los que vienen.
La vida es maltratar su propia felicidad
y rechazar el instante único,
la vida es creerse débil y no atreverse.

(traducción de Javier Sologuren)

Como consecuencia de la expropiación de todos los bienes de la familia durante la Revolución Rusa de 1917, quedaron desprotegidos y en la ruina económica; obligada entonces a vivir bajo condiciones durísimas, humillantes y de extrema pobreza, Edith Södergran comenzó a sufrir ataques depresivos de intensidad creciente. Perdida en ensoñaciones de crepúsculos violáceos y entre las pálidas flores de jardines melancólicos, continuaba escribiendo a pesar de todo.

Pero la terrible depresión continuó afectando a Edith Södergran cada vez más agravando su otra enfermedad. Entre el anochecer del 23 de junio de 1923 y el amanecer del 24, en la noche de San Juan y día de celebración en Finlandia como en otros países nórdicos, en medio del silencio desolado del bosque blanco, Edith expiró acompañada en el momento final sólo por su madre. La escritora del tono dulcemente melancólico y espiritual para quien la poesía era mucho más que un fín en si mismo, había dejado debajo de la almohada dos poemas, resumiendo esa mezcla de naturaleza ardiente y postración obligada que la atormentaba. No olvidó en esos instantes un irónico saludo a manera de último desafío: “Muerte, ¿por qué te quedas en silencio?”.

Raivola se convertiría pocos años después, en un lugar de peregrinación para los muchos lectores admiradores de su legado literario.

Para conocer más:

La noche de San juan, también llamada víspera de San Juan, es una festividad de origen pagano (Litha) celebrada el 23 de junio, víspera del día de San Juan Bautista, en la que se suelen encender hogueras o fuegos.

El origen de esta costumbre se asocia con las celebraciones en las que se festejaba la llegada del solsticio de verano, el 21 de junio en el hemisferio norte, cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era “dar más fuerza al sol”, que a partir de esos días iba haciéndose más “débil”. Los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente, el fuego también tiene una función “purificadora” en las personas que lo contemplaban.
Se celebra en muchos países de Europa, aunque está especialmente arraigada en España, Portugal, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia.

Raivola (localidad ubicada en territorio de Finlandia en esa época. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial pasó a llamarse Roshchino y forma parte de Rusia)

La versión traducida de los cuatro poemas que figuran en primer término, corresponde a la autoría de Renato Sandoval e Irma Sítanen.

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Desafío literario II – Las palabras

Desafío literario II – El significado de las palabras

Nuestro riquísimo idioma español contiene millares de palabras. Muchísimas de ellas nos parecen raras, pintorescas, sorprendentes, atractivas y hasta feas. Veamos algunas que, aunque indican o definen hechos cotidianos y cosas que nos son familiares; en su gran mayoría nos resultan prácticamente desconocidas. El desafío literario II asocia palabras y su significado.

Desafío literario IIEn este listado de 20 palabras, hay 17 que realmente existen.
¿Sabrían identificarlas diferenciándolas de las inventadas?

Significados  – Desafío literario II

1) Impepinable:
a – Que no admite duda ni discusión.
b – Que se produce obligatoria o lógicamente. Inevitable.
“Es impepinable: si vas a beber, no debes conducir tu auto durante el regreso”

2) Vate:
Poeta. Está aceptado también el significado de adivino.
“El vate hizo predicciones que no fueron acertadas”

3) Haiga:
a – Automóvil ostentoso de gran tamaño.

b – “Haiga” es una forma verbal del castellano antiguo que ha pervivido en muchas zonas del mundo hispánico sobre todo en el ámbito rural, pero la norma culta la rechaza al preferir la forma “haya”.

4) Sicofante:
Persona que calumnia o delata.

5) Mirranal:
Es una palabra inventada que no existe.

6) Facundia:
Facilidad y abundancia de palabras. Locuacidad profusa.

“pese a lo que pudiera pensarse, la facundia versificadora no le proporcionó dinero a este humilde poeta de provincia”

7) Periclitar:
Perder una cosa fuerza o intensidad. Declinar, decaer.

“…recuerdo los carnavales de mi infancia y juventud como una celebración que ya se veía periclitar”

8) Confalón:

Banderín. Pieza de tela rectangular generalmente con franjas de color, escudos o figuras simbólicas que se emplea como insignia de un país, un equipo, una dinastía, etc.; suele estar sujeta por uno de sus lados cortos a un mástil o a una cuerda.

9) Clámide:
a – Capa corta y liviana usada antiguamente por los griegos y romanos.

b – Pez marino de la familia del tiburón, de cuerpo alargado de hasta 2 m de longitud, color gris pardusco, con aberturas branquiales muy anchas; vive en aguas profundas de mares templados.

10) Morondo:

Que está limpio de elementos superfluos, especialmente de cabellos, hojas u otra cosa similar. Pelado.
“Las ramas morondas de los árboles, pintaban de nostalgia la tarde otoñal”

11) Quincalla:
Conjunto de objetos de metal de escaso valor.
“No tiene ninguna joya, todo es quincalla”

12) Epitalamio:
Composición lírica escrita en honor de la celebración de una boda.

¿Recuerdas cuando en invierno
llegamos a la isla?
El mar hacia nosotros
levantaba una copa de frío.

Epitalamio (fragmento) Pablo Neruda

13) Ajorar:
Trasladar, llevar por la fuerza, gente o ganado de un sitio a otro.

14) Fildasino:
Es una palabra inventada que no existe.

15) Ubérrimo:
Que es muy abundante o fértil.

16) Barjuleta:

Bolsa grande de tela o de cuero, cerrada con una cubierta, que llevan a la espalda los caminantes, con su ropa, utensilios o menesteres.

17) Catatérico:
Es una palabra inventada que no existe.

18) Refocilar:
Recreación o divertimiento especialmente con algo que se considera grosero o malvado.

19) Légamo:

Barro pegajoso que se forma en el suelo con el agua de la lluvia, o donde ha habido circunstancialmente agua estancada.

20) Baladro:
Grito, alarido o voz espantosa.

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Decálogo de los Derechos del Lector

Sobre el mundo de la literatura – La libertad y los derechos del lector

Derechos del lectorEl diccionario define taxativamente el significado de la palabra libertad: “facultad natural del ser humano para actuar a voluntad sin restricciones, respetando su propia conciencia y el deber ser, para alcanzar su plena realización”. Pero en contrapartida, una libertad supone la existencia de derechos, y en esta oportunidad queremos detenernos en los derechos del lector.

La libertad como posibilidad que tenemos para decidir por nosotros mismos y a nuestro criterio, la resolución de cualquier situación que enfrentemos, es un derecho consagrado universalmente aunque su aplicación práctica sea tan cuestionada.

Sería tedioso enumerar todos los tipos de libertad que se podrían considerar, basta mencionar la libertad de conciencia, que nos permite aspirar a una vida coherente y equilibrada; de expresión, para poder difundir las ideas y promover debates y discusiones sin restricciones ni límites; de reunión como garantía para asociarse con aquellos que comparten ideales y trabajar en pro de su consecución; para elegir responsable y pacíficamente a los gobernantes y habría muchas más sin duda. Pero, en lo que se refiere a a la libertad para leer, ¿qué sucede?

Como una novela de Daniel Pennac

Alejándose un poco de toda erudición solemne, el autor francés Daniel Pennac plantea en su libro “Como una novela” (publicado en París con el nombre original de “Comme un roman” en el año 1992); un interesante desafío. Con un estilo ingenioso y divertido, a través de una especie de novela-ensayo intenta la recuperación del placer olvidado que produce leer y comprobar además, cuáles son las causas de la reticencia a la lectura por parte de sus alumnos y de su propia hija de 8 años.

Comienza el libro con un párrafo que constituye una declaración de principios del autor y, al mismo tiempo, una perfecta síntesis de todo lo que se podrá encontrar al leer las páginas siguientes: “El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…”. Y continúa advirtiendo que, a priori, la televisión, los aparatos tecnológicos, y hoy agregaríamos celulares, videojuegos, internet, las redes sociales, distraen y quitan tiempo que podría dedicarse a la lectura y que por eso se lee poco.

Pero también es cierto, que muchas veces son sólo tentaciones que se usan como excusas para no leer. Por otra parte, los estados y las respectivas sociedades organizadas no pueden eludir las responsabilidades que les caben, derivadas de la carencia de políticas educativas adecuadas, de como se trabaja y se educa en la escuela, de la falta de bibliotecas accesibles y la casi nula importancia que se le otorga al libro en los sistemas educativos actuales.

La obra está dividida en cuatro partes, la primera titulada “Nacimiento del alquimista” que, reflexionando, refiere sobre los errores que habitualmente cometen los adultos al momento de inducir a sus hijos a la lectura e inculcarles el amor por los libros.

En la segunda parte y bajo el título “Hay que leer”, Pennac compara los hábitos de la lectura con un dogma en el que se tiene todo por cierto y que no puede ponerse en duda. Describe detalladamente las razones y motivos que encontramos para justificar por qué leemos:

Para aprender
Para sacar adelante nuestros estudios
Para informarnos
Para saber de donde venimos
Para saber quienes somos
Para conocer mejor a los demás
Para saber hacia donde vamos
Para conservar la memoria del pasado
Para iluminar nuestro presente
Para aprovechar las experiencias anteriores
Para no repetir las tonterías de nuestros antepasados
Para ganar tiempo
para evadirnos
Para buscar un sentido a la vida
Para comprender los misterios de nuestra civilización
Para satisfacer nuestra curiosidad
para distraernos
Para informarnos
Para cultivarnos
Para comunicar
para ejercer nuestro espiritu crítico

En la tercera parte “Dar de leer“, explica cómo logró que sus alumnos perdieran el miedo a la lectura de textos.

Y la cuarta y última identificada bajo el nombre de “Cómo se leerá”, reseña un listado con los derechos imprescindibles que todo lector debería tener, clasificados en el siguiente decálogo:

Decálogo de los Derechos del Lector

1) El derecho a no leer.

2) El derecho a saltarnos páginas.

3) El derecho a no terminar un libro.

4) El derecho a releer.

5) El derecho a leer cualquier cosa.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) (*)

7) El derecho a leer en cualquier sitio.

8) El derecho a hojear.

9) El derecho a leer en voz alta.

10) El derecho a callarnos.

(*) Enfermedad de transmisión textual. (Término alusivo a Madame Bovary, la protagonista de la novela homónima de Flaubert, lectora compulsiva y apasionada de novelas románticas.)

Analicemos entonces:

1) El derecho a no leer, nos permite descansar de las lecturas durante épocas en las que no sentimos la necesidad, no tenemos ganas, tiempo o ánimo. O porque tenemos otras ocupaciones y no por ello dejaremos de ser lectores. La lectura no es una obligación, es una elección.

2) El derecho a saltarse páginas, nos da la libertad de leer rápidamente textos extensos que no son para nosotros atrayentes en su totalidad (a veces, por edad, formación, gustos, ni siquiera comprensibles), sin por ello renunciar a la parte de la obra que nos resulta interesante.

3) El derecho a no terminar un libro, nos exime de la obligación de mortificarnos ante una lectura que no hemos sabido escoger bien, que no ha llegado en el momento adecuado, que se nos atraganta o que definitivamente no es para nosotros. Podemos volver a ella pasado un tiempo. O no. Pero nunca sentirnos culpables por no haber llegado hasta la última página de una obra que no nos resulte placentera. (Todos hemos padecido en el colegio el tormento de una lectura obligatoria que ni nos gustaba, ni comprendíamos, ni tal vez era oportuna para nosotros en ese momento).

“Si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. Si Shakespeare les interesa, está bien. Si les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes. Llegará un día que Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare, pero mientras tanto no hay que apresurar las cosas“. (Jorge Luis Borges)

4) El derecho a releer es defendido enérgicamente por los niños cuando piden una y otra vez el mismo cuento, para volver a disfrutar de la misma historia, los mismos personajes, las mismas emociones. Para los adultos, la relectura de una obra que ya conocemos nos permite no sólo reencontrarnos con aquello que nos agradó, nos intrigó, nos conmovió (sobre todo en el caso de la poesía). También nos ofrece la posibilidad de hallar nuevos matices, distintas interpretaciones.

5) El derecho a leer cualquier cosa nos libera de la carga de aceptar un prejuicio sobre un libro antes de elegirlo, de obligarnos a leer lo que otros han dictaminado como “bueno” o “adecuado” antes de haber descubierto nuestros propios gustos como lectores. Las obras tachadas de comerciales, estereotipadas o simplonas puede que no lleguen a formar parte de la historia de la literatura, pero muy seguramente introducirán en muchos lectores la idea del libro como sinónimo de un buen momento. Y antes o después esos lectores irán refinando sus gustos, pues la lectura continuada a lo largo del tiempo acabará por despertar su espíritu crítico.

6) El derecho a leer lo que nos gusta (bovarismo) habla de la satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. Es muy frecuente en las lecturas adolescentes, donde las historias escritas suscitan emociones y sentimientos tan novelescos como los narrados. Niños magos, jóvenes vampiros, adolescentes con candados, sagas y sagas de elfos, tronos, reyes y guardianes. Nuestras primeras emociones como febriles lectores, nuestros recuerdos de lecturas adolescentes y esa siempre válida postura de lector ingenuo, nos harán disfrutar siempre de la lectura.

7) El derecho a leer en cualquier parte ofrece tanto al lector asiduo, como al esporádico una compañía o un refugio en cualquier circunstancia: esperas en consultas médicas, aeropuertos, trayectos de autobús o largos viajes. Es muy artístico mostrar espacios dedicados cuidadosamente a la lectura: un sillón ante una chimenea, una camilla delante de una ventana, una biblioteca perfectamente surtida y acondicionada. Pero ¿quién no ha leído en la piscina, en la peluquería, en una terraza de un bar, en la cama, e incluso en el cuarto de baño?

8) El derecho a hojear está relacionado con la falta de tiempo (a veces de ganas) para leer en forma completa un libro, pero nos permite abrirlo por cualquier página, hojearlo, leer un poco y después dejarlo para otro momento habiendo disfrutado de ese pequeño aperitivo.

No es infrecuente estar leyendo varios libros a la vez, abrir uno de ellos, reconocer que no es el apetecido en ese momento y optar por otro. O leer un fragmento de una obra nueva para decidir si la elegiremos o no. O volver a un libro ya leído en busca de una cita concreta. O releer al azar una parte de un libro que es especialmente querido por nosotros, sin salir nunca decepcionados. Cada uno debe poder aproximarse al libro cuando y como quiera.

9) El derecho a leer en voz alta nos anima a declamar para que otros nos oigan, a escuchar a un buen rapsoda, a dar vida al texto. Todo ello permite que otros compartan con nosotros nuestro gusto por la lectura y crea a la vez mundos imaginarios colectivos. Los sonidos de las palabras son la música que acompaña a la historia que estamos leyendo.

Desde hace unos años, el 9 de marzo se celebra el Día Mundial de la Lectura en voz alta, para celebrar el poder de la palabra compartida.

10) Por último el derecho a callarnos, a guardar silencio sobre lo leído, a no pronunciarnos; nos coloca de nuevo ante la lectura como un acto íntimo, como una elección que no estamos obligados a justificar. Nuestros motivos para elegir un texto, nuestras opiniones sobre el mismo nos pertenecen y no hay por qué, si no queremos, rendir cuentas sobre nuestros gustos o valoraciones.

Obviamente, los derechos del lector enumerados podrían ampliarse y ser muchos más, pero Pennac se limitó al número diez por alguna interpretación subjetiva.
No se trata de enaltecer obras mediocres o vulgares; mucho menos de enorgullecerse de la ignorancia. Por el contrario, se pretende que aprendamos a leer responsablemente y aspirar a formar nuestro gusto y nuestro espíritu crítico con cierta solidez. En definitiva terminaremos siendo lo que hayamos leído.

“Como una novela”, fue un éxito editorial desde su aparición, dirigido en principio a adolescentes y jóvenes que se acercan por vez primera a la lectura, a aquellos lectores reacios y a los educadores involucrados por su profesión en la ardua tarea de despertar en los más jóvenes el amor por la lectura. Pero en realidad es un libro recomendable y casi obligado para todo lector de 6 a 100 años.

No es una novela pero se lee muy fácil como si lo fuera y es de esas obras raras que parecen entablar un diálogo con el lector. No es un ensayo de reflexión sobre la lectura, sino una tentativa de reconciliación con el libro.

Tambíén en lengua española, se pueden encontrar excelentes autores que se refirieron al tema del lector. Una verdadera joya extraída de “Antología Poética”, editada en 1963 por Fermín Estrella Gutiérrez, es suficientemente válida para certificar esta aseveración.

Soneto para un lector futuro

Tú, lector o lectora, que has fijado
tus ojos en la página amarilla;
del tiempo me aventuro hacia la orilla,
fiel a mi canto, dócil al llamado.

Tú que ríes aún, tú que has andado
tras la ilusión que se te escapa y brilla,
tú que hueles la noche y la gramilla,
tú que puedes besar el rostro amado.

Piensa que ahora soy ceniza y nada,
sólo una leve sombra proyectada
sobre tu alma que me busca ansiosa.

Yo fui joven, feliz, amé la vida.
Hoy te tiende mi mano conmovida
sobre el viejo papel la tierna rosa.

Para conocer más:

En la República Argentina, en el año 2012 se instituyó por Ley Nº 26.754, que el 24 de Agosto de cada año, se celebre el día Día del Lector, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del eximio escritor Jorge Luis Borges.

En el año 2009, en Francia y dentro del marco de una campaña de animación a la lectura, Los derechos del Lector quedaron plasmados en un cartel ilustrado con elegancia y arte distinguido, por el ilustrador, escritor y dibujante británico Quentin Blake.

Daniel Pennac, seudónimo de Daniel Pennacchioni. es un profesor de literatura, escritor y guionista, francés nacido en Casablanca Marruecos el 1 de diciembre de 1944. Proveniente de una familia militar, pasó su infancia en tierras africanas y del sudeste asiático y su juventud en Niza, donde se graduó en letras.

Fermín Estrella Gutiérrez (Almería, 28 de octubre de 1900 – Buenos Aires, 18 de febrero de 1990) fue un escritor, poeta, profesor y académico español de nacimiento, que adoptó a la Argentina como su patria.

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Tres rosas amarillas para Antón Chéjov

Tres rosas amarillas – Un cuento de Chéjov y un libro de Carver en su homenaje

“El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras”

Tres rosas amarillasLa inmensa Rusia zarista de finales del siglo XIX, internamente convulsionada por una agitación político-social incipiente que, con el tiempo, derivaría en la Revolución de 1917, fue tomando conciencia de los cambios profundos que se avecinaban de la mano de un grupo de intelectuales liderados entre otros por León Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Aleksandr Pushkin y un destacado Antón Chéjov. La historia comenzaba a cambiar amenazando romper las viejas estructuras de un sistema monárquico obsoleto, sostenedor de grandes desigualdades que terminaron generando una atmósfera asfixiante de consecuencias nefastas para toda la población, sin diferencias de clase o condición.

La literatura en general, incluyendo la de Chéjov, no podía quedar al margen de esa influencia negativa ni de toda esa oscuridad de ideas imperante en la época. El célebre autor de “El jardín de los cerezos” fue testigo involuntario y obligado de esos acontecimientos, pero también un observador muy crítico que encontró con lucidez e ironía la forma de transmitir en sus libros y obras teatrales un panorama certero de esos hechos; y lo hizo a través de textos llenos de sensibilidad y realismo, sin obviar un cáustico sentido del humor. Él escribía para hacerse preguntas, no para responderlas.
Por otra parte, Chéjov experto indiscutido en la descripción de matices emocionales y en el retrato psicológico de personajes, rechazaba en cierto modo la finalidad moral de las obras literarias tradicionales.

Hay un cuento referido a él muy interesante que se llama Tres rosas amarillas y da título al libro editado por el escritor y poeta estadounidense Raymond Carver (1938-1988), que lo concibió como tributo al genio ruso de las letras, narrando en una excelente reconstrucción imaginaria sus últimos días de vida. Verdadero broche de oro para esta obra de Carver, escrita a la altura del protagonista.

Tres rosas amarillas, lleva implícita una delicada invitación a leer el relato que se convierte, sin pretenderlo, en una cita ineludible para su lectura.

Tres rosas amarillas (fragmentos del cuento)

“Chejov. La noche del 22 de marzo de 1897, en Moscú, salió a cenar con su amigo y confidente Alexei Suvorin. Suvorin, editor y magnate de la prensa, era un reaccionario, un hombre hecho a sí mismo cuyo padre había sido soldado raso en Borodino. Al igual que Chejov, era nieto de un siervo. Tenían eso en común: sangre campesina en las venas. Pero tanto política como temperamentalmente se hallaban en las antípodas. Suvorin, sin embargo, era uno de los escasos íntimos de Chejov, y Chejov gustaba de su compañía.
Naturalmente, fueron al mejor restaurante de la ciudad, un antiguo palacete llamado L’Ermitage (establecimiento en el que los comensales podían tardar horas -la mitad de la noche incluso- en dar cuenta de una cena de diez platos en la que, como es de rigor, no faltaban los vinos, los licores y el café). Chejov iba, como de costumbre, impecablemente vestido: traje oscuro con chaleco. Llevaba, cómo no, sus eternos quevedos. Aquella noche tenía un aspecto muy similar al de sus fotografías de ese tiempo. Estaba relajado, jovial. Estrechó la mano del maitre, y echó una ojeada al vasto comedor. Las recargadas arañas anegaban la sala de un vivo fulgor. Elegantes hombres y mujeres ocupaban las mesas. Los camareros iban y venían sin cesar. Acababa de sentarse a la mesa, frente a Suvorin, cuando repentinamente, sin el menor aviso previo, empezó a brotarle sangre de la boca.(…)”

“Más tarde, después de una segunda hemorragia, Chejov se avino a ser trasladado a una clínica especializada en el tratamiento de la tuberculosis y afecciones respiratorias afines. Cuando Suvorin fue a visitarlo días después, Chejov se disculpó por el “escándalo” del restaurante tres noches atrás, pero siguió insistiendo en que su estado no era grave.(…)”

“También Leon Tolstoi fue una vez a visitarlo. El personal del hospital mostró un temor reverente al verse en presencia del más eximio escritor del país (¿el hombre más famoso de Rusia?) Pese a estar prohibidas las visitas de toda persona ajena al “núcleo de los allegados”, ¿cómo no permitir que viera a Chejov? Las enfermeras y médicos internos, en extremo obsequiosos, hicieron pasar al barbudo anciano de aire fiero al cuarto de Chejov. Tolstoi, pese al bajo concepto que tenía del Chejov autor de teatro (“¿Adónde le llevan sus personajes? -le preguntó a Chejov en cierta ocasión-. Del diván al trastero, y del trastero al diván”), apreciaba sus narraciones cortas. Además -y tan sencillo como eso-, lo amaba como persona. Había dicho a Gorki: “Qué bello, qué espléndido ser humano. Humilde y apacible como una jovencita. Incluso anda como una jovencita. Es sencillamente maravilloso.(…)”

“Sostenía entre las manos un jarrón de porcelana con tres rosas amarillas de largo tallo. Le ofreció las flores a Olga con un airoso y marcial taconazo…(…)”

Tres rosas amarillas de Raymond CarverCarver fue un autor que no se ajustó a una estructura convencional para narrar en cuentos las historias de vida. Acostumbraba iniciar y concluir sus relatos de una manera imprevisible y escribiendo a impulsos. Imprimió a sus obras un estilo de prosa transparente y un lenguaje sobrio y preciso, por lo que ha sido llamado “el Chéjov americano”.

Chéjov, iniciador del cuento moderno y maestro insuperable en la narración breve

El aporte literario de Chéjov fue trascendente, sin objeciones. Aunque algunos de sus relatos de contundente elocuencia puedan parecer impregnados de clasicismo, fue él quien introdujo un tiempo diferente y novedoso en la manera de narrar (algo comparable a lo que hicieron Marcel Proust o Thomas Mann dentro del género novelístico). Al escribir sabía cómo utilizar magistralmente la técnica del monólogo, que también emplearían más tarde otros autores de la estatura intelectual de James Joyce.

Su influencia marcó no sólo el desarrollo del género, apartándolo de ese preconcepto erróneo de literatura infantil o menor que arrastraba, sino que estableció aspectos narrativos distintos e hizo que la trama de los relatos dejara de ser lo importante centrándose en el aspecto humano y librado al azar de sus protagonistas.

Componía la arquitectura de sus narraciones integrando elementos que en principio parecían prescindibles, sin demasiada relevancia, pero de alguna manera la conjunción de esos elementos, generaba un escenario ambiental que era la base para el desarrollo del argumento. Hasta Chéjov, el cuento se centraba en la mera anécdota, su tiempo literario alcanzaba para tener en sus páginas una trama, un principio, un nudo y una conclusión, frecuentemente con una enseñanza subjetiva y moralizadora.

Los personajes de sus cuentos pueden ser humorísticos, tristes o patéticos. Y si las circunstancias lo requieren, pueden variar y pasar a ser imperfectos, anhelantes, indifentes aburridos o melancólicos. Chéjov logra que el lector pueda reconocerse en cada uno de ellos, con esa distancia suya que no era indiferencia, sino más bien curiosidad.

Tuvo a dos cuentistas extraordinarios como precedentes ilustres a los que leyó con devoción: Iván Turgueniev y Guy De Maupassant (quien fue casi contemporáneo suyo).
En sus relatos de belleza sorprendente, Turgeniev fue el que comenzó a priorizar el ambiente del entorno por encima de los hechos, algo que posteriormente Chéjov llevaría a su máxima expresión.
En cuanto a Maupassant, sin duda uno de los maestros del género, era un ídolo decadente, famoso en su época, cuya muerte trágica acrecentó su celebridad. Hizo de la anécdota misteriosa o curiosa su foco de atención y muchos escritores de literatura de terror posteriores lo utilizaron como referencia.

Julio Cortázar consideraba, coincidiendo con el escritor ruso, que el cuento breve moderno se caracterizaba por la economía de medios y también opinaba habiendo leído intensamente sus cuentos que: “Hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado. De eso hablan los relatos de Chejov”.

Por su parte el escritor germano Thomas Mann opinaba con su agudeza característica, demostrando las semejanzas de la obra del singular autor ruso con las de los mejores escritores de otros países. Y manifestaba que “aún hoy Chejov tiene hermanos de espíritu atormentado, debido a que no se han extirpado todavía de la sociedad las condiciones por las cuales existe un abismo infranqueable entre la verdad y la realidad. Esos escritores, se encuentran torturados por la conciencia de su incapacidad para responder a la pregunta: -¿Qué debemos hacer? Son incapaces de revelar el sentido que tiene su obra; pero, a despecho de ello, siguen escribiendo hasta el fin.”

Antón Pavlovich Chéjov (1880-1904) en definitiva, fue un eximio dramaturgo y cuentista notable. Su prolífica producción tuvo especial intensidad en el campo de la narrativa breve, en la que desplegó con singular destreza las virtudes que le convirtieron en uno de los grandes clásicos de la literatura universal de todos los tiempos.

Dejó para la posteridad significativas frases muy difundidas, en una de ellas expresaba en relación al relato breve: “la brevedad es la hermana del talento”. También, y a pesar de no haber escrito nunca un ensayo sobre teoría poética y narrativa; de su voluminosa correspondencia han podido extraerse valiosísimos consejos y recomendaciones muy útiles, para comprender y dominar el arte de escribir desde su perspectiva brillante y admirable.

En la actualidad, su legado literario continúa vigente, integrando una terna insuperable junto a Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, en la opinión y valoración de críticos y lectores adeptos al cuento moderno.

En su biografía consta que falleció el el 15 de julio de 1904 en Badenweiler, balneario de la Selva Negra alemana, donde se había instalado por instrucciones médicas buscando alivio a su mal. La enfermedad que lo llevó a la muerte comenzó a afectarlo desde muy joven; sus veinticuatro años empezó a escupir sangre y la alarma se encendió. Siendo médico intuía la gravedad que implicaban esos síntomas; aún así se negó a ser examinado por otro profesional, tal vez por un temor subconsciente de ver confirmadas sus más íntimas sospechas. Así, la dolencia continuó progresando lenta e inexorablemente y fue minando de forma casi imperceptible sus energías. Pero Chejov siguió engañándose y prefirió pensar que la causa de sus esputos de sangre, cada vez más frecuentes.

En marzo de 1897, se le produjo una severa hemoptisis (expectoración de sangre proveniente de los pulmones o bronquios) que una vez controlada, llevó a sus médicos a advertirle que la tuberculosis ya estaba en un estado muy avanzado y le aconsejaban recluirse en un lugar de clima más benigno. Esto lo obligó a renunciar a una vida normal y a comenzar un peregrinaje por distintos centros de asistencia médica de Europa.

En el año 1901 se casó con la famosa actriz de teatro rusa Olga Leonárdovna Knipper, pero debido a su enfermedad no pudo disfrutar mucho de su compañía, pues ella tenía que permanecer en Moscú por su trabajo y él en Yalta por su dolencia. Fueron pocos años de dificultosa convivencia y de gran soledad para el escritor, ya que Olga sólo iba a visitarlo cuando podía. Chéjov nunca le pidió más tiempo, era consciente de la juventud de su esposa y de su arduo trabajo; él en cambio, ya estaba al final de su carrera y de su vida.

Después de la muerte de Chéjov, Máximo Gorki, otro gran escritor ruso y entrañable amigo, le escribió a su esposa Olga una carta conmovedora inspirada en el triste final de uno de los hombres más representativos de Rusia. Se lamentaba en su misiva porque “una indiferencia abrumadora y una vulgaridad llevada a risas fue lo que acompañó a Chéjov hasta su tumba”. No comprendiendo por qué el pueblo ruso le había pagado de esa manera, a un hombre que había trabajado y enseñado toda su vida para ellos. Un hombre íntegro que defendió con dignidad y sin renunciamientos los ideales por los que había luchado siempre, dejando ligado a ellos su recuerdo inmortal.

Para conocer más sobre la escritura:

Se escriben tres puntos dentro de paréntesis (…) o corchetes […] cuando al transcribir literalmente un texto se omite una parte de él.

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Diles que no me maten – Juan Rulfo

Reseña literaria del cuento Diles que no me maten de Juan Rulfo – El castigo del miedo y el largo de la venganza.

Diles que no me maten Juan RulfoDiles que no me maten es un cuento del escritor mexicano Juan Rulfo (1918-1986) que fue publicado por primera vez en el Número 66 de agosto de 1951 de la revista titulada América. Posteriormente apareció dentro de “El Llano en llamas” en el año 1953.

El cuento de Juan Rulfo, Diles que no me maten, plantea una estructura simple en la que, quien cuenta la historia, es personaje y narrador a la vez, de alguna manera omnisciente.

Este relato transporta al lector a tierras mexicanas, a una época determinada donde se exponen distintas realidades derivadas de la vida del hombre que cuida la tierra y los animales, y las dificultades que este debe sortear, para proteger lo que considera suyo. Se hace mención, además, a los trebejos con la justicia y a lo moldeable que puede ser esta cuando algo que ofrecer a cambio. Además, un eje central de la historia da vueltas alrededor de la conciencia de saber que se ha hecho algo malo, y al miedo al castigo por ello, en este caso la muerte, que termina presentándose con fuerza cuando llega la venganza a ocupar un lugar primordial.

Treinta y cinco años esperó el personaje para creer que su pecado había sido olvidado, viviendo con pena y miedo, perdiéndolo todo, y aun así no pagó el precio, no logró superar la venganza que se gestaba en un lugar que ni si quiera había considerado.

Diles que no me maten – Resumen

La historia comienza con un ruego de Juvencio Nava a su hijo, Justino, para que acuda a hablar con las personas que lo están buscando y les pida que no lo maten. A pesar de las negativas de su hijo, logra convencerlo y recuerda su historia, una que creyó olvidada.

Juan Rulfo Diles que no me matenMucho tiempo atrás surgió un problema con uno de sus vecinos debido a que no permitía que los animales de Juvencio se alimentaran en sus terrenos. Varias veces logró abrir el cerco que los separaba, pero Don Lupe, como solía llamarlo, volvía a cerrarlo. Cierta vez, enojado, don Lupe mató uno de sus animales lo que enfureció a Juvencio que le quitó la vida en reprimenda.

A partir de ese momento debió escapar para no ser castigado. Intentó sobornar a la justicia y a todo aquél que le pudiera ponerlo en peligro. Perdió a su esposa y a su familia, pero lo que más lo afectó fue el haber perdido la tranquilidad. Ahora, siendo viejo, su crimen lo había alcanzado.

Fue llevado preso hacia donde lo esperaba un coronel, caminando vencido, intentando decirles que no había hecho nada malo. Al llegar, fue interrogado por su asesinato descubriendo que, quien lo había mandado a buscar, era el hijo de don Lupe, no podría escapar de la muerte, nadie puede.

Y al final, la venganza salió ganando, y Justino llevó a su padre sobre el lomo de un burro, aunque ninguno de ellos logró recuperar la paz y la venganza seguiría saltando de persona a persona.

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Romance de la pena negra – Federico García Lorca

Romance de la pena negra – Poema número VII del Romancero Gitano – Federico García Lorca

Romance de la pena negra - Soledad MontoyaEl Romancero gitano es una de las obras poéticas más celebradas y aplaudidas que se hayan editado en lengua española durante la última centuria. Nacida de la magia creativa de un autor genial, Federico García Lorca, fue publicada originariamente en la Revista de Occidente en Madrid en el año 1928, y Romance de la pena negra es parte de esta majestuosa creación.

El Romancero gitano (Ver reseña) está compuesto por dieciocho romances que narran en versos, un abanico de temas enfocados a dos argumentos primordiales, Andalucía y la cultura gitana y sus ancestros, tratados de manera metafórica y mística.

“Si con tres sílabas basta
para decir el vacío
del alma que está sin alma
So-le-dad.”
José María Pemán

El Romancero Gitano refleja con verismo, las durísimas condiciones de supervivencia de un pueblo discriminado y marginado socialmente. Un pueblo que se siente perseguido por las autoridades y lucha denodadamente contra esa persecución.

García Lorca centra su interés no en describir una situación concreta, sino en la confrontación permanente que se produce una y otra vez entre fuerzas en pugna. En un poema que describe la disputa entre la guardia civil y los gitanos, llama a estos bandos romanos y “cartagineses”, para dar a entender esa interpretación unívoca del conflicto.

Este célebre andaluz, defensor a ultranza de la sangre de esa descendencia sin embargo, y aunque popularmente se le conociera como poeta de los gitanos, rechazaba tal apelativo, sosteniendo que “ser Andaluz no es ser gitano, aun cuando todos los andaluces seamos algo gitanos. Mi gitanismo es un tema literario. Nada más”.

Reconocido por el mismo, ese tema no fue materia excluyente en su obra, sólo un asunto de poesía, ni siquiera de sociología o política.

En la singular obra que es Romancero gitano, destaca un poema que el propio autor granadino considera lo más representativo del libro y es el séptimo del poemario; se titula Romance de la pena negra y aparece dedicado a José Navarro Pardo, quien fuera profesor de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada y amigo entrañable del poeta.

El título del romance tiene un significado especial. La pena de Soledad Montoya que es el cimiento, el germen de la idiosincrasia del pueblo andaluz. No equivale a la angustia porque con pena también se puede reír. No es dolor que nubla la visión puesto que jamás produce llanto; pero es un anhelo indefinido, un amor sin respuesta, una certeza de que la muerte está esperando a la vuelta de algún recodo. Soledad no experimenta en sí misma la pena negra; ella es y personifica la pena negra. Las palabras exactas escogidas por García Lorca, le otorgan un tono de tristeza que es muy obvio.

La mujer del poema, “Soledad Montoya” es la gitana que crea Federico García Lorca para capturar en una concepción simbólica, la idea fundamental que orienta su pensamiento: la vida difícil, triste y solitaria de esa raza sometida a los límites estrictos impuestos por la realidad o por las convenciones sociales. La frustrada búsqueda individual de identidad propia de sus integrantes, un destino que parece no permitirles la realización personal para descubrirse a si mismos. Esas son en esencia, las causas que llevan a su pena triste.

El poeta eligió a conciencia y con maestría encomiable el nombre para esa mujer, Soledad y el apellido Montoya, de rancia estirpe y reciedumbre gitana. Ella encarna al personaje pero en la obra hay solamente una protagonista: La pena.

Romance de la pena negra – Romancero Gitano – Federico García Lorca

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Gracía Lorca decía reflexionando acerca de su inagotable creatividad poética:  “Pero, ¿Qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores.

En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”.

Fue un poeta intuitivo, pero el arte de escribir poesía (de acuerdo a sus convicciones) requiere concentración y reflexión previa. Exige esmero y prolijo cuidado, tratando de encontrar para cada palabra la rima necesaria y el ritmo para llegar a una conjunción de belleza conceptual y metafórica.

En ese doble proceso de elaboración del Romancero gitano, pudo reunir armónicamente la gracia del don innato que tiñó su estilo con la técnica trabajada rigurosamente. Arte e inspiración, incorporando además método, esfuerzo y disciplina. La lúcida idea inspiradora del inicio con el trabajo de lima y cincel de un artífice, sintetizados para dar forma a una obra maravillosa.

Pasión por el dibujo

Paralelamente a su profusa obra poética, García Lorca convirtió en realidad otra de sus pasiones, el dibujo al que consideraba como un desahogo o una evasión. Bosquejos, figuras, caricaturas, la mayoría a lápiz, con líneas imprecisas, otros coloreados casi de una forma infantil, le acompañaron desde su infancia y sobre todo desde su época de permanencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid, junto a Salvador Dalí, Luis Buñuel o Pepín Bello, y otros notables intelectuales y artistas que engendraron el movimiento del surrealismo español.

Plasmó esa inquietud ilustrando muchas de sus trabajos literarios. En el caso de Romance de la pena negra, dibujó a Soledad Montoya con agudo sentido estético y colorida plasticidad,delineando elocuentes curvas para reforzar los rasgos femeninos y la profunda sensibilidad.

Sin importar el tiempo transcurrido desde su fallecimiento, la obra poética de Federico García Lorca se mantiene por mérito propio en la cúspide de la literatura universal. Es el reflejo de un sentimiento trágico de la vida que influyó decididamente en distintos autores y corrientes literarias que le sucedieron.

En su poesía conviven la tradición popular y la culta. García Lorca logró fundir el lenguaje narrativo con el lírico, sin que ninguno de ellos pierda su calidad, recogiendo así toda la historia y tradición del romancero.

Para conocer más:

Soledad Montoya se constituyó en uno de los personajes que más impresionaron a García Lorca desde su niñez. Feliz casualidad que se llamara Soledad, nombre tan apropiado para esta mujer que es, según el poeta, “la concreción de la pena sin remedio, de la pena negra de la cual no se puede salir más que abriendo con un cuchillo un ojal bien hondo en el costado siniestro”.

Fue una cantaora y bailaora flamenca, a quien las crónicas de la época elogiaban sus aptitudes artísticas: “bailando con muchísima gracia y moviendo la cimbreada cintura con un acento particular; en la boca, un nido de jilgueros: cantaba la pobre por seguidillas lo mismo que por polos o se arrancaba por malagueñas y así todo el repertorio del cante jondo.”

Murió en un confuso episodio de un tiro en la frente, en un salón de baile en la ciudad de Buenos Aires. Los testigos que presenciaron el infortunado hecho no lo describieron como un crimen, sino como un trágico accidente, a pesar de que el autor del disparo, plenamente identificado, había sido la pareja que le acompañaba, un joven de 22 años llamado Carlos Rivero.

En el periódico madrileño “La Epoca” del 4 de marzo de 1891 y también en “La Correspondencia de España” del día siguiente, figuraba un breve reseña que hacia referencia a ese acontecimiento. Días después, gran parte de la prensa madrileña, se hacía eco de la noticia que encabezaba con el título de “Muerte de una Flamenca”.

Bien se podrían haber escrito en su epitafio los cuatro primeros versos del “Romance de la Pena Negra”, que se publicó 37 años después de este suceso: “Las piquetas de los gallos, cavan buscando la aurora…”

El romance en la lírica española

El romance es una composición lírica de origen español que comenzó a popularizarse a finales del siglo XIV y albores del siglo XV, época en que se recopilan por primera vez de manera escrita en colecciones denominadas romanceros.

Surgió de la transmisión oral de poemas anónimos por parte de los juglares. El filólogo Ramón Menéndez Pidal, sostiene que el romance tiene su cuna en la fragmentación de los cantares de gesta y epopeyas medievales. Desde ese entonces el género ha sido cultivado por grandes escritores españoles e hispanoamericanos de diversas generaciones y corrientes literarias.

Puede definirse el romance como un poema narrativo que se interpreta declamando, cantando o intercalando canto y declamación. Está compuesto en estrofa libre, es decir una serie indefinida de versos generalmente octosílabos, con rima asonante en los pares y los impares sueltos.

El flamenco es una expresión artística de raíces genuinamente españolas, o, para ser más exactos, del sur de la península ibérica. Se manifiesta en tres formas: el cante, el baile y la guitarra. Los orígenes del flamenco son atribuídos a los gitanos que han desempeñado un papel importante en su invención. Pero no pueden dejarse de lado las canciones y los bailes populares de toda Andalucía que también han influido significativamente en el nacimiento de este particular arte del flamenco.

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Los poetas y el recuerdo en la literatura

El recuerdo inmerso en la obra de incontables poetas a través del tiempo

“El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados”
Johann Paul Friedrich Richter (Jean Paul)

¿Qué es un recuerdo?

El recuerdo y los poetasRecordar es revivir en la memoria, aquellos momentos que nos causaron algún impacto determinante o significativo en nuestra vida.

El verbo recordar lleva incorporada implícitamente la palabra “corazón” puesto que deriva por etimología del bajo latín “recordare” (cf. it. “ricordare”), conformado por el prefijo re- (‘de nuevo’) y el elemento “cordare” que proviene del nombre “cordis” equivalente a ‘corazón’.

Literalmente entonces, recordar es “volver a pasar por el corazón”. Creencias antiquísimas asumían que el corazón era el alojamiento natural de la memoria y encontramos vestigios de esta apreciación no sólo en nuestro verbo recordar y sus equivalentes en otras lenguas románicas, sino también en expresiones como estas:
En francés: apprendre par coeur (lit. “aprender de corazón”)
En inglés: know by heart (lit. “saber de corazón”)

De esta manera, las vivencias al ser recordadas adquieren una impronta personal, con la templanza que les otorga la propia experiencia.

Ahora bien, en el lenguaje del siempre sensible y mágico universo lírico la palabra “recuerdo” como tal, quizá sea, uno de los vocablos que agitan con más vehemencia esa pasión por escribir versos que invade a los poetas, en sus momentos de febril inspiración. Y en la mirada de esos poetas los recuerdos parecen invadir otra dimensión y alcanzar otras implicancias.

Prueba de ello, nos ofrecen innumerables poemas nacidos de la pluma de eximios poetas-escritores.

De Juan Ramón Jiménez:

Recuerdos¿Cuáles son mis primeros, o mis últimos, recuerdos? Ahondo en mi memoria y me pongo, como el andarín aquél, rojo y verde, con cascabeles que se perdían al fin de la calle Nueva, para reaparecer luego, sonoros, en la Plaza del Marqués, al comenzar su carrera, en el comienzo de mi vida, y pienso:… ¿Qué veo? Unas puertas de azotea, amarillas, con sol de las tres; una verja de madera vieja con campanillas azules donde se meten, en raudo tropel, los gorriones, porque llueve y truena; unas disciplinas en un granero; una viejecita dulce, de marrón, que saca de una alacena una cajita de cristales de colores y me la enseña; una luz misteriosa con que nos cruzamos en la noche de viento por el arroyo del Trasmuro…”

El recuerdo
Como médanos de oro,
que vienen y que van
en el mar de la luz,
son los recuerdos.

El viento se los lleva,
y donde están están,
y están donde estuvieron
y donde habrán de estar…
(Médanos de oro).

Lo llenan todo, mar
total de oro insondable,
con todo el viento en él…
(Son los recuerdos).

De Jorge Luis Borges:

Elegía del recuerdo imposible

Qué no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas
y de un alto jinete llenando el alba
(largo y raído el poncho)
en uno de los días de la llanura,
en un día sin fecha.
Qué no daría yo por la memoria
de mi madre mirando la mañana
en la estancia de Santa Irene,
sin saber que su nombre iba a ser Borges.
Qué no daría yo por la memoria
de haber combatido en Cepeda
y de haber visto a Estanislao del Campo
saludando la primer bala
con la alegría del coraje.
Qué no daría yo por la memoria
de un portón de quinta secreta
que mi padre empujaba cada noche
antes de perderse en el sueño
y que empujó por última vez
el 14 de febrero del 38.
Qué no daría yo por la memoria
de las barcas de Hengist,
zarpando de la arena de Dinamarca
para debelar una isla
que aún no era Inglaterra.
Qué no daría yo por la memoria
(la tuve y la he perdido)
de una tela de oro de Turner,
vasta como la música.
Qué no daría yo por la memoria
de haber oído a Sócrates
que, en la tarde la cicuta,
examinó serenamente el problema
de la inmortalidad,
alternando los mitos y las razones
mientras la muerte azul iba subiendo
desde los pies ya fríos.
Qué no daría yo por la memoria
de que me hubieras dicho que me querías
y de no haber dormido hasta la aurora,
desgarrado y feliz.

De Antonio Machado:

Recuerdos

Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!?

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!…

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

De Emily Brontë:

Recuerdo (Remembrance)
Frío en la tierra, y la nieve apilada sobre ti,
Lejos, muy lejos, el frío en la tumba triste.
¿Me he olvidado de amarte, mi único amor,
Cortada al fin por la implacable ruptura del Tiempo?

Ahora, en soledad, ¿mis pensamientos ya no flotan
Sobre los montes, en esa orilla del norte,
Descansando sus alas en las hojas de helecho
Que cubren tu noble corazón eternamente?

Frío en la tierra, y quince diciembres salvajes
Desde los cerros marrones se han derretido en primavera;
¡Fiel, de hecho, es el espíritu que recuerda
Después de esos años de cambio y sufrimiento!

Dulce amor de la juventud, perdonad, si me olvido de ti,
Mientras la marea del mundo me arrastra hacia adelante;
Otros deseos y esperanzas me atormentan,
¡Las esperanzas que oscurecen, pero no pueden borrarte!

Ninguna luz tardía ha iluminado mi cielo,
Ninguna mañana ha vuelto a resplandecer para mí;
Toda mi felicidad vino de tu vida,
Toda mi felicidad yace en la tumba contigo.

Pero cuando los días de sueños dorados perecieron,
E incluso la desesperación fue impotente para destruir,
Aprendí como la existencia podía ser apreciada,
Fortalecida, alimentada sin la ayuda del placer.

Entonces probé las lágrimas de una pasión inútil;
Destetada mi joven alma de tu anhelo póstumo;
Severamente negó su ardiente deseo de acelerar
El descenso hacia esa tumba que será mía.

Y, aún así, no me atrevo a dejarlo languidecer,
No me atrevo a caer en el dolor entusiasta de la memoria;
Una vez bebida profundamente la divina angustia,
¿Cómo podría anhelar el mundo vacío otra vez?

Queda claro que “hacer memoria” no es lo mismo que recordar. Hacer memoria, es una acción mental que trae al presente la imagen exenta de valor emocional de un pasado muerto, definitivamente concluido.

El recuerdoLos sentimientos inherentes al recuerdo son diferentes. Llevan consigo una vana esperanza de resurrección y renacimiento. Recordar se transforma en un anhelo no confesado de dejar que el presente sea fecundado por las vivencias del tiempo ido, evitando la repetición perpetua de sí mismo; y busca dejar que renazca el pasado volviendo a pasar lo que fue ese recuerdo por el corazón. Como decía el poeta latino Marco Valerio Marcial: “Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces.”

El eminente filósofo español José Ortega y Gasset, nos proporciona una clara explicación de esta interpretación etimológica: “El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos, esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón. (Dante diría per il lago del cor.)”

Por esa razón, los sentimientos que acompañan en cada caso al recuerdo son distintos dependiendo de una percepción subjetiva que puede abarcar un amplio espectro; desde el ayer luminoso de días felices que quedaron estampados en el libro de la vida, hasta la inefable nostalgia que despierta el hecho de hojear imaginariamente las desteñidas hojas de ese libro. Y muchas veces la melancolía, la añoranza y la tristeza se despiertan cuando vislumbran sutilmente lo transitorio, fugaz y efímero que fue la realidad vivida.

Y los poetas también saben que el recuerdo siempre tendrá el camino más fácil hacia la tristeza, cuando está acompañado por una fría soledad que les hace percibir esos vacíos que alguna vez estuvieron llenos de regocijo y poblados de momentos, donde las emociones desbordaban y la alegría de vivir estallaba con insistencia creando una ilusión de eternidad.

Tal vez eso explique la desesperanza que anida en el alma del poeta cuando describe un recuerdo en soledad, como lo definió el escritor francés Gustave Flaubert: “Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda.

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